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  • Ya no cabemos en el planeta, y tú sigues….

    Ya no cabemos en el planeta, y tú sigues….

    Rosario Robles dijo que los que tengan más de 3 hijos no podrían ser beneficiaros del Programa Oportunidades, su razonamiento es tonto, y es que según ella, la gente tenía más hijos para obtener más beneficios, como si se tratara de parir con el único fin de obtener un beneficio económico. Pero entre lo absurda de su premisa, me viene una cosa a la mente ¡Carajo, ya no cabemos en el planeta!

    Ya no cabemos en el planeta, y tú sigues...

    El Premio Nobel Mexicano Mario Molina, a quien tuve oportunidad de ver, es un férreo defensor del cambio climático y asegura que los estadounidenses miembros del Partido Republicano ignoran todas las evidencias científicas para descalificar la teoría del calentamiento global. En realidad no sé hasta que punto es provocado por el hombre y hasta que punto es parte de un ciclo natural del planeta tierra. Lo cierto es que nuestro entorno está resintiendo ya nuestro consumo como humanos, y lo primero que deberíamos pensar es en reducir el número de personas que vienen a la tierra.

    No es casualidad que entre nuestros abuelos se hablen de familias de ocho a diez hijos, entre los padres de tres a cuatro en promedio y ahora de hable de uno o dos. La realidad es que es cada vez más difícil mantener a varios hijos, y esto posiblemente tiene que ver con los recursos naturales disponibles. No quiero pensar el desastre que hubiéramos ocasionado en nuestra civilización si siguiéramos pareando al ritmo de los abuelos. Por eso alguna vez dije que las personas «solteronas» podrían ser deseables desde un punto de vista evolutivo.

    Otro inconveniente del exceso de la población, es que en la mayoría de los casos está relacionada con una mala distribución de la riqueza. En el ser humano siempre habrá cierta tendencia a que las élites o unos pocos acumulen la mayoría de la fortuna. Son pocos los países súperpoblados que tienen una clase media sólida. De los 20 países más poblados, sólo Estados Unidos, Japón y Alemania pueden presumir de una clase media extendida. En muchos casos se tratan de economías extractivas y poco igualitarias donde unos pocos disfrutan lo que muchos hacen.

    ¿Sería bueno abordar el problema mediante políticas maltusianas? ¿Debería haber control natal? Hace algún tiempo, las relaciones sexuales fuera del matrimonio o dentro del matrimonio sin el fin de procrear (mediante el uso de anticonceptivos) estaba socialmente prohibido. Pero también es cierto que en ese entonces, las parejas tenían muchos hijos, lo cual nos dice que su actividad sexual no era limitada como sería con los mismos paradigmas dentro del contexto actual. A pesar del problema, el apetito sexual en el hombre es el mismo. ¿Qué quiere decir? Que tal vez habría pensar en buscar formas en que la gente pueda estar satisfecha sin que esto implique traer nuevos hijos.

    Prácticamente todos los países con una mayor tasa de crecimiento demográfico son pobres. La nación desarrollada con una mayor tasa de crecimiento demográfico es Israel y se encuentra en la posición 83 y le sigue Australia en la posición 89. Una gran población puede ser un arma para líderes autocráticos como China (que debido a sus políticas internas, una familia no puede tener más de un hijo), pero de ninguna manera lo es para países democráticos y con un alto nivel de vida. ¿Cuál es la diferencia? Que debido a la ignorancia y la falta de recursos, los habitantes de los países subdesarrollados traen hijos al mundo a la hora de satisfacer sus necesidades sexuales y los de los países desarrollados sólo lo hacen cuando realmente desean tener hijos. Los miembros de los países desarrollados son más conscientes de la labor que implica criar a un hijo.

    Cierto es que los habitantes de los países desarrollados consumen bastante más, por eso es deseable que los matrimonios tengan pocos hijos. Pero a fin de cuentas los individuos con escasos recursos económicos deben de consumir agua y comida para subsistir. Además dichas naciones pobres no tienen la capacidad para otorgarles un nivel de vida digno a los nuevos habitantes, sobre todo cuando son más.

