Etiqueta: clasismo

  • Por el bien de todos, primero los Forbes

    Por el bien de todos, primero los Forbes

    Por el bien de todos, primero los Forbes

    Me parece a veces que somos un país un tanto extraño. Pareciera que las prioridades están al revés, que lo que es menos importante es más importante que lo más importante y viceversa.

    Me llama la atención, por ejemplo, que en Guadalajara haya sido más mediática la noticia donde unos jóvenes gratittearon un vagón de la nueva línea del Tren Ligero (hasta el alcalde terminó haciendo un video con ellos para mostrarse jovial y comprensivo) mientras que la noticia donde cinco indigentes fueron asesinados en distintos puntos de la ciudad con una piedra mientras dormían pasó desapercibida. ¿Por qué un vagón, que es eso: un vagón que puede limpiarse, nos parece más importante que la vida de 5 personas que fueron asesinadas impunemente? ¿Por qué incluso las autoridades le prestan más atención al vagón?

    Pero de la que quiero hablar hoy es de la marcha para salvar al aeropuerto de Texcoco. Ustedes saben que yo siempre he estado a favor del aeropuerto de Texcoco, pero la marcha que quieren realizar en la CDMX, al menos como la están planteando, se me hace un absurdo. Y ojo, al criticar esta marcha no estoy poniendo en entredicho su libertad de expresarse, tienen derecho a hacerlo. Pero lo que se me hace esquizofrénico es que pidan ir vestidos de luto. 

    ¿De luto, de verdad?

    ¿En un país donde hay muchas más razones para vestirnos de luto?

    ¿En un país donde muchas familias y comunidades son destrozadas por la violencia y el narcotráfico?

    ¿En un país donde los periodistas son asesinados cada rato?

    ¿En un país donde mujeres y niñas son violadas y asesinadas y donde la noticia se pierde dentro del mar de la cotidianeidad?

    Y si bien considero que el aeropuerto de Texcoco no debería de cancelarse, en la marcha no parece proponerse nada para combatir la corrupción que hay en ese proyecto como revisar los contratos ni mucho menos de pedir que el impacto ecológico sea el menor posible. Me parece más bien un desplante de «es que el aeropuerto está chido, lo diseñó Norman Foster».

    La otra vez comenté en mis redes sociales sobre la responsabilidad que tenían las cúpulas empresariales en la cancelación del aeropuerto. Dije que nunca se habían molestado en socializar bien el proyecto, que parecía que se estaban hablando entre ellos mismos al hablar de términos que la mayoría de la población ni siquiera usa. Fue el colmo que para defenderlo lo hicieran en una reunión de banqueros y no en la obra, junto con los empleados y los trabajadores (que perderán sus trabajos).

    La marcha parece volver a exhibir lo mismo, una clase alta que parece desconectada del resto de México, el «mexiquito» que es ajeno a los problemas del «mexicote» (como diría Ricardo Raphael), que vive en su burbuja, que pocas veces sale de su microcosmos que compone Polanco – Lomas – Santa Fe, donde a López Obrador, muy astuto, no se le ocurrió poner ninguna casilla. De forma injusta AMLO no les dio voz porque ya sabían cómo iban a votar, pero los organizadores de la marcha parecen empecinados a darle la razón: sí, vivimos en una burbuja, por eso es que nos vestimos de luto cuando van a cancelar una «obra chingona» y no por todos los desaparecidos y asesinados.

    Tal vez por eso esta marcha ha recibido más bien burlas y críticas (incluso de varios que, como yo, preferimos el proyecto de Texcoco al de Santa Lucía), porque parece ser una manifestación complaciente, porque con sus atuendos de luto los único que comunican es que desconocen la realidad de las mayorías. Tal vez por eso se entiende que muchos prefieran a AMLO que a los empresarios, porque como sea, AMLO de menos sabe como comunicarse con las masas, para las cúpulas empresariales parecen más bien no existir. Tal vez por eso gran parte de los mexicanos asocia a los empresarios con la corrupción y, por eso, es escéptica ante este tipo de marchas que consideran buscan salvaguardar sus intereses. 

