Etiqueta: Chavismo

  • El principio del fin del chavismo, o el día que el sentido común regresó a Latinoamérica

    El principio del fin del chavismo, o el día que el sentido común regresó a Latinoamérica

    La historia nos ha enseñado que la excesiva intervención del gobierno atrofia a los países. Tenemos que remontarnos a la Revolución Industrial y preguntarnos por qué fue Inglaterra el lugar donde esta se gestó. Antes de este suceso, las naciones tenían mas o menos los mismos niveles de pobreza, pero los ingleses eran una nación relativamente más libre y abierta, lo cual creó las condiciones, entre algunas otras razones, para que fuera ese lugar donde se comenzara a gestar el cambio de una sociedad agricultora a otra industrial.

    Revolución Industrial

    Durante la Guerra Fría, el mundo se dividió en tres: El primer mundo, cuyos miembros eran los países capitalistas desarrollados de Occidente que permitían en libre comercio, el segundo mundo lo integraban los países comunistas miembros o satélites de la URSS, y el tercer mundo los países no alineados que decidieron implementar una economía mixta que permitía el capitalismo dentro de las naciones pero que mantenía muy altas restricciones por medios altos aranceles al comercio exterior. No está demás recordar a que naciones les fue mejor.

    Tanto la excesiva intervención en la economía como en lo social son un lastre para las naciones. De hecho las naciones que pugnan por una excesiva intervención en una de las ramas, terminan siendo, en la mayoría de los casos, intervencionistas en la otra (por eso es que se dice que al final del día la ultraderecha y la izquierda radical se parecen).

    Hace unos años, gran parte de América Latina giró a la izquierda intervencionista, debido a que las instituciones supranacionales como el FMI y el Banco Mundial (Consenso de Washington) pensaron que bastaba con darles a las naciones latinoamericanas en crisis, la misma receta para liberalizar sus economías sin analizar a cada país de forma individual. Eso hizo que muchos países no resistieran bien el shock, traduciéndose esto en golpes de Estado, o en la creación de élites económicas rígidas (capitalismo de cuates) como en el caso de México. Esto dio a pie al surgimiento de líderes que pugnaban por un estado anterior de las cosas amparándose en la apología al nacionalismo, la excesiva intervención del Estado y un discurso imperialista – conspiracionista.

    El discurso anti imperialista ha sonado todos los días en los medios oficiales de Venezuela. Pero PDVSA es propietaria de CITGO, empresa estadounidense que posee varias gasolineras en esa nación.

    Bastó algún tiempo para mostrar que estas políticas económicas estaban equivocadas. El Kirchnerismo (que paulatinamente se volvió afín al chavismo) perdió el poder a manos de Macri, y ahora el mismo chavismo en su tierra recibe un duro golpe en las elecciones parlamentarias, lo cual muy posiblemente se puede considerar como el inicio del fin del chavismo. Maduro tendrá un congreso de oposición liderado por la Mesa de la Unidad Democrática que aglutina a partidos de centro-izquierda, centro y derecha. Ésta es la primera vez que el chavismo gobierna sin controlar el congreso.

    El principio del fin del chavismo, o el día que el sentido común regresó a Latinoamérica

    El chavismo se desinfló gracias a los pésimos resultados en economía, gracias a las tiendas vacías, a la hiperinflación, y al autoritarismo. Estas son en realidad, consecuencias naturales de los gobiernos excesivamente intervencionistas. Durante el chavismo, Venezuela se rezagó; basta ver sus ciudades que parecen estar atrapadas en el pasado, y las torres financieras sin concluir que se han convertido en favelas verticales.

    La política redistributiva en Venezuela ha consistido en reducir la desigualdad haciendo más pobres a todos.

    La mejor forma de traer prosperidad a una nación es por medio de mercados lo suficientemente libres como para que puedan transferir conocimiento, producir, transferir y absorber innovación. Los avances tecnológicos y la innovación, como lo ejemplifica la Revolución Industrial, son los que traen prosperidad a las naciones.

    No digo con esto que el gobierno no deba tener ningún papel. Los gobiernos pueden implementar políticas redistributivas para procurar una sociedad más equitativa, en tanto éstas no atrofien a sus benefactores. Los gobiernos deberían de garantizar el acceso a la salud, la educación y el agua a sus habitantes, y también deberían implementar mecanismos para que los más pobres tengan mayor posibilidad de movilidad social (es decir, saltar de una posición social a otra).

    Pero los gobiernos no pueden pretender sustituir la productividad y la capacidad de innovar de la iniciativa privada, y mucho menos puede pretender castigar a ésta (como ahora lo hace el gobierno de Peña Nieto) para obtener más recursos, debido a que su despilfarro irresponsable los ha dejado con las arcas vacías.

    Las izquierdas deberían de pensar en buscar mecanismos para redistribuir mejor la riqueza sin castigar la productividad y la innovación de la iniciativa privada.

    Esos males que las izquierdas atañen al «neoliberalismo» son más bien producto de la intervención del Estado y a del favoritismo de éste para beneficiar a determinadas empresas. Las izquierdas deberían de pugnar por un mercado libre, y hecho esto, implementar mecanismos redistributivos. Si las izquierdas, como la de MORENA, siguen pensando en que el Estado debe de tener un papel activo en la economía, estaremos condenándonos al fracaso como ya está ocurriendo con algunos países de América Latina.

    Hoy Venezuela es el país con la inflación más alta del mundo, el chavismo ha creado pobreza (55% de la población) y desabastecimiento (89%) además de tener uno de los salarios mínimos reales más bajos del mundo de menos de $12 dólares al mes (paradoja en un país socialista), su petrolera es una de las más ineficientes del mundo y sus políticas han hundido a los sectores industriales. Además éste régimen se ha caracterizado por su intolerancia, la represión (como el encarcelamiento de Leopoldo López) y la persecución como formas de mantenerse en el poder.

    Esos son los resultados del socialismo latinoamericano, y en el caso de México, a pesar de las evidencias empíricas, palpables y sonantes, todavía muchas personas ven en López Obrador a la figura que por medio de las mismas políticas fracasadas, rescate a nuestro país; sobre todo porque consideran al «neoliberalismo» (que en realidad nuestro país no es muy «neoliberal») y a la mafia en el poder (cuya existencia se debe al conturbenio con el Estado y no al libre mercado) como los responsables de las problemáticas actuales de nuestro país.

  • El principio del fin del chavismo

    El principio del fin del chavismo

    El Manual del Dictador, obra de Bruce Bueno y Alastair Smith, ilustra de una forma cruda y directa de lo que trata la política. El subtítulo que lo acompaña es muy sugerente: «Por qué la mala conducta es casi siempre buena política» y trata de explicar cómo es que los hombres de poder se pueden sostener en sus puestos, ya sean gobernantes en una autocracia, democracia, o CEO’s de una compañía.

    El principio del fin del chavismo

    Bueno y Smith hablan de la importancia de las coaliciones que rodean al hombre de poder y como es que este tiene que satisfacerlas, porque son las que le permiten seguir ahí, y también nos habla de como recursos como el petróleo tienden a corromper y destruir a los países, dado que los gobernantes para obtener riquezas generalmente dependen del trabajo de los gobernados, y con el petróleo el gobierno no necesita hacer producir a la población, ni ésta puede tener poder sobre los gobernantes.

    Dicho esto, podemos darnos una idea de por qué el chavismo podría caer con Nicolás Maduro. Chávez con su carisma podía tener contentos a los que lo rodean. Maduro no tiene carisma, peor aún, parece no tener ya los recursos para sostener a la población. Recordemos que los venezolanos viven del petróleo, y los recursos no llegan por medio del trabajo de los venezolanos. Escasez de papel e insumos básicos han hecho salir a la gente a la calle. Ese hecho debilita sí o sí la fortaleza de Maduro al poder. Por ello recurre a su coalición, a los que alimenta para tener cerca, como es la milicia venezolana. Posiblemente sin ella, un golpe de estado ya se hubiera dado.

    Según la obra de Bueno y Smith, los regímenes autocráticos tienden a tener en un principio una mayor posibilidad de ser derrocados, pero una vez establecidos, esta posibilidad termina siento bastante menor que el de los regímenes democráticos. Tal vez con Nicolás Maduro sea una excepción. Este fenómeno ocurre porque al establecerse un nuevo régimen dictatorial tienen que ver dónde está el dinero, de dónde vienen los recursos, tienen que formar sus coaliciones, purgar gente para después consolidarse.

    Con Maduro eso no ocurre, porque al ser heredero del chavismo sabe de dónde vienen los recursos y las coaliciones están formadas (aunque sin el carisma de Chávez necesariamente habrá algunos cambios). Entonces esta crisis no puede adjudicarse a un inestable inicio, sino a un inestable fin de un proyecto que nunca funcionó, que sí, logró disminuir la desigualdad, pero a costa de la productividad y creando una mayor dependencia entre gobernantes y gobernados.

    El chavismo parece no tener futuro porque el mismo sistema termina siendo inviable. Porque a 15 años de su inicio, más que un país próspero, se tiene un régimen diluido cuyo gobierno trata con muchos problemas de sostener. Se puede decir que Estados Unidos, la CIA y lo demás juegan un papel, puede no ser falso, sobre todo viéndolo desde una perspectiva geopolítica. Pero independientemente de ello, el régimen venezolano no logró dar prosperidad a sus habitantes ni a su economía, tan manipulada que constantemente tiene que luchar contra inflaciones de varios dígitos.

    El régimen bolivariano podría caer, máxime cuando Maduro ve a Estados Unidos y el «régimen imperialista» como el único culpable y no está dispuesto a ver los errores que se han cometido en casa.