Etiqueta: Credibilidad

  • ¿Por qué nos volvemos más violentos?

    ¿Por qué nos volvemos más violentos?

    Les cuento, en Guadalajara se llevó a cabo un operativo «antipiratería», específicamente en el Mercado San Juan de Dios. Ciertamente en este tianguis, el más popular de la capital de Jalisco, se venden muchos productos pirata e incluso algunos otros de dudosa procedencia. Así se entiende que se haga este tipo de operativos, los cuales son rutinarios, pero ahora las cosas se salieron de control, y ésta ciudad no tan acostumbrada como el Distrito Federal a las manifestaciones, y mucho menos a las violentas, vivió una tarde de saqueos a tiendas de conveniencia y autos quemados. ¿Qué es lo que está pasando?

    ¿Por qué nos volvemos más violentos?

    Se me vienen a la mente varias cosas:

    ¿Por qué quienes critican al Gobierno y a los que tachan de rateros pueden ir a saquear tiendas? ¿Los ciudadanos no deberían marcar una diferencia frente al gobierno en vez de comportarse como ellos o como lo que dicen ser? ¿No deberíamos ser coherentes entre lo que pensamos y lo que decimos? ¿Cómo acabar con este círculo vicioso? Si no existe un Estado de Derecho decente, como es el caso de nuestro país, la gente se brincará a las instituciones asumiendo que no trabajan para ellos sino para unos cuantos. Pero este caso va más lejos. ¿Qué culpa tiene una tienda de conveniencia de la forma en que el gobierno los trata? Al final se trata de un acto irracional donde los individuos repiten esos patrones que tanto les achacan al gobierno, las «víctimas» no tienen empacho en romper un vidrio para llevarse cartones de cerveza para disfrutar en la comodidad de su hogar.

    Pero por otro lado tenemos a un gobierno donde estas escaladas de violencia han aumentado. Independientemente de si los violentos lo son como una respuesta ante las injusticias, o porque no tienen algún problema en robar y atentar contra bienes ajenos, hay una tensión social cada vez mayor que se ha ido acrecentando desde la llegada del PRI al poder. ¿Por qué antes un operativo no llegaba a estos niveles y ahora sí? ¿Por qué hay estudiantes asesinados? ¿Por qué se destruye violentamente el Palacio de Gobierno en Chilpancingo? ¿Por qué el ejército mata a quemarropa a presuntos delincuentes como en Tatlaya?

    Cuando en un gobierno reina la impunidad, la falta de credibilidad y el cinismo, estos lamentables hechos se acrecientan. Cuando un gobierno ha perdido contacto con la ciudadanía, el ambiente se torna ríspido, lo cual incita a la violencia. Y cuando la «desinstitucionalidad» se vuelve un cáncer social, todos esos patrones deleznables se multiplican tanto en los gobernantes como en los gobernados. ¡Alguien tiene que romper éste círculo vicioso! Y el ciudadano molesto e indignado debería empezar por él.

    En estos momentos de incertidumbre es cuando la falta de legitimidad pesa, cuando un gobierno no tiene la aprobación de la gente y estos últimos lo perciben como lejano e incluso espurio, los gobernantes tienen menor margen de acción para tomar decisiones necesarias. Un gobierno con una gran dosis de legitimidad podría tomar decisiones no muy populares, pero un gobierno con tan poca legitimidad, tiene que pensársela dos veces antes de actuar por el capital político restante que todavía podría perder. Por eso vemos a un gobierno que en momentos, no toma cartas en el asunto, y en otros, se le pasa la mano.

    Vivimos momentos difíciles, donde la época de los «sesenta mil muertos de Calderón» parecía cosa menor ante lo que vivimos. Porque antes era el narco, ahora es el gobierno y parte de la ciudadanía en respuesta. El clima es cada vez más tenso y a nivel federal son muy comunes decisiones orientadas a ganar o preservar capital político en vez de servir y la gente se da cuenta de ello. Los gobernantes no se han dado cuenta que la política de la simulación ya no es tan rentable y se les está saliendo de las manos, al tiempo que un sector de la sociedad más que fungir como contrapeso, termina agravando el problema.

