Etiqueta: Candidatos independientes

  • La transa de los independientes

    La transa de los independientes

    Hace pocos años, la sociedad civil presionó para que el INE permitiera la participación de los candidatos independientes en la contienda. Lo lograron de forma parcial, ya que el INE a cambio pide requisitos casi inalcanzables. Con excepción de Pedro Kumamoto y su movimiento esta nueva figura no ha sido el revulsivo que se esperaba que fuera y se ha convertido en un escaparate para quienes tienen estructuras o están acostumbrados a hacer trampa: los políticos de cajón.

    De los cinco contendientes principales tres hicieron trampa y dos no. Estos últimos fueron Pedro Ferriz y Marichuy y quedaron muy lejos del número de firmas que el INE les requería; los otros tres, Margarita Zavala, Armando Ríos Piter y El Bronco sí hicieron trampa. Sólo Margarita Zavala logró el registro porque las firmas válidas le alcanzaron para obtener el registro. Pero aún así, las otras que dijo conseguir, que representan casi la mitad del total, eran inválidas. Varias eran fotocopias, estaban duplicadas o tenían inconsistencias:

    Es cierto que en la recolección de firmas pueden aparecer algunas inconsistencias o algunos errores, pero para eso podemos referirnos a los casos de Pedro Kumamoto y Manuel Clouthier quienes, de todas las firmas que obtuvieron, el 90% fueron válidas. Cuando las inconsistencias y los errores son tan amplios es que hubo dolo. 

    Mucho ya se venía hablando de que los aspirantes a candidatos estaban haciendo trampa por el extraño comportamiento del seguimiento que el INE hacía de la recolección de firmas, el cual era inconsistente, no sólo por el comportamiento a través del tiempo, sino por la extraña relación que había entre las firmas conseguidas y los representantes registrados. 

    Margarita estará en la boleta, pero llegará con la marca de la trampa. ¿Cómo podrá señalar la corrupción de Anaya si ella fue corrupta a la hora de conseguir las firmas del INE? ¿Cómo podrá increpar a López Obrador con el discurso del fraude si básicamente ella buscó engañar al sistema para estar en la boleta? El caso de Armando Ríos Piter, el experredista que se presentó como candidato antisistema, fue el más grosero de todos, no sólo porque fue el que simuló más (usando documentos apócrifos) sino porque las firmas válidas no representan siquiera el 20% del total. Básicamente se trata de políticos de carrera abusando del sistema desde fuera. 

    Ciertamente, los requisitos para aparecer en la boleta son demasiado estrictos y no permiten a ciudadanos que no tengan estructuras políticas fuertes acceder a participar en las elecciones; pero eso no es justificación alguna para hacer trampa, máxime cuando se trata de los políticos que son parte del sistema y que decidieron, por conveniencia, contender como candidatos independientes. 

    Este acto vergonzoso y bochornoso es tan sólo el ejemplo de la degradación de una clase política que ensucia y empantana el ejercicio del poder en todas sus manifestaciones, incluyendo los recursos para que los ciudadanos tengan la posibilidad de acceder a las candidaturas. Y aunque hubo ciudadanos, como Edgar Portillo, que también hicieron trampa, casi todos los que lo hicieron fueron políticos de sistema. Ni Ferriz de Con ni Marichuy ni muchos otros decidieron engañar al sistema y se fueron por lo legal, ellos perdieron.

    Con este tipo de actos, la clase política sólo refuerza el paradigma de que en México si la quieres hacer te tienes que ir por el camino chueco y que apegarse a la ley es cosa de ingenuos. Este bochorno es lamentable y vergonzoso. 

    Actualización: les comparto la respuesta de la campaña de Margarita Zavala a las acusaciones. LEER AQUÍ. 

  • La gente quiere outsiders, no candidatos independientes

    La gente quiere outsiders, no candidatos independientes

    La otra vez leí una columna que escribió Pedro Kumamoto, quien ganara la diputación local por el distrito 10 de Zapopan como candidato independiente, donde externa con preocupación que los medios oficialistas repiten una y otra vez el discurso del desangelado papel que los independientes tuvieron en estas elecciones del 2016.

    No sé, si como Kumamoto afirma, si haya alguna campaña oficialista a través de los medios para desacreditar a los independientes con base en los resultados de las elecciones, aunque a mi parecer, los candidatos independientes evidentemente no destacaron mucho este año. Pero un análisis más certero de ello nos lo daría entender que lo que la gente quiere son «outsiders de la política» y no necesariamente candidatos independientes per sé.

    La gente quiere outsiders, no candidatos independientes

    Las candidaturas independientes llamaron la atención porque es una puerta que se abre para los outsiders. Pero una candidatura independiente es eso, un candidato que opta contender sin la representación de un partido político, lo cual tiene ventajas (menos compromisos por cumplir o cuentas por pagar) y desventajas (menos apoyo en las cámaras y no tener institución alguna de respaldo). Es eso y nada más, es un gran oportunidad para los outsiders y quienes quieren romper con los vicios de la política actual, pero por sí misma, la candidatura independiente no garantiza nada.

