Etiqueta: acoso sexual

  • No son buenos tiempos para ser violador ¡y qué bueno!

    No son buenos tiempos para ser violador ¡y qué bueno!

    No son buenos tiempos para ser violador ¡y qué bueno!

    No son buenos tiempos para ser violador ¡y qué bueno!

    Aquellas personas que en algún momento violaron o abusaron de una mujer, jamás pensaron que en un futuro relativamente cercano (o tal vez ni tan cercano) sus historias iban a ser exhibidas en público y que su reputación iba a caer hasta el piso. Varios de ellos afirman que es algo injusto porque es algo que «ocurrió hace tiempo», aunque poco meditan sobre la injusticia que sufrió la víctima que vio por tanto tiempo a su victimario impune.

    Creyeron que la impunidad con la que habían gozado era vitalicia, que como en su momento no sufrieron consecuencia alguna entonces ya se habían zafado del problema. Algunos de estos hombres han quedado arruinados, otros han sido despedidos de sus puestos de trabajo o, cuando menos, han sido señalados y, a raíz de esto, su vida no volverá a ser la misma. Insisten que es injusto porque, dicen, no están tomando en cuenta si el otrora victimario cambió, pero la realidad es que si las cosas siguieron su curso normal es porque no hizo nada por resarcir el daño que dicho victimario causó.

    Las propias estructuras sociales se han agitado a raíz de esta ola donde muchas mujeres se empoderaron. También han exhibido cómo muchas instituciones, universidades, empresas o dependencias de gobierno toleraban este tipo de conductas y cúan normalizadas estaban. Al menos, las barreras de entrada para atreverse a violar a alguien serán más altas (ya nada puede garantizar impunidad vitalicia). Las mujeres están cada vez más acostumbradas a exhibir sin pena que fueron víctimas de un acoso o violación, orque recordemos que en nuestra sociedad la mujer violada siempre había sido estigmatizada y señalada como impura. 

    No importa si el acto ocurrió hace 6 meses, hace 2 años o incluso hace 10 años. En algún momento las mujeres decidieron agarrarse los ovarios para hablar de aquellos casos que las habían marcado de por vida. Al ver que otras lo estaban haciendo se motivaron a hacerlo: el hombre que las emborrachó para violarlas, el hombre que las chantajeó sexualmente. Algunas incluso exhibieron la complicidad de la gente cercana, de las autoridades que sabían y no habían hecho nada o que incluso protegieron al victimario ya que éste era una persona importante o tenía un puesto de poder dentro de dicha organización. Esas historias que habían quedado enterradas en lo oscuro, por miedo incluso de las propias mujeres de que fueran estigmatizadas, ahora están saliendo a la luz, la caca sale a flote.

    Nota al pie:

    También es cierto que no deja de ser genuina la preocupación de quienes temen que haya quienes se aprovechen de esta ola para vertir falsas y deliberadas acusaciones con la intención de perjudicar a otra persona que, en realidad, es inocente, ya que se está confiando en la palabra de quienes se presentan como víctimas y nada más. Es natural que se le dé mucho peso a la versión de las mujeres porque son quienes han estado en desventaja en este asunto, pero ¿qué pasa si una mujer quiere acusar a su ex novio de violador porque le tiene resentimiento? ¿cómo corroborar si la mujer está o no mintiendo? 

    También se puede dar el caso que una acusación de acoso o violación se pueda atribuir a un problema de comunicación: por ejemplo, que una mujer no se haya sentido cómoda en una relación sexual porque el hombre fue agresivo a la hora de la penetración o no le agradó la forma en que la «conquistó» pero que el hombre no se haya percatado de eso (por tanto no haya tenido nunca la intención de abusar), y ella lo denuncie públicamente como abuso sexual.

    Estos movimientos también deberían atender estos problemas. Señalar a quienes se quieran colgar de la causa para dañar a un tercero, o que la mujer pueda determinar de forma objetiva que fue violada, que el hombre haya tenido una intencionalidad explícita y no quede en interpretaciones subjetivas vagas que pueden ser atribuibles a problemas de comunicación dentro de los dos involucrados. 

