Etiqueta: crimen

  • Orlando, cuando la homofobia tiene una pistola en sus manos

    Orlando, cuando la homofobia tiene una pistola en sus manos

    ¿No te has puesto a pensar lo difícil que ha de haber sido para un gay llegar a la recámara de sus papás, pararse de frente y decirles, papá, mamá, soy gay?

    Primero, esa escena rompe con el tabú que reza que los gays son débiles de carácter, porque son «muy afeminados», que tienen que hacerse muy hombrecitos. Muchos de quienes somos heterosexuales posiblemente no vivamos una escena tan estresante como esa durante toda nuestra vida.

    Orlando, cuando la homofobia tiene una pistola en sus manos

    Ahora imagina que la respuesta del papá es: -¡Te largas de la casa! ¡Yo no quiero maricones ni putos viviendo aquí!

    Imaginemos que es lo suficientemente joven como para no tener un ingreso bajo el cual vivir solo; sus padres le pagan la escuela, comida, servicios médicos. Imagina el impacto que eso tendrá en la vida del joven. Posiblemente su vida cambie para mal, que sus aspiraciones profesionales queden truncas. Peor aún, todos los valores y educación que recibió en su casa quedarán en entredicho. Posiblemente piense que todo lo que aprendió en casa no tenga validez. Y sí, posiblemente tendrá más posibilidades de llevar una vida desenfrenada, llena de drogas y excesos, que al estar dentro del seno familiar.

    Paradójicamente, la decisión del padre atentaría contra la familia. Acaba de expulsar a uno de sus miembros.

    Esto me vino a la mente al escuchar la lamentable noticia del asesinato de más de 50 personas en un club gay de Orlando. Al momento que escribo este texto, parece que el autor intelectual Omar Mateen no tiene relación con DAESH o algún movimiento similar, sino que más bien fue movido por un puro acto de homofobia. Su padre afirmó que se había enfadado hace dos meses al ver a dos hombres besándose en Miami.

    El miedo irracional nubla y nos dirige a un odio que destruye eso mismo que este tipo de personas temen que los gays, dicen, pueden destruir: el tejido social.

    Muchas de estas personas, desde una postura desinformada, creen que los gays son personas que tienen la firme intención de destruir a la sociedad, que son personas que «decidieron enfermarse», que tienen serios conflictos psicológicos y quieren destruir el planeta. Peor aún, algunos creen desde su religión, que es un trabajo del diablo que conspira contra los designios de Alá, o el dios que sea; que los gays fueron tentados por satanás. Esta creencia naturalmente no empata con los miles de casos de hijos que tienen que ver de frente a sus papás para confesar su preferencia sexual.

    El fuerte conflicto que los gays tienen que enfrentar en esa escena es muestra patente de que no se trata de «una moda» o una «simple desviación que se puede cambiar con un tronido de dedos»; el precio de enfrentarse a los padres, so pena de ser apartados del seno familiar, es muy grande. Sería, de hecho, más rentable dejar del lado «la moda» que lidiar con el riesgo de perder contacto con tus seres queridos, un techo, y estabilidad económica.

    Tiroteo bar gay Orlando

    Hace poco escribí sobre las posturas en contra del movimiento LGBT, que no todas necesariamente implicaban un acto de homofobia como a veces se sugiere, y que temas polémicos como el matrimonio igualitario o la adopción podrían y deberían debatirse desde un nivel más alto del que se hace. Mi argumento es que tener escepticismo ante estas figuras propuestas, no implica necesariamente un miedo a lo gay o un rechazo, en tanto algunas personas que no se muestran a favor de éstas tienen amigos (algunos muy cercanos) con preferencia sexual por personas del mismo sexo, y su rechazo a estas instituciones no tiene que ver con un rechazo a los gays per sé.

    Pero cuando se trata de hablar de un rechazo que incluye el ostracismo, la expulsión del seno familiar, la negativa a ser contratado por una empresa por su mera condición, ahí sí tenemos que hablar de la homofobia, de una homofobia muy condenable, basada en prejuicios, miedos y concepciones sociales arcaicas.

    El asesinato en masa perpetrado por Omar Mateen es un acto de homofobia, y así se debe de recalcar, es un «asesinato en masa homofóbico». Es lamentable que en pleno siglo XXI resolvamos así nuestras diferencias (peor cuando los prejuicios tienen un papel preponderante), cuando el fanatismo y la absoluta desinformación tienen una gran influencia.

    Ojalá este lamentable evento sea motivo para reflexionar, entender una vez más que el miedo irracional nubla y nos dirige a un odio que destruye, que destruye eso mismo que este tipo de personas temen que los gays, dicen, pueden destruir: el tejido social.

    Mis condolencias al pueblo de Estados Unidos y a todos quienes lamentablemente perdieron la vida gracias a una persona cegada por el fanatismo.

