Etiqueta: Cultura

  • El Gabo, y el fin de los pensadores

    El Gabo, y el fin de los pensadores

    No, no voy a reseñar la historia de Gabriel García Márquez porque les soy sincero, no he leído un libro entero de él. Hace unos años dejé a medias su obra maestra «Cien Años de Soledad». Creo que hay quienes tendrán más herramientas para escribir sobre él, yo me limito a lamentar su muerte y reconocer que ha sido uno de los intelectuales prominentes de América Latina, que a pesar de ser colombiano, los mexicanos lo adoptamos como nuestro.

    El Gabo, y el fin de los pensadores

    Pero sí puedo hablar de la reflexión que su partida me deja, reflexión que se repite al ver como cada vez más intelectuales mueren sin que haya mucha sangre nueva que pueda relevarlos. Pueden haber muchas explicaciones, algunos izquierdistas podrán aseverar que se trata de ese «neoliberalismo» que convierte todo en objeto de consumo, visión que yo considero limitada. No sé si la natural evolución humana ya no considera tan necesario a los escritores de este calado, o es que como ya todos estamos acostumbrados a leer a los clásicos, que integrar otros nuevos ya sería una calamidad.

    Tal vez tenga que ver con la forma en que manejamos la técnica en este punto de la evolución humana. Posiblemente este romanticismo, el análisis de los pensadores sobre la condición humana (que en parte, han dado sustento a la forma en que nos organizamos ahora) termina siendo opaco ante la visión técnica y científica. ¿Por qué esperar que un escritor nos trate de hablar en un ensayo o una novela, por un decir, del egoísmo intrínseco al ser humano, cuando se puede hacer mejor un estudio cuantitativo o un experimento para determinar qué tan egoísta es el hombre?

    Esa puede ser una de las tantas razones. Tal vez tenga que ver también la creciente aversión hacia el conocimiento general, donde ahora a los individuos se nos invita especializarnos en un área o materia, ignorando los beneficios que nos da la cultura general (como hace algo así como un siglo lo advirtiera Ortega y Gasset). Hasta cierto grado es buena la especialización, pero no al punto en que todo lo demás se ignore.

    Es paradójico que ahora más que nunca el humano goce de un ambiente más propicio para la libertad de expresión, y no sólo eso, sino que tenga tanto conocimiento al alcance de su mano a través de Internet y literatura a un costo módico, y no se puedan forjar nuevos intelectuales. No es que no surjan, sino que nuevos hay cada vez menos y algunos se confundan al ver escritores con un nivel cultural básico, pero con la creatividad suficiente para crear novelas que se conviertan en best sellers, a pesar de su inocuo contenido.

    Gabriel García Márquez de alguna forma representó una corriente de pensamiento latinoamericana, algunos, sobre todo en la derecha, fueron críticos, aunque su talento para escribir hizo que incluso ellos sintieran cierta admiración por éste personaje de quien lamentan ahora su muerte. Otros escritores que todavía están con nosotros como Vargas Llosa, o quienes ya no están como Octavio Paz, representaron líneas de pensamiento que fueron fundamentales para entender a la Latinoamérica de hoy. Los intelectuales no sólo son importantes por sus hermosas poesías o sus novelas amenas, sino porque son parte de ese bagaje que conforma el ADN de una nación, región o continente. Los escritores forman parte de la cultura y la enriquecen, su ausencia puede terminar condenando a una cultura a la banalidad y la superficialidad.

    ¿Quiénes serán los nuevos escritores? ¿Quiénes serán los nuevos Paz, los nuevos Cortázar, los nuevos García Márquez? Es difícil saberlo, tal vez no los haya, o tal vez estén en este momento escribiendo su historia, pero al no haber llegado todavía a la cumbre, no los logramos reconocer. Que descanse en paz don Gabo.

     

     

  • Una orquesta cuesta menos que un jugador de futbol

    Una orquesta cuesta menos que un jugador de futbol

    La música en el Siglo XXI, a menos que se aspire a ser una figura mediatizada, o que logre ser un hit internacional (sea buena o no), es una carrera ingrata que conlleva mucha disciplina y muy pocos ingresos. La ley de la oferta y la demanda no se compadece de los músicos, y no necesariamente porque sea mala per sé, sino porque la sociedad tiende a demandar poco un espectáculo presidido por un virtuoso de la música.

