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  • La Justicia y Elba Esther Gordillo ¿libre?

    La Justicia y Elba Esther Gordillo ¿libre?

    Mientras nos indignamos por el caso de Laura Bozzo (coincidencia creo yo, y no una cortina de humo como algunos pudieran pensar), también se habló del caso de Elba Esther Gordillo, y es que ahora resulta que la maestra podría salir libre en cuestión de meses debido a «deficiencias y a la vulneración del derecho a un debido proceso». No quiero detenerme en tecnicismos. Pero ¿usted dónde habrá escuchado eso de las «vulneraciones al derecho de un debido proceso». Ah sí, ¡Con Florence Cassez!, esa francesa que inexplicablemente fue puesta en libertad, argumentando aquello.

    La Justicia y Elba Esther Gordillo ¿libre?

    Incluso se notarán paralelismos con el caso de Raúl Salinas o Caro Quintero: -Qué no se encontró no sé qué-, -que algunos procedimientos no se hicieron bien-, -que la PGR va a impugnar, y Osorio Chong está indignadísimo-. Se lavan las manos para que se piense que se trató de un «error» de alguien, de algún empleado, de un juez, un problema aislado, y que no pensemos que hay algo detrás, que pensemos que el gobierno de ninguna manera es cómplice de todas aquellas «liberaciones y condonaciones».

    En unos meses sabremos si Elba Esther Gordillo sale libre (incluso algunos dudan que esté en la cárcel debido a que no tenemos evidencia fotográfica alguna de que ahí siga). Pero si sale, entonces estaremos ante la confirmación de lo que ya sabemos. Que su detención fue una medida política y no de justicia. Si sale, la conclusión podría ser que la ataron de manos para poder pasar una Reforma Educativa, o más bien, miscelanea educativa, donde ahora se evaluará la capacidad de los maestros. Lo que condicionará que puedan continuar dando clases. Es decir, te encierro, acoto tu poder, y una vez hecho esto, eres libre. No importan todas las fechorías que hayas hecho, sigue viviendo de la fortuna que hiciste en años a expensas de la educación, nada más que ahora, nosotros gobierno priísta, queremos tener el monopolio de dicha educación.

    ¿Cuál sería el costo político? Miren que si la mayoría de la gente se mostró escéptica ante la detención de Gordillo, y dicho acto no modificó considerablemente los niveles de aprobación de Enrique Peña Nieto. Entonces tampoco perderán demasiado. Asumieron el costo mediático que implica exonerar a Raúl Salinas, a Caro Quintero, a Florence Cassez ¿Por qué tendrían que pensar diferente en el caso de Elba Esther Gordillo? El desgaste de la figura de Peña Nieto es más notorio en la clase media. Es cuestión ver nuestras redes sociales. Pero hay un desprecio del gobierno ante este sector (demostrado en la Reforma Hacendaria), porque al final es una minoría, y porque quienes generalmente votan por el PRI, son gente de escasos recursos, que no conocen otra realidad que la marcada por Laura Bozzo, y que desconocen las críticas que el clasemediero hace en las redes sociales. Y estos clasemedieros son los que han estado más al pendiente sobre los actos del gobierno, las liberaciones de personajes de nula reputación.

    El problema con este tipo de actos, es que la clase media, minoritaria, pero sostén de la economía de la nación, recibe el mensaje de que las instituciones no funcionan, que son tramposas. Entonces ¿Para qué cumplir con ellas? ¿Para qué pagar impuestos? -Si las instituciones no hacen bien su trabajo, entonces le voy a decir al primo influyente que me ayude- agrandando el círculo vicioso en el que estamos metidos.

    Triste es, que se utilicen a estas instituciones de esta forma, que algunos se congratulan porque el partido que llegó -Sí sabe hacer política-, lo que se traduce en esto. Dentro de las gráficas y los mapas cartesianos para justificar sus propuestas, no miden los efectos secundarios de sus fechorías, y como es que estas afectan a la psique colectiva mexicana.

    Y si sale Elba Esther Gordillo, tal vez no habrá tanto que lamentar, si entendemos que nunca debimos haber festejado su detención.

     

  • México Feliz

    SI bien la felicidad como tal es difícil de clasificar, puesto que es un estado de ánimo y por lo tanto algo intangible, algunas asociaciones como Happy Planet lo han intentado para poder medir los niveles de satisfacción de y entre las naciones. Happy Planet toma como base una pregunta, donde la gente responde sobre su grado de satisfacción personal en los últimos días, en la cual los mexicanos han respondido positivamente, ubicando a México en el lugar 18 entre los países más felices del mundo, donde nuestra calificación baja por el escaso cuidado al medio ambiente.

    Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (sic) (OCDE), en su índice para una vida mejor, toma en cuenta 11 factores para hacer su evaluación, los cuales son: vivienda, ingresos, empleos, comunidad, educación, medio ambiente, gobierno, salud, satisfacción de vida, seguridad y equilibrio entre lo laboral y la vida.
Los resultados que arroja esta última institución, aunque se reconoce el progreso que México ha tenido en la última década, señalan la baja calificación que nuestro país tiene en comparación con la mayoría de los demás Estados miembros, aunque el nivel de satisfacción personal está cerca del promedio que manejan. En sí, el único factor en el cual México está por encima de la media en comparación al resto de los países miembros es en el de contaminantes en el aire que puedan entrar a los pulmones y dañarlos, siendo éste de 33 microgramos por centímetro cúbico, mucho más alto que el encontrado en la mayoría de las demás naciones evaluadas.

    Sin embargo, es curioso analizar que a pesar de que México está como reprobado en 10 de los 11 calificadores, el nivel de satisfacción (el único que se acerca al promedio manejado) de los mexicanos sea positivo.

    De los datos arrojados más alarmantes se encuentra el de gobierno, que revela que sólo el 38 por ciento de los mexicanos dijo confiar en las instituciones políticas, lo que constituye el indicador más bajo en los estándares de la OCDE. El otro apartado donde nuestro país rompe récord es en el de seguridad personal, donde se evalúa el riesgo de ser asaltado físicamente, o ser víctima de otro tipo de crímenes. En México, el 15 por ciento reporta haber sufrido un asalto en los últimos 12 meses, mucho más alto que el 4 por ciento que maneja como media la OCDE, y el más elevado en los niveles que registra la organización.

    En el balance entre el trabajo y la vida, se reveló que los mexicanos laboran mil 857 horas al año, 118 horas más que el promedio manejado de mil 739 horas, lo que indica que la gente tiene menos tiempo para convivir con su familia, relajarse, con lo que se incrementa el estrés y declina la salud personal.

    En educación, sólo el 40 por ciento de la gente comprendida entre los 25 a los 34 años ha terminado la preparatoria, lo que convierte a este país como uno de los peores para preparar a sus jóvenes adultos en nivel preparatoria. Por otro lado, en el Programa de Evaluación para Estudiantes Internacionales (PEEI o PISA, por sus siglas en inglés), que determina si los alumnos poseen las herramientas y conocimientos para participar en la sociedad moderna, reveló en 2009 que el estudiantado mexicano había obtenido 425 de 600 en habilidades de lectura, lo que constituye el grado más bajo del PISA. Otros resultados han demostrado que el 50 por ciento de los jóvenes de 15 años están por debajo del nivel básico de aptitudes y conocimiento.

    En todos los otros indicadores México no cumple con los estándares de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, sin embargo, el 78 por ciento de la ciudadanía dijo tener como promedio más experiencias positivas que negativas en un día, indicador mucho más alto de lo que se percibe en los demás países evaluados, lo que hace del país azteca uno de los más felices de los miembros de la OCDE.

    Siempre he creído que un país se distingue por su gente y lo que ésta produce: cultura, obras de arte, adelantos tecnológicos y científicos, etc., pero también por la calidad de vida que pueda proporcionarle a sus habitantes, y no por su nivel de sobrevivencia.

    No se trata de ser el más rico o el que más produce, sino contar con una menor pobreza y disparidad económica, lograr satisfacer los requerimientos de empleo a la mayor cantidad de personas, y tener un salario mínimo decoroso para llevar una vida digna. El dinero no lo es todo, es cierto, pero ayuda mucho.

    El no ser capaz de satisfacer las necesidades básicas provoca la desilusión de saber que el salario mínimo alcanza apenas para sobrevivir, y a veces ni siquiera para eso. La conciencia de que una vida ardua de trabajo será quizás suficiente sólo para mantener a las y los hijos hasta que éstos tengan la edad conveniente para buscarse el pan individualmente, mientras se observa desde el otro lado de la acera a las y los más privilegiados pasearse en los autos que jamás se llegarán a tener, no es un aliciente para ser felices.

    La razón por la que mucha de nuestra población ha migrado a los Estados Unidos es para buscar ese derecho a la felicidad que está escrita en la propia Constitución de ese país, y que el nuestro falló en darles, para poder satisfacer las necesidades mínimas personales y de sus familias, para huir de la violencia que atenaza nuestra sociedad, o para garantizar que su descendencia no la sufra.

    No es para mí clara entonces la relación felicidad-nivel de vida que se maneja en estos índices. No es congruente con los demás resultados, a menos que en realidad las y los mexicanos nos hayamos resignado a vivir por debajo de la mediocridad, pues ni siquiera cumplimos con el promedio de los demás países socios de la multicitada organización.

    En la víspera del regreso a clases, después de los números que tanto el índice para una vida mejor del OCDE y el PEEI arrojan, me preocupa que las y los mexicanos estemos siendo adoctrinados para no darnos cuenta de las diferentes enfermedades que acosan a nuestra nación, las cuales pueden ser enumeradas en los 11 indicadores descritos párrafos arriba, lo cual puede ser en beneficio de unos cuantos que han secuestrado nuestro sistema educativo y mantienen a México como un país productor de mano de obra barata.

    El engaño que sufrimos es tanto que un 81 por ciento de los mexicanos cree pertenecer a la clase media, cuando sólo el 32 por ciento lo hace, según el área de Estudios Sindicados de la firma especializada en estudios de mercado De la Riva Group, esto quiere decir que sus ingresos familiares son menores a 13 mil 500 pesos mensuales, lo que los coloca por debajo de esta categoría.

    Engañarnos para creer que no vivimos esta realidad, o que nuestro país (o estado, que por ahí se empieza) se encuentra en el camino correcto para llevarnos a un mejor nivel de vida podrá crear el espejismo de que todo está bien, y congraciarnos con quienes les conviene que esa mentira se mantenga, pero eso no cambia nuestra calidad de vida ni mejora el futuro de México en ningún sentido, sólo genera un panorama desolado y oscuro para los que seguirán después de nosotros.