Etiqueta: Cultura

  • Lo que el futbol dice de la cultura de un país

    Lo que el futbol dice de la cultura de un país

    Lo que el futbol dice de la cultura de un país
    Patrice CALATAYU

    Islandia perdía con Francia 4 a 0 en el primer tiempo. La selección nacional de ese pequeño país de poco más de 300,000 habitantes (la mitad del Estado de Colima) venía de eliminar a Inglaterra. El sueño de Islandia se esfumaba, técnicamente eran muy inferiores a los franceses y parecía que se llevarían una goleada histórica. Al final el partido terminó 5-2. Los islandeses entregaron todo en la cancha, y lo que pudo haber sido una goleada de proporciones históricas, terminó siendo una desventaja de 3 goles.

    Islandia no podía aspirar a mucho más, porque un país de 300,000 habitantes cuyo deporte principal no es el futbol, no puede aspirar a tener el talento de países que albergan a millones de personas en su territorio.

    Islandia es un país ganador, están acostumbrados a ganar porque su autoestima colectiva es alta. Y si se pueden dar el lujo de ser goleados por Francia es por su escasez de recursos, no de mentalidad. Islandia es uno de los países más desarrollados del mundo de la misma forma que su calidad de vida es una de las más envidiables.

    Viendo la Eurocopa, me vino a la mente cómo es que hasta en el futbol se imprime la cultura de un país. Basta ver la forma de juego de los equipos, su reacción ante la adversidad, y la forma de festejar los goles.

    Por ejemplo: el pueblo alemán, debido a las constantes y largas guerras que vivieron en siglos pasados (desde Prusia), tuvo que crear una burocracia muy disciplinada y efectiva; lo cual creó un país muy disciplinado y metódico. Ese espíritu se refleja en el equipo de futbol, que a pesar de perder 2 a 0 con Francia (y a pesar de dominar el partido), siempre respetaron su método, su forma de hacer las cosas, nunca se desesperaron y fueron fríos hasta el final. La cultura alemana es una de esas que nunca se descompone, ni cuando le toca perder.

    Italia, por su parte, muestra su esencia latina al festejar con efervescencia cada gol que anota. A pesar de ser disciplinados en la cancha (aunque no tanto como los alemanes), son muy expresivos y muy ruidosos. Los brasileños (exceptuando su selección actual, la cual es un fiasco), son muy alegres, y ellos no se preocupan tanto por la disciplina, sino por el jogo bonito. A Brasil también le ayuda la gran cantidad de habitantes, el físico, y el hecho de que acostumbran a jugar en la playa (gracias a la arena, adquieren mayor destreza para los regates).

    Y los mexicanos, pues…

    … perdieron 7 a 0 con Chile.

    Nuestra cultura es un lastre cuando de futbol se habla. Por ejemplo, los mexicanos son muy alegres, muy entregados y muy luchones (al igual que su afición), se le ponen al tú por tú a los grandes para después acordarse de la falta de autoestima y boicotearse. La selección mexicana se le puede plantar en la cancha a Alemania, Holanda o Argentina y ponerlos en aprietos en un rato, pero en algún momento dado, los grandes siempre mostrarán su superioridad.

    No es difícil tejer la relación del comportamiento de los jugadores dentro de la cancha con la cultura de nuestro país.

    También los cánticos hablan mucho de la cultura de los países. La gran mayoría de los países europeos tienen un gran historial bélico. Eso explica en gran medida los cánticos de los aficionados, la forma de agruparse, los símbolos propios de los aficionados.

    Los cánticos de los ingleses o los alemanes suelen ser muy imponentes, El famoso «uh» vikingo islandeses,  que se popularizó en la Eurocopa y que en realidad tiene su origen en Escocia, es muestra de esa cultura europea que fue forjada por medio de las guerras. Recordemos que de alguna forma, un partido de fútbol es una simulación de un combate bélico dentro de una cancha.

    En cambio, los cánticos latinoamericanos, como los argentinos (muy adoptados en México), aunque muy estridentes, no tienen su origen en esa cultura bélica tan propia de los europeos. Por ejemplo, en un combate bélico del siglo XIX sería mucho más fácil imaginar un grito vikingo o un cántico inglés que el «cómo no te voy a querer…» de los argentinos, el «chiquitibúm o el «eeeeh puto» de los mexicanos.

