Etiqueta: Charlie Hebdo

  • Aprender a tener criterio

    Aprender a tener criterio

    Caray, el criterio y el sentido común son muy importantes, más cuando se discuten temas importantes y trascendentes. Cierto, todos tenemos nuestra forma de pensar y nuestras opiniones pueden estar influenciadas por nuestras creencias y nuestras convicciones; pero eso no implica siempre dejar hacer un ejercicio mental necesario y menos implica dejarse de llevar por las emociones. Cuanto más se analiza la información que se recibe, se puede llegar con mayor facilidad a la verdad. El problema es que la verdad no siempre tiene que ser lo que nosotros queramos que sea.

    Aprender a tener criterio

    Cuando este ejercicio no se hace, el individuo puede terminar adoptando clichés y repitiendo lo que todos dicen bajo la falsa premisa de que «si es popular, debe de ser cierto». Cuando este ejercicio no se hace, el individuo termina cayendo en generalizaciones (si éste individuo es malo, entonces todos los que tienen relación alguna con él deben de ser necesariamente malos). Aunque estas personas puedan sentirse iluminadas intelectualmente porque su postura es contestataria o confrontativa, se terminan volviendo predecibles (ya sabes que te van a responder). De esta forma es más difícil luchar, y más fácil ser presa de intereses ajenos sin que uno se de cuenta.

    Por ejemplo, en las redes sociales, muchos individuos criticaron al embajador Carlos de Icaza por participar en la manifestación en París. Una de las criticas que le hicieron fue esta:

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    Aclaro, como ustedes ya saben que yo no simpatizo con Peña Nieto ni su gobierno, lo cual queda constatado en éste blog.

    Esta crítica puede parecer válida a priori, sobre todo si se generaliza y la crítica se hace por medio de clichés. Pero es muy fácil encontrar falacias dentro de ésta:

    Primero, que recuerde, Carlos de Icaza no es priísta (haciendo un ejercicio en Google no encontré alguna relación), más bien es un diplomático y fue embajador mexicano, actualmente es subsecretario de Relaciones exteriores. Carlos de Icaza tiene ya una amplia experiencia en la diplomacia, no se formó en el PRI, ni creció dentro de la política como un priísta tradicional.

    En los comentarios de los usuarios (algunos lo llaman fascista o arrastrado) le recriminan por qué no salió a la manifestación de Ayotzinapa y a la de París sí. ¿Vendido? ¿Represor?. No. Sentido común.

    Que Carlos de Icaza trabaje en un gobierno cuyas cabezas sean deleznables no implica que todos los que trabajan dentro del Gobierno sean malos o satánicos, ni el Gobierno necesariamente va a colocar a puros personajes corruptos en todos los puestos. Luego, ¿Dónde puede ser más útil Carlos de Icaza? ¿Siendo uno de tantos más que nos manifestamos, o desde la diplomacia? La respuesta es fácil de contestar, además que si saliera a las calles podría correr el riesgo de perder su puesto y por lo tanto, perder la posibilidad desde donde puede incidir más. Yo no conozco la opinión de Carlos de Icaza sobre Ayotzinapa, pero es absurdo pedir que todos los funcionarios se manifiesten.

    Yo conozco personas que trabajan en el servicio público, que no simpatizan con el partido que asumió el poder, pero que realizan un papel positivo dentro de éste. Yo les puedo preguntar que opinan sobre Peña Nieto por un decir, y a mí me van a dar una opinión muy desfavorable, pero no van a mentar madres de él en las redes sociales porque naturalmente aportarían mucho menos que lo que hacen dentro del gobierno. Y estoy hablando de personas que tienen ideales y que no van a buscar hueso o un puesto político.

    Nosotros podemos salir a las calles y manifestarnos, y de verdad que bueno que lo hagamos, malo sería que no lo hiciéramos. Pero hay que entender que hay gente que no puede comprometer su puesto y tiene que actuar de forma inteligente. Es curioso que muchos hablan de la «simulación del PRI» pero a la vez les piden que simulen en vez de que trabajen. Que la gente «vea» que Carlos de Icaza se sumó a la manifestación cuando él puede aportar más desde su puesto.

    Yo sé que la gente está enojada. Yo estoy muy molesto con todo lo que está pasando, yo estoy molesto con la desaparición de los estudiantes, con el conflicto de interés de la Casa Blanca que debería derivar en la renuncia (o licencia) de Peña Nieto. Pero eso no significa que me deba de llevar por las emociones y deba de cancelar mi espíritu crítico. Porque el espíritu crítico no sólo se debe de usar para cuestionar al gobierno, sino para cuestionar a uno mismo, para cuestionar lo que no nos gusta cuestionar.

