Etiqueta: Ayotzinapa

  • Ayotzinapa ¿Pudo haber sido el Gobierno Federal?

    Ayotzinapa ¿Pudo haber sido el Gobierno Federal?

    Piensa mal y acertarás

    Empiezo con esta frase, porque a veces parece que en este país hay que pensar mal para llegar a la conclusión más real, incluso debido a esta costumbre heredada de nuestro pasado (inmediato y no tan inmediato) de opacidad y corrupción, hemos llegado a crear teorías de la conspiración donde no las hay, aunque a veces en México, la versión más cruel y atractiva se llega a imponer como verdad.

    Ayotzinapa ¿Pudo haber sido el Gobierno Federal?

    Hasta este momento, una minoría piensa que el Gobierno Federal pudo haber estado detrás de Ayotzinapa. De hecho según un estudio de GEA-ISA, sólo el 4% de los mexicanos piensan que pudo haber sido así (quienes critican a los manifestantes y opositores afirman que quienes creen eso son mucho más y son víctimas de una manipulación). Y es que tanto la versión oficial como lo que hemos escuchado hasta ahora, nos señala a los Abarca como responsables, y la historia sigue el hilo conductor de los normalistas que boicotearían la fiesta de la esposa de Jose Luis Abarca (aspirante a sucederlo).

    Pero hay dudas sobre la versión oficial. Murillo Karam presentó su línea de investigación en ese, su fatídico día del #Yamecansé, pero se presentaba como hipótesis, pero al tiempo como si quisiera convencernos de que la suya era real sin presentar pruebas contundentes (algo así como, no es seguro, pero es casi casi seguro). Investigadores de la UNAM señalan que para calcinar un cadáver se necesita una cantidad impresionante de combustible y material, o quienes señalan que ese día llovía, lo cual hubiera frustrado el intento de quemar completamente los cuerpos.

    Hay otra versión, alternativa. Y es de una investigación de Anabel Hernández y Steve Fisher con el apoyo del Programa de Periodismo de Investigación de la Universidad de California en Berkeley. Ellos afirman con base en algunos testimonios, videos y pruebas, que la Policía Federal participo activamente en el ataque. Ellos afirman que la intención fue cortar de raíz la ideología (marxista) con la que son educados estos estudiantes en esa Normal que muchas veces ha sido semillero de guerrilleros.

    No sé si esa hipótesis sea cierta, al menos lo que se presenta todavía no es lo suficientemente sólida y tendríamos que esperar más información. Pero a mi me vienen varias dudas: ¿Por qué si quienes supuestamente perpetraron la masacre son del PRD, el gobierno y el PRI en vez de explotar políticamente el problema siempre ha tomado una postura defensiva? ¿Por qué el Gobierno parece más empecinado en tratar de querer probar a toda costa su línea de investigación en vez de esclarecer lo que pasó en Ayotzinapa? ¿Por qué Peña Nieto no salió en medios, como se suele hacer, el mismo día en que se supo de los hechos y se esperó varios días para hacerlo?

    Hay muchas dudas, y así como no puedo dar por sentada la versión de Anabel Hernández, tampoco puedo dar por sentada la versión oficial. Espero que el «piensa mal y acertarás» no aplique en este caso, y que al menos se trate de la versión que siempre nos contaron. De lo contrario sería algo muy, pero muy lamentable, lo cual podría afectar al futuro de nuestro país.

    Espero que el gobierno esclarezca el asunto con pruebas más fehacientes y se esfuercen por resolver el caso, y si no es así, que quienes no creen en la hipótesis oficial, logren demostrar que está equivocada.

    La hipótesis  de Anabel Hernández y Steve Fisher la puedes ver aquí.