    Los países cuyos aficionados entonan porras y cánticos de carácter bélico, son en general más fuertes y democráticos que quienes no lo hacen. Esto es porque los países europeos tuvieron que crear una burocracia sólida y disciplinada que pudiera sostener y financiar a su nación en medio de una guerra. Un gobierno así era necesario para poder recaudar impuestos y para forjar soldados más disciplinados.

    Cuando estos países transitaron a la democracia, mantuvieron un gobierno e instituciones sólidas, lo cual no sólo contribuyó a fortalecer a la democracia recién adquirida, sino a su nación como tal.

    En cambio, los países más «alegres» como México, Argentina o incluso Italia, nunca lograron crear una burocracia firme y sólida porque no se vieron en la necesidad de hacerlo en el transcurso de su historia. Ni México ni Argentina combatieron tanto como los alemanes, los ingleses o los franceses, y transitaron a la democracia con instituciones débiles, lo cual fomentó más bien una red clientelar entre gobierno y ciudadanos que no ha permitido a dichas naciones consolidar su democracia, ni desarrollarse como quisieran.

    Vaya que el futbol sirve para entender a los países, una selección nacional no sólo está representando una bandera o unos colores, sino toda una cultura e idiosincrasia propia de un país.

  • Los prejuicios de ser, o pretender ser culto. Sobre todo cuando no lo eres.

    Los prejuicios de ser, o pretender ser culto. Sobre todo cuando no lo eres.

    Dice uno: -No entiendo como hay gente que va y paga miles de pesos para ver pasar en chinga unos carros en una pista.

    Luego dice el otro: -Y yo no entiendo como es que a muchos les gusta ver a once monitos patear una pelota. Y luego gritan gol cuando uno de esos monitos meten una bolita dentro de tres palos. No le veo el sentido. Son puros borregos.

    Los prejuicios de ser, o pretender ser culto. Sobre todo cuando no lo eres.

    En realidad, que no entiendas las aficiones del otro no implica que quienes las disfrutan sean personas ignorantes. Incluso una postura así puede denotar lo contrario, que quien emite ese tipo de juicios, tiende a hacerlo desde la ignorancia.

    Esos juegos de carritos que corren y de monitos que se pasan una bola tienen ciertas reglas y rituales que le otorgan cierto espíritu a dicho juego, afición o deporte. Naturalmente quienes hacen ese tipo de juicios desconocen dichas reglas.

    A mi no me gustan mucho las carreras de automóviles, pero entiendo que por alguna razón muchas personas disfrutan de ella. Y esa razón tal vez pueda justificar el desembolso una cantidad mayor a los 10,000 pesos. No todos somos iguales ni tenemos los mismos gustos.

    Si te parece que sabes mucho y entiendes muy bien, ten por cierto que es mucho más lo que ignoras. Tomás de Kempis

    Puedo ser crítico de algunas expresiones culturales como el reaggetón y algunas formas de expresión en la música banda, porque hacen apología al machismo o al narcotráfico, pero no al mero hecho de ser aficionado a ese tipo de música, sino a la aceptación de los antivalores que promueven (no es algo aplaudible disfrutar letras que hagan apología al narco o que denigren a la mujer). Y si hay estudios serios que afirman que los oyentes del reaggetón tienden a ser menos inteligentes (una tendencia, no una generalidad; es decir, no porque escuches ese tipo de música eres necesariamente un tonto; incluso puedes ser inteligente) tiene que ver más con la aceptación de dichos antivalores y la poca capacidad de crítica ante ellos. Por ende criticar y etiquetar a priori a quienes escuchan a este tipo de música puede ser irresponsable.

    Estos tipos de música también tienen sus normas y sus rituales. Incluso para rastrear el origen de la música banda (música que no tolero), tendríamos que irnos a ese «docto y culto continente» que se encuentra al otro lado del charco.

    Yo hace unos años fui a un concierto de U2 y me formé 8 horas para encontrar un buen lugar (no acampé fue porque trabajaba el día anterior; y por cierto, no me tocó la pizza gratis que Bono mandó llevar a las casas de campaña). U2 no es Rachmaninov, ni son virtuosos en sus instrumentos; es más, no es necesario tener una gran habilidad en la guitarra para aprenderse todas sus canciones (un músico tarda más en dar con el sonido de The Edge que en aprenderse sus piezas); pero la esencia de su música, sus rituales y características le imprimen eso especial que hace que vaya a un concierto y lo disfrute en demasía. Y eso no me convierte en un ignorante.

