El día de hoy en que estoy escribiendo este artículo, se está llevando la reunión mundial del G-20 en Cannes, Francia (donde se reunen los 20 países más poderosos, en los cuales está incluído México). Ahí se toman muchas decisiones en cuanto a la situación económica que prevalece en el mundo y otos diversos puntos que afectan directamente a la sociedad. Lo que me llama la atención y no solo eso, me provoca indignación, es que esta reunión, está patrocinada por bancos y corporaciones privadas, si, esas que pidieron rescates millonarios a los gobiernos, y si, esas que forman parte del 1% más rico del mundo.
Lejos de buscar criticar alguna tesis neoliberal o de libre mercado, aquí ya estamos viendo otra cosa, es una especie de corporativismo mundial, que más que fomentar la libre competencia, con esta cooptación por parte de las entidades privadas a los gobiernos, la disminuyen y hacen crecer la brecha entre ricos y pobres. Hay muchas teorías de la conspiración respecto a este tema como el Club de Bildelberg y algunas otras teorías más «alocadas». Pero la gran influencia de las corporaciones que tienen sobre los gobiernos no se puede negar.
Si analizamos el listado del grupo de países que conforman el G-20, veremos que casi todos ellos son, o dicen ser países democráticos. Pero en estas reuniones muestran todo lo contrario. Me pregunto, si los gobiernos de estos países dicen gobernar para el pueblo, ¿Por qué solo invitan a las corporaciones privadas y no a movimientos o asociaciones civiles que representen a ciudadanos para que expresen su punto de vista? ¿Por qué no invitan a alguno de los representantes de los «indignados» a nivel mundial, o a asociaciones ya sea Amnistía Internacional o quien sea?.
A mi juicio, esto lo único que hace es socavar a la democracia, porque los gobiernos obedecen más a los intereses de unas cuantas entidades privadas que a los intereses de los ciudadanos, y el problema es que muchas veces no importa siquiera la ideología política de los mandatarios para ser que estos sean socavados por los intereses de las corporaciones. Un ejemplo es el ex-mandatario italiano Romano Prodi, un político de «centro-izquierda» que fue también un «empleado» de Goldman Sachs, una empresa estadounidense de inversión que pertenecen a ese 1% que concentra la mayor parte de la riqueza mundial.
Lo que está sucediendo es un riesgo para la democracia, si hasta el Vaticano lo ha advertido es por algo. Las manifestaciones multitudinarias dentro de varios países es un reflejo de lo que está pasando. Y curiosamente en los países que históricamente dicen «haber defendido la democracia a rajatable» como Estados Unidos, hacen lo contrario al tratar de reprimir las manifestaciones llevadas a cabo en su país.
Es hora de poner un alto a todo esto, porque si el sistema sigue avanzando así, no se a donde vayamos a parar.
Gran controversia generó la entrevista que concedió Felipe Calderón al The New York Times, donde hizo comentarios duros cuestionando la pasividad de Estados Unidos en la guerra contra las drogas, y aseguró que El Chapo Guzmán está o estuvo en dicho país para el nacimiento de sus gemelos.
Todos lo hemos visto, una ola de manifestantes inconformes han salido de sus casas y han tomado las calles para manifestarse. Los motivos son diferentes. Las primeras manifestaciones en países como Egipto o Libia era manifestarse contra las dictaduras. Pero el fenómeno se extrapoló a países «supuestamente» democráticos. Todo empezó en España, luego Inglaterra y Chile con el problema de la educación superior al cual muchos habitantes no tienen acceso. Pero nunca nos imaginamos que estas manifestaciones llegaran al punto neurálgico del capitalismo al cual se critica: Wall Street.
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Un proceso por el que tenemos que pasar los jóvenes (y los ya no tan jóvenes como yo) es el servicio militar. Aunque ya los jóvenes de ahora tienen menos necesidad de realizar el proceso que antes (sobre todo por eso de que la cartilla ya no es necesaria para poder sacar el pasaporte y poder salir del país), los que vivimos todo el proceso, lo recordamos como una etapa molesta, no solo para los remisos como yo, sino para los que si hicieron los trámites a tiempo y se tuvieron que formar horas bajo el sol para saber si les había tocado bola blanca o bola negra.