  • México me duele mucho

    México me duele mucho

    Tuve la oportunidad de ir al foro de la EGAP en el ITESM Guadalajara, donde asistieron Francis Fukuyama, Alejandro Poiré, Óscar Naranjo, el ex Presidente de Colombia Alvaro Uribe, además de varios panelistas que debatieron. El foro fue un éxito, pero me dejó mal sabor de boca mi país, salí del aula magna con una sensación agridulce porque ya sea por los comentarios explícitos o tácitos de los ponentes, o por un ejercicio de comparación.

    México me duele mucho

    Primero, entre los participantes, ya sea por su nacionalidad o por prudencia, evadieron el tema de la reforma hacendaria. Los panelistas que conformaron el debate hablaban de que es lo que tenía que hacer México para hacer crecer su economía, disminuir la desigualdad, fortalecer el mercado interno. Cuando se les preguntó sobre el tema de la reforma hacendaria poco hablaron de ello, pero en estas propuestas de crecimiento, sugirieron una regresión. Es natural, la reforma hacendaria es una rara mezcla de propuestas que no llevan a nada, que tiene sentido social (implica quedar con el PRD) pero los mecanismos para obtener (supuestamente) dicho sentido social, son erróneos, preocupantes, y son más bien antisociales. No es una reforma neoliberal, algunos dirían que es más bien keynesiana. Pero de verdad que si John Maynard Keynes viera esto…

    El General colombiano Óscar Naranjo (quien diseñó la estrategia para liquidar al famoso narcotraficante Pablo Escobar) fue traído por el gobierno de Enrique Peña Nieto como asesor. Cuando se le preguntó lo que se le sugirió al mandatario en tema de seguridad, se mostró muy evasivo. Cuando se le preguntó sobre el futuro de la situación de seguridad afirmó que en un futuro podía ser mejor, pero ni siquiera mencionó la estrategia seguida por Peña Nieto, sino el hecho de que la ciudadanía se ha mostrado cada vez más participativa en el tema de la seguridad. A pesar de que fue contratado precisamente por parte de Peña Nieto, no hubo si quiera una palmada a favor del Presidente oriundo de Atlacomulco.

    Óscar Naranjo comentó que para tener una estrategia de seguridad exitosa, es necesario generar una confianza en las instituciones, cosa que refrendó el ex Presidente Álvaro Uribe. Los resultados en Colombia fueron muy buenos, en México parecen no tener éxito sus sugerencias, y no sólo eso, sino que dudo que le hayan hecho «mucho caso» en una estrategia de seguridad que no tiene ni pies ni cabeza. Y hago hincapié en el tema de las instituciones, porque lo que ha pasado con Peña Nieto y lo que representa, es una desconfianza cada vez mayor en ellas, y más al mando con una persona que no tiene la capacidad de ser un líder. Estamos en un lío.

    Al final viene el ex Presidente de Colombia, Álvaro Uribe, al que tuve la oportunidad de saludar, y quien dio una muy buena conferencia. Se puede estar, o no estar de acuerdo con él, en su ideología política, en sus métodos. Pero me queda claro que es un estadista lo suficientemente reconocido para ser invitado a dar conferencias. Una persona con estrategias, con ideas, que sabe lo que hace, que denota preparación. Sentí algo de recelo al hacer el ejercicio de comparación con nuestro Presidente: Peña Nieto no tiene ideas, y su capacidad intelectual no le da para dar una conferencia sin ayuda de un apuntador o un guión. Peña Nieto no se podría llevar (ni en México ni en ningún lado) los aplausos que recibió Álvaro Uribe por parte de los estudiantes. Álvaro Uribe decidió no recibir a Ingrid Betancourt cuando fue liberada, para que de esta forma, las fuerzas armadas se quedaran con el crédito del rescate. Álvaro Uribe nunca hizo promesas irrealizables en campaña, fue sincero cuando comentó que tal o cual cosa no podía hacer. Peña Nieto firmó cualquier compromiso ante notario que no se ha cumplido, ni se cumplirá. Álvaro Uribe es autónomo, el responde por sus decisiones. Peña Nieto es un títere.