  • Tenemos que hablar de Kevin Spacey

    Tenemos que hablar de Kevin Spacey

    Tenemos que hablar de Kevin Spacey

    Kevin Spacey es un actor muy admirado por sus papeles, que de alguna forma, reflejan la decadencia de la cultura estadounidense. 

    En Seven, interpreta a un asesino en serie que «castiga» a quienes según él, han cometido alguno de los siete pecados capitales. En American Beauty (Belleza Americana) interpreta a un adulto frustrado, quien tiene un empleo mediocre, un matrimonio mediocre, se masturba constantemente y tiene sueños húmedos con la mejor amiga de su hija. En House of Cards, Spacey interpreta a un político sin escrúpulos que está dispuesto a hacer lo que sea por acaparar poder. 

    Ya sea la cultura de la violencia, la decadencia moral y la crisis existencial o la ambición desmedida de poder, Kevin Spacey ha logrado, a través de sus personajes, reflejar esa faceta decadente de la cultura estadounidense. Lo curioso es que ahora ha incluido un cuarto papel, donde no interpreta a un personaje suyo, sino donde es él mismo:

    Spacey fue acusado por al autor Anthony Rapp de acosarlo sexualmente cuando tenía 14 años. Ante ello, Kevin Spacey «salió del closet» para intentar desviar la atención, cosa que no ocurrió, y tan solo provocó la indignación de la comunidad LGBT. Pero el escándalo no quedó ahí porque a raíz de la noticia más personas (incluidas personas que trabajaron dentro de la serie House of Cards) se atrevieron a denunciarlo. Este «empoderamiento de las víctimas» ocurrió a raíz de las denuncias que cayeron sobre Harvey Weinstein. 

    Para Kevin Spacey, estas denuncias podrían ser casi el fin de su carrera. Ya fue despedido por Netflix, quien terminará la última temporada de House of Cards sin él (si es que se termina produciendo), además de que ya no volverán a trabajar con él de ninguna forma. 

    Dentro del cine y los espectáculos, una industria que presume de ser liberal, son constantes los abusos de poder. Aquel director o productor del cual depende la carrera de muchos actores o actrices, tiene un gran poder para chantajearlos y pedirles favores sexuales. Eso no es algo que ocurra solamente en Estados Unidos, sino también en México y en otras latitudes (de ahí la fama de algunos productores de Televisa). Pero el mismo poder hace que las actrices o incluso actores que son acosados callen y no alcen la voz. Denunciar a su victimario podría suponer el fin de sus carreras.

    Apenas las víctimas han decidido hablar, y la mugre y las cucarachas están empezando a salir. Lo que se ve es apenas la punta del iceberg. Seguro hay más actores y productores temerosos de que su caso salga a la luz. Temen que aquella actriz a la que acosaron o aquel individuo al que chantajearon, se anime a hablar para así acabar con su carrera. 

    Por supuesto que es una buena noticia. Que las víctimas se empoderen y denuncien a sus acosadores es una buena noticia, aunque no lo parezca dada la desilusión de ver que varios de nuestros actores favoritos tan sólo eran unos decadentes patanes que abusaban de su posición. Y tal vez tampoco lo parezca porque nos habla de una industria llena de perversiones, pero la industria siempre había sido así (y ya se hablaba de ello, aunque no se mencionaran muchos nombres). Y tampoco podrá parecerlo cuando la industria cinematográfica es una de las más grandes «armas de influencia» que Estados Unidos tiene sobre los demás países. 

    Pero es mejor eso que vivir en una mentira. Es mejor eso, conocer la dura verdad, que admirar a personajes que en realidad no deberían ser objeto de nuestra admiración.