    Ignorancia

    Conforme adquieres conocimientos, lees más y amplías tu cultura, te vas forjando de un criterio propio; empiezas de alguna forma a volverte más exigente con lo que percibes. Te empiezas a dar cuenta que una pieza de Mozart es mucho más compleja y tiene más matices que una pieza pop. Para disfrutarla necesitas desarrollar ciertas habilidades en tu mente, pero no por eso, la música más simple se debe forzosamente de dejar de disfrutar.

    Pero aquí viene la diferencia entre quienes tienen criterio y entre quienes «pretenden tenerlo» o pretenden imponer su «nueva virtud «para demostrar su supuesta superioridad moral. Hay quienes buscan en su pretensión por ser cultos (que no es lo mismo que ser culto) de desdeñar todo aquello que es simple. Para ellos, un intelectual no puede disfrutar de un partido de futbol, ni mucho menos un director de orquesta puede escuchar música pop o rock ligero, aunque muy posiblemente no conozcan a ninguno, y si conocieran a alguno se podrían llevar una sorpresa.

    Que se tenga la capacidad de saber disfrutar e interpretar lo complejo, no implica que se deba de dejar disfrutar de aquello que es simple.

    Gerardo Esquivel es doctor de economía por Harvard; hace poco publicó un reporte con Oxfam sobre la desigualdad en México, reporte que fue lo suficientemente relevante como para que toda la comentocracia lo tomara como referencia: Economistas, politólogos, periodistas; todos hablaron de su trabajo.

    Hace unos días, Gerardo Esquivel lamentó el desempeño del Cruz Azul (su equipo predilecto) en la Liga MX. ¿Eso lo demerita? Por supuesto que no.

    Muchas personas no gustan del futbol, y es válido. A otros les gusta y también lo es. Hay quienes por medio de ese deporte demuestran su ignorancia (barristas violentos, o quienes llevan su afición hasta un grado de enajenación), pero su ignorancia no está dada por la afición a ese deporte.

    De igual forma conozco gente muy inteligente que escucha a Luis Miguel, o que fue a ver a Kabah + OV7 para recordar su infancia. Y esas mismas personas fueron al Teatro Degollado a escuchar a una orquesta sinfónica.

    Las mentes más brillantes necesitan descansar (el cerebro es un músculo), y lo simple les puede traer un momento de placer a su mente sin forzarla ni hacerla trabajar demasiado. Para un matemático destacado, ver una comedia ligera en el cine puede ser algo reconfortante.

    Quien de verdad es culto, quien de verdad busca adquirir conocimientos para crecer como persona y no para imponerse frente a los demás, tiene la capacidad de disfrutar las cosas simples. Quien busca satisfacer su ego, las rechaza para reforzar la idea de que es culto, aunque si se ponen a pensar bien, esto último es un contrasentido.

    SFGS

    Y volviendo al principio, hay quienes al tratar de presumir su supuesta cultura criticando las aficiones de los demás con argumentos como los carritos que corren o los monitos que patean bolas. De ignorantes es criticar algo que no conoces.

    La cultura es algo que se debe de poner al servicio de la sociedad, no al servicio de uno mismo. Los cultos hacen lo primero, los ignorantes que pretenden ser cultos hacen lo segundo.

    Y no es necesario ser culto para saberlo. Yo no me puedo considerar uno, me queda un largo camino por recorrer. Tal vez tú tampoco lo seas, pero posiblemente estés menos lejos que aquellos que pretenden restregarte su cultura en tu cara.

    P.D. No es lo mismo ser culto que inteligente. El culto posee una gran cantidad de conocimientos asimilados, la inteligencia tiene que ver con la capacidad del cerebro de realizar ciertos procesos y tiene varias vertientes, como la inteligencia racional, emocional, espacial, musical y un sinfín más.

  • El automóvil como herramienta de ligue y de conquista

    El automóvil como herramienta de ligue y de conquista

    Una ciudad desarrollada no es en la que los pobres pueden moverse en carro, sino una en la que incluso los ricos utilizan el transporte público. – Enrique Peñalosa

    El automóvil como herramienta de ligue y de conquista

    Sí, lo sé. Tú, que has ahorrado muchas quincenas para pagar el enganche. Dejaste de ir a algunas fiestas, querías ir a Europa pero no era prioritario para ti. Te sientes solo, no tienes muchas herramientas para conquistar a las mujeres, eres algo torpe y no eres una persona muy interesante. Tú, que crees que el coche te puede cambiar, ese automóvil automático equipado con bocinas con sonido retumbante para que escuches de forma nítida cada instrumento de las composiciones musicales de Arjona. Porque un pobre diablo en un gran coche es un gran chingón.