  • El caso de Américas y Colomos. Crónica de un crimen común

    El caso de Américas y Colomos. Crónica de un crimen común

    La mayoría de los ciudadanos no hemos sufrido un crimen de tal magnitud como el señor de 60 años que fue agredido y lesionado severamente por una pandilla de motoladrones, quienes con motocicleta y pistola como herramientas de trabajo, asaltan a diestra y siniestra a ciudadanos en una ciudad de Guadalajara violentada, gracias a un entorno corrupto, y a la displicencia de las autoridades. Muchos hemos sido asaltados, e incluso con pistola. Pero el video filmado en el cruce de la Avenida Américas y Colomos, causó una fuerte indignación de la sociedad, que se sintió inmediatamente identificado con el agredido, que nada pudo hacer ante un ser humano descompuesto que está dispuesto a dañar a sus semejantes a cambio de un ingreso.

    El caso de Américas y Colomos. Crónica de un crimen común

    Guadalajara es una ciudad cada vez más insegura, debido a las deficientes estrategias de seguridad implementadas por los últimos gobiernos. Y no se trata de calles oscuras, sino de lugares transitados como la Colonia Americana (aunque este tipo de mafias se ha extendido por toda la ciudad) donde es común escuchar sobre robo de automóviles, smartphones (uno de los crímenes más comunes de estos tipos de bandas), y agresiones físicas.

    El caso del mayor de edad agredido no es el único, pero la grabación causa una fuerte indignación e impotencia. Muchas personas han sido víctimas de estos criminales, usar un celular en la Colonia Americana o en el Centro Histórico es riesgoso cuando debería ser seguro. A estos criminales no les importa asaltar a la luz del día, pareciera que la policía no existe cuando ellos «trabajan». Y hay una razón, y es que los tapatíos sabemos que algunos policías están coludidos con estas bandas. Algunas personas prefieren no levantar denuncia porque es «riesgoso» hacerlo.

    Una constante es la displicencia de la policía. Hace poco tiempo unos motoladrones sustrajeron un iPhone a un joven en la Colonia Americana. La policía soltó inmediatamente a estos motoladrones previamente capturados porque dicen, no habían agredido físicamente a la víctima. A una amiga que le robaron ese mismo aparato en otra colonia, le sugirieron borrar todo lo que había en su iPhone, ¿Y como si ya no lo tenía, estaba robado? Los policías dijeron que no podían hacer nada a pesar de que les describió a los delincuentes.

    El Alcalde de Guadalajara agregó 3 patrullas más a la Colonia Americana como medida preventiva (como si eso fuera suficiente). En realidad sólo han habido detenciones aisladas, pero este tipo de crímenes sigue creciendo. La sociedad tapatía se siente impotente debido a que no sabe a quien recurrir.

    Los ciudadanos se desesperan y en su cabeza desean medidas enérgicas:

    1. Qué los ciudadanos podamos armarnos: Cierto, si yo tuviera un arma en mis manos y viera a un criminal agrediendo violentamente a un señor, yo le dispararía sin importar si le quito la vida. Pero ¿Qué pasaría si tuviéramos un mayor acceso a las armas? Los delincuentes también lo tendrían y aumentaría el riesgo de que pueda caer en manos de una persona que pudiera hacer mucho daño. Nada más hay que ver a los estadounidenses.
    2. La pena de muerte: El problema no tiene que ver tanto con la severidad de los castigos, sino con la impunidad. ¿De qué servirá este tipo de penas cuando es raro, bastante raro, que un criminal sea detenido y sentenciado? A esto le agregamos que en un país con una corrupción inmensa como el nuestro, medidas severas podrían aprovecharse en beneficio de algunos.  

    En alguna ocasión (hablo de décadas), en nuestra ciudad proliferaron los robachicos. En una ocasión a un mayor de edad le intentaron robar a sus hijos y con un arma mató a los delincuentes. El susto para estos criminales fue tal, que estas bandas menguaron. ¿Sería necesario que algo así pasara para que estas personas dejaran de asaltar? Lo veo difícil, e incluso arriesgado ante personas armadas, que se pueden defender y en muchos casos hacerlo mejor. Los ciudadanos nos podemos organizar, asociaciones de vecinos, de vigilancia. Pero el mayor problema está en la corrupción de las instituciones. Si los policías hicieran bien su trabajo, si el gobierno pusiera más atención y tomara medidas más enérgicas, posiblemente este problema se reduciría cuando menos, pero el problema es que hay poca voluntad.

    La impotencia es muy grande, la desesperación también. Se trata de personas enfermas, que se despojaron de su humanidad en un tejido social dañado (medidas preventivas insuficientes) y que delinquen con impunidad total (medidas correctivas insuficientes). Muestra del deterioro social que se vive en la ciudad, donde la ineptitud de las instituciones rebasa a las loables iniciativas ciudadanas (y en algunos casos adaptados por algunos gobernantes con algo de mayor conciencia) que buscan resanar el tejido social.