    Kumamoto fue un outsider en las elecciones pasadas. Ganó por eso, no por ser meramente un candidato independiente.

    No teniendo experiencia alguna en la política formal (lo cual a veces, a ojos de muchos, puede ser considerado una virtud), siendo parte de una generación que está muy poco representada, miembro de Wikipolítica y activista de #YoSoy132, Kumamoto mostró las credenciales necesarias para ser un outsider y para convertirse en un fenómeno casi nacional, a pesar de aspirar simplemente a una diputación local, donde su condición de independiente a veces llega a ser un handicap a la hora de legislar.  La candidatura independiente fue el conducto para llegar a la política formal, pero su perfil de outsider fue lo que hizo que los zapopanos del distrito 10 le dieran su voto.

    El discurso se ha centrado en las candidaturas independientes y no en los outsiders. Un candidato independiente no es necesariamente un outsider, puede representar al sistema desde fuera: «El Bronco» es un claro ejemplo de ello (aunque supo venderse como outsider o diferente y por ello ganó), un empresario o líder sindical cercano a la clase política puede lanzarse como independiente para seguir alimentando los intereses de los mismos de siempre. Por otro lado, un outsider puede ser parte de un partido político. Un buen ejemplo de ello es Javier Corral, quien ganó la candidatura de Chihuahua por el PAN, y quien le ganó el discurso «ciudadano» al independiente Jose Luis Barraza.

    Javier Corral, a pesar de ser panista, ha sido un rebelde. Se ha enfrentado directamente a poderes fácticos como Televisa, ha sido crítico con varios miembros de su partido (incluido Felipe Calderón), al punto que ha despertado simpatías en algunos simpatizantes de izquierda. La politóloga Denise Dresser lo apoyó abiertamente a pesar de ser muy crítica del PAN. Jose Luis Barraza, por su parte, fue presidente de Coparmex y presidió el Consejo Coordinador Empresarial de Aeroméxico. No es que el perfil de Barraza se vea tan cercano a la clase política, sino que el de Corral se percibe como más independiente y alternativo. También la personalidad un tanto altanera y valentona de Corral ayudó mucho.

    Kumamoto (y a lo cual no hace referencia en su artículo) también debería estar congratulado de su éxito, porque a pesar de no ser «independiente» al igual que él, se presentan como quienes enfrentan a los vicios del sistema. Me atrevo a decir que hay más similitudes entre Kumamoto y Corral, que entre Kumamoto y «El Bronco».

    No sobra decir que López Obrador, a pesar de sus negativos y su pasado priísta y perredista, es una suerte de outsider. Es el único de los «presidenciables» hasta ahora, que representa un quiebre con la forma actual de hacer las cosas (sea para bien o para mal).

    La preferencia por los outsiders tiene sentido. Los Estados y los sistemas, como refiere el politólogo Francis Fukuyama, no duran para siempre. Pero hay unos que duran más que otros, unos duran unos pocos años, otros se convierten en imperios mundiales que fungen como tal durante decenas de años y hasta siglos. Los Estados son fundados tomando como base el contexto del momento de su fundación. Pero los contextos cambian con el tiempo (la cultura, la economía, por ejemplo), y cuando el Estado no se adapta a ellos, se empieza a mostrar una suerte de deterioro, lo cual no sólo es evidente en México (que nunca ha podido construir un estado sólido) sino en Estados Unidos y varios países de Europa. Ello hace a los outsiders relevantes.

    Los outsiders pueden ayudar a eliminar o aminorar esa fricción entre el contexto actual y la forma de gobernar de un Estado. Pero también pueden representar un riesgo que acelere el deterioro.

    El ensimismamiento de la clase política hace patente el deterioro del Estado en nuestro país, todas aquellas malas prácticas de los partidos que menciona Kumamoto en su artículo también son claro ejemplo. Por eso asumimos que un outsider tiene que llegar para romper con el estado actual de las cosas y adaptar al estado, o entidad que pretende gobernar, a la realidad actual y a las necesidades actuales de la población.

    Pero ello no implica que en todos los casos un outsider sea el remedio; y también tendríamos que evaluar los alcances del outsider: una sociedad molesta con el estado actual de las cosas puede optar por outsiders con posiciones ideológicas extremistas como sucede en Europa, o con… Donald Trump, que a pesar de contender por el Partido Republicano, representa un quiebre (muchísimos pensamos que para mal), al igual que Bernie Sanders (con una postura más moderada que el primero), que contendió por el Partido Demócrata, poniendo en serio predicamento a Hillary Clinton, quien es ya la candidata oficial.

    Ahora que es la «moda» promover candidaturas independientes, como lo hace Jorge Castañeda en estos momentos, no se debe de dejar del lado el perfil del outsider, y entender que eso es lo que la gente está buscando, y que es lo que se requiere en tanto el outsider no represente un quiebre que acelerere el deterioro de nuestro gobierno (como algunos pensamos de López Obrador).