    Ya te imaginaste manejando en las «placenteras calles del Distrito Federal» (como lo muestran los comerciales y no la realidad) con tus Ray-Ban y tu camisa de florecitas peinando las avenidas de La Condesa pensando en que las mujeres se subirán a tu lujoso automóvil. Ya te viste siendo aceptado por los círculos sociales quienes no te bajaban de pendejo o perdedor (o que al menos tú suponías). -El coche me transformará de Luisito a Don Luis.

    Pero las mujeres, oh sí, todas van a venir a ti. Harán una larga fila que rodeará el Parque México porque ahora tú eres exitoso. Si tienes ese coche es porque Luis, es Don Luis, porque te has convertido en una persona muy importante, capaz, independiente (aunque lo estaciones en casa de tu mamá), aunque sabemos que eres el mismo tipo de siempre. Cuando te subas a tu automóvil y se escuche el ronroneo del motor cuando pises el acelerador, sentirás una falsa sensación de seguridad. Esa seguridad que no te dio ni tus terapias con el psicólogo ni los consejos de tus padres sobre como puedes aprender a quererte a ti mismo.

    Como eres una persona un tanto insegura y con no muchos gustos propios, sintonizarás en ese sistema Dolby Surround 3d THX certificado por George Lucas las 40 Principales, que se escuchen las canciones que estén de moda, para que te sumerjas en la masa. ¿Paradójico no? Quieres destacar sobre los demás con tu lujoso automóvil pero no te atreves a tener gustos propios. ¿Me rechazarán si Rachmaninov suena en mi automóvil? ¡Por favor, si ni te gusta la música clásica! Tus gustos no son muy refinados que digamos.

    Mientras tú piensas en conquistar con un auto para hacer parecer a los demás que perteneces a una clase social, el CEO Español o el gerente de banco estadounidense se suben al metro para ir a su lugar de trabajo. Pero tú sigues empecinado en tu objetivo, te imaginaste platicando con una mujer en tu automóvil: -Oh baby, bla bla bla; como si con un automóvil, tu labia y tu capacidad discursiva fueran a tener la posibilidad de tener una súbita evolución. Te imaginaste besándote con ella, con el automóvil como herramienta de preámbulo para una noche erótica.

    Te tengo dos noticias, una buena y una mala. ¿Cuál quieres primero? ¿La buena? La buena es que algunas mujeres podrán caer ante la tentación, sobre todo aquellas que como tú, creen que un coche es una muestra palpable de una subida en el escalón de las jerarquías sociales. La mala, es que es una pretensión, y las pretensiones en algún momento quedan expuestas. La mala también es que seguirás siendo el mismo tipo de siempre, ese tipo del cual no te enorgullecías de ser. Y lamento decirte amigo, que en algún momento, la caca va a flotar.

    Sí, las mujeres quieren estar con hombres que les puedan dar algo, que tengan un futuro, que aspiren a algo. Es algo completamente natural. Pobre de la mujer que decida estar con un bueno para nada (como tú, aunque tengas coche). Pero para hacer eso se necesita algo más que ahorrar dinero para comprar una máquina. A más bananera y atrasada sea una nación, más necesidad tendrán los ciudadanos de comprarse un coche como símbolo de status.

    Con esos doscientos mil pesos extra que pagaste por tener un automóvil de lujo, pudiste haber pagado una maestría, pudiste haberte ido de viaje por el mundo, te hubieras podido convertir en una persona interesante (sin desearlo directamente). Seguro tu experiencia por Italia, Austria, Budapest o Kuala Lumpur abonará a tu labia para atraer mujeres. Seguramente tu maestría o tus estudios te habrán hecho alguien más culto. Pero preferiste usar la fórmula tan gastada y previsible, alimentada por los comerciales de television de las empresas automotrices tan falsas como sugerir que se puede conducir sin tráfico en el Distrito Federal. En lugar de transformarte de tonto a listo, pasaste de ser un tonto, a un tonto con cohe.

    Pobre de ti.

  • La RAE y el amigovio del papichulo

    La RAE y el amigovio del papichulo

    -Si mi hija usara términos como «papichulo» le lavaría la boca con jabón-.

