Etiqueta: Brexit

  • Al Peje se le están alineando los planetas. Podría ser tu presidente en 2018

    Al Peje se le están alineando los planetas. Podría ser tu presidente en 2018

    López Obrador lo sabe, sabe que los vientos soplan a su favor. Esos vientos que no tiene ni Obama.

    Esos vientos, o coyunturas, por darle un nombre más técnico, que casi ningún político puede presumir en el país.

    La apuesta de AMLO en este sexenio era criticar ferozmente, como nadie, al régimen de Peña Nieto. La apuesta le salió porque el gobierno de Peña Nieto ha sido básicamente un desastre, y los otros partidos más que comportarse como oposición, han sido tibios, y en algunos casos, parecieron cómplices.

    Al Peje se le están alineando los planetas. Podría ser tu presidente en 2018

    Su postura abiertamente antipeñista le traerá dividendos al tabasqueño. La gran mayoría de los mexicanos está harta del mandatario priísta. Ellos se refugian en los especialistas, divulgadores, comentaristas y hasta payasos que critican duro al Presidente.

    Pero los políticos no llevan el mismo ritmo. Ellos solo se molestan en hacer críticas «políticamente correctas» cuando hay elecciones en puerta. López Obrador es el único que critica a Peña con la virulencia con que lo hace la gente en las redes sociales.

    Imaginemos un debate. Uno de esos debates tradicionales del INE con un formato tan aburrido como para combatir el insomnio. Si la candidata o el candidato del PAN o del PRD señala al candidato del PRI por las casas blancas de Peña Nieto, López Obrador podrá revirar de forma fácil señalando que esos partidos no hicieron prácticamente nada para que Peña fuera procesado. De igual forma ocurriría con el caso no resuelto de los 43 de Ayotzinapa, y con muchos otros errores del gobierno actual que generaron indignación en la sociedad.

    Peña Nieto y Virgilio Andrade

    López Obrador genera miedo en un sector de la sociedad por su beligerancia, sus propuestas populistas y las similitudes que muchos trazan con los gobiernos de Venezuela o Bolivia. Pero no es necesario que López Obrador convenza a todos. Sus negativos son hasta cierto punto contrarrestados con los negativos de lo que muchos denominan «la clase política», compuesta por los tres partidos principales (PRI, PAN, PRD) y los partidos que fungen como satélite de otros (PVEM, PT, PANAL). Aunque técnicamente López Obrador también es parte de la «clase política», se ha logrado desmarcar de ella con su discurso maniqueo: yo soy el bueno, ellos son la mafia del poder.

    Tanto el escenario nacional como internacional son benéficos para la causa de López Obrador. Las posibilidades que tiene para llegar a Los Pinos están condicionadas por su natural capacidad de auto-boicotearse.

    Los constantes errores del gobierno de Peña y de la clase política en general le han dado una mayor legitimidad al argumento de López Obrador. El discurso de que México está cooptado por una mafia del poder compuesta por políticos y empresarios sonaría a una teoría conspirativa a oídos de muchos si ésta fuera pronunciada en 2008. Ahora, su discurso pareciera tener más sentido. Todos han llegado a la conclusión de que hay una clase política corrupta que no quiere soltar el poder, y que varios empresarios y empresas (ej, Grupo Higa) se han beneficiado por sus nexos con ésta.

    Los errores del gobierno actual incluso le han dado mayor legitimidad a organizaciones descalificadas por la opinión pública como la CNTE. Después de que la Policía Federal asesinara a varios civiles, no pocas personas se solidarizaron con los maestros. López Obrador se apropió de la causa, e hizo una megamanifestación en Reforma donde mostró «el músculo» ante sus adversarios.