    Horas después, me entero que la Selección Mexicana «se salvó» a dos minutos de ser eliminada, gracias a un gol, sí, de Estados Unidos, de ese equipo tan odiado por quienes malentienden el concepto de nacionalismo. Cosa que termina siendo una derrota, debido a que lo sano, no sólo para nuestro futbol, sino para el país y la sociedad, era la eliminación de la justa, que sirviera para reflexionar y para ocuparse de temas más relevantes y que afectan más la vida de todos los mexicanos, como puede ser la situación política y las reformas.

    ¿Qué estamos haciendo como mexicanos para llegar a este estado de descomposición, donde se ha perdido toda la confianza en las instituciones, se le ha perdido todo el respeto a quien debería ser el líder de esta nación, donde la inseguridad crece, las diferencias también? ¿Qué tenemos que hacer para salir adelante? ¿Cómo podemos recuperar la confianza en el país? Son preguntas difíciles de contestar, pero a las cuales deberemos encontrar respuesta. Y lo único seguro de dichas respuestas, tiene que ver con el que los ciudadanos tendremos alguna responsabilidad en ellas, tendremos tareas que realizar. Parte de esta descomposición tiene que ver con la idiosincrasia de este país, con una mentalidad colectiva que debemos de cambiar urgentemente.

    No es pesimismo, sino que hay que partir del punto donde estamos, y ello es muy doloroso.

    Escrito para México desde México

     

  • ¿Por qué no le creo a Peña Nieto?

    ¿Por qué no le creo a Peña Nieto?

    Le decía a un amigo mío que da terapia familiar, -Cuando critican a Peña Nieto en las redes sociales, no es que lo critiquen a él, sino a lo que representa. Me responde, -No, es él, es él, míralo, míralo.

    ¿Por qué no le creo a Peña Nieto?

    Para decir cosas, uno debe tener autoridad moral con el fin de que «esas cosas» tengan credibilidad. Después de detener a Elba Esther Gordillo (me causa gozo verla detrás de las rejas, pero eso no legitima, en mi percepción, al gobierno, por obvias razones), Enrique Peña Nieto sale en cadena nacional para decir que nadie puede estar encima de la ley. ¿Tu pondrías confianza en alguien que te grita, imbécil o pendejo, constantemente? A mí, y a muchos ciudadanos con sus acciones nos han dicho eso, imbéciles, pendejos (y los memes en las redes sociales se entienden como una respuesta a esos insultos) ¿Debo creerles después de que me hayan insultado?

    No le creo a Peña Nieto. El que haya metido a la cárcel a Elba Esther Gordillo (movimiento político al fin) no anula el hecho de que compraron votos y usaron la voluntad de la gente, que con la Cruzada contra el Hambre quieren agrandar su clientela electoral (se aplicará en los municipios donde  habrá elecciones) cancelando la posibilidad a los pobres de salir adelante generando, y ampliando una relación de dependencia entre individuo y gobierno, no anula el uso de instituciones como el IFE y las amenazas para absorber al IFAI, no anula el hecho de que amarran contratos con empresas que ya habían defraudado a Pemex. Y nos dicen que nadie puede estar encima de la ley, con la excepción de ellos mismos.

