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  • La desigualdad papá

    La desigualdad papá

    La Reforma Hacendaria de Peña Nieto tiene la misión, al menos en la retórica, de disminuir la desigualdad. Algunas de las propuestas son absurdas y ya las mencioné en el post anterior en mi crítica, otras son algo razonables (aciertos manchados por una verborrea de lo social algo hipócrita). No está del todo mal tampoco la reforma, aunque queda lejos, es insuficiente, y movida en parte por intereses políticos. Pero me pregunto si con una reforma ya, se acabó la desigualdad. Si con reformas vamos a cambiar una de las características tan peculiares de nuestro país. La desigualdad donde podemos encontrar modos de vida equivalentes a los de Finlandia a tan sólo unos kilómetros de unos más parecidos a los de Somalia.

    La desigualdad papá

    Algunos le atañen la desigualdad al «neoliberalismo«. Esto debido a que la implementación de las políticas del Consenso de Washington abrió más la brecha de la desigualdad en varios países. Primero. México no es un país «neoliberal». En el sentido estricto del término (y no en la ambigüedad tomada por la izquierda) es aquel estado donde la intervención gubernamental en la economía es muy limitada, donde existe el libre comercio y donde se privatizan empresas estatales. México no es neoliberal porque muchas empresas privadas han entrado al cobijo del gobierno, porque en un estado neoliberal se pagan pocos impuestos pero todos pagan, mientras que en México algunas empresas privadas evaden mientras a la clase media le suben los impuestos.

    De hecho, México ha tenido gobiernos socialistas, o gobiernos que han combinado la iniciativa privada con la gestión gubernamental con la sustitución de importaciones. A pesar de las «implementaciones sociales» la desigualdad siguió existiendo. Mientras en otros países las medidas sociales funcionaron para distribuir la riqueza y generaron sociedades más igualitarias a la vez que competitivas, en México la desigualdad persistió. Y es cuando te das cuenta que la pobreza no sólo tiene que ver con lo económico, sino con lo cultural.

    Una clase pobre (llamada falsamente humilde) históricamente sometida, pero que se ha permitido someter en un acto sutilmente masoquista al punto en que creen no merecer más, les basta las dádivas del gobierno. Es un problema de dos, el sistema de alguna manera que ha fomentado, en muchos casos deliberadamente, este problema. Platiquen con una persona pobre de sus aspiraciones, no van más allá de la supervivencia, del trabajo durante la semana y las novelas, la religión y el futbol y la cerveza como paliativos para sentir algo de placer en sus vidas. Están en un estado donde son fácilmente controlables y manipulables. No se manifiestan si no es por medio de un líder dadivoso. Porque muchas veces ni siquiera son tan conscientes de su miseria, de que al ser humanos podrían merecer algo mejor.

    La muchacha del aseo de mi casa que tarda mucho en hacer sus quehaceres, que no tiene alguna pizca de sentido común y que truena los dedos mientras preparo mi cena para que ella pueda hacerle su cena «al señor» en una clara falta de respeto. ¿Quién podría ser muchacha del aseo y llegar motivada a hacer el quehacer de la casa? ¿Cómo esperar profesionalismo en un empleo sin mayores aspiraciones que llevar dinero a casa o en el mejor y menos común de los casos, ahorrar para continuar los estudios? Nunca he visto a esa muchacha leyendo un libro, o tratando de aprender algo que le pueda ayudar dar un paso adelante, pero a pesar de las diferencias económicas, pueden contraer deuda y comprarse un smartphone de gama media para lo cual usan el wifi de mi hogar (lo cual no me molesta en lo absoluto) para conectarse a las redes sociales, o ver los chismes para dar su filosófica opinión sobre la nueva cirugía de Alejandro Fernández.

    Parece y actúa como una persona sometida. Miente mucho, una característica del sometimiento mexicano, que no sólo atañe a las clases pobres. ¿Nadie le dijo que podría hacer algo con su vida? ¿No habría forma en que tuviera la oportunidad de estudiar en vez de barrer mi casa, lo cual no le generará ningún currículum ni le abrirá las puertas a un empleo? Hay una cierta intención de entrar al mundillo del consumo, pero sin la creencia de que puedan trascender y, valga la redundancia, con la creencia de que no tienen derecho a saltar de uno a otro decil económico.