    El candidato que se proponga para el 2018 necesita representar un cambio de aires, un rompimiento con las malas prácticas y los vicios de la política mexicana, no debe de ser «lo mismo desde fuera», porque lo único que hará es deslegitimar la figura del independiente. Tampoco, aunque las posibilidades en el contexto actual sean muy escasas, podemos descartar el surgimiento de un outsider desde un partido, una suerte de Javier Corral que a pesar de estar afiliado al PAN, representa el rompimiento (o al menos eso parece) de la política tradicional.

    Es necesario entender esto, porque de surgir un candidato independiente cuyo perfil no está muy lejos de la clase política tradicional, se habrá perdido una gran oportunidad.

  • Pedro Ferriz. ¿Por qué no es un buen candidato a la Presidencia?

    Pedro Ferriz. ¿Por qué no es un buen candidato a la Presidencia?

    Hay muchas personas ilusionadas con la apuesta de Pedro Ferriz de Con. El periodista quiere ser Presidente de la República y quiere aprovechar esa nueva plataforma de los candidatos independientes para hacerlo.

    Pedro tiene una ventaja que muchos independientes no tendrían: como es uno de los periodistas más escuchados, entonces es conocido por un considerable sector de la población. No tendría que batallar tanto para conseguir las firmas necesarias para su registro. Aunque ciertamente tendría un handicap en su contra, podría atraer a parte del electorado considerado panista, o de derecha; pero no quienes a tienen una posición más de izquierda, ya sea progresista o nacionalista. Si Margarita Zavala fuera candidata del PAN, el voto de ese sector quedaría fragmentado.

    Pedro Ferriz. ¿Por qué su candidatura no me entusiasma?

    Pero yo no estoy ilusionado como aquellas personas. Y no lo estoy, porque no tengo argumentos para estarlo.

    Una de las razones por la que causa muchas ilusiones es por este argumento: Pedro Ferriz es un crítico del gobierno, entonces es honesto, y cómo es honesto va a ser un gran presidente.

    El argumento es falaz, porque la segunda premisa lo es, así como lo es también la conclusión. Los críticos del gobierno no son necesariamente honestos, y la honestidad no es una garantía per sé para llevar a cabo una gran presidencia.

    No, tampoco creo que sea un hombre corrupto. Aunque a veces sí parece ser un tanto intolerante.

    Pero muchos lo han erigido como un líder moral porque «le dice sus verdades a Peña Nieto». Algunos otros recuerdan sus campañas como La Revolución del Intelecto y su activismo detrás del micrófono.

    Pero la realidad es mucho más compleja, y la presidencia todavía más.

    Que sea opositor al gobierno actual no lo convierte necesariamente en un buen candidato. Él, junto con Carmen Aristegui, (uno desde la derecha, y la otra desde la izquierda) es uno de los periodistas opositores mainstream más importantes del país. Los dos perdieron espacios debido a mecanismos de censura por parte del gobierno, y se han convertido en referentes importantes de quienes se oponen a éste (es decir, la gran mayoría de los mexicanos). Pero lo han hecho desde el periodismo, no desde la política.

    Tampoco es como que sugiera que un periodista no pudiera llegar a ser un buen político, pero no creo que sea el caso de Pedro Ferriz, en el cual, un periodista se convierta en un político destacable.

    Porque no es lo mismo pararse frente a una cámara y criticar a Peña Nieto que sentarse en el escritorio principal de Los Pinos y crear un proyecto de nación, donde ya no entrevistará a Kumamoto o al Bronco, sino que tendrá que lidiar con muchos intereses, tendrá que entrevistarse con representantes de dichos intereses, con presidentes de naciones poderosas.

    Parece que Ferriz no lo ha entendido. Y si llegara a gobernar, muchos se decepcionarían. Porque ser Presidente es muy difícil, más difícil que cautivar a tus radioescuchas con críticas ácidas y contundentes.

    Además, para lidiar con esos intereses, se necesita tener tablas y un temple que él no tiene. Porque un mocoso universitario que hace una ridícula pregunta sobre la vez que le fue infiel a su esposa, es un juego de niños comparado con lo que podría enfrentar en el hipotético caso de que llegara a Los Pinos. Grupos de poder políticos, empresariales, sindicales, eclesiásticos, periodistas que tratarán de despedazarlo, narcotráfico, estudiantes. De hecho el incidente donde insulta al estudiante no me sorprendió en lo absoluto, y va de la mano con lo que siempre he pensado. Que él no es alguien que tenga el perfil necesario de gobernar este país.

    https://www.youtube.com/watch?v=ssvX9vmxBgU

    La pregunta del joven es estúpida. Pero el joven no es quien se destapó para la Presidencia de la República. Entonces, la calidad de dicho cuestionamiento no tiene relevancia alguna, y sí la tiene la reacción de Pedro Ferriz, quien por cierto, ya había insultado de la misma forma a un reportero hace algunos años.

    Es más, aunque la pregunta haya sido con dolo, aunque el estudiante haya sido sembrado. Ferriz perdió la compostura ante un cuestionamiento de tantos que le harán en su pretendida carrera por la grande. Faltan dos años para las elecciones y al parecer ha ya perdido algunos votos.