    Tengo una bizarra admiración del oficio del gobierno actual, de la inteligencia tricolor que paradójicamente contrasta con la limitación intelectual del Presidente. Firman un Pacto por México, acaban con Elba Esther Gordillo (otrora amiga de ellos y creada por ellos). Se comprometieron a firmar una reforma educativa, que al final es pequeña, que prácticamente solo toca cierta profesionalización de los maestros, ¿avance? Sí, pero faltó mucho más, y es lo suficientemente insuficiente para romper las estructuras corporativas, la caída de Gordillo no garantiza nada, sino hay un cambio estructural llegará otro, o el gobierno utilizará el magisterio como botín político . Con Enrique Peña Nieto habrá apertura de medios, sí, con él, paradójicamente entrarán nuevos competidores al área que solo pertenecía al duopolio ¿Pero qué creen? Esa decisión fue tomada antes de la llegada de Peña Nieto, El dúopolio cedió a las peticiones de la Cofetel a cambio de poder incursionar en el terreno de las telecomunicaciones, que a largo plazo es un jugoso negocio en contraposición de la TV abierta cuya influencia será cada vez menor, es una decisión empresarial, no democrática. Pero los priístas lo venderán como sus logros, buscarán callar críticos con verdades… a medias, por eso mi admiración.

    La integridad es importante para mí, y no soy mocho, no soy persignado. Pero los principios de las personas hablan de como serán en el poder. No puedo esperar a una persona íntegra en aquel individuo que procreó varios hijos con diferentes parejas durante su matrimonio (aclaro, que sí, uno se puede equivocar, pero uno espera que esa persona enmiende sus errores y Peña está lejos de eso) y que no sepa decir frente a las cámaras de qué murió su esposa (en Estados Unidos, país más liberal que el nuestro, sería hombre muerto). No puedo esperar nada de una persona que no tiene principios ni creencias, que no los ha mostrado en lo absoluto. Incluso han existido dictadores autoritarios que dentro de toda su estructura intolerante, dejaban ver una escala de principios. Peña no los tiene, no es nada, es un pobre hombre,  y pareciera que no es consciente de ello, o bien, que se siente orgulloso de ello.

    ¿Podrán aplicar políticas que ayuden al país? Puede ser, no estoy cerrado a que algunas de sus políticas produzcan un beneficio a la nación. Pero el fin último parece ser, es el poder. Todos los políticos buscan poder, pero los políticos con principios, en esa búsqueda, se molestan en hacer algo por su nación, Peña Nieto no los tiene y eso es lo más preocupante.

    No puedo esperar un nuevo PRI cuyos integrantes están íntimamente relacionados con el gobierno de Salinas, ese que hizo que parientes y conocidos míos perdieran su patrimonio por medio de una crisis debida en gran medida a la corrupción. Se podría dar el beneficio de la duda si nos hubieran pedido perdón, no lo hicieron, más bien se rieron de nosotros. Si permitieron que eso ocurriera es porque sus intereses fueron antepuestos al desarrollo del país, entonces ahora puedo esperar que vuelvan a anteponer sus intereses. El PRI es el mismo, autoritario, jerárquico, corrupto, eficaz (hay que ser sinceros, y logran ser más eficaces que la oposición, sea para bien o para mal), de lealtades marcadas (más notorias que en cualquier otro partido) antidemocrático.

    Soy una persona imperfecta, y he cometido errores como cualquier ser humano, pero los he reconocido y trato de no cometerlos de nuevo, pero me creo una persona honesta, que se conduce en su vida rectamente. No soy una persona casada con algún partido político, en 2006 voté por Felipe Calderón, en 2009 anulé, en 2012 voté por López Obrador, incluso voté por un priísta en mi municipio, más por la persona que por su partido (no me arrepiento de ninguna de mis decisiones aunque haya cosas que no me gustan de ellos, y si me equivoco me viene valiendo un reverendo cacahuate). Pero sí estoy convencido de lo que no quiero. Y si un político que se acerque a lo que creo que se debe tener, sería alguien con dotes de estadista, con creencias puras, con un deseo por contribuir, con antecedentes decentes, que muestre confianza, que la gente le tenga respeto (ojo, respeto, no miedo). Entonces llegamos a la conclusión de que la antítesis directa de mi político modelo es Enrique Peña Nieto, ese pobre hombre, ese pobre político que desafía la máxima de Hank González. Peña Nieto es un pobre político, pero no es, un político pobre, bueno, en el aspecto material.

    El cambio verdadero posiblemente no está en López Obrador, ni tal vez Josefina haya sido tan diferente. Pero al menos estos dos, asumiendo yo que no son los políticos que necesita México de lejos, tenían decencia. Tenían ideas (qué podemos estar o no de acuerdo con ellas), había algo de creencias dentro de ellos dos. Con Peña no.

    No tengo de ninguna forma el placer de desear mal a Peña Nieto, incluso desearía que me callara con el ejemplo. Desearía que Peña Nieto fuera otra cosa. Más bien es molestia, coraje, porque deseo ver a mi país salir adelante y lo veo en un círculo vicioso. Porque de verdad, somos una nación que tiene la capacidad de ser un país desarrollado, y no tanto por los recursos naturales, sino por su gente, pero seguimos estancados. Yo me puedo comprometer a poner mi grano de arena para hacer de México un país mejor.

    Por cierto, no pueden venir a decirnos que «el cambio está en uno mismo» porque para predicar con el ejemplo, deberían cambiar ellos mismos.

  • Peña Nieto se desinfla

    Peña Nieto se desinfla

    Cuando arribas a la presidencia acarreando una crisis de legitimidad, es importante asestar un golpe mediático para ganar ya no legitimidad, sino credibilidad. La estrategia no solo debe de existir, sino que se tiene que hacer bien para lo cual deben tomarse en cuenta todas las variables.

    Peña Nieto se desinfla

    Peña Nieto había empezado bien, muy bien. Me atrevo a decir que desde por ahí de septiembre (ya con la elección validada) hasta el primer mes de su gobierno, tanto él como su equipo lograron ser prudentes y las inconformidades solo salieron a flote cuando tomó posesión (que era bastante natural que ocurriera). A Peña lo guardaron, lo entrenaron muy posiblemente como tuvieron que hacer con Sarah Palin en los Estados Unidos. Como comenté una vez, Peña Nieto es una persona muy disciplinada y gracias a eso logró dar un buen discurso de toma de protesta que por algún momento redujo sus negativos.

    La estrategia inicial fue muy buena. Se firmó el «Pacto por México» el cual tuvo un muy buen efecto mediático, y posiblemente serviría para contener a la oposición (recordemos que el PRI es un partido con mucho oficio, al punto que deja ver como ingenuos a los opositores). Se hizo todo un espectáculo en torno a la firma de ese pacto, fotografías en el Castillo de Chapultepec y demás. Algunos, a pesar de que sabíamos que esto tenía que ver con un golpe de legitimidad, lo vimos bueno porque pensamos que su gobierno iba a ceder a cambio de ganar credibilidad y de alguna manera podríamos ver avances.

    A partir del incidente del IFAI, creo que esta estrategia se ha comenzado a desplomar y tendrían que empezar desde el principio en el mejor de los casos. El no saber las siglas de este instituto (que a fin de cuentas es lo que menos debía de preocupar si se toman en cuenta las demás cosas) creó la percepción de que les importaba un comino la transparencia. El gobierno de Peña en una conferencia sobre transparencia se terminó viendo más opaco, porque censuraron sin éxito la mayor cantidad posible de videos de Youtube exhibiendo al Presidente (los usuarios se vieron más rápido). No solo terminó viéndose Peña como tonto a juicio de los espectadores, sino como tonto y censor. Pésima fue la decisión de declarar su patrimonio sin declarar su valor y de donde provenían los dineros. Peña declaró bienes que no alcanzan a adquirirse con el sueldo de un servidor público por más alto sea su rango. Aseveró que varios de sus terrenos eran donaciones, lo cual más que ayudar, terminó preocupando a muchos, y tuvo suerte de que, como decía Silva Herzog, los medios no le dieran la importancia que merecía ese hecho.

    El asunto de Florence Cassez parecía no afectar mucho a su imagen (empezando porque los principales responsables eran Genaro García Luna, la AFI y las televisoras), pero el tema de Monex terminó por echar abajo ese buen inicio que había tenido. Se comenzó a afirmar en redes que lo de Cassez era una cortina de humo (aseveración que incluso fue usada por panistas como el propio Madero) para desviar la atención del asunto de Monex. Los presidentes del PAN y PRD hicieron declaraciones que pusieron al gobierno en un asunto delicado, afirmaron que el PRI estaba cooptando al IFE y al IFAI, lo cual podría significar una regresión para la vida democrática.

    El tema no paró ahí. El IFE decide sancionar solamente a López Obrador por el rebase de los topes de campaña, lo cual fue tan inverosímil que no solo los perredistas y afines a AMLO gritaron, también lo hicieron los panistas y una gran parte de la población que no simpatiza con AMLO. Toda la oposición (PAN, PRD, PT, Morena etc.) puso en entredicho duramente al IFE, incluso hubo amagos para no seguir con el Pacto por México. Esa credibilidad que ganaba Peña Nieto en el primer mes, la volvía a perder en cuestión de una semana. A pesar de la complicidad de algunos medios con el oficialismo, en muchos mexicanos quedó el mensaje del «regreso del PRI hegemónico».

    Es cuestión de que ocurra un incidente, por más pequeño que sea, para que un sector de la población critique y se mofe del Presidente en redes sociales (como nunca antes se había visto en la historia del país). La credibilidad de Peña y su gobierno es tan baja en las clases medias, que dentro de nuestro afán de crear teorías de la conspiración (que en este caso no comparto) algunos ya culpaban a Peña Nieto de perpetrar un supuesto atentado en Pemex, bajo la premisa de -El PRI en la historia ha hecho esas cosas, entonces fue el PRI-.

    En lo particular, creo que los priístas tienen un reto mayúsculo. Veo difícil que la gente en un corto o mediano plazo cambie el concepto que tienen de Peña Nieto. Lo malo para ellos es que varias de las estrategias mediáticas ya son usadas y ya son conocidas, la cosa se agrava cuando el gobierno actual parece no entender bien la dinámica social actual, especialmente en una juventud usuaria de redes sociales. Porque no solo las realidades que se quieren ocultar se viralizan en las redes sociales, sino porque algunas veces se llegan a exagerar y a gente las toma como buenas. Pareciera que metieron todo el fuego al asador este primer mes y no funcionó. ¿Qué estrategia tendrán que usar ahora para recuperar credibilidad? Creo yo que estos primeros meses o años inclusive van a ser difíciles y van a tener que tratar el asunto con pinzas. Las virtudes del Peña Nieto en campaña se convierten en defectos, y parece que si bien sirvió mucho como candidato tal vez no funcione muy bien como Presidente. Porque no sé si el país pueda soportar un nivel de tensión y desprecio como el que se sintió esta semana. Van a tener que hacer algo, y para mí la solución es fácil si el objetivo es mejorar su imagen, y esa es, ponerse a gobernar bien, en un marco democrático y respetando las instituciones. El problema es que parece que ese no es el último fin y esta estrategia no serviría para el fin real.

  • La caída de las televisoras

    La caída de las televisoras

    La caída de las televisoras

    Todos sabemos que las olimpiadas y los mundiales son de los eventos donde las carteras de las televisoras se abren para recibir un buen fajo de billetes por parte de los anunciantes. Y es que las televisoras tienen que invertir primero en la compra de los derechos (que cuesta un ojo de la cara) y también deben invertir en la cuestión de logística, tecnología, instalar un set en el centro de comunicación (o como se llame) en la sede del evento. Por eso es que las cosas deben de salir bien, deben de llenar todo lo que puedan de publicidad. Engañar a la gente con la existencia de espectaculares de Marinela en las zonas más importantes de Londres (que a toda luces se nota el uso de computadoras para hacer eso). Necesitan sacar todo el provecho, porque para ellos no existe eso del espíritu olímpico, existe el billete.