    Hay quienes preservan sus usos y costumbres, y a quienes se debe de respetar. Pero hablamos de una clase pobre mayoritaria que de alguna forma quisiera tener una realidad económica más decente, y la cual sirve de botín para algunos cuantos que en este uso los despojan de su dignidad. Personas que quisieran tener una casa decente, comida todos los días, actividades lúdicas, pero a las que les han enseñado que no merecen más, a las que mal educan, a las cuales no les enseñan a pescar. Pero ellos, como parte de su responsabilidad, dando por contado su libre albedrío, han asumido su sometimiento y se han conformado con él, porque ese sometimiento mismo les provee de unos mínimos recursos a cambio de que aspiren a no tener más.

    Ni la estadística dura, ni el IDH ni el Coeficiente de Gini, son suficientes para entender todo este complejo problema que tiene siglos en las raíces de nuestra sociedad. Y es que cuando asumamos dicho problema y nos propongamos a combatirlo, dejando de lado los intereses que esta complejidad cultural le otorga a algunos que se benefician de ella, poco a poco será menos drástico el contraste entre la zona privilegiada de Santa Fe, y el pueblo al lado con el mismo nombre.

  • La pobreza y la desigualdad, he ahí la sutil diferencia.

    Yo me pongo a pensar, como es que con tantos avances tecnológicos, biológicos entre un largo etcétera, creemos que la pobreza no ha disminuído, y aún, que la mayoría de las personas en este mundo son pobres. Haciendo una reflexión, llego a la conclusión de que la pobreza es un término en realidad relativo y no absoluto, un término que a través de los años cambia, cambian los parámetros para definir quien es un pobre y quien no lo es, y esos parámetros son determinados más por la desigualdad social, que la pobreza per sé.

    No sé, imagínense a un emperador romano, en su época se consideraba que era una persona rica y abundante, que concentraba las riquezas mientras el pueblo no tenía que comer. Pero si a ese emperador, lo traemos a la época actual, no podríamos considerarlo tan rico y abundante. Imaginemos que traemos al emperador Nerón, o a César Augusto, a quien ustedes decidan, por medio de una máquina del tiempo al mundo actual, y junto con él, traemos su bienes y sus riquezas. Para determinar en que nivel socioeconómico estaría en la actualidad, le aplicaremos un test, y utilizaré el del AMAI, quien es el que determina dichos niveles en México. Iré a la fortaleza de César Augusto y le realizaré las preguntas de dicho cuestionario.

    1. ¿Cual es el total de cuartos, piezas o habitaciones que incluye en su hogar?. Si algo no cambia a través del tiempo, es el tamaño de las propiedades, de hecho en los últimos tiempos se han reducido debido a la escasez de espacio en las urbes. Por eso le daremos la respuesta más alta. César Augusto tiene 7 o más habitaciones
    2. ¿Cuántos baños completos con regadera y W.C. tiene su hogar?. En la épocas romanas, se edificaron baños públicos y termas, en ellas habían baños al vapor, piscinas y no contaban con regadera, y el inodoro como lo conocemos se creó hasta 1597. Pasaremos por buenos estos detalles y entonces determinamos que César Augusto tiene un baño.
    3. ¿En su hogar cuenta con regadera funcionando en los baños? No existían.
    4. ¿Cuantos focos tiene su hogar? En la Roma antigua no existían focos, bien se usaban velas para iluminar los recintos. Pero la AMAI no las contempla como focos, así que determinamos que César Augusto no tiene focos.
    5. ¿Su hogar es de tierra, cemento, u otro tipo de suelo? Los palacios romanos tenían piso.
    6. ¿Cuantos automóviles tienen? En Roma no existían, ninguno.
    7. ¿Cuántas televisiones a color tiene su hogar? Tampoco existían.
    8. ¿Cuantas computadoras personales tiene su hogar? Si las TV no existían, estas menos.
    9. ¿Cuenta con estufa de gas o eléctrica? No existían
    10. ¿Tomando en cuenta el que aporta más ingresos al hogar, cual fue el su último grado de estudios? Si analizamos como era el estudio en Roma (y disculpen por traer un artículo de Wikipedia). Por lo que se les enseñaba a las personas en Roma, vendría a ser algo como lo equivalente a la secundaria.