  • Adán Cortés y su travesía «nobelesca»

    Adán Cortés y su travesía «nobelesca»

    A la pakistaní Malala Yousafzai le entregan el Premio Nóbel de la Paz, ella es la más jóven en recibir este premio y su mérito tiene que ver con su activismo por los derechos civiles en el régimen talibán (sobre todo el relacionado con la educación) y quien sufriera un atentado por parte de un grupo terrorista vinculado a los talibanes. Bueno, pues cuando ella estaba recibiendo el premio, Adán Cortés, burlando todos los protocolos de seguridad y haciéndose pasar por fotógrafo, irrumpió cargando una bandera mexicana con una mancha al centro que simulaba ser sangre y le dijo a Malala que no se olvidara de México. En el momento Malala no tuvo reacción alguna pero después expresó su simpatía con el mexicano.

    Adán Cortés y su travesía "nobelesca"

    Esto ha dado lugar diversas reacciones en la sociedad mexicana. En general la mayoría ha visto con ojos buenos lo que hizo Adán Cortés, pero otros tantos lo han criticado duramente por su acción.

    Hay quienes dicen que es una estupidez lo que hizo. A mi no me lo parece así. Su objetivo era que la gente no se olvidara de Ayotzinapa, y lo logró. La forma en que se manifestó no fue la más original ni innovadora, más bien era la más predecible y típica, pero logró cumplir su objetivo. ¿Héroe? Creo que llamarlo así sería una exageración, pero creo yo que lo que hizo de alguna forma es aplaudible, Por eso Malala lo reconoció y afirmó que es importante que hagan escuchar su voz. En lo particular no crea que sea una falta de respeto para Malala, ni creo que lo haya tomado así. Por el contrario, el reclamo del mexicano Cortés es un tema que Malala puede comprender bien.

    Por el otro lado, algunas personas hablan de represión y de incongruencia al detener a Adán Cortés cuando se entregaba un «Premio Nóbel de la Paz». Tampoco estoy de acuerdo con esta aseveración. Naturalmente en un evento como este existen protocolos de seguridad y existen leyes preestablecidas. Adán Cortés las violó para defender una causa justa, pero también es cierto que la seguridad noruega se tiene que apegar a la ley. Adán Cortés asumió el riesgo antes de tomar su decisión. Y no creo que el hecho de que haya sido detenido tenía que ver con una intentona para «reprimir su voz».

    Indignarse porque un mexicano haga este acto en un país donde la impunidad y la corrupción abundan, donde unos pocos, que están en el gobierno, o tienen pactos con este, se sirven de toda la sociedad, se me hace algo irrisorio, burdo y hasta cómico. La intención de Adán Cortés es loable, sobre todo porque sabe que podría correr riesgos a su regreso a México ante un gobierno autoritario que apostaba colocar a Ayotzinapa en el olvido. Gracias a Adán Cortés, el tema tendrá un poco más de gasolina, lo cual se ha aprovechado incluso para hablar de hipótesis o del reclamo de los padres de los normalistas a los senadores de la República.

    Repito, sería aventurado y muy precipitado mostrarlo como un héroe, pero lincharlo mediáticamente se me hace algo incluso preocupante.

  • ¿Qué Peña Nieto se disculpe ante todos los mexicanos?

    ¿Qué Peña Nieto se disculpe ante todos los mexicanos?

    Enrique Krauze sugiere que el Presidente se disculpe ante todos los mexicanos como acto de humildad. La propuesta del escritor es buena porque en realidad creo que es la única opción que tiene para recobrar legitimidad. El problema es si tendrá la capacidad para hacerlo, y acepte que se toquen intereses que se deben de tocar para que la disculpa sea creíble.

    ¿Qué Peña Nieto se disculpe ante todos los mexicanos?

    Veo difícil que lo haga por muchas razones. Primero, porque una de las normas del poderoso es no mostrarse débil, menos en gobernantes emanados del PRI. Al menos yo no recuerdo a algún Presidente priista que se haya disculpado. Algo un poco parecido a eso hizo López Portillo cuando nacionalizó la banca y lloró en el congreso, pero ya iba de salida y temía por el juicio que le haría la historia (la cual no se equivocó).