    Parece que esta vez no será así, y este fracaso televisivo en el rating, podría ser un síntoma de la caída de las televisoras. Por un ejemplo, Televisa esperaba a 20 millones de personas viendo la inauguración de los Juegos Olímpicos en su señal, pues resulta que fueron 12 millones nada más (casi la mitad); y los programas que se encargan de recopilar los mejores momentos de las olimpiadas como La Jugada Olímpica de Televisa y Pasión Olímpica de TV Azteca (vean la gran creatividad para nombrar a sus programas) tuvieron un rating de 6.6 y 2.8 puntos respectivamente. Por ejemplo, ¿Se acuerdan de la polémica del primer debate presidencial que no sería transmitido por los canales principales?, el debate tuvo un rating de 10.4, el partido de futbol que lo opacaría tuvo 9 y el programa Pequeños Gigantes 17 puntos. Como verán, pues el rating de estos programas olímpicos, no tuvieron nada. Esta es una caída estrepitosa ¿Y por qué es?

    Las televisoras están pagando sus errores. Una de las causas a mi gusto es cada vez el más bajo análisis dentro de estos programas deportivos, los contenidos son un insulto para aquellos televidentes que quieren seguir los juegos, por ejemplo, en TV Azteca algunos conductores de estos programas, ni siquiera son conductores de deportes. Si comparo los clásicos programas de «Los Protagonistas» de José Ramón Fernández con estas cosas, pues la verdad mejor paso sin ver. El argumento de quienes dieron la noticia donde afirman que los televidentes prefirieron ver la televisión de paga si aplica, pero solo en parte. Además no solo fue la señal de paga, sino también Terra que transmite los juegos por Internet (con ciertas fallas en el streaming, pero que resulta mucho más cómodo para aquellas personas que tienen que trabajar). Las televisoras siguen empecinadas en mostrar contenido cada vez más pobre, y es que la sociedad más informada se va alejando más de ellos, y su mercado se reduce a los sectores más desinformados (que conforme estos se vayan informando y teniendo a la mano más opciones, los irán dejando). No es causalidad que Roberto Gómez Junco, a mi parecer uno de los pocos (o el único) que vertía comentarios interesantes decidió presentarle a Televisa su renuncia en medio de los Juegos Olímpicos.

    Creo que esta no es la única razón. Seguramente todo el proceso electoral empañó (con justa razón) la imagen de las televisoras, sobre todo de Televisa, quien ya había hablado de ciertas pérdidas económicas. La imagen de estas empresas seguramente se mermó, más si las cifras del ex canciller Jorge Castañeda donde afirma que el 50% de los mexicanos cuestiona la legitimidad de las elecciones son ciertas (cifras conservadoras a mi parecer). Las manifestaciones, el #YoSoy132, el aberrante sesgo de programas como Tercer Grado que tenía niveles importantes de rating, ya sea porque muchos televidentes lo sintonizaban para burlarse de los «periodistas» o apreciar su cinismo, o bien, ver como se acababan a los candidatos de la oposición (AMLO y Josefina); y muchas otras razones perjudicaron la imagen de esta empresa. Faltaría ver como afecta este «quemón» al Teletón por un ejemplo, campaña directamente relacionada con televisa por el inconsciente colectivo mexicano.

    Lo cierto es que el manejo de la información poco a poco cambia. Cada vez menos gente se postra ante un televisor para que le den toda la información peladita y en la boca: Ahora la gente poco a poco se va acostumbrando a buscar información por sí misma, y en el caso de las olimpiadas algunos sintonizan las televisoras para ver algunos juegos, pero nada más, no esperan que los conductores les digan «todo lo que pasó». Este modelo televisivo poco a poco dejará de ser negocio, y la situación es que por razones que ya conocemos, preferirían en degradar sus contenidos para enfocarse en el sector con menos preparación, que mejorarlos para satisfacer las necesidades de una sociedad más preparada.