Etiqueta: consumismo

  • Así que esperas el Buen Fin ansioso, entonces primero deberías leer esto

    Así que esperas el Buen Fin ansioso, entonces primero deberías leer esto

    Amigo, te voy a contar como son las cosas para ponerte en contexto.

    Las empresas son creadas para generar dinero. Si tú abres un negocio propio, lo haces pensando en el dinero. Sí, tal vez pienses que lo haces porque quieres trascender y sentirte feliz haciendo lo que te gusta, pero sabes que si no te genera billetes, lo dejarás de hacer, porque necesitas esos billetes para vivir ¿no?

    Bueno, entonces las empresas grandes donde compras productos y servicios buscan ganar una utilidad cuando te ofrecen su producto por medio de un intercambio. Tú y yo sabemos que si actuáramos por medio de la razón, seríamos más inteligentes a la hora de hacer las compras, pero lo que las empresas quieren es que gastes y gastes más. Por más compulsivo seas a la hora de comprar, mejor cliente eres para determinada empresa.

    Así que esperas el Buen Fin ansioso, deberías primero leer esto

    Vamos entendiendo como va la cosa. Bueno, para explicarlo mejor, las empresas contratan gente especializada para hacer que pagues más y más por lo que sea: Mercadólogos, psicólogos y hasta antropólogos. Por ejemplo, las tiendas de supermercado están distribuidas de tal forma que aumente la posibilidad de que gastes el mayor dinero posible. Los productos básicos (carne, leche) están hasta al final para que recorras el mayor número de anaqueles y compres cualquier chuchería que te encuentres. Las revistas y los cigarros se colocan en la caja, porque mientras esperas a ser atendido puede que te llame la portada del TvNotas y compres la revista. Básicamente eres una ratón de laboratorio de Skinner al cual le dan incentivos para que compre.

    Es más, ¿Te has preguntado por qué los cines casi siempre están en el último piso del centro comercial? Bueno, creo que con lo que te conté, ya lo puedes deducir.

    Entonces entendemos que a cualquier persona o empresa con fines de lucro que quiere venderte algo no le interesa que seas un consumidor racional y realices compras inteligentes. Puede que a los seminaristas de finanzas personales les interese, pero al final del día también usan este tipo de artimañas para venderte sus cursos:

    Asiste al seminario «Cómo ser un consumidor inteligente». Si compras tu boleto antes del 10 de Marzo, sólo te costará $999,90. Después de esa fecha, el costo será de $1099.90 ¡Aprovecha y aprende a usar tu dinero! ¡Hazlo por ti y tu familia, no les falles!

    El Buen Fin lo ha promovido el Gobierno con el argumento de fortalecer el mercado interno incitando a la gente a comprar y así poner una mayor cantidad de dinero en circulación. En realidad es una estupidez.

    Las empresas no te van a regalar nada, y si pareciera que lo hacen, es porque van a obtener algo a cambio que al final se traduzca en una mayor utilidad para ellos. Si las empresas bajan los precios de un producto, se debe a la competencia (buscan una ecuación donde les compren más que a los competidores bajando el precio sólo lo necesario), porque quieren deshacerse de inventario, o porque quieren crear lealtad (te venden un producto a un precio más bajo, esperando que consumas posteriormente en el mismo lugar).

    Las empresas no van a bajar los precios nada más porque sí, no te van a regalar nada ¿O tú le regalarías algo algún desconocido sin ninguna razón?

    Y como se promueve el Buen Fin como, valga la redundancia, un fin de semana de descuentos, entonces las empresas solamente te van a ofrecer descuentos si obtienen algo a cambio (deshacerse de inventario, generar lealtad, vender a un costo más bajo para ganar por volumen), o bien, van a hacer como que bajan los precios. Es decir, los días previos subirán el precio de algún determinado producto (de lo que naturalmente no te vas a dar cuenta) para luego «bajarlo» al precio normal.

    Buen Fin, consumismo

    Si bien te puedes encontrar algunos descuentos reales, los que valen la pena serán pocos. Si de verdad quieres aprovechar el Buen Fin, deberías haber planeado con días (o semanas) de antelación tus compras, comparando precios en varios establecimientos y analizando su comportamiento hasta llegados los días de las ofertas para dar con precios reales. Pero eso nadie lo hace.

    Como la gente es irracional (y eso, los expertos que diseñan las estrategias de precios lo saben) entonces las tiendas hacen como que ponen todo en promoción. El consumidor promedio entra a las tiendas y ve cualquier cantidad de etiquetas ofreciendo descuentos. entonces asume que todo tiene descuento, y por lo tanto cree que sería estúpido desaprovechar el Buen Fin. Pero en realidad la mayoría de esos descuentos no son reales.

    A todo esto hay que sumarle que nuestro mercado no es muy dinámico y está más monopolizado que el de Estados Unidos. Eso explica en parte que en el Black Friday sea más fácil encontrar descuentos que valgan la pena que en el Buen Fin.

