Categoría: Uncategorized

  • Abrazos, no petardos

    Abrazos, no petardos

    Abrazos, no petardos

    La visión que tiene López Obrador sobre la política tiene que ver mucho (si no es que prácticamente todo) con su percepción de la realidad. Los humanos somos seres subjetivos: es decir, solo podemos percibir la realidad objetiva (aquella que es independiente de nuestra percepción) de forma subjetiva, y es por ello que hemos creado herramientas que nos sirven para acceder de mejor forma y más aproximada a la realidad objetiva: el método científico es una de ellas. AMLO, como todos, percibe la política (que como tal no es una realidad objetiva como tal, sino una construcción intersubjetiva, ya que requiere de la percepción y el consenso de los seres humanos para su existencia) de forma subjetiva y la interpreta de acuerdo con la forma en que percibe el mundo. 

    La historia de vida de López Obrador (y de cualquier ser humano), su temperamento, el contexto en el que creció y muchos otros factores determinan la forma en que percibe el ejercicio político. Es, por lo tanto, natural que intente imprimir su visión subjetiva de las cosas a la hora de querer hacer política. Es imposible desentenderse de esa dinámica. 

    Pero a la hora de hacer política, es indispensable empatar aquellas «pulsiones personales» con la técnica. Su visión personal y subjetiva le dirá de qué punto a qué punto debe de desplazarse pero no cómo es que debe de hacerlo. Aquí es donde la técnica, las disciplinas y el conocimiento entran al quite. Pero, al parecer, AMLO las está ignorando.

    El trabajo de López Obrador en estos días tiene que ver con su visión personal, los manotazos en la mesa van en este sentido. Con el aeropuerto quiso dar un golpe de autoridad como para decir que los empresarios (o al menos los empresarios que no son cercanos a él) ya no van a poder abusar de su relación con el poder y que desde ahora ambas entidades (Estado y capital) operarán de forma completamente separada. Con la amenaza de eliminar ciertas comisiones que los bancos cobran (porque no es un secreto que dichas comisiones son muy altas y los bancos hacen su agosto en nuestro país) parece que apelaron a un mensaje parecido. 

    Pero los «cómos» han sido los grandes ausentes en su ejercicio de poder que ya ejerce como líder de una bancada legislativa mayoritaria. Poco se detuvo López Obrador a analizar las implicaciones económicas y técnicas de la cancelación del aeropuerto. Hizo caso omiso a los numerosos estudios y observaciones sobre los cuales hizo una descalificación a priori. Lo que importaba para él era dar el mensaje, no las consecuencias que éste podía  tener. Pero incluso parece que ni se detuvo en sopesar lo político, porque si bien AMLO ha llegado al poder con un alto bono de capital político, también es cierto que ha gastado un tanto de ése de forma bastante torpe. 

    Con el asunto de los bancos ocurrió igual. No es reprobable que se proponga restringir las altas comisiones que los bancos cobran a sus clientes (en muchos casos, el doble que en su país de origen) y es entendible que por esa propuesta los bancos vean alguna afectación sobre el valor en la bolsa. Pero tendría que ser una propuesta clara, que partiera del conocimiento del funcionamiento de los propios bancos para saber hasta donde restringir o acotar dichas comisiones de tal forma que tal medida, que busca evitar este tipo de abusos, no afecte con la dinámica del mercado. Pero eso no ocurrió, la propuesta de su bancada se hizo al aire: no solo los bancos, sino el mercado reaccionaron muy mal, y ante lo que ya era muy evidente tuvo que recular. También ignoró que era rotundamente imprudente lanzar esta propuesta justo en medio de la polémica suscitada por la cancelación del aeropuerto de Texcoco.

    AMLO está generando mucha incertidumbre, y no tiene tanto que ver con una postura radical, sino con una que atiende solamente lo subjetivo e ignora las herramientas para poder empatar eso que es subjetivo con la realidad, con aquello que se puede medir o comprobar. Dicen que el camino al infierno está tapizado de buenas intenciones, y generalmente ocurre que ese tapiz tan solo contiene buenas intenciones que se han convertido en caprichos, desorden e improvisación.

    Ante un gobierno así, es natural que se guarde una profunda incertidumbre, no solo con relación a los intereses de «los de arriba», sino con relación a la estabilidad económica y política. Sí, eso nos afecta a todos, incluso al «pueblo bueno». 

  • Mi experiencia en la consulta del aeropuerto

    Mi experiencia en la consulta del aeropuerto

    Mi experiencia en la consulta del aeropuerto

    Hoy en la mañana fui a votar por el aeropuerto de Texcoco porque es, con todas sus virtudes y defectos, con todas sus ventajas y problemáticas (que las hay), la opción que a mi parecer más le conviene a nuestro país.

    Sé que con probabilidad AMLO ya eligió la decisión que va a tomar y que la consulta busca legitimarla. Pero aún así quise ir, sobre todo, para conocer el ejercicio. 

    Pero todo el proceso tan solo me confirmó que esta «consulta ciudadana» es una simulación. ¿Por qué?

