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  • Yo soy así – Una estrella más del canal de los templarios

    Yo soy así – Una estrella más del canal de los templarios

    Yo soy así - Una estrella más del canal de los templarios La fama no es necesariamente proporcional al talento, más bien, esta ecuación se da en pocas ocasiones. La correlación que sí existe es esa donde la primera tiende a ser más escasa conforme la sociedad es más ignorante y viceversa.

    ¿Y qué pasa si tenemos no sólo a un considerable sector de la población en la ignorancia, sino también a un país donde criminales como los narcotraficantes pueden no sólo detentar un gran trozo de poder, sino además establecer una cultura del narco entre la sociedad?

    Entonces, personas como Melissa Plancarte pueden pensar en convertirse en estrellas.

    Ella es hija de Enrique «Kike» Plancarte Solís. Uno de los líderes de los caballeros templarios.

    Para ser hija de un narcotraficante (que sabemos que en la gran mayoría de los casos poseen un aspecto grotesco) no se ve mal,  tiene buen cuerpo, pelo rubio, busto prominente y una cara que si bien no es la más hermosa, tiene lo suficiente para ser considerada bonita. La fórmula perfecta para atraer a aquellos que les gusten esos ambientes (aunque no formen parte), que son muchas más personas de lo que se podría creer.

    La mujer canta desafinada, no se sabe mover bien, su carisma no logra paliar sus carencias. No hablemos de la letra, que es muy mala. Es más, ni siquiera es muy controversial como lo podríamos suponer de la hija de un narcotraficante, en un ambiente donde las bandas gruperas componen narcocorridos.

    Melissa Plancarte es una manifestación de esa cultura del narco que crece cada vez más en la sociedad y la penetra. Donde a veces, extrañamente, los narcos terminan siendo vistos como héroes.

    Lo cual es reflejo de que los narcotraficantes detentan tal poder, que la autoridad se termina viendo incapaz e inoperante, no sólo eso, sino que a veces terminan siendo no tan enemigos de los cárteles, al menos como debería ser en el papel.

    Por eso surgen los grupos de autodefensa. Hay teorías que afirman (debido a que el colombiano Oscar Naranjo, quien utilizó ejércitos paramilitares en Colombia, ha asesorado a Peña Nieto) que estos grupos son una estrategia del gobierno. Si fuera el caso, viendo los resultados, concluiríamos que son una pésima estrategia. En el bastante probable caso de que no fuera así, veríamos que el gobierno ha sido tan inoperante, que los civiles han decidido por sí mismos, luchar contra la inseguridad. Ya lograron recuperar Nueva Italia, Michoacán, cosa que parecía más difícil que el Gobierno lo hiciera que un triunfo de gorditos llaneros sobre el equipo titular del Real Madrid.

    Las autodefensas se han convertido en una especie de héroes entre mucha gente, y el Doctor Mireles podría aspirar a tener cierto tipo de áurea mítica tal cual el Subcomandante Marcos. Yo me detendría antes de hacer ese ejercicio de «admiración» y haría muchos cuestionamientos para tener un argumento. Pero es preferible eso, a admirar a narcotraficantes que extorsionan a civiles inocentes.

    Mientras tanto Melissa Plancarte seguirá cantando un Do que parece más bien Re. O una melodía que pretendería estar en La Menor, pero que en la práctica, sería más bien un atonalismo. Lo que siguen afinadas son las metralletas de los caballeros templarios, y habría que ver si algunas notas que se supone, contrapuntean y son opuestas, en realidad están haciendo armonía con la melodía principal de los narcos.

  • Lindo Michoacán

    Lindo Michoacán

    Michoacán es un estado bello. Sólo basta con viajar a Morelia y su hermoso Centro Histórico, El lago de Pátzcuaro, Quiroga, Uruapan, Zamora. Un estado que a pesar de su retraso económico comparado con otros, es un must visit para cualquier mexicano que se diga conocedor de su país. Pero así como Michoacán nos puede mostrar lo más bello de nuestro país, también tiene la capacidad de restregarnos en la cara la realidad que vivimos como nación, que está muy lejos de ese futuro promisorio que nos prometieron hace poco más de una década, y está más cerca de la descomposición.

    Lindo Michoacán

    13 años después de la supuesta transición democrática, Michoacán es el ejemplo de que las cosas no salieron tan bien. Michoacán es un estado literalmente fallido, rebasado por el narcotráfico, que exhibió el fracaso de una mal planteada guerra contra el narco por parte de Felipe Calderón, y la consecuente de Peña Nieto que ha resultado todavía peor, donde la displicencia y la desconfianza reinan. Ese Michoacán donde su Gobernador Fausto Vallejo ha estado eternamente ausente por una batalla contra el cáncer, pero que de alguna manera representa la debilidad de un estado que poco a poco es reemplazado por los Caballeros Templarios, cuya oposición son los ciudadanos que han creado autodefensas, tal vez a priori con nobles intenciones, pero que por sus características, puede terminar corrompiéndose y convirtiéndose en algo parecido a lo que ahora combaten.

    El Gobierno Federal ha puesto la mira más bien en combatir las autodefensas. Posiblemente arguyan que están haciendo lo que el estado debería de tener, el monopolio de la seguridad. Pero la pregunta que ha surgido es ¿Por qué desarmar a las autodefensas y no a los Caballeros Templarios? Muchas teorías abundan en torno a esta decisión. Dicha estrategia tal vez no podría ser entendida por el ciudadano común y tiene una razón de ser, o posiblemente su sentido común es suficiente como para divisar a lo lejos intereses oscuros de quienes se supone, los deberían de proteger. Lo que sabemos es que en Michoacán hay guerra, y no se vale utilizar eufemismos para tratar de engañarnos y no ver la magnitud de los hechos.

    Un país prometedor, como ese del que hablan algunas revistas o supuestas instituciones que ponen al país del primer mundo y que enaltecen «la inteligencia» de nuestro mandatario, no se puede explicar cuando una parte de éste se pudre y donde el gobierno está cerca de perder el control. Donde los ciudadanos ya no pueden separar entre buenos y malos, donde algunos creen que los supuestamente buenos (gobernantes) no están tan enemistados con los malos, donde muchos ciudadanos incluso le dan más legitimidad a los cárteles de la droga que en algunos casos usan una retórica bastante parecida a los de nuestros gobernantes.

    Si algo se le puede reconocer a Calderón dentro de su fallida estrategia contra el narco, fue que hubo un reconocimiento público del problema. El Gobierno actual, de la mano de sus recursos mediáticos y de comunicación, ha tratado de aminorar el problema, de crear una falsa percepción de seguridad que contrasta tanto con la realidad que es muy poco creíble. Bastan las redes sociales y medios alternativos para darnos cuenta de lo que se está viviendo en Michoacán, las cuales incluso usan los combatientes (tanto autodefensas como narcotraficantes) para defender su posición.

    El mexicano desconfía cada vez más de su gobierno, esa desconfianza empieza a minar la cohesión social que se necesita para que este país sea un buen lugar para vivir. Algunos sienten afecto por esos cárteles que les proveen lo que el gobierno no puede, otros simplemente se sienten desprotegidos y tratan de sobrellevar su vida. Al final del día nos hemos dado cuenta de que el país no va bien, como nos prometen mucho los spots presidenciales. Después de ver esta guerra ¿Entonces sí se puede?