    La RAE y el amigovio del papichulo

    Se supone que vamos evolucionando como especie, pero parece que el lenguaje no va necesariamente en la misma línea evolutiva. Por el contrario, parece que éste se va empobreciendo con el tiempo. Algunos me argumentarán simplicidad, y posiblemente en algunas áreas un lenguaje más simple tiende a ser más efectivo, pero la forma en que los humanos vamos degenerando los idiomas que hablamos hace que tengamos menos recursos para expresarnos y darnos a entender.

    Simplicidad no implica escribir con faltas de ortografía. «Si yo hiba a decir k la RAE apesta» no estoy simplificando, simplemente estoy mostrando mi ignorancia. Si abuso de los «emoticons» en los chats y los uso para suplir el lenguaje en vez de usarlos como complemento, no estoy simplificando, estoy mostrando mi incapacidad para expresarme porque mis recursos lingüísticos son muy pobres.

    Que la RAE admita en su diccionario palabras como amigovio, papichulo, o basurita, términos coloquiales y corrientes usados por ciertos sectores de la población; nos habla de como se está permitiendo que la lengua española se degenere. Se entiende que se incluyan términos como wifi o hackear, que son anglicismos que ya han penetrado demasiado en nuestro idioma. Pero eso no significa que se deba de admitir cualquier palabra corriente, utilizado por un personas con una cultura magra y con desconocimiento de su propio idioma.

    El idioma español es un idioma muy rico (mucho más que el inglés) que nos permite expresarnos de diferentes formas, el problema es que el buen uso del lenguaje se limita ya sólo a algunos círculos mientras que la gran mayoría (sobre todo en el tercer mundo) no sabe dominar bien su propio idioma, y por lo tanto inventa estos términos raros y coloquiales (una forma eufemística de decir corrientes). El problema es que estas organizaciones como la Real Academia Española que se suponen son las que velan por el idioma, deberían de promover su buen uso, en vez de se adapten a la degradación causada por las masas.

    Las nuevas tecnologías deberían de ayudarnos a mejorar nuestro lenguaje, no a empeorarlo. Y en lo personal no creo que sea culpa tanto de las tecnologías sino de las personas que las usan. No sé ustedes, pero a mi me molesta ver que muchas personas escriban palabras como «hiva» o «haber dime» y luego te argumenten que es porque en el chat (Whatsapp, Facebook y similares) tiendes a escribir más rápido.

    Con el uso del idioma es fácil deducir si con quien estás hablando es una persona cultivada o es una persona ignorante. Si una persona «ezcrive hasí» para plantear un argumento, automáticamente perderá legitimidad ante los demás debatientes incluso si dicho argumento es correcto. El problema es que el fomento para que la gente sea más culta es menor que el que hay para que las personas sean más ignorantes (y por lo tanto, más fáciles de manipular).

    Pero la coyuntura le dio al grandilocuente papichulo la inverosímil oportunidad para que su extendido uso en el pópulo coadyuve en su aparición en el supremo diccionario de la RAE.

  • La corrupción me da Peña

    La corrupción me da Peña

    Recien subí una tabla a la Fan Page de Facebook (que pasé a Excel pero cuya fuente es el Programa de las Naciones Unidas del Desarrollo) donde se muestra como México es el campeón de la corrupción en Latinoamérica, relacionado a las mordidas y a los sobornos. Por ejemplo, el 20% de los mexicanos afirma que algún policía le pidió mordida en los últimos 12 meses. En Brasil sólo el 4% lo afirmó, y en Venezuela 7.8%. En México, el 21% afirma que se justifica pagar soborno, ¡El más alto de Latinoamérica!

    La corrupción me da Peña

    La corrupción es una clara muestra de que las instituciones no funcionan bien. La gente se corrompe más fácil en un ambiente donde no existe un estado de derecho, e incluso la corrupción es contagiosa: Si las personas perciben que las instituciones funcionan para unos cuantos, tenderán a corromperse de forma más fácil puesto que asumirán que es absurdo respetar la ley cuando esta sirve a unos cuantos, o bien, nadie la obedece. Y eso es lo que pasa con México.

    Algunos historiadores afirmaban que México era corrupto porque en tiempos de la Nueva España las leyes eran tan duras que el individuo se acostumbraba a evadirlas. Pero el problema en realidad es más simple, el problema está en las instituciones, en la forma en que está organizada una nación. El ser humano no tiene en sus genes el «chip de la corrupción», se comporta así porque vive dentro de un sistema que la promueve y que le dice que si quiere salir adelante, necesita echar mano de ella. El hombre se adapta a su entorno.