    AMLO CNTE Reforma

    No pocos dirán que «al final López Obrador tuvo la razón». El planteamiento de López Obrador no tiene que ver con las propuestas ni el delineamiento de una estrategia fundamentada, sino con la moral. El Peje se presenta como el hombre bueno e impoluto (que lo sea o no es otra cosa), yo soy el bueno, el limpio, el honesto; los otros son los malos, los corruptos. Su discurso maniqueo, más propio de una iglesia cristiana o evangélica que de un estadista, puede cobrar fuerza. Sobre todo en aquellos que están lo suficientemente indignados como para votar por la emoción (El Reino Unido ya nos mostró que la capacidad que tenemos para decidir un voto con las vísceras).

    Y si esto no bastara, el entorno internacional también beneficia a López Obrador.

    La postura antisistema que comienza a abrazar al mundo occidental, donde tanto la extrema izquierda (como Podemos en España) o la extrema derecha que emerge en varios países de Europa, así como la de Donald Trump, legitiman el discurso de López Obrador. El Brexit, por ejemplo, tiene algunas similitudes con el discurso nacionalista de López Obrador.

    Por poner un ejemplo, aunque la corriente de pensamiento de los principales promotores del Brexit como Boris Johnson (quien físicamente pareciera un extraño cruce de Donald Trump con el Piojo Herrera) se adhiere al libertarismo en algunos puntos (estado mínimo, bajos impuestos) que son contrarios al de López Obrador, en otras cuestiones, que son las que los motivan a aislar al Reino Unido de Europa, no lo hace. Cuando se habla de nacionalismo, y de culpar a agentes externos de las propias desgracias (propio de líderes demagogos populistas), se pueden encontrar varias similitudes. Ocurre de la misma forma si hablamos de Nigel Farage, principal promotor del Brexit y líder del UKIP (Partido de la Independencia del Reino Unido):

    A pesar de que Venezuela es para muchos un laboratorio de lo que podría ocurrir si López Obrador llega al poder (lo cual podría ser un factor en contra), presentarse como un outsider y como anti-sistema en un mundo que comienza a legitimarlos, es una gran ventaja. El desencanto del individuo con el sistema que lo gobierna y con quienes son «políticamente correctos». no es algo característico de México, sino de muchos países de occidente. El desencanto con el gobierno actual en México y en otros países, a pesar de las diferencias, no son completamente producto de la casualidad.

    Por ejemplo. El Brexit podría legitimar el discurso contra el TLC, porque los planteamientos son muy similares. Un «Mexit» podría ganar adeptos cuando se apela a esos «valores nacionalistas» que tanto nos enseñaron por medio de la educación oficial durante años. La defensa del petróleo, los recursos naturales, lo «hecho en México», recuperar lo que «es nuestro». Y actualmente López Obrador parece ser el único en condiciones de tomar esa bandera.

    López Obrador parece depender más de sí mismo (tiene una capacidad muy impresionante de  auto-boicotearse) y de su capacidad para leer el entorno y actuar en consecuencia. Si su estrategia de aquí al 2018 es adecuada, tendrá considerables posibilidades de ganar. Si no lo es, sus posibilidades serán mínimas. Pero hay una diferencia. No recorrerse al centro lo suficiente fue lo que condenó a López Obrador a la derrota en las elecciones pasadas (particularmente en 2012 lo estaba haciendo muy bien hasta el último mes), pero ahora, dentro del entorno actual, su carácter beligerante y polarizador podría más bien traerle algunos dividendos.

    ¿Cómo parar a López Obrador? La respuesta podría encontrarse en otro outsider. Un candidato independiente no perteneciente a la clase política que logre ganar simpatías tanto en la derecha como en sectores de la izquierda, podría poner en jaque las aspiraciones de López Obrador. Pero ese candidato todavía no aparece en el mapa político, y si lo quiere hacer, más vale que lo haga temprano para padecer lo menos posible todas esas desventajas de ir como independiente por la silla presidencial.

  • Los jóvenes y la política. Cuando la indiferencia marca una gran diferencia

    Los jóvenes y la política. Cuando la indiferencia marca una gran diferencia

    Muchos jóvenes están lamentando profundamente la inminente salida del Reino Unido. La culpa la tienen los grandes, dicen.