    Porque no tiene los mecanismos necesarios para garantizar que se respete el voto de los ciudadanos. Ya de por sí la consulta tiene un severo problema de origen que narré en un artículo anterior y que tiene que ver con la metodología y la selección de casillas. 

    Comencemos: a diferencia de lo que dice López Obrador, el voto no es secreto, no hay casilla alguna, votas ahí enfrente de los representantes de casilla quienes ven sin problema por quién votaste, ni siquiera voltean a otro lado cuando tú estás votando y, peor aún, tú puedes ver cómo votan los otros que están al lado de ti. No hay nada que garantice que los representantes no puedan inducir el voto porque solo están esos dos representantes, no hay absolutamente nadie que esté vigilando ese ejercicio. Entiendo que el ejercicio es mucho más austero que una elección organizada por el INE por el presupuesto, pero al menos deberían existir filtros que no existen, ni siquiera que puedas votar en una mesa aparte o en una casilla aunque esté mal hecha e improvisada, no hay nada. Solo son dos representantes que están sentados en una mesa, y una urna, nada más.

    Las boletas no tienen ningún certificado de seguridad. Sí, sé que eso incrementaría el costo del ejercicio. Pero vaya, ni siquiera tienen folio. Pueden ser copiadas en la papelería de la esquina y así seguir siendo consideradas como válidas. 

    Luego, ellos registran en una app tu credencial de elector para que no votes más de una vez. Pero no es algo que esté controlado por ningún organismo autónomo, sino por los mismos organizadores, lo que quiere decir que ellos a su conveniencia podrían dejar votar más de una vez a una persona. Así, MORENA puede llevar acarreados a votar en distintas casillas sin problema porque ellos mismos llevan el registro.

    La tinta indeleble no es indeleble. Bueno, no es tinta indeleble. es tinta de sello. Te dicen, pon tu dedo, pero luego si te vas a lavar las manos este se quita, media hora después de votar ya no tengo tinta en mi dedo. La tinta indeleble hubiera sido un muy buen filtro y que sí ha sido utilizado en consultas ciudadanas de años pasados en las que he participado. 

    En el anverso de la encuesta vienen las ventajas y las desventajas de cada opción que vas a votar, pero me llamó la atención que varias de las desventajas de Santa Lucía son «posibles desventajas»: «posibles impactos negativos en el mercado financiero». Con el de Texcoco las desventajas sí son categóricas. Algunas se sacan de contexto, como el hecho de que el costo del nuevo aeropuerto se está incrementando, pero eso sucede con absolutamente cualquier obra que se construya a varios años porque el costo del material siempre sube. Eso mismo ocurriría con Santa Lucía. 

    Así, así es como se va a hacer política pública en los 6 años que vienen, con consultas que se pueden falsear sin ningún problema.

  • La consulta: mi primer fraude. AMLO

    La consulta: mi primer fraude. AMLO

    La consulta: mi primer fraude. AMLO

    ¿Cómo va a gobernar López Obrador? Su consulta sobre el aeropuerto es un muy buen referente. Todo lo va a consultar (o más bien lo que le convenga consultar), le va a preguntar al pueblo sobre las decisiones importantes.

    Pero en realidad, quien va a tomar las decisiones va a ser él. El voto del pueblo siempre irá en función de lo que él quiere y las consultas estarán creadas con ese propósito. Así, López Obrador buscará legitimar sus decisiones. Él podrá decir que el pueblo fue el que eligió, que el pueblo estuvo de acuerdo con él y, de esa forma, se deslindará de la responsabilidad y del costo político que puedan tomar sus decisiones: ¡a mí no me reclamen, ustedes fueron los que eligieron!

    Las consultas también serán selectivas. Si a López Obrador no le conviene hacer una consulta porque los resultados le serán necesariamente adversos, simplemente no la hará. Las consultas solo le funcionarán siempre y cuando sus resultados puedan empatarse con la decisión que ya haya tomado. Dentro de esta apariencia de «ejercicio democrático» se esconde un instrumento demagógico con el cual AMLO busca congratularse ante el pueblo.

    Dicho esto, la metodología de las consultas no pretenderán representar a la población en su conjunto, sino que estarán diseñadas de tal forma que se pueda garantizar el resultado que López Obrador espera. Esto ha quedado muy claro en la consulta por el aeropuerto y la forma con la que se asignado la ubicación de las casillas. Para comenzar, este artículo ya muestra un fuerte escepticismo hacia la metodología utilizada, la cual, dice Sebastián Garrido, es inconsistente y siembra muchas dudas. 

    Pero basta con «echar una ojeada» a la ubicación de las casillas para percatarnos de las inconsistencias y de la arbitrariedad que hay detrás del método de selección. Llama la atención que dentro de todo el corredor Polanco – Lomas – Interlomas Santa Fe, cuya población es la que suele viajar de forma más frecuente, no habrá una sola casilla. Algo parecido ocurre en Guadalajara (donde evidentemente hay menos casillas por habitante que en CDMX, donde AMLO obtuvo una mayor cantidad de votos) en donde en el corredor Country – Providencia – San Javier – Puerta de Hierro, donde vive la mayor parte de la clase alta de la ciudad, tan solo podemos ubicar una casilla cercana pero cuyo acceso no es fácil ya que se encuentra al otro lado de avenida Patria y esa está ubicada en un barrio popular cerca de la cabecera municipal de Zapopan.

    Fuente: http://mexicodecide.com.mx/urnas-de-consulta/

    Si se le quiere consultar al «pueblo», deberíamos entender como pueblo a todo ciudadano cualquiera que sea su posición económica. Pero lo que estoy viendo es que las personas de clase alta, que son las que más utilizan el avión como transporte, están siendo casi excluidos de esta consulta y se les está obligando a viajar distancias mayores para poder participar. 

    Sesgos como éste no solo se ven dentro de las ciudades, sino también en la selección de municipios. De acuerdo con un ejercicio que hizo el profesor del CIDE Javier Aparicio, la probabilidad de que un municipio participe en la consulta aumenta de forma considerable si en la elección municipal del 2018 ganó MORENA:

    Fuente: https://twitter.com/javieraparicio/status/1054965764694949893

    Es decir, el ejercicio ya está viciado porque parece que se le está dando cierta preferencia a los simpatizantes de López Obrador y a los municipios donde MORENA tiene una mayor capacidad de movilizar gente. De acuerdo a los estudios demoscópicos como el realizado por Consulta Mitofsky o El Universal, una mayoría se inclina por continuar la construcción del aeropuerto de Texcoco. Pero los estudios demoscópicos toman una muestra del universo de la población (lo que debería hacer la consulta ciudadana para establecer la ubicación de las casillas y que no hace), mientras que la metodología de la consulta selecciona la ubicación de forma arbitraria de tal forma que los simpatizantes de AMLO tengan más peso en dicha votación.

    Bien se podría decir que en el estudio demoscópico se le está preguntando a la gente qué opción prefiere y no si va a salir a votar por tal opción (como lo hacen en las encuestas electorales), ya que una consulta no mide la mera preferencia, sino el acto de ir a votar por esa preferencia. Pero en este caso, si los estudios hicieran esa pregunta se verían afectados por el sesgo propio de la consulta, ya que muchas personas que viven en colonias donde no habrá una casilla cercana o quienes viven en municipios donde ni siquiera habrá una casilla probablemente dirán que no acudirán a votar. Lo que refleja el estudio demoscópico es la preferencia de los ciudadanos mexicanos con respecto del aeropuerto con base en una muestra que representa a toda la población.

    Además, en una consulta los organizadores deberían mantener una postura neutral y no deberían incitar a la población a votar por alguna opción. Eso no ha sucedido. Jiménez Espriú está en campaña a favor del aeropuerto de Santa Lucía, mientras que algunos diputados y senadores de MORENA se han mostrado a favor del aeropuerto de Texcoco.  

    No nos hagamos bolas, el propósito último de esta consulta no es dejar que la ciudadanía elija, sino legitimar la decisión que haya tomado el Presidente Electo. La consulta está diseñada para ese propósito, y por más insistan en que nos han presentado los puntos a favor y los puntos en contra, la metodología lo delata. Y no hablar de su innata inconstitucionalidad.

    Y así seguramente ocurrirá durante los próximos seis años, donde López Obrador buscará legitimar sus decisiones a través de consultas aparentemente ciudadanas, dejando recaer la responsabilidad en el pueblo y no en él mismo. 

  • Tu Donald Trump interior

    Tu Donald Trump interior

    Y el discurso de muchos no era uno de apertura, fraternidad o tolerancia, era uno de un nacionalismo ramplón.

    Amigos, dejemos al lado las formas y lo políticamente correcto, dejemos de ser hipócritas y de aparentar algo que, como sociedad, no somos. Nuestra sociedad es, en general, una que comparte muchos de los prejuicios de los que acusa a muchos que conforman eso que llamamos «el vecino del norte». 

    Al menos ellos son honestos y no pretenden ser algo que no son. Al menos ellos no esconden sus prejuicios bajo una capa moralina y correcta.

    No, no somos todos, pero sí son varios, los suficientes como para no tener el permiso de decir que se trata de una excepción a la norma. Los suficientes como para poder dejar pasarlo de largo. 

    Tristeza fue la que me dio al ver a muchas personas adoptar un discurso muy parecido al de Donald Trump a raíz de lo ocurrido con la caravana migrante. Es cierto, no es un tema en el que se pueda opinar a la ligera, es cierto que intentaron entrar al país de forma abrupta y que deben respetar las normas y leyes del país al que van a ingresar, es cierto que al entrar de forma desordenada corren mayores riesgos de ser víctima de la violencia del narco o la trata de personas, es cierto que ellos se encuentran desesperados por buscar una mejor vida, es cierto que existe una crisis humanitaria de la cual ellos están huyendo. Es válido tener diferencias al respecto, pero por favor, otra cosa son esas declaraciones de muchos que iban desde «a ver, si tan consciente eres adopta uno en tu casa» al «hay que construir un muro para que no pasen».

