Etiqueta: democracia

  • Lorenzo Córdova, entre el racismo y la ilegalidad

    Lorenzo Córdova, entre el racismo y la ilegalidad

    No hay forma de justificar al Presidente Consejero del INE; Lorenzo Córdova se equivocó tremendamente al burlarse de un individuo perteneciente a las comunidades indígenas. Esto no se puede justificar cuando eres el encargado de presidir el instituto garante de la democracia electoral en México, un instituto que tiene que velar por la pluralidad y los derechos de todos en cuanto a elecciones se refiere.

    Lorenzo Córdova, entre el racismo y la ilegalidad

    El comportamiento de Lorenzo Córdova no es un hecho aislado y eso es lo preocupante. Si tuviéramos la capacidad de intervenir los teléfonos de todos los mexicanos que tienen una posición relativamente acomodada (clase media, media alta, alta) veríamos hechos como éste no sólo repetidos una gran cantidad de veces, sino que veríamos manifestaciones mucho más agresivas: -Pinche indio-, -Maldito naco-, porque incluso dudaría que las palabras de Lorenzo Córdova tuvieron una connotación racista. Y eso tal vez no sea tan necesario de hacer, basta escuchar conversaciones en la calle, en fiestas y demás lugares donde éste tipo de comentarios se repiten. A pesar de que lo neguemos, a pesar de que afirmemos que el racismo es un problema de Estados Unidos o la Alemania de Hitler.

    En las redes sociales abundan memes con la terminación en «tl» que ridiculizan a los indígenas. Lo peor del asunto es que no generan indignación, se perciben como algo normal, como si se tratara de una broma chusca cuando en realidad es una forma de denigrar a los indígenas, a quienes hemos segregado a través de nuestra historia, y a quienes hemos permitido que se les perciba como accesorios meramente foclóricos, dignos de postales y contenidos audiovisuales para promover el turismo en el extranjero, y a quienes no hemos incluido y mucho menos tolerado sus usos y costumbres.

    La otra mala noticia dentro de este hecho, es la que tiene que ver con la ilegalidad; y éste es el punto más importante en este caso: Intervenir el teléfono de ésta figura pública es algo completamente ilegal, y así como se reprueba su conducta, se debería de reprobar el acto. Alguien con un interés particular extrajo el audio de una llamada, casualmente hoy se debatía en el INE sobre si el Partido Verde debe de mantener el registro, casualmente las elecciones se llevan a cabo en 2 semanas, casualmente hay muchas dudas sobre el papel que jugará el INE en las elecciones entrantes.

    Tratar de hacer política chantajeando a los actores que son parte de ésta es algo completamente reprobable porque lacera a nuestras instituciones. El INE se muestra ante las elecciones venideras como una institución endeble, que no es capaz de garantizar una jornada electoral y cuyos miembros pueden ser chantajeados por agentes externos con un interés en específico. Esta laceración de las instituciones es más preocupante que los dichos de Lorenzo Córdova, que son absolutamente reprobables, pero que reflejan un problema que afecta a la sociedad mexicana, que son regla y no excepción en México.

    Me pregunto qué es lo que va a pasar el 7 de junio. Desde hace tiempo no se veían instituciones tan endebles. Algunos actores políticos (y no sólo de la izquierda) hablan de la preparación de un fraude electoral. Quedarnos en la discusión sobre si Lorenzo Córdova fue racista o no, creo que es poco menos que una pérdida de tiempo es lo que menos importa y cuando muchos mexicanos (entre ellos, varios «indignados») también lo son y ni siquiera se han dado cuenta de ello.

  • Había una vez un candidato transparente (3de3)

    Había una vez un candidato transparente (3de3)

    Me gusta, me gusta ver que la ciudadanía vaya más allá de postear memes de Peña Nieto en Twitter y haga cosas propositivas que puedan ayudar a la sociedad. Hay dos formas de indignarse. Tomamos el caso de las casas de Peña Nieto. La primera es haciendo memes para burlarse de él, la segunda es haciendo una plataforma y después promoverla para invitar a los candidatos a que declaren su patrimonio. El IMCO (Instituto Mexicano para la Competitividad) hizo lo segundo. Esta think tank encargada de hacer análisis y estudios, y que normalmente es crítica del gobierno (bueno, ¿es que cómo lo defiendes?) se dio a la tarea de lanzar esta plataforma llamada Candidato Transparente#3de3 que puedes consultar aquí.

    Habían una vez unos candidatos transparentes (3de3)

    -Pero Cerebro, el IMCO, competitividad, esa palabra me suena a esfuerzo, a trabajo duro, a echarle ganas. Me suena muy neoliberal e imperialista, hay una conspiración. Chairalicia Bartlett Simpson.

    Los ciudadanos hacen el papel que le debería tocar a las instituciones. Si los ciudadanos lo pueden hacer, es que el país tiene la capacidad de tener instituciones que cumplan con su papel. Pero nuestras instituciones no funcionan, entonces nosotros lo hacemos, nosotros hacemos su chamba. Bueno, les decía, el IMCO lanza este sitio web, simple, bonito, pulcro, desarrollado con la ayuda de AngularJS, donde puedes consultar las declaraciones patrimoniales de los candidatos que han decidido participar; sean candidatos a gobernadores, alcaldes, diputados y demás tipo de fauna congresista.

    Lo que se pide al candidato son tres cosas, una declaración patrimonial, una declaración de intereses (actividades que puedan interferir con el ejercicio de las funciones) y una declaración fiscal (para comprobar que dicho candidato ha pagado impuestos)

    La propuesta ha tenido el suficiente impacto para que muchos candidatos ya se hayan sumado, y ha tenido el suficiente impacto que candidato que no mande su declaración patrimonial no se va a ver muy bien ante los electores. No, y aquí no vale que si las casas eran donadas, o que si eran de mi esposa.

    Y parece que los ciudadanos debemos de empujar para modificar un poco las reglas del juego ante una clase política ausente, cínica, ensimismada. Y está bien, sería malo si no hiciéramos nada y dejáramos pasar.

    Y si un político tiene riquezas mal habidas puede hacer tres cosas. La primera, la imposible y utópica (aunque no sé si tanto con el nivel de cinismo que pueden llegar a tener algunos) es que tengan el descaro de declarar que se robaron hasta los enchufes del congreso. La segunda, es que su declaración patrimonial sea falsa o no incluya todo. En este caso cuando un político sea expuesto en flagrancia, o se le compruebe otra casa, se le podrá exhibir. La tercera, es que no participe, y así la gente desde un principio sabrá que oculta algo.

    Y necesitamos más de este tipo de iniciativas, los ciudadanos necesitamos buscar más caminos para lograr un mayor contrapeso. Mientras los memes de Peña Nieto quedan en el anecdotario y sólo son recordados en videos mal editados de Youtube, este tipo de propuestas ayuda, sí, a construir más democracia.

     

  • La tolerancia en la política, o como no perder amigos en las elecciones

    La tolerancia en la política, o como no perder amigos en las elecciones

    Yo tengo una amiga que milita en el PRI, que contiende a un cargo público y la apoyo, e incluso he trabajado profesionalmente con ella, y lo hago porque tengo confianza en ella y porque me ha demostrado sólidas razones: -Cerebro vendido, ya eres parte de la mafia en el poder, ratero, corrupto, te voy a borrar, ¿Ya tienes tu Casa Blanca?. Muchos me dirán que es una contradicción. Yo digo que no es así, que más bien es sentido común y es saber usar la cabeza. ¿Por qué razón?

    La tolerancia en la política, o como no perder amigos en las elecciones

    Cuando uno «se deja llevar» pone su chip en automático, termina generalizando. Cuando algo nos indigna tanto (indignación justificada o no), nos puede llevar a dejarnos llevar (valga la redundancia) por las emociones, lo cual sofoca la razón. Las generalizaciones se hacen cuando no hay mucha disposición para ser autocrítico ni para esforzarse en pensar. -Si Peña es corruptazo, entonces todos lo son, si Cuauhtémoc Gutiérrez es un proxeneta, entonces todo el PRI es un burdel lleno de depravados. O como dijo un padre la otra vez, que todos los que apoyan a AMLO tienen problemas psicológicos (un absurdo).

    Es cierto que cuando una institución o un partido da mala imagen (que el tricolor la tiene merecida, en mi opinión, así como todos los demás partidos), la gente tomará sus precauciones; es una reacción natural del ser humano. Pero no implica que absolutamente todos los integrantes sean iguales. Al igual que tampoco podemos pensar que todos los alumnos del Cumbres son mirreyes pedantes, o que los sacerdotes son pederastas. Si a mi me dicen, Juan Pérez es del PRI, o de Morena o del partido que te caiga mal, sí, tomaré mis precauciones, porque de alguna forma el partido en el que milita es parte de una ecuación, pero yo no puedo dar sentado que tiene los mismos defectos que veo en los líderes de su partido y si hago conciencia puedo descubrir que tal o cual perfil es muy bueno, en vez de desecharlo por mis prejuicios.

    Ni siquiera cuando simpatiza con los líderes. Cuando eres parte de algo (y eso es una condición general del ser humano) tiendes a ver los defectos de las demás personas quienes también forman parte de ese algo de una forma más tenue. Igual podrá pasar con un conservador, con un liberal; y eso no necesariamente implica que se haga por conveniencia. Un amigo priísta podrá pensar que Peña Nieto no es tan malo como yo creo que es,  que no es tan mal Presidente y eso no lo hace una mala persona (aunque su percepción sea muy diferente a la mía), igual con un panista que ve con buenos ojos a Emilio González y así nos podemos ir yendo.

    Eso aplica para quien tiene diferentes preferencias políticas. La gente tiene el derecho a tener su preferencia política «que se le hinche el hüevo» porque en una sociedad que aspira a ser democrática, todos tienen el derecho a creer en lo que sea, siempre y cuando eso que se cree no atente directamente contra sus semejantes (ejemplo, creer que se vale matar, robar o pisar sobre los demás).

    A mí me puede caer muy mal Peña Nieto, o Vicente Fox, o Bejarano. Pero si un amigo mío lo apoya, está en su derecho y debo de respetarlo. Podemos debatir, discutir, pero siempre separando las ideas de las personas. Cuando hayamos aprendido a ser tolerantes, nos daremos cuenta de las muchas cosas que podemos ganar. Te podrás dar cuenta que puedes tener amigos que simpatizan la oposición y que las preferencias políticas no tienen que ser un problema.

    Recuérdalo siempre, todos los humanos percibimos al mundo de distinta manera. Desde la educación, la experiencia y hasta las condiciones genéticas definen nuestra cosmovisión del mundo. La gente tiene derecho a pensar distinto a ti, y no por eso es mala, ni ignorante.

    Recuerda que no vale la pena perder amigos por dos meses de campaña. Ganarás más cuando te des cuenta que ese que simpatiza con el corrupto de Peña Nieto, el borracho de Calderón o con el loquito mesiánico de López Obrador puede ser tu gran amigo y estar ahí en los momentos más difíciles.

  • Una pastilla para Andrés Manuel López Obrador

    Una pastilla para Andrés Manuel López Obrador

    ¿Regresar la Constitución a como era en 1917? Sí. Esa es la novedosa propuesta de Andrés Manuel López Obrador. Sí. Como película de Volver al Futuro, pero 100 años. Caray, hemos vivido tanto tiempo con esa Constitución y con ella emanaron gobiernos autoritarios como los del PRI (donde él se formó). Tanta corrupción, tantos desfalcos, tantas represiones, tantas crisis económicas bajo el amparo de la Constitución de 1917. ¿De qué sirve tener una Constitución tan bonita si todos se limpian con ella cuando van al baño?

    Una pastilla para Andrés Manuel López Obrador

    Señor López Obrador. Vivimos en el 2015. Ahora cuando yo quiero ver que día es, yo agarro mi smartphone y lo prendo. En 1917 tenías que conformarte con preguntarte al tendero que día era porque ni la radio existía en nuestro país. Señor López, vivimos en épocas muy distintas, los seres humanos tenemos necesidades muy distintas, la estructura social es muy diferente y lo único que queda son los acarreos y la compra de votos tan típicos del partido del que surgió y al cual ama-odia.

    López Obrador vive de los mitos, de esos mitos que tanto daño nos han hecho, de esos mitos oficiales que buscaron generar cohesión social a través de la manipulación para que la gente se sintiera orgullosa de su nación mientras quienes estaban en el poder desfalcaban a nuestro querido país. Que Villa, que Zapata, que Juárez, que la Constitución de 1917.

    Ese señor que toma como mito a un Juárez que alguna vez hizo un fraude electoral, y que por las circunstancias de la vida no logró vender parte de nuestro territorio a Estados Unidos (Tratado McLane – Ocampo).

    Sí, ese López Obrador, ese Peña Nieto de las izquierdas (aduciendo a su capacidad cerebral), ese que dice que uno de los pocos medios libres que quedan en México es el noticiero de Jacobo Zabludovsky. Ese reportero somnífero de Televisa, palero de los peores regímenes priístas, que engañó a la población con la represión de 1968. Ese que se arrodilló ante Díaz Ordaz, Luis Echeverría, López Portillo, Miguel de la Madrid y Carlos Salinas, ese que se convirtió en el reportero oficial del régimen autoritario y que ahora, que ya no está en Televisa, hace como que cambia su discurso.

    Pero cuando hasta la más desagradable sátrapa está con él, hay que aceptarla porque significa que «ya se volvió bueno». Ejemplos, Manuel Bartlett, el mismo Jacobo, y una lista de personajes más.

    Porque López Obrador vive del pasado. Textear desde su iPhone (porque sabemos que gusta de los productos marca Apple) apologías al pasado no lo hace moderno. López Obrador no cree en la democracia, cree en la formas del PRI aunque diga odiarlos. Defiende a Aristegui o a El Reforma, porque independientemente de su calidad, no tienden a criticarlo tanto. Dice que La Jornada es un medio libre, pero si él llegara a la Presidencia, seguramente desempeñaría el mismo papel que desempeña, por ejemplo, Televisa con Peña Nieto.

    Tan rancio, tan obsoleto, tan hipócrita (habla de la Mafia del Poder, pero hay quienes lo han apoyado por debajo del agua en infinitum) tan igual que los políticos «de siempre», porque él es, muy de siempre.

    ¡Para afuera!

     

  • En defensa de Aristegui. Aunque no te guste

    En defensa de Aristegui. Aunque no te guste

    Ustedes lo saben, a mi no me gusta que endiosen a Carmen Aristegui y la creo imperfecta, aunque aun así es una de las comunicadoras más importantes de México y la principal periodista de oposición. Pero una cosa es que pueda llegar a discrepar en algunos puntos, y otra cosa es que aplauda que la quieran censurar.

    En defensa de Aristegui. Aunque no te guste

    Se me hacía raro que se hubieran tardado tanto. Y les confieso, al principio pensé que se trataba de una reprimenda por un error de Carmen pero nada más. Incluso se me hacía exagerado que se empezara a hablar de censura como sucedió en Twitter. Pero a la vez se me hacía desproporcionada la reacción de MVS. Me decía ¿Por qué tienen que hacer público el hecho de que Aristegui haya usado a la marca como parte de su alianza con Mexicoleaks? ¿Qué no se podía arreglar en privado? Incluso se me había hecho infantil la reacción de MVS; pero pensé que iba a quedar ahí.

    El sospechosismo dentro de mi interior despertó cuando MVS despidió a dos de sus reporteros, Daniel Lizárraga e Irving Huerta, nada más y nada menos que los reporteros que destaparon los casos de Cuauhtémoc de la Torre y la Casa Blanca de Angélica Rivera. ¿Tanta halaraca por que Aristegui usó el nombre de MVS para una campaña? ¿Pues que hicieron ellos? Porque si el problema es el uso de la marca, pues quien tuvo la decisión final fue Carmen Aristegui y no ellos.

    Denise Dresser habla del riesgo de una putinización. Pero aunque Putin sea corrupto y autoritario, al menos puede decir que tiene liderazgo y carisma, aquí ni eso. 

    No hay que ser tontos, sabemos de donde vienen esas órdenes, y es que Aristegui es quien ha puesto más en jaque al gobierno. Ya habían usado Peñabots para restarle influencia en Twitter, ya habían repartido volantes apócrifos en Polanco y La Condesa donde se aseguraba que el PT le había pagado a Carmen Aristegui. Era previsible, y más para un gobierno al cual le incomoda la democracia.

    Mientras Peña Nieto se aplaudía a sí solo porque acaba de dar dos señales de TV abierta a sus amigos (Radio Centro y Cadena Tres), se emprendió una campaña contra Carmen Aristegui. Había que buscar una excusa y la encontraron. Mientras Peña habla de abrir puertas, en realidad las está cerrando y sólo las abre para quienes se alinean.

    Hasta Carlos Loret de Mola se indignó:

    Mientras el gobierno habla de transformar al país, nos parecemos cada vez más a Venezuela con la crisis de gobernabilidad y censura. Mientras hablan de progreso, la prensa extranjera habla de crisis, Iñárritu dice que la corrupción es el estado y Guillermo del Toro casi sugiere quemar a los políticos. Ellos pueden hablar porque están fuera de México y el gobierno no tiene la capacidad de reprimirlos. El gobierno no les puede decir a las casas productoras de Hollywood que no las contraten, ni puede presionar al Gobierno de Estados Unidos que lo haga, porque Estados Unidos es un país más democrático y el cine no depende en absoluto del gobierno como sí sucede en México.

    La situación en México está muy mal, hay mucha desconfianza, mucha desesperanza, los ciudadanos no se sienten representados. Si el gobierno hace todo muy mal, la oposición, toda (PAN, PRD, MORENA y demás) no se queda atrás y tan no sirve para nada que lo que dice un cineasta pesa más que lo que ellos hacen. Ya estamos hasta la fregada.

    Y todos estamos en defensa de Carmen Aristegui, aunque no te guste. 

    Por cierto, juego México vs Brasil el día de las elecciones.

  • Lagrimita, Guillermo Cienfuegos y la democracia ¡Qué barata!

    Lagrimita, Guillermo Cienfuegos y la democracia ¡Qué barata!

    Un político payaso es un payaso político.

    Lagrimita, Guillermo Cienfuegos y la democracia ¡Qué barata!

    Miren, a mí siempre me ha gustado la idea de los candidatos independientes. Más en un país como el nuestro que ostenta el primer lugar a nivel mundial de percepción de corrupción dentro de los partidos políticos (más del 90% los considera corruptos según Transparencia Internacional). Pero la idea es que personas ajenas a cualquier grupo político que quieran incidir en su entorno puedan lanzarse sin necesidad de «hacer política» dentro de los partidos (y sabrán por qué es el entrecomillado).

    ¿Pero, un payaso? ¡Si con trabajos podía tolerar que un payaso como Brozo se las diera de opinólogo (que siendo realistas lo llega a hacer mejor que algunos de sus colegas de Televisa), se me hace inadmisible que un payaso, vendiéndose como payaso, quiera aspirar a la Alcaldía de Guadalajara!

    Si Lagrimita (Guillermo Cienfuegos), ese payaso que marcó la infancia de muchos tapatíos, quiere lanzarse para ser una opción viable a la altura de la ciudad, debería de quitarse el traje, la nariz roja y el maquillaje, para presentarse como el ciudadano civil que es detrás de cámaras, y que no es tan carismático como «el que sale en la tele». Presentarse como un payaso a un puesto que requiere seriedad es un insulto a los ciudadanos que esperarían o deberían esperar políticos que con suyas acciones, les procuren un lugar armónico donde puedan llevar a cabo sus proyectos de vida.

    El payaso correcto

    Que yo recuerde, Lagrimita nunca se había interesado en temas políticos, al menos nunca lo demostró en sus programas ni en entrevistas que le hayan realizado. El era un payaso peculiar que (como varios de su época) trató de romper estándares. Lagrimita era un payaso divertido, cariñoso, pero también irreverente, y hasta peleonero (lo cual le trajo algunas críticas de algunos grupos conservadores), y siendo sinceros, nunca fue un payaso talentoso.

    Guillermo Cienfuegos debería de saber que para dirigir una ciudad no basta con organizar concursos ni basta con pelearse con su ahora fallecida pareja afecta al alcohol (Lalo) frente a todo el público; menos basta con cantar canciones como ¡Qué barato! cuando nosotros pagamos el pesado sistema electoral que le dará la oportunidad de contender si junta 23 mil firmas. Mucho menos podrá pedir la ayuda del interventor cuando tenga que cabildear, cuando tenga que pasar propuestas por el congreso local. Ni siquiera podrá gritar ¡Perdimos! cuando con su falta de visión ponga en aprietos a la ciudad.

    La teoría que corre por las bocas tapatías sobre su elección, consiste en que él ha sido puesto ahí para quitarle votos al candidato de Movimiento Ciudadano, y hasta ahora favorito Enrique Alfaro, y de esta forma beneficiar al priísta Ricardo Villanueva (aunque siendo honestos, estos dos candidatos tampoco están demasiado lejos de ser un payaso). Es al final de cuentas una teoría, una deducción, pero suena razonable.

    Independientemente de si sea cierta esa versión, más que criticar al partido tricolor (que merecería su vendaval de críticas también en caso de que fuera cierto), a quien se debería señalar más es al payaso por prestarse a actos que ensucian la ya de por sí golpeada democracia mexicana. Lagrimita le está quitando la oportunidad a ciudadanos que sí tienen la preparación, o al menos, la intención de hacer cosas buenas por la ciudad. Lagrimita se está aprovechando de su poder mediático basado en un perfil que es, o debería ser, opuesto a la política. Porque la política no es para reír, no es para contar chistes; la política es para servir al pueblo.

    Y sí, ¡Qué barato!

  • Paleros contra opositores

    Paleros contra opositores

    Seguramente los tienes identificados, cuando abres el periódico (o más bien entras a su página) o a los portales de Internet, consultas el artículo de un columnista al cual seguramente ya le has puesto una etiqueta, incluso varias: Conservador, izquierdista, liberal, estatista, nacionalista. Pero ahora me voy a enfocar en dos para tratar de expresar mis argumentos, que son la primera división que podríamos hacer entre ellos, y es la de quienes defienden al sistema y quienes la critican. A los primeros se les llama peyorativamente paleros y los segundos simplemente como opositores (y se les puede etiquetar de forma peyorativa más bien por su preferencia ideológica).

    Paleros contra opositores

    Seguramente acabas de dibujar en tu mente una lista rápida de quienes son los unos y quienes son los otros. La diferencia entre la lista que tú hiciste y la que hizo otra persona estará condicionada por muchos factores y por lo tanto puede ser diferente, aunque también pueden tener muchas coincidencias. Incluso algunos que tu tildabas de «paleros» puede que para ti ya no lo sean después de algún tiempo o viceversa. Incluso, un columnista pro sistema puede dejar de serlo porque ha dejado de comulgar con éste (algo un poco común en estos días) o sólo ha defendido al sistema porque le ha dado un voto de confianza, el cual se puede perder con ciertos eventos (cosa que también ha sucedido en México).

    En una democracia, lo ideal es que las dos partes existan. Así como es muy sano e indispensable que los opositores tengan voz y tengan los canales para llegar al públicos, el sistema también tiene derecho a dar a conocer su versión de las cosas. La cuestión es que dicho sistema tiene una mayor facilidad para procurar su derechos y los opositores no tanto. De hecho sería utópico pensar en un estado donde solo existan los opositores porque dado esto, un gobierno con nulo apoyo caería pronto del poder para ser sustituido por otro; el cual también tendría a sus «paleros», algunos de los cuales habrían sido ex opositores en el antiguo régimen. Por el contrario, basta un gobierno autoritario para tener entre los columnistas y escritores, solamente a aquellos que defienden el sistema.

    ¿Razones por defenderlo? Creo que las más importantes son tres, el primero es obtener un beneficio personal por hacerlo (que reciba dinero o incentivos para hablar bien de alguien), el segundo por razones profesionales (un columnista que trabaje en un medio afín al régimen), o bien, que simplemente dicho columnista o periodista comulgue con el sistema o con una linea ideológica.

    Dicen que el periodista tiene como fin buscar la verdad. El problema es que en general (y dado por la condición humana) se busca lo que éste percibe como la verdad, se trate del periodista más honrado. Si bien hay verdades absolutas, también hay realidades que se tienen que interpretar; además el periodista es imperfecto y se puede equivocar, y lo puede hacer por muchas razones.

    El lector responsable debería usar su criterio propio y llegar a una conclusión por sí mismo después de haber leído varias opiniones. Pensar que el noticiero de Televisa o el programa radiofónico de Carmen Aristegui son templos de la verdad es un ejercicio pobre e incompleto. Ciertamente cuando un gobierno como el actual está muy deslegitimado, es muy difícil hacerles caso a quienes lo defienden. Pero en el ciudadano que aspira a informarse está la responsabilidad de hacer una síntesis propia a partir de las tesis propuestas por varias voces que difieren entre sí.

  • ¿El cambio está en uno mismo?

    ¿El cambio está en uno mismo?

    Pareciera que este mes estoy inspirado para escribir, aunque lamentablemente la inspiración proviene de cierto sentimiento de indignación ante lo que está pasando en el país. Y es que a veces nos dicen a quienes escribimos (tanto a bloggers como nosotros como a periodistas profesionales) que lo hacemos como acto catártico o pretendemos sacar todo lo que traemos dentro, y es cierto. A mí me funciona más hablar aquí que gritar consignas en una marcha, no se me da, ya lo intenté el jueves pasado y  mejor me dediqué a documentar dicha marcha con mi cámara réflex.

     Ese momento en que cada vez más mexicanos deciden dejar de quejarse en la comida o en su smartphone y salen a las calles a reclamar lo que es suyo. Denise Dresser tiene mucha razón cuando dice que desestabilizar no necesariamente es algo malo, porque lo que se quiere desestabilizar es la corrupción, la impunidad, la violencia y la injusticia. Porque los mexicanos queremos un gobierno de leyes, justo, que promueva la paz y que genere las condiciones para que podamos crear nuestro proyecto de vida.

    Me viene un tema a la mente, una consigna que fue repetida varias veces hace dos años, consigna que ahora se vuelve repetir. Dicen que para cambiar al país, tienes que empezar a cambiar tú, que el cambio está en uno mismo, como si hubiera una incongruencia por el simple hecho de manifestarte o señalar a los gobernantes. Que si quieres que México cambie, tienes que empezar por sacar la basura, por estacionar bien tu coche y así. El argumento puede tener razón pero hasta cierto punto, hasta el punto en que puede usarse deliberadamente para desinhibir a quienes protestan contra los gobernantes o los políticos, como si no tuvieran derecho de hacerlo.

    Es cierto que una parte de lograr un cambio en la sociedad tiene que ver con el ejemplo, con ser un buen ciudadano. Pero paradójicamente sumado a todo ello (no invadir banqueta, no dar mordida, pagar impuestos, y un sin fin de etcéteras) está la natural inconformidad del ciudadano con quienes se corrompen, con quienes promueven la injusticia. Si yo decido no ser corrupto porque he asimilado que la corrupción es mala, entonces por consecuencia me debería indignar que terceros practiquen la corrupción, y entonces me debo indignar mucho más que las autoridades, en quienes he depositado el rumbo del país, sean corruptas. Entonces no sólo no tengo «prohibido» moralmente manifestarme o señalar como algunos sugieren, sino que es muy deseable y es muy congruente con lo que pienso.

    No ser corrupto es muy difícil. Muy posiblemente tu umbral de corrupción es mucho más bajo que el de los políticos, pero la constante práctica de estos actos son los que hacen que se asuman como normales y el individuo crezca en una espiral de corrupción donde lo que vemos como reprobable se termina viendo como algo normal. Posiblemente en diversos momentos has cometido actos que pueden pasar como corruptos y ni siquiera te has dado cuenta. Otras veces lo has hecho porque has sentido que no tienes de otra, o porque crees que si lo haces «de manera honesta» no podrás avanzar en un sistema que promueve la corrupción. El hecho de despertar y darte cuenta que tu país está sumado en un mar de corrupción y de impunidad, de alguna manera te puede llevar a una reflexión personal, a hacer un análisis de tu propia persona y meditar tu papel dentro de la sociedad.

    En la marcha del jueves que tuve posibilidad de asistir en Guadalajara, entre los manifestantes hubo una gran civilidad: Habían personas y grupos de diversas ideologías, unas que puedo no compartir tanto pero respeto; pero se palpó un sentimiento de unión, de solidaridad, de capacidad de organización. Los manifestantes tenían la capacidad de autogobernarse, se señalaban a aquellos que se tapaban la cara y se les invitaba a que se hicieran a un lado, y procuraban en todo momento que todos se portaran con civilidad. Eso es algo muy positivo porque es muestra de que los mexicanos tenemos la capacidad de organizarnos bien. En la manifestación constantemente se señalaban a personas o instituciones, pero más que señalarlas per sé, el significado de fondo era reprobar esas malas prácticas que a ojos de muchos pueden representar, y las que han orillado a tener los problemas que padecemos (como los 43 desaparecidos de Ayotzinapa).

    El hecho de que la sociedad se manifieste por temas totalmente ligados a problemas de corrupción e impunidad muestra que se reconoce que dichos actos son negativos, y el hecho de que sean reprobados por toda la sociedad puede ayudar a que el individuo se la piense dos veces antes de cometer algún acto de ese tipo. Tomando los datos de un estudio de Transparencia Internacional, hago una comparación entre México y Rusia. Los dos tienen un nivel de percepción de corrupción similar (en ambos países el 79% de la población cree que la corrupción es un problema en el sector público), pero la mayoría de los mexicanos creen que la gente ordinaria puede hacer algo por abatir la corrupción (un 81%) mientras que menos la mitad de los rusos cree en ello (44%). Eso pone en ventaja a nuestro país al haber una mayor intolerancia ante la corrupción. Creo que el problema estriba más en hacer consciente a la gente como es que pequeños actos que pueden ser calificados como corruptos, son la base para tener un país que no puede construir un Estado de derecho aceptable.

    El cambio está en uno mismo, sí. Pero parte del cambio tiene que ver también con procurar no sólo que el individuo no sea corrupto, sino que también la comunidad no lo sea. Por eso es positivo saber que en México se empieza poco a poco a tener la costumbre de exhibir en las redes sociales a quienes incurren en estos actos, y también que la sociedad cada vez se anima más a salir a las calles para reprobar a aquellos gobiernos que a su juicio, representan corrupción e impunidad.

    Cierto que para cambiar al mundo hay que saber proponer, pero para ello, primero hay que señalar las carencias y reconocerlas. Es inclusive antinatural pretender ser una persona derecha y que al mismo tiempo no te importe que quienes rodean decidan no serlo. Porque al final, parte de no ser corrupto tiene que ver con la sensibilidad y el deseo para que los demás no lo sean.

    Publicado en www.mexicotecalifica.org