    Los jóvenes y la política. Cuando la indiferencia marca una gran diferencia

    Y en efecto, la gente mayor que fue quien votó mayoritariamente por el «leave«. Se entiende, los grandes tienden a ser más conservadores, tienen su vida hecha, prefieren vivir en un lugar tranquilo en vez de convivir con gente de otros países. También la nostalgia influye, los mayores conocieron al Reino Unido antes de 1973, el año en que ingresó a la Unión Europea. No vivieron toda su vida dentro de ella como los jóvenes.

    Para los grandes, las fronteras abiertas atraen individuos que les quitan empleo. Para los millennials es al revés, las fronteras abiertas es una oportunidad para trabajar en otros países. Cuestión de enfoques.

    Pero al parecer, los jóvenes no se lo tomaron muy en serio. Primero, por la apatía política de algunos. Segundo, por exceso de confianza de otros. Porque al igual que creían los mercados, algunos analistas y la mayoría de las encuestas, el Brexit no iba a prosperar.

    Mejor vámonos a Glastonbury. Va a cantar Adele. Coldplay y Muse van a tocar, son los estelares. 200,000 jóvenes fueron al evento. Los organizadores de Glastonbury promovieron el lema «si vienes, vota» para que el evento no fuera excusa (los asistentes tenían tiempo de votar antes de ir al evento). Pero los jóvenes no se interesaron con todo y que los organizadores promovieron el voto a distancia. Quienquiera que quisiera votar e ir al concierto, podía hacerlo. Algunos culpan a Glastonbury, pero si tomáramos como caso hipotético que ninguno de los 200,000 asistente votaron y que todos ellos simpatizaban con el remain, esto no representaría ni la quinta parte de la diferencia entre el remain y el leave (1,300,000)

    Ahora los Millennials son los que más lamentan el triunfo del Brexit. Y culpan a los grandes porque ellos, quienes no tienen futuro por su avanzada edad, castigaron a los que sí tenían futuro.

    Brexit

    Pero los principales responsables fueron los propios Millennials. Sus papás y abuelos, tendientes más a simpatizar con el leave, se interesaron más y salieron a votar. Los jóvenes no. Los jóvenes fueron indiferentes porque aseguraban que no ganaría el leave, o porque, les valió un pepino.

    Y esta es una gran lección para México. El Reino Unido nos mostró como la indiferencia de los jóvenes sí puede generar una gran diferencia.

    Muchos jóvenes en México son muy apáticos. Los argumentos son los mismos de siempre: que todos los partidos son lo mismo, que no me interesa la política porque las series de Netflix son más divertidas, que no le entiendo a eso de la política y que sólo se me hacen graciosas las ocurrencias de Peña Nieto.

    Y peor aún. La apatía juvenil puede tener un mayor peso. El Reino Unido es más viejo (refiriéndome a las relaciones de edad), mientras que México está viviendo un bono demográfico donde hay más jóvenes en edad productiva que antes y que después. Los jóvenes son los más independientes a la hora de votar. Difícilmente simpatizan marcadamente con un partido político. Los jóvenes son un antídoto para los partidos que ganan con base en sus estructuras.

    La mayoría de los jóvenes no tiene interés alguno en participar dentro de temas sociales y políticos. Si bien, la participación ciudadana ha venido a la alza en las últimas décadas, todavía hay un gran sector de jóvenes apáticos que no se interesa por la política. Como relacionan términos como «corrupción» y «ambición de poder», entonces tratan de mantenerse lejos de ella, cuando casi por obligación moral (por el mero hecho de ser ciudadanos mexicanos) deberían de interesarse.

    Los jóvenes deberían estar muy interesados en la política. De hecho, por la edad, suelen ser los más afectados por las decisiones políticas por las repercusiones que pueden tener hasta en el largo plazo. Los jóvenes deberían entender que su futuro no sólo es buscar un trabajo donde se sientan autorrealizados, sino involucrarse en lo público, porque esas estructuras políticas y sociales son las que al final moldean el entorno  donde el joven puede diseñar su proyecto de vida.

    La política no es un hobbie, es algo que impacta más en tu vida de lo que crees.

    Y no se trata de que te guste, se trata de algo más importante, se trata de tu comunidad, de tu nación.

  • Lo que aprendí del #Brexit

    Lo que aprendí del #Brexit

    Lo que aprendí del #Brexit

    El Brexit es una mala noticia. No tanto por las consecuencias de la salida del Reino Unido per sé, cuya salida calará hondo en su economía por un tiempo, y (seguramente mostrará una recuperación, y seguirá siendo un país tan relevante como lo es ahora) por los millennials que ya no podrán aspirar a conseguir un trabajo en otro país de la Zona Euro, sino por el mensaje que se manda, el de volver a construir fronteras, el de regresar al atrincheramiento. Lo que temo es una reacción en cadena. Por ejemplo, en países como Francia con Marine Le Pen o en Holanda, ya están pidiendo referendums para salir de la UE. Ese mensaje, como mencioné, también puede beneficiar a Donald Trump, e incluso puede alimentar la retórica del populismo latinoamericano.

    UK seguirá siendo tan democrático como lo es. A diferencia de Estados Unidos, no está en riesgo de caer en manos de un hombre ignorante, xenófobo, y con rasgos fascistas que amenace los valores democráticos, al menos en este momento. Pero el mensaje que se da, si puede contribuir a que esto suceda en otras latitudes del mundo y arrecie las aguas en un mundo donde el nacionalismo está resurgiendo.

    Pero más allá de las conclusiones que hagamos, hay que hablar de lo que hemos aprendido. El Brexit ha roto muchos paradigmas, y también de alguna forma nos mostró que es lo qué funciona más, y qué es lo que no funciona tanto. Voy a partir de mi premisa de que la decisión que tomaron el 52% de los ingleses es errónea, no es la más benéfica para el Reino Unido (UK), y menos aún para el mundo en el afán de romper muros e integrarnos más como sociedad global.

    La democracia directa no funciona

    La democracia directa no funciona

    Esto ocurre, salvo algunas excepciones, donde quienes votan tienen pleno conocimiento sobre aquello que están votando. Por ejemplo, cuando se trata de un referendum sobre los servicios que recibe una colonia o un barrio, o un tema que no requiera una gran cantidad de conocimiento para tomar una decisión acertada.

    Los plebiscitos y los referendums están de moda. Se venden como el logro último de la democracia porque la población tiene incidencia directa sobre alguna cuestión de interés. Pero como Giovanni Sartori afirmó en su libro ¿Qué es la Democracia?», estos instrumentos no son eficaces porque los individuos no tienen el conocimiento necesario para tomar una decisión acertada. No puedes hacer, por ejemplo, un referendum sobre la Reforma Energética, en tanto la mayoría de la gente no tiene el suficiente conocimiento para decidir si una reforma es conveniente, o peor aún, para decidir sobre las características que deba tener. El voto del pueblo no puede reemplazar a la deliberación de los especialistas en la materia.

    Eso fue lo que pasó con el #Brexit. Algunos ingleses no sabían siquiera como es que funciona la Unión Europea. Algunos ingleses se arrepintieron después de haber votado sí al Brexit porque, o no se habían informado bien, o no creían que el Sí iba a ganar.

    No es casualidad que muchos líderes autoritarios que se legitiman electoralmente (véase Venezuela), utilizan mucho este tipo de instrumentos. Conociendo cual va a ser el resultado, lanzan el referendum y «dejan que el pueblo decida». Si el mandatario sabe que su nivel de popularidad es lo suficientemente bueno, lanza un referendum para que el pueblo decida sobre la permanencia del mandatario, sabiendo que va a ganar en las votaciones: ¡fue la voz del pueblo!

    La democracia representativa, por su parte, es aquella donde los ciudadanos dejan que otra persona decida por él. A la hora de ir a votar, el ciudadano delibera entre los candidatos, y decide quien es el más apto para que lo represente y tome las decisiones por él. Pero la participación ciudadadana no queda ahí, o no debería de quedar ahí. El ciudadano puede organizarse, crear organizaciones no gubernamentales (ONG) o colectivos que sí están especializados en una rama, y tener una incidencia dentro de la vida pública. Estas organizaciones también pueden incidir en la opinión pública e informarla. El ciudadano organizado así, es mucho más útil que un ciudadano que va a votar sobre un tema que desconoce.

    Idealizar a los países europeos

    Idealizar a los países europeos

    Los ciudadanos de los países de Europa son… humanos.

    Cuando se trata de cuestiones políticas, siempre nos comparamos con los países desarrollados. – Allá nunca ganaría el PRI, allá esto y aquello, esto no pasa allá, si gana López Obrador me quedo en Europa.

    Sí, pensar decir que un país europeo, en tanto está más educado que el nuestro y su poder adquisitivo es mayor, puede ser más racional a la hora de votar, puede ser medianamente válido. Pero eso no significa que sean «completamente racionales». De hecho, los humanos somos menos racionales de lo que creemos ser. Un país desarrollado, con el discurso y las condiciones idóneas, puede caer en manos de un demagogo o un populista.

    Imaginemos que un inglés va caminando por el barrio de Wembley y es asaltado por un lituano quien gracias a la pertenencia de UK a la UE, tuvo mayores facilidades para entrar al país y habitar ahí. Entonces, llega a la conclusión de que gracias a la entrada de migrantes, la inseguridad se ha incrementado, y entonces es culpa de la Unión Europea y tenemos que cerrar nuestras fronteras, y se organiza con varios amigos para en conjunto apoyar la salida de UK. Votar a favor del Brexit fue un error a mi parecer, pero de alguna forma se puede explicar por qué este individuo votó así. Igual que aquel mexicano que tiene problemas para encontrar trabajo, mientras que una élite concentra gran parte de la riqueza. De pronto asiste a un discurso de López Obrador y la mafia del poder y le decide dar su voto. Para muchos de nosotros es una elección errónea, pero tiene una explicación.

    El Inglés podría tener alternativas: exigir a sus representantes mayor seguridad, que los migrantes sean integrados (muchas veces la exclusión por parte de la sociedad alienta los crímenes), o bien, que sin salir de la UE, se tomen medidas para tener mayor control de la migración. El inglés, frustrado, irá por la opción que le parece más viable: ¡dejemos la UE! El mexicano también tiene alternativas, organizarse, integrarse a una ONG, exigir a sus representantes. Pero el discurso de López Obrador, en tanto es directo y describe el problema tal y como él lo ve, se vuelve muy atractivo.

    En los dos casos, profundizar sobre el asunto haría caer en cuenta al individuo que su elección posiblemente no sea la más correcta, una mayor educación y conocimiento sobre el tema también lo ayudaría.

    Pero los seres humanos muchas veces hacemos elecciones instintivas y viscerales. Incluso el conocimiento y la educación no siempre son garantía para blindar al individuo de tomar una decisión desde el instinto. La inteligencia emocional (necesaria para moderar los impulsos y poder racionalizar más una elección) juega un papel importante.

    Eso es lo que hacen políticos demagogos como López Obrador y Donald Trump, apelar al instinto, al miedo y al enojo. Por más grande sean esos sentimientos, mejor para ellos, así las posibilidades de que un individuo razone su decisión disminuyen.

    Y como dije, ambos europeos y mexicanos somos humanos. Tanto un mexicano, como un inglés o un sueco, puede tomar una decisión equivocada cuando se trata de tomar una decisión que afecte a sus intereses. Estamos hechos de la misma materia gris, y por eso es un error idealizarlos al extremo que muchas veces lo hacemos. Sí, tomarán decisiones más acertadas más veces, pero no siempre.

    A la democracia «no la necesitas derrocar para derrocarla».

    A la democracia "no la necesitas derrocar para derrocarla".

    Afortunadamente para los ciudadanos del Reino Unido, su nación seguirá siendo completamente democrática como lo es hasta ahora (a menos que en el escenario más pesimista y apocalíptico, su decisión genere una reacción en cadena donde surjan otros estados que se vuelquen al autoritarismo y éstos se conviertan en una amenaza para UK), pero el Brexit es prueba de que los mismos procedimientos democráticos pueden ser la puerta para que un estado autoritario se instale.

    Y vale recordarlo, porque hay registros históricos de esto y generalmente los ignoramos. Adolfo Hilter llegó al poder gracias la democracia de la República de Weimar, Hugo Chávez llegó también al poder por medio de elecciones libres en Venezuela.

    Para derrocar una dictadura, necesitas intervención militar, o bien, organizar a los habitantes de forma no violenta con el riesgo de ser encarcelados o de perder sus vida, en medio del acoso del régimen autoritario como ocurrió en Lituania con la Revolución Cantada, un precio que no muchos estarían dispuestos a pagar.

    Para promover un régimen autoritario en un país democrático no es necesaria la intervención militar, y ni siquiera es necesario preocuparte por ser acosado al promover tus ideas. Tu derecho a la libertad de expresión está garantizada.

    Un líder autoritario puede llegar a contender en elecciones porque los derechos que tiene como ciudadano se lo permiten. El trabajo del autoritario no es sortear a la policía ni al poder, sino simplemente encontrar la fórmula perfecta para atraer a la opinión pública a su favor, y llegando al poder, encontrar los métodos para destruir la democracia e instaurar su régimen.

    Conclusión

    La democracia es algo que damos por sentado, pero pende de muchos factores que juntos generan cierto equilibrio. Como recalca Moises Maím, vivimos en un mundo donde el poder se ha fragmentado. Hemos pasado de los regímenes absolutos, a aquellos donde el poder está dividido, a veces en exceso. Lo cual entorpece a los gobiernos a la hora de tomar decisiones urgentes. La parálisis que se vive dentro de los parlamentos y congresos de los países democráticos muchas veces derivan en aquello que frustra mucho a los ciudadanos.

    Muchos aseguran que la historia se repite una y otra vez, creen fielmente en el eterno retorno de Nietszche. A pesar de que los humanos somos lo suficiente torpes para repetirla, no es algo que pase necesariamente. Aunque repitamos algunos patrones, en parte producto de nuestra naturaleza como seres humanos, la historia contemporánea es muy diferente a aquella del medioevo o a la de las tribus. Los humanos, creo yo, tenemos la capacidad de no caer en los mismos errores del pasado. Por eso siempre es necesario rememorarlo y encontrar coincidencias en el presente para evitar tomar el mismo camino.

    El Brexit es una prueba. A pesar de que la decisión ya esté tomada (se puede revocar, aunque con un costo político muy alto), podemos aprender de ella. Que el Brexit no derive en una reacción en cadena depende de ello, que hagamos un buen análisis y nos percatemos de las coincidencias históricas.

     

     

  • El Brexit, y un disparo en el pie en la hora del te

    El Brexit, y un disparo en el pie en la hora del te

    El Reino Unido acaba de cometer un error, uno bastante grave.

    Es triste porque el populismo determinó una elección en la cual decidieron salir de la Unión Europea (UE). ¿Por qué me atrevo a decir esto?

    El Brexit, y un disparo en el pie en la hora del te

    Bueno, básicamente porque todos los pronósticos son sombríos para el Reino Unido (UK), con todo e información en la mano, los ingleses votaron por la cerrazón y por el nacionalismo. ¿Qué consecuencias podría tener esto para los ingleses?

    • Podrían perder, según London School of Economics, entre el 6% y 9% de su PIB, e incluso con el panorama más positivo donde UK siguiera manteniendo un tratado de libre comercio con UE, perderían entre el 2% y el 3% del PIB. Se vea por donde se vea, la decisión tendrá consecuencias económicas.
    • Tres millones de empleos dependen de la membresía con la UE. Tres millones de empleos en un país de sesenta y cuatro millones. Algo así como el 5%.
    • UK podría perder influencia a nivel global, tal como lo creen en Washington y Beijing.
    • Los recursos que obtienen las universidades británicas para investigación podrían reducirse en un 25%

    No, el Reino Unido no dejará de ser una región importante y relevante, no creo que sea tan catastrófico como algunos sugieren, pero la apuesta que hicieron parece no tener mucho sentido y tendrá consecuencias negativas para su economía. Esto si pensamos sólo en términos económicos.

    Pero nos tendríamos que preocupar aún más por las consecuencias políticas que puedan haber tanto para UK (Ya veo a Escocia e Irlanda del Norte haciéndose a un lado) como para la Unión Europea y el mundo.

    Curioso es que quienes decidieron el futuro del Reino Unido fueron quienes no lo tienen, quienes por su edad ya no estarán en las próximas décadas:

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    Muchos de quienes votaron a favor de #Brexit lo hicieron por miedo (generado por los actos terroristas de tiempos recientes). Al tener mayor control de sus fronteras habría menos riesgo de que UK fuera víctima de un atentado terrorista.

    Pero la mala noticia para quienes ahora lloran de felicidad por haber sacado a su país de «las garras de la Unión Europea», es que es menos gente la que llega de algún otro país de la UE (251,000) para vivir que la que llega del resto del mundo (292,000), quienes ya están sujetos a varias restricciones. Es decir, este nuevo contexto no será tan efectivo para combatir la «amenaza del terrorismo» como piensan.

    Tenemos que hablar también del nacionalismo, quienes quieren cortar lazos con Bruselas en pro de una hipotética «independencia».

    Hasta aquí podría afirmar que esto es problema del Reino Unido, que ellos votaron eso, que ellos sufran las consecuencias de sus decisiones.

    Pero ese es el problema, esta decisión no sólo afecta a UK, afecta al mundo, y puede ser el inicio de un cambio en un orden mundial que se aleje de la democracia y abrace el autoritarismo. De ese calado es el #Brexit.

    #Brexit va en contra del espíritu inglés, de la apertura, de la democracia, del libre mercado.

    La historia no es complaciente con esa decisión, de hecho nos ayuda a entender el tamaño del error. #Brexit va en contra de un proceso histórico de integración global que tiene siglos de existencia, y que incluso UK aceleró con la Revolución Industrial y la democracia liberal. La última vez que amenazamos con romper ese proceso de integración fue esa vez que Mussolini, Hitler y Stalin irrumpieron en el panorama mundial. Las consecuencias son ampliamente conocidas.

    Los paralelismos que uno puede encontrar entre el #Brexit y Donald Trump no son casualidad. Aunque #Brexit no tiene un líder visible e imponente como Donald Trump, el discurso es muy similar: Apología al nacionalismo, rechazo a los migrantes y a lo diferente. Y tampoco es coincidencia que quienes apoyen estas políticas populistas sean personas que tienen poca educación.

    Composición del electorado estadounidense que simpatiza con Donald Trump:

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    Composición del electorado británico que votó sí a #Brexit:

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    En ambos casos, por más se simpatice con las ideas nacionalistas (ya sea apoyar a Trump o votar por salir de la Zona Euro) menos nivel educativo se tiene. Quienes tienen menos educación, tienen menos información para emitir un voto, y por tanto son mas proclives a caer en las trampas del populismo. Sabemos de antemano que los votantes no son racionales, de hecho, los humanos somos menos racionales de lo que pensamos, pero mientras más información y conocimiento tengamos a la mano, más probabilidad existe de que un individuo haga una elección racional.

    Sí, hasta los países europeos de avanzada se pueden equivocar. Al final seguimos siendo seres humanos.

    Aquí no paran las «coincidencias». Quienes votan por aquello que representa la democracia liberal (es decir, lo contrario que proponen Trump y el #Brexit) se concentran en las principales urbes. Trump no tiene mucha simpatía en ciudades como New York, Chicago, Los Ángeles o San Francisco. De la misma forma, #Brexit no tiene mucha simpatía en Londres, Manchester, Liverpool o Leeds. Tampoco tienen simpatías en aquellas regiones donde se encuentran las instituciones educativas más importantes. Boston para el caso de Trump (donde se encuentran Harvard y el MIT), y Oxford o Cambridge para el caso del #Brexit.

    ¿Qué tiene esto de relevante? Que quienes viven en las grandes urbes tienen mayor acceso al conocimiento. Aunque ciertamente en estas épocas del Internet y los medios digitales una persona que vive apartada en una cabaña a 100 kilómetros de cualquier poblado puede tener acceso a cualquier diario del mundo, lo cierto es que la cultura dentro de los poblados pequeños suele ser más conservadora y tienden a estar más aislados que sus pares de las grandes urbes.

    Brexit

    Voy a agregar más coincidencias. Algunas más preocupantes.

    No estoy sugiriendo de ninguna manera que vayamos a entrar en una Tercera Guerra Mundial, es demasiado precipitado e irresponsable hablar de un escenario así a estas alturas, pero podemos observar paralelismos con el panorama que se vivía en el periodo de entre guerras. Una crisis mundial que la antecedió (véase 1929 y 2008) y que derivó en el surgimiento de corrientes ideológicas de extrema derecha e izquierda.

    No se asusten, no entraremos en una guerra, pero sí podremos ver un «proceso desglobalizador» donde varios países se atrincheren y cierren sus fronteras, lo cual ya de por sí es preocupante y puede tener consecuencias negativas tanto a nivel político como económico. La decisión de UK podría traer una reacción en cadena. Ciertamente el modelo de la Unión Europea no es perfecto y ha generado descontento en varios sectores de la región (euroescépticos), pero lo peor tanto para la economía británica como la economía mundial, sería cerrar las fronteras y regresar a un estado anterior de proteccionismo y aranceles altos.

    Inclusive, dentro del Reino Unido, podremos ver una Escocia que se separe por su marcado europeísmo. No es casualidad que los escoceses hayan votado abrumadoramente en contra del Brexit.

    No quiero imaginar un año después a un Donald Trump intentando sacar a Estados Unidos del TLC. No quiero imaginar a un López Obrador inspirado (en caso de que llegara a la presidencia, cosa que no se puede descartar) que lance su referendum para sacarnos del TLC y regresar a la economía de los años 70.

    E insisto, esto va contra la propia esencia del Reino Unido, del país de las fronteras abiertas y del comercio con otros países. Esto va en contra de eso que hizo grande al Reino Unido.

    Y quiero entender a la gente que votó sí al #Brexit, y como demócrata debo respetar su decisión aunque afirme que dicha decisión se tomó con base a la ignorancia. Quiero imaginar a quienes tienen miedo de ser parte de un atentado terrorista, quienes no tienen empleo mientras una persona de origen árabe sí lo tiene, quiero imaginar a la gente mayor que no tiene recursos económicos. Quiero ser empático y ponerme en sus zapatos, pero al final no me cuadra. Y como he dicho, al final somos humanos y podemos equivocarnos. Ni los países desarrollados son infalibles, y a través de la historia hemos visto una y otra vez como incluso ellos pueden tomar decisiones que afecten a sus propios intereses.

    Hoy es un día triste, e históricamente triste. En dos años, podríamos tener a las dos naciones emblema de Occidente, Reino Unido y Estados Unidos, cerrados, promoviendo medidas proteccionistas.

    Y no está demás imaginar la repercusión que eso podría traer dentro del orden mundial.

    Y de verdad, el dólar a 20 es lo menos importante.