    Si Peña Nieto se planteara eso vendrían muchas cosas a su cabeza. -¿Qué cara estaría dando ante mis opositores? Ante los partidos de oposición a los cuales tengo amansados en el Congreso, a los grupos radicales como la CETEG o la CNTE que hacen bloqueos y me quieren fuera de la presidencia. Pero sobre todo, sería sucumbir moralmente ante la mayoría de los ciudadanos que me rechazan, aceptar que ellos tenían la razón y que su desprecio estaba justificado.

    Si Peña Nieto pidiera perdón, sabe que tendría que hacerlo honestamente, desde su corazón y no desde un teleprompter. Y si es honesto, tendría que aceptar que se le investigue por lo de la Casa Blanca (o que al menos lo transparente), tendría que disculparse por su insensibilidad en la masacre de Ayotzinapa; tendría que tocar intereses que le benefician o de los cuales forma parte, tendría que encarcelar a su tío Arturo Montiel. Porque una disculpa que no venga del corazón y no esté respaldada con acciones, será inverosímil, nadie le creerá.

    En realidad esto es lo mejor que le puede suceder a México, el mejor de todos los escenarios, pero tal vez el más imposible. Sabe que ya no puede recurrir a la simulación, sabe que los mexicanos ya le tomaron la medida. Para que sea creíble, Peña Nieto tendrá que darles voz a muchos sectores que lo critican, tendrá que acercarse a la ciudadanía, hablar con ella, salir a escenarios no controlados con el riesgo de que la concurrencia le grite ¡Pendejo, pendejo! al unísono. Es decir, si de verdad lo hiciera, Peña Nieto podría lograr consolidar los avances democráticos que se llegaron a tener y no a acabar con ellos como ha hecho hasta ahorita. Pero tendría que optar entre un juicio más decente de la historia y no decepcionar a los intereses que beneficia ¡Un muy difícil dilema!

    Es decir, que para mantenerse, tendría que romper con toda esa estructura. Él y su gabinete tendrían que trabajar más para los mexicanos, con lo cual su partido ya no sería negocio, sino tendría que cambiar de giro a un partido que trabaja más por la gente. Algo muy difícil de imaginar, y no sólo con el PRI.

    Si Peña Nieto pide perdón, tendrá que aplicar medidas urgentes y dolorosas para sus intereses (y no decálogos insípidos), medidas que acabarán con cualquier intención de regresar al esquema de partido único, porque tendrá que formar coaliciones (y no pactos insípidos) y soltar algo de poder, ese poder que tanto anhelan los de su partido.

    Si no lo hace, el encono seguirá creciendo, sus críticos (la mayoría de los mexicanos) ya no le creen y en lugar de escucharlo compran su «peñata» para romperla en las posadas. Y si el encono crece, esto terminará muy mal.

    Lástima que la opción de pedir disculpas es muy improbable, porque sería una de las pocas cartas para dar un giro de 180 grados y retomar el camino. Lástima.

  • Ya supérenlo

    Ya supérenlo

    Imagínense que unos «chavos prole» secuestraran a la familia de Peña Nieto y a su hija mayor, Paulina Peña, la desollaran. ¿Qué sentiría el mandatario si todos los mexicanos salieran a las calles con una pancarta que dice «ya supéralo»? Si algo así pasara, Enrique Peña Nieto no necesitaría salir a gritar «Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis ¡Justicia! No, él usaría toda la fuerza del Estado para dar en minutos con esos de delincuentes prole.

    Ya supérenlo

    De ese tamaño es la insensibilidad del Presidente Peña Nieto cuando nos dice que superemos Ayotzinapa, cuando el gobierno todavía no ha presentado pruebas de que los normalistas están muertos (lo cual es lo más probable). Ayotzinapa es la más grande tragedia del México contemporáneo, tal vez sólo después de la matanza del 68 (es decir, en los últimos 46 años), y al Gobierno de Peña Nieto no le ha importado, es más, creo que ni siquiera dimensionan como es que éste hecho les afecta políticamente al cometer error tras error.

