Etiqueta: Brasil 2014

  • Una selección de futbol con motivos políticos

    Una selección de futbol con motivos políticos

    En América Latina las selecciones nacionales suelen ser utilizadas por sus gobiernos para tratar de generar cohesión social, o bien para que esta cohesión signifique la permanencia en el poder del gobierno en turno, la mejora de la percepción de los mandatarios en las encuestas o la aspiración de políticos a cargos importantes. En América Latina a su vez, la gente tiene más dificultades para separar al equipo de futbol de su país, y de alguna forma piensan que si a su selección le va bien, al país le va bien. Países como Brasil, México, Argentina, Colombia, incluso otros países menores como Guatemala.

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    A diferencia de las Olimpiadas donde técnicamente los participantes sí representan a su país como tal (los organismos nacionales tienen dependencia con el Gobierno), en los mundiales no sucede exactamente lo mismo. En realidad quienes van a competir son las federaciones de cada país, que suelen ser más bien privadas. Por eso es que a diferencia de las olimpiadas, en los diseños utilizados en las transmisiones se utilizan los escudos de las federaciones y no las banderas de los países. Igualmente en los jerseys de los equipos se utilizan dichos escudos.

    Esto es importante notarlo porque una selección nacional no es producto de las políticas de algún gobierno de un país. Más bien es un ente formado por instituciones privadas y los resultados de una selección tienen que ver con el manejo que estas le hagan. Entonces tratar de relacionar los triunfos y los fracasos de una selección con los de un país, haciendo una analogía, sería como relacionar la economía de México con los números de la empresa Bimbo.

    Pero al final los gobiernos en los países subdesarrollados tratan de utilizar mediáticamente el futbol para su beneficio. Y el problema es que no siempre sale bien, como les ha ocurrido a los brasileños. El gobierno de Dilma Rousseff lo sabe, porque desde un principio, la organización del mundial le trajo muchas críticas y dolores de cabeza, y lo sabe porque las goleadas que la selección brasileña sufrió por parte de Alemania y Holanda seguramente serán una goleada para sus aspiraciones de reelección. Esa intentona por relacionar al futbol con la política hace que los brasileños sientan que no fue el fracaso de su selección, sino de todo su país. Al pensar en la palabra Brasil, no pensarán en el BRIC, ni en Lula, ni en las playas de Copacabana, sino en la goleada ante Alemania.

    Los alemanes se sienten orgullosos por la aplanadora que su su selección fue en semifinales, y tal vez lo recordarán por muchos años. Pero los alemanes no sienten que su país esté mucho mejor por dicha goleada. Incluso las caras de los jugadores en la semifinal lo dice mucho. Los alemanes saben que es un juego de futbol, muy apasionante sí, por eso es que lanzan cánticos con sus tarros de cerveza, pero saben que el futbol es una cosa y el país es otra cosa. En cambio para los brasileños, esa derrota de alguna forma hablará sobre el dudoso futuro de Brasil después de varios años de ilusiones y promesas.

    El Gobierno de México no tiene tantas cosas que lamentar puesto que la Selección Nacional salió avante después de que todos pronosticaron (o más bien pronosticamos) que harían el ridículo y serían despachados en la primera fase. Peña Nieto se podrá sentir tranquilo, porque su apuesta de hacer un pomposo homenaje a la selección y portar su corbata verde, no resultó contraproducente. Aunque el tratar de colgarse de la selección para aumentar sus números tampoco le trajo muy buenos dividendos, sobre todo por su editada y ensayada llamada a Miguel Herrera para felicitarlo por su calificación a la siguiente ronda.

    Tal vez esto puede explicar un poco esa percepción que existe en países como en México de que el futbol es un distractor, mientras que en los países desarrollados los aficionados saben separar su desbordante pasión por el futbol, de la política y de su país. Y también tiene que ver con que en países donde hay carencias y falta de esperanzas, el futbol es un aliciente para que la gente se sienta, al menos, un poco mejor.

  • Estamos eliminados México

    Estamos eliminados México

    México. Estamos eliminados.

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    Hay pocos que se pueden sentir héroes hoy, uno es Miguel Herrera que rescató a la Selección Nacional de la basura, de la vergüenza. Es más, la selección no había merecido ir al mundial.

    El otro es Guillermo Ochoa, un porterazo, si no ocurre nada profundamente espectacular en los partidos que restan del mundial, debe llevarse el premio al mejor portero del mundial.

    Los demás seleccionados jugaron bien, a pesar de los errores que se pudieron cometer, se debería apuntar la mirada inquisitoria hacia otro lado, hacia los de pantalón largo. Hacia esos mismos que manejan el futbol y al mismo tiempo tienen preferencia presidencial en la Reforma de Telecomunicaciones.

    Pero estamos eliminados.

    La sensación tal vez fue un poco diferente. Antes la selección llegaba con expectativas, se soñaba con el quinto partido, y no pasaba nada. Ahora temíamos lo peor y vimos una selección que volvió a hacer soñar a sus aficionados, pero cuando comenzaron a soñar volvió a pasar lo mismo.

    No hay que buscar culpables. Mi muro de Facebook se llena de memes criticando al árbitro por marcar penal un clavado de Robben, pero se olvida que el árbitro no marcó un penal a favor de Holanda. El partido mostró la realidad del seleccionado, se juega bien contra los grandes, pero en algún momento aparecen los fantasmas.

    Y algunos creyeron, o más bien creíamos que se vencerían los fantasmas porque las selecciones menores y los jugadores olímpicos lo habían hecho. Pero estamos eliminados.

    Y posiblemente este sea el peor escenario para el futuro del futbol. Si México fracasaba estrepitosamente en el mundial se tocaría fondo y habría una urgente necesidad para quienes lo manejan de hacerlo crecer. Si se avanzaba a cuartos de final, las expectativas en los mundiales consecuentes serían más amplias y los hombres de pantalón largo tendrían que trabajar más. Pero al llegar a octavos, quedará muy bien el discurso de -Se hizo un mundial decoroso, rescatamos a la selección, el Piojo y bla bla-, y entonces no hay necesidad de hacer nada más que de mantener todo igual. Los bares se llenaron, todos contrataron Sky, Business are done. Y Televisa parece que será ganón en las reformas que se están discutendo en las cámaras.

    En esta historia hay héroes o villanos. Los héroes (director técnico y algunos jugadores) lo son a pesar de los villanos (directivos). El mal que aqueja al futbol es muy parecido al mal que aqueja a México como país, los intereses, la corrupción.

    Aunque el rendimiento de la selección no se puede comparar directamente con la situación actual del país. La selección dio motivos para soñar, el gobierno actual no. Y como sociedad incluso todavía no nos damos motivos para soñar.

    Y menos se puede equiparar a la afición. Todos, hasta los antifutbol y los que se referían a los demás como enajenados y que vieron al final todos los partidos, todo se unieron y se vistieron de verde y crearon una de las mejores aficiones del mundial. En la realidad no pasa eso, nuestro país está polarizado, somos intolerantes, discriminamos, somos clasistas (excepto cuando hay mundial, ahí sí abrazamos al «junior hijo de papi» o al «naco» para festejar). Y nuestros profundos análisis futboleros tampoco son equiparables contra nuestra profunda ignorancia y displicencia sobre lo que ocurre en el país.

    Y al final, el futbol es un espectáculo, que nos apasiona mucho, pero es un espectáculo. Ya lo dijo Jorge Valdano, el futbol es lo más importante de las cosas menos importantes.

     

     

  • Y si el amor por México fuera en los 365 días del año

    Y si el amor por México fuera en los 365 días del año

    Y retiemble el eeeeeh puto en las gradas.

    El país vive momentos de júbilo, no, no te confundas, la economía no ha repuntado, ni la corrupción ha desaparecido, ni la inseguridad ha sido erradicado. Se trata de un grupo de 11 futbolistas junto con los suplentes y su peculiar entrenador, que representando a nuestro país, han vencido a su similar de Croacia, ese equipo que viste a cuadros tal cual mantel de día de campo, como el que se dio la selección en el segundo tiempo.

    Y si el amor por México fuera en los 365 días del año

    Hace mucho no veía a los mexicanos tan unidos por una sola causa. No es que en temas políticos todos deban de opinar o pensar lo mismo, pero sí pueden tener el mismo fin de ver bien a su país. Eso que ni los partidos políticos ni la sociedad por iniciativa propia, la hizo un equipo de futbol que representa a México en un mundial, y a sus dueños, y los intereses que hay detrás. En la apariencia pareció que los aficionados quieren demasiado a su país y gastan todos sus ahorros para estar ahí con su selección que hasta hace pocos días, estaba muy por debajo de las expectativas, y que ahora al menos ya merecieron ser apoyados.

    No está mal apoyar a la selección, celebrar los goles de Oribe Peralta, el Chicharito, los desplantes del peculiar «Piojo» Herrera. El problema viene cuando ese amor se muestra solamente al equipo de futbol y no al equipo en su conjunto. De esta forma se termina convirtiendo en un falso nacionalismo, simbólico, que se apoya en tres pilares cuyos otros dos son el grito y la defensa del petróleo.

    ¿Qué pasaría si la energía para gritarle «puto» a los porteros del equipo rival se utilizara además para hacer de este país una sociedad mejor? ¿Qué pasaría si esa crítica permanente al estilo de juego de la selección se convirtiera en una sana autocrítica?

    Cuando llegué al aeropuerto de la Ciudad de México (sólo a mí se me ocurre empalmar mi vuelo con el horario del partido del cual sólo pude disfrutar el primer tiempo) una de cada cuatro personas vestía una camisa verde alusiva a la selección. Algunos incluso tenían la cara pintada. Se veía una cohesión, una unión que generalmente no se ve durante cuatro años. Personas de distintas clases sociales, que en días comunes suelen rechazarse, compartían una misma pasión. El tricolor, y la esperanza (cumplida) de ver a su selección en los octavos de final.

    Al sentarme en el restaurant donde comí antes de abordar el avión, otra persona compartió mesa conmigo para poder ver el partido. Platicamos de ello e incluso me terminó invitando a un evento en el cual participaría él en mi ciudad, Guadalajara. Ese patrón se repetía a mi alrededor. Un deporte podía unir a los mexicanos. ¿Por qué no podemos hacer eso por nosotros mismos?

    Al final el fútbol es un espectáculo, te proporciona grandes júbilos, pero son efímeros y tienen poca duración. Al menos se podría esperar que este efímero sentimiento de gloria sirviera como aliciente para cambiar las cosas, y no para evadirlas como sucede en muchos casos.

    Al final del día, los indicadores del país siguen siendo magros, los problemas existen. Y como alguna vez dijo algún comentarista de Televisa (sí, de Televisa), el mérito es de ellos y los ganadores son ellos. Este fenómeno de la gran afición que apoya orgullosamente en un mundial, es una muestra de que los mexicanos podrían unirse por un bien común. Pero pareciera que no tenemos los incentivos para mantener ese júbilo los 365 días del año, y así como el aficionado hace profundas críticas sobre el funcionamiento del cuadro titular, deberíamos hacerla también sobre el funcionamiento de nosotros como sociedad.

  • ¡Hoy empieza! ¡Hoy empieza el mundial que emoción!. Pero espérense

    ¡Hoy empieza! ¡Hoy empieza el mundial que emoción!. Pero espérense

    Hoy arranca el Mundial de Brasil 2014. Hoy es de esos días esperados por muchos cada cuatro años, donde 11 monitos juegan contra otros 11 monitos por una pelota pero ¡A nivel mundial! Un monito se llama Neymar, otro se llama Messi. Son monitos que ganan mucho dinero por patear una pelota, pero no sólo hay eso, hay un imperio que controla a todos los monitos del mundo, un imperio oscuro, algo así como la fuerza oscura o el Mordor de los monitos, se llama FIFA.

    ¡Hoy empieza! ¡Hoy empieza el mundial que emoción!. Pero espérense

    -¡Ah no bueeeno!-

    El Mundial de Brasil llega en medio de muchos problemas. La mayoría de los brasileños no quiere el mundial y eso ya es mucho decir. Los brasileños se hicieron a cargo de una empresa a la que ya sólo aspiran quedar avantes. Con Lula da Silva en el poder y un futuro promisorio Brasil se hizo de las sedes del mundial y de los Juegos Olímpicos que serán en dos años. Algunos aseguran ver paralelismos con las sedes de México 68 (Olimpiadas) y México 70 (Mundial) que fueron obtenidas cuando en México la economía avanzaba, y que inmediatamente después vino el declive económico del cual nunca hemos terminado de salir.

    -¡Qué lo vengan a ver, qué lo vengan a ver, ese no es un Cerebro, es una puta de cabaret!-

    Las redes sociales y el intercambio de información no han ayudado mucho ni a la reputación de la FIFA ni a la imagen que la gente puede tener del mundial. Gracias al intercambio de información se ha hecho evidente la corrupción de la FIFA donde hay denuncias por compras de votos para la sede de Qatar 2022 y cuya viabilidad está en riesgo. Ni que decir de la organización del Mundial del 2014 donde los costos se triplicaron en un país que no ha podido resolver sus problemas básicos y ha sacado a la gente a las calles. Dilma Roussef ya sólo aspira a que este evento salga bien para que el daño a su imagen (y por lo tanto sus posibilidades de reelegirse) sea mínimo. Por eso es que mediante un spot ha dicho querer combatir a los pesimistas (cuando son realistas, en realidad).

    -¡Ay ay ay ay, canta y no llores!-

    Como quiera que sea, con todos estos antecedentes, la gente tiene expectativas sobre el mundial. Los aficionados ya completaron su album Panini, ya hicieron sus quinielas, y ya contrataron su paquete de Sky (o quienes no somos tan asiduos a la TV y tenemos trabajo, ya vimos que canales de streaming transmitirán los partidos). Pero estos malos manejos al final sí merman el llamado «espíritu mundialista», si no, hay que remontarnos al Mundial de 2002 donde Corea del Sur pasó hasta semifinales gracias a los árbitros que pitaron descaradamente a su favor. El Mundial del 2002 no es un mundial de tan gratos recuerdos como otros.

    -¡De alfombra roja y caravana!- (Odio a Pietrasanta, es más, prefiero aguantar a Martinolli y al Doctor García que soportar a los comentaristas de Televisa)

    ¿México? Pues México tiene a la selección más chata de hace muchos mundiales. No aspiran a mucho, aunque eso de que México se crece ante los grandes hace que la gente albergue esperanzas en la selección. Ha habido un intenso bombardeo mediático para animar a que la gente apoye al Tricolor (casi al grado de hacerte sentir antipatriota si no lo haces). No es que no crea que haya posibilidades, el futbol como sabemos puede ser impredecible, sino simplemente que tenemos a una selección que no mereció calificar y que hizo el ridículo ante países pobres, pequeños y sin infraestructura, y que ha tenido poco tiempo para mejorar. El Piojo ha tenido poco tiempo y lo que llega a Brasil es una selección improvisada y mermada. Lo bueno es que los de pantalón largo ya ganaron su mundial.

    -¡FIFA Fair Play! (slogan más cínico que spot presidencial)

    Y por cierto, no hay que desentendernos de la política, porque mientras el mundial transcurre, nuestros legisladores discutirán en el pleno las Reformas de Telecomunicaciones y Energéti… No mames, solo, ¡GOOOOOOOOOOOOOOOL! ¡GOOOOL! A Brasil, ¡Les ganamos! ¡golazo de Oribe! ¡Tomen eso pesimistas!, ¡Tomen eso antipatriotas! #Quierocreer ¡#Quierocreer en @MiSeleccionMX!.

    Por cierto, al final si vivimos en un gobierno de simulación. ¡Se puede ser campeón en un juego de simulación!

     

  • #QuieroCreer. México y el Mundial de Futbol

    #QuieroCreer. México y el Mundial de Futbol

    Falta un mes para el Mundial de Futbol. Y la verdad es que más allá de cuestiones políticas (no sólo las nuestras, sino las que se viven en Brasil) la gente ve a este evento como una gran fiesta. O más bien se nos invita a que lo veamos de tal forma. Son muchas las empresas que esperan obtener ganancias a través de este evento, y por ello hay que recordarle a la gente que se trata de eso, de una fiesta.

    #QuieroCreer. México y el Mundial de Futbol

    El hecho de que se lleve a cabo cada cuatro años (al igual que los Juegos Olímpicos) le da esa especie de magia. Pero también es cierto que alrededor de este evento existen muchos intereses (que estorban en cuanto corrompen el espíritu del juego) y problemas políticos que se buscan esconder.

    Los brasileños recibieron la sede en un momento de apogeo económico. Ahora que su economía está más deprimida, se han dado cuenta de que organizar este evento es algo complicado, estadios atrasados, y sobre todo una multitudinaria manifestación e inconformidad a la que inclusive forman parte futbolistas míticos de esta nación como Romario.

    En México las cosas no son tan diferentes. Incluso a nivel deportivo son peores. La Selección Mexicana hizo el ridículo en la eliminatoria ante equipos mucho más débiles por lo cual no merecía calificar al Mundial. Este problema no sólo tuvo que ver directamente con el pobre desempeño de los futbolistas y el cuerpo técnico. Tuvo que ver también con los intereses que hay detrás, que no son muy distintos a los que manejan el país. Incluso la forma de organizarse es parecida a la forma en que se hace política.

    El problema es que en México el aficionado se conforma con muy poco. Al borde de la eliminación con un partido ante Honduras en el Azteca que iban ganando con trabajos, la gente cantaba el cielito lindo. ¡Una cosa es apoyar a la selección y otra ser masoquista! Hubo mucha molestia, sí, pero el mexicano olvida rápido, y aún con todo, sueña con que México trascienda en el mundial, la fe puede más que la razón. Que si los futbolistas no son tan buenos o no andan en su mejor momento: -Pero vamos a ir al estadio y vamos a gritar sí se puede y los futbolistas se van a partir el alma, ya verás!-.

    Las televisoras y todos los involucrados saben que el pesimismo y la resignación se curan con fe y con spots. Por eso no es de extrañar que se realice un spot donde los seleccionados pidan perdón por haber «hecho sufrir» a los aficionados, como si el nivel de competencia de un país en un deporte se pudiera cambiar inusitadamente por medio de la fe. Y como el aficionado se conforma con tan poco, entonces no hay necesidad de mejorar el deporte que paradójicamente es por mucho, el más popular en el país y que a lo largo la historia no ha logrado trascender (excepto en divisiones menores y en las últimas olimpiadas). No importa que la selección nunca aspire a más de octavos, es suficiente para que la gente consuma y se exponga ante la publicidad en el mundial. A diferencia de países como Francia que castigan a su selección con la inasistencia cuando las cosas andan muy mal, los mexicanos siempre van a estar ahí, «apoyando en las buenas y en las malas», sin reconocer esa delgada línea que divide el fiel apoyo de una afición con la mediocridad de otra que se conforma, que no exige,  pero que sueña.

    Curiosamente esto es algo que se repite en temas más importantes como la sociedad y la política de nuestro país. El mexicano sueña, pero al mismo tiempo exige poco. Siente como si algo de afuera vendrá a cambiar súbitamente su realidad. Cuando la historia, tanto a nivel social como deportivo, nos ha mostrado que las naciones e instituciones cambian progresivamente en cuanto todos se empiezan a involucrar y a exigir.

    Hay lugares donde se puede usar la fe, la religión, o se puede tener fe en un ser querido. Pero cuando un deporte no funciona bien a causa de la mala organización y la corrupción, la fe da para mucho. Entonces ese #QuieroCreer saldrá sobrando. E incluso en el poco probable caso (más no imposible) de que esta selección llegara a trascender, esto no sera mérito de las instituciones que están detrás del futbol, sino a pesar de ellas.

  • Un México sin mundial

    Un México sin mundial

    Tal vez sí, tal vez el futbol de alguna manera sea algún tipo de reflejo del país si se toma en cuenta que es dirigido y organizado por mexicanos que comparten nuestras mismas virtudes y defectos culturales y de idiosincrasia. Pero algo que también refleja un problema nuestro, es la desmedida atención que se le da al futbol, sobre otros asuntos que deberían de importar más.

    Un México sin mundial

    Hay mucho encono y molestia en el aficionado mexicano, así como en el grueso de la población mexicana, con la selección, con El «Chepo» de la Torre, con los jugadores, directivos. A la gente no le cabe en la cabeza la idea de que «su» selección no vaya al mundial y eso está a punto de suceder. Pero hay que ser sinceros y preguntarnos ¿Qué pasaría si México no va al mundial? ¿Cómo nos afectaría a los mexicanos?

    Primero: Habrán menos motivos para considerar Brasil el siguiente año como un lugar al cual viajar. Algunos de todos modos considerarán ir a otros partidos interesantes, o considerarán viajar a otro destino. Segundo: Como aficionados nos perderemos algunos partidos de la selección nacional el siguiente año. Tal vez unos 5 de preparación, y otros 3 o 4 de mundial, donde la satisfacción no está garantizada en alguno de estos partidos. Tercero: Las televisoras perderán algunos ingresos al no poder vender espacios triple A a la hora del partido. Cuarto: Alguna que otra empresa no podrá usar la imagen de la selección mexicana para posicionar su marca. Quinto: Los aficionados se sentirán molestos con el hecho de que los estadounidenses sí asistan al mundial y México no, lo cual no deja de ser solamente una molestia. Sexto: De alguna forma podría afectar la carrera de algunos jugadores, o bien su deseo de ir al mundial.

    ¿Estas razones implican una catástrofe para el individuo? Desde luego que no, a menos que se trate de una persona obsesiva, su influencia en el estado emocional será ínfima. En el tema económico, a menos que haya una apuesta de por medio que es un número muy reducido de casos, el individuo no recibirá una alteración alguna.

    Luego habría que hacer el ejercicio con temas que sí importan y pueden ser determinantes como la reforma fiscal, la educativa o la energética, que de alguna manera puede afectar para bien o para mal, el futuro de muchas personas. Puede implicar una pérdida de ingreso, o por el contrario. Y cuando una decisión gubernamental afecta al individuo, lo hace tanto en el estado económico, como en el emocional como consecuencia del primero.

    Algunos me podrán rebatir ¿Por qué no hay marchas contra «El Chepo» y sí contra las decisiones gubernamentales? El problema es que en el segundo caso fuera de los 20,000 manifestantes no encontrarás muchas personas interesadas en el tema, y en el primer caso, desde donde sea, la gente se mostrará inconforme. Incluso si tomamos en cuenta que al Estadio Azteca le caben más de 100,000 personas y todas ellas pidieron la renuncia del entrenador, entonces lo podríamos contar como una forma de manifestación.

    ¿Qué pasa en realidad si México no va al mundial? Técnicamente nada. Pero le prestamos más atención que a los temas que sí podrían alterar nuestro modelo de vida o el de muchos ciudadanos. ¿Cuántos se acuerdan que el gobierno presentará su iniciativa de reforma fiscal el domingo? ¿Cuántos ya hicieron cuentas de cuantos partidos tiene que ganar México y que combinaciones se deben de dar para que pase al mundial?

    Si México no califica no pasa nada, sólo tendremos que buscar alguna alternativa en cuanto a entretenimiento se refiere. Con las decisiones de nuestros gobernantes sí pasa. Sin embargo lo ignoramos con el argumento de que: «A mí no me gusta la política, todos son iguales, yo ya voté, que ellos se hagan cargo de todo-.

    Sin embargo, mucha gente sigue frustrada porque posiblemente, no vayamos al mundial, tengamos un México sin mundial.