    Una orquesta cuesta menos que un jugador de futbol

    Vivimos en un mundo donde hay una tendencia a embrutecer a la gente, donde las artes y la música son las primeras que aparecen en la lista de recortes, porque posiblemente no las consideran directamenente productivas en base a ecuaciones micro y macroeconómicas. Pero posiblemente en una sociedad con acceso a grandes canales de información, se puede pensar prudente embrutecer a la gente para que no tenga la capacidad de asimilar la información que le llega. No es lo mismo un internauta que busca artículos de divulgación científica en Internet, o se informa de la actualidad política, que uno que sube memés chuscos en Facebook y navega en páginas porno.

    Si viviéramos en un mundo donde la gente tuviera cierta cultura, donde estuviera preparada, una economía de mercado, por el contrario, retribuiría a los talentosos, en este supuesto donde la gente tiene la capacidad para elegir lo que considere de más calidad o talento. Pero no es así. En una sociedad embrutecida, las fórmulas sencillas donde la creatividad no está puesta en el producto, sino en la imagen, en el branding y en el empaque, son lo que funciona. Esto es así, porque para poder valorar ciertos talentos, es necesario estar preparado para ello, y conlleva un esfuerzo el generarse la capacidad de apreciar el arte. La gente embrutecida es incapaz de poder apreciar la belleza de muchas expresiones artísticas, y si lo hace, es de forma generalizada, sin poder apreciar los detalles que marcan la diferencia entre una obra majestuosa y otra común y corriente.

    Las personas que saben apreciar el arte, son personas que tienden a ser mucho más críticas, y tienden a cuestionarse más el entorno que los rodea. No sólo eso, suelen ser más creativas e incluso más productivas. Una persona talentosa y cultivada tiene más capacidad de generar cambios benéficos en la sociedad, ya sea un pensador, un empresario, un científico. La gente embrutecida sólo podrá estar limitada a ser parte del sistema tal cual engranaje.

    Un jugador de futbol cuesta bastante más y gana bastante más que un músico o toda una orquesta junta porque es más demandado y despierta más pasiones. Ciertamente al igual que el músico, el futbolista debe de esforzarse para llegar lejos, no es de ninguna forma culpable de este contraste. Pero el músico sólo tendrá en la tribuna a una minoría, cada vez más minoría, que aprecia su talento. La gente embrutecida se aburrirá, no entenderá lo que hace y sólo podrá apreciar el sonido de las cuerdas o del clarinete, sin entender bien a bien, que es lo que se quiere expresar, ni mucho menos podrá entender los detalles que le dan ese toque a la obra.

    Pero en una sociedad global cada vez más embrutecida, se entiende entonces, como los precios de las transacciones de los jugadores de futbol rompen record, mientras que los músicos talentosos deben de buscar una segunda opción para sobrevivir.

  • La cultura y la cohesión social

    La cultura y la cohesión social

    Peña Nieto propone un recorte de cuatro mil millones de pesos a la cultura, sólo un mes antes (en su informe), él mismo afirmaba que la cultura favorecía la cohesión social. ¡Paradójico!. Y es que desde una perspectiva política (más no social) parece convenirles, porque mucha gente ve la cultura como algo innecesario. Cuando muchas personas escuchan los términos “jazz”, “danza”, “letras”, “artes plásticas”, “literatura” (entre muchos otros más) sienten que no le entienden, que es algo ajeno a ellos, porque no se han dado a la tarea de aprender a apreciar las expresiones culturales del ser humano. Pero el mismo Peña Nieto lo dijo, la cultura favorece la cohesión social. Es de esas cosas cuyos beneficios no son tan tangibles a primera vista, pero no deja de ser un pilar importante en el desarrollo social. Máxime que casi todos los pueblos fuertes del mundo se han caracterizado por su cultura.

    La cultura y la cohesión social

    Parece que hay una tendencia (no sólo nacional) a despreciar todo lo cultural, todo aquello que tiene que ver con el intelecto. Y en esa transición algunos se preguntan por qué la delincuencia en las naciones aumentan y por qué tienen una sociedad más fracturada. La cultura además es lúdica, ¿No sería mejor que los jovencitos de hoy que se juntan a vagar por exceso de tiempo libre aprendan por un decir, un instrumento musical? ¿No sería mejor que en vez de armar una pandilla de delincuentes, un grupo de jóvenes conformen una banda musical aunque sea con instrumentos reciclados con la basura?