    Si Peña Nieto se hubiera parado en Iguala el día después de la masacre a dar un mensaje a la nación y a tomar acciones determinantes (cosa que se espera de cualquier mandatario), no le estarían lloviendo tantas críticas. No le importó, incluso quiso pasarle la bolita al PRD (es problema de ellos y sus gobiernos) y ellos también contraatacaron. Si bien quienes estuvieron involucrados en el asesinato de los normalistas fueron el alcalde perredista y su esposa, ligados a Guerreros Unidos, el Presidente como Ejecutivo de la Nación, tenía una responsabilidad, responsabilidad que no asumió.

    El gobierno de Peña Nieto sigue viviendo en una burbuja formada, como afirmó ayer Diego Petersen, por políticos que después de estudiar en la universidad, se sientan en sus cubículos a tomar decisiones en un país que no conocen. Como él mismo refirió poniendo de ejemplo a Pedro Aspe (padrino político de Luis Videgaray), quien «presumió» haber ido al Centro Histórico solamente dos veces en su vida. Ese desconocimiento brutal de la sociedad, del país que los gobiernan, es una de las causas por las cuales la gente se haya volcado en la calle. El gobierno no sabe como enmendar algo que en realidad no conoce. Nos quieren hablar desde su burbuja, desde «allá arriba» cuando su trabajo como servidores públicos los debería obligar a «venir abajo cada rato».

    Esa insensibilidad es muestra de lo poco que le interesan los mexicanos a Peña Nieto: -Ah, pero esos normalistas son revoltosos, yo los vi en TV Azteca, y pues no son güeritos ni tienen plata. Peña Nieto cree que todo ese encono social que prevalece (expresándose de formas diferentes) en casi todas las diferentes clases sociales, proviene de una realidad alterna, de otro país diferente al que cree estar gobernando. Peña Nieto no puede caminar en la calle porque no le gusta, porque es algo extraño para él, aunque naturalmente se arriesgaría a recibir mentadas, insultos o hasta poner su vida en riesgo, por más sea segura la calle por donde camine.

    Muchos de los políticos de su círculo estudian en las universidades más prestigiosas del mundo, y eso debería implicar una mayor razón para que salieran a la calle y conocieran el terreno donde van a gobernar, para que con sus conocimientos adquiridos en Harvard o Stanford, puedan aportar soluciones. Pero estos políticos sienten que gobernar es como ponerse a jugar Fifa. Y cuando se han dado cuenta que quien sostiene a su gobierno son aquellos a quienes ignoran, puede haber sido demasiado tarde. El «Ya supérenlo» es un claro ejemplo de lo desconectados que están de la gente a quien gobiernan. Gobiernan para ellos, se dan licitaciones entre los amigos, se reparten la riqueza como reyes. Y no se dan cuenta que su maldito puesto es de servidores públicos, quienes tienen más de 100 millones de jefes a los que tienen que rendir cuentas.

    Lydia Cacho portando un pasamontañas termina siendo un símbolo de ello, de la lejanía del gobierno para con sus gobernantes:

  • Nuestro México, va por buen camino

    Nuestro México, va por buen camino

    No, no es un slogan, no es un discurso del Presidente mientras el país se cae a pedazos. Es más bien un intento de ver a México desde una perspectiva de vaso medio lleno. Y los lectores me dirán ¿Qué le pasó a Cerebro? ¿Cuando va a pasar a las oficinas del gobierno por su cheque?, y es que a veces las crisis donde tocas fondo pueden ser un cambio de viraje, porque el crecimiento es doloroso.

    Nuestro México, va por buen camino

    Hace varios años tuve una frustración «amorosa» (así entre comillas) muy dolorosa. Eso implicó para mí una enorme sacudida a mis estructuras mentales, días en que sentía que todo se había caído. Así como México se siente hoy, yo me sentía, así como cuando dices «me dueles México», así me dolía a mi. Eso tuvo que ver con el hecho de que varias cosas dentro de mí no estaban bien, estaban lo suficientemente mal como para dejarme atraer por personas que estaban realmente mal. Posiblemente me sentía solo en ese entonces, pero ese trauma, ese golpe, hizo que no tuviera otra alternativa más que mirar hacia adelante.

