Etiqueta: ambición

  • Un político pobre es un pobre político

    Un político pobre es un pobre político

    La política, el oficio más detestado, pero a la vez el más deseado.

    Un político pobre es un pobre político

    Un político no puede ser una persona normal. A la vez no tiene que ser necesariamente un genio, un pensador, una persona culta (alguien decía haciendo referencia a Sarkozy, que las personas sumamente cultas e inteligentes, pocas veces tenían la aspiración de ser políticos). Aunque eso no significa que no las haya, y de hecho algunos (aunque pocos) se han destacado por eso. El político tiene que ser práctico y ambicioso. Pensar que un político no quiere poder, es como pensar que un empresario no quiere ganar dinero, es un absurdo. Mientras en la iniciativa privada el individuo busca una mayor remuneración, en el servicio público se busca un mayor poder.

    Eso no quiere decir que un político necesariamente se vaya a corromper, o vaya a traicionar sus ideales. Pero vaya, que hasta el político más honesto necesita acumular poder para poner en marcha sus ideales. Sin poder, el político no es nada, no importa como lo gane, negociando, llenándose de intereses amigos, escalando por mérito propio tal cual empresa privada, adulando a los demás, ganándose la simpatía de la gente. Al igual que un empresario que no tiene un clavo en el pantalón, no tendrá el más mínimo dinero para invertir.

    Tal vez Hank González no estaba tan errado con su famosa frase, Un político pobre es un pobre político. Tal vez las formas inherentes a la frase del oriundo de Atlacomulco y padre del dueño de los Xolos eran despreciables (basta ver su carrera política), pero en el fondo parece haber algo de razón. El poder es la moneda de cambio en  la política, si no tienes poder, no eres nada, si tienes mucho poder, posiblemente suceda lo contrario. La cuestión es que el poder es una herramienta y no debería ser un fin.

    Un reto es, para los políticos, tener los pies en la tierra a pesar del poder acumulado. Dicen que el poder enloquece a la gente, y muchas veces así sucede, sobre todo cuando no se tienen los valores muy firmes e ideales sinceros y auténticos. Si no hay esto, el poder dominará al político y no el político al poder. El individuo espiritualmente corrompido hará política para buscar el poder como un fin y no como un medio.

    Dicen también que los trastornos mentales más que una carga, son un arma para el político. Estos muchas veces aceleran su ambición y en algunas ocasiones logran moverse más rápido. Pero estos también son los que corren un mayor riesgo de descarrilarse o corromperse. Son los primeros en tirar sus ideales en aras de la búsqueda del poder, o por el contrario, los abrazan tanto, que los convierten en un dogma inmutable, donde no cabe la reflexión ni el debate, por que no solo van contra ese dogma, sino que apuntan al mal psicológico que padece el político.

    Ser político es todo un reto y una responsabilidad. Tienen una gran capacidad para construir e incidir sobre sus gobernados, pero también tienen una mayor capacidad para destruir. Y tal vez es por eso que en este arte, existan más villanos que héroes.

     

     

  • Del lado de ningún político

    Del lado de ningún político

    Del lado de ningún políticoQuienes me conocen, saben que soy una persona muy poco apegada, no suelo poner mi fe y mi confianza absoluta en algo o alguien (exceptuando a mis seres queridos y amigos cercanos), porque para mi una postura así significaría asumir que aquello a lo que me apego es perfecto, y yo soy demasiado escéptico; por eso creo que no soy tampoco muy apegado siquiera a la religión con la que me educaron. Y bajo este mismo talante, es todavía más difícil que yo me apegue a un político, porque para que pase eso se necesitan muchas cosas que el sistema político mexicano actual no me puede dar, empezando por una postura ideológica afín, siguiendo por la poca integridad de «todos» los políticos que tenemos y sus respectivos partidos. Yo en lo particular no puedo asumir una postura de cerrar filas frente a un político o candidato. El hecho de que haya votado por AMLO lo explica mucho, más cuando ustedes han visto y se han percatado en este blog, que veo con muchas reservas a este personaje. Simplemente no puedo estar del lado de ningún político, soy demasiado escéptico, meticuloso, racional, como para poder hacerlo, más cuando los defectos de todos los políticos están a la vista de todos.

    Por ejemplo, tomo el caso de AMLO, por el cual voté más que nada para evitar la lamentable llegada de Peña Nieto al poder. Yo nunca creí que fuera a ser un dictador, un Hugo Chávez, y si podría decir que es menos corrupto que el político promedio; pero por ejemplo, no puedo cerrar los ojos ante el hecho de que Bartlett irá al senado (él si ganó) por su partido, el hecho de que mientras AMLO critica a las élites es muy cuatacho de Carlos Slim, que uno de sus puntos débiles es su propuesta económica; incluso con el conflicto postelectoral, yo no estaría de acuerdo de ninguna manera, que por ejemplo, bloqueara una avenida como en el 2006, y yo esperaría que si las instituciones fallen en contra de sus impugnaciones acepte el resultado (lo puede hacer bajo protesta e incluso sería mejor, porque de lo contrario sería ser cómplice de las prácticas fraudulentas del PRI).

    Vicente Fox fue el que me quitó todo el apego a los políticos. Creí en el cacareado cambio y nos quedó mucho a deber, no solo eso, recientemente nos insultó a todos aquellos que creemos en la democracia. A partir de ahí he dejado de ilusionarme en políticos. Mucha gente no sé, se ilusionó con López Obrador, o con X o Y político, pero yo no lo puedo hacer, más que todos los candidatos que tenemos son parte de ese mismo entramado político del cual los mexicanos estamos hartos, incluso López Obrador, aunque quiera desligarse de él, es parte, así lo dice su historia y su trayectoria, de esa élite política que se ha distanciado de los ciudadanos, que se cuece aparte, que siente que están a «otro nivel» y que pueden hacer lo que quieran. El PAN alguna vez llegó a tener distancias con esa élite, pero ahora son parte de ella.

    Yo no creo que sea malo que exista un sistema de partidos, que existan políticos, es necesario; el problema es la cultura política mexicana. Hay una decadencia terrible, ahora lo estamos viendo con unas elecciones fraudulentas, y donde a pesar de que hasta ahora los actos de AMLO son los correctos (alguien tiene que sacar el cochinero) hay cosas que nos dejan entrever que esta lucha de López Obrador es más por hambre de poder que por la procuración de la democracia. La posición del PAN ante el hecho es parecida a la de López Obrador (el poder por el poder), nada más que en la coyuntura buscan ver donde pueden quedar mejor parados, se olvidaron de la lucha democrática, como la ejercida en 1988. Bueno, del PRI ni hablamos, porque todo lo que han hecho, es efectivamente el poder por el poder.

    No existe la intención de servir, de participar en la política para buscar incidir en mejoras para la sociedad, tener la motivación de buscar cambios, de dejar huella en la sociedad. Se prefiere el poder, el dinero, las influencias, que el hecho de que la historia te recuerde como un cuidadano ejemplar (los políticos no dejan de ser ciudadanos). Este relativismo moral, donde todo se vale, donde pregono el conservadurismo, el liberalismo, el libre mercado, el socialismo, pero de ahí en más puedo hacer lo que se «me hinche la gana» es causal de la degradación de la política actual.

    En estas circunstancias, no hay razones para apoyar a algún político. Así solo podré pensar en votar por el menos peor o anular mi voto. Si un candidato creado por una televisora, el cual tiene antecedentes como los de Atenco llegó a la presidencia es que estamos muy mal, y hace falta un muy duro replanteamiento como nación.