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  • El doble gobierno del Distrito Federal

    El doble gobierno del Distrito Federal

    El Distrito Federal es una ciudad que me gusta mucho. Es una ciudad bonita, que tal vez evoque un poco más a caos que a orden (cosa que se repite en las grandes urbes de México) pero que tiene ese encanto. Posiblemente junto con Guadalajara (por sus tradiciones) logra reflejar lo mexicano de una forma concreta, para bien o para mal.

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    Nuestra tradición centralista ha hecho que la capital sea el punto neurálgico del país. Incluso muchas de las tendencias surgen de la capital para replicarse a las demás ciudades, a pesar de un incipiente crecimiento del federalismo que siempre ha quedado en la retórica. Y como creadora de tendencias, en el Distrito Federal han tratado de crear una nueva forma de gobernar. La izquierda ha logrado salir de las buenas intenciones para gobernar al Distrito Federal y se ha tratado de mostrar como innovadora. Pero al final termina cayendo en una contradicción, heredera de los conflictos y debates sobre las corrientes que se deben de seguir. Algo así como esas discusiones de La Región más Transparente de Carlos Fuentes donde se discutía si se debía mirar a Europa, a Estados Unidos o a nuestras tradiciones.

    El gobierno del PRD ha intentado ser innovador. Pero no pueden negar, tal vez sí en la retórica, pero no en la práctica, sus orígenes priístas. Entonces han creado una suerte de doble gobierno, de dos corrientes que son como el agua y el aceite, pero que han logrado de alguna manera mezclar en las apariencias. Ese europeísmo progresista se conjuga con el priísmo paternalista. Una ciudad que puede parecer Amsterdam y al otro día una zona marginal del Estado de México.

    En los gobiernos del PRD se ha logrado una mayor convivencia a nivel calle, han logrado implementar formas sustentables de transporte en una ciudad que las pésimas políticas públicas por décadas la convirtieron en un caos. Ecobici es un éxito, donde muchos ciudadanos optan por usar este medio para transportarse. En muchos puntos, la capital está en la vanguardia. Pero bajo ese mismo gobierno, vemos al mismo tiempo, las políticas clientelares heredadas del PRI, el comercio informal a quienes cobran derecho de piso, e incluso los vendedores de piratería dentro de los vagones del Metro a quienes más que sancionar, parecerían fomentar.

    El gobierno de la capital se queda en medio de estas dos corrientes. Por un lado pareciera que trata de equiparar a sus gobernados, al menos en temas sociales, con los países europeos de primer mundo, pero por otro lado parecería que su necesidad de conservar el poder hace que no puedan desprenderse de eso, eso que le ha hecho tanto daño a México: El paternalismo. Un mal del cual echan mano personajes supuestamente antagónicos como López Obrador y Enrique Peña Nieto.

    Así como se habla del derecho de la minorías, también se puede hablar de la corrupción dentro de la policía. Así como se habla de transporte sustentable, también se puede hablar de entrega de contratos a discreción. Así como se habla del «mejor alcalde del mundo» (Ebrard) se habla también de la línea 12 del metro.

    El gobierno del DF parece querer innovar y colocar a la Ciudad de México en un estadio diferente. Pero el incentivo para hacerlo se diluye cuando sus deseos de poder les hacen echar mano del paternalismo y el clientelismo que no va muy bien con el progresismo europeo y termina en ese conflicto al cual han llegado muchos gobiernos en México y cuya improvisación ha hecho que lleguemos al México de hoy.

  • Es el Distrito Federal

    Es el Distrito Federal

    Caramba. Si hay alguna ciudad que se puede decir que va progresando (con esa costumbre de que para los mexicanos todo siempre va peor) es el Distrito Federal. Tuve la oportunidad de viajar (viajo casi cada año, pero esta vez fui más como turista) y la verdad es que cada vez me deja con un mejor sabor de boca. Desde hace tiempo había notado ya cómo la Ciudad de México mejoraba en la cuestión seguridad. Y es que hasta hace algunos años, ir al Distrito Federal implicaba que varias personas se preocuparan por tu viaje. Te comentaban que a tal persona la habían secuestrado, que mataron al hijo de no se quien en pleno Paseo de la Reforma, que robaron esto, aquello. Y de pronto ya casi nadie dice nada, incluso ya varios se atreven a presumirla como una ciudad segura (que claro, como gran urbe que es, siempre tendrá focos de inseguridad).

    Es el Distrito Federal

    La Ciudad de México tiene una dinámica muy diferente a la de Guadalajara, donde resido. Son dos ciudades muy diferentes y su historia urbana también lo es. Guadalajara es una ciudad todavía relativamente tranquila a comparación del Distrito Federal, el cual es muy denso y ajetreado. Y tal vez por eso llama la atención los avances en una ciudad caótica y con muchos problemas.

    Entre lo que he platicado con gente de allá, algunos les atribuyen el éxito a López Obrador (lo cual relatan sobre todo los taxistas), otros más bien a Marcelo Ebrard (el cual es mi punto de vista), y algunos otros dicen que no es el gobierno el motor del progreso, sino que la sociedad defeña (o chilanga) ha evolucionado al punto que el gobierno se ha tenido que poner «al tiro». Para algunos, el avance de su ciudad es demasiado evidente, para otros no tanto y también expresan molestias en algunos aspectos, pero todos te pueden mencionar mejoras tangibles en su ciudad. Apuntan con las manos a las cámaras de vigilancia, hablan de los beneficios sociales, de las ecobicis, la seguridad, e incluso las nuevas inversiones.

    El DF ha evolucionado al promover la convivencia a nivel calle. Dónde antes la regla era vigilar que un asaltante no te llegara por la espalda, ahora vemos una sana convivencia, donde jóvenes se divierten con patinetas o balones en la Alameda Central o en el Monumento a la Revolución. Se respira un clima de tolerancia en una sociedad heterogénea y cosmopolita. Podemos ver diversas expresiones culturales, de ideas. Tanto a una anciana católica promoviendo la palabra de Dios en el Zócalo, hasta los jóvenes «revolucionarios» criticando por medio de creativas mantas a la Cruzada contra el Hambre del gobierno actual. Posiblemente estos incentivos a la convivencia urbana, entre muchas otras cosas, es que han logrado sanear el tejido social.

    El Distrito Federal es una ciudad maravillosa. Tal vez no es mi ciudad favorita para vivir, porque no deja de ser una ciudad caótica y más ajetreada que otras ciudades del país. Pero sin duda que a pesar de todo es bella, que ni el influjo de la globalización y la competitividad le han quitado ese toque tradicional a la ciudad, donde modernidad y tradición conviven de una forma más armónica que en otras ciudades de México.

    A pesar de que no se ha logrado combatir eficazmente la corrupción en esta entidad (es junto con el Estado de México, la entidad más corrupta), se han logrado avances notables. Es una ciudad moderna, que todavía tiene problemas de contaminación pero que es pionera en energías alternativas, que desapareció por completo de la lista de las ciudades más inseguras del país (no solo por el tema del narcotráfico en varias entidades, sino por mérito propio), es una ciudad que tiene fuertes problemas de tráfico, pero que tiene un transporte público cada vez más eficiente e incluyente.

    Creo que podemos decir que tenemos una bonita capital, que tiene sus problemas, pero que tiene mucho que ofrecer. Una ciudad tan grande que a pesar de haber viajado 10 o más veces a ella, me sigue sorprendiendo.

    P.D. Si hay algo criticable, muy criticable. Es la Estela de la Luz aka la suavicrema o la estela de la corrupción. Un momumento demasiado simple y feo no puede ser el monumento que represente el Bicentenario de la Independencia y la Revolución. Es un adefesio tan feo, que ni siquiera el color del metal con el que está construido, es parejo.