    Me entristece ver en las redes sociales tanto sentimiento de repudio irracional, palabras como «fascista, arrastrado, hipócrita, asqueroso». Esos sentimientos tan instintivos y primitivos son fácilmente aprovechados por intereses que se benefician de ellos. Éste caso que expongo es relativo a esa cosa que llamamos izquierda, pero no es exclusivo de izquierdistas.

    Y es que hay que aprender a tener criterio. Hay que leer (no sólo lo que se quiere escuchar), hay que expandir las mentes, hay que tener sentido común y no caer en las generalizaciones. Así como nuestros gobernantes pueden aprovechar nuestra tendencia a generalizar para meter falacias que les convengan (ejemplo, si 20 anarquistas violentaron la manifestación, toda la manifestación es violenta y está sujeta a intereses), los opositores tenderán a hacer lo mismo.

    Se trata de pensar.

  • Cuando las víctimas se convierten en héroes

    Cuando las víctimas se convierten en héroes

    Empiezo este artículo retomando el tema de Charlie Hebdo y la manifestación en Francia, posiblemente en este caso veré las cosas un poco «del otro lado de la moneda», lo cual de ninguna manera significa contradicción alguna con lo que expliqué en mi artículo pasado y es que el atentado de ninguna manera se justifica, y también es erróneo relativizarlo aduciendo que satirizaban y se burlaban fuertemente de religiones e ideologías. Por el contrario, se me hace plausible que un millón y medio de franceses hayan salido a la calle para manifestarse en contra de la masacre perpetrada por parte de extremistas musulmanes contra este medio.

    Cuando las víctimas se convierten en héroes

    Lo que me llama la atención, y que he visto repetidas veces en diferentes latitudes de éste planeta, es la deificación de las víctimas como si se trataran de héroes cuando no lo son. Incluso empezamos a contar su historia de vida con un sesgo (posiblemente inconsciente) donde detalles que en otros casos parecerían normales, parecerían incluso sobrenaturales. No importa si se trata de un estudiante de Ayotzinapa o de un cartonista de Charlie Hebdo. Sus biografías no distan mucho de las personas comunes y corrientes, pero habrá quien ensalse los logros y relativice los errores (o incluso los mitifique) para convertirlos en héroes.

    Y sólo son víctimas…

    Toco el caso de Ayotzinapa, un caso que hasta la fecha nos duele a los mexicanos y no tiene por qué dejar de dolernos. Se trataban de estudiantes de escasos recursos que veían en la normal, una oportunidad para escalar de posición social (o si quieren, ayudar a sus cercanos para que lo hicieran también). Dentro de la normal, les inculcaron ideología marxista que rayaba en el estalinismo, y aparte de estudiar, bloqueaban carreteras y tomaban camiones, en aras de defender, lo que a juicio de sus creencias dogmáticas, era lo correcto. Un escenario así no puede definir si los normalistas eran buenas personas (que seguramente los hay) o malas (que puede haber); menos se puede tratar de un gesto heroico. Tal vez para el dogma sí lo sean, pero no creo que la mayoría de los mexicanos comulguen con el estalinismo o el maoísmo, es más, ni siquiera creo que en Morena o en el PT (donde lamentaron la muerte del camarada Kim Jung Il), la mayoría simpatice con esas corrientes.

    Y entonces, descubrimos que sólo eran víctimas. Nos duelen, nos ponemos en sus zapatos, pero sólo son víctimas.

    Luego vayamos al caso de Charlie Hebdo. Si uno analiza las biografías de quienes fallecieron, podemos ver trayectorias interesantes, gente estudiada, gente talentosa, pero al menos yo no encuentro un atisbo de heroísmo. Con todo respeto, hacer cartones satíricos para burlarse de religiones o corrientes ideológicas (lo cual incluso se me hace burdo)  no es un acto de heroísmo. Algunos pueden aducir que con sus caricaturas fomentaban la libre expresión (algunos otros verán en ello un insulto a sus creencias), pero lo que hacían no era algo precisamente heroico. No salvaron a nadie, no aportaron algo significativo a la humanidad, fueron víctimas de una barbarie, pero fueron eso, víctimas.

    Quiero recalcar esto porque la mitificación puede anular nuestra capacidad de reflexión. La mitificación hace que no podamos poner las cosas en su lugar y por lo tanto no podamos hacer una sana crítica (y autocrítica). El que los normalistas hayan sido cruelmente ultimados no deja del lado que los métodos para defender sus intereses (sean legítimos o no) eran incorrectos y perjudicaban a terceras personas. El que los cartonistas hayan sido masacrado no debe de dejar de lado el debate de qué tanto puede contribuir a la libertad de expresión o bien al resentimiento contra otras corrientes ideológicas por medio de la mofa (porque la empatía y la prudencia hacia quien piensa diferente también es importante), las ilustraciones que ellos publicaban. Si bien es imprudente e incorrecto relativizar la masacre por medio de este debate, tampoco significa que se debe de dejar fuera.