    Existen dos formas para combatir la delincuencia (que de ninguna manera son, o deben de ser excluyentes entre sí) los mecanismos preventivos, y los mecanismos correctivos. Estos últimos buscan corregir un problema que ya ha surgido. Por ejemplo, castigar con cárcel a un delincuente., o incluso tener que privar de la vida a un individuo en el momento que amenaza la vida de los demás. Por otro lado, están los mecanismos preventivos. Los cuales apuntan a las causas por las cuales los delincuentes surjan. Esto con el objetivo de que el número de los delincuentes sean los menos.

    Una parte esencial de la estrategia preventiva es la cohesión social, el saneamiento del tejido social. La cultura y el deporte son grandes aliados para esta tarea. Un joven que tenga un parque donde jugar futbol con sus amigos, tenga la posibilidad de aprender un instrumento o adquiera el hábito de la lectura, tendrá menos posibilidades de delinquir que un joven que no tenga estas facilidades. Para lo cual el gobierno busca o debería rescatar espacios públicos (lo cual a ojos de los desconocedores del tema, podría representar un derroche innecesario de dinero), aunque es algo que no sólo debería ser trabajo de nuestros gobernantes, también los demás sectores como la iniciativa privada y las organizaciones de la sociedad civil, deberían sumarse a la creación de espacios lúdicos.

    Por más cultura posea un persona, mejor formada estará, y será más útil a la sociedad. No sólo en el sentido productivo (a lo cual han querido reducir el papel del ser humano en los últimos tiempos) sino en el sentido social. La falta de cultura no sólo termina por afectar la identidad nacional, sino que tendremos a personas técnicas, como lo predijo Ortega y Gasset, individuos expertos en su área de especialización, pero ignorantes en todo lo demás, tendremos a personas fácilmente manipulables, con una menor capacidad para incidir en el quehacer público.

    Por eso es que la cultura no se debe de hacer a un lado. Su efecto a corto plazo no es tan notorio como el aumento de un nuevo impuesto o una prestación social nueva. Pero a largo plazo podría inclusive determinar la fortaleza de la sociedad.

    Publicado en México desde México.

  • La cultura de la tauromaquia

    La cultura de la tauromaquia

    La tauromaquia llegó a México importada de España ya hace siglos, cuando todavía existía la esclavitud, la mujer no podía votar, y los derechos humanos eran más precarios. Todo esto fue desapareciendo de la faz de la tierra en Occidente, pero la «cultura» taurina ha prevalecido en varios de los países que en su momento la adaptaron, aunque cada vez se suman más voces por erradicarla. La tauromaquia llegó a México como una forma de reafirmación de la «españolidad» de los criollos ante los demás mexicanos, aunque con el tiempo, la tauromaquia mexicana adquirió un sello distintivo.

    La cultura de la tauromaquia

    En lo particular, nunca he entendido por qué se dice que las corridas de toros son un arte. El arte tiene un fin estético o comunicativo, a través de este se buscan expresar sentimientos o emociones. La tauromaquia consiste en un torero que lidia con un toro clavando banderillas y al final una espada para matarlo. La tauromaquia tiene símbolos, sí (el traje de luces, las banderillas, la espada, la muleta, etcétera). El entorno dónde se realizan las corridas parece haberse quedado parado en el tiempo, debido a que las tradiciones en estas prácticas no cambian. Pero eso no implica que se le pueda llamar arte a la tauromaquia, porque no existe expresión artística alguna en ella. Bajo ese mismo argumento de darle el valor de arte a un acto barbáro, entonces todos los deportes como el futbol (que también tiene símbolos como un balón, un portero, una portería) deberían ser considerados como arte, y en realidad, no lo son.

    La tauromaquia, debido a su tradición arraigada, es vista como «algo normal». Pero en realidad es uno de los pocos actos recreativos barbáros que quedan en Occidente. El fin de la tauromaquia es matar a un animal. Es cierto que los toros de lidia, son criados con el fin de ser sacrificados en el ruedo. Pero eso sería algo así como educar a una persona para ser muerta en su vida adulta, lo cual de ninguna manera se podría justificar su muerte. Es cierto que en los rastros, el trato que reciben los animales, no es más compasivo que en las corridas de todos. Pero en el primer caso, los animales son sacrificados como alimento humano, como parte de la cadena alimenticia. En el segundo son sacrificados meramente por diversión.

    Se dice que aquellos que se exponen ante la violencia, y hacen de dicha exposición un hábito (vicio más bien) en sus vidas, tiene más posibilidades de cometer actos violentos. El único patrón que compartieron todos los asesinos seriales de Estados Unidos es que antes de matar personas, empezaron matando animales. Creo yo que sólo se debería justificar la muerte de los animales por supervivencia (ya sea por alimento, o porque el animal puede poner en riesgo la integridad de la persona). De esta forma, creo que es algo bárbaro disfrutar del proceso en que se le da muerte a un animal por diversión. Cierto, lo atractivo podrá ser las habilidades del toreo con su muleta y su espada, pero el fin de esta práctica es, matar a un animal.

    El maltrato a los animales es algo cada vez más repudiado, como pasó con el caso del futbolista argentino que fue duramente criticado por lanzar a un perro violentamente de la cancha. Este creciente repudio ante estos actos es sano, porque el maltrato a un animal, es la antesala ante el maltrato a un ser humano (y vemos como dicho repudio, crece paralelamente al que se tiene ante el maltrato humano). Por eso yo creo, que estas prácticas deberían ser progresivamente abolidas. Respeto a los aficionados a los toros, a los toreros, a los cuales no satanizo de ninguna forma por sus preferencias. Pero creo yo que como parte de la evolución humana, no deberíamos ver como algo tradicional o cultural, el asesinato de un animal, o la tragedia sufrida por un torero.

    Se dice que hay que preservar las tradiciones. Yo digo que hay que preservarlas en tanto sean benéficos para la sociedad y para su entorno. Y creo que una tradición donde se ultiman animales, y de paso se pone el riesgo la integridad de los seres humanos, no es algo que sea propiamente benéfico.

     

     

  • El nuevo PRI

    El nuevo PRI

    Después de un análisis concienzudo he llegado a la conclusión de que la diferencia entre el nuevo PRI y el viejo PRI solo se encuentra en la doctrina económica. Los viejos priístas son aquellos que abogan por un mayor intervención del estado en la vida económica del país, los nuevos priístas son aquellos llamados neoliberales. Aunque no siempre parece ser la apuesta por el libre mercado, sino un poco más por ese «capitalismo de cuates». A partir de ahí el PRI es exactamente el mismo, con sus defectos y sus virtudes, y es que no se les puede pedir que cambien su ADN que les funcionó por tanto tiempo.

    El nuevo PRI

    Podemos ver algunas diferencias ahora, pero tienen que ver más con las circunstancias que rodean al partido en el gobierno (y el partido del gobierno) que con un cambio dentro de éste. Temas como el Pacto por México tienen que ver más con que llegaron con una oposición más fuerte en las cámaras que en tiempos pasados, tiene que ver con una sociedad cada vez más exigente y crítica (aunque todavía nos hace falta mucho), pero el partido sigue siendo el mismo. Vemos caras jóvenes y guapetonas, pero están formadas por «los de siempre», ellos son herederos del modus operandi clásico del partido (aunque afortunadamente también ya hay quienes llegan con ideas más frescas y abierta). No se puede pedir otra cosa porque es lo que les ha funcionado. Para muchos de nosotros esas prácticas pueden representar preocupación, pero para ellos representa el éxito político y eso es lo que cuenta.

    El reformismo es una de sus caras, no es algo nuevo. Miguel Alemán se presentó como el reformador que orientaría a México al industrialismo, Echeverría como el reformador que promovería la apertura (interesada) con diversos sectores sociales como un aparente rompimiento con el régimen pasado de Díaz Ordaz del cual fue parte, Salinas de Gortari se presentó, luego, como el reformador que abriría a México al mundo. A pesar de que al régimen priísta se le ha puesto la etiqueta de «autoritario», han sido expertos en los consensos. Echeverría hizo una especie de pacto con los estudiantes del 68 para desligarse del fantasma que lo perseguía, Salinas hizo lo propio vía Diego Fernández de Ceballos en las famosas concertasesiones, y Peña Nieto vuelve a hacer un pacto con la oposición, con el fin de, precisamente, mostrarse como el reformador.

