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  • La consulta: La farsa que nos Riobóo la voz a los ciudadanos

    La consulta: La farsa que nos Riobóo la voz a los ciudadanos

    La consulta: La farsa que nos Riobóo la voz a los ciudadanos
    Foto: Agencia EL UNIVERSAL/Luis Cortés

    López Obrador nos presenta a la democracia participativa, la vende como si fuera una suerte de evolución de la democracia mexicana y como si la democracia representativa (donde se vota por representantes que toman decisiones nuestro nombre) se tratara de un modelo más obsoleto de democracia; como si el hecho de «consultar» implicara transitar a una forma más justa y sofisticada.

    Nos dice que las consultas van a ser el pan de cada día: todo se va a consultar, el aeropuerto, los derechos de las minorías, todo; el pueblo es el que decide y el que manda. No es la primera vez que AMLO pretende romper con las formas de la política actual, ya lo había hecho con esas tómbolas inspiradas en la democracia de la Grecia Antigua. 

    En su puesta en escena, el Presidente Electo nos pinta un escenario idílico donde la gente parece tener más injerencia en lo público que antes, que puede acceder al servicio público o incluso a la educación no por mérito sino por sorteo. Pero todo esto es una ilusión, y el propio López Obrador lo sabe. 

    Es una ilusión porque las consultas, propias de la democracia participativa, deben de estar diseñadas y ejecutadas de tal forma que estas se lleven a cabo dentro de una condición de equidad que en este caso no existe y por muchas razones. Primero, porque no estuvo diseñada para que cualquier persona que estuviera interesada en el tema participara, sino para incentivar la participación de aquellos que iban a votar de una forma que convenía a los intereses del gobierno entrante. Segundo, porque los dos proyectos no fueron votados en una condición de equidad: hablamos de una obra como la de Texcoco que ya es conocida por todos, que ya tiene estudios, de la cual ya se conocen muchas de sus ventajas y desventajas contra la propuesta de Santa Lucía que no tiene proyecto ejecutivo siquiera y que no es más que una idea. Tercero: porque la boleta, sobre todo en el anverso, mostró un sesgo en favor de Santa Lucía, donde varias de sus desventajas eran «posibles» en tanto que las de Texcoco eran más bien categóricas. Cuarto: porque no habían filtros para garantizar la limpieza de la consulta; porque muchas personas pudieron votar más de una vez, porque lo podían hacer con la credencial vencida, porque la tinta no era indeleble, porque en algunos casos los organizadores los inducían a votar por la opción de Santa Lucía. Quinto: porque los resultados de la consulta difieren rotundamente de las encuestas que se realizaron y que arrojaban en su gran mayoría que la gente prefería Texcoco. La discrepancia fue de más de 30 puntos. 

    No se le puede llamar democracia participativa a un ejercicio donde deliberadamente el gobierno induce a votar de una u otra forma. Para que una democracia participativa funcione, el gobierno debe tomar una postura neutral en el ejercicio y el árbitro debe de ser autónomo. Ninguna de esas dos cosas ocurrieron.

    La democracia participativa, bien realizada, puede funcionar en algunos casos específicos, sobre todo en aquellos que los ciudadanos conozcan el asunto que van a votar o sea posible informarles de buena forma sobre aquello que se va a votar para que tengan los elementos suficientes como para tomar una decisión bien pensada, pero no se trata siquiera de una evolución sino más bien de un complemento a la democracia representativa. Aún así, pueden ocurrir casos en los que, a pesar del buen diseño del instrumento, la consulta termine siendo inconveniente, ya sea porque los individuos no tienen la información suficiente para votar (debido a la complejidad de aquello que se somete a votación), porque el votante prioriza sus afinidades políticas sobre la información que debería valorar a la hora de votar o porque la forma en que se socializó aquello que se va a votar fue deficiente. El Brexit es un ejemplo de lo que puede ocurrir cuando se somete algo a consulta cuando lo que está en juego tiene implicaciones muy complejas. 

    Pero a pesar de todos estos inconvenientes, AMLO ya nos prometió que va a someter a consulta cualquier cosa y que éstas van a ser una constante en su gobierno. Por eso más que nada preocupa la pésima ejecución de la consulta actual. Porque el mensaje que ha enviado es que pretende hacerlas con la intención de diluir su responsabilidad sobre las decisiones que tome: el pueblo así lo quiso y por tanto es responsable, no me miren a mí. 

    Si algo puedo decir a favor de la consulta, es que logró socializar y poner dentro de la discusión pública el tema del aeropuerto. Esta logró que se crearan mesas de debate, que la gente investigara, indagara, buscara información de especialistas, de ingenieros, arquitectos, ambientalistas. Vaya, la gente sabe mucho más del aeropuerto y sus implicaciones que lo que hubiera sabido si la consulta no se hubiera llevado a cabo. Tal vez es por esto que hay cuestiones que sí se podrían someter a consulta, pero no todo se puede someter a consulta y mucho menos el gobierno puede estar diluyendo responsabilidades. 

