Etiqueta: adopcion gay

  • Jalisco es uno por los niños y la idea de la adopción gay

    Jalisco es uno por los niños y la idea de la adopción gay

    Todos estamos de acuerdo en que la familia es la base de la sociedad, es el núcleo donde el individuo se desarrolla y no puede ser reemplazada por otra institución. La institución de la familia ha mutado con el tiempo: En las épocas más primitivas era una simple organización social (horda) caracterizada por ser un grupo reducido sin distinción de paternidad, luego se organizaban por clanes donde obedecían a un jefe y estaban integrados por una comunidad de personas.


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    Etimológicamente, la palabra “familia” proviene del latín “familus” que significa “sirviente que pertenece a un amo”

    Después apareció la familia Consanguínea donde los grupos conyugales se clasificaban por generaciones, todos los abuelos en los límites de la familia son maridos entre sí. Luego le siguió la familia Punalúa que consistía en excluir a los padres y a los hijos del comercio sexual y después a los hermanos. En la posterior familia Sindiásmica un hombre vive con la mujer pero le está permitida la poligamia; después la familia Monogámica se funda en el predominio del hombre con el fin de procrear hijos cuya paternidad sea indiscutida dado que sus hijos serían sus herederos. Apareció también el matriarcado y la familia patriarcal. Es decir, la familia no ha sido igual durante toda la historia de la humanidad.

    Hace unos siglos la familia extensa vivía junta, y algo que hemos constatado es que las familias cada vez tienen menos hijos. El contexto va modificando su forma dado que ésta para cumplir su función debe de irse adaptando a su entorno. Por un ejemplo, sería impensable (a menos de que se posean muchos recursos de sobra) pensar en una familia de 10 hijos quienes puedan tener acceso a la comida, a la educación y a una formación sana.

    Lo que se discute tiene que ver en parte sobre el modelo de la familia. la manifestación de «Jalisco es uno por los niños» busca mantener el modelo de familia hasta ahora vigente formada por papá, mamá e hijos. Por el contrario, la comunidad LGBT busca que ellos también tengan de derecho a formar una familia, lo cual implicaría un cambio al concepto actual de la familia (aunque cabe decirlo, si obtuvieran dicho derecho, las familias homoparentales constituirían aproximadamente el 4% o el 5% de todas las familias, tomando en cuenta estudios llevados a cabo en distintos países sobre porcentaje de homosexuales en una sociedad). Incluso sin el cambio de leyes, ya han habido cambios al modelo de familia tradicional, como las madres solteras, o muchas personas que deciden vivir en soltería toda su vida, limitándose a relaciones de noviazgo y unión libre. Esto, pienso yo, no se debe a una progresiva «pérdida de valores», sino a un cambio del entorno en el que vivimos (más urbano y competitivo).

    Dicho esto, el debate sobre la posibilidad de que los gays adopten es un tema mucho más complejo de lo que se quiere ver. El tema es polarizador, lo cual impide en muchos casos sostener debates sobre lo que es mejor para la sociedad. La mayoría de los gays hablan sobre los derechos, la mayoría de los conservadores hablan sobre la «naturalidad de la familia» y muchos de los juicios se hacen con base en conceptos religiosos. Esto causa que el debate sobre qué sería lo mejor para una sociedad sea más pobre de lo que debería de ser.