    Lo sucedido en Veracruz, dónde el Presidente del PAN Gustavo Madero evidenció el uso de programas sociales con fines electorales, es una muestra de que las viejas prácticas siguen, también es muestra la alineación total de todas las estructuras al Presidente Enrique Peña Nieto, las formas son las mismas. La intención del PRI es quedarse en el poder para no irse en mucho tiempo. Saben que es importante ir acumulando poder, para esto quieren asegurar el triunfo en las mayores entidades posibles, hasta las elecciones intermedias donde buscarán la mayoría en el congreso. Lo visto en Veracruz seguramente se replica en muchos estados y las mañas seguirán existiendo porque es imperativo asegurarse diversos triunfos que los vuelva a restablecer en el poder. Así ya no necesitarán ceder para firmar pactos o para sacar las reformas.

    El pez grande se come al más chico, y el PRI ha puesto en evidencia que tiene bastante más oficio que la oposición. Tantos años en el poder les ha dotado de una experiencia que deja ver a panistas y perredistas (aunque parte del origen de estos últimos sea el PRI) como unos neófitos políticos. El PRI une a la oposición para una causa en común, pero a la vez incide en sus divisiones internas, Divide et impera. En su historial, el PRI ha hecho lo mismo con opositores, sindicatos, estudiantes. Una especie de maquiavelismo a la mexicana.

    La ambigüedad política del partido le permite moverse a donde se tenga que mover.  Puede ser liberal en algunos casos, conservador en otros, puede ungir a un político con rasgos de izquierda, y a la vez puede formar un cuadro tecnócrata. Debido a que la identidad del partido tricolor no tiene que ver tanto como su postura ideológica, no es tan criticado si cambia de idea, si forma una alianza con algún partido, y de esta forma nunca terminará arrinconado con su ideología como si puede pasar con el PAN o con el PRD.

    El PRI funciona porque es el que más se adapta a la cultura del mexicano, el que más la entiende y la acepta como está (a pesar de cierto rompimiento con el nacionalismo revolucionario). No aspira tanto a cambiarla como sucede con el PAN y hasta cierto punto con el PRD. De esta forma el PRI todavía es el que mayor capacidad tiene de satisfacer las necesidades de los mexicanos (independientemente de las formas). El PAN por un ejemplo (al menos en sus principios y doctrina), cree que para lanzar a México al desarrollo es necesario cambiar la cultura e idiosincrasia del mexicano. El PRI más bien pensaría em lanzar a México al desarrollo pero tomando en cuenta que los mexicanos ya somos de tal forma y pensamos de tal forma.

    Por todo esto, el PRI no tiene la necesidad de cambiar. Yo creo más bien que el PRI solo cambiará si la sociedad mexicana comienza a cambiar. Por eso esperamos, los que somos escépticos con este partido, que logren implementar políticas atinadas que puedan significar algún cambio benigno, para que de esta forma, el PRI tenga que adaptarse al cambio generado por sus propias políticas, y no solo eso, sino para que sean más rentables en México, las opciones políticas que signifiquen una mayor apertura.

     

  • La american güey of life

    La american güey of life

    La american güey of lifeMe tiene algo impactado el asesinato perpetrado por un loco malnacido en un cine allá en Denver Colorado, donde los asistentes se disponían a ver la nueva película de Batman «The Dark Night Rises», cuando en eso este tipo dispara contra ellos, mata a 12 personas y hiere a 50. El tipo llevaba una máscara que recordaba a uno de los personajes de la serie Batman. La noticia causó tanta conmoción que el estreno mundial de la película en Francia fue pospuesto, y el equipo de la película ha cancelado todos los compromisos que tenían en ese país.

    ¿Por qué será que siempre es en Estados Unidos donde ocurren estas cosas? La masacre de Columbine, el coreano Cho Seung Hui que mató a varios estudiantes en Virginia y así me puedo ir. Es que la verdad la sociedad norteamericana es algo peculiar y tiene unas tradiciones un tanto extrañas (que no pareciera serlo tanto cuando son la cultura dominante), sobre todo la relacionada con las armas, donde según eso todos los americanos tienen el «derecho a defenderse» y toda esa cultura de asociaciones infames como la NRA que promueve su uso (cuya sede, curiosamente se encuentra en Virginia). A esto le sumamos las fricciones que tiene una sociedad norteamericana que vive del consumo, que para el desarrollo económico que posee, el nivel de cultura es bastante pobre (al punto que muchos no pueden ubicar a Rusia en un mapa).