    Tristeza fue la que me dio porque entonces para muchos el problema con Trump era mero nacionalismo, era subirse al mame: ¡No nos chingues pero nosotros sí podemos chingar! El problema para esos muchos era un tema de egos, de ¡no te metas con México! Era algo más parecido a un partido de futbol entre México y Estados Unidos y no producto de de alguna genuina preocupación con motivos humanistas. 

    Tristeza fue la que me dio al ver que muchos de nuestros connacionales buscan conmiseración cuando nuestro país está en posición de víctima, ¡que todos conozcan a Trump el abusador! ¡Que las organizaciones supranacionales intervengan! ¡Que ojalá «le hagan impeachment» y lo saquen a patadas! Pero cuando nosotros estamos en una posición de privilegio donde las víctimas son los otros entonces podemos ser igual o más crueles que los propios gringos. 

    No es un caso aislado, muchos de los mexicanos suelen ser crueles con los migrantes y suelen ver de forma despectiva a las personas de Centroamérica como si fueran inferiores a nosotros. No es raro ver que alguien coloque alguna manta donde soliciten que los migrantes no se queden en su colonia y algunos ejercen presión para que no se construya un albergue de migrantes por su colonia porque la pueden ensuciar y volver más insegura. Todo esto a pesar de que los migrantes que están de paso en nuestro país suelen ser pacíficos. Vaya, por algún tiempo abundaron por mi colonia porque ésta se encuentra cerca de las vías del tren, estaban ahí dormidos en la pista donde salgo a correr y nunca causaron ningún problema, absolutamente ninguno. Por el contrario, eran gente respetuosa que incluso eran respetuosos con el lugar donde se encontraban.

    Muchos de los otrora anti Trump ahora nos alertan porque los hondureños van a llegar a quitarnos nuestros trabajos, que son de la Mara Salvatrucha, que son criminales, asesinos ¿dónde escuchamos eso? 

    Hipocresía pura y dura.

    Quitémonos esa pretensión de ser moralmente superiores por el simple hecho de ser generalmente las víctimas y no los victimarios. Porque cuando nos toca ser victimarios somos muy crueles. 

    Nosotros tenemos más moral que los gringos para hablar de migración. Nosotros la tenemos doble.

  • Made in Mexico. Ay Netflix

    Made in Mexico. Ay Netflix

    Made in Mexico. Ay Netflix

    Con la llegada de Netflix pensé que habría una oportunidad para salir de la caja y romper paradigmas en cuanto a producciones mexicanas de contenidos se refiere. Pensé que sería una buena herramienta para emanciparnos de las frivolidades de Televisa y para que los productores tuvieran más libertad creativa. Si en esa plataforma hay buenas series de países como Estados Unidos o España ¿por qué no ocurriría lo mismo con México?

    La realidad es que, a diferencia de lo que pensé, parece que los ejecutivos de Netflix quisieron irse a la segura con nuestro país y tan solo emular los contenidos que ya se producían en lo más mainstream del cine y la televisión mexicana porque ello les aseguraría el retorno de la inversión. Parece que quisieron sujetarse a lo que los estudios de mercado les decía, lo cual no siempre es una buena idea porque la creación de contenidos con base en «la opinión de la gente» terminan estandarizándose irremediablemente, algo como lo que pasa en la música pop donde la música suena cada vez más parecida entre sí.  

    Tenemos series como Club de Cuervos que si bien no es mala sí, en muchos sentidos parece un refrito de Nosotros los Nobles. La serie de Luis Miguel fue un hitazo por el personaje y por puntadas como el personaje de Luisito Rey, pero el formato no se logra emancipar del todo de la telenovela mexicana; lo mismo ocurre con La Casa de las Flores. Ingobernable es terrible, ni que decir de las narcoseries. Se entiende que dentro del catálogo de series presenten algunas con estos formatos, pero habría esperado que hubiera alguna más arriesgada, que rompiera el molde. 

    En cambio nos han entregado una serie infame como Made in México. Un reality show que puede resultar chocante porque consiste en la vida de un sector de la élite mexicana que está dispuesta y entusiasmada de salir a cuadro para hacer show off y mostrarnos su ostentosa y exclusiva vida. Es decir, no representa siquiera a toda la élite (ni siquiera están en la cima de la pirámide de dicha élite) sino a los que más están motivados a presumir su condición de élite, unos «riquillos aspiracionales de Polanco». 

    El modelo de negocio de la serie es claro, hay que causar polémica para generar morbo y así hacer que la gente venga a ver la serie. Pero en ese modelo de negocio se expone como una generalidad a un pequeño sector de nuestro país que vive en una burbuja social, que pocas veces o si es que ninguna estarán dispuestos a poner un pie fuera del corredor Santa Fe – Polanco – Las Lomas. La serie Made in México muestra allá afuera de México una versión de nuestro país que si bien no es irreal dado que las personas que participan en él son reales, está lejos de representar la realidad de éste. Vaya, ni siquiera representan a las élites en su totalidad, sino más bien a su peor parte. 