  • Los pobres no necesitan un chocolate

    Los pobres no necesitan un chocolate

    Los pobres no necesitan un chocolate

    En México hay muchos pobres. Aproximadamente la mitad de la población se encuentra en algún nivel de pobreza.

    Varios de ellos habitan en las ciudades. Es difícil no ver a alguna persona en condición de pobreza cuando salimos a la calle. Ahí están afuera bajo el sol tratando de ganarse la vida de la forma que sea. 

    Pero a pesar de que son tantos, a veces nos parecen muy ajenos a nosotros, que somos una minoría, y que tuvimos el privilegio de tener los suficientes recursos para tener una calidad de vida cuando menos aceptable. Cosa que ellos no tienen. 

    Tal vez no nos guste ver a muchos en la pobreza, tal vez pensemos que podemos ser ajenos porque muchos deducimos que no tenemos la culpa: nosotros no robamos ni hacemos nada malo como para perpetuar la pobreza. Aunque la omisión y la apatía también cuenta. 

    Nos han enseñado a ver a los pobres con lástima y compasión, al punto en que algunos de ellos echan mano de estos recursos para obtener algo (dinero, comida) porque básicamente funciona. 

    También nos han enseñado que el asistencialismo y la caridad ramplona son las únicas formas en que podemos ayudar al pobre. No es que no sirva de absolutamente nada darle comida o unas monedas al que lo necesita, pero eso solo resuelve sus necesidades inmediatas. Horas después de que se haya alimentado, el individuo necesitará que alguien más le de otra cosa, para lo cual tendrá que seguir poniendo en riesgo su integridad al colocar gasolina en su boca para hacer un show en el semáforo rojo. 

    Muchas de las personas que dieron algo creen o sienten que ya hicieron lo que podían hacer para ayudarlos, ya se sienten contentas consigo mismas o con «el de arriba». Seguramente varias de ellas son bienintencionadas, pero solo es un paliativo, no combate el problema, el pobre seguirá siendo pobre. 

    Pero la forma en que los individuos ayudamos implica que vemos al pobre como ajeno, que vive en una realidad y en mundo distinto al nuestro. Más que pensar en él como un individuo valioso que merecería al menos tener una mejor suerte, lo vemos con lástima y conmiseración, como pensando en nuestro fuero interno que lo ayudamos porque nosotros no quisiéramos vivir así: ¡qué bueno que no tuve la mala fortuna de ser como él!

    Esta idea del pobre como algo muy ajeno, como aquel al que solo se le puede ayudar con paliativos, es lo que derivó en la campaña de Hershey’s llamada  Hablamos de que se puede tener una buena intención y que por lo tanto no podemos criticar moralmente porque al menos tuvieron «la intención de hacer algo bueno», pero no creo que este haya sido el caso. 

    Primero, me sorprende que una empresa de talla internacional crea que hacer el bien es ir con un pobre a regalarle productos de Hershey’s. Utilizar a la gente pobre como instrumento publicitario (porque no es otra cosa más que esa) no tiene madre. Podría argumentarse que «no tuvieron la intención» o que «no lo vieron de esa forma», pero en ese caso refleja una terrible falta de sensibilidad.

    Segúndo, peor aún fue cómo se llevó a cabo la campaña, en la cual «influencers» fueron los que se dieron a la tarea de «ayudar». Ya no solo fueron los publicistas contratados por Hershey’s los que usaron a los pobres como un recurso publicitario; fueron los mismos influencers quienes presumieron en sus redes sociales haber hecho un acto caritativo.

    ¿Qué costo tiene para los influencers hacer ese acto? Ninguno, en el mejor de los casos el costo del chocolate o del choco milk (esto si es que Hershey’s no se los proporcionó) Pero el costo es mucho menor al beneficio (o bueno, a lo que los influencers pensaron que sería el beneficio): que sus seguidores vieran su «lado humano» ayudando a la gente pobre. 

    La verdad es que probablemente no les importe nada. Seguramente, después de tomarse la foto, estuvieron más al tanto de los likes que obtenían que de otra cosa. 