    Se habla de Estados Unidos como un ejemplo de desarrollo, y tal vez en el ámbito económico lo puede ser, pero la verdad que en el ámbito social como que no tanto. La violencia es uno de los males endémicos de este país, y es que al igual que en países subdesarrollados, existen demasiadas áreas por la cual es mejor no acercarse para evitar un asalto, ser agredido o algo peor. La sociedad de Estados Unidos está acostumbrada a consumir cultura chatarra, la cual es determinada por la oferta y la demanda. Ciertamente no podemos negar que parte de su legado ha dado la vuelta al mundo en el cine y la música, pero el nivel cultural suele ser bastante más pobre que su contraparte europea, pero para suerte de los estadounidenses, han aprendido a vender tan bien sus productos que aún así, tienen un impacto mundial.

    No es gratis que un presidente como George W Bush haya podido gobernar y reelegirse, y es que también la cultura política con todo respeto pero es más pobre que en la de otros países desarrollados. Ciertamente al haber poca protección del estado, en Estados Unidos proliferan las asociaciones civiles como un mecanismo para reemplazar lo que en otros lados es el papel del estado. Pero la participación ciudadana activa en el quehacer político hasta hace poco era muy pobre sino fuera por el #OcuppyWallStreet.

    La sociedad americana tiene muchas virtudes, pero a mi gusto, dista muchísimo de ser una sociedad perfecta o una sociedad modelo a seguir. Me preocupa que México tome como principal aspiración a Estados Unidos, Máxime cuando esta sociedad tiene muchas carencias, y sobre todo, muchos problemas.

  • Las cacareadas reformas estructurales

    Las cacareadas reformas estructurales

    Las cacareadas reformas estructuralesSe venden las reformas estructurales de una manera, empezando por el nombre, al asumir que algo es estructural se trata de decir como si fuera un cambio radical (aunque no lo dicen así porque la palabra radicalismo está más asociado a la izquierda), de esta manera se venden como la panacea del desarrollo, agregando que «urgen» y que son las «reformas que México necesita». En lo particular yo no estoy en contra de las reformas, algunos de los planteamientos son acertados y otros a mi gusto se tendrían que revisar, porque si estas se quieren aplicar como «recetas» caeríamos en un error, y tenemos que ver que se apliquen de alguna forma que beneficien a todos y no a unos cuantos. Ciertamente muchas leyes ya están obsoletas en México, por ejemplo las leyes laborales que fueron creadas para una realidad que no existe ya, ahora se plantea acertadamente la flexibilización, y es que en una sociedad que cada vez se acerca más al conocimiento, se necesita más flexibilidad. Igual así no estoy de acuerdo con aquellas partes que podrían perjudicar a los empleados.

    Con la reforma energética yo siempre me he pronunciado por una liberalización (o privatización) parcial de Pemex, donde el estado siga teniendo su control, algo así como con Petrobras. Si no funciona, tan fácil como volver a nacionalizar. En la reforma fiscal se habla de reducir el ISR para aumentar la competitividad de las empresas, no se me hace mal, y de una vez que eliminen el IETU; pero primero habría que integrar a estos dos sectores que hacen que la recaudación en México sea muy mala, las corporaciones mexicanas que no pagan impuestos y gozan de privilegios fiscales y el sector informal. El problema con las reformas no es que sean malas, en general no lo son, sino que siguen siendo recetas, y la experiencia que hemos tenido con «las recetas» en Latinoamérica no ha sido muy buena. Por esto se entiende el crecimiento de China o Brasil y el estancamiento de México, porque estos países no han aplicado recetas, sino que las reformas se han aplicado a la realidad en la que viven.

    Tampoco creo que sean la panacea del desarrollo, como si cambiar algunas leyes solamente fueran a disparar a nuestra nación hacia el dicho desarrollo. Con las reformas en tiempo de Salinas (que fueron todavía más estructurales) hubo alguna mejoría sí, pero nada más. Tampoco hay que esperar demasiado con las que se proponen. Creo que el desarrollo de México debe de venir desde abajo y la clave para mí es la educación, ¿de qué sirven las reformas si muchos mexicanos no van a estar preparados para competir?. Es totalmente necesaria una reestructuración completa de la educación, porque lamentablemente esta parece ser mala a propósito (pa que los jodidos sigan siendo jodidos). Si no logramos cambiar nuestra cultura, no habrá reforma que se encargue de hacer el trabajo. Y voy a poner el ejemplo con las elecciones (pareciera no venir al caso pero sí), donde vemos que un país eminentemente corrupto pesa más que cualquier reforma al proceso electoral:

    Las elecciones en México son unas de las más vigiladas y blindadas en el mundo (por todas esas experiencias que hemos tenido en las últimas décadas), se han hecho reformas para «protegerlas más», pero ¿qué pasa?, que nuestra cultura corruptil, acentuada en el PRI hace que aún con esto puedan robarse la Presidencia de la República, y si no pueden hacerlo en las urnas, entonces lo harán por medio de la compra de votos, y si luego se sanciona esta práctica, buscarán otra y así consecutivamente. Igual las reformas cambiarán el escenario donde se juega, pero las intenciones son las mismas, y para cambiar esta cultura, no hay de otra más que reformar totalmente la educación.

    Simplemente, el cambio está en las nuevas generaciones, y si no las educamos, las preparamos, más países seguirán comiéndonos el mandado.

     

  • El problema cultural mexicano

    El problema cultural mexicano

    El problema cultural mexicanoAfirmaciones como «hay una élite en el poder que domina el país», «la mayoría de los políticos son corruptos» entre otras, en realidad no son falsas, pero pierden perspectiva cuando se le agrega «el pueblo es bueno». Pareciera que en México dichas élites, empresarios, políticos y gentes de poder son algo así como aliens, extraterrestres, personas que pertenecen a otra realidad, que nada tiene que ver con nosotros; y esto en realidad es una falacia. Mucha gente cree que extirpando estos cánceres ya la hicimos. Pero es como si el doctor nos quitara los lunares cancerígenos y no se diera cuenta de que hay una metastasis en todo el cuerpo. Y uno no se pone a pensar, esos políticos corruptos, esos empresarios que juegan con los hilos del poder, alguna vez fueron ciudadanos como nosotros, e incluso siguen siendo ciudadanos, no han perdido dicha característica.

    Ahora por ejemplo se habla de la posible llegada de Enrique Peña Nieto al poder, muchos han mostrado cierto repudio e indignación, y hasta cierto punto lo entiendo viendo parte de la historia del PRI e incluso viendo como se desempeñan algunos priístas en la actualidad. La gente se manifiesta e incluso busca organizar marchas y lo hace por iniciativa propia. Y está bien, están en todo el derecho a manifestarse y creo que es algo mejor que quedarse en casa y quejarse en las comidas. Pero creo que a veces no entendemos que el problema, el hecho de que en nuestro país emerjan políticos de dudosa reputación no es algo ajeno a nosotros, y no quiero herir susceptibilidades, pero los políticos que tenemos son representativos de nuestra sociedad. Dicen ¿por qué la mayoría de los políticos se corrompen?. No es que «ellos» sean los malos y «nosotros» los buenos, es el hecho de que nuestra idiosincrasia nos orilla a comportarnos de cierta manera ante distintas circunstancias. Los políticos son mexicanos que comparten la misma cultura, pero ante un escenario donde se poseé más poder, ese «mexicano supuestamente bueno» termina sucumbiendo ante las tentaciones. Pareciera que asumimos que los ciudadanos al entrar en política son adoctrinados o les lavan el cerebro para que aprendan a robar. Es falso, los políticos son ciudadanos que se comportan de acuerdo al escenario en el que se mueven.

