Etiqueta: barras

  • Las barras del futbol, un espacio para el desadaptado

    Las barras del futbol, un espacio para el desadaptado

    El futbol es parte de la cultura mexicana, y cierta mayoría de mexicanos tiene predilección por un equipo. Posiblemente el futbol logre neutralizar ciertos impulsos nacionalistas donde el juego parece simular una guerra o confrontación entre naciones (aunque en algunos casos el juego pueda servir de pretexto para respaldar cierto nacionalismo). Ahí están los paralelismos, la cancha es el espacio donde se lleva a cabo la guerra, los espectadores que cargan la bandera de su equipo, que en muchos casos podría pasar por la de un país. Hay ganadores, hay perdedores. Nada más que en esta simulación no hay un riesgo a la integridad de la persona que defiende un color ¿o sí?

    Las barras del futbol, un espacio para el desadaptado

    Hace no mucho tiempo (menos de 20 años) el futbol era un deporte familiar donde el padre llevaba a sus hijos para ver ganar (o perder) a su equipo predilecto. Pero algunos voltearon a esas coloridas y ruidosas tribunas argentinas y decidieron que «eso» daría más espectáculo al futbol. Nada más que dentro de esos cánticos, luces, y papelitos, se esconden muchas historias de violencia e intolerancia. Los clubes fomentaron esas formas de organización y ahora no saben que hacer con ellas.

    El sábado, en el clásico tapatío entre el Atlas y las Chivas que terminó en un empate después de un emocionante juego, la barra de las Chivas del Guadalajara agredió despiadadamente a policías que resguardaban la seguridad de los aficionados. Dos de ellos están en estado grave.

    Habría que hacer un análisis del por qué muchos pseudoaficionados se comportan de esa manera. Algunos podrían explicar que esto se debe a que en el país existen muchos problemas y los individuos buscan sacar sus frustraciones de esta forma. Pero este lamentable fenómeno también se puede dar en países desarrollados como el Reino Unido. Podríamos hablar de problemas psicológicos (que seguramente los hay), alienación o enajenación (que un aficionado llegue a ese punto para mostrar su apoyo a un equipo sí o sí es un enajenado) y muchos otros factores. Yo haría hincapié en este último punto, el de la enajenación.

    No veo nada de malo que un individuo apoye un equipo, se compre la camiseta, vaya al estadio y grite los goles de su equipo. Que muchos individuos y medios de comunicación utilicen al futbol para distraer a la gente de lo que realmente importa, no implica que ser aficionado sea malo per sé. Por el contrario, se puede ser aficionado y a la vez estar completamente al pendiente de los temas que importan al país. Se puede ser aficionado y ser culto. El problema viene cuando esa afición sobrepasa la línea de la racionalidad y el individuo entrega su ser a un equipo del cual sólo es parte por simpatía. Esta enajenación es reflejo de un trastorno de la personalidad, y es reflejo de una mente que no está sana.

    Estos que se dicen ser simpatizantes de las Chivas seguramente tienen problemas, y en muchos casos el entorno que los rodea no es lo suficientemente amigable, con lo cual pueden desarrollar un perfil donde hay mucho resentimiento y donde por conducto de esta enajenación, intentan paliar sus frustraciones en contra de terceras personas. Cierto que no se puede culpar a toda la barra ni pensar que todos sus integrantes son así, pero sí es cierto que estos fenómenos, estos grupos sociales se han convertido en el pretexto para que los desadaptados puedan saciar sus conflictos perjudicando a terceras personas.

    No creo que los clubes de futbol tengan capacidad económica como para preocuparse por aquellos motivos (personalidad, problemas sociales) que originan esta violencia, y por lo mismo creo que deberían de limitarse a prohibir la entrada a los estadios a estos individuos, y al menos, regular este tipo de grupos sociales y condicionarlos a que no usen la violencia. Pero sí es un llamado de atención para la sociedad porque es un reflejo de que algo no está del todo bien porque este tipo de personas pueden desatar su ira no sólo en el estadio, sino en muchas otras partes.

  • Las barras de futbol, el cancer del espectáculo.

    En México siempre han existido las tradicionales porras de futbol familiares que apoyan a sus equipos, ya sea cuando juegan en su estadio, o bien, cuando salen a otra ciudad a enfrentarse a otro rival. Las barras de antaño habían inventado varias «porras» que son muy recordadas en el inconsciente colectivo del mexicano. Todos sabemos que es «a la vivo, la vavo a la simbomba», o el muy cursi «a la chiquitibum». Porras que son utilizadas incluso en las fiestas para hecharle ánimos al festejado. Pero por muy cursis que fueran, esas porras eran pacíficas y no hacían daño a nadie. Simplemente buscaban alentar al equipo, y las únicas trifulcas que se veían en las tribunas eran discusiones de aficionados con algunas «chelas de más».

    Pero en algun momento, como buenos mexicanos, quisimos adoptar lo que había afuera. Hubo un momento en que el aficionado tenía que saciar las insatisfacciones de la vida; el estrés; y la rutina. Mientras en Inglaterra se lograba neutralizar al menos un poco el fenómeno hooligan (sobre todo por algunos trágicos acontecimientos que acontecieron en un partido en Liverpool), en México se buscaba una forma de violentar el fútbol, y que mejor idea que copiarles la idea a los argentinos, los cuales han hecho de los estadios, un circo de la decadencia humana donde o se es parte del equipo, o se es el enemigo. Es un poco incierto quienes empezaron a importar la idea, sin más no recuerdo, fueron los de la Barra Ultra Tuza del Pachuca (que actualmente no es ni de las más fuertes, ni de las más peligrosas), de los que se dice que inclusive invitaron a argentinos para que les enseñaran «como se debían hacer porras». Le siguieron barras como La Rebel de la UNAM, la Barra 51 del Atlas, la Legión 1908 de Chivas, o La Monumental del América, entre muchas otras.

    Las barras adoptaron los cánticos ya populares en Argentina como «como no te voy a querer»; «olé olé olá, que cada día te quiero más» o «vamos rojinegros, esta noche tenemos que ganar». Incluso la barra del equipo que se mofa de ser el mas mexicano, la barra Legión 1908 de las Chivas, también adoptó los cánticos argentinos como «dale dale rebaño» que entonan cuando su equipo están ganando. Hasta aquí pareciera que no hay nada de malo o extravagante. Pero el problema empieza con la violencia e intolerancia que muestran estas barras con sus adversarios.

    Un claro ejemplo es la Barra 51 del Atlas. Al parecer esta barra surgió por iniciativa de unos jóvenes de clase media que estudiaban en el Instituto de Ciencias de la ciudad de Guadalajara, eran jóvenes que simplemente querían apoyar a su equipo, pero esta organización se fué infiltrando por personas desadaptadas, pandilleros, e incluso criminales hasta convertirla en una de las barras más peligrosas del futbol nacional. Los fuegos artificiales y humarolas rojinegras caracterizaban a esta peculiar barra (hasta que fueron prohibidos los fuegos pirotécnicos en los estadios), pero también los golpes y las agresiones a los contrarios.

    Las porras de la UNAM como la Rebel y la Ultra, tienen cierta historia, al remontarnos a la época de los porros que ha existían décadas atrás, y que hechaban pleito en los partidos de futbol americano entre los partidos de los Pumas y el Politécnico del Distrito Federal. Ya tenían la violencia en la sangre, pero la influencia de las nuevas barras las hicieron más intolerantes y más violentas. A pesar de que siguen cantando el «Goya Goya», también muestran ser agresivos, sobre todo con la barra del América.

    Y precisamente, el caso del América es de llamar la atención. Porque la Barra Monumental fué creada por el propio club (o sea, Televisa) para tener un grupo de animación, en esa época cuando las barras todavía no sacaban el cobre. Pero el experimento se les fué de las manos, y engendraron un mounstro de fanáticos enajenados sin vida. No solo son la barra más violenta del país, sino que han participado en manifestaciones de lo mas ridículas mostrando total enajenación como cuando en una ocasión, un arbitro se equivocó en detrimento del América. Los de La Monumental declararon huelga de hambre, y se fueron a manifestar (como si fuera tema de interés nacional) a las oficinas de la Federación Mexicana de Futbol. Fué tan vergonzoso el acto, que cuando arribó el ex-presidente del América Perez Teuffer, este mostró una cara de verguenza e incredulidad ante lo que podían llegar a hacer los aficionados por un simple marcaje arbitral.

    Hay otras barras que a pesar de ser de cuidado, no se han dejado influenciar tanto por la «onda argentina» y han decidido inventar sus propios cánticos para no perder el folclor mexicano. Un ejemplo claro de ellos es la Porra Perra Brava del Toluca, inventores del muy popular «yo si le voy le voy al Toluca», que fué adoptado por casi todos los aficionados de todos los equipos.

    Pero no solo el peligro de las barras reside en el agresivo comportamiento de sus aficionados, sino en las herramientas que utilizan para apoyar a sus equipos. Por ejemplo, en el Estadio Jalisco, un aficionado perdió un ojo al caerle un fuego artificial de la Barra Legión 1908, o también tenemos el caso del lider de la Perra Brava de Toluca, quien perdió el brazo por un coheton, que a pesar de la tragedia, siguió siendo el principal animador de la barra del Toluca.

    Algunas de sus manifestaciones ya han cruzado fronteras, como la mofa que se llevan los porteros rivales cuando despejan el balón. En el mundial del 2006 escuchamos el famoso «eeeee puto», el cual seguramente se repetirá en el mundial de Sudáfrica 2010.

    En algunos clubes, han sabido controlar un poco este fenómeno o los han evitado, pero en otros casos las cosas ya se han salido de control, haciendo que algunos estadios sean un peligro. Actualmente se disponen de lugares especiales para las barras de ambos equipos (las cuales son colocadas en ambos extremos del estadio), se les pide que no salgan al mismo tiempo del estadio, y son resguardadas por elementos policiacos (sobre todo esto sucede con La Monumental del América). Pero a pesar de todo, las autoridades no siempre logran que las barras no se logren enfrentar.

    Las barras son un cancer, y si bien generan ambiente dentro de los estadios, muchas veces la violencia sobresale más que el mismo ambiente que ellos generan. No les importa «mentar la madre» al equipo contrario, incluso si es para burlarse de una tragedia, como hace la Rebel de la UNAM al burlarse del disparo que recibió cabañas y que pueden ver en el siguiente video: