Etiqueta: derecha

  • El futuro de la política y por qué, tal y como la conocemos, podría desaparecer

    El futuro de la política y por qué, tal y como la conocemos, podría desaparecer

    El futuro de la política y por qué, tal y como las conocemos, podría desaparecer

    Siempre que se habla de política vienen a la mente los términos izquierda y derecha. Siempre que se inicia una discusión, el individuo recuerda su postura y, a partir de ahí, comienza a elaborar sus argumentos. 

    Este espectro político, que tiene su origen en la Revolución Francesa, se ha adaptado de una u otra forma a sus circunstancias. El que conocemos en la actualidad, en realidad tiene que ver más bien con una era industrial que parece ya haber sido reemplazada por una era digital y del conocimiento. Muchos se preguntan por qué la izquierda y la derecha se parecen cada vez más, por qué los partidos se están vaciando de contenido y se están volviendo más pragmáticos. 

    Una de las razones que yo daría es que el debate se ha gastado demasiado. Ya no hay una creencia utópica en un sistema o una ideología porque ya todas ellas han sido probadas y ya conocemos su desempeño en la práctica; incluso los partidos radicales (esos que, decimos, amenazan a Occidente) ya no son tan radicales y extremistas como los de hace décadas atrás. Pero más bien pareciera ser que después de tantas experiencias parece que se estaría llegando a un consenso político, ideológico y social, que sería superado para que, así, la política se comience a hacer en otros terrenos. 

    ¿En qué consistiría dicho consenso?

    En la victoria de la derecha en el terreno económico y en la victoria de la izquierda en el terreno social. Por un lado, tendríamos sistemas capitalistas con un mercado libre, aunque también con cierta seguridad social para los individuos y, por otro lado, la victoria de la izquierda en el terreno social con relación a cuestiones de género, feminismo, matrimonio igualitario, multiculturalismo o ecologismo. Evidentemente, dicho consenso no se alcanzaría en todo el mundo u Occidente al mismo tiempo sino que algunos países tomarían la vanguardia y se expandiría de forma progresiva a más regiones (como siempre suele ocurrir con los cambios sociales), pero algunos de los síntomas los llegamos a sentir inclusive en los países latinoamericanos.

    En nuestros tiempos, ya podemos ver a izquierdistas que están de acuerdo con los preceptos del libre mercado y de un intervencionismo estatal más moderado, mientras que en Europa no es extraño ver a políticos democristianos asistiendo a marchas del orgullo gays o incluso a Irlanda presumir a un Primer Ministro que es gay y democristiano. Si bien es cierto que en la derecha existen grupos de presión fuertes que se oponen a la agenda progresista, lo cierto es que la izquierda está ganando terreno de una forma muy contundente y parte de la derecha, poco a poco, ha comenzado a aceptar algunos de sus postulados

    Seguramente, en este consenso irán menguando las corrientes más extremas como el libertarismo o el anarcocapitalismo, el progresismo o feminismo radical en favor de corrientes un tanto más moderadas, de tal forma que se logre llegar a un consenso que sitúe el discurso político en otro plano, tal y como ya ha ocurrido en diferentes etapas de nuestra historia. 

    Pero ¿qué seguiría?

    Algunos dicen que el discurso ya se ha trasladado de la dicotomía «izquierda-derecha» a la de «nacionalismo-globalismo» donde el debate ya gira en torno a la relación de un país con los otros (tanto en comercio como migración). Los adherentes del metamodernismo en cambio dicen que el centro de la discusión política tendrá que ver más bien con el desarrollo personal y el bienestar psicológico de los individuos. Los metamodernos afirman que, de forma silenciosa, inconsciente y progresiva, los países nórdicos han ya comenzado a adoptar ciertas corrientes metamodernas dentro de su ethos social.

    Lo cierto es que nuestra especie está en constante evolución y pensar que el mundo tal y como lo conocemos hoy va a dejar de existir es no la excepción, sino la regla que ha sido muy consistente durante la historia de nuestra especie. Por supuesto, aparecerán muchas dudas: si los partidos de extrema derecha o izquierda pueden llegar a poner en jaque esta evolución que para muchos tiene un carácter natural, también nos podríamos preguntar cuál sería el futuro de las religiones, si seguirán vigentes, si se adaptarán a los cambios de nuestra civilización o si bien terminaremos construyendo otros modos para crear sistemas de valores o creencias con la fuerza que las religiones lo han logrado hacer.

    En realidad, es difícil pronosticar bien cómo será la vida de nuestra especie en 100 años, pero lo que es seguro, es que será bastante diferente al mundo tal y como lo conocemos hoy. 

  • Fidel y por qué los dictadores de izquierda son más populares

    Fidel y por qué los dictadores de izquierda son más populares

    Fidel y por qué los dictadores de izquierda son más populares

    En el discurso, la izquierda tiene una clara ventaja sobre la derecha. La izquierda suele, en el discurso -valga la redundancia-, apelar a esos valores tan humanos y cristianos como lo son la igualdad, la solidaridad y la justicia. El discurso de la derecha, en cambio, apuesta por el orden y mantener un estado de las cosas. Naturalmente el discurso que viene desde la izquierda es más idealista y más romántico, el de la derecha hace énfasis en que un cambio al orden establecido representa una amenaza.

    Aclaro que hago énfasis en esas izquierdas y derechas alejadas del centro político y de lo convenido por la democracia liberal.

    Dudo mucho que un idealista abrace a una figura como Donald Trump. A pesar de que el magnate representa para muchos una irrupción, su discurso va en el sentido de preservar aquello que está en riesgo de perderse o recuperar aquello que se perdió. Voltea al pasado -make America great again- y hace un contraste con el presente tan decadente -la percepción pesa más que la realidad-. A Trump no le importa un mundo justo o igualitario -vaya, es un magnate ávaro-, sino recuperar la grandeza que Estados Unidos perdió.

    Pero se entiende entonces por qué muchos idealistas abrazan a la figura de Fidel Castro y no la de Donald Trump. Los que optan por los discursos de derecha lo hacen porque las circunstancias actuales los frustran, no es algún idealismo el que los mueve, ni algún sentimiento de solidaridad con sus semejantes. No es que los izquierdistas no se frustren, pero mientras ellos anhelan un mundo mejor y más justo a partir de su frustración, los de derecha tan sólo quieren recuperar lo que se ha perdido. El hombre muy de derecha piensa más en los suyos y los grupos con los que tiene afinidad, que en el bien común.

    Por eso es que en ocasiones es más «políticamente correcto» ser de izquierda que ser de derecha. Quienes son izquierdistas presumen su postura política como si eso los definiera y les diera cierta altura moral. Los de derecha son más cautelosos e incluso suelen utilizar eufemismos para no etiquetarse como tales.

    Mis redes sociales se han llenado de cierto romanticismo al ver partir a un hombre como Fidel Castro quien fue un dictador, quien mantuvo su poder a costa de las libertades de la población y de las vidas de muchos otros.

    Los románticos idealistas presentan tablas y estadísticas demostrando que los cubanos son un pueblo educado, que tienen mejor nivel de vida que muchos países latinoamericanos y que tienen un sistema de salud que «no tiene ni Obama». Su información no es del todo falsa, pero los románticos ignoran o relativizan el hecho de que a cambio cedieron muchos derechos que damos por sentados -aunque no siempre garantizados en la práctica- en las democracias liberales.

    Es como cuando Hobbes decía que el individuo debe ceder libertades al soberano para así poder vivir en un Estado que le garantice un mejor nivel de vida, lo cual ocurre en cualquier rincón donde haya civilización. Pero en el caso de Cuba, son más las libertades cedidas, que los beneficios obtenidos a cambio.

    No puedo negar que Cuba tiene algunas cosas buenas, algunas de las cuales varios países incluso podrían tomar nota. Algo se podrá aprender de su sistema de salud por un ejemplo. Pero de igual forma, también se pueden adjudicar aciertos a dictadores de derecha como Augusto Pinochet, como establecer la estructura económica a partir de la cual Chile, después de él, se convirtió en la economía más desarrollada de América Latina -con todo y los experimentos de los chicago boys-. Pero sus aportaciones, al igual que con Castro, languidecen frente a sus crímenes y los excesos de su poder, y es reconocido merecidamente más por sus agravios que por otra cosa.

    Pero al final del día, defender y recordar a Pinochet es más políticamente incorrecto que hacer lo propio con Fidel Castro. Es incluso mucho más riesgoso llevar un remera con la fotografía de Pinochet -mínimo serás tachado de fascista y escoria social-, que portar la de Castro, -en el peor de los casos, serás señalado como un joven idealista «chairo» al cual le falta aprender más de política y debe de dejar de fumar tanta mota-.

    A pesar de mantener a los suyos como prisioneros en su isla, de censurar, encarcelar o hasta matar a opositores incómogos y hasta de perseguir homosexuales, es políticamente correcto defender a Fidel Castro, tan sólo por el discurso de la igualdad y solidaridad adaptado por la izquierda. Paradójico que inclusive desde algunas corrientes progresistas defensoras de los derechos de las minorías idealicen a Fidel Castro, cuya postura ante los homosexuales -quienes a su juicio no podían ser revolucionarios-, era más dura que la de Norberto Rivera y el Frente Nacional por la Familia juntos.

    Nuestra sociedad no puede darle cabida a estas degeneraciones – Fidel Castro sobre los homosexuales.

    Llama la atención que figuras políticas, incluso unas más cercanas al centro, lo reconocieron el día de su muerte como un luchador que devolvió la dignidad a Cuba y lo independizó de Estados Unidos -lo cual sólo puede ser cierto tomando como referencia los primeros años, antes de adoptar los ideales marxistas-leninistas y de perpetuarse en el poder-.

    La premisa de los idealistas es, gracias a Castro, Cuba es más igualitaria que la mayoría que todos los demás países de América. ¿Pero a cambio de qué? Me pregunto si esos idealistas estarían de acuerdo con ir a vivir a Cuba donde posiblemente nunca caigan en pobreza extrema, pero donde el gobierno raciona las comidas, donde la expresión política y la disidencia están anuladas.

    No nos dejemos engañar por ese discurso romántico de la igualdad y la solidaridad. Cuba se mantiene no por la solidaridad de sus habitantes, sino gracias a un régimen déspota y dictatorial.

    Castro fue eso, un dictador, un dictador enriquecido dentro de un país relativamente pobre. Ni los libros, ni las remeras, ni los documentales sesgados a su favor, podrán ocultar eso que es tan evidente.

  • La crisis de la izquierda y el ascenso del fascismo en tiempos de Google

    La crisis de la izquierda y el ascenso del fascismo en tiempos de Google

    Si hay un momento en la historia en que la izquierda ha estado más débil que nunca, es éste, lo estás viviendo el día de hoy.

    La crisis de la izquierda y al ascenso del fascismo en tiempos de Google

    Hasta hace no mucho, la izquierda dominaba el cono sudamericano. Muchos pensamos que la izquierda populista caería en determinado tiempo producto de sus contradicciones, y así está ocurriendo. Lo que no previmos es que esa izquierda a la cual calificábamos de moderada, y que se estaba convirtiendo en un supuesto «gran ejemplo», se desmorona de la misma manera. Brasil, ese país tan admirado no sólo por los progresistas, ve como ese legado político-ideológico emanado del Partido del Trabajo empieza a caer. Esos mismos que le habían dado una nueva cara, terminaron envueltos en escándalos de corrupción. Lula da Silva, el otrora idolatrado político, termina investigado por supuestos actos de corrupción, mientras que su contemporánea Dilma Rousseff, hace poco tiempo tenía algo así como el 12% de aprobación.

    Michelle Bachelet, Presidenta de Chile, regresaba al poder tras un mandato que fue aplaudido por la opinión pública; y no podía ser mejor para ella al suceder a Sebastián Piñera, que se fue del cargo con niveles de aprobación bajos de entre el 25% y 50%. Pero Michelle Bachelet no sólo no logró repetir el éxito de su pasada presidencia, sino que varios familiares directos suyos se vieron envueltos en escándalos de corrupción.

    En Europa, la socialdemocracia parece estar mimetizada con los partidos de centro-derecha, concuerdan en varios puntos de sus agendas, las diferencias en términos económicos son pocas, y esto es importante entenderlo porque el contexto en el cual nos encontramos es producto de una crisis económica mundial (la del 2008).

    La extrema derecha ha robado el discurso antiglobalizador y en contra del libre mercado. Esa extrema derecha que hasta hace poco, muchos pensaban que no existía, que era ya parte de la historia, y que había quedado enterrada después de la Segunda Guerra Mundial, con tan sólo pequeñas expresiones esporádicas aisladas que no tenían injerencia alguna en el panorama político.

    Hoy, esa extrema derecha existe. Está más viva que nunca. En Estados Unidos, los dos candidatos del Partido Republicano, Donald Trump y Ted Cruz (con sus peculiares diferencias entre los dos), son representativos de ella. El partido Alternativa para Alemania tiene cada vez más presencia en diversas regiones del país teutón, el UKIP en Reino Unido, Marine Le Pen en Francia, y demás movimientos ultra-conservadores que comienzan a tener cierto peso en la vida política de los países europeos.

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    Muchas personas e incluso analistas se atrevían a decir que el «neoliberalismo y el capitalismo», eran expresiones derechistas, y que a más derechista. más neoliberal se era. Incluso en algunas manifestaciones, comparaban a estos políticos que apostaban radicalmente por el libre mercado, con Hitler o algún otro dictador fascista. Estaban equivocados.

    Nos vemos obligados a regresar al espectro político, tal y como era concebido en el tiempo de entre-guerras (y que en realidad nunca debió de cambiar, tan sólo porque un extremo del espectro estada dormido), con los extremos políticos abocados al excesivo intervencionismo estatal y el nacionalismo, y los centros tendiendo a ser más liberales: La centro-izquierda limitándose a promover cierto intervencionismo estatal para mantener un Estado de Bienestar dentro de una economía de mercado, y la centro-derecha para rehusarse al aborto y los matrimonios gay (entre otros valores tradicionales), por mencionar algunas diferencias.

    De hecho no podemos concebir a los extremos como si se tratara de una sola flecha que separa a la derecha y a la izquierda y ambos quedan totalmente separados. Por lo contrario, entre los extremos existen más bien muchas convergencias y estos en vez de estar separados parecen unirse, de tal forma que podemos encontrar más coincidencias entre políticos que se encuentran en ambos extremos que entre uno de ellos con otro que se encuentra en el centro. Tampoco es coincidencia que Hitler y Mussolini, hayan simpatizado o formado parte del socialismo de aquel entonces para luego verse tentados por el fascismo.  Por ejemplo, tomemos este discurso de Hitler, el cual bien podría pasar en diversos momentos, por alguna figura de izquierdas:

    https://www.youtube.com/watch?v=qYr43eUjQhU

    Es decir, si nos ubicamos en el centro del espectro político y comenzamos a recorrernos hacia los extremos de la izquierda y derecha, nos percatamos que la izquierda progresivamente es más intervencionista en lo económico, pero comienza a ser menos liberal en lo social (el nacionalismo aumenta y los derechos de las minorías disminuyen), mientras que en la derecha, al irnos del centro al extremo, ésta empieza a volverse más conservadora (ya no sólo hablando de temas como el aborto o el matrimonio, sino un nacionalismo más exacerbado) al tiempo que deja de ser liberal en lo económico (lo contrario de lo que muchos asumen), y ambas corrientes al llegar a los extremos no sólo se hacen más diferentes, sino que se comienzan a parecer.

    Si bien, el famoso plano cartesiano donde se propone no dividir el espectro político entre izquierda derecha, sino en liberalismo o conservadurismo social o económico, es completamente válido, y es el más difundido en la actualidad para medir la posición política de una persona. Me atrevo a hacer esta ilustración para que se entienda de una forma más fácil la forma en ambas corrientes políticas (izquierda y derecha), más que diferenciarse, se parecen cuando se trasladan a sus respectivos extremos:

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    Habiendo explicado todo esto, podemos entender por qué la izquierda está en crisis. Si bien, también ha tratado de irrumpir en Europa como una respuesta a las consecuencias de una crisis económica dentro de una economía de mercado (con Podemos en España y Syriza en Grecia), la izquierda, al quedarse sin argumentos (o al ser estos endebles y titubeantes), ha permitido que la extrema derecha se robe el discurso anti-globalizador. Al igual que en 1929, una crisis económica mundial ha sido el punto de partida para el surgimiento de opciones radicales; pero a ésta se han sumado temas como el terrorismo y la migración. Cada bomba que hace explotar DAESH (o ISIS) son puntos porcentuales para los demagogos de extrema derecha, son argumentos para sostener sus propuestas de campaña. La izquierda en tanto, no tiene respuestas que suenen a música en los oídos de aquellos que buscan soluciones radicales.

    Y las preguntas son, ¿hasta donde llegará toda esta convulsión política? ¿La democracia liberal está amenazada como hace más de medio siglo? ¿O estas corrientes se disiparán y todo volverá a la normalidad? ¿La izquierda tendrá futuro? y ante una clase política tradicional desacreditada a nivel mundial ¿Qué alternativas, lejos de los demagogos radicales, hay para poder volver a mantener ese delicado pero necesario equilibrio político?

  • Las izquierdas latinoamericanas y las derechas europeas

    Las izquierdas latinoamericanas y las derechas europeas

    Hay un dicho popular que dice que quienes se odian se parecen. En el ámbito político eso es algo peculiar y notable, pero ignorado por quienes forman parte. Un fascista y un comunista nunca se podrán ver, y si lo hacen es para participar en una lucha sangrienta a muerte, y sin embargo estos dos tienen mucho más en común que el que pueda tener cualquiera de ellos con un demócrata. Los totalitarismos sean de derecha o izquierda, siempre buscan tener en sus manos el control de la sociedad y de la economía, y conforme más se van radicalizando, más se van pareciendo.


    Las izquierdas latinoamericanas y las derechas europeas

     

    Los partidos radicales suelen quedar condenados al ostracismo cuando en un país las cosas marchan bien, pero cuando no es así, los votantes encuentran un refugio en ellos, y eso es algo que está sucediendo en Europa, como en Francia, donde han obtenido muchos votos. La ultraderecha en Europa empieza a ganar terreno (algunos incluso empiezan a ver coincidencias con el clima pre Segunda Guerra Mundial) por la sencilla razón de que los partidos tradicionales de derecha e izquierda, asumidos como más democráticos, no han podido con el paquete.

    Estos partidos suelen ser populistas, nacionalistas y demagogos. Están en contra de los influjos externos, hablan con desdén de las «oligarquías financieras», alientan el patriotismo. La hija del ultraderechista francés Le-Pen critica a las «recetas neoliberales de Bruselas», al «feudo de burócratas y tecnócratas». ¿Les suena a algo? ¿A quién se parece su discurso?

    Pues a la izquierda latinoamericana. Y es donde vengo insistiendo en que estas ramas supuestamente opuestas en la aritmética política más bien se parecen. Por un ejemplo, no es muy difícil encontrar similitudes en el MORENA de López Obrador y en el Tea Party de Estados Unidos, sobre todo por la forma a que apelan al nacionalismo. Y vayámonos a casos más extremos. Los discursos de Jean-Marie Le Pen no son tan distintos que los de Hugo Chávez o Nicolás Maduro.

    Tal vez en un principio los fundamentos políticos que sustentan a ambas ramas sean distintos, pero a la hora de radicalizarse y justificar un control férreo para la implementación de estos fundamentos (al menos en la retórica), los métodos terminan siendo muy similares, y ambas partes terminan más deseosos de mantener el poder y exprimir a sus ciudadanos que de otra cosa. Entonces el combate entre ambas posturas termina limitándose a la retórica.

    Posiblemente los radicalismos en latinoamérica se den en la izquierda porque su postura tiende a ser más bien defensiva, y en Estados Unidos y Europa se den en la derecha porque son más ofensivos dada su fortaleza, donde de alguna manera también hay una cerrazón, pero pensando que a partir de ahí, se extenderán y dominarán a los demás.

    Cuando las opciones moderadas ya no funcionan para el ser humano (y me refiero a todos los ámbitos, no exclusivamente al terreno político), éste tenderá a buscar tomar medidas extremas para solucionar sus problemas. Es parte de nuestra naturaleza. El problema es que en política, las opciones extremas terminan siendo contraproducentes y al final terminan siendo un yugo del cual los ciudadanos (si pueden seguirse llamando así) tratarán de escapar.

    Pero claro, dirán algunos, no todo es izquierda y derecha: -Mira Cerebro, que el PRI puede llegar al mismo punto desde el centro político-.

     

  • Ser de izquierda es bueno y ser de derecha es malo (o viceversa) ¡Que no me ma…!

    Izquierda derechaExisten algunas personas que evalúan la calidad moral de otras en torno a su ideología política. Si son de derecha es que son unos empresarios corruptos que quieren explotar al trabajador o unos religiosos de doble moral, o si son de izquierda resulta que son unos revoltosos sin nada que hacer. Ciertamente el caer en un extremo muchas veces es sintomático de un transtorno de personalidad. Pero no entiendo como es que una posición ideológica hace buenas y malas a las personas.

    La afinidad ideológica (todo el ser humano la tiene, aunque no la conozca) se determina por muchas cosas, desde el temperamento de la persona (sabemos que el temperamento es innato y no se puede cambiar), su carácter, su estilo de vida, su historia de vida, el ambiente en el que se rodea, y muchas otras cosas más. Incluso se habla de la inteligencia, donde algunos expertos afirman que las personas poco inteligentes suelen preocuparse más por la seguridad lo cual los terminan haciendo derechistas, y si bien es cierto que el promedio de cociente intelectual entre la gente de izquierda es algo más alto, no es lo suficiente como para afirmar que «los izquierdistas son inteligentes y los derechistas tontos».

    Buscar en una afinidad política e ideológica la moral e integridad de las personas es una estupidez, al menos en la mayoría de los casos. Hay quienes promueven cierta postura ideológica por interés o por obtener un beneficio: Un empresario que apoya la teoría neoliberal porque no quiere pagar impuestos, o una persona que apoya a un candidato izquierdista porque quiere que el gobierno lo mantenga y no tenga que trabajar. Pero eso no es problema de la ideología, este tipo de personas más bien se sirven de las ideologías para mostrar su poca integridad.

    Yo tengo amigos, parientes o conocidos afines a la derecha y también a la izquierda y no he visto como es que su preferencia política modifique su integridad, la fortalezca o la deteriore. Simplemente tenemos formas diferentes de contemplar al mundo. Por eso es que suena irrisorio cuando López Obrador trata de hacer esa distinción moral diciendo que la «derecha mexicana» es corrupta y malévola, mientras que ellos son unos tiernos angelitos que proueven la república besucona. La derecha no cae en ese juego (al menos a ese grado) no porque no quiera, sino porque no pueden. Por razones culturales (contrario a lo que sucede en Estados Unidos) no es muy bien visto decir que se es de derecha, y para eso la gente utiliza eufemismos, incluso mucha gente se la piensa dos veces para decir que es conservadora. Por ejemplo el candidato del PAN a la gobernatura del Estado de Jalisco relacionado con la corriente más ultraderechista del PAN aceptó con trabas que era un conservador.

    Simplemente en el mundo habrá discrepancias sobre como la gente lo percibe. Y en tanto exista un régimen lo suficientemente democrático para que no exista un absolutismo o un totalitarismo, estas discrepancias se harán patentes. Y lógicamente esto provoca roces entre ambas ideologías (y todos sus derivados) porque no es fácil poder compaginar un proyecto con personas que perciben las cosas de otra forma. Pero esto no las hace más buenas ni más malas. La gente no puede ser más buena que los demás al afirmar que por que es de izquierda se preocupa por el bien común, ni tampoco alguien de derecha puede afirmar ser mejor persona por el hecho de ejercer su religión activamente. Los dos personajes malévolos de la historia moderna lo demuestran. Un Hitler ultraderechista, católico declarado, y que tenía buenas relaciones con el Vaticano; o bien un Izquierdista Stalin, que implementó una dictadura totalitaria coartando la libertad de expresión.

    No es malo tener discrepancias, y en este punto es donde debe de entrar la tolerancia. Donde la disputa entre ideologías políticas, quede en eso, y no abarque cosas que no tienen que ver, donde ponen en juego la integridad de las personas. Naturalmente no siempre se podrán lograr concensos y cada trinchera luchará por lo que crea que es mejor. Pero no por eso se debe hacer un juicio moral, en base a algo que no determina, lo repito, la calidad moral de las personas.

  • Vázquez Mota, el precio de la moda

    Son las ideas, y no los genitales de las personas, las que hacen a una sociedad avanzar, evolucionar: Con la designación de Josefina Vázquez Mota como la candidata presidencial Acción Nacional confirmó lo que ya todos sabíamos; la ausencia de un verdadero prospecto presidencial: La continuidad de un sistema económico que ya había demostrado su ineficiencia desde el salinismo, darle todo a los empresarios bajo la creencia de que sólo ellos saben como usar correctamente el capital, orquestar una estrategia contra el narco que se basa en matar capos y no en atacar las redes financieras de los cárteles,  creer que el problema de la delincuencia no tiene nada que ver con la pobreza y el desempleo,  fortalecer un tratado de comercio que pone a combatir a corderos y leones y el promover a la iniciativa privada sin condiciones son medidas que, como cuchillas en la espalda, han sido devastadoras para el país y que se intensificaron en los últimos 12 años, las consecuencias son claras; empobrecimiento de el grueso de la población, abandono del campo, enriquecimiento de ciertos grupos de poder, aumento de desempleo, aumento de pobreza, aumento de delincuencia, descontento social, aumento de la  narcoviolencia, descuido en materia educativa y aumento de la corrupción… en pocas palabras,  la derecha mexicana ha acelerado el desplome de la nación, y, por ende, el hartazgo que hace 12 años le favoreció hoy por hoy es su verdugo: Se acabaron los argumentos, las escusas y las ideas, de esta manera Acción Nacional, en un último esfuerzo por retener la silla presidencial, le ha apostado al voto por el género.

    Josefina Vázquez Mota puede describirse con una palabra; gris; con un discurso prácticamente memorizado que contiene propuestas vacías y contradictorias sólo su condición de mujer puede hacerla subir en las encuestas: La ahora candidata a la presidencia no representa otra cosa que la continuidad; en una entrevista al diario La Jornada declaró:

    “La segunda propuesta es que si bien tenemos estabilidad económica y ésta ha sido producto de una gran responsabilidad monetaria y fiscal y de tener cuidado con los niveles de endeudamiento, ha llegado el momento de prender los motores del mercado interno, es decir, sin regresar a los esquemas proteccionistas y paternalistas, tomar medidas para incentivar la industrialización del país, el sector de los servicios y el campo. Se han tenido avances económicos, pero existe el gran reto de lograr la equidad, y para ello hay que volver a crecer.”

    Es claro como la panista defiende los logros de su partido en la presidencia aludiendo a una supuesta responsabilidad fiscal; según expresa, en México hay estabilidad económica y dice que atenderá al campo sin volver al paternalismo… Vázquez Mota ignora la imprudencia con la que actuó el gobierno federal y la secretaría de haciendo durante la crisis del 2008 llegando al punto de insistir con la “modernización” de PEMEX  sabiendo que el petróleo es vital para la economía mexicana al representar la primera fuente de divisas con  ganancias de hasta 35 millones de dólares; igualmente delira cuando habla de estabilidad económica, pues para lograrla hay que mantener los niveles de desempleo al mínimo; el universo de personas que no logró trabajar siquiera una hora a la semana se disparó a 2 millones 564 mil 100 en junio de 2011… Para reactivar el campo habría que acabar con la competencia tan desigual que representa el TLC, claro que para la derecha los tratados comerciales son necesarios para el desarrollo de los países y, bajo las lógicas neoliberales que han regido a la clase conservadora, el hablar de autoconsumo ya es regresar a las prácticas paternalistas; según el accionar de los gobernantes durante los últimos años el negarse a que el rezagado campo mexicano se enfrente a la gran bestia que representa el agro estadounidense es negarse al futuro. No sé si Vázquez Mota en verdad crea que en los logros de su partido, pero es un hecho que planea continuar con el sendero marcado por sus antecesores, la pregunta en concreta; ¿vale la pena sacrificar al campo, a las pequeñas y medianas empresas, incrementar la inseguridad y la violencia, aumentar el desempleo y la pobreza y, en general, ahondar las heridas del México actual con tal de tener una presidenta?

  • El Buen Fin

    Estimados consumidores enajenados por campañas que realizan mercadólogos como yo, les tengo un aviso. Este 18, 19, 20, y 21 de noviembre, la derecha mexicana estará organizando una superpromoción para fortalecer el «mercado interno» llamado El Buen Fin. Todas las organizaciones de la iniciativa privada como Coparmex, Concamin, ANTAD, Asociación Mexicana de Banqueros y hasta Iniciativa México (esa iniciativa de las cultas televisoras que ha elevado al país al desarrollo) se pusieron de acuerdo para que en este fin de semana se ofrezcan descuentos en la mayoría de los establecimientos del país.

    Vaya, la idea no es mala, porque incentivan el consumo interno, lo cual es positivo y necesario para paliar los efectos de una recesión que viene desde afuera, además pues a fin de cuentas la gente podrá adquirir productos a un precio más barato. Dicen que hasta van a adelantar los aguinaldos para que la gente tenga dinero para comprar. Este tipo de iniciativa es parecida a lo que en Estados Unidos se le llama el Black Friday. Pero también no es como que vaya a revitalizar toda la economía del país, es solo un paliativo para mejorar un poquillo el mercado interno, también hará que mucha gente termine comprando productos en México y no se vaya a McAllen o a San Antonio a hacer sus compras navideñas, por lo que el dinero se quedará aquí en México. Pero bueno, como consumidores enajenados que somos, hay que aprovechar las pocas oportunidades que nos ofrece la derecha.

    En su página, puedes encontrar las ofertas y establecimientos donde puedes ir a comprar exhaustivamente como perros que persiguen una salchicha. Es hora de que saques ese hombre consumista y materialista y aproveches. No hay pierde, tu economía puede estar jodida, pero estas gangas no las vas a volver a ver en mucho tiempo. No importa si empresas como Televisa se quieran colgar con su Iniciativa México, lo que importa es que gastes, gastes y gastes, así hay más flujo de dinero y se beneficia nuestra economía. No te lo pienses dos veces, amigo gastalón, saca todo tu aguinaldo y colabora, por una buena causa.

    Y para terminar les tengo que decir que en las encuestas ganó López Obrador. Los que quieren a AMLO han de estar muy felices, los que no queremos a Peña Nieto estamos muy tristes. Mañana hablaré de esto.

     

  • Aznar, el Vaticano y el ocaso neoliberal

    Los desplantes de los mandatarios derechistas de iberoamérica son bien curiosos, sobre todo porque no son muy congruentes que digamos, sobre todo cuando hablamos de los valores cristianos que tanto dicen defender. Se proclaman humanistas, «demócratas socialcristianos» entre algunos adjetivos más. Pero a pesar de eso, siempre (sobre todo en los últimos años) han defendido las políticas neoliberales, donde se trata a la población como un objeto de consumo, como una cifra, donde una gran empresa es mas importante que un ciudadano y donde también se pierde la sensibilidad por el ser humano y la justicia social que predicó Jesucristom lo cual está plasmado en la Biblia.

    Esta incongruencia se hizo muy patente tras las polémicas declaraciones de José María Aznar y las posteriores declaraciones del Vaticano que dejaron mal parado al ex-mandatario español, ¿qué pasó?. Todos sabemos que en el mundo hay un movimiento de indignación ante la situación socioeconómica actual. Sucede que Aznar, el ex-presidente español por el Partido Popular (el partido de derecha en España) hizo unas fuertes declaraciones al referirse a la manifestación de indignados de España como un movimiento marginal de ultraizquierda radical, además los demeritó al decir que su representatividad no es importante en la vida española.

    Pero, las posteriores declaraciones representaron una especie de humillación para José María Aznar porque contradice su planteamiento. El Vaticano dice estar de acuerdo con la mayoría de los puntos que proponen los «indignados». Por medio del Departamento de Justicia y Paz de esta entidad, se emitió un documento donde se aboga por una autoridad mundial y un banco central mundial, porque el FMI ya no es capaz de lograr estabilizar a las economías. Pero fue más allá y criticó directamente a la doctrina neoliberal. El Vaticano condena lo que califica como «idolatría del mercado» y el «pensamiento neoliberal» que solo se fija en soluciones técnicas a problemas económicos.

    Dice el Vaticano que esta crisis económica y financiera que estamos viviendo debe invitar a todo el mundo a examinar los principios y los valores culturales y morales que están en la base de la convivencia social. También recalcan los efectos negativos del neoliberalismo en la sociedad: Se han puesto de manifiesto comportamientos como el egoísmo, la codicia colectiva y el acaparamiento de bienes a gran escala. E incluso se atreven a vaticinar lo que ocurrirían si no se replantea el sistema económico: Si no se encuentran soluciones a las diversas formas de injusticia, los efectos negativos que seguirán en el plano social, político y económico estarán destinados a crear un clima de creciente hostilidad e incluso violencia, y en última instancia, a minar los cimientos de las instituciones democráticas , incluso las consideradas más sólidas.

    Mientras gente como Aznar busca «solucionar» la crisis con más mercado, desregularizando más la economía y gastando menos en servicios sociales, la misma Iglesia apunta su mira hacia el otro lado. Apela a la solidaridad y al bienestar sobre la codicia de unos pocos. ¿Qué pensaran los partidos de derecha al ver que su «lider moral» está en desacuerdo con las políticas económicas que han estado tomando?. Se podrá criticar al Vaticano de muchas cosas, y así como en su tiempo fue agente clave para combatir el comunismo, ahora lo sea para combatir el «fundamentalismo de mercado» que ya nos ha metido en serios problemas.