    Es un engaño pretender que fue el pueblo quien eligió cuando diseñas las consulta de tal forma que los resultados coincidan con tu decisión. La gente que fue a votar no tuvo la culpa del resultado, no podemos cuestionar al pueblo cuando va a votar en una situación de inequidad. El único responsable de lo sucedido (tanto por la decisión del aeropuerto como por la farsa que ha resultado esta consulta) es el gobierno de AMLO. 

  • Mi experiencia en la consulta del aeropuerto

    Mi experiencia en la consulta del aeropuerto

    Mi experiencia en la consulta del aeropuerto

    Hoy en la mañana fui a votar por el aeropuerto de Texcoco porque es, con todas sus virtudes y defectos, con todas sus ventajas y problemáticas (que las hay), la opción que a mi parecer más le conviene a nuestro país.

    Sé que con probabilidad AMLO ya eligió la decisión que va a tomar y que la consulta busca legitimarla. Pero aún así quise ir, sobre todo, para conocer el ejercicio. 

    Pero todo el proceso tan solo me confirmó que esta «consulta ciudadana» es una simulación. ¿Por qué?

    Porque no tiene los mecanismos necesarios para garantizar que se respete el voto de los ciudadanos. Ya de por sí la consulta tiene un severo problema de origen que narré en un artículo anterior y que tiene que ver con la metodología y la selección de casillas. 

    Comencemos: a diferencia de lo que dice López Obrador, el voto no es secreto, no hay casilla alguna, votas ahí enfrente de los representantes de casilla quienes ven sin problema por quién votaste, ni siquiera voltean a otro lado cuando tú estás votando y, peor aún, tú puedes ver cómo votan los otros que están al lado de ti. No hay nada que garantice que los representantes no puedan inducir el voto porque solo están esos dos representantes, no hay absolutamente nadie que esté vigilando ese ejercicio. Entiendo que el ejercicio es mucho más austero que una elección organizada por el INE por el presupuesto, pero al menos deberían existir filtros que no existen, ni siquiera que puedas votar en una mesa aparte o en una casilla aunque esté mal hecha e improvisada, no hay nada. Solo son dos representantes que están sentados en una mesa, y una urna, nada más.

    Las boletas no tienen ningún certificado de seguridad. Sí, sé que eso incrementaría el costo del ejercicio. Pero vaya, ni siquiera tienen folio. Pueden ser copiadas en la papelería de la esquina y así seguir siendo consideradas como válidas. 

    Luego, ellos registran en una app tu credencial de elector para que no votes más de una vez. Pero no es algo que esté controlado por ningún organismo autónomo, sino por los mismos organizadores, lo que quiere decir que ellos a su conveniencia podrían dejar votar más de una vez a una persona. Así, MORENA puede llevar acarreados a votar en distintas casillas sin problema porque ellos mismos llevan el registro.

    La tinta indeleble no es indeleble. Bueno, no es tinta indeleble. es tinta de sello. Te dicen, pon tu dedo, pero luego si te vas a lavar las manos este se quita, media hora después de votar ya no tengo tinta en mi dedo. La tinta indeleble hubiera sido un muy buen filtro y que sí ha sido utilizado en consultas ciudadanas de años pasados en las que he participado. 

    En el anverso de la encuesta vienen las ventajas y las desventajas de cada opción que vas a votar, pero me llamó la atención que varias de las desventajas de Santa Lucía son «posibles desventajas»: «posibles impactos negativos en el mercado financiero». Con el de Texcoco las desventajas sí son categóricas. Algunas se sacan de contexto, como el hecho de que el costo del nuevo aeropuerto se está incrementando, pero eso sucede con absolutamente cualquier obra que se construya a varios años porque el costo del material siempre sube. Eso mismo ocurriría con Santa Lucía. 

    Así, así es como se va a hacer política pública en los 6 años que vienen, con consultas que se pueden falsear sin ningún problema.

  • La consulta: mi primer fraude. AMLO

    La consulta: mi primer fraude. AMLO

    La consulta: mi primer fraude. AMLO

    ¿Cómo va a gobernar López Obrador? Su consulta sobre el aeropuerto es un muy buen referente. Todo lo va a consultar (o más bien lo que le convenga consultar), le va a preguntar al pueblo sobre las decisiones importantes.

    Pero en realidad, quien va a tomar las decisiones va a ser él. El voto del pueblo siempre irá en función de lo que él quiere y las consultas estarán creadas con ese propósito. Así, López Obrador buscará legitimar sus decisiones. Él podrá decir que el pueblo fue el que eligió, que el pueblo estuvo de acuerdo con él y, de esa forma, se deslindará de la responsabilidad y del costo político que puedan tomar sus decisiones: ¡a mí no me reclamen, ustedes fueron los que eligieron!