    Y las empresas saben que los consumidores pueden comprar cualquier chuchería que «tiene promoción» nada más porque tiene promoción.

    Y los que dicen que aprovecharon los descuentos pueden llegar a endeudarse por pagar esas mensualidades «facilitas» que les ofrecieron, o pueden gastar todo su aguinaldo que su empleador le adelantó para llegar a navidad sin un clavo. ¡Pero tenía descuento!

    Lo curioso es que cuando es «Buen Fin» no puedo salir a la calle porque el tráfico es insoportable, algunos incluso se muestran torpes al conducir por la ansiedad de llegar al establecimiento para encontrar promociones, que según ellos, nunca se repetirán.

    Las empresas en realidad no tienen la culpa (aunque a veces algunas prácticas sí deberían ser sancionadas por las instituciones correspondientes), por naturaleza siempre buscarán ganar dinero. El problema es que los clientes no saben ser racionales al consumir, no piensan bien, no analizan. Porque el que piensa está en ventaja sobre el que no. Y en realidad no se trata de aprender bien las «artimañas» de las empresas, se trata de ser inteligentes al adquirir productos, se trata de comprar lo que se necesita y no por mero impulso.

    Así que si estás preparando tu billetera para el Buen Fin, piénsalo dos veces. No vaya a ser que en una de esas…

  • Tu tele grandota en el Buen Fin

    Tu tele grandota en el Buen Fin

    No, no voy a negar esa simbiótica relación individuo – tele. Las pantallas planas (muchas veces mal llamadas plasma porque la gran mayoría son LCD que no son lo mismo) terminan siendo una extensión del cuerpo del individuo. Los establecimientos configuran las televisiones de tal forma que la vista sea espectacular, incluso los contenidos que proyectan están hechos para que creas que la pantalla es mejor de lo que es. Naturalmente cuando llegas a tu casa en la sala de estar, donde posiblemente haya una ventana al lado y la forma que entra la luz es muy diferente al del establecimiento, te das cuenta que en realidad no es tan espectacular y termina siendo una pantalla plana normal, pero sí, es tu nueva tele.

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    Posiblemente tu televisión sea muy buena, posiblemente tu tele resuelva bien los negros, tenga un muy buen contraste y sonido surround para proyectar toda esa basura que, no nos hagamos, te encanta. Posiblemente te emociones por el detalle y el realismo con el que ves el humito de La Rosa de Guadalupe. Aunque ateniéndonos a la naturaleza del ser humano, te irás acostumbrando y en unas semanas lo que parecía salido de otro mundo ahora es algo completamente normal.

    Pero dentro de toda esta aventura donde compraste tu nueva tele (aparato tan indispensable para el ser humano que el gobierno ya está regalando teles a la gente pobre con el logote de «Mover a México») posiblemente no hiciste un buen análisis de los precios en El Buen Fin. Posiblemente el establecimiento subió el precio de lista al doble y después ofreció el 50% de descuento, para que tú, amigo ingenuo, te la creyeras. -¡Ya viste mi tele Pedro, me costó $10,000 pesos, ya vamos a poder ver La Academia! -¿$10,000, tan caro? ¡Es un robo!, si está bien chafa tu tele. -¡Claro que no está cara, la agarré en promoción, tenía el cincuenta por ciento de descuento, deja de estarme molestando!

    Posiblemente creíste que el Buen Fin era el Black Friday donde los descuentos son de verdad, y no promociones de pagos a crédito con un ínfimo porcentaje de descuento, descuentos que valen la pena hay pocos y sí se pueden encontrar televisiones a buen precio, pero hay que buscarle bien y no siempre hace eso la gente. Posiblemente creíste que con ver el precio con el descuento en el mostrador asumiste que era un descuento real, y seguramente no investigaste con días de anticipación cuando costaba en realidad tu nueva tele.

    Y es que hay que ser realistas, nuestra economía no da para hacer un Black Friday. No es que las empresas sean más maquiavélicas que en Estados Unidos, es que simplemente ofrecer descuentos onerosos en la mayoría de los casos no funciona y no es rentable. Pero la gente se va con la finta, pensando que se trata de una ganga, y en la gran mayoría de los casos no es así. Pero la gente es irracional, se deja llevar por las emociones. Eso lo sabemos los mercadólogos y por eso tratamos a la gente como ratas de laboratorio creamos promociones apelando al sentimiento y no a la razón. Nosotros queremos vender productos a como dé lugar, no somos maestros que queremos poner a pensar y a razonar a los demás.

    Pero tú tienes tu tele nueva ¿Qué te endeudaste?, -Aah no pasa nada, hasta el gobierno se está endeudando y todo sigue igual, todos nos endeudamos, es normal-. ¿No revistaste si esa deuda la podías pagar? ¿No te fijaste si todos esos pagos chiquitos al mes sumados dan un precio más alto que lo que te costaría tu televisión en precio de lista pagándola de contado? Porque hay que ser sinceros, el humito de la Rosa de Guadalupe es ficticio y no va a venir a resolver tus problemas económicos derivados del Buen Fin.

    Pero tienes tu telesota nueva.

     

  • Somos como ratones de laboratorio

    Somos como ratones de laboratorio

    Los seres humanos estamos inmersos en un mundo donde recibimos a diario miles de estímulos para que compremos, quien llame más la atención y de forma más efectiva, logrará su cometido de una forma más fácil. Es parte del sistema capitalista, pero ojo, que el ser humano en donde sea siempre ha querido estimular a las demás personas para que se comporten de una forma o realicen actos que nos beneficien. En un país socialista-comunista, los estímulos existen por medio de la propaganda gubernamental, y así en cualquier tipo de sociedad.

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    Algo tan simple como ir un Starbucks nos rodea de miles de estímulos los cuales ignoramos, aquí te muestro algunos.

    1.- El Starbucks huele a café no sólo porque venden café, sino para que te atraigan con su aroma y les compres.
    2.- El decorado de los interiores del Starbucks y el mobiliario está hecho con el fin de que te quedes un rato en el establecimiento, lo que significa que consumirás más cafés y Starbucks ganará dinero. ¿A poco no es agusto trabajar en un Starbucks o tener una conversación larga?
    3.- Starbucks pone tu nombre en el vaso no sólo por buena onda o por parecer cool, sino para que sientas cierto reconocimiento por parte de la marca, lo cual significa un mayor posicionamiento que se traduce en un mayor consumo de productos Starbucks (un efecto parecido a las latas Coca Cola).
    4.- La música de Starbucks siempre será calmada o relativamente lenta lo cual relaja al individuo con lo cual volvemos al punto dos, la intención es que te quedes más y consumas más.
    5.- En Starbucks venden café supuestamente comprado a los productores con el fin de que creas que es una empresa socialmente responsable y veas con buenos ojos a la marca, lo cual se traduce en más ventas.
    6.- La mayoría de los empleados de Starbucks están felices en su trabajo, esto porque empleados felices significa una mejor atención al cliente, lo cual se traduce en… más ventas.
    7.- En Starbucks venden revistas y periódicos, esperando a que te quedes leyéndolos en su establecimiento, y voila, «más ventas».
    8.- Y al hacer esta lista, mencioné tanto el nombre de Starbucks que posiblemente contribuí a un mayor posicionamiento de marca, entonces espero que los malditos me den regalías.

    Y si ya te sentías usado, entonces mejor no te hablo de lo que pasa cuando vas al súper.

    En un supermercado eres prácticamente una rata de laboratorio. Los productos necesarios están colocados hasta el final para que recorras cientos de estantes de productos innecesarios y compres. No es un secreto que las frutas, verduras, carnes y leche, estén colocados al fondo. Igualmente en el súper siempre encontrarás música calmada para que así compres lenta y tranquilamente (es decir, que comprarás más). Los productos que se desean vender más se colocan a una altura que los puedas ver a simple vista. Los productos que gustan a los niños se colocan a una altura menor de tal forma que a ellos les quede de frente y persuadan a a sus padres para que les compren cualquier producto. En la caja hay cientos de productos inútiles (revistas, productos chatarra) para que te animes a comprar aún más cuando estás en la fila esperando a que te cobren.

    ¿Te has preguntado por qué los cines siempre se encuentran en el piso de arriba del centro comercial, o en caso de que tenga un sólo piso, lo más lejos de las entradas? Es fácil, porque quieren que recorras la mayor parte de dicho centro comercial con el fin de que las posibilidades de que compres algo aumenten.

    Vivimos en un mundo donde se requiere que el individuo compre y consuma. Gran parte de los empleos y de las actividades comerciales que proveen de recursos a los individuos para vivir y mantenerse dependen de esa espiral de consumo. No importa si eres un vendedor de puerta en puerta, si eres gerente de un banco, o directivo de una empresa.

    Los mercadólogos y estrategias publicitarios (y hablo de los buenos, no de cualquier pasante que termina vendiendo chucherías) han estudiado bien al ser humano. Detrás de las campañas publicitarias hay fundamentos antropológicos, psicológicos y hasta filosóficos donde se estudia al individuo con el fin de planear una estrategia que lo haga consumir más cierto producto o cierto servicio. Y es que cuando hay mucha competencia y sobre todo, una gran necesidad de ingresar recursos a las arcas de una empresa, se hace indispensable crear una estrategia agresiva, lo cual orilla a los competidores a hacerlo también.

    Pero en realidad este tipo de estímulos no son nuevos y no son exclusivos de una sociedad de mercado. A lo largo de la historia instituciones gubernamentales, clericales, o ideológicas han hecho lo mismo. Al final del día, al acto de incitar a que los humanos se comporten de una u otra manera se le llama poder, e históricamente el humano siempre ha gustado de tener poder sobre sus semejantes. Y eso no quiere decir que todas las personas que están detrás de una campaña tengan algún espíritu maquiavélico, sean sádicas, o estén enfermas de poder. Posiblemente la mayoría de quienes hemos estado detrás de alguna campaña lo hemos visto como algo inocente donde podemos a relucir toda nuestra creatividad. Porque tú a la hora de diseñar un simple logotipo, ya estás de alguna forma persuadiendo a los demás para que te compren.

    Y a fin de cuentas las mentes débiles, siempre serán más susceptibles ante estos impulsos. Pero dichos impulsos que recibimos llegan a ser tan fuertes y constantes que terminan por persuadir a aquellos que los crean. Un publicista puede sucumbir ante una campaña comercial de otro producto. Y si crees que es una estrategia de dominación absoluta conspiranoica-judeomasónica-iluminati, te podrás dar cuenta que hasta los dictadores sucumben a las campañas comerciales. Hasta el Presidente de Corea del N0rte Kim Jung Un.

     

     

  • Día del amor, amistad, y de la manipulación social

    Día del amor, amistad, y de la manipulación social

    Hoy los mercadólogos nos hemos puesto a prueba. Nuestro trabajo es crear necesidades «no necesarias» con el fin de enriquecernos, o bien enriquecer a la persona con la que trabajamos (naturalmente a cambio de un mejor sueldo o un mejor puesto). Conocemos el comportamiento de los seres humanos, no solo estudiamos a Kotler o a Chetochine, estudiamos a Goebbels y a Molotov. Aplicamos técnicas de manipulación de masas que se han aplicado en los régimenes más sanguinarios, pero de una forma muy sutil con el fin de que dicha técnica pase desapercibida.

    Día del amor, amistad, y de la manipulación social

    Unos de los días clave para nosotros es el día de San Valentín, que por cierto, nosotros inventamos. El día del amor y la amistad. Las emociones y sentimientos son un arma de doble filo, porque gracias a ellos nosotros tenemos acceso a la mente de las personas. No podemos convencer por medio de la razón a la gente para que se deje manipular y malgaste su dinero, si lo hiciéramos así, lo primero que recibiríamos sería un golpe en la cara. Pero no, apelamos a sus sentimientos,  a su subconsciente, para que se «abran» y nos dejen «insertar información en su memoria cerebral» en nuestro beneficio.

    No solo recurrimos a los sentimientos positivos como puede ser el amor, el sentimiento de filiación. Sino también a esos negativos como la frustración y la ansiedad. Es decir, hemos condicionado al sujeto para que todos los 14 de febrero le compre algún regalo a su novia. Esa compra es un sentimiento positivo en cuanto a que el sentirá cierto placer  emocional al darle un presente a su querida (y si bien le va, hasta físico), pero a la vez es un sentimiento negativo porque si no le compra nada, su novia se va a enojar, y va a poner en tela de juicio lo que él siente por ella. Es decir, para satisfacer sus necesidades emocionales, el novio (y en muchos casos la novia) tiene que depositar su dinero en nuestras arcas.

    Pero el dinero está garantizado, tal vez no para las mismas empresas, pero algún capitalista se beneficiará. Empresas que fabrican tarjetas, chocolates, salas de cine, restaurantes y moteles se benefician enormemente con el ser humano alienado que busca satisfacer a su pareja. En dado caso que no lo decida así posiblemente la perderá, pero debido a su soledad consecuente (en especial la frustración de pasar solo el siguiente San Valentín) se van a ver beneficiadas esas empresas de casa de citas virtuales, neverías, fabricantes de Nutella, iPhones (el Siri será muy solicitado), alquiler de películas Blockbuster o Netflix, la industria pornográfica, cremita para la piel, y hasta consoladores para que el sujeto alienado forever alone sopese su soledad. Sea como sea, haremos que el individuo gaste su dinero.

    En San Valentín, nuestras técnicas de manipulación son más sutiles, que por ejemplo en navidad o las ventas nocturnas. En estas últimas logramos que el hombre se convierta en masa, concidionamos su conducta al punto que cientos de alienados corran en las tiendas por la misma TV de LCD e incluso se agarren a golpes. Ahora no, el individuo tiene todo el tiempo para escoger el regalo, para hacer la reservación, para comprar de esos «globos pa la fiesta» que venden en los Oxxo.

    Los mercadólogos somos poderosos, tenemos más poder inclusive que los políticos, los cuales compran ciertas marcas de lujo porque nosotros les dijimos que las tenían que comprar. Nosotros le dijimos a Peña Nieto que Bijan en Beverly Hills era una tienda de caché, le dijimos a Elba Esther Gordillo que con los bolsos de mano de Christian Dior se le iba a quitar lo fea (todos sabemos que no es así, pero las sigue comprando), hicimos que el Peje se comprara su Tjuru incluso. No se metan con nosotros, de verdad, somos anónimos, podemos hacer de sus ideas y talento un producto frívolo mainstream, donde ponemos a los hipsters a nivel de Justin Bieber. 

    Advertidos quedaron.

  • La tecnología se vuelve necesaria ¿consumismo o adaptación al entorno?

    Recuerdo cuando era un niño, que pues mi padre y toda la gente que trabajaba no tenían conexión a Internet, no tenían teléfonos celulares para comunicarse (excepto los más pudientes, porque en ese entonces tener un celular era un lujo), tenían que depender de un teléfono fijo para  comunicarse y si tenían que mandar correos, tenían que escribirlos a mano e ir a las oficinas postales para enviarlos. Realmente con la tecnología de 20 años, las personas que trabajamos ahora no podemos concebir desempeñarnos en nuestras labores de esa forma. Estaríamos en una clara desventaja.

    La tecnología avanza y el hombre se tiene que adaptar a ella para funcionar. Muchos alegan que esto es una postura consumista, pero yo no lo veo tan así; creo que las tecnologías de cierta forma ayudan a desempeñarnos muy bien en nuestro trabajo. Recuerdo hace 7 años que entré como representante de ventas en un negocio, en ese entonces tenía un celular y me era demasiado útil; así como para comunicarme con mis clientes como con mis jefes. ¿Había algún problema?, simplemente hacía una llamada y se solucionaba de una mejor forma. En realidad si no tuviera un celular no podría avisarle a mi cliente si tenía un contratiempo. En realidad más que adquirir una tecnología para consumir, lo hacía para ser más eficiente en mi trabajo.

    Los avances tecnológicos al facilitar nuestro trabajo, naturalmente conllevan un desarrollo económico, porque al ser más productivos gracias a esa tecnología, valga la redundancia, producimos más. Es cierto que las empresas tecnológicas utilizan estrategias de mercadotecnia muchas veces apelando a las emociones para decirnos que debemos consumir su producto; y muchas veces apelan a nuestras necesidades de status y autorrealización. Pero independientemente de todo ello, los avances tecnológicos no dejan de ser necesarios.

    Me puse a pensar en ello, cuando me regalaron un iPhone. El celular que tenía estaba a punto de morir, y en realidad no pensaba gastar en un smartphone de gama alta, dado que como trabajo desde mi casa y estoy conectado a internet, no lo sentía necesario. Naturalmente si me obsequian un iPhone pues no voy a decir que no, lo empecé a utilizar y aun con todo lo anterior de cierta forma me ha ayudado a desempeñarme mejor. Por ejemplo, para estar en contacto con mis clientes (los que tienen iPhone, Blackberry o Android) antes tenía que hablarles o mandarles un SMS, lo cual me costaba dinero y tenia que usarlo para cosas importantes. Pero ahora con una aplicación llamada Whatsapp, puedo mandar mensajes y chatear en línea con mis clientes sin ningún costo, lo cual hace más eficiente mi trabajo.

    Si estuviera en ventas, y trabajara como antes en la calle, un iPhone o un Blackberry me sería de gran utilidad. Y no solo eso, sino que al tener acceso a Internet podría estar mejor informado sobre lo que acontece en mi país y no tendría pretextos al afirmar que el trabajo me absorbe el tiempo. Más cuando un vendedor tiene que esperar en la sala de recepción a veces entre 15 y 30 minutos para que lo atiendan, ahora puede consultar en ese tiempo las principales noticias de los periódicos.

    El consumismo se da cuando la gente adquiere productos que en realidad no son útiles y los compra simplemente por status, estar a la moda, querer aparentar «ser alguien». Y si se dan muchos casos. Pero la existencia de las nuevas tecnologías per sé no tienen la culpa de ello. Simplemente es parte de la evolución del ser humano. Aunque también hay que a fin de cuentas es una evolución «material» lo cual solo debería ser una parte de nuestras vidas y no un todo, como muchos creen que es.

    Ciertamente, estas tecnologías siempre tienen sus «efectos secundarios». Como aquellas personas que se quedan pegadas en sus dispositivos móviles en lugar de disfrutar estar con los amigos (que no es lo mismo estar con ellos, a estar comunicandose con ellos por Facebook o Twitter) o con los familiares. Pero a fin de cuentas facilitan muchas de nuestras actividades y en ese sentido creo que el avance tecnológico es positivo.

  • Manipulación mediática / Libertad de elegir

    La frase «Libertad de Elegir» fue muy usada por el economista neoliberal Milton Friedman, incluso publicó un libro con ese nombre. El aseguraba que sin la intromisión del estado en la economía y con los mercados libres, los seres humanos tendríamos la libertad de elegir, que productos o servicios queremos comprar porque al no haber dicha intervención estatal, pues seríamos completamente libres. La política neoliberal, muy criticada en los últimos años, bien, nunca ha sido implementada al 100% en ningún país, porque se trata de una utopía. Algo así como una especie de anarquía (sobre todo en índole económico), a la cual se le suma un estado de derecho controlado por el gobierno (ese sería prácticamente uno de sus pocos papeles dentro de esta economía); en realidad el neoliberalismo, tal como se concibió en las universidades, en las aulas, es una utopía inalcanzable, algo así como el comunismo, que a pesar de estos dos parecen ideologías extremas entre sí, sus fines, en realidad, bajo una percepción teórica, no parecen ser tan diferentes.

    La libertad de elección es uno de los puntos que se deben de poner dentro de esta discusión, porque hay que preguntarnos si los humanos somos completamente libres de elegir, o bien si se trata de una libertad limitada o condicionada por algunos factores externos. Una libertad «real» de elegir en mi punto de vista es aquel donde el humano consume de una forma racional, es decir, evalúa racionalmente el producto o servicio sobre los demás y lo adquiere porque es el que satisfacerá mejor sus necesidades. Pero en realidad los humanos que viven dentro de una sociedad de consumo no siempre tienen esa libertad real, porque no siempre están capacitados para ejercerla. Esto debido muchas veces a la falta de criterio propio, o bien, al entorno que busca modificar sus patrones de conducta que le señala que producto le es conveniente comprar y cual no. La publicidad (sobre todo la que carece de ética) busca privar de esa «libertad real» a los consumidores, al inducirles a comprar cierto producto. Esto aprovechando las necesidades e impulsos instintivos del ser humano que pueden ser orientados hacia un fin buscado por un tercero.

    A diferencia de una sociedad comunista totalitaria, en una sociedad occidental. Una persona tiene la capacidad de evadir aquellos influjos que buscan moldear su pensamiento, no será llevada a campos de concentración, ni juzgada ni asesinada; en el peor de los escenarios quedaría «fuera del sistema». Pero también es cierto que los métodos publicitarios más agresivos no solo se parecen a la propaganda comunista en su forma y en el fondo, sino que la publicidad actual está muy influenciada de los métodos de manipulación mediática que han existido en regímenes totalitarios, tales como los comunistas, fascistas o nazis (los publicistas deben de considerar a Goebbels como uno de sus mentores). La única diferencia entre la propaganda y la publicidad es que la propaganda son aquellos esfuerzos dirigidos a promover una idea o ideología, a un político, una religión; y la publicidad está dirigida a promover un producto o servicio. Si ignoráramos esa sutil diferencia, propaganda y publicidad serían sinónimos.

    Y no es que la publicidad sea mala per sé. Para una empresa es importante que su mercado potencial conozca su producto, el que una empresa busque posicionar una marca, mediante un slogan, un logotipo, busque segmentar su mercado y ofrecer un producto atractivo que satisfaga las necesidades del cliente, no es algo perjudicial en lo absoluto. El problema es el uso poco ético que muchas veces se le da a la publicidad, y es cierto que en una sociedad de consumo, donde la competencia se vuelve tan feroz, muchas empresas recurren a tipos de publicidad poco éticas y enajenantes con tal de sobrevivir. Como esto sucede, y este tipo de publicidad se vuelve tan cotidiano que ya lo asumimos como normal, entonces estamos expuestos a varios influjos que buscan moldear nuestros patrones de conducta con el objetivo de que compremos sus productos.

    El ser humano es una persona consumidora por naturaleza, necesita del consumo para satisfacer sus necesidades. Pero la diferencia del consumo con el consumismo, es que el primero es un acto totalmente racional y libre, y el segundo no lo es. Es un acto condicionado, porque en realidad el humano no está actuando con el pleno uso de su libertad, porque dentro de un acto consumista, entran otros elementos como lo es la ansiedad provocada deliberadamente para comprar dicho producto (si no compro este producto, no soy parte de este círculo social, o no reflejaré esto o aquello). Este círculo vicioso del consumismo hace que el ser humano tenga como última finalidad el «tener» y no el «ser» y ni siquiera el «hacer». El hedonismo y el materialismo son antivalores que han existido a través de la historia, pero un modelo económico que fomenta (aunque sea indirectamente) el consumismo (sobre el consumo), los agranda, les da más importancia de la que tiene y más personas los adoptan como modelo de vida.

    Más que hombres libres, tenemos entonces hombres programados que buscan solo en el consumismo, satisfacer sus necesidades, de reconocimiento, status y autorrealización. El problema en sí no es el que se fabriquen iPhones, Xbox, o ropa de marca. Muchos de esos productos tienen un uso realmente útil para el ser humano. Una persona puede ver en un Blackberry o un iPhone una forma de poder mejorar su productividad al estar en contacto a cualquier hora con sus clientes, o bien, poder estar en contacto permanente con sus amigos mediante las redes sociales, o hasta tener acceso a Internet para leer las últimas noticias en lugares donde antes no podía hacerlo. Eso es un simple aprovechamiento de las nuevas tecnologías para realizar actividades y satisfacer necesidades de una forma más eficiente. El problema es cuando se induce a las personas a comprarlas en una posición consumista y no consumidora. Cuando esos productos son un fin, y no son lo que realmente deben de ser, un medio; cuando se cree que los productos dan valor a la persona, como si sin ellos, esta perdiera su valor y se denigrara ante la sociedad, entonces estamos hablando del consumismo.