  • Hablar de #MiPrimerAcoso, romper paradigmas, y evolucionar como sociedad

    Hablar de #MiPrimerAcoso, romper paradigmas, y evolucionar como sociedad

    Me encontré con una dinámica muy interesante en Twitter con el hashtag #MiPrimerAcoso. Posiblemente ya la viste porque se le dio mucha difusión como respuesta a la exposición continua de casos donde la mujer es degradada o abusada (México es el primer lugar en violencia sexual según la ONU). Hay que recordar que uno de los mayores temores de una mujer es ser víctima de un abuso sexual, sobre todo cuando se trata de una violación. Cuando ellas buscan una pareja o relación, tratan de percatarse (tanto a nivel consciente como subconsciente) que el hombre en cuestión muestre signos de ser una persona psicológicamente estable de tal forma que no sea un riesgo para la mujer.

    Hablar de #MiPrimerAcoso, romper paradigmas, y evolucionar como sociedad

    La dinámica se me hizo muy interesante y a la vez escalofriante. Muchas mujeres (y también algunos hombres) quienes aprovecharon este hashtag en las redes, entre ellas amigas y conocidas mías, expusieron casos donde fueron víctimas de un acoso sexual.

    Se me hizo interesante porque con este ejercicio los hombres podemos dimensionar de una mejor forma por lo que pasan las mujeres. Personas comunes expusieron casos donde hombres que manosean su vagina mientras dormían en un trayecto largo en el transporte público; personas que aprovechan el tumulto para meter los dedos «por debajo de las nalgas» de las mujeres; mujeres que vieron como algún hombre se masturbaba y eyaculaba mientras las veían; abusos de familiares, sacerdotes, maestros; niñas que temían salir a la calle porque un hombre les levantó la falda; mujeres a quienes les agarraron una nalga o un seno y después les recriminaron a ellas por vestirse así. Son muchos los casos, y varios de ellos habían quedado en el anonimato.

    Y se me hizo escalofriante pensar que como sociedad hemos permitido que pasen estas cosas, y sobre todo, que las hayamos tolerado.

    Lamentablemente ha habido muchas personas que se han burlado de esta iniciativa. Es algo predecible y lamentable a la vez.

    Porque cuando tratas de cambiar un status quo donde muchos están acostumbrados a ver estos actos como «normales», lo natural es que seamos testigos de actos de resistencia, de quienes no quieren que cambien las cosas, de quienes quieren seguir pensando que «la mujer es un objeto para el hombre», por parte de aquellos que no saben controlar sus instintos sexuales. Esos mismos son los que se mofan, los que llaman feminazis a mujeres y hombres que tratan de exponer estos casos.

    Existen sectores de esta sociedad donde este tipo de «cultura» es más notoria, por ejemplo, en aquellos que tienen relación con la música grupera. Hace no mucho, un conductor acosó sexualmente a su compañera al aire; el cantante Gerardo Ortiz quien en un video asesina a una mujer por despecho, o Julión Álvarez quien cargando rumores donde presuntamente golpeó a una dama, afirmó que si una mujer no trapea no sirve, y que ésta debería de estar al servicio del hombre.

    El problema más grave viene cuando tanto hombres como mujeres aprueban este tipo de actos y formas de pensar con tal de defender a sus «artistas». Terminan reafirmando y avalando sus actos:
    julion

    Esta cultura del machismo en conjunto con una sociedad actual y medios de comunicación que invitan a experimentar la sexualidad de una forma descontrolada nos ha llevado hasta aquí.

    Ciertamente, la forma en que los hombres experimentamos nuestra sexualidad es diferente; los hombres tendemos más a excitarnos con el físico de las mujeres, que lo que lo hacen ellas con el nuestro. Pero no somos animales, ni siquiera los animales se comportan de esa forma. Los hombres tenemos la capacidad de moderar y controlar nuestros impulsos, y para eso la educación en casa es muy importante, con padres que enseñen a valorar y respetar a las mujeres.

    Pero también es importante que como sociedad cambiemos paradigmas, donde reprobemos abiertamente el acoso sexual y donde no condenemos ni señalemos a las mujeres por ser víctimas de este tipo de abusos.

    Para combatir este problema debemos reprobar con más contundencia este tipo de actos. No sólo se trata de que las autoridades actúen, sino que nosotros como ciudadanos le pongamos un precio más alto a los actos de los abusadores; que sepan que este tipo de personas serán relegadas de la sociedad y condenadas al ostracismo social.