    Las consultas también serán selectivas. Si a López Obrador no le conviene hacer una consulta porque los resultados le serán necesariamente adversos, simplemente no la hará. Las consultas solo le funcionarán siempre y cuando sus resultados puedan empatarse con la decisión que ya haya tomado. Dentro de esta apariencia de «ejercicio democrático» se esconde un instrumento demagógico con el cual AMLO busca congratularse ante el pueblo.

    Dicho esto, la metodología de las consultas no pretenderán representar a la población en su conjunto, sino que estarán diseñadas de tal forma que se pueda garantizar el resultado que López Obrador espera. Esto ha quedado muy claro en la consulta por el aeropuerto y la forma con la que se asignado la ubicación de las casillas. Para comenzar, este artículo ya muestra un fuerte escepticismo hacia la metodología utilizada, la cual, dice Sebastián Garrido, es inconsistente y siembra muchas dudas. 

    Pero basta con «echar una ojeada» a la ubicación de las casillas para percatarnos de las inconsistencias y de la arbitrariedad que hay detrás del método de selección. Llama la atención que dentro de todo el corredor Polanco – Lomas – Interlomas Santa Fe, cuya población es la que suele viajar de forma más frecuente, no habrá una sola casilla. Algo parecido ocurre en Guadalajara (donde evidentemente hay menos casillas por habitante que en CDMX, donde AMLO obtuvo una mayor cantidad de votos) en donde en el corredor Country – Providencia – San Javier – Puerta de Hierro, donde vive la mayor parte de la clase alta de la ciudad, tan solo podemos ubicar una casilla cercana pero cuyo acceso no es fácil ya que se encuentra al otro lado de avenida Patria y esa está ubicada en un barrio popular cerca de la cabecera municipal de Zapopan.

    Fuente: http://mexicodecide.com.mx/urnas-de-consulta/

    Si se le quiere consultar al «pueblo», deberíamos entender como pueblo a todo ciudadano cualquiera que sea su posición económica. Pero lo que estoy viendo es que las personas de clase alta, que son las que más utilizan el avión como transporte, están siendo casi excluidos de esta consulta y se les está obligando a viajar distancias mayores para poder participar. 

    Sesgos como éste no solo se ven dentro de las ciudades, sino también en la selección de municipios. De acuerdo con un ejercicio que hizo el profesor del CIDE Javier Aparicio, la probabilidad de que un municipio participe en la consulta aumenta de forma considerable si en la elección municipal del 2018 ganó MORENA:

    Fuente: https://twitter.com/javieraparicio/status/1054965764694949893

    Es decir, el ejercicio ya está viciado porque parece que se le está dando cierta preferencia a los simpatizantes de López Obrador y a los municipios donde MORENA tiene una mayor capacidad de movilizar gente. De acuerdo a los estudios demoscópicos como el realizado por Consulta Mitofsky o El Universal, una mayoría se inclina por continuar la construcción del aeropuerto de Texcoco. Pero los estudios demoscópicos toman una muestra del universo de la población (lo que debería hacer la consulta ciudadana para establecer la ubicación de las casillas y que no hace), mientras que la metodología de la consulta selecciona la ubicación de forma arbitraria de tal forma que los simpatizantes de AMLO tengan más peso en dicha votación.

    Bien se podría decir que en el estudio demoscópico se le está preguntando a la gente qué opción prefiere y no si va a salir a votar por tal opción (como lo hacen en las encuestas electorales), ya que una consulta no mide la mera preferencia, sino el acto de ir a votar por esa preferencia. Pero en este caso, si los estudios hicieran esa pregunta se verían afectados por el sesgo propio de la consulta, ya que muchas personas que viven en colonias donde no habrá una casilla cercana o quienes viven en municipios donde ni siquiera habrá una casilla probablemente dirán que no acudirán a votar. Lo que refleja el estudio demoscópico es la preferencia de los ciudadanos mexicanos con respecto del aeropuerto con base en una muestra que representa a toda la población.

    Además, en una consulta los organizadores deberían mantener una postura neutral y no deberían incitar a la población a votar por alguna opción. Eso no ha sucedido. Jiménez Espriú está en campaña a favor del aeropuerto de Santa Lucía, mientras que algunos diputados y senadores de MORENA se han mostrado a favor del aeropuerto de Texcoco.  

    No nos hagamos bolas, el propósito último de esta consulta no es dejar que la ciudadanía elija, sino legitimar la decisión que haya tomado el Presidente Electo. La consulta está diseñada para ese propósito, y por más insistan en que nos han presentado los puntos a favor y los puntos en contra, la metodología lo delata. Y no hablar de su innata inconstitucionalidad.

    Y así seguramente ocurrirá durante los próximos seis años, donde López Obrador buscará legitimar sus decisiones a través de consultas aparentemente ciudadanas, dejando recaer la responsabilidad en el pueblo y no en él mismo.