    La familia no es inmutable como acabamos de ver, en 200 años la familia no será exactamente igual que ahora. Hay que debatir sobre la conveniencia de que parejas gay puedan adoptar niños, el debate no debe de limitarse a los derechos de los gay, ni a las ideas religiosas, sino a lo que pueda ser mejor para la sociedad. En Internet hay artículos donde se trata de probar que el desarrollo de niños dentro de parejas homosexuales es completamente sano, por otro lado hay testimonios que tratan de reflejar lo contrario o el de algunos gays como Dolce & Gabbana quienes están en contra de la adopción. Las principales cuestiones no deberían de ser los derechos ni los supuestos mandatos divinos, las preguntas deberían de ser si un niño puede desarrollarse normalmente dentro de una familia homoparental, si un niño está de acuerdo con tener dos mamás o dos papás, si es indispensable que el niño crezca con «mamá y papá» y si en dado caso que esto sea afirmativo los gays puedan cumplir con esas funciones o no lo puedan hacer; también preguntarse si sería una oportunidad mejor para el niño tener dos padres o dos madres que vivir en un orfanato. ¿Si una pareja gay no adopta a un niño, qué será de su vida? ¿Terminará en la calle, o tarde que temprano será adoptado por una familia heterosexual que lo podría educar en mejores condiciones? ¿El niño sería discriminado, o es un precio a pagar hasta que las familias homoparentales sean integradas a la sociedad? ¿No pasará nada? ¿Qué dice el niño? ¿Cuáles serán sus repercusiones psicológicas, sean positivas o negativas? ¿La adopción podría perjudicar al niño, o bien la no adopción les privaría a algunos niños la posibilidad de tener una familia? . El desarrollo del niño va por delante sobre cualquier derecho de los padres o idea religiosa.

    La respuestas a esas preguntas son las que deben determinar si el Estado debería de aprobar la adopción gay o no. Debatir sobre si los homosexuales tienen algún trastorno, desviación y enfermedad es algo innecesario, dada su existencia a lo largo de toda la humanidad y que dentro del mundo científico hay un consenso ya de que no se trata de ningún tipo de trastorno o «aberración» como todavía lo creen cada vez menores sectores conservadores. El debate de la adopción gay debe de ir asumiendo que los gays pueden ser (y son en general) igual de sanos que los heterosexuales, la cuestión estriba en la posibilidad del desarrollo de un niño en un entorno diferente al de la figura masculina y femenina como educadores.

    Sobre la manifestación, todo el mundo tiene el derecho a manifestarse, ese derecho debe de ser respetado. Es tan incongruente que activistas de toda la vida estén en contra de que el sector conservador se manifieste a que si éste último les pite con el coche a los primeros en otras manifestaciones y les digan que se pongan a trabajar. La manifestación es un derecho que en algún momento debemos de usar.

    Los integrantes de «Jalisco es uno por los niños» defendieron sus creencias de forma apegada a la ley (su derecho a manifestarse), algunos de sus planteamientos, cabe decirlo, me parecen cuestionables. Pugnan por el derecho a educar a sus hijos, pero no veo como es que el matrimonio homoparental (o igualitario) e inclusive la adopción se los va a quitar, se trata de una extensión de derechos (los cuales, como comenté, generan mucho debate) y creo que también en algunos casos se da la idea de que hay que «rescatar a los niños de las garras de los homosexuales», lo que se debería debatir es la conveniencia de la adopción. Si fuera realmente un «Jalisco es uno por los niños» se deberían haber incluido temas como la trata de personas, la prostitución infantil y la violencia en los hogares que laceran la vida de los niños de nuestro país (y que son más perjudiciales de lo que se supondría podría ser la adopción gay).

    Entonces mi conclusión es que la manifestación buscó defender solamente el modelo de la familia tradicional promovido por las instituciones religiosas (están en su derecho de hacerlo). Pero estamos muy acostumbrados a no llamar las cosas por su nombre y a utilizar eufemismos que más que atenuar la agresividad de un significado termina confundiendo a la población (al aborto se le llama interrupción del embarazo, y hasta al Negrito de Bimbo se le cambió el nombre a Nito porque alguien vio una cuestión racial en un empaque que en realidad no tenía ninguna alusión discriminatoria). No se trató entonces, de una cruzada por los niños.

    Me gustaría ver un debate, un debate informado, con fundamentos desde las dos partes. Este tipo de discusiones lamentablemente más que generar debate generan polarización y descalificaciones entre ambas partes. Ni conservar el estado de las cosas es siempre lo más sano, ni tampoco lo es necesariamente buscar un cambio en todos los modelos; no se trata de dividir al mundo en buenos y malos ni pensar en términos de «homofóbicos o putos depravados». No creo que los conservadores tengan malas intenciones (independientemente de si su percepción es equivocada o «retrógrada» o no) ni creo que la parejas homosexuales no busquen o no puedan crear una familia estable y llena de amor. Cada quien defiende lo que cree que es suyo, pero insisto, un debate informado, con pruebas empíricas, con números y con evidencias sería lo más sano para poder responder a la cuestión sobre si una pareja gay debería o no de adoptar.

  • Mujer criada por homosexuales pide a gobiernos proteger el verdadero matrimonio

    Esta es una vivencia de Dawn Stefanowicz que vivió en una familia homosexual y ahora pide que se protejan los matrimonios compuestos por un hombre y una mujer. Ojo, no con esto quiero decir que todos los matrimonios gays serán así, pero si es importante mencionarlo para reflexionar un poco sobre la adopción en matrimonios gay:

    Una mujer canadiense que fue criada en un hogar homosexual se dedica ahora a asistir a otras personas que atraviesan por la misma situación y a pedir a los gobiernos del mundo que protejan el matrimonio entre hombre y mujer.

    Según informa Forum Libertas.org, Dawn Stefanowicz vive en Ontario, Canadá, con su esposo de toda la vida y sus dos hijos, a los que ha educado en casa. Actualmente prepara su autobiografía y desarrolla un ministerio especial desde el sitio web (en inglés)http://www.dawnstefanowicz.com/: Brinda ayuda a otras personas que como ella crecieron a cargo de un padre homosexual y fueron expuestas a este estilo de vida.

    Stefanowicz explica en el sitio web «cómo en su infancia estuvo expuesta a intercambios de parejas gays, playas nudistas y la falta de afirmación en su feminidad, cómo le hirió el estilo de vida en el que creció, y ofrece ayuda, consejo e información para otras personas que han crecido heridas en un entorno de ‘familia’ gay, un estilo de ‘familia’ que ella no desea para nadie y que cree que las leyes no deberían apoyar».

    Su testimonio:
    En su relato, Stefanowicz explica que debido a una enfermedad grave de su madre debió quedar al cuidado de su padre homosexual cuando aún era una niña. «Estuve expuesta a un alto riesgo de enfermedades de transmisión sexual debido al abuso sexual, a los comportamientos de alto riesgo de mi padre y a numerosas parejas», relata.

    «Incluso cuando mi padre estaba en lo que parecían relaciones monógamas, continuaba haciendo ‘cruising’ buscando sexo anónimo. Llegué a preocuparme profundamente, a amar y entender con compasión a mi padre. Compartía conmigo lo que lamentaba de la vida.

    Desgraciadamente , siendo niño unos adultos abusaron sexual y físicamente de él. Debido a esto, vivió con depresión, problemas de control, estallidos de rabia, tendencias suicidas y compulsión sexual. Intentaba satisfacer su necesidad por el afecto de su padre, por su afirmación y atención, con relaciones promiscuas y transitorias. Las (ex) parejas de mi padre, con los que traté y llegué a apreciar con sentimientos profundos, vieron sus vidas drásticamente acortadas por el SIDA y el suicidio. Tristemente, mi padre murió de SIDA en 1991″, recuerda.
    Según Stefanowicz las «experiencias personales, profesionales y sociales con mi padre no me enseñaron el respeto por la moralidad, la autoridad, el matrimonio o el amor paterno. Me sentía temerosamente acallada porque mi padre no me permitía hablar de él, sus compañeros de casa, su estilo de vida y sus encuentros en esa subcultura. Mientras viví en casa, tuve que vivir según sus reglas».


    «Sí, amaba a mi padre. Pero me sentía abandonada y despreciada porque mi padre me dejaba a menudo para estar varios días con sus compañeros. Sus parejas realmente no se interesaban por mí. Fui dañada por el maltrato doméstico homosexual, las tentativas sexuales con menores y la pérdida de parejas sexuales como si las personas fueran sólo cosas para usar. Busqué consuelo, busqué el amor de mi padre en diversos novios a partir de los 12 años», sostiene.


    Stefanowicz recuerda que «desde corta edad, se me expuso a charlas sexualmente explícitas, estilos de vida hedonistas, subculturas GLBT y lugares de vacaciones gay. El sexo me parecía gratuito cuando era niña. Se me expuso a manifestaciones de sexualidad de todo tipo incluyendo sexo en casas de baño, travestismo, sodomía, pornografía, nudismo gay, lesbianismo, bisexualidad, voyeurismo y exhibicionismo. Se aludía al sadomasoquismo y se mostraban algunos aspectos. Las drogas y el alcohol a menudo contribuían a bajar las inhibiciones en las relaciones de mi padre».
    «Mi padre apreciaba el vestir unisex, los aspectos de género-neutro, y el intercambio de ropas cuando yo tenía 8 años. Yo no veía el valor de las diferencias biológicamente complementarias entre hombre y mujer. Ni pensaba acerca del matrimonio. Hice votos de no tener nunca hijos, porque no crecí en un ambiente de hogar seguro, sacrificial, centrado en los niños», señala.

    Las consecuencias:
    «Más de dos décadas de exposición directa a estas experiencias estresantes me causaron inseguridad, depresión, pensamientos suicidas, miedo, ansiedad, baja autoestima, insomnio y confusión sexual. Mi conciencia y mi inocencia fueron seriamente dañados. Fui testigo de que todos los otros miembros de la familia también sufrían», sostiene Stefanowicz.


    Ella asegura que sólo después de haber tomado las decisiones más importantes de su vida, empezó a darse cuenta de cómo la había afectado crecer en ese ambiente.


    «Mi sanación implicó mirar de frente la realidad, aceptar las consecuencias a largo plazo y ofrecer perdón. ¿Podéis imaginar ser forzados a aceptar relaciones inestables y prácticas sexuales diversas desde corta edad y cómo afectó a mi desarrollo?. Desgraciadamente, hasta que mi padre, sus parejas sexuales y mi madre murieron, no pude hablar públicamente de mis experiencias», explica.


    «Al final, los niños serán las víctimas reales y los perdedores del matrimonio legal del mismo sexo. ¿Qué esperanza puedo ofrecer a niños inocentes sin voz? Gobiernos y jueces deben defender el matrimonio entre hombre y mujer y excluir todos los otros, por el bien de nuestros niños», concluye.

  • La adopción gay. Legal en el Distrito Federal.

    México es un país muy religioso. A pesar de todos los intentos de limitar a las instituciones religiosas históricamente, la religión ha estado presente en la sociedad mexicana. La gran mayoría de los mexicanos dicen profesar la religión católica (aunque algunos lo hagan de dientes pa’fuera) a pesar de que tenemos un estado laico donde no puede intervenir la religión, a pesar de que se prohibe la enseñanza católica en las escuelas públicas, a pesar de que en el siglo XIX se redujeron privilegios al clero y de que en casi todo el siglo XX dicho gobierno laico se comportó como el «papá gobierno» de todos los mexicanos. Parece que las raíces católicas en México (importadas por los españoles) son muy fuertes, tan es así que el mexicano es más religioso que el propio español, y tal vez hasta me arriesgaría a decir que el italiano (siendo que dentro de el país de estos se encuentra la Santa Sede).