    Ahora que ya tenemos todas las preguntas contestadas, haremos la suma total, que nos da un valor de 60. César Augusto viviría en el sector socioeconómico más pobre en el México actual que es el E. Y esto se reafirma si tomamos en cuenta que en la Roma antigua no se tenía ni siquiera un servicio médico de la calidad del Seguro Popular, porque los avances médicos eran muy precarios y muchas veces se recurría a ritos como la Alquimia. Tampoco tenían teléfono, ni correo, ni nada por el estilo. La única diferencia a favor del emperador con un mexicano de la pobreza extrema sería el tamaño de sus propiedades o tal vez la comida, en abundancia, pero probablemente no en calidad, por las condiciones higiénicas.

    Así, tal vez en unos 500 años. Una persona que tenga automóvil (o su equivalente, y puede que vuele), Internet, o juegos de video, podria considerárse que vive en pobreza extrema.

    ¿Entonces porque consideramos a los pobres, muy pobres, si tenían un estilo de vida parecido a la de un emperador romano?. Porque usamos como parámetro la desigualdad. Es decir, siempre los que estén abajo del escalafón socioeconómico serán pobres, jodidos o como les quieran llamar. Si combatimos la pobreza y no la desigualdad, seguirán existiendo pobres, porque al aumentar la riqueza en un todo, el concepto de pobre va a cambiar.

    Es la desigualdad, estúpido!!!

     

  • ¿Cómo parar la violencia en México?

    México se está volviendo un país cada vez más violento. Es cierto, en Latinoamérica existen otras entidades más violentas. Según la BBC mientras en México hay 15 homicidos por cada 100,000 habitantes, en Brasil hay 21, en Colombia hay 34, y en Venezuela hay 57. El caso de Venezuela es extraño, porque si bien, se cree que la violencia aumenta con la desigualdad, según la CEPAL Venezuela ha logrado reducir la desigualdad y la pobreza en el mandato de Hugo Chávez, pero la violencia se ha disparado. Si comparamos a Estados Unidos (más desigual) con los países Europeos (más igualitarios), o bien países como Brasil con Cuba, la teoría de que la violencia aumenta con la desigualdad es cierta. Pero Venezuela es un caso excepcional, desde luego hay otras variantes, cómo un estado de derecho: La presencia de cierto número de policías, la educación, y otros factores, tal vez sea el caso de Venezela, no lo sabemos. Tampoco sé que certeras sean las cifras de CEPAL, las cuales son similares a las del gobierno venezolano. Pero hay que tomar en cuenta que CEPAL a pesar de ser una dependencia de la ONU, siempre ha tenido una marcada ideología socialista (un claro ejemplo es que Alejandro Encinas tuvo un buen puesto en dicha organización) y puede haber un sesgo a favor de el gobierno de Chávez, como igual lo puede haber en contra cuando hablamos del FMI o el Banco Mundial.

    Pero ahora vamos a lo que nos atañe. México. No, México no es el país más violento, pero ciertas características hacen que parezca que sea eso. En países como Venezuela o Brasil, los homicidios son más de «tipo común» (asaltos, pleitos entre pandillas), en cambio en México con el fenómeno del narcotráfico la estela que deja la violencia es más visible, porque hablamos de decapitados, descuartizados, balaceras afuera de los estadios, granadas, bombas, y eso desde luego provoca el pánico en la gente. A pesar de no ser el país más violento, la violencia continúa aumentando a pesar de los constantes esfuerzos que ha hecho el gobierno para acabar con los cárteles del narco.

    Tal vez ahí estaría un error, en que el gobierno se ha focalizado en acabar con los cárteles y no con la violencia que estos generan. No se trata de sentarse a negociar con los cárteles como algunos proponen, sería un tremendo error, más cuando tenemos el ejemplo de lo sucedido en Colombia. Cuando el ex-presidente Pastrana decidió negociar con ellos, los cárteles colombianos hicieron lo que quisieron y la violencia aumentó. Se trata mas bien de cambiar la estrategia con que se les combate orillándolos a que dejen el uso de la violencia y que no penetren dentro del aparato político. Lamentablemente la «desaparición» de los cárteles es una tarea casi imposible, porque mientras exista mercado potencial (que se encuentra en Estados Unidos) y existan condiciones socioeconómicas que orillen a la gente a enrolarse al narco, el problema no va a desaparecer. Se debe de ir al fondo del problema, desde las cuentas bancarias de los narcotraficantes, hasta la reconstrucción del tejido social, el trabajo será arduo y durará mucho tiempo. Porque México tiene que crecer económicamente y en base a ese crecimiento lograr un mejor reparto de riqueza para desincentivar que más personas se conviertan en narcotraficantes o delincuentes. Tiene haber mayor justicia social, más oportunidades de empleo y de crear riqueza por parte de la sociedad.

    Muchos hablan del éxito de Colombia donde el narcotráfico se ha debilitado. Pero hay que ponernos a analizar bien. Mientras las autoridades colombianas (con ayuda de Estados Unidos) acababan con líderes del narco como Pablo Escobar, en México comenzaron a surgir los Chapo Guzmán, los Beltrán Leyva. Es decir, el mercado meta (que se encuentra en Estados Unidos) no cambió, si no que los proveedores cambiaron de manos, Colombia le pasó «la bolita» a México, quien se convirtió en el principal proveedor de estupefacientes a los Estados Unidos. Para acabar con el narcotráfico ¿deberíamos pasarle la bolita a otro país?. No creo, más siendo México vecino de los Estados Unidos. Los norteamericanos naturalmente se van a cuidar para que el problema del narco no cruce la frontera, por eso a veces se hacen de la vista gorda.

    Lo que nos tiene que preocupar no es si existe narco o no. Si los cárteles de la droga se dedicaran solo a traficar droga a Estados Unidos, sin la necesidad de violentar a la sociedad, de matar, de descuartizar o de penetrar en las áreas del gobierno, no tendríamos que estar preocupados, porque si bien el fenómeno del narcotráfico se da aquí, los que lo padecen son los norteamericanos, que son los que consumen los estupefacientes. y ellos son los que deberían en este caso implementar medidas para que la droga no pase.

    Y reitero, no se trata de negociar con ellos, sino limitarlos, acabar con cualquier tipo de violencia que estos generen. Esta claro, que el narcotráfico debe de estar penalizado, pero no fue una decisión correcta la de llevar una guerra frontal en contra de ellos. Estamos pagando la mala decisión de Felipe Calderón, balaceras afuera de un estadio, granadazos en un casino, muertos civiles, daños colaterales. Muchos dicen que es el precio que se tiene que pagar. Pero me pregunto, ¿hay señales de que esta guerra, ya no que si se este ganando, que esté dando pasos al frente?.

    La estrategia se debe de cambiar, Colombia no solo bajó sus niveles de inseguridad por las acciones bélicas de Álvaro Uribe, también lo hizo porque en ciudades como Medellin, gente como Sergio Fajardo se dedicó a reconstruír el tejido social, a invertir en escuelas, en mejorar las colonias. Medellín antes era una ciudad a la que no se podía entrar, y ahora si bien tampoco podemos presumir que es la ciudad más segura de Latinoamérica, ya no se corren los riesgos que se corrían antes.

    Quien definirá si el narcotráfico sigue existiendo o no en México es Estados Unidos, ellos son los que han creado el mercado, y de hecho se encargaron de hacer crecer los cárteles del narcotráfico en México porque la CIA negoció con ellos a cambio de que llevaran armas ilegalmente a Nicaragua en el caso Iran-Contras. El gobierno estadounidense es responsable de si su sociedad se sigue drogando, los mexicanos no tenemos que pagar con muertos y degradación de nuestra sociedad por un problema que nosotros en parte no creamos.

    El día en que se focalicen los esfuerzos en acabar con la violencia que los narcos y delincuentes generen, comenzaremos a ver frutos, tal vez pasará algún tiempo y costará mucho esfuerzo. Pero es más redituable a combatir al narcotráfico mismo, que es como una especie de bestia al cual le salen más tentáculos cuando le mutilas uno.

  • La desigualdad vista desde un automóvil.

    Rich people are getting richer, poor people are getting poorer.