    Un artículo publicado en El País y llamado «Yo no soy Charlie» (hay otros varios con ese título que distan de ser buenos) nos habla de la hipocresía que percibe debido a que muchos piden un nivel de tolerancia que no están dispuestos a dar. Gente que no estaría de acuerdo con que el Papa pronuncie un discurso en su universidad por su conservadurismo, En Estados Unidos, pone como ejemplo, la Universidad de Illinois despidió a un catedrático por explicar la postura de la Iglesia Católica respecto a la homosexualidad y la Universidad de Kansas expulsó a un catedrático por arremeter en Twitter contra la NRA (Asociación Nacional del Rifle). La libertad de expresión debería ser libre y parejo para todos, y no sólo para los que nos guste escuchar.

    Un cartonista ultimado por dibujar no es un héroe en tanto no haya hecho una diferencia significativa para con quienes le rodean o con la humanidad y no se le puede considerar un héroe solamente por dibujar cartones irreverentes. Un normalista que bloqueó una carretera no lo es por el hecho de defender sus intereses con una capucha. Un empresario secuestrado no se convierte en héroe por tan sólo haber generado empleos. Para ser héroe, el individuo debe de marcar una diferencia para con el individuo común, una diferencia, que en base al sacrificio o al riesgo (incluso de su vida) logre aportar algo significativo a la sociedad.

    La mitificación puede cancelar todos estos necesarios debates. Puedo arroparme con el Je Suis Charlie, o con el #TodosSomosAyotzinapa, sin que eso signifique desconocer las imperfecciones de las víctimas (porque al final son humanos). Podemos lamentar a las víctimas, podemos abrazar a quien sobrevivió (como lo hizo François Hollande), pero no hay que caer en el error de mitificar, sobre todo recordando, en nuestro caso, que nuestra historia está lo suficientemente llena de mitos como para llegar a la conclusión de que fue completamente distorsionada de la realidad.

     

  • De Charlie Hebdo a una manifestación histórica

    De Charlie Hebdo a una manifestación histórica

    De Charlie Hebdo a una manifestación histórica

    Un millón y medio de manifestantes en París en una población cuya área metropolitana ronda por los diez millones. Es decir, entre uno y dos de cada diez parisinos decidieron ir a manifestarse a las calles. De esos 10 millones habría que excluir a quienes por edad no asistieron (niños pequeños), a quienes no lo hicieron por incapacidad (personas de la tercera edad) para darnos cuenta de la magnitud de la manifestación, una manifestación histórica. A éste número hay que sumarle dos millones más en otras ciudades de Francia. Simplemente histórico.

    Pero la cereza en el pastel fue que al frente de la manifestación, donde estaban varios mandatarios, el francés François Hollandé, La alemana Angela Merkel, el británico David Cameron o el español Mariano Rajoy; se colocaron en primera fila a Benjamin Netanyahu, el ministro de Israel, y Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, algo que aplaudieron los manifestantes que vieron ese acto simbólico; lo cual termina siendo un golpe mediático y hasta político contra los extremistas.

    Charlie Hebdo es (porque afirman que este atentado no los va a hacer desistir) un diario satírico, que confronta. Charlie Hebdo era implacable a la hora de criticar religiones e ideologías (incluso a la izquierda, de la cual forman parte), por lo cual sus contenidos podían llegar a herir susceptibilidades. Y es válido molestarse e indignarse contra alguna de sus publicaciones. Si soy católico y veo a la Santísima Trinidad siendo satirizada en un acto sexual naturalmente me puedo indignar y tengo derecho a hacerlo; pero de ninguna forma, de ningún motivo, se puede justificar un atentado como el que lamentablemente ocurrió hace algunos días.

    Por esta razón es absurdo hacer afirmaciones como «es que se lo buscaron». Sí, en Charlie Hebdo sabían del riesgo, sobre todo porque ya habían sido víctimas de un atentado en el 2006, pero lo asumieron. Tratar de asignarles cierto grado de culpa es como decirle a una mujer que «se buscó que la violaran» porque iba vistiendo una minifalda. Las sátiras hechas con una pluma, por más burdas y directas que sean, nunca se van a poder comparar con el atentado contra una vida.

    Les cuento una breve anécdota. Hace unos años viajé solo a Nueva York (era la primera vez que iba a esa ciudad) y tomé un taxi que me llevaría a Manhattan, el que manejaba era un árabe y durante el trayecto hablaba por teléfono celular con un tono agresivo (naturalmente no entendía lo que decía). Me entró una especie de pánico por que se me vinieron a la mente los atentados del 2001 y de forma irracional llegué a pensar «¿No será que esté planeando algo?». Bastaron unos minutos para que entrara en control y entendiera que no era nada más que un prejuicio irracional.