    Por eso es simple, pero muy difícil disminuir la corrupción hasta niveles tolerables. Tendría que haber un gran esfuerzo de voluntad de quienes son parte de las instituciones, pero también por parte de los ciudadanos. Esto implicaría cierto sacrificio a corto plazo para obtener un beneficio tangible a largo plazo. Tal vez por esto algunos afirman que la corrupción es algo cultural, porque es tan difícil erradicar que piensan que ya es algo de nosotros.

    Pero quienes afirman eso, entre ellos el Presidente Enrique Peña Nieto, no sólo se equivocan, sino que dicha afirmación puede ser usada para tomar una actitud displicente ante el problema de la corrupción: -Ah, es que los mexicanos somos así, desde que nací ha habido corrupción, ya nos amolamos-. Pero las evidencias contrarían a quienes hacen ese tipo de aseveraciones, y una de las más simples es la que hizo León Krauze en ese «ejercicio» donde varios periodistas (alguno de ellos paleros, hasta con toque seductor) entrevistaron al Presidente. Krauze puso el ejemplo de los mexicanos que residen en Estados Unidos, donde ellos respetan la ley, no dan mordidas y no se pasan los altos. También hizo la comparación entre Noruega y Rusia, donde sus instituciones han creado dos realidades diferentes para con el petróleo.

    Pero yo voy más allá, libros como Why Nations Fail de Acemoglu y Robinson, y El Manual del Dictador de Bruce Bueno y Alastair Smith, hablan de las diferencias entre los países que son prósperos y los que no lo son. Ambas obras demuestran que dichas diferencias no se deben necesariamente a la cultura sino a las instituciones, y como es que son las coyunturas (como se explica detalladamente en Why Nations Fail) las que van determinando cuales son las naciones que se desarrollan y cuales no, y no es ni la cultura, la geografía o el clima (esto último alguna vez lo llegué a creer debido al orden actual donde los países más desarrollados tienden a ser más fríos y a las afirmaciones que llegó a hacer Montesquieu de ello). Un ejemplo que citaban los autores era la diferencia entre Nogales Sonora, y Nogales Arizona, ciudades vecinas separadas por la frontera que comparten el mismo clima e incluso las dos ciudades son habitadas por personas de origen mexicano, pero cuyos niveles de desarrollo son disimiles.

    Pienso que para combatir la corrupción, lo primero que se debe de hacer es reconocer que se trata de un problema institucional, instituciones que sostienen la silla desde la cual se está gobernando, y que no se trata de un problema exógeno. De lo contrario nos auto condenaremos a ser corruptos para siempre, y más si le creemos esa afirmación a un Presidente que afirma que en México todas las denuncias con su debida prueba son resueltas: ¡Por favor!

     

  • La mentalidad alemana parte 2

    La mentalidad alemana parte 2

    Hace prácticamente 4 años, había hablado sobre la mentalidad de los alemanes a raíz del desempeño de su equipo de futbol en el Mundial de Sudáfrica (donde fueron semifinalistas). Ahora, cuatro años después, inspirado de nuevo en su desempeño en el Mundial, pero sólo tomado como pretexto, porque es un reflejo de lo que son los alemanes.

    La mentalidad alemana parte 2

    Mucha gente no entiende por qué los alemanes no son tan expresivos. Ciertamente la cultura anglosajona así es, y eso no significa que no sientan. Ese rasgo tiene que ver con una herencia cultural a la que tendríamos que rastrear por décadas y siglos. Pero lo cierto es que los alemanes son ganadores. Y son el claro ejemplo de que los fracasos y las humillaciones (guerras mundiales) son la raíz de su fortaleza. Ese sufrimiento y vergüenza fue correctamente canalizado, lograron hacer a un lado todos sus defectos y complejos, pero conservaron aquellos rasgos positivos de su cultura.

    Desde el gobierno hasta la ciudadanía son un ejemplo. Comparar a Merkel con Peña Nieto es un gasto innecesario de energía porque las diferencias son obvias. Una es aficionada a su equipo y asiste a los mundiales a apoyarlo, otro utiliza a la selección para tratar de recomponer su deteriorada imagen. Los ciudadanos alemanes son menos corruptos y participan más en el quehacer político del país. Y ni hablemos de inclusión. Hace más de medio siglo, Alemania se había convertido en una dictadura racista, hoy no es que no exista ninguna manifestación de racismo, pero han tenido menos problemas incluso para aceptar razas de otros países. En México, en cambio, es un país que mantiene los mismos niveles de racismo, y sobre todo de clasismo, que los que manifestaba hace medio siglo.