    Es chocante el uso abusivo y extenuante de anglicismos en las conversaciones de los personajes, al grado que empiezan a denotar como cierto desprecio hacia lo latino o lo mexicano, como si fuéramos un país de segunda. Es evidente que, a pesar de ser parte de las élites mexicanas, tienen un profundo desconocimiento de lo que ocurre fuera de su burbuja. Sería injusto hacer juicios de valor sobre las personas que aparecen en la serie porque son personas que crecieron en dicho entorno y que es producto de las rígidas estructuras sociales de nuestro país. Podemos ver, sí, que con sus evidentes limitaciones producto de su entorno donde no conocen ese México que no es parte de su círculo, pueden ser capaces de solidarizarse como ocurrió con el terremoto, pero también podemos ver que lo que transmiten es la idea de que las élites en nuestro país son bastante mediocres. No es que sean buenas o malas personas, el problema son las estructuras sociales de nuestro país que genera el surgimiento de una élite tan alienada de su entorno.

    Como había comentado en este espacio hace ya tiempo, las élites son una condición natural de nuestra especie (incluso se manifiestan en los países comunistas) y no son algo indeseable. Siempre habrá una élite económica, cultural, intelectual y política porque, apelando al Principio de Pareto, unos pocos siempre destacan sobre unos muchos. El problema es la calidad de las élites y la realidad es que las nuestras son bastante mediocres producto, en parte, de privilegios ganados no tanto por su gran desempeño en su ámbito sino por la ausencia de instituciones sólidas y la corrupción e incluso la división de castas. La serie muestra no solo a esa élite que navega en la medianía y la mediocridad, sino lo más extravagante y exhibicionista de ella. 

    Espero que en Netflix dejen de tomar una postura conservadora y especializada en reciclar lo que ya existe para ir a lo seguro. No estoy diciendo que hagan cine de arte o de nicho, dentro de lo mainstream se pueden hacer cosas mucho mejores que las que nos han enseñado en nuestro país. Es cierto, es su negocio y tienen derecho a manejarlo como sea, pero cuando se trata de cine y entretenimiento, a la gente le gusta que la saquen de la caja, que le propongan algo nuevo, y eso es algo que no puedes medir con estudios de opinión. Ya lo han hecho en otros lares ¿por qué no lo hacen en nuestro país?

  • Criterio propio en tiempos de una polarización creciente

    Criterio propio en tiempos de una polarización creciente

    Criterio propio en tiempos de una polarización creciente

    Es paradójico que en esta era en la que se nos dice que somos parte de una sociedad interconectada, en la cual tenemos más acceso y conocimiento que nunca, mostremos una clara tendencia a la polarización.

    No se trata, como esperaría, de un ejercicio de espíritu crítico o de criterio propio donde, de forma individual, el sujeto llegue a sus propias conclusiones. Se trata de tomar un bando y pensar que a éste se le opone necesariamente otro, sin ser capaz siquiera de detectar los matices o los grises. Se trata de ignorar la complejidad de todas las dinámicas en las que estamos inmersos para así intentar explicar todo bajo una narrativa monotemática. 

    Así, si no eres libertario entonces eres socialista, si no eres feminista entonces eres machista, si no eres conservador estás casi tentado por Satanás. Incluso esta tendencia a la polarización la vemos dentro del marketing donde o eres Apple o eres Android, donde eres DC o eres Marvel.

    Tomar una bandera de esta forma es muy fácil, porque no requiere un ejercicio de dialéctica entre las diferentes corrientes de pensamiento (o marcas de teléfonos celulares) para llegar a una conclusión propia. Así, el individuo no llega a su propia conclusión, sino que abraza la conclusión del colectivo. El individuo, así, se desindividualiza, y se adhiere a una narrativa. Uno los ve en Twitter defendiendo dicha narrativa a capa y espada, no busca por medio del debate adquirir un mayor conocimiento o criterio, busca ganar, busca tener la razón. El sujeto creará dentro de sí una cámara de eco ya que no estará dispuesto a confrontar su forma de pensar. Leerá solo los libros y los medios que reafirmen su postura. 

    En cambio, quien llega a una conclusión propia puede terminar siendo más libertario, más feminista, más cristiano o más Apple, pero sabrá reconocer los matices y los grises. Es, al fin y al cabo, su propia conclusión. 

    Quien decide tomar banderas suele privarse de la mayor parte del otro conocimiento. Rehuye de él y se condena a tomar una postura indudablemente sesgada. Equivocadamente, confunde a quienes ejercen su criterio propio con la pusilanimidad o las posturas equidistantes. Y digo que lo hace de forma equivocada porque mientras los equidistantes y los pusilánimes adoptan su discurso al entorno en el que se encuentran para quedar bien con todos, quienes ejercen su criterio propio son capaces de tomar posturas claras (que no necesariamente empatarán con esas banderas que cualquiera puede agarrar) pero, como entienden que el mundo es algo complejo que no se puede encerrar en una sola narrativa simple e insulsa, puede darse el caso en el que no hayan tomado una postura definida ante un tema porque sienten que les hace falta aprender más para poder definirse. Los que toman las banderas no tienen problemas en definirse porque basta agarrar la bandera, los valores, principios y slogans que ya están listos para usarse; los que usan su criterio propio entienden que antes de definirse necesitan debatir fuertemente dentro de su fuero interno. 

    Hasta los que toman las banderas de renegar de las categorías binarias, terminan entrando al mismo juego binario de estás conmigo o estás en mi contra. 

    Al tomar banderas, el libertario tendrá graves complicaciones para detectar las falencias de su ideología, el que toma la bandera progre tendrá problemas para darse cuenta que el conservador no es necesariamente machista o excluyente, el cristiano no terminará de darse cuenta que los ateos pueden ser buenas personas. el fan de DC se privará de una buena historia de Marvel porque ¡Es de Marvel! y el Applefan nunca llegará a la conclusión de que comprar ese Android podría no ser tan mala idea.

    Esa es la paradoja de nuestro tiempo, en un mundo donde más información que nunca se encuentra disponible para desarrollar un criterio propio, para comparar, para confrontar ideas, tenemos a una sociedad cada vez más polarizada y dividida. 

  • El Estado soy yo

    El Estado soy yo

    El Estado soy yo

    En las elecciones que acaban de pasar la mayoría de los jaliscienses votaron por Enrique Alfaro como Gobernador de Jalisco. Una de las motivaciones de mi voto fue que no llegara Carlos Lomelí, el candidato de MORENA, quien tiene una larga cola que me pisen. Me preguntaba cómo es que López Obrador, quien dice que acabará con la corrupción y llevará a cabo la «cuarta transformación», había postulado a un personaje tan oscuro como él.

    El electorado jalisciense había hablado: Enrique Alfaro había ganado la gobernatura, hasta ahí todo bien.

    Pero luego resultó que Carlos Lomelí se convertiría en una suerte de «gobernador paralelo» que tendría acceso al presupuesto federal. Tendrá un poder tal que ya se puso a prometer la cuarta línea del Tren Ligero

    ¿Entonces de qué sirvió que yo votara por Enrique Alfaro si su gobernatura va a estar muy acotada por «coordinador estatal»? ¿No es esa una afrenta en contra de la voluntad de nosotros los electores que expresamos nuestra voluntad en las urnas? 

    Uno de los argumentos para el establecimiento de estos coordinadores estatales es evitar que los gobernadores se comporten como caciques, tales como los Duarte o Padrés. La idea es que el gobierno de López Obrador tenga mayor control sobre los gobernadores y, a la vez, que pueda implementar sus políticas dentro de la gran mayoría de los estados en donde MORENA tendrá la mayoría de los congresos locales. Presidencialismo duro y puro. 

    Pero una cosa es acotar los excesos de los gobernadores y otra cosa es amarrarlos de las manos para que el Gobierno Federal pueda tener una gran injerencia sobre los estados. Muchos de los gobernadores se convertirán en meros accesorios quienes estarán condenados a tener un margen de maniobra muy limitado y los cuales no se podrán distanciar mucho de la voluntad que se dicte «desde el centro». De por sí, Enrique Alfaro, quien tendrá mayoría en el Congreso local, ya tendrá problemas al tener a Carlos Lomelí de contraparte (junto con su acceso al presupuesto federal); los que ni siquiera cuenten con eso se convertirán en suerte de gobernadores presenciales o simbólicos.

    Si bien, algo tenía que hacerse para evitar los cacicazgos locales que surgieron a partir del fin del partido hegemónico, me parece incluso un tanto peligroso que el Gobierno Federal vaya a poder concentrar tanto poder al punto de decir qué es lo que se hace y qué es lo que no se hace en la mayoría de los estados. Pero peor aún, eso es una afrenta contra la voluntad de los electores quienes eligieron a un gobernador que, en algunos casos, terminará teniendo un papel meramente presencial, donde estará muy acotado por un Congreso al servicio del Presidente López Obrador. 

    Es paradójico que mientras que AMLO habla de descentralizar las secretarías esté haciendo lo contrario con el poder político, lo cual le quita una gran cantidad de soberanía a los estados, y lo que puede representar un retroceso de muchas décadas en un país al cual le ha costado mucho trabajo crear un sistema de gobierno realmente federativo.

    López Obrador quiere resolver los problemas que aquejan al país como aprendió y como bien sabe: por medio de una forma de hacer política que ya había quedado anclada en el pasado, donde el Presidente maneja todos los hilos del poder desde el centro, donde se considera a la autonomía como una forma de perversión del poder.  

    Y el primer paso para ello fue no respetar la voluntad de nosotros los ciudadanos en las urnas, ya que nuestro voto amenaza en convertirse como algo meramente simbólico.

  • La etapa de la negación

    La etapa de la negación

    La etapa de la negación

    Es cierto que no se puede asegurar de forma categórica que López Obrador ha ganado la elección. En el mes que falta para el día de la elección pueden llegar a ocurrir eventos que modifiquen las intenciones de las encuestas: una revelación muy oscura y turbia del candidato (o sea, un as bajo la manga), una estrategia electoral muy inteligente (que raye en la genialidad) o algo parecido.

    Pero lo cierto es que las posibilidades de que AMLO gane son muy altas. Oráculus (el agregador de encuestas) dice que si hoy fueran las elecciones, López Obrador tendría el 92% de ganar. Si lo comparamos con futbol (aprovechando que tenemos al Mundial a la vuelta de la esquina) es más probable que ninguna de las potencias (Alemania, Francia, Brasil, Portugal, Inglaterra, Argentina, España y Bélgica) gane el Mundial, o que México llegue a semifinales (de acuerdo con las predicciones de UBS) a que López Obrador pierda las elecciones (con las tendencias del día de hoy, aclaro). 

    Las encuestas no se han movido mucho en los últimos tres meses, solo hemos visto un ligero incremento en favor de AMLO, mientras que Anaya después de un crecimiento se ha estancado y Meade se mantiene en tercer lugar; casi pareciera que están congeladas. También hemos visto que a pesar de que varios indecisos ya han comenzado a definir su voto (tomando a Oráculus de nuevo), éstos son menos que hace dos meses y no se han convertido automáticamente en votos en contra de AMLO. Ni siquiera la declinación de Margarita Zavala ayudó a cerrar la brecha. Es casi imposible que las tendencias cambien si en este mes no se da algún evento que implique un quiebre o ruptura.

    Y también es cierto que la respuesta de «no respondió o no sabe» no sólo está compuesta por indecisos, sino por gente que no va a ir a votar o que no le interesa. 

    Ante esta situación, muchas personas que no simpatizan con López Obrador se encuentran en una etapa de negación. Tratan de interpretar la realidad de tal forma que sea más cómoda emocionalmente (es decir, que mantengan una considerable esperanza de que López Obrador no vaya a ganar).

    Y esto es, hasta cierto punto, normal. Cuando se trata de política los individuos no somos completamente racionales, más bien mantenemos un sesgo donde tratamos de favorecer información que nos haga sentir bien y minimizamos aquella información que nos hace sentir mal. Así como muchos lopezobradoristas relativizan los errores y cuestionamientos de su candidato, también varios antilopezobradoristas ponen a las encuestas en tela de juicio porque no les agrada el resultado. Recordemos cuando López Obrador y sus seguidores decían que las encuestas estaban cuchareadas en 2006 porque se espantaron al ver como la brecha se cerraba.

    Este sesgo de confirmación no distingue siquiera preparación y educación. La gente más docta también es muy proclive en caer en este tipo de sesgos cognitivos. 

    Muchos dicen que las encuestas son falaces porque la muestra es de 1,200 cuestionarios cuando este tipo de muestra es más bien completamente normal y suele ser más la norma que la excepción. Para ello, tenemos que hablar del margen de error.

    El margen de error de las encuestas está determinado por el número de cuestionarios. Si el tamaño es de 1,200, el margen de error es de +/-3%. Esto quiere decir que si AMLO tiene 40 puntos, significa que la realidad se encuentra en un rango de 37 o 43 (tomando el caso de que el instrumento y la muestra estén bien diseñados). La relación entre el margen de error y el número de encuestas no es lineal, es exponencial. Si una casa encuestadora decide hacer 2,200 encuestas para que tenga mayor validez, se encontrará con que el margen de error es de +/-2% (solo disminuyó un punto). Tendría que hacer más de 6,000 encuestas para llegar al 1% aproximadamente, mientras que para llegar al cero absoluto tendría que encuestar a absolutamente todos los electores que van a votar. 

    Por ejemplo, tomando la encuesta de Reforma que salió el día de hoy que muestra que AMLO tiene más de 20 puntos sobre Ricardo Anaya, muchos aludieron a encuestas pasadas para afirmar que Reforma «siempre se equivoca» como en esta imagen:

    Si analizamos estrictamente todas estas gráficas nos daremos cuenta que en realidad la única que valida el argumento de que Reforma se equivocó fue en el 2000, error mucho menor del que algunos esperan. Coahuila no se puede tomar como referencia ya que ahí el PRI orquestó un fraude electoral, pero vayámonos con la encuesta de 2006 y la del Estado de México:

    Cuando una encuesta muestra una diferencia que se encuentra dentro del margen de error (es decir que es menor a este) se dice que hay un empate técnico. Este es el caso de de estas dos encuestas. En Estado de México le daba ventaja a Delfina, pero la victoria de Del Mazo quedó casi en los bordes del margen de error. La discrepancia fue de 4% cuando el margen de error fue del 3%. Reforma se equivocó por ¡1%! E incluso, dado que la diferencia que pronosticó era menor al margen, podemos decir que la encuesta de Reforma contemplaba la posibilidad de triunfo de Alfredo del Mazo.

    En 2006 ni siquiera hay error alguno ya que le dio a AMLO una ventaja de 2% (que es un empate técnico por estar dentro del margen de error) cuando Calderón ganó por menos del 1% cuando el margen de error oscilaba por el 3%.

    En la encuesta de Reforma que se acaba de presentar estamos hablando de más de 20 puntos de ventaja.

    ¿Esto significa que Reforma es infalible? No, aunque en 2012 fue una de las encuestas más certeras. Yo pienso que la diferencia es algo menor de la que muestra Reforma y creo que está más cercana a los 16 puntos de diferencia que muestra Oráculus. También debemos tomar en cuenta qué tan bien está diseñado el instrumento, la muestra, y el efecto de la tasa de rechazo (que podría tener una incidencia). Las encuestas se pueden llegar a equivocar, pero la realidad es que la gran mayoría de las encuestas muestran una misma tendencia, lo cual se refleja en el ejercicio de Oráculus, y que dice que López Obrador tiene una ventaja considerable  Yo prefiero usar los agregadores como referencia más que las encuestas por sí mismas, porque creo que, al final, al promediar, logran atenuar las discrepancias que estas puedan tener. 

    En redes me he encontrado con afirmaciones que dicen que la encuesta está pagada, que hay «algo chueco». Algunos (con mucha curiosidad pero sin el suficiente conocimiento en materia de investigación cuantitativa, porque vaya, no es su profesión) dicen que está manipulada porque en la CDMX se levantaron encuestas en delegaciones donde AMLO puede tener mayor ventaja, aunque en realidad estas se seleccionan de forma aleatoria. 

    Algunos también argumentan que entre sus amigos «casi nadie» va a votar por López Obrador,  que fueron a una conferencia de negocios y ahí muchos simpatizaban por Meade. Peor aún, algunos vieron un sondeo en Twitter y lo tomaron como argumento para decir que «el tabasqueño ya perdió y que todo es una manipulación de las encuestadoras». Pero los círculos cercanos no son siquiera representativos del universo. En 2012 nadie en mis redes quería a Peña Nieto y ganó porque el voto estaba en otros sectores con los cuales casi no tengo contacto. 

    Otro argumento es que las encuestas se equivocaron en el Brexit y en la elección de Estados Unidos:

    En el caso de Brexit, las encuestas se equivocaron más bien por pocos puntos. La mayoría de ellas daban el triunfo al «remain» por dos o cuatro puntos. Ni una lo hizo por más de 10 puntos de ventaja. 

    En el caso de Estados Unidos todas le dieron el triunfo a Clinton, pero la diferencia fue de 4 a 6 puntos al cierre. Y de hecho, Hillary ganó por 2 puntos tomando el voto popular (recordemos que en Estados Unidos las elecciones se definen por los votos de los superdelegados de los estados). El error de las encuestadoras fue de muy pocos puntos y el beneficiario fue el que representó el discurso sistema, al igual que en el Brexit. En el caso de México, el que tiene un discurso antisistémico es López Obrador. 

    Acá estamos hablando de que Oráculus, el agregador de encuestas más conocido de esta elección, le da al momento 16% de ventaja a López Obrador al día de hoy. Hablamos de que las tendencias no se han movido mucho en los últimos meses a pesar de la guerra sucia, del pleito de AMLO con los empresarios y los debates donde el tabasqueño no muestra sus mejores tablas. Hablamos de que la campaña del PRI contra Anaya afectó de forma considerables las posibilidades del panista y que las rencillas siguen, por lo cual se antoja complicado en extremo que todo el voto de ambos se concentre en un solo candidato. 

    Esto no se acaba hasta que se acaba, en una elección todo puede pasar. Lo que reflejan las encuestas actualmente es lo que ocurriría si la elección fuera el día de hoy, y eso significa que no se puede descartar alguna variación en el mes que falta. Pero por lo que comenté anteriormente, la realidad es que por más se acerca la elección las posibilidades de que López Obrador crecen cada vez más ya que, a pesar de todas las estrategias que se han utilizado para tratar de bajar el tabasqueño, este sigue muy cómodo allá arriba y se antoja cada vez más difícil que ocurra algo que represente una ruptura.

    Digamos que estamos el minuto 30 del segundo tiempo y el Atlético MORENA le va ganando 3-0 al Racing del Frente al cual ha superado ampliamente en la cancha. Sí, se han dado casos en que un equipo remonta ese marcador, pero eso ha ocurrido muy pocas veces. En muchas ocasiones, con un marcador así, algunos prefieren ir abandonando el estadio para no tener que lidiar con el tráfico de regreso a casa. 

    Y tal vez esta realidad no les (nos) guste a muchos. Pero habrá un momento en que se tengan que enfrentar a ella, ya que será importante conocerla para poder llevar a cabo de mejor manera su voto. Por ejemplo, en dado caso de que se acerque cada vez más la elección y no veamos variaciones, tal vez será más prudente preguntarse si López Obrador puede obtener mayoría en el congreso o no y votar en consecuencia.