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  • La banderita de Facebook ¿Por qué París y no Siria?

    La banderita de Facebook ¿Por qué París y no Siria?

    Si Facebook quiere ser una empresa global deberá ser «menos estadounidense». Esta empresa tiene la intención de llevar Internet gratuito mediante un satélite propio a África y demás lugares donde la pobreza abunda. Para Facebook, colocar la bandera de Francia y no la de Siria o Líbano pudo ser un error, en este entendido de que pretende ser una empresa global. Pero eso es problema de Facebook.

    La banderita de Facebook ¿Por qué París y no Siria?

    En las redes veo algo parecido a una campaña de linchamiento contra aquellos que han decidido colocarse esa bandera, o bien, decidieron solidarizarse de alguna forma con Francia.

    Para algunos, como requisito para solidarizarte con los parisinos muertos, debiste haberlo hecho antes (con pruebas de que lo hiciste en redes) con México, con Siria, con Iraq, con Palestina y con Líbano; si así no lo hiciste, es que eres un «hipócrita, doble moral». Aunque muchas de esas personas ni siquiera lo han hecho con dichas naciones.

    Incluso algunos critican la solidaridad con Francia porque no han sufrido tanto como México, al punto de minimizar su sufrimiento y burlarse de él:

    La banderita de Facebook ¿Por qué París y no Siria?

    Esas mismas personas, en su mayoría, estaban agradecidas cuando los franceses mostraron su apoyo cuando ocurrió la tragedia de Ayotzinapa. Agradecer la solidaridad de otra nación y criticar el acto de reciprocidad, perdónenme, pero ese sí es un acto hipócrita y de doble moral. No sólo eso, es un acto egoísta.

    Incluso algunos tuvieron la desfachatez de reclamar por qué Facebook no colocó la bandera de México el año pasado, cuando hace un año la red social no tenía la costumbre de hacer ese tipo de dinámicas.

    Otros negaron su solidaridad argumentando que «Occidente se lo tenía merecido». Si bien, ciertamente, los países occidentales no han tratado muy bien a estos pueblos árabes (sobre todo los más deprimidos) e incluso se puede decir que el Estado Islámico no se puede entender sin la intervención de occidente en Iraq (de hecho, los grupos radicales se alimentan de los agravios occidentales para construir sus discursos bélicos), las víctimas de Francia nada tienen que ver con las decisiones que han tomado sus gobernantes (las cuales el pueblo occidental suele no aplaudir).

    Esperar que la gente se indigne con la misma intensidad ante cualquier evento del mundo es algo ingenuo. Los individuos tenemos una tendencia a indignarnos más con aquello con que nos sentimos más identificados, incluso se puede interpretar como un acto supervivencia porque nos coloca en estado de alerta. Para un mexicano representa un mayor riesgo (aunque sea mínimo) un atentado de un terrorista islámico en Francia que en Siria, porque Francia está culturalmente más cerca de México. Las repercusiones de un conflicto bélico en Oriente son menores a las que puede tener un conflicto occidental.

    ¿Recuerdas que los sirios o los árabes se indignaran por Ayotzinapa como lo hicieron los europeos? No lo hicieron ¿verdad?. Y no recuerdo que la gente se haya indignado por eso. Es natural, porque los sirios se sienten identificados con otras culturas antes que la nuestra; y porque muy probablemente ni siquiera se enteraron de lo ocurrido.

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    De la misma forma, un cristiano tenderá a solidarizarse más con los cristianos, un vegano se escandalizará más si a otro vegano le han coartado sus derechos. Es una simple condición humana.

    Pero eso no quiere decir que no tengamos la capacidad de solidarizarnos con los sirios o los libaneses. Ciertamente los medios occidentales tenderán a difundir y dar prioridad a lo que ocurre en Occidente (y sí, a veces por interés) y eso hace que quienes vivimos en esta área geográfica recibamos menos información de lo que ocurre en esas latitudes; esto aunado la inseguridad de esos países, donde es más difícil llevar a cabo una cobertura noticiosa como se puede hacer en los países occidentales.

    Imagina que en una pequeña sala de cine reúno a 50 amigos tuyos, diferentes entre sí (algunos conservadores, otros liberales, algunos otros hipsters, empresarios, de izquierda) y coloco un video de los bombardeos en Siria y algunos otros sobre como asesinan niños cristianos. ¿Sabes que va a pasar?

    Algunos van a salir llorando, alguno que otro amigo tuyo vomitará, otros saldrán indignados y posiblemente lleguen a sus casas a compartir en las redes videos para que todo el mundo se entere. Mientras eso ocurriría acá, en el Estado Islámico sus miembros festejan cuando sus pares asesinan víctimas inocentes occidentales.

    Y todavía hay quienes quieren ponerlos a la par. – Ay, es que los del Estado Islámico son víctimas de Occidente, ojo por ojo, diente por diente. – Quien atenta contra una vida de algún inocente, deja inmediatamente de llamarse víctima, aunque haya sufrido un agravio anterior.