    Entonces tenemos que entender que si tenemos políticos de tan mala calidad contendiendo a la presidencia, es porque no hemos resuelto nuestros defectos culturales que no nos permiten avanzar. Ellos representan nuestra realidad como pueblo, podemos pensar que son ajenos en el sentido que no trabajan para el pueblo, pero culturalmente es lo diametralmente opuesto, ellos tienen las mismas raíces culturales que el pueblo porque no dejan ser parte de él. El problema es que los ciudadanos quieren deslindarse de este problema y todo se lo adjudican a los políticos. Por ejemplo, cuando ocurrió en la FIL sobre lo de la «pifia» de Peña Nieto (y lo digo porque al yo ser lector, tengo la autoridad moral para hacer crítica al respecto), se criticó el hecho de que el candidato no supiera mencionar tres libros, y confundió autores (ya decían que ayer Peña le había mandado condolencias a la familia de Enrique Krauze), y es cierto, es malo que un candidato no tenga el hábito de leer porque la perspectiva sobre muchos temas que influyen en el quehacer político es más reducida e igual habla de una mediocridad intelectual indeseable en alguien que quiere dirigir el país. Pero muchas de las personas que criticaron este hecho en redes sociales a Peña Nieto era gente que no lee un miserable libro en su vida. Algunas personas incluso tuvieron el despacho de buscar títulos de libros que nunca leyeron en Internet para criticar al candidato.

    Es decir, yo no puedo perdonar a un candidato por tener tal defecto, pero yo como ciudadano si tengo el derecho de tener dichos defectos y a la vez criticar de los mismos defectos que poseo a los funcionarios públicos. Igual cuando se les preguntó a Peña Nieto y a Josefina Vázquez Mota sobre el salario mínimo y el costo de varios productos. Naturalmente el desconocimiento de estos es preocupante, pero me pregunto si los ciudadanos conocen ya no digamos esa información (que tal vez por su posición no les es necesario conocerla), sino información básica que tienen que conocer para desempeñarse ya sea como ciudadanos o como profesionales. O por ejemplo cuando a Obrador se le criticó por no saber hablar inglés (esto sumado a las críticas que le llovieron a Peña Nieto por mostrar un muy bajo nivel de inglés en una conferencia y el hecho de que Josefina posteriormente declarara que no sabe hablarlo), mucha gente que hizo esta crítica no sabía tampoco hablar inglés, y más estando en un ámbito donde si dicho ciudadano se quiere desarrollar es imperativo aprender el idioma. Para los políticos en realidad no lo es tanto, un ejemplo es Nicolas Sarkozy, expresidente de Francia, y quien tuvo las riendas de la Unión Europea junto con Angela Merkel, no sabe hablar nada de inglés, y como decía el mismo AMLO «para eso tenemos traductores».

    Criticamos a los políticos como si fueran algo ajenos a nosotros, los despreciamos, pero a la vez exigimos que sean mejores que nosotros (que contrariedad), no les perdonamos ni un desmayo, ni un lapsus. Ah pero nosotros como ciudadanos si tenemos todo el derecho de hacerlo, tenemos el derecho de saltarnos las instituciones, de cometer actos de corrupción (al cabo como no tenemos mucho poder, no se notan), lo peor de todo, es que exigimos un cambio a los políticos, pero la mayoría de los ciudadanos no hace nada por lograr un cambio positivo en una sociedad. Todos esos críticos ahora de Peña Nieto, antes de López Obrador, y tal vez de Vázquez Mota y otros más les pregunto ¿hacen algo para mejorar su entorno?. El problema es que como es más fácil criticar que proponer o crear cosas nuevas, hacemos lo primero y les delegamos lo segundo, si, a esos políticos que luego tachamos de corruptos. Y estas personas, que se limitan a criticar a quien les venga la gana en las redes sociales (y hablo de personas de todos colores y preferencias políticas) ya creen que están haciendo activismo.

    Mientras no empecemos por arreglar la casa, las cosas en el país van a seguir igual, no van a mejorar. El ciudadano mexicano común todavía no se da cuenta que tiene más poder del que cree tener, pero no quiere asumirlo. Cree que con trabajar ocho horas diarias y pagar la parte proporcional de su sueldo al SAT (tramitología que hace la empresa que lo contrató) ya cumplió. Y sinceramente este tipo de personas están en un grave error. El hecho de ser ciudadano te obliga moralmente a involucrarte activamente en el quehacer público, si pensaban que la democracia consistía en votar cada 3 años por «el menos peor» creo que entonces estamos cayendo en un grave error, porque al no buscar mejorar como personas, como ciudadanos y por lo tanto incidir para lograr una mejor cultura, estaremos condenados a quejarnos cada 3 o 6 años y preguntarnos por qué tenemos este tipo de políticos.