    El video es fuerte, no tanto por las imágenes (no vemos sangre o gritos), sino por lo que significa, por lo que transmite, pero eso es lo que sufren varios ciudadanos diariamente.

    ¡YA BASTA!

  • La Pena de Muerte

    Hace tres años, en México, el Partido Verde lanzó una campaña donde promovía la pena de muerte a los secuestradores y narcotraficantes. Sí, solo en México, un partido llamado «verde» tiene la desfachatez de promover este tipo de propuestas, que a mi juicio solo tendría posibilidad de ser aplicada por partidos como el PRI (quien no ha hecho pronunciamiento alguno), porque el PRD no podría en su caracter de partido de izquierda y el PAN caería en una contradicción ya que dice ser un partido humanista. A pesar de las remotas posibilidades de que un castigo así se pueda aplicar en nuestro país, hay que decir que este tipo de sanciones están muy lejos de ser una solución para la delincuencia y la criminalidad.

    Hay que analizar bien las cosas: ¿En donde se aplica la pena de muerte? Los únicos dos países desarrollados donde esta ley se aplica es Japón y Estados Unidos (y tiene más que ver con las tradiciones que con la eficacia de esta pena), todos los demás países son subdesarrollados, y gran parte de ellos son estados no democráticos como se puede ver en este mapa. Y de hecho en países como Japón, a veces la distancia entre la fecha entre una persona ejecutada y otra por las autoridades es de más de un año, lo que quiere decir que en sus leyes si contemplan la pena de muerte, pero en realidad muy rara vez la aplican. Los países donde esta ley se aplica constantemente son países sumidos en el subdesarrollo, muchos de ellos árabes que son oprimidos por el gobierno y que a veces son sentenciados o ejecutados no por ser secuestradores, sino por ser homosexuales o tener relaciones sexuales.

    Los que estamos en contra de la pena de muerte, no abogamos por la defensa de los secuestradores, de hecho en nuestras entrañas desearíamos que esas personas murieran y sufrieran, pero el cerebro y la razón es más eficaz que las mismas entrañas; y la pena de muerte no resulta eficaz. Argumentan los que están a favor de la pena de muerte, que muchos prisioneros no son sentenciados, que la justicia en México es muy laxa, que los tenemos que mantener con nuestros impuestos en las cárceles. Pero esa misma corrupción es la que no hace deseable la pena de muerte, porque con un sistema de justicia tan deficiente como la mexicana, mucha gente inocente terminaría siendo sentenciada a la pena capital. ¿Recuerdan la película de Presunto Culpable?, el sentenciado posiblemente hubiera sido ultimado antes de que los abogados hubieran logrado probar su inocencia.

    Otra cosa que ratifica mi teoría sobre la ineficacia de estas leyes es lo que sucede en México. Cada vez más gente engrosa las filas de los cárteles del narco. En tan solo 6 años llevamos 60,000 muertos, la mayoría por la guerra entre cárteles y una minoría por esos «daños colaterales», es decir, los criminales al enrolarse a los cárteles están siendo sentenciados por sus rivales a la pena máxima y aún así no tienen miedo en seguir delinquiendo y hacer el mal. Si el gobierno aprobara la pena de muerte, los narcotraficantes y criminales de grueso calibre no dejarían de delinquir; por el contrario, muchos inocentes usados como chivos expiatorios serían sentenciados a la pena capital.

    Y tampoco podemos asegurar que la muerte es el peor castigo para los criminales. En los pocos países desarrollados donde se llevan a cabo estas prácticas, la muerte no es muy dolorosa, el sufrimiento dura apenas unos segundos, sea la silla eléctrica, la inyección letal o en el caso de Japón la horca. Además en todos esos casos los sentenciados tienen derecho a un sacerdote quien les perdone todos los pecados. Así, de esta forma, según las creencias religiosas de los próximos a morir, irán a parar directamente a la gloria. Para los ateos estos no pagarán sus fechorías porque solo perderían la vida y ni de lejos sufrirían lo que hicieron sufrir, y para los religiosos peor, porque estarían tocando las puertas del cielo.

    La pena de muerte es una solución arcáica y retrógrada en una sociedad que debería preocuparse por evolucionar y encontrar mecanismos más efectivos para disminuir la violencia y la injusticia a su máxima expresión. Muchos habrán sentido bonito al ver a Saddam Hussein morir, o al ver a Osama Bin Laden ultimado, pero ¿eso que resolvió?. ¿Acaso ahora todos estamos en un monte haciendo cantando en círculos agarrados de la mano cantando paz encima de un arcoiris? Pero bueno, si crees en la pena de muerte, y el arcoiris no aparece, que el gobierno te lo pague.