    Paradójicamente no era el peor momento de mi vida, ni era mi peor versión, pero todavía no era la versión que debía de ser y ese golpe llegó a recordármelo. Lo mismo pasa con México, con todo y lo que estamos sufriendo, podemos decir que estamos algo mejor que en, 1994. Tenemos una sociedad más despierta, tenemos acceso a más información. Pero no somos nuestra mejor versión como país, y este duro golpe (Ayotzinapa, lejanía de la clase política y descontento social) viene a recordarnos que hay muchas estructuras que debemos de derribar y de cambiar.

    La masacre de Ayotzinapa es consecuencia de muchas cosas que se hicieron mal por mucho tiempo, de estructuras nocivas que permanecieron ahí y que nadie les puso atención. Darnos cuenta de ello y sacudirnos fue algo muy doloroso, pero fue uno de esos golpes que harán madurar a la sociedad. El hecho de que la lejanía de la sociedad con la clase política sea motivo para salir a las calles es otra sacudida, es darnos cuenta de que no podemos seguir así. La figura de Peña Nieto a quien tanto repudiamos es también consecuencia de estructuras que tienen que ser derribadas (y no me estoy refiriendo a tomar las armas), la realidad actual es insostenible, pero también lo es porque hemos tenido cierta maduración como sociedad. Tal vez una situación similar hace 20 o 30 años no hubiera tenido tantas repercusiones y lo hubiéramos «dejado pasar» como sociedad. Pero ahora ya no; ahora «ya nos cansamos».

    Todo es sombrío, oscuro ¿Y cómo no lo va a ser? Estamos en un momento de agitación, donde se comienzan a mover muchas cosas, y en estos momentos es donde los individuos debemos de tener una mayor capacidad crítica. Es un reto, nos estamos confrontando como sociedad. Ya nos hemos dado cuenta que lo que estamos haciendo como país no funciona, y tocará ver que es lo que vamos a hacer para empezar a cambiar las cosas. Los mexicanos estamos aprendiendo a no tolerar la corrupción, la impunidad. Los corruptos cada vez tienen más problemas para esconderse, siempre han existido, pero el que los ciudadanos tengamos cada vez más posibilidades de exhibirlos, puede ayudar de alguna manera a inhibir la corrupción, porque los que salen de las cloacas son muchos, cada vez más

    Tenemos un lío por delante, pero tal vez esta coyuntura pueda ser el inicio de algo bueno. El que esto sea insostenible nos obligará a hacer las cosas de otra manera. Las formas en que se conduce la clase política actual están empezando a dejar de funcionar, 91% de los mexicanos creen que los partidos políticos son corruptos según Transparencia Internacional (el índice más alto en todo el mundo). México duele, pero lo que no te mata te hace más fuerte, pero los mexicanos tenemos una responsabilidad, y es que nos tenemos que repensar, tenemos que imaginar donde queremos estar en un futuro.

     

  • Sandino Bucio, el gobierno y la violencia

    Sandino Bucio, el gobierno y la violencia

    El sábado supimos que Sandino Bucio Dovalí había sido secuestrado por supuestos agentes federales para después ser llevado a la SEIDO. Ésto lo supimos porque su captura fue grabada con dispositivos móviles, donde se constata que subieron a un automóvil agentes vestidos de civiles para luego golpearlo, amedrentarlo, y decirle de lo que se iba a morir, cosa que va en contra de todos los protocolos y es un flagrante atentado contra los derechos humanos (aún siendo culpable). Sandino Bucio terminó el día como héroe cuando su mamá en medio de miles de activistas lo esperaba después de que hubiera sido liberado.