    Les voy a contar un poco sobre mi recorrido en automovil que tuve el martes pasado en Guadalajara: Tomo avenida Patria, sorprendido de todos los cambios que ha habido en su entorno, una parte está llena de nuevos rascacielos de entre 20 y 40 pisos, todos son departamentos de lujo que cuestan millones de dolares. Sigo avanzando por Patria, cruzo el bosque de los Colomos y doblo en Américas, ahí también se ve una transformación total, más rascacielos nuevos, esta vez de oficinas, sigo en Américas y luego doy vuelta en López Mateos, un paso a desnivel nuevo para los automovilistas que convierte en algunos puntos a la avenida en un viaducto (aunque sin solucionar por completo el problema del tráfico), y cuando salgo del largo tunel que pasa por debajo de la Glorieta Minerva veo una enorme mole en construcción que ya se ve imponente, y que al parecer será un hotel que rondará entre los 45 y 50 pisos de altura. En ese punto cruza Lázaro Cárdenas donde tengo que dar vuelta, me doy cuenta de que esa avenida es muy caótica, ¿por que razón?, porque se está construyendo un puente atirantado que busca hacer de Lázaro Cárdenas una vía rápida.

    Hasta ese punto la impresión es de modernidad, ¿que no que México está mal?, ¿no que hay crisis?. Si yo veo rascacielos nuevos en todos lados, oficinas, viaductos, una enorme cantidad de tráfico que da a entender que cada vez más gente puede adquirir automóviles, nuevos desarrollos comerciales, centros nuevos de entretenimiento y espectáculos, estadios e inmuebles nuevos para albergar los Juegos Panamericanos o para hospedar a las chivas, equipo que alista su partido de inauguración en el nuevo inmueble contra el Manchester United. Mientras voy pensando en eso, en el cruce de López Mateos y Lázaro Cárdenas se para un indigente enfrente de mí, se avienta a mi automovil para lavarme el vidrio frontal, en eso le pito y le hago una seña con la mano para indicarle que no quiero su servicio. El indigente se va de mi automovil enojado e indignado, a pesar de que seguramente recibe tratos que en verdad son humillantes por otro tipo de automovilistas.

    Ahí es donde empiezo a notar un poco la incoherencia entre todo el enorme desarrollo que había visto y la realidad de ese pobre indigente. Me sigo de largo en mi automovil sobre Lázaro Cárdenas y el panorama empieza a cambiar poco a poco. Entro a la zona industrial donde empiezo ver otra realidad, gente de escasos recursos, muchos indigentes y gente pobre en las esquinas, camiones abarrotados de gente de bajo poder adquisitivo que nunca podrán aspirar a tener un departamento u oficina en esos edificios lujosos y espaciosos, que por cierto ya cada vez están más lejos de la zona en que me encuentro. Me sigo derecho por todo Lázaro Cárdenas y doy vuelta en la carretera hacia el aeropuerto. La realidad es otra, están los cinturones de miseria a la vista, la avenida tiene arbustos a los lados (que habían sido colocados para que en la cumbre del 2004, los presidentes de los países visitantes no se percataran de la pobreza extrema que hay en Guadalajara). Pero también notaba que al igual que en la zona moderna, las cosas habían crecido. Los cinturones de miseria ya son mucho más grande de lo que era antes, hay mas casas atiborradas entre calles empolvadas sin asfalto y en muchos casos sin los servicios básicos.

    Esa Guadalajara no tenía nada que ver con la otra, era como si de dos mundos paralelos y contradictorios se tratase (o bien de dos países totalmente distintos). Seguramente mucha gente de ahí no conoce la otra Guadalajara que me había impresionado tanto por su modernidad, o si la conocían era porque habían conseguido algun trabajo temporal en alguna construcción de algun rascacielos o de alguna avenida. Mientras manejaba meditaba sobre aquella contradicción, entre la modernidad creciente y la pobreza que también crecía, como si no fueran opuestas entre sí, mas bien se como si se complementaran o bien como si una necesitara alimentarse de la otra para crecer.

    Ahí termina el recorrido, el camino de regreso no lo narro porque sería la misma historia, pero a la inversa. Y yo solo me quedo meditando acerca de la desigualdad percibida desde un automovil, desigualdad que se repite entre personas, ciudades, estados, naciones o continentes, pero que parece ser que es inherente al ser humano y que siempre va a existir.