  • Violencia en México, símbolo de subdesarrollo

    Es aventurado decir que existen lugares del mundo donde la violencia ha sido totalmente erradicada. Pero lo cierto es que el nivel de violencia que se muestra en las naciones es un símbolo inequívoco del subdesarrollo ya no solo económico, sino cultural, que dichas naciones reflejan. Hace poco escuchamos sobre un asesino en serie en Noruega que hizo explotar una bomba y mató a varios jóvenes militantes de un partido socialdemócrata, pero en el caso de Noruega, es la excepción, mientras que en países como el nuestro, la violencia es la regla.

    Tan es así, que si este atentado hubiera ocurrido en México, posiblemente no hubiera tenido gran impacto en los medios internacionales, porque ya están acostumbrados a ver en México un país violento. Y es que no importa quien ejerza la violencia, el estado, los criminales, grupos guerrilleros, da lo mismo. Eso nos muestra el atraso que tenemos como nación. Un ejemplo lo podemos ver con los asesinatos perpetrados en el edificio de la FEG (Federación de Estudiantes de Guadalajara), y algunos analistas tirados hacia la derecha, podrán decir que es un problema inherente a las universidades públicas. Pero ¿entonces porque en las universidades públicas ya no de Noruega, Suecia o Dinamarca, sino de otros países como España no ocurre eso?. Simplemente porque en nuestro país tenemos una cultura atrasada donde se usa el ejercicio de la violencia para defender intereses, sean políticos o de cualquier índole. Y en un país poco acostumbrado al diálogo y al debate, y más al uso de medidas coercitivas para imponer ya no solo dogmas, sino intereses políticos y de poder, es entendible muchos ciudadanos vean en la violencia la solución.

    El problema de la violencia y su vínculo al subdesarrollo cultural, no solo se refleja en actos criminales donde se ultima la vida de terceros. También lo vemos dentro de las familias, donde persiste un alto grado de violencia intrafamiliar, y esto es debido a modelos de conducta arcaicos y machistas (en su mayoría) que no se han podido erradicar y extirpar de la psique mexicana. Naturalmente las condiciones socieoconómicas también la propician, y esto aunado a una falta de valores, donde las escuelas y familias no han logrado crear personas de bien y terminan tentados por el mal camino. Curiosamente México es un país mariano y católico, donde la Iglesia no ha sido capaz de influir en los jóvenes para que hagan a un lado los comportamienos violentos. Esto tomando en cuenta que muchas de las personas que cometen actos de violencia afirman profesar la religión católica.

    El hecho de que se utilice el ejercicio de la violencia, ya sea de una forma presumiblemente legítima (como la guerra contra el narco de Felipe Calderón) o ilegítima, nos habla del subdesarrollo en el que sigue inmerso el país. Y para erradicarla la solución no solo está en lograr un crecimiento económico que bien ayudaría, sino en detectar los focos de violencia, atacarlos de raiz y buscar un cambio en las estructuras mentales del mexicano que en muchos casos lo incitan a ser violento.

     

  • Felipe Calderón, a la Corte de La Haya por “crímenes de guerra y lesa humanidad”

    Había soltado tremenda carcajada cuando Felipe Calderón se había autonombrado «humanista», porque a pesar de que se dice que el PAN es un partido humanista, el gobierno de Calderón no me lo ha parecido tanto, porque las políticas económicas neoliberales (como lo ha sido en la mayor parte de su gestión exceptuando algunos rubros como el Seguro Popular o el Programa Oportunidades) no son humanistas, obedecen a interes económicos. También su combate contra la delincuencia no es humanista, no porque no lo sea combatir a los criminales, sino porque se ha olvidado de reforzar las bases (educación, oportunidades de empleo, reconstrucción del tejido social) como una medida complementaria para atacar al narcotráfico.

    Pero creo que existen personajes en México que se están llendo al otro extremo al demandar a Felipe Calderón por «crímenes de guerra y lesa humanidad». Entre esta gente se encuentra el periodista de la revista Proceso Julio Scherer, el productor Epigmenio Ibarra, y el sociólogo John M. Ackerman. ¿Por qué al otro extremo?, porque están culpando directamente al Presidente de la muerte de ahora más de 50,000 personas. Es cierto que ese es el resultado de su estrategia fallida contra el narco, pero tampoco he visto que Felipe Calderón haya mandado matar a esas personas lo cual marca una gran diferencia. Me pregunto, ¿Por qué nadie tuvo el atrevimiento de mandar a esta Corte a Díaz Ordaz por la masacre del 68 o a Salinas de Gortari quien mandó a matar no se cuantos perredistas?. Esos si eran casos para someterlos a juicio ante una autoridad internacional.