    Por eso, la nueva ley donde la suprema corte falló a favor de que los gays puedan adoptar hijos es histórica. Ese tipo de leyes son pensables en países más liberales como en el continente europeo o al menos en Argentina. Pero ¿en México?, donde la religión es el pan de cada día de los mexicanos. Me parece impensable e increíble. Pero así es, y ni modo. Lógicamente todo el grupo conservador ese: Juan Sandoval Íñiguez, Norberto Rivera, o el ya tan querido Beato Carlos están totalmente en contra y no la han de estar pasando bien. Yo siempre me he manifestado en contra de la adopción de niños por parte de parejas gay, aquí pueden ver mis motivos, pero también creo que también hay cosas las cuales son más preocupantes y de las cuales las Iglesia no habla con tanto «pudor»: Por ejemplo matar, robar, mentir, extorsionar, o tolerar la pederastía entre muchos otros actos más que se consideran pecados mortales y que son más degradantes para la humanidad que la adopción de parejas gay.

    No me voy a ir a fondo porque ya lo había explicado (y lo pueden ver en el link que puse anteriormente), yo tolero la homosexualidad (tampoco creo que se deba de promover) pero creo que es algo que no es natural (dado que el hombre tiene un pene diseñado anatómicamente para ser penetrado en una vagina y poder concebir un nuevo ser humano) y por lo tanto la adopción de parejas gay nos habla de un grupo social que va en contra de esa naturaleza humana. He ahí porqué difiero de la adopción de niños por parte de las parejas de homosexuales. Pero tampoco creo que esto signifique la hecatombe o vaya a ser la perdición de la sociedad y más al grado de como algunos jerarcas religiosos lo quieren ver. Decir que la adopción gay es peor que el narcotráfico es una estupidez, me explico por que: –La adopción gay puede acarrear posibles problemas como una mala formación por falta de una presencia paterna o materna en casa (lo cual tampoco significa que el niño se vaya a convertir en un delincuente), el narcotráfico en cambio acaba con el tejido social drogando a los jóvenes, además de todos los miles de muertos que provocan las redes de narcotraficantes (lo cual me atrevo a decir con los ojos cerrados, es muy grave).

    La adopción gay puede acarrear muchos problemas, ya mencioné lo de las figuras paternas. También está la discriminación que pueden sufrir los hijos de una pareja gay en una sociedad conservadora como lo es México, lo cual podría generar problemas psicológicos. Pero tampoco es garantía de que esto suceda, porque si bien es cierto que es un riesgo, también existen algunas familias gay que viven felizmente sin ninguna complicación, al menos por lo que me ha contado una amiga (cito algunos países donde esto es legal como España, Noruega, Suecia y Holanda), y también existen familias heterosexuales donde los niños viven un infierno. Por lo cual pienso que la adopción de parejas gay no es tan destructivo para la sociedad como algunos otros problemas que tenemos en el país.

    Si bien estoy en contra por las razones expuestas, creo que debemos apostar por la practicidad y por lo que es más conveniente para la sociedad. Perdón si aquí me veo más utilitarista que en otras ocasiones, pero creo que el gobierno se debe de regir por lo que es mejor en la práctica para la sociedad y las cuestiones morales y religiosas se deben de dejar a la intimidad de los integrantes de la sociedad, no al estado.

    Creo que en la práctica veremos que tan eficaz resultó esta polémica decisión. Veremos si Ebrard y sus compinches estaban en lo cierto, o si bien,  pasaron una ley que no era conveniente para la sociedad defeña. Es una decisión polémica que polariza a la sociedad y acarrea críticas, pero tampoco se trata de un acto de corrupción, se trata simplemente de una decisión que es bien vista moralmente por unos y mal vista moralmente por otros.

    P.D. En México la gran mayoría de los habitantes está en contra de esa ley ¿que no sería mejor respetar la voluntad de la mayoría?. También se dice que Europa es gran ejemplo de este liberalismo, pero allá curiosamente ya le están dando para atrás porque este tipo de leyes no se han adaptado muy bien al tejido social.