    Se puede pensar en muchas alternativas, pero no se puede negar la realidad donde somos demasiados ya en este planeta y debemos aplicar políticas y medidas antes de que sea tarde.

  • Del día del niño

    ¿Cuando fué que perdimos nuestra inocencia y nos volvimos unos amargados adultos? ¿Cuando dejamos de ver la vida como un juego y la empezamos a tomar tan en serio que dejamos de disfrutarla? ¿Cuando fué que dejamos de disfrutar los días y nos empezamos a fijar más en el pasado y en el futuro?. Esas son algunas de las preguntas que nos tendríamos que hacer los adultos de hoy. En mis pasadas vacaciones lo viví al ver a mi sobrino de 4 años disfrutar su estancia en la playa sin ninguna preocupación por lo que fuera a pasar, sin ningún trauma, sin ningún nada; era un niño con una mente totalmente sana, sin ninguna atadura o condicionamiento que produjera en el niveles de ansiedad o depresión como lo llega a causar en los adultos.

    Muchos me dirán que los niños no son libres, y no lo son, precisamente porque necesitan de nosotros los adultos para sobrevivir, pero me pongo a pensar ¿acaso nosotros los adultos si lo somos, cuando estamos expuestos a ataduras y a condicionamientos sociales que nos dicen que debemos de hacer y como debemos de hacerlo, ataduras que determinan nuestra posición socioeconómica y condicionan nuestro valor a ellas?, yo creo que ellos son más libres que nosotros, porque a pesar de todas sus limitaciones y su necesidad de mantenimiento, pueden gozar el día a día sin límites, sin prejuicios, sin condicionamientos más los que los que los adultos le imponen.

    Y precisamente ahi es donde muchas veces los adultos se equivocan, porque nosotros a veces queremos imponerles nuestra cruda y amarga realidad a ellos, queremos que sufran lo que nosotros hemos sufrido porque tienen que «prepararse para la vida del adulto», pero yo creo que estamos equivocados. Deberíamos dejarlos vivir su etapa, y creo que de esta forma podrían llegar más saneados a la etapa de la adultez, con menos limitaciones, rencores, angustias, amarguras.

    Es curioso, el niño siempre juega a ser adulto y aparenta ser como él. Muchos de los juguetes que tienen son simulaciones de las herramientas que nosotros utilizamos como adultos. Pero lo que muchas veces no saben es que esas herramientas los adultos en realidad las utilizamos como una carga, déjenme explicarles: Al niño le gusta jugar a que es un empleado, tiene su computadora de juguete, su calculadora, su pluma y su cuaderno. Pero al adulto tomar ese papel le causa una carga tan es así que la quisiera dejar y preferiría volver a ser niño. Preferiría volver a vivir su infancia, donde no tenía compromisos con nadie, donde no le debía nada a nadie, donde todavía no se daba cuenta de lo cruel que era el mundo, donde todavía no se daba cuenta que el mundo es una selva donde solo sobrevive el más fuerte.

    Por eso ser niño es algo especial, para muchos es la mejor época de sus vidas y lo recuerdan como lo mejor que les pudo haber pasado. En las conversaciones en la mesa, todo mundo siempre recuerda aquellos momentos de la infancia, aquellas bromas, aquellos juegos, aquellas burlas inocentes, aquellos sueños, aquellos anhelos que con el paso del tiempo se han difuminado porque así lo hemos querido los adultos. Ahora solo nos preocupa el futuro, lo que hemos hecho en el pasado, el que dirán, nuestra posición social, nuestros logros, y si no cumplimos con nuestras exageradas expectativas, corremos el riesgo de sumirnos en el desaliento o ya sea en una depresión continua por estarnos achacando el no haber cumplido nuestras metas. Pero somos incapaces de vivir el día a día, no lo disfrutamos ya. ¿Que ha pasado con el niño interior que teníamos dentro?. Muchos creen que lo han perdido, pero ahí sigue latiendo reprimido muy en el fondo de ellos.