    Hago una paradoja. Imagínense a un empleado de una importante firma. El tiene autonomía en su puesto de trabajo y el puede tomar ciertas decisiones sin autorización de su jefe. Tiene que diseñar un plan y lo hace mal, toma la decisión equivocada, la empresa empieza a perder dinero y el empleado necio creyendo que su decisión es la correcta no cambia de parecer. La empresa termina perdiendo muchos millones de dólares, por lo cual decide no solo despedir a su trabajador, sino que lo demanda penalmente y este termina en la cárcel. ¿Sería justo?. Claro que no.

    Felipe Calderón nos debería responder muchas preguntas, sobre todo lo relacionado con los grupos paramilitares que comienzan a aparecer (como los Matazetas), los cuales supuestamente están financiados por empresarios, y algunos sugieren que incluso hay intervención gubernamental. El Gobierno Federal lo niega, pero está a la vista de todos. Y si bien algunos podrían pensar que esos paramilitares ayudarán a combatir al narcotráfico, lo deberían de pensar dos veces, porque algo así sucedió en Colombia y cuando estos vencieron, se quedaron con el negocio de la droga.

    También que decir del caso de Rápido y Furioso donde se comprobó que autoridades norteamericanas abastecieron a cárteles de la droga con armas, y muchas otras cosas que oscurecen más el panorama ya de por sí negro en el asunto del narcotráfico. Pero no, no va por ahí, el que Felipe Calderón termine bajo las rejas no solucionará de ninguna manera el problema del narcotráfico. Me preguntaría si esto es una iniciativa ciudadana o más bien, tiene propósitos políticos. Y está bien que se le rinda cuentas al presidente, que se le exija o recrimine, pero creo que llegar a estos extremos nos habla de la intolerancia que todavía predomina en México, el buscar atacar a una figura pública en vez de buscar el bien común.

    De seguro, no existirá sentencia alguna por la Corte de la Haya, más aún cuando Felipe Calderón forma parte de los «aliados» y todavía más aún cuando esta corte no logró poner a dictadores sanguinarios como Pinochet tras las rejas.

    P.D. Sobre la pena de muerte

    En Guatemala como tienen problemas de narcotráfico, el candidato derechista quiere implantar la pena de muerte. Se me hace una reverenda tontería, más cuando los narcos están sentenciados a la pena capital (y de una forma mucho más cruel que la que implementaría un estado) por parte de los cárteles rivales y aún así siguen haciendo de sus fechorías.

  • Cerebro Vs Enrique Krauze

    Enrique Krauze me cae bien, no lo niego, tenemos algunos puntos ideológicos en común (otros no tanto), es un gran historiador (si no es que el mejor de México), aunque también tiene sus bemoles. Es parte del consejo de Televisa y por ende, que yo sepa, nunca ha emitido crítica alguna contra esa televisora, el dice que si lo ha hecho, pero en una rigurosa búsqueda por Internet no encontré nada. Ese compromiso con la televisora se nota en las obras históricas que ha escrito. Explica muy bien sobre lo de Tlatelolco, pero nunca menciona el nefasto papel que tuvo la televisora al censurar lo realmente ocurrido. Lo mismo en las elecciones del 88 donde el acepta que hubo un fraude (encubierto por Televisa).

    También Krauze se ha caracterizado por ser muy complaciente con el gobierno en turno (la única vez que ví criticarlo fue relativo a los festejos del Bicentenario), a pesar de que su «supuesta linea ideológica» es diferente a la del Presidente. Krauze se define como «izquierda liberal», y Calderón es de la «derecha conservadora». Es cierto, ambas ideologías están abiertas a la globalización y al mercado (aunque la linea de Krauze supone la intervención parcial del gobierno en la economía), pero en lo social, deberían tener conceptos muy diferentes sobre el quehacer político, pero parece en la práctica que para Krauze no es así.

    La crítica que vengo a hacer ahora viene de un artículo que escribió llamado concenso contra el crimen (el cual pueden consultar aquí). El dice que su artículo que no hay un «repudio generalizado contra el crimen«, pero se contradice al mostrar las cifras. Dice que hay un 83% de la población que apoya el uso del ejército. Solo el 17% lo rechaza, y no significa que ese porcentaje no repudie al crimen, sino que no creen en que se deba sacar al ejército para combatirlo. A mi punto de vista, el concenso contra el crimen que menciona Krauze, si existe en la mayoría de la población, casi todos estamos en contra de los narcotraficantes y estamos hartos de la violencia que generan. El pone el ejemplo de la ETA en España y el caso de Colombia. De como el concenso de la población en contra de ellos ayudó para minar su poder e influencia.