    Entiendo su valentía para lanzarse por la grande. Pero Ferriz es un mejor periodista que político. Estaba construyendo una plataforma interesante con su plataforma online Ferriz Live TV, algo que no había hecho periodista alguno en el país.

    Seguramente me dirás que no hay opciones, o que Peña no está preparado y es Presidente (las consecuencias las conocemos todos). Y posiblemente me imagine un escenario con cualquier priísta, Moreno Valle por el PAN, Mancera por el PRD y AMLO por Morena. Tal vez ahí «tendría que votar por Ferriz», en caso de que fuera el candidato independiente, porque no me quedaría de otra. Preferiría la «falta de tablas» que el «historial de corrupción».

    Pero en la terna de los independientes debe estar una persona preparada, capaz, y que no forme parte de la clase política. Un académico como Juan Ramón de la Fuente se me viene a la mente, quien podría ser impulsado por Jorge Castañeda y amigos. Y debería de contender sólo uno; si hubiese más de un candidato independiente, el voto a estos candidatos se fragmentaría, con lo cual ganarían los partidos tradicionales.

    En un México de improvisaciones, una persona docta, con un conocimiento amplio del país (sobre todo académicamente hablando), debería ser quien aproveche este espacio, no un periodista que insulte a un estudiante porque no sabe como controlarse. Costó trabajo abrir este espacio, entonces deberíamos aprovecharlo para encumbrar a un gran candidato, que sea diferente a toda esa clase política sumergida en la putrefacción, pero que tenga la sabiduría, el conocimiento, y sobre todo las tablas necesarias.

    Porque no basta con ser un «candidato bien intencionado», menos si se sale de control con cualquier nimiedad.

  • El candidato independiente visto como un tlatoani

    El candidato independiente visto como un tlatoani

    Entré a la sala ubicada en la Expo Guadalajara, donde en el marco de la FIL se llevaría a cabo una charla entre los antes candidatos independientes, y que conduciría Leo Zuckerman.

    No sé si estaba en una conferencia o en un estadio, pero había mucha emoción entre quienes asistieron a esta mesa. El público, que abarrotó el auditorio, recibió a los «independientes» casi como si fueran rockstars.

    El candidato independiente, visto como un tlatoani

    Cuando alguien mencionaba la palabra independiente, la gente aplaudía; cuando se trataba de palabras como «partidos», «PRI» o «Peña Nieto» los abucheos no se hacían esperar. No importaba si los argumentos expuestos por parte de los independientes eran válidos o eran sólo simplemente palabras al aire.

    Era patente la molestia del público con la clase política, de alguna forma los asistentes (y yo creo que la mayoría de los ciudadanos comunes interesados en política) han depositado su fe ciega en los independientes y aquí es donde yo freno el carro:

    Jorge Castañeda (quien trató de contender sin éxito como independiente por la presidencia en 2006), Jaime Rodríguez «El Bronco» (ex Priísta que llegó como independiente al gobierno de Nuevo León contra todos los pronósticos), Manuel Clouthier (hijo del «Maquío» quien ganó un escaño en el senado como independiente), Pedro Kumamoto (Diputado Local por el distrito 10 de Zapopan que llegó sin el apoyo de los partidos), y Alfonso Martínez (alcalde de Morelia quien llegó por la misma vía). Todos ellos son independientes, pero son figuras muy diferentes entre sí. No se pueden poner en un mismo saco.

    Jorge Castañeda es un académico, canciller hijo de canciller, con toda una vida tanto en la educación como en la política. El Bronco militó varias décadas en el PRI, y al no poder contender por ese partido, decidió salir y hacerlo por cuenta propia. Clouthier, un ex panista, hijo de los principales bastiones del PAN (cuando este partido tenía dignidad). Kumamoto es un joven que todavía vive en casa de sus papás, sin experiencia política alguna, pero con muchas ilusiones y ganas de hacer las cosas bien. Y Alfonso Martínez cuya trayectoria no conozco a fondo, pero que también surgió del PAN.

    Sus historias son muy diferentes. Su honorabilidad también. Depositar toda la fe en ellos es un error.

    Las candidaturas independientes son muy necesarias. De hecho, en un México donde existen partidos políticos viciados, son no sólo un recurso alterno que tiene el elector, sino un incentivo para que los partidos políticos se renueven.

    Pero son necesarios. Todo país democrático está compuesto de éstos. Las candidaturas independientes son simplemente un complemento, otro agente en la arena que estimula más la competencia.

    A pesar de la insistencia de algunos panelistas (como Jorge Castañeda y Pedro Kumamoto) de no ver a los candidatos independientes como la panacea, el público mostraba una gran admiración hacia ellos, como si se tratara de los cuatro fantásticos. Pero no lo son.

    El Bronco

    La diferencia intelectual entre Jorge Castañeda y El Bronco es abismal. Al primero le sobra cultura y conocimientos (aunque a veces no se esté de acuerdo con algunos de ellos), El Bronco, me parece más bien una persona relativamente ignorante, pero que sabe como ganarse a las masas. Algo así como un Fox con una pizca de López Obrador.

    Pero la mayoría de los asistentes no se daba cuenta de su demagogia. El Bronco repetía constantemente que los partidos políticos eran totalmente innecesarios y que había que borrarlos del mapa (una afirmación irresponsable): Todos aplaudían y algunos se ponían de pie. El neoleonés arremetía contra los medios de comunicación, decía lo que la gente quería escuchar: confrontación, promesas, pero casi ninguna idea congruente.

    Hasta Pedro Kumamoto (a quien dobla en edad) terminó exhibiendo sin querer al neoleonés. Mientras Kumamoto reconoce el handicap inherente a su juventud y por lo cual trata de prepararse y asesorarse, El Bronco hace gala de su larga experiencia en el PRI. Basta con vociferar «arriba los independientes, mueran los partidos o los medios de comunicación» para hacer explotar al público en júbilo.

    Afortunadamente para El Bronco, éste tiene la ventaja de suceder al clan de los Medina. Basta con hacer caer algunas cabezas y gobernar de forma un tanto decente como para poder erigirse como «El cambio» que México necesita, y que los neoleoneses lo presuman. ¿Les suena?

    Y aquí es donde quiero dejar en claro que no todos los independientes son iguales, que un independiente también puede gobernar mal y se puede corromper. Están hechos de la misma materia que cualquier ser humano.

    Imaginemos que el líder de alguna iglesia evangélica sumamente conservadora lance su candidatura como gobernador independiente y al llegar al poder prohiba los besos en público o lleve a cabo una cruzada en contra de los homosexuales.

    O bien, que una figura que tiene relación con el narcotráfico use ese medio (aprovechando su fama en algún Estado) para buscar una gobernatura.

    La figura de los independientes cae bien, porque mientras los partidos están viciados y atados a un sinnúmero de intereses, los independientes no lo están y «necesitan más de la ciudadanía» para llegar al poder (lo cual los compromete más con ésta). Entonces cuando se vuelven una competencia real, los partidos llegan a la conclusión de que necesitan renovarse; posiblemente limpien sus filas y logren una mejor comunicación con los ciudadanos.

    Los partidos a su vez ofrecen una plataforma ideológica y en ese sentido representan, o deberían de respresentar, a una fracción de los ciudadanos. Un empresario, una madre de familia tradicional, un activista gay o un maestro debería poder simpatizar con un partido político que le sea afín a su forma de pensamiento.

    Un político partidista podrá tener el respaldo en las cámaras que el independiente posiblemente no tendrá. Por esto es que al final del día, los partidos son necesarios; lo que necesitamos es que se renueven, y en el caso de no poder hacerlo, que sean reemplazados por otros.

    México necesita una reflexión más profunda que júbilos ante frases ensayadas y repetidas hasta el cansancio. Si concebimos al independiente como tlatoani, estaremos cayendo en el mismo error histórico en el cual hemos caído siempre y poco después nos preguntaremos por qué las cosas no han funcionado como esperábamos.

    Porque al final es un trabajo de todos. No sólo de los políticos. Tuyo y mío también.

  • López Obrador: Las candidaturas independientes son un compló en mi contra

    López Obrador: Las candidaturas independientes son un compló en mi contra

    Lo sé, siempre que critico a López Obrador me convierto en un judas, entonces empiezan las descalificaciones hacia mi persona, me llaman vendido, me dicen que estoy obsesionado con él (ah pero cuando critico a Peña Nieto, lo cual es más constante, callan). Pero esto no es un concurso de popularidad ni trato nunca que quedar bien con todo mundo. Simplemente trato de mostrar las cosas como son, realidades que a muchos pueden incomodar porque lo que expongo va contra su círculo de creencias. Y no, no tengo que ser un vendido de Televisa ni un lacayo de la Mafia en el Poder. Solamente quiero desnudar a este personaje, al cual, sí, alguna vez voté (no quiero recordarlo), pero que con el tiempo sólo me demuestra que lo único que quiere venir a hacer es a terminar de destruir lo que a Peña Nieto no le alcanzó; a través de sus tergiversaciones, de su discurso maniqueo y tramposo.

    López Obrador: Las candidaturas independientes son un compló en mi contra

    López Obrador quiere llegar al poder, eso es una obviedad y no es un secreto para nadie. No es coincidencia que, valga la redundancia, coincida con algunos priístas en luchar en contra de las candidaturas independientes; a los autoritarios no les gusta que se abran más espacios de participación, y menos cuando atentan contra sus intereses.