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    El domingo, el periódico Reforma publica imágenes donde se ve a Sandino Bucio participar violentamente en manifestaciones. El día de hoy, Carmen Aristegui lo entrevista y lo cuestiona por esas fotografías. El afirma que actuó así en defensa propia, pero al final él mismo afirmó tácitamente que no estaba en contra de las manifestaciones violentas porque la gente ya esta harta del gobierno, y para eso puso como ejempelo los bloqueos y las manifestaciones violentas que hemos visto en entidades como Guerrero. La conclusión a la que podemos llegar es que tanto Sandino Bucio como el mismo Gobierno actuaron de forma ilegal. Algunos justifican la forma ilegal en que operó el gobierno para que «ya de una vez entiendan esos revoltosos» y otros mitifican a Bucio y justifican su violencia tal cual mártir de la patria. Ambas posturas son completamente erróneas si se quiere aspirar a tener un Estado de derecho.

    Siempre he insistido en no caer en errores de relativización. El que nos hayamos dado cuenta que Bucio no era un «pobre angelito» no relativiza la forma en que fue levantado por las autoridades y viceversa, el que las autoridades repriman de esta forma a manifestantes, no les da puerta abierta para que usen la violencia. El problema es que en el tema de las manifestaciones por unos pocos pierden todos. El gobierno es mucho más poderoso que un manifestante, y siempre le convendrá «exhibir» los actos vandálicos para deslegitimar una manifestación pacífica.

    La manifestación del 20 de noviembre se caracterizó por su pacifismo (aunque algunos medios insistieron en demostrar lo contrario), incluso en Estados Unidos (país desarrollado al cual siempre nos ponen de ejemplo) días después, a raíz de la exoneración de Darren Wilson, quien matara a un adolescente negro en Ferguson, salieron a las calles y abundaron los actos violentos, destrozo de carros y demás actos vandálicos. Pero en México, a pesar de la rabia, de la indignación, la gran mayoría de la gente se comportó a la altura, y fueron unos pocos (entre los cuales posiblemente había infiltrados) los que llegaron a causar desmanes. Pese al pacifismo, la policía reprimió la manifestación, incluso agredieron a comensales.

    Pero ahora pondrán los reflectores en Sandino Bucio, estudiante de Filosofía y Letras de la UNAM, de donde salen estudiantes radicalizados que se organizan en el Auditorio Ernesto «Ché» Guevara. Incluso el gobierno tendrá a quien aventarle la bolita. Una de las indicaciones que se deben de seguir para no caer en la represión gubernamental es no ceder ante la violencia. Cuando esto ha pasado quien gana siempre es el Gobierno. La paz es lo que da legitimidad a los manifestantes frente al resto de la población.

    Los gobiernos represores y los ciudadanos que buscan revoluciones violentas son ejemplo claro de países que no se han logrado consolidar. Las manifestaciones que se llevaron en áreas urbanas fueron ejemplo de que los ciudadanos ya quieren estar a la altura, pero en zonas como Guerrero todavía persiste ese México bronco anclado en el pasado, que habla de revoluciones que históricamente han sido un fracaso. Por eso Sandino Bucio se ha equivocado, pero el Gobierno también lo ha hecho. La mala noticia es que a diferencia del Gobierno, quien asumirá el error de Bucio no será el mismo, sino todos los ciudadanos.

  • Copetes 911, no han entendido el mensaje

    Copetes 911, no han entendido el mensaje

    Ayer vi un pedazo del partido entre la UNAM y América. Algo había raro en la transmisión, como si fuera más monótona y es que me percaté de que no había tomas hacia la tribuna. Aún así al minuto 43, pasaron una toma cerrada a una manta que decía #TodosSomosAyotzinapa mientras el comentarista hablaba muy brevemente sobre ello para regresar al partido (como para darles por su lado). Hoy, un día después, Enrique Peña Nieto al presentar su plan contra la corrupción e inseguridad, repitió el slogan insistentemente. Parecía querer apropiarse de la indignación de la gente. Esa indignación de la cual «quiere formar parte» está indignada también con el Presidente Peña Nieto. Junto al #TodosSomosAyotzinapa generalmente suele ir el #Yamecansé, y ese no lo repitió, ni se preocupó por mencionarlo.

    Copetes 911, no han entendido el mensaje

    Estaría de más hacer un análisis exhaustivo de los 10 puntos que presentó, viéndolos como tales podrían no ser mala idea, algunos podrían funcionar si fueran bien instrumentados como el de la policía estatal ¿Recuerdan la gendarmería que tanto se presumió? El problema es que las medidas son reactivas más que propositivas, y no sólo son una reacción al problema de Ayotzinapa, sino más bien una reacción al vendaval de críticas que está recibiendo su gobierno. Proponen acciones en materia de derechos humanos entre las cuales se incluye una iniciativa de reforma que faculta al Congreso de la Unión para expedir las Leyes Generales en materia de Tortura y Desaparición Forzada. El problema es que hace pocos días detuvieron a 11 estudiantes arbitrariamente, los torturaron y le imputaron cargos que llegaron a ser más graves que los que le imputan a José Luis Abarca y a su esposa. Dice que fortalecerá los principios de Gobierno Abierto en la Administración Pública creando un portal de información de proveedores y contratistas cuando no ha querido explicar el conflicto de intereses en que incurrió por la Casa Blanca.

    Por estas razones, está de más el analizar las propuestas cuando el problema no tiene tanto que ver con ellas, sino con su instrumentación. Ahí está el claro ejemplo de la Reforma a las Telecomunicaciones que culminará con la entrega de las concesiones a cercanos a Peña Nieto. La reflexión va más a fondo y tiene que ver con el trasfondo político de estas propuestas, que como mencioné son reactivas y responden a la pérdida de legitimidad ocasionada por el mal manejo del conflicto de Ayotzinapa, y posteriormente con la Casa Blanca.

    Para que estas propuestas funcionen, deben de existir mecanismos para ello, el problema es que en el pasado eso no ocurrió así. El problema es que estamos en un caso tipo «Pedro y el lobo» donde ya es difícil de creer, donde el escepticismo reina y donde la única forma en que estas propuestas le otorguen legitimidad al mandatario es por medio de los resultados que estas ofrezcan. El problema es que Peña Nieto necesita urgentemente legitimidad y si estas medidas fueran bien instrumentadas, mostrarían resultados palpables hasta después de determinado tiempo.

    ¿Cómo creer que harán todo de diferente manera cuando son exactamente los mismos que habían hecho todo mal? ¿Por qué no hubo ni siquiera algún cambio en el gabinete? ¿Por qué no hay despedidos? Está claro que si los anuncios de este día pretendían ser un golpe de timón, el fenómeno se quedó tan corto que el principal tema de conversación tiene que ver con la nueva línea 911. El problema es que inclusive el anuncio fue hecho como siempre lo hacen. Peña Nieto dirigiéndose a los suyos con un escenario pomposo que requiere más inversión que la que requiere Barack Obama para hacer sus anuncios (que consiste en un atril y un logo de la Casa Blanca).

    Parece que Peña Nieto sigue empecinado en resolver los problemas de la misma forma. Habremos de ver la recepción que tendrán estos puntos en el círculo rojo (analistas y periodistas), pero a mi parecer, el anuncio de estas propuestas no tendrá mucha trascendencia hasta que la gente palpe los resultados de las iniciativas puestas en práctica. Pero que alguien le diga a Peña Nieto y a su gobierno que hace falta más espíritu de crítica, siguen empecinados en mostrarse como los buenos que nos salvarán del mal, siguen empecinados en tratar de entrar a una fiesta a los que jamás fueron invitados. Porque ellos no son #TodosSomosAyotzinapa, más bien ellos deben de responder con hechos, porque usa frases tan desgastadas como «transformar a México», porque parece que todo México es el Estado de México, porque no entienden. Y al final del día, es difícil, muy difícil creer que alguien cuya presidencia quedará marcada por los conflictos de interés, tendrá la capacidad y una verdadera prestancia para fortalecer el Estado de derecho. Es como esperar que un golpeador de mujeres luche incansablemente por la equidad de género.

    Y menos crees que sea un acto solidario real con la sociedad, cuando siguen utilizando cuentas falsas en Twitter (bots) para hacer llegar «su mensaje»:

     

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  • El gobierno no ha entendido, y por eso se desestabiliza

    El gobierno no ha entendido, y por eso se desestabiliza

    Los gobiernos autoritarios recurren a la teoría del complot cuando perciben un riesgo real sobre su poder. Como es difícil frenar el vendaval de críticas, entonces se recurre a la magnificación o a la distorsión de la realidad para tratar de generar cierto consenso a través del miedo, la duda o la rabia contra supuestos adversarios. Así como ha sucedido en gobiernos como los de Venezuela, o no vayamos más lejos, como ocurrió con López Obrador, quien cayó en este vicio en un momento en que todavía tenía una amplia ventaja sobre su adversario Felipe Calderón en la elección presidencial del 2006.

    http://www.proceso.com.mx/?p=388668

    El problema es que ni Peña Nieto ni el gobierno han entendido el mensaje. Quieren combatir el problema con las mismas acciones que la sociedad repudia. El problema es que no han entendido que no pueden gobernar como antes, no han entendido que son otros tiempos, que hay una sociedad más despierta, más crítica, y por eso mensajes como el de Angélica Rivera terminan siendo un tiro por la culata. Parece que se están dirigiendo a una sociedad que ya no existe, una sociedad de mediados del siglo pasado que no tenía acceso a diversas fuentes de información.

    A pesar de que México ha tenido varios problemas a lo largo de su historia, estamos viviendo una coyuntura histórica que no se veía desde hace mucho, no sólo por las manifestaciones, sino porque desde hace demasiado tiempo no habíamos visto a un Presidente tan debilitado en funciones, y porque la posibilidad de que no termine su mandato existe.

    El Gobierno y muchos de sus simpatizantes no han mostrado sentido crítico alguno, han sugerido que los manifestantes están manipulados, que se trata de una estrategia bien planeada de parte de López Obrador, grupos de izquierda e incluso han sugerido indirectamente a Carlos Slim. Pero en realidad esa cerrazón a la crítica es la que está desestabilizando al gobierno. El grupo de inconformes es cada vez más heterogéneo, y la sociedad en sus diversas clases sociales e ideologías empieza a formar consenso sobre el deseo de que Peña Nieto renuncie.

    Si bien, es cierto que ante un gobierno débil, los grupos de poder empiezan a reacomodarse y muchas veces tratan de incidir en la sociedad o aprovechan la indignación de la gente, la inconformidad está dada por la crisis política que existe en el país y no por una estrategia planeada para desestabilizar a México. Crisis política no sólo producto del Gobierno Federal sino de la misma oposición.

    Pero el gobierno sigue dando razón a quienes los critican. Después de las manifestaciones trasladaron a 11 jóvenes a penales de máxima seguridad por «terrorismo y tentativa de homicidio» entre otros cargos, jóvenes que fueron detenidos arbitrariamente. El fantasma de la represión aparece, y más que mostrar un gobierno que «pone orden», logran lo contrario. También dan la razón a sus críticos cuando los policías agreden a manifestantes inocentes, cuando atacan a comensales en un restaurant del Centro Histórico de la Ciudad de México que ni siquiera eran parte de la manifestación y cuando envían infiltrados para tratar de deslegitimar una manifestación pacífica.

    Es incluso extraño que un Gobierno Federal el cual se supone debería tener asesores bien preparados, permita resbalones que han calado en la sociedad, como las últimas declaraciones de Peña Nieto, Angélica Rivera, y que permitan ir a su hija Sofía Castro a los Latin Grammy de Las Vegas sin ninguna preparación para responder críticas.

    El problema es que el Gobierno Federal se encuentra entre la espada y la pared, el problema crece y ya no pueden aspirar al «tiempo que hace que todo se olvide», pero a la vez ya carece de argumentos para poder responder contundentemente a las críticas. El problema es que siguen cometiendo errores, y sobre todo, que hacen caso omiso al mensaje que manda el pueblo mexicano, al cual gobiernan, pero ignoran olímpicamente.