    Es cierto, podemos escapar de ese círculo vicioso. Pero se necesita de tener un amplio criterio, y de tener fuerza de voluntad para no caer en los impulsos externos; y lamentablemente no todos lo tienen. Para ejemplificar la fuerza de manipulación que puede tener una campaña publicitaria sobre una sociedad que se considera, vive bajo un régimen democrático, haré una comparación. El primer video es de unas niñas llorando inconsolablemente por no haber alcanzado boletos para ver a su ídolo musical Justin Bieber y otro donde los norcoreanos lloran la muerte de su «querido lider» Kim-Jong-il. Aquí lanzo la pregunta, ¿en realidad somos libres para elegir?.

    Video de niñas llorando por boletos de Justin Bieber.

    Norcoreanos llorando la muerte de Kim Jong-il.

  • Consumir, consumir y consumir

    Mi padre me regaló de navidad un iPhone, ya mi celular anterior estaba viejito (ni siquiera era un smartphone) y tenía muchos problemas al recibir mensajes. En realidad no estaba muy dispuesto a «estar a la moda» con uno de los teléfonos más solicitados en el mercado, pero ya que me lo regalan, lo mejor que puedo hacer es aprovecharlo, y hacer toda la tramitología que se requiere, ir al Telcel a mover mi número de mi antiguo Nokia al iPhone, pagar como 100 pesos por la tarjeta SIM, luego llegar a mi casa y restaurar todo el sistema (porque como antes lo usaba mi papá, ya estaba lleno de muchas cosas que no) etc. Y digo, para mí es fácil, porque yo seguiré con mi plan amigo, y no necesitaré endeudarme para estar a «la moda», pero me pregunto, ¿cuánta gente si lo hacen con tal de sentirse parte de un grupo, de algo o de alguien?.

    Para que el sistema neoliberal funcione (al menos en teoría), la gente debe de consumir, consumir y consumir. Para los economistas que forman parte de la tecnocracia neoliberal, una persona es como un «objeto que produce y consume«, porque de esta forma se puede evaluar con las estadísticas que tanto les encantan. Lo que no pueden medir estos tipos, es el impacto social (además del cultural y ambiental) de un modelo económico que basa en el consumo su existencia. Debido a las presiones del mercado por esta dinámica, las empresas nos contratan a nosotros los mercadólogos para buscar convertir los deseos de la gente en necesidades. Nuestra actividad no es perjudicial cuando analizamos un mercado, buscamos cuales de esos son clientes potenciales y le ofrecemos el producto que ellos están buscando (darle a la gente lo que necesita), pero a veces podemos ser maquiavélicos cuando buscamos modificar los patrones de conducta de las personas para incitarlas a consumir (decirles que necesitan), algunas veces con engaños (a veces tan simulados que pasan por una actividad normal, y otras veces tan descarados que es ya necesaria la intervención de las autoridades).

    A veces la dinámica consumista es tan fuerte, que crea modelos de conducta en los humanos que los hacen depender de los objetos materiales, ya no tanto para satisfacer sus necesidades, sino para modificar su sentido de pertenencia y de filiación con ciertos sectores sociales. Naturalmente como el humano tiene una tendencia a querer más y más (eso lo sabemos muy bien los mercadólogos) lo aprovechamos para orientar esa tendencia humana hacia la compra de productos; entonces si el consumidor no tiene la capacidad para comprar cierto producto, se frustra, y ahí entra la necesidad de endeudarse, uno de los motivos que a la larga ha deteriorado al mismo sistema económico.

    Este problema no es percibido por un economista, porque no se percibe en el crecimiento del Producto Interno Bruto de un país, o en el Coeficiente de Gini, o en cualquier metodología para evaluar los índices microeconómicos o macroeconómicos de un país. Esto lo perciben ya no los sociólogos, sino los psicólogos y psiquiatras que cada vez reciben a mas pacientes deprimidos porque la dinámica de mercado (quiero aspirar, por lo que tanto tengo que comprar, lo que me causa una frustración, la cual solo podría resolver con el endeudamiento, que a la larga también me causa una frustración) muchas veces socava la integridad no solo mental, sino física de las personas. Lo peor de todo, es que cuando el individuo logra tener su producto, al cabo de un tiempo se acostumbra a él, y ya no satisface la necesidad que si logró al momento de su compra, por lo cual el individuo entra en un círculo vicioso.

    Erich Fromm, cuando el capitalismo no era tan «salvaje» como lo es ahora; decía que los humanos entrábamos en esta dinámica del tener, como si fuéramos engranajes que alimentan al sistema; y que esta dinámica era tan fuerte que los que la promovían no dejaban de ser víctimas de ella. Ahora el ser humano es valorado por los bienes materiales que tiene y por su posición social (dada mayoritariamente por la acumulación de riquezas), ya no es valorado por el ser, ni por sus aportaciones a la sociedad. Una persona que vive en una mansión en uno de los suburbios más prestigiados de Estados Unidos «vale más» que un científico que ha aportado avances en la sociedad, o más que un pensador, o un maestro, o un doctor que se «rompe la madre a diario» para salvar vidas.

    Esta dinámica del consumo, nos está alejando cada vez de nuestra esencia humana, y nos ha orillado hacia un mecanismo de supervivencia. El hombre, independientemente de su posición social, debe de «sobrevivir» de acuerdo a su modus vivendi, cualquier descenso en el escalafón social implica una degradación como persona (recalcando que importa más el tener que el ser). El hombre «moderno» no puede desapegarse de sus bienes materiales, porque son los que lo determinan. El prestigio, el éxito, son dados por la cantidad de bienes materiales que posea. Si tengo muchos bienes, entonces he sido una persona exitosa en la vida, de lo contrario no.

    Somos de cierta forma esclavos del consumo. Nadie nos obliga a hacerlo, como si estuviéramos en una sociedad totalitaria, pero si decidimos no hacerlo, podríamos estar fuera del sistema.

  • Carlos Mota IV – Denle lecciones de economía a este señor

    Mi última crítica a este «columnista» de Milenio (sí, así entre comillas), la hice hace 3 años. No sé por qué dejé suelto a Carlos Mota por tanto tiempo, como que en Milenio se abstuvo de hablar de política (cosa en la que sinceramente no está muy bien preparado) y se limitó a hablar de economía, empresas y cosas así, donde este señor no lo hace tan mal, es su especialidad. Pero ahora que vuelve a meterse en temas de política, como que vuelve a meter la pata feo, pero esta vez lo que llama la atención es que ni siquiera en términos económicos acertó.

    Carlos Mota habla del «Buen Fin» y de los que ganaron con esta promoción, que según el eran Calderón y el PAN. Creí que era una nota crítica por el título, pero es todo lo contrario, es un compendio de halagos al gobierno en turno. Dice que el «Buen Fin» es una muestra de lo bien que ha trabajado el gobierno y que se nota que hay una clase media que se ha fortalecido, que es un triunfo de Felipe Calderón porque hasta sus detractores hicieron filas para ir a comprar.

    Se me hace demasiado «irresponsable» que un economista trate de probar tendencias sociales por la respuesta a una promoción de parte de la iniciativa privada. Carlos Mota de seguro no tomó en cuenta que la sociedad mexicana (en especial las clases medias, medias-bajas) es aspiracional, es decir, gasta más de lo que tiene, y no les importa endeudarse o pedir créditos con tal de hacerse de productos. Así como el plantea su tesis de que la respuesta al «Buen Fin» es una muestra del crecimiento de las clases medias, yo puedo plantear la mía que dice que el consumidor mexicano no está bien informado, compra compulsivamente y no racionaliza sus compras.

    Su argumento de la clase media queda tirada por la borda cuando vemos estadísticas como el Coeficiente de Gini que mide la desigualdad en un país, esta estadística mide desde 0 (que es un país totalmente igualitario) hasta 1 (que es un país totalmente injusto en materia redistributiva). En México del 2000 al 2011 el Coeficiente Gini pasó de 0.507 en el 2000 (cuando el PAN tomó el poder) a 0.494 en el 2011. Una nada. Estamos casi igual que hace casi 10 años, ni ha empeorado la distribución de la riqueza ni ha mejorado, pero hace falta otro factor, el PIB. Si el PIB se incrementa sustancialmente y el Coeficiente Gini se mantiene en el mismo nivel, lógicamente hay un aumento de la clase media, pero en el caso mexicano no es así. El crecimiento PIB en los últimos 10 años tuvo tasas de crecimiento 4% anuales aproximadamente, pero esto no quiere decir que México cada año se vuelva 4% más rico, porque esta tabla no toma en cuenta el crecimiento de la población que es cercano al 2%. El crecimento de la clase media es «simbólico».

    Dice Carlos Mota que el «Buen Fin» fue todo un éxito. Esto desde el punto de vista que lo veamos. Si lo vemos comparando todo el aparato mercadológico que se desplegó y las promesas que se hicieron (una especie de populismo de derecha) sería un fracaso, pero para quienes saben de economía, de mercadotecnia y de como se mueven los mercados en realidad no estuvo tan mal, fue una campaña que cumplió a medias. Yo como mercadólogo sabía que iba a ocurrir, muchas empresas iban a subir los precios para luego ofrecerlos con descuento (una táctica muy usada en mercadotecnia), también que las tiendas iban a aprovechar para sacar su inventario que ya no tenía rotación (me explico, la ropa fuera de temporada, obsoleta o con imperfecciones) y que los descuentos reales iban a ser relativamente pequeños (10% o 15%). Los mercadólogos apelamos a las emociones del consumidor y no a la razón, es por eso que la gente sale corriendo a comprar productos cuando anuncian un tipo de campaña como esta.

    Pero el «Buen Fin» no es una muestra fehaciente de éxito de la economía, tal vez solo nos dice que esta está estable y no está sumergida en una crisis y punto. El impulso de los consumidores por comprar a veces es mucho más grande que su realidad económica. Me sorprende que un economista no pueda percatarse de esto. Un buen libro de microeconomía y otro de mercadotecnia no le vendrían mal a Carlos Mota.