    Dice Krauze, que lo que no permite generar ese concenso es el rechazo a la estrategia de seguridad de Calderón. En realidad solo un pequeño porcentaje de los mexicanos la rechaza por completo. Lo que criticamos muchos de los mexicanos no son los «qués» sino los «comos», hay un repudio hacia la estrategia de Calderón porque estuvo muy mal planteada desde su origen y ese mal diseño de la estrategia provocó una escalada de violencia, la cual no hubiera ocurrido (o hubiera sido más tenue) si la hubiera planteado de otra forma. El mismo Krauze dice, que el concenso nacional contra el crimen no supone en absoluto el apoyo a la política de Calderón y menciona las discrepancias que tiene Krauze con la política de Felipe Calderón: Se puede -es mi caso- criticar el énfasis en el ángulo militar del problema. Y se debe, con mucho mayor razón, deplorar la falta de resultados en temas cruciales como el lavado de dinero, la vigilancia de las aduanas o las ligas corruptas entre el poder y el crimen.

    Dice que se critica al gobierno y que a los criminales se les deja en segundo plano, los cuales tienen sus 15 minutos de fama, se desvanecen, van a la cárcel, y muchos recobran su libertad. Que yo sepa, todos sabemos quien es el JJ, La Barbie, o los Beltran Leyva; y también conocemos a narcos a los cuales no se ha tocado como el Chapo Guzmán. Todos sabemos quienes son los Zetas, conocemos su poder y su falta de escrúpulos, conocemos a La Familia (ahora templarios). Si algunos de los criminales recobran su libertad, es entonces responsabilidad del gobierno y de las débiles instituciones que permite que terminen fuera de prisión. Hay un concenso generalizado en que todos los queremos tras las rejas, e incluso muchos piden la pena de muerte.

    Es cierto, que cuando ocurre una tragedia relacionada con el narcotráfico normalmente los ojos de la población apuntan al gobierno y no a los criminales. Sucede por lo mismo, la gente ve estos atentados como resultado de una estrategia fallida en contra del narcotráfico. La población podrá condenar a los maleantes, pero sabe que ellos seguirán con su mismo propósito mientras las condiciones sigan igual. El que tiene el poder de cambiar las circunstancias del juego es el gobierno, y si a 5 años de haber iniciado una guerra contra el narcotráfico las cosas están saliendo así, es porque necesariamente se necesita replantear la estrategia. En este caso yo estoy de acuerdo con que la población recrimine al gobierno, por su capacidad de cambiar las cosas, porque él es el que tiene el poder para regresar la paz, habrán muchas teorías entre los ciudadanos, muchas discrepancias, pero lo que exigen al gobierno es la paz.

    Cita Krauze a Sicilia donde dicen: «Los delincuentes también son víctimas», aquí le tomo la palabra a Krauze y creo que Sicilia si peca de ingenuo. Yo creo que los delincuentes fueron víctimas hasta que decidieron transformarse en delincuentes, pasaron de ser de víctimas a victimarios, las personas tienen la decisión de pasarse al otro bando. Pero Sicilia tiene mucha razón al decir que hay que analizar el tejido social y ver porque los niños crecieron y se volvieron así. Ahí está el punto neurálgico, lo que se tuvo que combatir primero para evitar el engrosamiento de personas a las filas del narco. Eso Calderón no lo tomó en cuenta y por eso los resultados están como están.

    Sicilia hace una correlación entre pobreza y crimen, Krauze nos dice que esta correlación está basada en la teología moral católica, que llega a atenuar la gravedad del crimen mediante la comprensión de sus causas y determinaciones. Hay una correlación entre pobreza y crimen, la cual dice Krauze que es falsa, que hay narcotraficantes con estudios (los cuales en realidad terminan importando poco cuando hay falta de oportunidades). Yo creo que aquí no les doy la razón ni a Sicilia ni a Krauze, la correlación correcta sería entre desigualdad y crimen. Un ejemplo es si comparamos a Cuba con Brasil. Cuba es pobre pero es igualitaria y sus índices de criminalidad son bajos, Brasil es un país más rico que Cuba pero es muy desigual y los índices de criminalidad son altos. Lo mismo sucede si comparamos a Estados Unidos (más desigual) con varios países europeos (menos desigual).

    Es cierto que no nos podemos esperar a tener altos índices de educación y riqueza (yo le agregaría una mejor distribución de la riqueza). El problema ya esta ahí y hay que tomar medidas correctivas, no se puede negociar con los cárteles ni rendirse ante el narcotráfico. Pero también se necesita un cambio de estrategia. Krauze sugirió algunos puntos como el lavado de dinero y la seguridad en las aduanas. Pero hay que implementar desde ya las medidas preventivas para que cuando se empiecen a debilitar los cárteles, exista la menos gente posible que pueda engrosar sus filas.

    Es cierto, todo el estado tiene el deber de ejercer en un marco de la legalidad, la violencia para proteger al pueblo. Pero esta debe de ir acompañada de otras medidas. En una guerra contra otro país bastará con usar la violencia, pero cuando el problema es interno, se debe paliar el origen de raiz que provoca dicho problema. Y creo que ahí Calderón se equivocó. Antes de utilizar los métodos violentos, debió utilizar los «no violentos» para debilitar al crimen. Utilizando los sistemas de inteligencia, rastreando lavado de dinero, reduciendo la corrupción en las instituciones, y comenzar a recomponer el tejido social, para que así cuando se utilicen los métodos violentos, el crimen organizado esté debilitado, pero Calderón hizo las cosas al revés y están las consecuencias. Ahora que quiere meter una reforma sobre el lavado de dinero, queda parada por intereses políticos, cuando antes del 2009 hubiera podido pasar.

    El combate al crimen ya no se puede postergar porque ya «se metió la pata» y ya salieron las cucarachas. Los errores de Calderón durante 5 años trajeron esta escalada de violencia, pero puede recomponer el barco. Claro, los resultados tardarán en llegar, pero no existe otra alternativa. Para generar más concenso el presidente debería de ganar legitimidad, recordemos que el 49% de la población cree que ganó las elecciones por medio de unas elecciones fraudulentas y si decidiera recontar todas las boletas (en caso de que si haya sido el ganador) ganaría más legitimidad por parte de la población. Pero creo que ya es demasiado tarde  sabiendo que solo falta un año para que deje el poder. Creo que lo que más puede hacer es enderezar el barco y replantear la estrategia lo más que pueda a su alcance, para que el siguiente mandatario siga con ella.

    Krauze ignora o no menciona otro punto. El fenómeno del narcotráfico se debe a que el consumidor es Estados Unidos, mientras ellos no reduzcan el consumo, el narcotráfico difícilmente dejará de existir. El problema es muy complejo, tan complejo que no solo se puede solucionar por medio de la violencia, se necesitan otros métodos y es importante empezarlos a usar ya.

    El concenso creo que existe, pero es necesario que el gobierno nos demuestre que va por el camino correcto para que esto se fortalezca. Y yo también pienso que la sociedad se unirá cada vez más en contra del narcotráfico. Las autoridades tienen la palabra.

     

  • Mujeres criminales

    En días pasados, el periódico The New York Times publicó una nota en donde destacaba la “feminización de la guerra contra las drogas”, haciendo referencia al fenómeno de victimización y criminalización de las mujeres en el narcotráfico en México. The New York Times hace referencia al incremento de 400 por ciento de mujeres encarceladas por delitos federales en México desde el año 2007 y da cuenta de una serie de relatos de mujeres criminales hoy encarceladas en un penal de Ciudad Juárez. Pero la nota, deja muchos cabos sueltos en términos de análisis y evidencias con respecto este fenómeno de feminización del crimen en México. Un estudio del Instituto Mexicano de las Mujeres publicado en 2009 indica que en los últimos 10 años, el número de mujeres en las cárceles aumentó 200 por ciento (cifra que contrasta con 400 por ciento de incremento que menciona el periódico norteamericano) y señala que en 1993 había en los 445 centros penitenciarios del país 230 mujeres encarceladas (4 por ciento de la población total de reos). Los cálculos oficiales estiman que al día de hoy, existen 469 mujeres presas que representan 14.14 por ciento de la población total de reos.

    En México, las mujeres representan 51 por ciento de la población nacional, 52 por ciento del padrón electoral y participan con 33 por ciento de la actividad económica nacional. Según los cálculos oficiales, en nuestro país, existen 4 millones de hogares que son dirigidos por Mujeres Jefas de Familia. Los análisis más recientes indican que durante la década de los noventa, explicar los motivos por los cuales una mujer se implicaba en el crimen tenían un fundamento basado en causas biologicistas y psicologistas, cosa que hoy no es suficiente dado que no existen estudios que nos hablen de los aspectos estructurales de este tema, mucho menos de las implicaciones sociales a largo plazo.

    Hay quienes dicen que las mujeres que se implican en el crimen organizado lo hacen por tener una relación de sumisión con quien las implica, por necesidad y porque al ser el sexo débil, terminan siendo engañadas para ser “mulas, ganchas y burreras” del crimen. Al hacer referencia a las causas actuales de la reclusión femenina, las mujeres hablan de la falta de oportunidades, de las pocas expectativas generales que les brinda la sociedad para salir delante de manera digna, a la vulnerabilidad de la que son objeto por el bajo poder adquisitivo que tienen y a la dependencia emocional que pueden tener con su pareja. Las mujeres presas, han mencionado que la crisis económica y de seguridad social que viven, es un motivo suficiente para “entrarle” al crimen con tal de satisfacer las necesidades de sus hijos. Ello demuestra que las causas no están sólo fundamentadas en la sumisión hacia el varón, sino sobre todo, en las pocas oportunidades que tienen.

    El gobierno federal, no muestra disposición a investigar, entender e incorporar estas causas y razones a una visión de largo plazo que pueda traducirse en políticas públicas diferentes que mejoren la realidad de estas mujeres; solo se dedica a promover, mediatizar y espectacularizar este fenómeno de feminización del crimen. Según El Universal, el gobierno calderonista gastó más de 3 millones y medio de pesos del erario en promover la captura de Sandra Ávila (La Reyna del Pacífico); cosa que demuestra que para el gobierno, la feminización del crimen es un tema de estereotipos, sensacionalismo y simplicidad. No hay duda de que la feminización del crimen es un fenómeno actual y en incremento, pero observarlo con simplicidad política, no aportará a combatirlo y reducirlo.

  • Guadalajara – La violencia recrudece ¿Qué hacer?.

    Ayer, lamentablemente en mi ciudad, ocurrió un gravísimo atentado en el Butter Club. Un bar que se encuentra cerca de la Minerva. 6 personas murieron y 37 personas resultaron lesionadas debido a disparos y lanzamientos de granadas de fragmentación. Dicen los medios que este atentado se debió a un pleito entre particulares. Entre las víctimas dicen, había un venezolano, un colombiano, y algunos otros foraneos que estaban implicados en este asunto.

    En la ocasión en que ocurrieron los narcobloqueos, escribí un artículo donde criticaba la forma en que el Gobierno Federal estaba efectuando la lucha contra el narcotráfico, y sigo con mi postura en pie. La guerra contra el narcotráfico, bien puede ser necesaria, pero está mal planteada desde raíz y estamos viendo las consecuencias de una guerra que lamentablemente se está perdiendo. Claro, sería fácil «hecharle toda la culpa a Felipe Calderón», también caeríamos en un error si creemos que toda la responsabilidad es de él. Estoy seguro de que sus intenciones son buenas (también hay algo de estrategia política y mediática en ellas, cabe decir), pero lo que se critica aquí es la metodología con la cual, la estrategia se lleva a cabo y creo que las cosas están saliendo mal.

    El problema va más a fondo, y el problema compete no solo al Gobierno Federal, sino al estatal, al municipal, y no solo a ellos, sino a nosotros como sociedad. Hay que ser sinceros, y es que estamos sufriendo una degradación como sociedad. Yo lo he visto. Me ha tocado ir a antros que están ubicados en «zonas bien» y cada vez es más común ver a malandrines y «jóvenes narcos» agarrarse a golpes; la ola del narco está invadiendo nuestro modus vivendi de una forma exponencial. ¿Donde está el problema?. Es cierto, existe falta de oportunidades de empleo y una calidad de educación precaria que está causando que cada vez más jóvenes engrosen las filas del narco, pero también tiene que ver con cuestion de valores morales.

    El mundo en el que estamos inmersos es un mundo materialista donde valga la redundancia, los valores materiales son más importantes que otro tipo de valores. Es un problema que viene desde las familias, donde no se logra inculcar una escala de valores sólida y firme a los hijos, porque dichas familias están fragmentadas. La sociedad mexicana es una sociedad aspiracional que siempre pretende aparentar tener más de lo que tiene, como si el dinero y las posesiones materiales fueran lo único importante en la vida. En el mundo del «narco», esa aspiración materialista se acentúa. Normalmente sin tener buen gusto para hacerlo, presumen su coche de lujo del año, joyas, armas de alto calibre, residencias, megapantallas de alta definición y otros artefactos. También como si de una empresa se tratara, escalar posiciones dentro de un cartel o una banda de delincuentes es un incentivo para los jóvenes que poco a poco se van convirtiendo en criminales.

    También es cierto, los narcotraficantes no solo reclutan adeptos en los sectores más empobrecidos de la sociedad, también lo hacen en las clases medias. Los jóvenes ven oportunidades en el empleo formal por $6,000 o $7,000 pesos, mientras que los cárteles les ofrecen el doble, posibilidades de crecimiento, y lo que generalmente no pueden ofrecer las empresas, necesidad de pertenencia y sensación de poder. Los valores como el materialismo, el reconocimiento, el poder y la ambición sobresalen sobre los demás son indispensables en los candidatos a engrosar las filas del narco.

    Si queremos solucionar el problema de la violencia y el narcotráfico, tenemos que replantearnos como sociedad. En nosotros está acabar con esos caldos de cultivo que está haciendo crecer el problema. Las autoridades temen que las redes de criminales penetren en el gobierno, pero ya lo han hecho con la sociedad. Y la guerra por medio de la violencia no solucionará nada si antes no se acaba con el problema de origen.