    Ojalá cada vez más mujeres hablen sobre aquellas ocasiones en que fueron abusadas, y ojalá cada vez menos hombres las juzguen (por más absurdo que parezca que se juzgue a quien fue víctima).

    Ojalá logremos construir una cultura donde el abuso sea completamente condenable, tanto por la sociedad como por las instituciones.

    Y por cierto, felicidades a las mujeres que se atrevieron a exponer sus casos en Twitter, un aplauso por su valentía:

    Acoso Sexual

     

     

  • Acosadores sexuales

    En realidad no se a cierta ciencia que sienten las mujeres cuando van caminando por las calles y algún hombre le empieza a gritar desde un -hay mamacita chula, estas bien buena- hasta un -vente para que te la acomode acá mamasota rica- (haciendo claro, referencias fálicas). Si invirtiéramos los papeles, los hombres estaríamos encantados de que las mujeres nos gritaran esas cosas, para muchos sería su sueño dorado; es más muchos hasta podrían escoger a cual de estas féminas emisoras de piropos se llevan a la cama. Pero para las mujeres no es así, por muchas razones: Posiblemente por el dominio histórico del hombre, o bien, porque dicen que el hombre tiende a separar el aspecto sexual y sentimental, mientras que para la mujer el sexo y sentimiento va implícito en un todo.

    Si me imagino lo frustrante que ha de ser para una mujer que los hombres las acosen, y basta ver el caso de Nancy, quien era acosada por un hombre en Insurgentes Sur allá en la Ciudad de México, el cual le gritaba de cosas desde su edificio mientras se masturbaba al verla. Si los papeles se invirtieran el hombre iría corriendo al instante a fornicar con su «acosadora», pero en el caso de las mujeres eso les causa más que incomodidad, repulsión y un miedo a que puedan ser atacadas o violadas. Pero quiero ir al fondo y ver que es lo que tienen en la cabeza estos acosadores sexuales. Porque sinceramente yo no me veo ni siquiera aventando piropos en la calle, se me hace denigrante (no solo para la mujer, porque el hombre que los emite también se denigra) y repulsivo.

    Me he preguntado si este tipo de gente está frustrada, Un hombre que acosa a una mujer no es precisamente una muestra de que esté sexualmente pleno. Según el doctor Manuel Poblete Ruiz, analista de esta problemática en el mundo laboral, dice que muchos acosadores sexuales en este entorno suelen tener más de 40 años, casados, con una vida familiar y sexual insatisfactoria, y con una necesidad de autoafirmación y control.  Aunque estoy seguro que muchos otros no han tenido relaciones sexuales en mucho tiempo (o quiza nunca) y prácticamente no tienen éxito con las mujeres.

    Yo personalmente he conocido gente que suele ser incómoda (claro no al grado del acosador de Nancy) para las mujeres, y lo que me he percatado es que efectivamente, no son precisamente exitosos en las relaciones con el sexo opuesto, y de cierta forma se sienten inferiores, ya sea por su aspecto físico o incluso por su nivel socioeconómico. Recuerdo que a uno de esos chavos le dije una vez, -oye, ¿Por qué te la pasas mirando así a esta chava y diciéndole tal y tal cosa si sabes que nunca te va a hacer caso y menos así?-, el me decía, que por eso mismo, que como sabía que nunca le iba a hacer caso, se daba el lujo de aventar miradas insinuosas y piropos a mi gusto, bastante incómodos. Afortunadamente la mujer en cuestión era tan distraída que ni cuenta se dio.

    Y sinceramenta a mi en lo personal me hace sentir muy incómodo cuando voy acompañado de este tipo de personas que voltean y susurran con la boca a la hora de ver caminando unas «nalguitas bien paradas». Se me hace de un pésimo gusto, y para mí no refleja otra cosa más que frustración y unos pésimos modales. Si a mi se me hace incómodo estar con este tipo de gente, no me quiero imaginar lo que sienten las mujeres al ser acosadas por hombres depravados y calenturientos en demasía, como el acosador de Nancy: