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  • Todos esos van a votar por el Peje

    Todos esos van a votar por el PejeSeguidores de AMLO pasan constantemente videos de muchas personalidades que van a votar por López Obrador. Que Hector Bonilla, Susana Sabaleta, Damián Alcazar, el propio nominado al Oscar Demián Bichir. Luego seguimos con los intelectuales, donde no todos están con el pero sí una mayoría (tómese en cuenta que Loret de Mola o Brozo ¡no son intelectuales!) como la Poniatowska, Pitol, y otros muy importantes que tal vez no apoyan abiertamente al Peje pero están pensando en darle su voto como Carlos Fuentes o hasta el mismo Enrique Krauze (el que escribiera esa famosa columna de «el mesías tropical»), luego seguimos con músicos, actores, cantantes. Pero es que esto no nos debe sorprender, es totalmente normal no solo en México sino en gran parte del mundo. Los actores, músicos, artistas (que si merecen el término), escritores, intelectuales (al menos la mayoría) y demás sectores suelen votar por la izquierda y tienen ideas progresistas. Incluso en Estados Unidos es muy común, mientras los dueños de las casas cinematográficas de Hollywood se entienden mejor con los republicanos, los actores y directores suelen votar por los demócratas (a excepción tal vez, de ese gobernador de California que imprimió su sello republicano tanto en Terminator como en Un Detective en el Kinder), incluso algunos como el reconocido Oliver Stone afirma admirar a Hugo Chávez.

    Si AMLO fuera demasiado mal político terminaría ahuyentando incluso a este sector, pero con lo que es le alcanza para recibir su apoyo, y en algunos casos dicho apoyo le beneficia por que algunos de los artistas (la minoría, si) son admirados por el grueso de la población mexicana como Demian Bichir. Es natural que lo apoyen, porque el PAN siempre ha tenido un increible desprecio por la cultura, y el PRI, pues digo, no creo que un hombre con copete fabricado en las filas de la televisora predominante sea muy agradable para aquellos que se dedican a componer o a actuar. Y no es que le quiera quitar méritos a AMLO, pero es que este tipo de apoyo es normal, y además este tipo de apoyo tampoco se da porque sea un gran candidato, sino porque la oferta que hay sabemos que es de muy bajo nivel, y entre los tres, escogen al que represente más sus afinidades. La derecha en cambio, está respaldada por empresarios, por la jerarquía católica (exceptuando las ramas más liberales como la Teología de la Liberación), economistas, tecnócratas. Tal vez por eso creo que pesaría más el apoyo de empresarios como Romo o Turner a López Obrador (o debería de).

    Lamentablemente para el Peje y para el país la intelectualidad y la cultura siempre queda al margen (y no porque a México le convenga que gane el Peje, sino que la ignorancia es mayoría), la mayoría de los artistas, pintores o escritores son valorados por un sector muy específico de la población; entre algunos ciudadanos con tendencias a la izquierda, algún que otro magnate que a pesar de sus riquezas no pierde el gusto por la cultura e incluso invierte en ella, y alguna que otra persona con inclinaciones más hacia la derecha (la minoría) que si tiene un aprecio por la cultura. Algunos incultos incluso los desprecian porque «van a votar por el Peje» cuando en sus obras y su talento hay algo mucho más alla que una inclinación política. Por ejemplo, yo no tengo que ser comunista para admirar los murales de Diego Rivera.

    Por otro lado, es curioso ese desprecio del PAN a la cultura y más curioso por sus lazos cercanos por la Iglesia. Quiérase o no, la Iglesia también ha generado cultura desde hace siglos, tanto en la arquitectura, la música y la pintura. El arte sacro en realidad es muy bello y no se necesita ser necesariamente religioso para entender su belleza, en el Distrito Federal, en el Munal pueden encontrar pinturas religiosas de una gran calidad y sorprendentes, o que decir de las obras de reconocimiento internacional como las pinturas de Miguel Angel. Pero el PAN no promueve ni la cultura cercana a su ideología ni la que considera lejana. Y por el otro lado, curiosamente el mismo «estado laico» es el que mantiene museos para promover el arte sacro.

    El Peje no es, muy probablemente, el presidente que necesita México y mis dedos no alcanzarían para contar sus defectos (esto mismo se replicaría con los demás candidatos), pero este hecho curioso y normal a la vez me hace pensar que la cultura es una parte importante de una nación, le da identidad, y si bien su arte no es algo tan tangible en los índices de crecimiento económico porque no construyen máquinas, ni inventan productos ni tampoco trabajan en una maquila; no solo si colaboran indirectamente al hacer la vida más placentera de los que se dedican a actividades más técnicas, sino que es una forma en la que una nación se expresa y busca contar una historia, una nación que está formada por hombres pensantes y no autómatas que forman parte de una maquinaria.

    No tengo que tener simpatía por el mismo candidato para reconocer el gran talento de Demian Bichir o la intelectualidad de Carlos Fuentes, si es estúpido negar una amistad a alguien con inclinaciones políticas diferentes, es todavía más estúpido ignorar la obra de personas que no piensan igual que uno.

     

  • No a las corridas de toros

    Decir que las corridas de toros son un arte es como justificar y promover la mutilación de miembros de seres humanos en los países islámicos porque es parte de su «cultura». Esta bochornosa práctica seguida en su gran mayoría por gente con ideas conservadoras, es algo que debería ser completamente inadmisible. La verdad yo no encuentro nada de «artístico» en el hecho de que un torero salga al ruedo con sus banderillas para ultimar a un toro que tiene pocas posibilidades de sobrevivir; no solo es repugnante la matanza de animales por motivos recreativos, sino que también el torero arriesga su vida en una práctica que no tiene sentido alguno.

    Por alguna razón existe gente a la que le llama la atención este salvajismo, posiblemente lo disfrutan como una forma de saciar algunos impulsos psíquicos, sentimientos violentos reprimidos o sabe que cosas. Pero no entiendo simplemente donde está «el sabor» de ver como un torero asesina a un toro. Lo único artístico tal vez sea la vestimenta tradicional del toreo, pero yo no le encuentro la «expresión artística» que algunos protaurinos defienden. ¿Qué está expresando un torero al matar a un toro?, simplemente lo está matando y punto, así como un artista, músico o pintor expresa en sus obras felicidad, tristeza, decepción y quien sabe que otras cosas, el torero no expresa nada más que el deseo del matar al toro para ser subido en los brazos de alguien más mientras la afición aplaude.

    Ole ole, parece un ritual zombie o un mantra sectario que se repite cada vez que el toro no logra interceptar al torero con sus cuernos. A diferencia de los deportes normales y decentes, el toreo no es tanto una competencia, simplemente es el placer de ver como matan a un toro; mientras el torero tenga grandes habilidades y el toro sea un animal difícil de lidiar la gente quedará totalmente satisfecha. En cambio si el toro no es de buena sangre, por más que sea bueno el torero, el público se irá decepcionado por la facilidad con la que se ha matado al toro.

    La mayoría de la gente que asiste a las corridas de toros se ven como elitistas, como personas «de bien», como si fueran personas de «buen gusto». El aficionado lleva su sombrero para sentirse parte de la fiesta, y en ocasiones lleva su puro. También ahí vemos a algunos políticos (muchos de ellos corruptos), empresarios y gente con mucho poder. La gente que asiste a ellas no se caracteriza por ser muy humanista, de hecho creo que es cierta la frase que dicen donde se afirma que así como la gente trata a los animales, trata a las demás personas.

    Yo estoy a favor de que erradiquen esta práctica. Entiendo que se mate a animales para que el ser humano tenga que comer, pero de ninguna manera justifico su muerte por simple actividad recreativa. De verdad la existencia de estas prácticas en la actualidad nos deja ver que al ser humano hispano le falta evolucionar.

  • Malditas personas envidiosas

    Estoy en desacuerdo con tus ideas, pero defiendo tu sagrado derecho a expresarlas

    Me caga, pero hay gente que se dedica a criticar mala leche lo que haces o lo que dices, maldita gente con el afán de sentirse superior a ti, pero que lo único que hacen es mostrar sus complejos y si, su envidia, tal solo porque no estan de acuerdo en lo que piensas. Y es que una cosa es no estar de acuerdo con alguien, y otra cosa es descalificar e insultar a las personas porque no compartan tu mismo punto de vista, criticando su capacidad intelectual, cultural o lo que sea.

    Ese tipo de personas lo único que hacen es reflejar su ignorancia, porque al ser incapaces de escuchar opiniones y puntos de vista distintos a los suyos, se están encerrando en sus puntos de vista como si fueran un dogma. No son capaces de retroalimentarse. Aunque dicen que tienen estudios en no se que y en no se donde, se ponen a la defensiva cuando alguien plantea un argumento que se contrapone al paradigma que ellos tenían. Se defienden en su supuesta cultura y su supuesta intelectualidad, siendo que los verdaderos pensadores e intelectuales escuchan hasta al más pobre ignorante y aprenden de él.

    Simplemente son unas malditas personas envidiosas, la descalificación y el insulto es reflejo de ello. Una persona que descalifica lo hace porque ya se le han acabado los argumentos en el debate (si es que sabe o quiere debatir) y busca alguna forma de deshonrar o desestimar a su oponente, en base a recursos más primitivos que no tienen que ver nada con la razón.

    No hay más que decir que eso.

     

  • El Perfil del Hombre y la Cultura en México – Samuel Ramos

    Ah caray, me prestaron este libro y en algún momento pensé que se trataba de una especie de terapia psicológica. ¿Y cómo no lo va a ser? cuando Samuel Ramos basa mucho su estudio del mexicano en psicoanalistas como Adler y Jung. (el psicoanálisis estaba en boga en 1934, cuando Ramos escribió este libro) Es un libro un poco extraño por su estructura, pero a la vez es efectivo para explicar lo que es la cultura mexicana. Si bien se trata de un libro ya antiguo y las cosas han cambiado mucho desde ese entonces, mucho de lo que dice se puede aplicar a los tiempos actuales y explicarnos muchas cosas.

    Samuel Ramos es pesimista con el mexicano. Dice que se autodenigra y que tiene un complejo de inferioridad. Provocado por la brecha que hay entre lo que es y lo que aspira a ser. El mexicano ha adquirido la cultura europea, la ha imitado como un mecanismo psicològico de defensa. Los españoles destruyeron la cultura de los indígenas e impusieron la suya. Sin embargo los habitantes de la Nueva España, ya sean criollos o indígenas, se sentían inferiores.

    Ramos nos dice que el español es individualista, y ese individualismo nos fue heredado, el español se rebelaba ante el encadenamiento de lo colectivo (tal vez aquí se explica por que los mexicanos no sabemos trabajar en equipo, aunque no me explico porque los españoles ahora si lo saben hacer). También nos dice que los españoles se encontraron con una cultura pasiva que se dejaba conquistar fácilmente, que a pesar de las riquezas que esta poseía no era una cultura activa que innovara,si no una cultura que aprendían por medio de la tradición, a eso Ramos le llamó «Egipticismo» por su parecido con la cultura egipcia.

    A pesar de que en el siglo XIX, Inglaterra era la cultura que predominaba en el mundo, Mèxico volteó a Francia, como una forma de liberarse de todas aquellas ideologías que predominaban en la cultura mexicana. Pero décadas después se dió un rompimiento con lo europeo, en un momento que el mexicano se decepcionó (sobre todo Europa al entrar en guerra), se formaron dos grandes corrientes extremas que según el autor eran nocivas para la cultura mexicana, el europeísmo (los que veían a México desde Europa) y el nacionalismo (que negaba todo lo extranjero y exaltaba lo mexicano).

    El autor hace un «psicoanálisis del mexicano» donde los separa en tres tipos: El Pelado, el cual tiene una personalidad, una real y otra ficticia  La personalidad ficticia es diametralmente opuesta a la real, porque el objeto de la primera es elevar el tono psíquico deprimido por la segunda. Ante la falta de cultura o status social, El Pelado se cree muy valiente, dice tener «muchos guevos». Por otro lado está el mexicano de la ciudad que es muy diferente al primero, pero tiene una desconfianza irracional, es temeroso de todo. Y el último es el burgués mexicano, que puede disimular más fácil sus sentimientos de menor valía porque poseé más recursos intelectuales para ocultar su sentimiento de inferioridad ¿se les hace familiar?.

    El libro también toca otros temas como el positivismo, corriente que iba en contra de lo clerical y que estuvo en boga en las épocas de Porfirio Díaz. Nos habla de que en los años 20 la juventud predominaba en el quehacer pùblico (a diferencia de la època de Dìaz donde estuvo dominada por gente mayor), pero estos jóvenes tenían ideas utópicas y faltaba esa especie de mesura, ellos querían adaptar la ideología a la realidad a como dé lugar. Algo que me llamó la atención del libro es la dificultad del indio para adaptarse a los adelantos técnicos de los blancos. Los indios podían aprender las técnicas pero no tenían el espíritu que sí tenían los blancos y por esa razón preferían usar sus formas primitivas, como una forma de defenderse de las razas dominadoras (esto explica mucho de lo que vemos en México actualmente).

    Por último además de hablarnos de las generaciones (que son las que marcan las épocas dentro de la historia), nos habla de la pedantería, tema que se me hizo un poco fuera de lugar, porque no es algo propio de la cultura mexicana, sino que es algo que se ve en todo el mundo. El pedante es aquel que presume sus presuntos dotes intelectuales y su cultura de una forma inapropiada lo cual en lugar de atraer a la gente la repele. Por último nos habla un poco de Justo Sierra y su aportación, porque ha sido capaz de ver la historia de México, bajo una perspectiva de historia universal.

    Seguramente se me escapa algo de este buen libro. Que tal vez ya es viejo, pero sigue siendo altamente recomendable. Recomiendo acompañarlo con otras obras históricas, cómo las de Enrique Krauze, para entender más al mexicano. Realmente somos una cultura muy compleja, y creo que tenemos mucho que mejorar. Ahora no solo hay que hablar de el mexicano que imita a los europeos, sino el que imita los estadounidenses. Creo que nos falta fortalecernos como cultura, crear una cultura auténtica que no caiga ni en los excesos de nacionalismo ni se subleve ante lo extranjero. Somos una cultura rica, pero también débil.

  • PRI: El retorno en la diferencia

    Sienten que han vuelto, se ven reflejados en El retorno del Jedi y hasta tienen su propio Yoda y Jaba the Hunt. Creen que han regresado cuando la verdad, es que nunca se han ausentado. Se les llama priístas, una estirpe que no regresa, sino que retorna; palabras que suelen usarse como sinónimos pero que en realidad no representan lo mismo.

    El PRI no ha regresado, únicamente ha retornado. Sólo retorna quien jamás se ha ido. El retorno implica hablar de fenómenos que vuelven de manera periódica y que refieren a un camino con varias carreteras o carriles, y en ese sentido el PRI no regresa porque regresar implica volver al lugar original y este lugar llamado México ha cambiado. El retorno involucra la categoría de la “diferencia”, y el PRI ha retornado porque llega, aunque así no lo quiera, a un país diferente pero de manera contradictoria, con ciudadanos que poseen un ADN sociocultural que parece no querer modificarse y que los mismos priístas (aunque sea desde la oposición), se han encargado de preservar. Esa es quizá su dicotomía actual, luchar contra ellos mismos.

    Me atrevo a decir que el PRI, es parte de nuestra cultura popular, proporción de nuestros genes, escondite de nuestra incipiente cultura política, una máscara que nos permite ocultar y visibilizar al mismo tiempo parte de nuestra esencia y quizá de nuestra mexicanidad. Es la “naftalina” que aromatiza el clóset del que de vez en vez se asoman nuestras prácticas históricamente poco educadas, poco democráticas y muy poco solidarias. El mundo ha cambiado y sin duda las sociedades no son las mismas, pero a pesar del paso del tiempo “el priísta que todos los mexicanos llevamos por dentro” se sostiene, se mantiene, no cambia, y muy a pesar de los adjetivos democráticos y transparentes de la nueva era; ese priista que todos poseemos, siempre aparece cuando se le necesita.

    El PRI sabe que es parte de estos genes mexicanos que recorren el ADN sociocultural que nos transgrede. Desde el sentido más político, las explicaciones de este supuesto regreso del PRI pueden sonar hasta monótonas: hartazgo social, decepción frente al PAN y la expectativa del cambio, un sistema de partidos corrupto e ineficaz, un terrible deterioro de la política en general. El aumento de la pobreza y el ensanchamiento de la desigualdad social. El pavimento que tanto el PAN como el PRD le han construido para su retorno (aunque no sea de concreto hidráulico). Necesidades sociales de bienestar que hoy se convierten en anhelos (referidas con el dicho “estábamos mejor antes”).

    Desde la racionalidad más pura, estas explicaciones son muy pertinentes; desde el sentido de nuestra biología social, quizá la explicación más profunda radica en un análisis de nuestro ADN sociocultural. En ese sentido, el PRI jamás podrá irse mientras no cambie nuestra cultura política, mientras no instauremos la urgencia de hacer de la democracia, un estilo de vida; y lamentablemente, está visto que ni los partidos políticos, ni los “mesías ciudadanos” pueden ser capaces de modificar. El retorno del PRI no es un regreso al pasado porque este México es diferente. Lo que si representa, es la violencia simbólica de lo que nunca se ha ido y que todos llevamos dentro. El reto ciudadano no es elegir o no al PRI, sino dejar de ser priístas desde nuestra esencia y con ello, permitirnos la oportunidad de demostrarle a toda la clase política, que nosotros si podemos ser diferentes; incluso, este es el reto de los propios priistas, dejar de ser lo que son para cambiar la genética del país.

  • Los errores ortográficos

    La otra vez iba manejando en mi automovil, en eso en un bache se me ladea la llanta y se termina ponchando, y tengo que llamar a la grúa para que me recoja el automovil y lo lleve a mi casa donde lo iban a reparar. Como en mi casa la cochera está angosta como para que la grúa meta el automovil, entonces lo dejamos en pensión en un centro comercial cercano (de esta forma el automovil iba a estar en un lugar seguro mientras me lo arreglaban) y los de la pensión del centro comercial anotaron mi nombre a la hora de registrar el coche para que pasara por él y ya que veo el papel veo que está escrito «Serebro».

    La persona no tenía pinta de ser alguien que no tuviera una preparación académica aceptable. Pero todo el buen concepto que pude haber tenido del chavo de la pensión hizo que se viniera abajo. No soy alguien experto en gramática, y sinceramente a veces puedo no acomodar un acento donde va, pero hay errores imperdonables, que hacen que pierdas la reputación, la clase, y se vea que tu nivel de educación es deficiente. Me han dicho -no debes de juzgar a las personas por los errores ortográficos. Pero cuando muchos de ellos tuvieron una preparación mínimo de preparatoria, se debería de pensar que tienen un nivel ortográfico decente, porque es la verdad, la mala ortografía refleja ignorancia, y no una ignorancia por carencia de educación, sino por pocas ganas de salir de la mediocridad cultural.

    Una amiga me decía, -una vez escribieron mi nombre así «elisavet» (de Elizabeth). Y naturalmente me saqué de onda. ¿Como le hace este tipo de personas para cometer tantos errores ortográficos en una palabra?, pareciera que cometieran el error adrede. También es típico ver estos errores en los microbuses (peseros en el DF) donde ponen los lugares de destino, en calcomanías mandadas a hacer, donde uno ve aberraciones como «Gualmar» (Wal-Mart), Lopes Mateos, Ballarta y otro tipo de errores, donde uno se pone a pensar. ¿Que no hay nadie que les diga los graves errores ortográficos que están cometiendo?.

    También me toco ver gente de relaciones públicas, ¡Hazme el favor!, que en un pintarrón, escribía «bicitas». ¿No me digan que hay que comprender a una persona que tiene un título universitario cometer tal aberración?. Los errores ortográficos hablan muy mal de una persona, porque es un parámetro muy válido para conocer la educación de las personas. Habla sobre la cultura de la persona, que tan leída está, que tan preparada está, y que tanto se preocupa por alimentar su intelecto. Las faltas de ortografía se pueden perdonar a aquellos que no tuvieron una educación suficiente, pero no se deberían perdonar a aquellos que si la tuvieron, porque como yo ya lo dije, son ganas de quedarse en la mediocridad.

    Pero están también los errores ortográficos hablados. ¿Quien no ha escuchado decir a alguien con título universitario «eda que si», «dijistess» o «iraaa»?. La verdad para mí es vergonzoso:

    [sic] himajina un mundo donde las gentes pudieramos escribir y ablar  como quizieramos. Onde nadie nos estubiera disiendo si estamos escriviendo mal o cometiendo un herror hortográfico, porque estos que se cren cultos nos quieren aorcar como a sadam jusein [/sic] No, ya no puedo seguir, es vergonzoso.

    Si tienes faltas graves de ortografía, la receta es que te empeñes por leer un poco, agarres un diccionario para ver si estás escribiendo bien las palabras y dejes de ver tanta T.V. o de hacerte güey en la vida. La verdad los errores ortográficos, hablan mal, pero muy mal de uno, y si te critican por eso, ni modo, tienen muchas justificaciones para hacerlo.

  • ¿Qué es Estados Unidos?

    ¿Que es Estados Unidos?Calificación: 4 de 5.

    Asi, de directo y de claro es el título de este libro que recien acabo de leer: «¿Que es Estados Unidos?». Y si, el sugerente título me animó a comprar este libro en el pabellón del Fondo de Cultura Económica de la FIL, escrito por varios autores (sobre todo egresados del ITAM) y coordinado por Rafael Fernández de Castro y Hazel Blackmore, y que recomiendo leer a todo aquél que quiera adentrarse en lo que es Estados Unidos.

    El libro justifica el arriesgado título. Y es que el libro trata en sí, sobre lo que es Estados Unidos. Nos ayuda mucho a entender porque la nación estadounidense es como es, su idiosincracia, el porque toman ciertas posturas y el porque actúan de cierta forma. Por eso creo que es una lectura obligada para conocer más a fondo este país que ha influído no solo en la cultura mexicana, sino en toda la cultura mundial a través de la globalización.

    El libro está dividido en varios temas, los cuales fueron escritos por autores diferentes cada uno. El libro empieza en su primera parte con un relato de la historia de Estados Unidos, luego nos habla de la cultura política de ese país, y sus principios constitucionales. En la segunda parte nos habla sobre los tres poderes y su funcionamiento (ejecutivo, legislativo y judicial), sobre la política exterior de los Estados Unidos, y sobre la política de seguridad y defensa a través de su historia. En la tercera parte se habla sobre los vehículos intermediarios entre el gobierno y la sociedad (como son los partidos políticos, los grupos de interés y la sociedad civil), el proceso electoral, la inmigración, los medios de comunicación, y la cultura popular en Estados Unidos.

    Creo, que es un libro muy completo que logra abarcar todo lo que el lector debe de saber. Creo que uno de los fuertes del libro, es que logra explicar con muy buen atino el origen de la cultura estadounidense y como se ha ido moldeando hasta hoy. Nos explica muy bien como funcionan las instituciones estadounidenses y como llegaron a ser lo que son ahora. También podemos entender la relación que ha tenido Estados Unidos con México y con el mundo, y también podemos entender porque este país ha tomado ciertas decisiones en los últimos años.

    Otro acierto del libro es que es objetivo y no muestra alguna tendencia ideológica marcada, lo cual es de aplaudir a los diversos autores que participaron en la realización de esta obra. De esta forma podemos ver un buen análisis del comportamiento de los autores diversos en la historia del país norteamericano.

    Creo que lo único que le critico es el último apartado, de la cultura popular en los Estados Unidos. Creo que a la autora (Julia Palacios) le faltó profundizar un poco más, y si bien cuenta algunos puntos interesantes, faltó relacionar un poco más los hechos con el trasfondo, como si lograron hacerlo los demás autores. Pareciera haberme encontrado con un artículista de una revista, y no tanto con un escritor de un libro.

    Por lo demás es un libro altamente recomendable, fácil de leer y accesible a todo público. Créanme que la visión que tienen sobre Estados Unidos va a cambiar, aunque sea un poco