    Dentro de la extensa crisis europea, los alemanes han levantado la mano para hacerse cargo el problema. Señor griego, ¿tiene algún problema con sus finanzas? ¡Vaya con Alemania!, ¡Señor español, señor italiano!. Los alemanes son aquellos que se mantuvieron siempre de pie a pesar del problema que aquejaba a Europa. De la mano de Ángela Merkel, han logrado mantener el barco a flote, y Alemania a pesar de las circunstancias adversas se encuentra bien, se encuentra bien por su gente, por su mentalidad.

    Los alemanes no sólo son una aplanadora en el futbol, Alemania no sólo es Muller, Khedira, Klose, Goetze o Boateng. Alemania es su cultura, su capacidad de innovar, sus empresas cuya reputación y credibilidad siempre están por encima de la media, sus aportaciones a la humanidad, su tecnología.

    Y es que no sólo se trata del esfuerzo y de trabajar duro, se trata de su mentalidad, de no dejarse caer, de revivir de los escombros. Y sobre todo de pensar a largo plazo, de saber que después de saberse humillados tendrán que trabajar y verán los resultados hasta dentro de determinado tiempo. En México nunca sabemos hacer eso, después de la humillación (que son varias) pensamos en como tener contenta a la gente en el futuro inmediato, aunque esto pueda acarrear una humillación posterior. Nosotros no nos podemos poner metas que puedan postergar el placer inherente a ellas, aunque dicho placer sea más grande de esta forma.

    Al final la mentalidad y el trabajo a largo plazo es lo que tiene a Alemania donde está, ya sea en el futbol o en el ámbito geopolítico. Su exito es producto de un largo proceso, y no de improvisación y buenas intenciones. Y naturalmente las culturas alemana y mexicana son diferentes y no tienen por qué ser iguales, pero hay desde luego cosas que se les puede aprender.

     

     

  • Orgánico e inorgánico, civilizados e incivilizados

    Orgánico e inorgánico, civilizados e incivilizados

    Desde hace pocos años, al ir a cualquier centro comercial, o vaya, a un Starbucks, uno puede ver que hay dos tipos de botes de basura. Uno dice orgánico y generalmente está decorado con motivos verdes, y otro que dice inorgánico el cual tiene algún otro color, como el azul. Supongo que tú lector conoces la diferencia entre basura orgánica y basura inorgánica. Una cáscara de plátano, sobras de comida, madera, papel o cartón son basura orgánica (porque provienen de seres vivos). Las latas de aluminio, plástico, envolturas de dulces, vidrio y demás son inorgánicas porque son materiales que no provienen de seres vivos.

    Orgánico e inorgánico, civilizados e incivilizados

    Separar la basura de esta forma tiene muchos beneficios. Nuestro medio ambiente se contamina menos, se permite la renovación de la tierra (con la basura orgánica), evita la proliferación de enfermedades y un sin fin de beneficios más. Si se ha tratado de inculcar la cultura de la separación de la basura, es porque de esa forma se tiene un menor impacto al medio ambiente, tema muy repetido, pero cuya insistencia está justificada porque estamos condenando a las generaciones futuras al dejarles un planeta más contaminado.

    En realidad el cambio de conducta es mínimo. Sólo se trata de saber donde se tiene que poner cada basura y poner cada una en su bote, es decir, no implica un gran esfuerzo para quien debe de tirar la basura.

    Lo penoso, vergonzoso y humillante (porque habla muy mal de nuestra cultura) es que no tengamos la capacidad de tirar una mísera basura donde va. Ya sería demasiado pedir que se separara la basura en los hogares, pero me impresiona que no podamos hacer ese simple ejercicio. -Es que Pedro, maldito Peña Nieto, como se cuelga de los triunfos de la selección, es un mentiroso y corrupto que exprime el pueblo; espera, voy a tirar la basura, ahí donde sea, da lo mismo-.

    Vaya a una plaza y a un centro comercial. No importa si se encuentra en un barrio bajo o en Las Lomas. Se dará cuenta que no hay diferencia entre el tipo de basura que hay en uno y otro lado. No necesita análisis filosóficos profundos ni analizar a Octavio Paz desde una perspectiva positivista para conocer la cultura mexicana, vea los dos botes y ahí está reflejado todo. No estamos lo suficientemente civilizados para separar la basura. Algo tan sencillo, y eso es una vergüenza.

    Deje de hablar del progresismo europeo, del emprendimiento estadounidense. Primero ponga la basura donde va.

    Si usted tira la basura «donde sea» o peor aún, en la calle, no se sienta orgulloso de eso. Es más, merecería que los demás lo señalen y lo critiquen. Por querer ahorrarse un segundo de su tiempo o por no querer hacer un simple racionamiento en su cerebro (si es que poseé uno), está colaborando en la destrucción de este planeta.

    De este tamaño se la pongo, si separáramos la basura, produciríamos solamente el 17% de la basura que producimos, ya que al estar separada, ésta se puede reciclar más fácilmente. Es decir, por «hüeva» producimos 5 veces más basura. Y se puede empezar tirando la basura en el bote correcto. Tal vez ya que tengamos un nivel más decente de civilización podríamos hacer un esfuerzo por hacerlo en nuestras casas.

    Y luego entenderá por qué México está como está. Si nos flojera hacer eso, imagínese todo nuestro sistema, las instituciones, como están.

  • Los porteros putos

    Los porteros putos

    Según se dice, ese grito ahora tan famoso donde se les dice «putos» a los porteros del equipo rival, surgió dentro de la Barra 51 del Atlas. Esta barra no se caracteriza por está compuesta de porristas familiares o personas con una alta civilidad. Los aficionados de los otros equipos se dieron cuenta del impacto que tenía ese grito. Tener a todo el estadio en un trance mientras corean la letra «e» alzando las manos a media altura para pronunciar la palabra «puto» en el momento exacto en que el portero despeja el balón (aunque no recuerdo haber visto una pifia de algún portero derivada de esta presión, más ahora que ya están tan acostumbrados).

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    Este grito ha de tener algo así como una década, y hablando de mundiales, recuerdo haberlo escuchado desde Alemania 2006. Ahora que Brasil está un poco más cerca (y es algo más barato) y que los mexicanos han abarrotado los estadios todavía más que en otras ediciones, este grito ha traspasado fronteras. Tal vez México no tenga indicadores para presumir, es más, ni la selección misma es algo que podamos presumir con mucho orgullo, pero el grito hizo lo que muchas cosas que hemos querido que hagan no lo han hecho, llamar la atención del globo terráqueo.

    Mucha gente se molestó por la postura de la FIFA donde quería sancionar a la selección por ese grito (afirman que es un grito homofóbico cuando las siguientes sedes de las Copas del Mundo criminalizan la homosexualidad), y es cierto que esas no son cosas que se puedan controlar. Incluso se puede poner en tela de juicio su carácter homofóbico. Si bien la palabra «puto» se ha utilizado muchas veces para discriminar a los homosexuales, es un término tan ambiguo (que en realidad se refiere a «prostitutos» que incluso homosexuales lo han llegado a usar. Incluso dudo que la mayoría de los aficionados que gritan esa palabra, piensen en que el portero al que le gritan es homosexual o le quieran imprimir esa etiqueta.

    Lo que si veo en ese grito, que no es algo que me orgullezca, si no lo contrario, es un dejo de machismo aunado a ese México bronco y poco civilizado. A ese mexicano típico del sistema rígido, vertical y contradictorio, ese mexicano «muy hombre» y reacio a la sensibilidad. Ese «puto» podrá parecer un grito ingenuo, pero en realidad contiene violencia verbal, y al final es una agresión verbal cuyo contenido habla mucho de nosotros y no para bien.

    Es cierto que no es como que la FIFA o cualquier organismo competente deba de controlar este tipo de manifestaciones, pero sí debería ser motivo de reflexión porque es una expresión de nuestra cultura.

    La imagen donde los niños holandeses les desean buena suerte a México, es, sin querer, una especie de enseñanza e invitación a la civilidad (no es que los aficionados holandeses sean la expresión más civilizada de afición) y el escenario dentro de un salón de clases es confrontativo porque gran parte de este mal, de estos vicios culturales, tienen que ver con la educación.

    Por lo tanto en la asociación civil que participo, ya hicimos una especie de respuesta, para precisamente mostrar que los mexicanos no necesariamente tenemos que usar ese tipo de expresiones para apoyar a algún equipo.

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