    Y esto pasa porque la pobreza es ajena al individuo. Solo le sirve al influencer para presumir que ayuda, solo le sirve al político para que voten por él y abrazarse con ellos para el espectacular que se colocará en la avenida, solo le sirve a la empresa para aumentar sus ventas. 

    Hershey’s asumió su error y envió un comunicado pidiendo una disculpa, lo cual ciertamente debe reconocerse porque muchas empresas ni disculpas piden e inventan pretextos para no asumir los errores. 

    Pero el trasfondo es lo que importa, que la gente pobre nos parece muy ajena, que solo se le puede ayudar regalándoles cosas siendo son parte de un país cuyas estructuras les dan muy pocas posibilidades de abandonar su condición, donde el color de piel tiene, de acuerdo a la INEGI, una estrecha relación con el poder adquisitivo. Tal vez de aquí deberíamos partir si queremos ayudarles para que su vida mejore. Ayudar es algo que requiere esfuerzo y sacrificio por parte de quien ayuda; cuando eso no existe, cuando regalar el sandwich que sobró o los 5 pesos que no pesan nada es el máximo «estiramiento» que podemos hacer como humanos, es porque tenemos una gran falta de sensibilidad. 

    Tal vez todos tenemos un poquito de ese egoísmo que quedó palpado en la publicidad de Hershey’s. 

  • La imitación del primer mundo para unos pocos

    La imitación del primer mundo para unos pocos

    Leía un interesante artículo donde criticaban la intención del gobierno -de izquierda, dicen- de la Ciudad de México para «recuperar el esplendor de la Avenida Masaryk». Para hacerlo, quisieron equiparar la avenida con los Campos Eliseos de Francia, o la Quinta Avenida de Nueva York. 

    En ese artículo, cuya lectura recomiendo ampliamente, básicamente destrozaron esa comparación. Aún así, alguien como yo que conoce tanto la Avenida Masaryk como la Quinta Avenida, no necesita leer ese artículo para ver la desproporción que hay en esa intención. La única coincidencia que tienen ambas avenidas, es que alojan tiendas de lujo, nada más.

    Pero esa comparación e imitación refleja también la diferencia de culturas: la nuestra, una sumamente clasista.

    Básicamente, el problema es que queremos adoptar las tendencias del primer mundo, ofreciéndolas a las clases muy opulentas con un carácter privado donde todos los demás están prácticamente excluidos. 

    Que recuerde, porque la caminé varias veces, la Quinta Avenida está diseñada para el público, para los peatones. Como dice el artículo, para quienes quieren ir a visitar Central Park, para quienes quieren ir a la Torre Rockefeller y patinar en su pista de hielo. En esa avenida exclusiva hay puestos ambulantes, está llena de gente de todas las clases sociales, y está pensada para que llegues ahí en transporte público. Si llegas en tu auto, te vas a ver en un serio problema al tratar de encontrar estacionamiento.

    En cambio, cuando uno pasea por Masaryk, no solo no hay atractivo turístico alguno para visitar, sino que se percibe como una avenida tal vez lujosa o medianamente atractiva visualmente, pero creada solo para las clases opulentas, para los «políticos y empresarios de baro», para que la gente llegue en su coche, y se paseé por las nuevas banquetas peatonales,  convertidos esporádicamente en peatones mientras observan los aparadores y que volverán a ser conductores inmediatamente después de dejar el automóvil. No está de más decir que a diferencia de la Quinta Avenida, Mazaryk está muy poco conectada con el transporte público.

    Esa avenida es un ejemplo de nuestro empecinamiento de adoptar las tendencias del primer mundo tan sólo para las clases más opulentas y blancas del país.

    Tal vez no estaría de más construir un hotel de Donald Trump ahí. 

    Igualmente ocurre con el crecimiento vertical: mientras que las torres de oficinas y lofts de Estados Unidos están completamente integrados a la ciudad, y las cuales tienen comercios en la planta baja, la mayoría de los nuevos «rascacielos» que se reproducen como virus por las zonas metropolitanas de la Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y Puebla, se conciben como cotos verticales, bardeados, sin ninguna integración a la ciudad, donde los desarrolladores buscan que sus clientes se aíslen por completo de la ciudad. En vez de «hacer comunidad», promueven lo contrario. Algunos asegurarán que se trata de un problema de seguridad, aunque tampoco es como que en la práctica marque una gran diferencia con respecto a los pocos condominios que sí están integrados a las ciudades -cosa que solamente ocurre en algunas zonas de la Ciudad de México y Guadalajara, como en La Condesa o la Colonia Americana respectivamente-.

    Pero nuestro complejo no termina ahí. Incluso cuando hablamos de eventos como algún partido de la NFL hospedado en México, se asume como un evento para ricos. Así, en el Estadio Azteca, desmontaron tribunas para incluir palcos exclusivos, mientras que en Estados Unidos, el futbol americano es el deporte por excelencia para «las masas». 

    Entonces tenemos una cuestión paradójica aquí. Mientras a lo lejos nuestras ciudades parecerían «aspirar al primer mundo», donde algunas de nuestras ciudades ya presumen de skylines de torres parecidos al de algunas ciudades estadounidenses; conforme uno se acerca y ve esos edificios bardeados, con banquetas para peatones muy restringidas o hasta inexistentes y calles que incluso presumen algunos baches, se da cuenta cuenta que eso del «primer mundo» es tan sólo un espejismo pretendido para unos pocos, que quieren replicar de forma muy artificial y torpe, aquello que van cuando viajan a aquellas ciudades de Estados Unidos y Europa.

    No es la primera vez que intentamos imitar al primer mundo, a veces, las pocas veces, lo hemos hecho con relativo éxito, como el Paseo de la Reforma que intentó ser un Campos Eliseos mexicano. Pero si vamos a «imitar al primer mundo», primero «imitemos» su competitividad y su respeto por el Estado de derecho.

    Y para terminar, si bien no es malo adoptar algunas ideas y casos de éxito, tenemos que entender que México es único, que tiene una identidad propia -y muy rica- que merece ser más que un intento wannabe de otros países más desarrollados. 

  • Cerebro vs Guillermo Dellamary. ¿Diferencias entre pobres y ricos?

    Cerebro vs Guillermo Dellamary. ¿Diferencias entre pobres y ricos?

    Guillermo Dellamary así de describe: Mi Curriculum se resume a 25 años de experiencia como psicoterapeuta de jóvenes y sus familias. Especialmente en asuntos escolares y las relaciones disfuncionales con la familia. Tengo licenciatura en psicología en la UAG, en filosofía en la UNIVA y estudios de bachillerato y doctorado en la Pontifica Gregoriana en Roma 20 años de experiencia en programas de radio y televisión sobre consultoria para padres de familia

    Cerebro vs Guillermo Dellamary. Sincera y ejemplar discriminación y clasismo

    Después de salir del curso de Mexworks y darme cuenta de lo que pasaba ahí, hice una especie de campaña por correo (tomaba todos los mails de las cadenas de correo y mandaba un texto alertando a la gente), uno de los cuales le llegó a Guillermo Dellamary, columnista en El Informador, quien sin conocerlo personalmente, me envió un libro que estaba escribiendo sobre este «curso de superación». Ese libro nunca se lanzó a la venta y yo me quedé con una de las pocas copias. Era un buen libro que evidenciaba de una forma moderaba los problemas que acarreaban este tipo de cursos. Me había quedado con un buen concepto de esta persona, posteriormente le dejé de seguir la pista, pero ahora he quedado asombrado por una columna tan clasista y discriminatoria, que hizo que mi opinión sobre de él cambiara radicalmente para mal. Una nota que no entiendo como fue publicada por El Informador.

    Como acostumbro hacer en los «versus». Pondré toda la nota, pero dentro de esta iré refutando todo lo que dice este personaje (las cursivas son del autor, lo demás son anotaciones mías):

    Algunas diferencias entre pobres y ricos

    Desde luego que no se pretende insinuar ofensa ni discriminación alguna, ni tampoco caer en necias generalizaciones. Es sólo atrapar algunas observaciones que recaen en los dos diferentes estilos de vida en nuestra muy particular cultura.

    Aquí usted alerta al lector de que no va a hacer, lo que quiere hacer. El texto es ofensivo, discriminatorio y cae en generalizaciones.

    Aún no acabo por comprenderlo, pero los ricos tienden a ser gente bonita, linda, bien parecida y atractiva. Y en cambio los pobres parecen recibir pocas bondades. Llegando a rayar en la fealdad. No sé si el dinero ayuda a mejorar la genética o si es que la gente bonita tiene más oportunidades de trabajo y negocios, pero basta observar el fenómeno y nos damos cuenta de que las personas de “éxito”, lo que esto pueda significar, tienden a ser gente atractiva y bien parecida. En cambio los pobres, especialmente los delincuentes, fácilmente son gente fea.

    No sé si en todos sus estudios le enseñaron la historia de México, las castas, españoles, mestizos, criollos, para que usted entienda por qué la gente caucásica ha estado arriba de la pirámide, los mestizos en el medio y los indígenas en la parte de abajo. Usted lo reduce todo a tratar de explicar el éxito o fracaso de una persona debido a su parecido físico. Disculpe, pero hay gente que no es parecida, ni blanquita que triunfa. No sólo en México sino en el mundo. Eso tiene que ver con un país con muy poca movilidad social donde unas razas han dominado a otras. Incluso hay que hablar de la subjetividad de la belleza, la cual de alguna manera está supeditada a la cultura de un país o región.

    También he observado que los ricos saben combinar sus prendas de vestir, tienen una mayor sensibilidad estética y no sólo porque tienen dinero para “estar a la moda”, sino tienen buen gusto hasta para hacer maravillas con poco dinero y lograr una buena imagen, de hecho muchos saben usar el lino, la lana, y el algodón, según el momento y el clima. En cambio, los pobres ni idea; se ponen lo que hay y punto.

    ¿No ha pensado que los pobres tienen otras prioridades antes que pensar como vestirse? Y disculpe, que ni siquiera todos los «ricos» tratan de tener una imagen impecable. Yo conozco gente que tiene dinero y no se está preocupando por saber como usar el lino, la lana o el algodón, gente que viste de jeans, una camisa a cuadros y nada más. ¿No ha pensado que la gente de clase media para arriba al estar en el sector servicios o representar la imagen de una compañía buscan verse bien, mientras que un pobre que trabaja en una fábrica no tiene la necesidad de vestirse así? Le pongo mi caso, yo tengo un negocio de páginas web. Naturalmente cuando voy con un cliente busco vestirme apropiadamente, estar rasurado. ¿Eso me preocuparía si tuviera que trabajar en un puesto de intendencia o en una fábrica? Por supuesto que no.

    Bueno el extremo es cuando los pobres van a la playa o a una alberca, las mujeres se meten con una playera, shorts y toda su ropa íntima, como si no supieran que existe un traje de baño. Puede ser por pudor o simplemente una cultura de no gastar dinero en la prenda idónea para nadar. Es más, he visto en albercas públicas los letreros que indican que está prohibido meterse con ropa o pantalones largos, porque de que son capaces, lo son.

    Vuelvo a lo mismo. La gente de escasos recursos tiene otras prioridades. Aquí insulta (como afirmó que no lo iba a hacer) a la gente pobre al decir que son capaces de vestirse con ropa. Cierto, es otra cultura, viven de otro modo. La gente de dinero se preocupa por seguir ciertas reglas de etiqueta que ellos en su ambiente no usan. ¿Cuál es el problema con eso? ¿Por qué le afecta tanto?

    Otra gran diferencia es en la higiene, los ricos son mucho más cuidadosos en su propio aliño personal, su salud y su cuidado bucal. En cambio los pobres parece que eso no es importante, igual los hombres no se rasuran como las mujeres no saben que existen desodorantes. Los ricos toman más precauciones en la limpieza, presentación y equilibrio de los alimentos, mientras que los pobres comen como viene. Lo que hay y punto, eso de lavarse las manos antes de comer o masticar  correctamente parece que son sólo modales para señoritos.

    Empiezo. Los pobres no reciben la misma educación que los ricos. Los pobres no tienen dinero para estar yendo con nutriólogos que les expliquen como comer. Si no tienes dinero que es prioridad ¿Un kilo de frijoles, o una pasta dental o desodorante? La gente pobre no tiene las mismas necesidades que la gente rica. Usted señor Guillermo Dellamary, como cristiano que es, agradézcale a Dios por la posición económica en la que está, y deje de denostar a quienes no tuvieron las mismas oportunidades que usted.

    Hay pobres que salen sin conocer las bondades de un peine o mujeres que creen que andar arregladas es sólo un tema para fiestas. Igual los ricos, pecan de aseados y no quieren ni usar una misma prenda por la tarde y se cambian, y hay pobres que usan el mismo pantalón toda la semana y nada importa.

    ¿Es igual de fácil para un pobre comprar una prenda de vestir que para una persona rica? El comentario es absurdo. ¿Cómo cree que pensará primero en llenar su closet de ropa de marca antes que tener comida, luz y alimentos? Lo reto a vivir en algún barrio marginal, con dos prendas de ropa, y un trabajo de $5,000 pesos mensuales para que me diga si se puede dar el lujo de cambiarse la ropa dos veces al día.

    El desorden de la casa de los pobres es muy característico, parece que no importa poner las cosas en un lugar adecuado, todo va en donde caiga. Y claro, los ricos todo lo quieren en un preciso y correcto lugar.

    Primero, los pobres no tienen sirvienta como seguramente usted tiene porque seguro ha agarrado un sólo trapeador en su vida. Segundo, sus casas no son tan espaciosas como la suya, como para darse el lujo de hacer «decoración de interiores». La estética del hogar NO ES PRIORIDAD para ellos, entiéndalo. Ellos necesitan satisfacer otras necesidades.

    Bueno, como son muchos los temas que hacen ver distinta la cultura, los hábitos y las costumbres de los ricos y los pobres, lo continuaremos la siguiente semana.

    Yo espero que no lo continúe. No entiendo el propósito de este tipo de artículos, ¿A qué es lo que trata de llegar? Yo no lo entiendo la verdad, sobre todo que ha abordado esto de una manera tan superficial e irresponsable. Porque aparte no tiene fundamento alguno más lo que «usted ha visto» y sin ninguna capacidad de la comprensión de los por qués, despreciando a aquellos que no son «de su condición» y juzgándolos de acuerdo a sus propios parámetros.

    Pésimo artículo.

    Aquí el artículo original: http://opinion.informador.com.mx/Columnas/2013/08/22/algunas-diferencias-entre-pobres-y-ricos/

  • Lecciones de VivaAerobus, Prepotencia, clasismo, y un mal servicio

    Lecciones de VivaAerobus, Prepotencia, clasismo, y un mal servicio

    Esta semana es extraña para la empresa aérea VivaAerobus. Recibió mucha publicidad gratuita, pero no parece ser tan buena, aunque creo que algo que resalta más que el mal servicio de la compañía es el actuar de «ciudadanos» que sea por su linaje, posición económica o por su posición social o política. Desde luego no me quedo con el mejor sabor de boca con esta línea aérea, pero lo más desagradable es ver como gente sintiéndose superior, cree tener la capacidad de humillar a sus semejantes.

    Lecciones de VivaAerobus, Prepotencia, clasismo, y un mal servicio

    Empecemos con el primer caso. Tenemos un video donde un grupo de personas están demasiado molestas porque el avión se atrasó (ellos dicen 8 horas, VivaAerobus dice que son dos), el agente de tránsito desde luego no sabe controlar la situación al punto que se burla de los molestos pasajeros que lo amenazan: -¡Uy, que miedo!. En eso un señor fornido, se llena de cólera, le reclama airadamente al empleado por sus burlas, en eso una señora le propina a dicho empleado sendas cachetadas. Este se sigue burlando y levanta la mano. Pareciera que le hace una seña al hombre fornido, lo que causa que este llegue y le propine varios golpes (literalmente le rompió la boca). Después de eso se retira enojado del lugar, y los demás empiezan a amenazar al empleado incluso con cárcel.

    Aquí tenemos dos casos. Una aerolínea que brinda un mal servicio, y naturalmente se entiende el coraje de la gente, porque un avión atrasado implica muchas pérdidas. Pero también es cierto que no se puede esperar un excelente servicio de una aerolínea cuyos boletos en muchos casos son más baratos que un viaje en autobús de lujo (ETN). El empleado de VivaAerobus fue muy poco profesional, creo que habrían suficientes argumentos para despedirlo, pero también tendríamos que ver la capacitación que recibió de la aerolínea. Porque estas personas deberían estar preparadas para manejar estos conflictos. Es inaudito que un empleado se burle de tí ante un mal servicio que está recibiendo.

    Pero la reacción de la señora que le propinó las cachetadas, y el hombre que le rompió la boca es algo peor. En un país desarrollado, estas personas hubieran sido consignadas por la policía y demandados. No hay ninguna justificación para utilizar la violencia, y es peor que un señor fornido se ponga al tú con una persona debilucha, chaparra y mayor de edad. Creo que hay forma de resolver esto, se puede ir a reclamar a la aerolínea, se pudo grabar este video del empleado burlándose para demandarlo e incluso subirlo a redes. Pero con los actos de violencia, el que pierde ante la sociedad, termina siendo el agresor.

    El segundo caso no tiene tanto que ver con el servicio de la aerolínea (aunque de alguna manera refuerza el mensaje de «mal servicio» debido al video que le antecede). Tiene que ver con una senadora del PRD, Luz María Beristain, que llega 9 minutos tarde a su vuelo. Debido a esto, el vuelo se cierra y ya no se puede tomar. La empleada sigue las políticas de la empresa, y la senadora busca intimidarla usando su puesto público con el fin de que le den acceso al vuelo. Se enoja y al final termina insultando a la empleada criticando su «educación».

    Esta senadora demanda que en otras aerolíneas sí le pueden reponer el vuelo. Pero cuando uno contrata un servicio con una empresa, acepta las políticas que esta empresa maneja (que de alguna forma se entregan al usuario), y si esa aerolínea no da esa facilidad, no tiene por qué darla. La señora llegó tarde, y si perdió el vuelo, perdió el vuelo. La empleada simplemente está haciendo su trabajo, y la senadora no tiene ningún derecho a humillarla, ni siquiera por tener su puesto público. Me sorprende que una senadora » de izquierda» arremeta contra una empleada diciendo que su educación es digna de Tepito y le llama «escuincla», cuando se supone que una izquierdista debería de representar a las clases más vulnerables. El tener un cargo político no te da el derecho de pedir trato preferencial en los servicios que se te den. Para una empresa simplemente eres un cliente más y ya.

    Es triste que en México, la gente quiera imponerse a los demás en base a su posición social, a su color de piel o a su puesto. También es triste ver el pésimo servicio al público que hay en varias empresas, al punto que los empleados puedan burlarse de la gente. Lo bueno, como comenté una vez, es que hay quienes evidencian estos actos con el fin de que queden reprobados ante la opinión pública y poco a poco vayamos dejando esas prácticas.

  • Arquitectura discriminatoria y segregacionista

    Arquitectura discriminatoria y segregacionistaEn Latinoamérica y en México (de este último es del que hablaré porque es el que conozco) se hace un enorme esfuerzo para destacar la distinción entre ricos y pobres, entre privilegiados y jodidos. La forma de comportarse, los hábitos de vida, la ropa, los autos, la casa y todo funciona en torno a esto. Ciertamente en todo mundo sucede, pero en el caso de México es mucho más notorio por la desigualdad. Los ricos viven en un miniparaíso con un nivel de vida tipo finlandés y los pobres viven una realidad parecida a los somalíes. Al haber tantas diferencias, las clases «no se pueden mezclar» y eso hay que recalcarlo. Por eso mucha gente adinerada prefiere vivir en una especie de microuniverso, lejos de la sociedad común y corriente, y para eso inventaron los muros, los cotos y los fraccionamientos exclusivos que no tienen algún contacto con el exterior.

    En países como México se presume tener una pequeña tajada de primer mundo donde se crean cotos cerrados o bien torres departamentales bordeados por una valla. Algunos desarrolladores como Frava en Guadalajara alegan que esto es porque los clientes quieren exclusividad porque estos departamentos también tienen alberca, gimnasio entre otras amenidades. En el cluster vertical a las afueras de Puerta de Hierro en la ciudad de Zapopan compuesto por varios rascacielos entre 20 y 42 pisos, podemos ver esa oda a la arquitectura discriminatoria y segregacionista. Este desarrollo excluye al peatón (exceptuando la zona de Plaza Andares) y si existen banquetas es por reglamento, porque si fueran por ellos las suprimirían. A pesar de ver tantos rascacielos unidos, parece un universo desolado, se ven si, muchos autos estacionados en línea amarilla porque los estacionamientos son carísimos,  y se rumora que varias de las constructoras de las torres departamentales llegaron a un acuerdo con las autoridades para permitir esto dado que estas no tienen los suficientes cajones de estacionamiento para los invitados.

    Se habla que para la funcionalidad de uno de estos edificios requiere que este sea amurallado por lo mencionado antes. Pero por ejemplo, en Manhattan, New York, existen varios complejos habitacionales de altura que incluyen también alberca, y la entrada al edificio está al nivel de la calle, no hay muros y dichos complejos se integran con la ciudad. En Guadalajara también existen casos así (la excepción y no la regla) como el complejo Horizontes Chapultepec, compuesto por 4 edificios departamentales de 20 pisos de clase alta ubicados en una zona céntrica de la ciudad. Este complejo no está amurallado, y si, también tiene alberca y gimnasio. A pesar de tratarse también de departamentos caros, posiblemente el mercado es diferente, de gente que le gusta estar más en la ciudad y no aislada de ella, de gente que quiere tener un departamento de lujo sin privarse el lujo también de vivir su ciudad.

    Otro argumento podría ser la cuestión de la seguridad. Horizontes Chapultepec está enclavada en la Colonia Americana, una zona (vendría a ser lo que en el DF es la Zona Rosa o La Condesa) que en los últimos años ha registrado ciertos problemas de inseguridad. Pero a pesar de ello este complejo ha sido un éxito para los desarrolladores y los inquilinos no han tenido problemas relacionados con la inseguridad a pesar de que la puerta de acceso está a nivel de calle.

    Complejos como los de Puerta de Hierro de lejos parecería digno de un Skyline estadounidense, con varias torres juntas en tan poco espacio, pero al ver la situación a nivel calle, esa presunción primermundista se pierde. Los muros y las vallas delatan la realidad. Gente que prefiere aislarse de la ciudad, y que en realidad no están tan protegidos de la inseguridad porque basta con que salgan con sus autos lujosos de esa zona para que algún asaltante los siga y los despoje de sus pertenencias. Para los capos una zona lujosa apartada físicamente de la ciudadanía común es un botín de oro, saben que ahí están los ricos, en cambio en otros complejos como Horizontes Chapultepec esa presunción no se nota tanto, más que estos ultimos ricos se pierden entre toda la ciudad.

    Este tipo de complejos son un insulto para la ciudadanía, se les podría llamar «no ciudades», son islas dentro de un continente, son una muestra del desprecio de este tipo de gente adinerada para con la realidad de su ciudad. Esta arquitectura lo único que hace es segregar, separar, hacer más notorias las clases y hacer notar quienes valen más y quienes valen menos. Lo peor es que no estamos hablando del caso de una ciudad como Detroit que tiene niveles de delincuencia tales que a veces si lo más conveniente es alejarse de las areas céntricas. Los inquilinos «riquillos» de Zapopan se aislan de un sector de la sociedad que ni siquiera es delincuente, ni siquiera pobre, que es parte de la sociedad media alta. Es decir, se aislan de los que son «un poco menos privilegiados que ellos». Sinceramente este tipo de arquitectura segregacionista se debería de prohibir.