    Si hoy hubiera elecciones, López Obrador ganaría. Es cierto, ganaría porque en un día no alcanzarían a posicionarse competidores quienes necesitarían un tiempo para darse a conocer ante la sociedad. Pero sumando el desconocimiento por parte de la mayoría de la población de perfiles interesantes, más el desprestigio de los perfiles más conocidos (Beltrones, Osorio Chong, Velasco y demás) tenemos eso: Que López Obrador en este momento podría obtener el mayor número de votos. AMLO ya se vio, y quiere mantener este orden de la cosas hacia el 2018; los partidos están sumamente desprestigiados y muchos piensan que un candidato que provenga de ellos no tendría las fuerzas para contrarrestarlo, pero un independiente sí lo podría hacer.

    Entonces viene Pablo Hiriart, columnista «muy afín» del Gobierno de Peña Nieto (recordemos que algunos priístas, y sobre todo cercanos al Presidente, no les gusta la idea de los independientes) y publica una columna donde afirma que Diego Fernández de Cevallos, Jorge Castañeda y otros personajes se reunieron para buscar promover a un candidato independiente de cara al 2018, entre quienes podrían estar el propio Castañeda y Juan Ramón de la Fuente. Debido a esto se lanzó una iniciativa llamada Cancha Pareja donde buscan defender y promover la figura del candidato independiente para que en 2018 pueda ser una opción.

    Los lopezobradoristas toman la columna de Hiriart (recordemos que es afín al Gobierno de Peña Nieto, para que vean que cuando le conviene a López Obrador, no importa replicar a uno de sus críticos) y con base en ella hacen afirmaciones tramposas como que la Mafia en el Poder quiere hacer que AMLO no llegue, que Carlos Salinas está detrás (según López Obrador, hasta Salinas jala los hilos de mi madre cuando dice que saque la basura),  que los independientes no lo son (para ellos sólo se es independiente cuando se está con el tabasqueño) y son parte de una conspiración macabra.

    López Obrador y sus afines ya salieron a descalificar a todos los firmantes, pero hay un problema. Entre los firmantes hay algunos personajes que han apoyado a Andrés Manuel como Lorenzo Meyer y los Bichir, el propio Juan Ramón de la Fuente iba a ser designado Secretario de Educación en caso de que AMLO llegara al poder en 2012. Los firmantes buscan nuevas alternativas de hacer política, pero para López Obrador, la única alternativa es, él mismo; y como este listado de personajes, muy diverso, muy heterogéneo, que van desde la izquierda y el progresismo, hacia la derecha, tiene su propia apuesta, entonces son parte del complot.

    Que se puede esperar de un personaje que cuando le conviene, defiende al Bronco, y cuando no, días después, asegura que es sólo un peón de la Mafia en el Poder.

    Basta ver lo que sus cercanos, como Gerardo Fernández Noroña, opinan (quien por cierto, me bloqueó de Twitter por hacerle una simple crítica, para que vean el grado de convicción democrática que presumen esos personajes), básicamente descalifica a todos los firmantes menos a quienes se han mostrado muy cercanos a Andrés Manuel (pa’ que no se vea la incongruencia), como si todos ellos quisieran conspirar contra López Obrador.

    Básicamente López Obrador quiere el poder para sí sólo, «el Estado soy yo». Aunque muchos lo nieguen, aunque algunos digan que se trata de un socialdemócrata mal comprendido, aunque digan que se trata el Lula da Silva mexicano, del Roosevelt siendo combatido por los «republicanos más recalcitrantes». No sé si se parezca a Hugo Chávez o a Maduro, pero López Obrador surgió del PRI y se parece mucho a ellos (sobre todo a esos nefastos mandatarios que tuvimos en los años 70), y sí, tiene los mismos genes en su sangre política que Peña Nieto, aunque duela.

    Y si se trata de combatir a un personaje así, pues que mejor.

    Todo unidos contra López Obrador

    Posted by sdpnoticias on Miércoles, 30 de septiembre de 2015

  • Lo que nos dejaron las elecciones intermedias

    Lo que nos dejaron las elecciones intermedias

    La campaña de las elecciones intermedias fueron las más deslucidas de la historia democrática (por llamarlo de una forma) de México. Guerra sucia, partidos burlándose de la ley, «artistas» promocionando ilegalmente a un partido, videos de propaganda que cayeron en lo chusco, falta de propuestas y demás. No todo fue malo, el surgimiento de candidatos independientes como El Bronco, Clouthier y Pedro Kumamoto que no sólo contendieron, sino que ganaron sus respectivas elecciones. También en las elecciones locales (dentro de las urbes) tuvimos votantes menos apáticos y más informados. Estas fueron las elecciones intermedias donde más gente salió a votar. La clase política, con sus excepciones, no estuvo a la altura. La ciudadanía dio un paso adelante aunque todavía le falta mucho por mejorar. 

    Lo que nos dejaron las elecciones intermedias

    No sé si la campaña fue mala porque la clase política está más podrida o más bien la ciudadanía se ha vuelto más exigente para con ésta. O posiblemente fue una combinación de las dos cosas: Una clase política más corrompida ante una ciudadanía más exigente, lo cual da como resultado una mayor fricción entre ambas partes y una gran decepción de la segunda ante la primera. También es cierto que la sociedad urbana está más preparada que la sociedad rural y por lo cual al tiempo que las zonas urbanas castigan a quienes han gobernado mal;  en las elecciones federales, donde las zonas rurales aportan un considerable número de votos, el partido en el poder salió ganón a pesar del descrédito general y a pesar de su ínfimo índice de popularidad.

    Por ejemplo, en Guadalajara el voto duro y las estructuras han dejado de ser una garantía. Partidos tradicionales como el PRI y el PAN fueron barridos por Movimiento Ciudadano (antes Convergencia), que aunque integrado por ex priístas, ex panistas, ex perredistas y otros indepndientes, ha generado cierta esperanza en la Zona Metropolitana de Guadalajara (sobre todo porque se han sabido vender muy bien), su modus operandi se encuentra en las redes sociales y no en las estructuras y el voto duro. El caso del independiente Kumamoto va todavía más allá. Lo que se vio tanto en la capital de Jalisco como en Nuevo León es aleccionador para los partidos grandes, porque su voto duro y tradicional ya no les da y tendrán que preocuparse por convencer a los inconformes, a esos «que están cansados de PRI y PAN» (en algunos casos el PRI o hasta el PAN llegaron a postular a perfiles valiosos, pero éstos pagaron los platos rotos de otros de sus miembros). Eso obligará a estos dos partidos a gobernar mejor dado que su nivel de votos será proporcional a sus resultados y no a su voto duro, lo cual ayudará a democratizar más al país.

    En el ámbito federal la situación es diferente. En este caso las estructuras tienen más peso y por eso se entiende como el partido de un Gobierno con tan bajos índices de aprobación puede conseguir mayoría (aunque no absoluta) en el congreso (La alianza PRI-PVEM tendrá a 327 de 500 diputados). Para el 2018, tendrá que surgir algún líder que por sí sólo pueda jalar votos, un «Bronco» o un Enrique Alfaro a nivel nacional. De lo contrario, si los opositores colocan figuras medianas, el PRI, aunque su gobierno esté muy descalificado, volverá a gobernar este país seis años más.

    Lentamente, pero la ciudadanía sigue creciendo, y poco a poco se involucra más; organizaciones no gubernamentales tienen una mayor relevancia como el IMCO y su 3 de 3. Internet y las redes sociales tienen mayor peso. Una Fan Page disfrazada puede ser más efectiva que el encabezado de un periódico comprado. En las grandes urbes, la sociedad ya no se traga la guerra sucia tan fácil, los individuos son más escépticos y exigentes con la información que reciben. En Guadalajara Alfaro entendió esto y ganó, el PRI quizo hacerlo como siempre lo hacía y salió vapuleado. Ésto es sano, porque ésto posiblemente orillará a los tricolores a hacer cambios dentro de su partido, y tanto ellos como panistas, perredistas y demás sabrán que la gente ya no se traga las cosas de forma tan fácil. Alfaro y su equipo saben que si no gobiernan bien, su chiste sólo durará 3 años, y que la confianza que le depositaron su votantes tiene muchas condiciones.

    La «conversación» en redes es cada vez más elevada. Vi mucho debate, más argumentaciones, las descalificaciones y las actitudes infantiles todavía abundan pero un poco menos (excepto de candidatos y sus equipos de campaña que inundaron nuestros muros con guerra sucia). Los opinólogos y expertos debaten entre sí, que si el voto nulo, no o sí, una campaña de Denise Dresser promoviéndolo, que con todo el respeto que me merece su persona, esta vez se equivocó. Espero que para 2018 este crecimiento de la calidad de la conversación virtual aumente y no quede en un «peñabots vs pejezombies».

    Posiblemente el nuevo líder o la nueva oposición no venga de los partidos, posiblemente sea un independiente, o pertenezca un partido y sea líder a pesar de éste (pudiera ser el caso de Javier Corral en el PAN). PRI, PAN, y PRD no han entendido la lectura. Tan no la entienden que han recurrido al uso de «artistas» o payasos o futbolistas (recurso también de los partidos pequeños que son igual que los grandes) Los últimos dos se sumergen en la desesperanza y esperan el fracaso de sus opositores (y ni así), el PRI piensa que con dividirlos ganará (hasta el momento en algunos casos funciona, en otros ya no).  La partidocracia puso candados a la puerta y los ciudadanos vieron que podían entrar por la ventana. Presionaron para que se aprobara una Reforma Política; tal vez los gobernantes subestimaron el papel que podía tener un candidato independiente y a regañadientes le dieron acceso. Hoy Nuevo León será gobernado por «El Bronco».

    Las nuevas formas no son una garantía, un candidato independiente también se puede corromper o puede gobernar mal; las redes sociales también pueden desinformar. Pero una mayor apertura y un más amplio abanico de opciones siempre es mejor que un sistema cerrado. En un sistema más democrático, horizontal y abierto, el PRI, por un ejemplo, tendría que despojarse en cierta medida de algunos de sus defectos para poder competir (corrupción, verticalidad) a la vez que conservaría virtudes (su experiencia y oficios), igualmente con el PRD y el PAN; pero para esto necesitan ser críticos (mucho) con ellos mismos; de lo contrario a la larga podrían no sobrevivir y podrían menguar ante nuevas formas de hacer política.

    Las elecciones dejan un sabor agridulce, a nivel federal un gobierno que hace mal las cosas puede no ser castigado. A nivel ciudad sucede lo contrario. La sociedad de alguna forma crece y tiene que ver menos con la clase política que gobierna. Porque aunque de alguna forma la sociedad puede tener el gobierno que merece, también la sociedad puede dar un paso adelante, en tanto la clase política sufre una especie de rezago, lo cual ocasiona una fricción, esa fricción entre sociedad y clase política que vivimos actualmente.

  • La idealización de los candidatos independientes

    La idealización de los candidatos independientes

    Vivimos en un México donde los partidos están desacreditados, vivimos en una crisis política donde el ciudadano ha dejado de sentirse representado por aquellos que alguna mayoría (relativa o absoluta) votó. Peor aún, México es el país cuyo mayor porcentaje de ciudadanos ve a los partidos como corruptos (con el 92%). Estamos en un lío, en una crisis que por alguna razón no ha desembocado en algo más serio como podría ocurrir en otros países.

    La idealización de los candidatos independientes

    Bajo esa coyuntura aparecen los candidatos independientes gracias a la Reforma Política instrumentada por el Gobierno actual (que cabe decir que se llevó a cabo más bien por presión de la ciudadanía y no tanto por las»buenas intenciones» de los gobernantes). Figuras como «El Bronco» en Nuevo León, Manuel Clouthier en Sinaloa contendiendo por una diputación federal o Pedro Kumamoto por el distrito 10 de Zapopan, entre otras han irrumpido en el escenario político.

    La figura de los candidatos independientes representa un avance en un país que más bien pareciera ir para atrás. Pero sería también irresponsable idealizar ésta figura como si bastara con ésta para cambiar a nuestra nación. Es cierto, el independiente tiene menos compromisos con intereses que están enquistados dentro de los partidos. El independiente no se tiene que ajustar a la clásica cultura política del PRI, ni a los ideales conservadores del PAN. Cierto también es que el independiente puede traer su propia agenda. Pero su carácter de independiente no garantiza que ésta figura sea ajena a la corrupción y no garantiza que hará un buen gobierno.

    Así como el candidato independiente tiene menos intereses a los cuales atarse, tampoco tiene la fuerza de un partido que es muy importante para gobernar, sobre todo cuando se trata de candidatos a un puesto legislativo donde sí o sí tendrán que unirse a alguna u otra bancada a la hora de votar leyes, porque por sí mismos representan un sólo voto. Ciudadanos independientes como Pedro Kumamoto podrán hablar de lo malos que son los partidos y los políticos (afirmación algo falaz en tanto el problema no es la figura de los partidos sino los niveles de corrupción en que han caído) pero en caso de ganar la elección no sólo se convertirán en políticos, sino que tendrán que cabildear, negociar y tejer alianzas con ellos.

    Hago memoria, y la primera vez que ganó la oposición una gobernatura lo hizo el PAN en tiempos de Carlos Salinas con Ruffo Appel. Ese triunfo fue importante y fue el inicio del fin del régimen priísta de ese entonces. Ahora el PAN es un mal chiste y el PRI ha retornado al poder tal y como era antes. En esos más de 20 años pasaron muchas cosas, pero la apertura democrática no garantizó nada por sí sola. De la misma forma como aplaudimos la entrada de los candidatos independientes, tampoco podemos idealizarlos y pensar que por sí mismos representarán un cambio. Los independientes pueden ser un factor de cambio sí, un cambio para el cual se necesitan varios factores.

    Hay que recordar que los países más democráticos y funcionales siguen teniendo un sistema de partidos. No es ese sistema el problema, no es la figura del partido; el problema es el nivel de corrupción al que han llegado éstos. La irrupción de un candidato independiente puede ser tan buena como la creación de un nuevo partidos con ideales diferentes. El candidato diferente es un nuevo recurso, una nueva forma de hacer las cosas, pero para arreglar el lío en que nos hemos metido se necesita algo más. Los independientes también adolecen de defectos. El Bronco, por más ostente ser independiente estuvo 35 años en el PRI y conoce su cultura rancia de pe a pa; Kumamoto es seguramente un joven con ideales loables pero su misma figura de joven apartidista que no ha tenido contacto con la política lo convierte en una figura con poca experiencia.

    Tan loable es la llegada de los independientes que vengan a refrescar de «ciudadanía» a la política, como aquellos que con ideales y nobles intenciones prefieren optar la ruta de integrarse a un partido (por más pocos sean, existen). No sólo necesitamos candidatos independientes, sino que la ciudadanía en general se involucre más desde su trinchera en el quehacer público. Aplaudo la llegada de estas figuras y sobre todo sus esfuerzos ante un instituto que les pone muchas piedras en el camino, pero tampoco idealizo, porque si creemos que con eso basta y nos quedamos de brazos cruzados, volveremos a contar la misma historia.