    Yo recuerdo que durante la guerra de Iraq, en México transmitieron imágenes crudas (pero lo suficientemente tolerables para ser transmitidos por televisión abierta) que no se transmitían en Estados Unidos. Recuerdo bien que los mexicanos nos indignamos, y criticamos al gobierno y ejército de Estados Unidos. Es más, gran parte de la impopularidad del gobierno de Bush en Occidente se debe a la intervención en ese país, y las fotos donde soldados estadounidenses maltrataban a iraquíes causaron una gran indignación. Es decir, los occidentales nos solidarizamos con los orientales (con esos que algunos dicen que «nos valen madre») debido al abuso de sus pares occidentales. Eso no es algo que vayas a ver algún día en el Estado Islámico.

    De hecho, los atentados en París han hecho que la gente se preocupe más por lo que está ocurriendo en Siria.

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    Por eso es que no entiendo que haya personas se indignen más porque algunos coloquen en su avatar la bandera de Francia; e incluso cuestionen a gobiernos locales de nuestro país por iluminar monumentos con los colores de la bandera de ese país. – ¿Dónde está la bandera de Siria, dónde está?

    No entiendo como algunas personas pueden pasar por alto el sufrimiento de los demás por ideologías, por querer llevar la contraria, o bien, por querer imponer un falso aire de superioridad, y se limitan a criticar a quienes nos solidarizamos con los franceses, quienes el año pasado se solidarizaron con nosotros.

    Eso, eso es lo realmente hipócrita y doble moral.

  • Los Otros

    Cuando todo parece estar mal en el mundo, y uno casi casi quiere preguntar cómo se detiene para bajarse de él, tendemos a mirar a los países que parecieran lograr la armonía que a los demás se nos niega, países tranquilos y amantes de la paz como Noruega, cuya legislación es de las más incluyentes y avanzadas del mundo.

    Sin embargo, noticias como la del viernes pasado, donde un conservador de ultraderecha logró matar en solitario a 93 personas, basado en un inmenso odio que orilló su pensamiento a deshumanizar a aquellos con los cuales no estaba de acuerdo, nos lleva a pensar qué es lo que está mal sobre nuestra forma de ver a nuestros semejantes.

    El viernes anterior Anders Behring Breivik llegó a la isla de Utoya, después de haber colocado un auto bomba afuera de un edificio gubernamental en Oslo, con la intención de que su estallido le proporcionara el tiempo suficiente para cometer la peor masacre de la que tiene memoria Noruega. Breivik acudió a Utoya consciente de que en ese lugar se celebraba un encuentro juvenil del Partido Laborista al que acusa de tener políticas multiculturales y permitir la llegada de extranjeros al país. Cuando estuvo frente a los jóvenes, vestido como policía, pidió la palabra y abrió fuego contra ellas y ellos, cobrando la cantidad de 86 víctimas.

    Breivik aseguró que fue algo atroz, pero que necesitaba hacerse, y en su cabeza él no considera haber hecho algo malo, según afirma su abogado. ¿Cómo llega una persona a cometer un crimen tan aberrante, creyendo que le hace en realidad un bien a su nación? Tal vez las propias palabras de Anders puedan orientarnos un poco. En un documento donde explicaba sus acciones escribió: “Los musulmanes deben ser considerados como animales salvajes… No hay que culpar a los animales salvajes, sino a los traidores multiculturales de categoría A y B que permitieron que estos animales entren a nuestros países, y continúan respaldándolos”; al hablar de los traidores de clase A y B incluía a “políticos y periodistas”.

    El ultraconservador noruego no consideraba estar actuando mal por la deshumanización que en él había ocurrido hacia los musulmanes y aquellos que se les parecieran, cuyo número ha ido aumentando en los últimos años. Para Breivik esta cultura estaba incluso por debajo de la categoría de los animales, por lo que no representaba ningún daño moral el asesinarlos, o a quienes él creía apoyaban su inserción en la sociedad noruega.

    Media hora estuvo disparando un altamente armado Anders Breivik antes de que lograran someterlo, y en total, junto con la explosión en Oslo, asesinó a 93 personas. Pero si es chocante esta noticia no es sólo por su salvajismo o el número de muertos, sino porque es la representación de la pérdida de la inocencia de un país pacífico y con leyes respetuosas de los derechos humanos.

    Quizás es más sencillo analizar ese tipo de fenómeno donde el racismo y la intolerancia son la chispa que origina homicidios de este calibre, pero su filosofía se encuentra profundamente inmersa en nuestra propia mentalidad, como un demonio que se asoma cada vez más descaradamente, consumiendo nuestra humanidad. ¿O es que acaso no nos mostramos indiferentes ante la cifra de decesos que ha producido la guerra contra la delincuencia organizada, sólo porque un porcentaje de ellos eran criminales? ¿No nos estamos deshumanizando al negarles el acceso a la justicia y aprobando que se asesinen sumariamente? Si no lo podemos ver, es porque ya empezamos a observar a través de los ojos de ese demonio.

    Sería tal vez más fácil si lleváramos dicha situación al contexto de las muertas de Juárez, cuyos atroces asesinatos sólo pudieron haber sido cometidos por una persona que no veía en ellas a otro ser humano semejante a ella, sino a una cosa, similar a un animal, cuya vida era descartable.