    Recordando esto, me preocupa que el atentado contra Charlie Hebdo pueda derivar en una suerte de islamofobia, o más bien que esta se pueda acrecentar. Grupos y políticos ultraderechistas, entre ellos la francesa Marine Le Pen (que tiene un capital político importante) seguramente ya están aprovechando la coyuntura para promover sus ideas nacionalistas. En realidad la gran mayoría de los musulmanes son pacíficos e incluso gran parte de ellos reprueba los atentados. Pero esto puede incitar a que la gente vea a los árabes (que de por sí, ya sufren de muchos actos de discriminación) con recelos, o incluso con miedo. Estos actos, si no son bien canalizados, pueden servir de alimento para que grupos también extremos (como los de ultraderecha) adquieran más poder del que ya han venido acumulando en los últimos años.

    Por eso la importancia simbólica de ver al los mandatarios de Palestina e Israel (cuyas religiones han sido constantemente satirizadas también) junto con varios de Europa Occidental, lo cual manifiesta un repudio consensado contra los atentados terroristas. La persecusión y el señalamiento nunca debe de ir en contra de las religiones ni de quienes las profesan, sino en contra de los extremistas, sean musulmanes o de cualquier otra creencia.

    Imagen de Stéphane Mahé/Reuters

  • Charlie Hebdo. Matar en nombre de Dios

    Charlie Hebdo. Matar en nombre de Dios

    A quienes les da pereza pensar se aferran a dogmas preestablecidos. No necesitan razonar mucho, la «verdad» ya está dada; todo lo que necesitan saber ya está escrito, solo hay que tomarlo por verdadero y denostar a quienes critican esa estructura de creencias porque los podrían sacar de su zona de confort intelectual. ¿Cuál es le precio a pagar? Que terceros pueden a utilizar tu persona con el objetivo de cumplir sus propios propósitos y saciar sus propios intereses.

    Charlie Hebdo. Matar en nombre de Dios

    Conforme navegas hacia los extremos de los espectros políticos e ideológicos, te encontrarás con ese tipo de gente. En la ultraizquierda, en la ultraderecha, en el fundamentalismo religioso. Quienes pertenecen a uno de estos grupos no cuestionan, defienden con sangre sus creencias por más rebatibles que sean; y por más extremos (y por tanto dogmáticos) sean, serán más intolerantes con los que llaman «sus adversarios» y no se tentarán el corazón para acabar con ellos, aunque maten a personas inocentes en nombre de Dios.

    Por esto se entiende lo ocurrido con el periódico satírico Charlie Hebdo, un diario francés de izquierda (que no sólo criticaba a la derecha, sino a la izquierda misma), y que había satirizado tiempo antes a los musulmanes, lo cual les trajo críticas y amenazas. Charlie Hebdo satiriza a muchas corrientes políticas e ideológicas, pero queda patente cuales son las más intolerantes cuando responden con sangre, queda patente cuando tienen el descaro de matar en nombre de Dios, por «haberse metido» con sus creencias.

    La última portada estaba dedicada al polémico libro Sumisión de Michel Houellebecq, que describe un futuro de Francia en el que su presidente es un musulmán. El último tweet de la revista es una caricatura del autoproclamado jefe del Estado Islámico bu Bakr al Baghdadi acompañado del comentario «los mejores deseos».

    En nombre de Dios, sí, en nombre de Dios tres encapuchados pueden entrar a un establecimiento y matar a doce personas, entre ellos a un policía que recibió una bala y fue rematado por uno de los enfermos asesinos. Gritaron Alahu al akbar (Dios es Grande) al momento de perpetrar semejante crimen, aunque yo creo que más bien Dios sentiría vergüenza por haber creado este tipo de fanáticos enfermos.

    -Pero Cerebro, no manches, acá en México también matan periodistas y Televisa te idiotiza, y tú fijándote en esas cosas. Lo sé, pero pongamos las cosas en este contexto, imagina que unos narcotraficantes (en vez de fundamentalistas islámicos) entran a la sede del Reforma o La Jornada (o tu diario favorito), matan a varias personas, entre ellas, el Director General del diario, algún columnista que tú leías en su portal de Internet y a uno que otro cartonista que tú conocías. ¿Qué sentirías? Es una masacre, como la de Ayotzinapa, esa en la cual muchas personas de varios países han mostrado preocupación y consternación.

    El video del asesinato del policía es shockeante, de alguna forma soy inmune a que me afecte emocionalmente como mecanismo de defensa psicológica, pero me pongo a pensar, éste policía tenía una historia, tenía una familia, hijos, sueños, y este fanático no tiene el más mínimo remordimiento de despojarle de su vida, como si se tratara de un simple objeto. Y dicen, lo hacen en nombre de Dios:

    Si eres muy sensible, te recomiendo no ver el video: