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  • El mito del chico bueno Pt II

    Ya había hablado en anteriores ocasiones sobre el mito del chico bueno, donde mucha gente cree que por el solo hecho de ser bueno y «echarle ganas» iba a triunfar en la vida, como si esta se encargara de hacer justicia y colocar en las mejores posiciones del escalafón humano a los hombres buenos y a los hombres trabajadores. Esto me trae un recuerdo, hace unos años acompañé a mi madre a una tienda donde surten ropa al mayoreo (porque ella se encarga de venderla al menudeo) y me dijo que el «chalán» le causaba admiración, porque era una persona que siempre estaba dispuesta a trabajar duro y nunca dejaba de expresar una sonrisa a toda persona que le pidiera un favor. Se veía que era una persona positiva, enérgica, trabajadora, iba de aquí pa allá, pero a pesar de todo, era el chalán, era el que tenía el puesto más bajo en la empresa de ropa.

    Me pregunté ¿Entonces de que sirve ser bueno, si veo que esta persona no puede aspirar a tener más del puesto que tiene?. Veo muchas personas que trabajan y se la rajan más que nosotros y tienen un nivel de vida mucho más bajo, como los albañiles, muchos de los cuales incluso arriesgan su vida, que no tienen otra escapatoria de sus vidas rutinarias más que el alcohol y el futbol. Hay personas que tienen valores y la disposición de esforzarse pero no trascienden en sus vidas, no tienen éxito con las mujeres, algo pasa. Si el mundo fuera justo, entonces algo debería estar funcionando mal.

    Veo también a la gente rica y poderosa, y muchos de ellos no son precisamente un ejemplo a seguir en cuanto a valores humanos se refiere, muchas veces su ambición va por encima de los valores humanos (aunque si existen algunos que son ejemplares). Ellos quieren poder, dinero, y muchas veces lo consiguen. Esto ha sido a través de la historia de la humanidad, y por más que nos busquemos inventar un nuevo sistema social y económico, esa disparidad entre gente privilegiada y gente no privilegiada seguirá existiendo. ¿Entonces, porqué muchos se empecinan en ser buenos con el mero objetivo de tener más éxito en la vida?, eso se me hace una hipocresía, porque la bondad es un valor humano, que es muy independiente del éxito o fracaso de las personas.

    El éxito no se mide a partir de la bondad o la maldad de las personas. Se mide a partir de su fortaleza y la capacidad de adaptarse a su entorno. Lo decía, el humano es un animal superior, a cual a diferencia de sus pares, fue dotado de raciocinio e inteligencia. Pero aún con esos dones que lo diferencian del animal común, el patrón sigue siendo el mismo, aquel animal que sea más fuerte y que logre adaptarse a su entorno más fácilmente obtendrá más frutos, no hay más. Muchos creen en la justicia divina, creen que siendo buenos serán premiados. Quizá eso sea al finalizar la vida, pero en la vida terrenal no es así.

    Con esto no quiero decir que «ser una mala persona» te va atraer éxito, es igual de absurdo. El éxito, ya sea en los negocios, en la vida personal, con las mujeres, en la intelectualidad, en todo, es algo totalmente independiente (o casi). Por eso hay gente exitosa tan disimil entre sí cuando hablamos de sus valores, si comparamos por ejemplo a la Madre Teresa de Calcuta con Adolfo Hitler, los dos tenían un esquema de valores totalmente opuestos y los dos llegaron a ser reconocidos y marcaron historia en la sociedad. Creo que más bien la bondad o la maldad puede estropear el camino a una vida plena cuando sus impulsos emocionales sobrepasan a la razón.

    La vida es un juego, y hay que aprender a jugarla. La vida es caótica y cambiante, no es estable, no se puede vivir en una zona de confort con ideas rígidas, en este caso el hombre sucumbirá. El hombre exitoso, que destaca sobre los demás sabe adaptarse a los cambios, no solo requiere de esfuerzo, sino de inteligencia (de las dos, tanto de la cognitiva como de la emocional). No podemos estar esperando a que la providencia o quien sea venga y resuelva nuestros problemas o nos guíe a nuestro pleno autodesarrollo. Y es cierto, que los factores externos importan, no es lo mismo nacer en un seno familiar con comodidades que en uno precario, eso puede determinar el futuro de una persona en un «algo» pero no en un «todo».

    El ser bueno con las demás personas y mostrar siempre una sonrisa se agradece, pero no por eso las demás personas se van a encargar de levantarte hacia el éxito. El éxito o autorrealización es una necesidad en el ser humano. Hay quienes lo niegan, pero de todos modos lo buscan. Hay quienes dicen no estar interesados en el dinero, y puede ser cierto, pero buscan el éxito en otros ámbitos, en la influencia sobre las demás personas, en la capacidad de hacer un cambio por la sociedad, en la intelectualidad, en cualquier cosa, pero el hombre siempre busca sobresalir, no podemos negar esa condición innata a nosotros.

    Hay quienes basan su éxito en valores bondadosos (Ghandi, Madre Teresa, etc.) y hay quienes lo basan en antivalores (Hitler, Stalin), otros son más ambiguos. Pero no es la bondad o la maldición las que los llevó a su autorrealización. Fue la fortaleza y la capacidad de adaptarse al entorno, la inteligencia. Los valores fueron un fin, no un medio como muchos piensan. El valor de la bondad fue creado para procurar una sana convivencia entre la humanidad, no para promover a lo seres humanos a un punto superior. Entonces el mito del chico bueno queda desterrado. No por ser bueno serás bueno en los negocios, obtendrás a la mujer de tus sueños, serás admirado, serás reconocido. Si te quedas con ese mito como modelo de vida, simplemente pasarás a ser un donadie.

    Ver primera parte aquí

  • ¿La gente es buena por naturaleza? Parte 2

    En el primer artículo que había escrito sobre este tema, había llegado a la conclusión de que el ser humano no era ni bueno ni malo por naturaleza. Primero comparé al ser humano con los demás mamíferos de su especie donde explicaba que estos tienen que satisfacer necesidades, pero luego hice la diferenciación entre el ser humano que poseé una inteligencia y capacidad de raciocinio, que hace que a diferencia de las demás especies, el hombre pueda diferenciar entre lo que es el bien y el mal. Después llegamos a la conclusión de que la bondad y la maldad son aprendidos, son enseñados por terceras personas (padres, instituciones) y en base a este aprendizaje el hombre termina por asimilar por sí mismo lo que es bueno y lo que es malo. También dí mi punto de vista sobre lo que es bueno y lo que es malo, que hay leyes que son universales para todas las personas sobre lo que es bueno y malo, pero también aquellos valores que son más ambiguos y son más difíciles de interpretar como buenos o malos.

    Mucho se habla sobre el relativismo moral, lo que quiero evitar es eso. Y al pensar que la bondad y la maldad son aprendidos muchos podrían caer en esto. Es cierto que hay valores que son algo ambiguos sobre los cuales no hemos determinado si son buenos o malos (lo son porque ha sido más difícil explicar para el ser humano por qué tienen que ser buenos o por qué tienen que ser malos, o bien, pueden ser benéficos para cierto tipo de cultura o maléficos para otro tipo de cultura), pero hay valores que son universales, ¿por qué son universales?, porque el hombre ha descubierto que son benéficos para la humanidad. Cuidar de la vida es un valor universal, educar correctamente a un hijo es otro, respetar a las terceras personas es otro por ejemplo. Y el no hacerlo bajo el nombre del relativismo moral, sería prácticamente destruír siglos y siglos de avances sobre lo que hemos descubierto que es lo bueno y que es lo malo.

    Al ser valores que el hombre ha descubierto y ha aprendido, puedo cerciorarme de que el hombre no es bueno (ni malo) por naturaleza. Porque aquello que es bueno y aquello que es malo ha sido descubierto con la práctica. Y al ser aprendidos, estos valores tienen que ser enseñados generación tras generación para generar una sociedad sana. Esto es también obvio al ver los hijos de las familas funcionales y las disfuncionales. En las familias funcionales, en la mayoría de los casos se forjan hijos buenos, porque les son enseñados correctamente los valores universales sobre la bondad y la maldad. En las familias disfuncionales en la mayoría de los casos se forjan, por el contrario hijos con problemas de adaptación, con problemas de drogas y pandillerismo. ¿Por qué razón?. Porque no les fueron enseñados correctamente los valores de la bondad y la maldad de los que veníamos hablando y por lo tanto no tienen una base sólida para saber lo que es bueno y lo que es malo, entonces es más fácil caer en estos problemas.

    Por eso he dicho que muchas veces las religiones tienen una funcion en la sociedad, independientemente de si uno cree en ellas o no (o de si como instituciones tengan defectos). Porque ya tienen un orden de valores establecidos que pueden servir como guía a la gente. Aunque claro, tampoco es indispensable que sea una religión. Puede ser una entidad laica u otro tipo de institución que posea un orden de valores. Creo aquí encontrar el miedo de los religiosos ante las corrientes laicistas, porque creen que sin los valores que promulgan, el laicismo puede corromper a la sociedad. Pero esto no necesariamente tiene que ser así, sobre todo si los laicos son capaces de formular su orden de valores universales (que en parte, algunos laicistas lo han hecho, pero también sabemos que en algunas otras corrientes laicistas predomina el relativismo moral).

    Pienso que si el hombre fuera bueno por naturaleza, el mal simplemente no existiría. Algunos de los que defienden la bondad innata de los hombres dicen que los hombres son buenos hasta que el mal los corrompe. Yo difiero en este punto, porque más bien creo que los que son corrompidos por el mal, son aquellos que no están totalmente seguros de que lo que están haciendo sea algo malo, o que no tienen las bases sólidas (las cuales deben de ser enseñadas) para poder rechazar aquel acto malo. Una persona reacciona por sus propios impulsos (véase el caso de un bebé o un niño pequeño) hasta que se le dice cuales de sus actos son buenos y cuales de sus actos son malos. Y en base a estas enseñanzas, las personas formarán su propio orden de valores bajo los cuales van a actuar en el mundo.

    Ver primera parte

  • ¿La gente es buena por naturaleza?

    Hace un rato veía un artículo sobre AMLO donde este decía que en México se debía de crear una nueva moral, y daba por hecho que la gente era buena. Según Guillermo Sheridan, el autor de esta columna, comparaba a López Obrador con Rousseau (el famoso autor del contrato social)  y su romanticismo social y con Tolstoi, sugiriendo que AMLO está influenciado por este último personaje en su invitación a cambiar ese egoísmo donde todo mundo pelea por el dinero por una moral donde todo el mundo fuera bueno y feliz. Según el ex-candidato, solo basta que la gente sea buena para que esa nueva moral que el propone se logre. Pero aquí viene la pregunta. ¿De verdad la gente es buena por naturaleza?.

    Para hacernos esta pregunta debemos comparar al ser humano con los animales (como me encanta hacer siempre estas comparaciones). Es cierto que el ser humano es diferente de las demás especies porque tiene la capacidad de raciocinio e inteligencia, pero no deja de ser a fin de cuenta un mamífero que busca satisfacer sus necesidades tanto primarias como secundarias. Entonces aquí lanzo la pregunta ¿el animal es bueno por naturaleza?. No podemos determinar si es bueno o malo, solo sabemos que los animales buscan satisfacer sus necesidades, habrán algunos que a nuestros ojos sean más nobles y otros que sean más agresivos, pero el instinto es el que determina el comportamiento del animal. Ellos no hacen una diferenciación entre lo que es bueno y lo que es malo, no lo saben. Y si no nosotros se los hemos enseñado (mascotas como los perros) no es porque hayan aprendido a hacer esa diferenciación, sino porque hemos moldeado su instinto porque hemos condicionado su conducta por medio de reforzamientos positivos y negativos (premio o castigo).

    Con el humano la situación es parecida, me atrevo a aseverar que el humano no es bueno ni malo por naturaleza, basta ver la conducta de un bebé ante su entorno para comprobarlo. Más bien los conceptos de bondad y maldad lo hemos creado nosotros como si fuera una especie de contrato para que podamos satisfacer las necesidades respetando el derecho ajeno, así como nosotros exigimos que respeten el nuestro. Nuestra capacidad de raciocinio nos ha posibilitado construír un orden moral basado en la dicotomía de lo que está bien y lo que está mal. Se dice que un acto es bueno cuando es benéfico para uno y para los demás, se dice que es malo cuando es perjudicial para lo demás o también para uno mismo.

    Sabemos que los conceptos de bondad y maldad no son inherentes al ser humano, puesto que son aprendidos. A un menor se le enseña lo que está bien y lo que está mal, no lo aprende por sí solo. Se moldea la conducta del infante para que haga aprenda a ser el bien y respetar a sus semejantes. Igual como sucede con el condicionamiento conductual con los animales, nada más que diferencia de ellos, el ser humano si tiene la capacidad de asimilar que es «lo bueno» y que es «lo malo» y termina actuado de una forma, no solo porque ha recibido un reforzamiento positivo y negativo, sino porque ha asimilado y ha comprendido lo que está bien y lo que está mal.

    El ser humano aprende una escala de valores morales y éticos que son enseñados por la familia, por la religión o por el entorno social. Y se espera que su conducta esté basada en esa escala de valores morales. Hasta aquí podríamos suponer una cosa, que si bien el ser humano no es bueno o malo por naturaleza, tenemos la capacidad de hacer que el ser humano sea bueno. Pero aquí creo que valdría la pena detenernos y pensar si esto siempre es posible. Lamentablemente la historia nos dice que no.

    Muchos tienen diferencias entre sí para determinar que es lo bueno y que es lo malo. Para unos ser millonario es algo bueno porque habla del esfuerzo, es una virtud; para otros es algo malo porque es injusto que el posea muchos bienes mientras otros se mueren de hambre. Para unos, el matrimonio homosexual es bueno porque respeta las libertades del hombre, para otros es malo porque contradice la naturaleza humana. Es decir, cada ideología profesa su versión de lo que es la bondad y la maldad, y no solo eso, sino que a traves del tiempo las ideologías pueden mutar (un claro ejemplo lo vemos en la Iglesia que antes veía con buenos ojos las prácticas inquisitorias y ahora las condenaría). Entonces nos damos cuenta de que hay una discrepancia entre lo que es bueno y lo que es malo.

    Ya no podemos determinar si el hombre es bueno o malo porque entre los seres humanos, habrán diferencias entre esos conceptos. –Lo que es bueno para mí será malo para tí. Pero no solo eso.  ¿Que pasa cuando los valores morales limitan la satisfacción de las necesidades de los seres humanos?. Recordemos, la satisfacción de las necesidades es inherente al humano porque de estos depende su supervivencia y su razón por la que vive, pero los valores morales no son inherentes porque son aprendidos. Cuando sucede esto se corre el riesgo de que el ser humano sacrifique o haga a un lado los valores morales en aras de la satisfacción de las necesidades, o bien interprete erroneamente los valores morales para adaptarlo a sus necesidades (un ejemplo de esto, fué cuando Hitler malinterpretó la teoría evolutiva de Darwin para justificar el holocausto).

    En este caso, el humano puede mutar o tergiversar su escala de valores morales, para pensar que lo que está haciendo está bien. O bien, se puede dar el lujo de inventarse una escala de valores para justificar lo que a los ojos de otros está mal: -Yo exploto a mis empleados porque mi posición me lo permite y porque gracias a mi esfuerzo he logrado llegar más arriba que ellos, -no importa, al cabo negocios son negocios, -tengo derecho de robarle al rico porque yo soy pobre y el tiene de más con que comer.

    La gente será buena para las demás personas cuando su modus vivendi se adapte a la escala de valores de bondad de las demás personas y viceversa, la gente será mala para las demás personas cuando su modus vivendi sea opuesta a la escala de valores de bondad de las demás personas. La bondad de una persona puede pasar como eso, como bondad para una persona humanista, pero puede ser percibida como debilidad (un acto malo) para una persona nihilista. Existen valores morales que suelen ser casi universales, como el respeto a la vida por ejemplo, pero hay otros valores que son más ambiguos porque depende de la interpretación que le dé cada corriente de pensamiento (por un ejemplo el aborto, o la práctica de relaciones sexuales extramatrimoniales).

    Aquí es donde yo veo la utilidad de las religiones (y lo digo a pesar de que yo no soy muy religioso) porque le da al ser humano una base sólida de valores morales, porque al ser absolutos son más difíciles de tergiversar o corromper (aunque muchos a fin de cuentas terminan lográndolo). Por esa razón a pesar de no ser muy religioso he mostrado tolerancia hacia las religiones (no todas claro, ni las que llegan a ser extremistas) porque además de satisfacer las necesidades trascendentales del hombre, le proporciona una escala de valores morales a seguir (aunque yo no esté al 100% de acuerdo con ellas).

    En resumen yo no creo que el hombre sea ni bueno ni malo, sino todo lo contrario.

  • El mito del chico bueno.

    Si te comportas como chico bueno no le gustarás a nadie. Joshua, lector de este blog.

    La bondad es algo muy apreciado en la sociedad, tanto las corrientes ideológicas religiosas como algunas laicas suelen mostrar al hombre bondadoso como si se tratara de la máxima autorrealización del hombre. –Aquel que es bondadoso para consigo y para con los demás, es un hombre autorrealizado. Se nos dice que las personas bondadosas son las que logran sobresalir en la humanidad, y nos presentan un compilado de heroes que se caracterizaron por su bondad: Jesucristo, Mahatma Gandhi, el Dalai Lama, Nelson Mandela. Y es cierto, todos estos personajes se caracterizaron por ser bondadosos y por contribuír con la sociedad. Su lucha les dió merecidamente un lugar en la historia de la humanidad, ¿pero ellos llegaron hasta donde están por el mero hecho de ser buenos?. No lo creo.

    Varios humanistas me criticarán por esto que voy a decir. Pero el ser humano aunque se distinga de los demás seres vivos por su inteligencia y su capacidad de raciocinio, es un animal. De hecho siempre nos hemos catalogado científicamente como parte de la raza animal y no como una entidad superior a los animales. En la escuela (y conste que yo estuve en una primaria del Opus Dei) a mí me enseñaron que habían tres tipos de seres: Los seres vivos (las plantas, los animales) y los seres sin vida (los minerales). El ser humano es un animal, de hecho sus ancestros son animales. Entonces tenemos que analizar el comportamiento del ser humano como el de un animal. Y yo, al menos, he visto que tanto los animales, plantas (y también bacterias, virus y demás microorganismos) que sobresalen de los demás, no son los «buenos», si no los que mejor se adaptan a su entorno.

    Volvamos a tomar el caso de los «heroes» bondadosos que mencioné en el primer parrafo. Es cierto que gente como Nelson Mandela o Mahatma Ghandi son reconocidos por su bondad. Pero no fué solo su bondad la que los llevó a hacer grandes cosas por la humanidad, más bien fué su capacidad por adaptarse al entorno. Ellos no solo fueron personas bondadosas, fueron líderes, fueron personas que vencieron miedos y aprendieron a retarse a ellos mismos para lograr lo que se propusieron. Su bondad no fué su arma estratégica para ganar las batallas, sus armas estratégicas fueron la inteligencia, el liderazgo, el vencimiento de sus miedos, y la bondad fué la ideología por la que luchaban.

    Pensar que una persona va a sobresalir por el mero hecho de ser buena, es lo mismo que pensar que alguien se va a convertir en führer solo por comulgar con la ideología nazi. La bondad, por si sola, no atraerá el éxito; y creo que las personas que se escudan en la bondad de esa forma suelen ser gente hipócrita, porque ese tipo de gente que cree que debe de ser buena para sobresalir (o más bien para sobrevivir), más bien es débil. Son la gente que se escuda en las reglas de conveniencia y en la sumisión para buscar satisfacer sus necesidades. Son esa gente que no se cuestiona nada, que incluso no trata de mejorar las cosas o de mejorarse a sí mismo porque creé que es malo, o más bien le busca tres pies al gato para pensar que es malo.

    Imaginemos a dos hombres que están tratando de salir con Adriana. Las dos personas tienen buenas intenciones con ella, pero su manera de actuar es diferente. El primer hombre, al cual llamaremos Armando, es una persona timorata (temerosa de sí),que no confía en sí mismo y en sus habilidades. Cuando invite a salir a Adriana, se comportará como el niño bueno; tratará de ser más atento de lo que comunmente es, será amable, tratara de complacer a Adriana de diferentes maneras para caerle bien, y le hará saber sobre sus buenas intenciones. El segundo hombre, al cual llamaremos Eduardo, es una persona segura de sí. Cuando la invite a salir, buscará conquistarla con detalles, tratará de seducirla (en el buen sentido de la palabra), buscará ser estratégico, tratará de hacer sentir a la mujer como una reina que está al lado de un hombre de gran valor, buscará el punto débil de Adriana para conquistarla y probablemente, cuando llegue el momento, le robe un beso.

    ¿Cual será el resultado?. Los resultados pueden diferir en cada caso, lo sé. Pero en la gran mayoría de los casos, Eduardo se llevará de calle a Armando. Adriana tal vez se quede con un buen concepto de Armando: –El se ve que es muy lindo, creo que puede ser un buen amigo, -pero no pasará de ahí. En cambio, Adriana tal vez caiga rendida ante los pies de Eduardo: –El me hace sentirme protegida, me hace sentir bien, se ve que es todo un hombre, y sobre todo que es auténtico. ¿Por qué razón sucede esto?. Es fácil. Eduardo se supo adaptar mejor al entorno que Armando, es decir, supo satisfacer las necesidades que buscaba Adriana en un hombre. Por su parte Armando se quedó a medias porque utilizó la bondad como única arma estratégica para conquistar a Adriana, lo cual lo hizo ver predecible ante ella, y también porque no supo mostrar ese toque de autenticidad que tanto les gusta a las mujeres.

    Si se fijan, tanto Armando como Eduardo son buenas personas que tienen buenas intenciones. Pero el error del primero fué escudarse en la bondad y es por eso que falló. Pretender ser bueno es la cosa más fácil que hay en este mundo.

    Podríamos mencionar ejemplos relacionados en el trabajo, en la famila, en la sociedad. Pero en todos lados, el que sobrevive, es el que se adapta mejor a su entorno. Como dice Charles Darwin: –Se trata de la supervivencia del más fuerte. Si te preguntas porque a pesar de ser una buena persona no tienes un buen trabajo, no tienes a la pareja que deseas, o no tienes el equilibrio emocional que buscas, te deberías empezar a preguntarte a ti mismo si tu error es que te estás escudando en la bondad.

    La bondad es una filosofía de vida, no es una estrategia, y es algo que ya he recalcado varias veces en este sitio. Uno es bueno porque está convencido de un orden de valores éticos y morales con los cuales logrará una convivencia sana con su entorno. Pero no puede ser uno bueno por creer que con eso se le van a solucionar las cosas, o porque algún ente superior (ya sea Dios, la vida, la naturaleza, u Obi Wan Kenobi) le va a hacer justicia y le va a dar frutos producto solamente de su propia bondad. Eso es algo totalmente absurdo y falso. Probablemente si te escudas en la bondad, tengas el camino directo al cielo, pero la vida terrenal te será un infierno.