    La separación del otro de nosotros nos lleva a la deshumanización, y nos mantiene en la línea del odio que tarde o temprano explica y justifica crímenes de lesa humanidad, además de que nos ciega ante las circunstancias sociales que originan su existencia, en el caso de los criminales. Ser capaces de indignarnos por el trato inhumano originado por raza, sexo, preferencia sexual o religión, pero justificar la muerte de una persona por haber cometido un crimen y negarle su derecho a un juicio, sólo indica que podemos reconocer la intolerancia, pero en algún grado seguimos inmersos en la ideología de que existen personas a las que se puede asesinar. Si en un país donde no existe la pena capital toleramos el homicidio en las calles, disculpando estas muertes con la excusa de que estas personas estaban violentando la ley, ¿no nos pone esto en su mismo nivel?

    Explicaciones y justificaciones para cometer un delito siempre existen, y para el actor principal siempre son válidas, pero si no nos regimos por un sistema de Derecho y seguimos avalando que se hagan juicios sumarios que terminen en modernos fusilamientos, nos ponemos en riesgo de que cualquier día alguien nos deshumanice a nosotros mismos, o incluso de que se nos llegue a confundir con algún “otro”.

  • El peso de ser una celebridad. La diferencia entre Amy Winehouse y los atentados en Oslo

    Amy Winehouse fué una cantante talentosa, la cual en su corta carrera solo lanzó dos discos (Frank y Back to Black). Su voz era realmente buena, tenía el registro de voz «contralto«, el registro vocal más grave en una mujer. Pero lamentablemente como pasa con muchas personas con un gran talento, también sufría de depresiones lo cual hizo que la cantante abusara del alcohol y de numerosas drogas. A pesar de su éxito y fama no lograba ser precisamente una persona feliz, tuvo problemas con su ex-esposo, la trataron de internar en clínicas de rehabilitación a lo cual siempre se negó. Su vida terminó a los 27 años, todavía no se explican las causas, pero seguramente sus adicciones y sus depresiones fueron la causa de tal muerte.

    Amy Winehouse entra al «club de los 27». A esa corta edad han muerto genios de la música como Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison o Kurt Cobain, los cuales se han convertido en mitos contemporaneos pero que sufrieron de una vida caótica a pesar de lo que la fama les podría ofrecer. Parece que con Amy Winehouse podría pasar lo mismo. Abuso con el alcohol, drogas, una vida sexual desenfrenada, depresiones mezcladas con un gran talento musical y la muerte dan como resultado a las leyendas.

    El peso de ser una celebridad en el mundo es tan fuerte que logró opacar lo ocurrido en Oslo Noruega (al menos así se percibió en redes sociales como Twitter), donde más de 80 personas murieron en un atentado. ¿Cómo en una sociedad tan perfecta como la Noruega pueden ocurrir esos hechos?. Primero se habló de un atentado islamita, pero ahora parece ser que este fue perpetrado por Anders Behring Breivik autor confeso que forma parte de una corriente ultraderechista. El primer atentado se llevó a cabo en el distrito gubernamental de Oslo, y el segundo en el campamento de las juventudes socialdemócratas.

    Esto es preocupante porque en países tan «perfectos» (Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca)  donde su población tiene un nivel de vida más que aceptable y donde la pobreza casi no existe, se están formando células ultraderechistas xenófobas. ¿Qué es lo que estará pasando?, me pregunto yo. La ultraderecha regresó al congreso de Noruega después de dos décadas de ausencia. Parece que a pesar de los grandes beneficios que recibe la población por parte del gobierno (ayudado claro, por un mercado eficiente), algunos no se conforman con eso y quieren ver a los que no piensan igual que ellos fuera de su territorio, ya sean extranjeros, socialdemócratas o de otras corrientes. Y fíjense, hace algunos años escuché por parte de algún experto que el retorno de un nuevo «Hitler» en Europa no era algo imposible dado el clima que se vivía en el otro lado del charco, no le creía pero parece ahora que no estaba tan equivocado.

    La democracia liberal no está pasando por uno de sus mejores momentos, eso es muy cierto. Muchos no están contentos con ella a pesar de sus beneficios. A los griegos les costó mucho sostenerla, no lo lograron y desapareció por varios siglos. ¿Cuanto tiempo lograremos sostener la democracia nosotros?.

    Eso es algo que me preocupa, más que la muerte de Amy Winehouse, que sí, es lamentable, pero que no representa un riesgo para una comunidad, país o región, como si lo representa el atentado que sufrieron los noruegos. La mayoría de la gente no se percata del trasfondo que conllevan los atentados en Noruega y por eso tal vez le den más atención a la muerte de una celebridad. La ideología política tiene una mayor repercusión en la sociedad que una hermosa voz, sin duda. Es duro sufrir de depresiones y lidiar batallas contra las drogas como en el caso de Amy, pero es más duro que casi cientos de personas tengan que pagar por la intolerancia de un fanático político.