Categoría: textos personales

  • Cómo hacer que te quieran y no morir en el intento

    Cómo hacer que te quieran y no morir en el intento

    La semana pasada tuve una experiencia, por decirlo así, en el Tinder. Fue algo que me tomé muy a la ligera, como un juego, como una forma de buscar alguna mujer en otros círculos distintos al mío. Hace un mes había usado la aplicación y me había aburrido un poco, le decidí dar oportunidad otra vez, ese mismo día hice tres matches con otras mujeres (que es cuando coincide que tanto tú como la otra persona le han dicho a la aplicación que se interesan mutuamente aprobando una fotografía). De esas tres a una no le respondí, otra persona no me respondió y sí logré establecer una conversación con la tercera. Por principios no daré el nombre real de la mujer (la llamaré María) y no describiré rasgos que la puedan delatar porque mi intención no es exhibir públicamente a nadie.

    Cómo hacer que te quieran y no morir en el intento

    Comencé a conversar con María en el chat que tiene Tinder. En pocos minutos nos pasamos a Whatsapp debido a la deficiencia del chat de la aplicación, lo que implicó que ella me diera el teléfono. Me sorprendió un poco que me pasara su número telefónico tan rápido cuando ni siquiera habíamos conversado bien, pensé que podría ser una mujer desinhibida, o bien que de verdad el chat de Tinder es tan malo (que podría pensar que es a propósito para que los interesados den el siguiente paso y así no gasten tantos recursos de sus servidores). Empezó la conversación, fue algo que yo me tomé muy a la ligera, no es que presuma ser un «don Juan», para nada, ni siquiera soy muy hábil en el tema femenino; pero le he perdido el miedo a las «citas a ciegas» y tal vez en los últimos años haya adquirido cierta seguridad personal como para ver en esta dinámica algo meramente cotidiano.

    Al principio María me parecía un tanto interesante. Le gustaba leer, parecía ser una mujer inteligente (siento decir que la ignorancia es una razón de peso para que considere a una mujer como no atractiva), a juzgar por las fotos era una mujer un tanto gordita con bonita cara. Hablamos de varios temas y cuando comenzó a hablar de películas, pensé en invitarla al cine. Es cierto, es una regla no escrita no invitar a una mujer al cine por primera vez, pero fue algo sumamente espontáneo, tanto que ni me di cuenta que la había invitado cuando al mismo tiempo ella denotó algo de nerviosismo; lo cual asumí como normal, porque es algo que a mí me ha pasado. A pesar de ello, ella aceptó y nos veríamos el día siguiente.

    Ligando en el Tinder

    El desencanto llegó precisamente ese día antes de verla. La busqué por Whatsapp para recorrer una hora la cita dado que me agendaron una cita de trabajo. A partir de ahí se empezó a mostrar sumamente nerviosa e insegura. En repetidas ocasiones me dijo que se sentía nerviosa, yo le decía que no se preocupara que no pasaba nada. Me preguntó cuantas veces «había ligado» en Tinder, ella asumiendo que tenía experiencia dado que me sentía muy tranquilo y ella no. Me contó brevemente sus experiencias en Tinder (me las relató como un fracaso) y me preguntó por qué ella era «la afortunada» (no sé si se pueda considerar afortunado alguien que apenas vas a conocer y casi no tienes idea de como es) y para redondear, se ofreció a pagar los boletos del cine. Todo eso en conjunto me friqueó. No es que sea necesariamente malo que una mujer sea sincera y te diga que se encuentra algo nerviosa, o que te pregunte en son de broma por qué es la afortunada, tampoco que ofrezca pagar las entradas como un detalle, el problema es el contexto que se deja entrever con todos estos eventos. A partir de ahí perdí casi cualquier atisbo de ilusión y asistí por educación y esperando con una mínima ilusión, valga la redundancia, que el concepto que me había formado de ella fuera erróneo.

    Llegué al centro comercial que elegimos por mutuo acuerdo y la busqué en el establecimiento acordado. La mujer era más gordita de lo que pensaba (que no necesariamente tiene que ser un problema, alguna vez he llegado a desfallecer por una mujer con sobrepeso), y su cara, a pesar de que tenía bonitos ojos y en general era un tanto bonita, no la percibía como atractiva, concordaba con la idea que me hice de ella, no era un prejuicio mío. Cuando caminé con ella me sentía incómodo, no era una mujer que me hiciera sentir orgulloso; por el contrario, pasó por mi mente huir de ahí, esconderme, pero soy lo suficientemente respetuoso como para no hacer eso, traté de ser cortés, platicamos un rato, pero la incomodidad seguía ahí y nunca se fue. No era su sobrepeso, no era su aspecto físico, era, la inseguridad que irradiaba.

    Y yo soy lo suficiente malo para fingir que me la estoy pasando, que a pesar de que fui amable, ella se dio cuenta de mi desinterés y entonces percibí una decepción progresiva de su parte.

    No puedes usar a otra persona para que «llene» tus vacíos. Son pocas las personas que desarrollan una infancia perfecta, la mayoría de los mortales tenemos cierto tipo de complejos mentales (o traumas) y en varias ocasiones buscamos que sean otras personas las que llenen el vacío que estos problemas dejan, que si el papá fue de esta forma, que si la madre no ponía mucha atención, que si teníamos problemas en la escuela. Pero muchas personas aprenden a sobrellevar esos problemas y a pesar de ellos, logran tener una vida sana y estable. Es totalmente notorio que María tiene un gran vacío que necesita ser llenado, lo peor para ella, es que después de cada fracaso (tomando en cuenta sus historias previas que narró) alimenta más esos rasgos y malas estrategias que la hacen fracasar.

    Inseguridad personal

    María muy posiblemente sea una muy buena persona, posiblemente sea una persona interesante; pero la realidad es que en las relaciones sentimentales, quienes tienen más éxito son las personas más fuertes y aptas y no quienes intentan aparentar ser buenas personas. Conmigo se exhibió como una persona insegura y dejó de ser atractiva. Posiblemente si la hubiera conocido en otro contexto donde ella no se exhibiera como insegura, como «amiga de alguna amiga» y no en plan de ligue en una fiesta por un ejemplo, podría haber llegado a otra conclusión, – ¡Ah, esta María tiene buena conversación o es inteligente o sus ojos son bonitos!, pero no, el contexto es que nos conocimos en un ejercicio donde conocemos varias personas hasta dar con la indicada para formar una relación sentimental, esa era la dinámica, y a mis ojos, perdió.

    Cuando dicen (de forma errónea) que a las mujeres hay que maltratarlas, tiene que ver más bien con que las personas seguras de sí mismas, que se dan su espacio y se respetan son mucho más atractivas que las personas que usan todas sus energías en buscar la aprobación de la otra persona. Simples leyes biológicas.

    Sentí a María urgida de formar una relación para llenar esos vacíos y me dejó de interesar, las personas que denotan eso dejan de ser atractivas y tienen constantes problemas para encontrar pareja. En algún momento eso me ha llegado a pasar, no puedo verlo desde una perspectiva egoísta e improvisada dado que yo alguna vez en mi vida tuve el problema de María y me preguntaba por qué no era interesante para las mujeres y tenía pocas amigas. Tal vez se me hizo familiar el problema de María porque se parecía un poco a mi «yo» de hace unos años, y al «yo» que muchas personas (posiblemente la mayoría) llegan a ser alguna vez en su vida.

    Ambos sexos (en lo ideal) buscamos una pareja con quienes tengamos cosas en común, con quienes podamos compartir proyectos y nos complementemos, de quienes nos sintamos orgullosos. María debería de saber que si con esa autoestima baja logra involucrarse en una relación sentimental, se va a decepcionar completamente; posiblemente más que «llenar esos vacíos» padezca más la relación, y estos vacíos se hagan más grandes. María debería ocuparse más en ella antes de pensar en buscar alguien que la quiera. Si fuera así, no se sentiría forzada a quedar bien con quien pretende salir.

    Al final salimos del cine, la acompañé al lugar donde se había quedado y nos despedimos con un beso cuyo mensaje era que nunca nos volveríamos a ver y en ese momento terminaba todo (aunque en mi caso, la historia había terminado mucho antes).

  • ¿Cómo ha cambiado el mundo en 7 años de El Cerebro Habla?

    ¿Cómo ha cambiado el mundo en 7 años de El Cerebro Habla?

    Dicen que la vida pasa más rápido, hay quienes afirman que el hecho de percibir el avance cada vez más rápido de nuestras vidas tiene una explicación psicológica (mientras menos cosas nuevas perciba el individuo en un periodo determinado, el individuo tendrá la percepción de que el tiempo corre más rápido). Los 7 años de este sitio se han pasado volando. El Cerebro Habla no se hizo realmente famoso (aunque realmente nunca fue mi intención que fuera así, porque de lo contrario tendría que de alguna forma dejar de hacer lo que me gusta hacer en aras de crear un modelo de negocio que catapultara a esta página a la fama, tal vez hacer listas como Buzzfeed; sólo quería escribir y ya) aunque sí ha aumentado de forma conservadora el número de seguidores a través del tiempo. Internet ha cambiado exponencialmente, la situación de México y del mundo son bastante diferentes a las que este sitio web encontró.

    ¿Cómo ha cambiado el mundo en 7 años de El Cerebro Habla?

    Acepto que aprendí a redactar on the go, mis primeros artículos tenían una redacción bastante mala (los cuales siguen en este sitio web) y mi conocimiento era más limitado. Mi forma de pensar ha madurado y de alguna forma mutado con el tiempo, así que no vale reclamarme al tratar de encontrar contradicciones comparando un artículo de hace unas semanas y otro de hace cinco años. La forma en que se consume Internet ha cambiado la forma en que se consumen los contenidos, y tratando de hacer algunas adaptaciones, he tratado de mantener el formato tradicional, centrado en el contenido y en la lectura, que es parte de la esencia de este sitio. Ahora están de moda los artículos con títulos como «10 cosas que debes saber para ser como Cerebro ¡La 5 te encantará!», o «Cerebro escribió un artículo hoy, y ¡no creerás lo que pasó!», algunos de esos pueden llegar a tener algo interesante, pero no quiero «sobrevender» lo que escribo.

    Realmente entré al mundo del blog cuando estas plataformas estaban de moda (ahora simplemente maduraron y se estabilizaron) y las redes sociales todavía no competían para dar al usuario una plataforma para escribir. Cuando entré, Facebook estaba en pañales (no tenía newsfeed) y Twitter, bueno, pocos conocían Twitter. Abrí este sitio antes de que Obama pusiera de moda las redes sociales, todavía se usaba Hi5 y ahí no había Fan Pages. Las redes sociales son parte de la estructura medular de este sitio web, antes la onda era compartir links con otros sitios web para que Google te posicionara mejor (el mentado SEO); ahora hay que ganarse el tráfico vía las redes sociales, si no, terminas siendo poco menos que invisible.

    El Cerebro Habla hasta la fecha no ha sido censurado, no me han tratado de callar, ni mucho menos Javier Duarte me ha mandado golpeadores. Pero tristemente cuando inicié, mi país era más democrático que el de ahora. Podía criticar a Felipe Calderón (a pesar de todas mis críticas que sostengo, comparado con el gobierno actual parece una suerte de Roosevelt) y nadie me decía nada; ahora critico a Peña Nieto y, bueno, nadie me dice nada tampoco. Pero veo muchas bocas calladas, veo a un gobierno más intolerante, espacios cerrados, personas que deben de hacer periodismo desde su propia cuenta porque los medios grandotes deben de quedar bien con el «preciso». El mundo ha cambiado bastante, cuando empecé todavía no entrábamos a la crisis mundial, de la cual parece no nos hemos recuperado por completo.

    A pesar de todo, a pesar de las crisis, de los cambios de gobierno, de la continua transformación de Internet, de la creciente importancia de las redes sociales, a pesar de todo eso, este sitio sigue vivo y coleando, y es autosustentable (la publicidad me costea el hosting del sitio y algunos miles de pesos más al año), no me hice famoso; pero las 2000 o 3000 visitas diarias hacen que yo sienta que alguien se molesta en leer lo que escribo aquí. Habrá Cerebro para rato, escribir se volvió parte de mi vida y también una curiosa forma de terapia que mantiene equilibrada a mi retorcida psique.

    Hasta aquí mi reporte Joaquín.

    -¿Ves Cerebro? ¡Pinche vendido de Televisa! Lo sabía, ¡nos estás manipulando, eres parte de toda esta mafia neoliberal que quiere controlar al mundo! 

  • Individuos parasitarios sedentarios

    Individuos parasitarios sedentarios

    Ramiro trabaja de lunes a viernes en un trabajo que no le gusta. Como muchos otros, no tiene un objetivo en su vida, no tiene sueños ni anhelos, y como necesitaba ganar dinero, buscó lo que encontró. Ciertamente, con el estado de la economía, hay emprendedores o soñadores que en algún momento de sus vidas, tienen que hacer cosas que no les gusta. Pero en el caso de Ramiro, es una persona que simplemente no sabe que hacer con su vida, a pesar de que tiene que mantener a una esposa encerrada en su casa víctima de una halitosis que ni el perfume más refinado de Francia puede ocultar, así como dos hijos, que se la pasan jugando a eso del Xbox.

    Individuos parasitarios sedentarios

    ¿Ejercicio? Para Ramiro no existe esa palabra. Después de su aburrido trabajo, compró un refresco tamaño familiar, botanas y papas para él solo. Estaba angustiado porque México se jugaría su pase al mundial ante Costa Rica. Ramiro se postra en el sillón dispuesto a ver tan emocionante partido, con su tazón lleno de papas con limón, salsa picante, y quien sabe que más, en su panza, que le acarrea una obesidad mórbida. Son 50 kilos de sobrepeso, pero el cree verse como un «gordito bonachón», así que no hay tanto problema.

    La esposa histérica termina por sentarse en el otro sillón a preguntarle los pormenores del partido de un deporte que ignora. -Ramiro ¿Por qué demonios el árbitro pita algo cuando el Chicharito recibió solo la pelota hasta adelante?- Ramiro, de tan solo 45 años responde -¡A ver vieja! ¿Cuántas veces no te he tratado de explicar que es el fuera de lugar?-. Mientras eso sucede, y lo cual se repite todos los fines de semana, con los partidos del América, con el futbol americano, con programas como Sabadazo, o la película de la tarde, en otro cuarto se encuentran sus dos obesos hijos. ¡Están jugando futbol!, pero en una consola de videojuegos. Sin hablar mucho entre ellos dos, se disponen a jugar una ¡reta de fifas! Los dos de alguna manera sueñan o les gustaría ser futbolistas, pero ¡no juegan futbol con los pies, sino con el control remoto!.

    Ramiro está tranquilo con la situación porque los niños no lo van a molestar. Ya es demasiado con la esposa preguntona, como para que los infantes hagan cuestionamientos sobre el reglamento del futbol. Ignora que en la Reforma Hacendaria, sus litros de coca serán gravados con más impuestos. De hecho ni se dará cuenta, porque su adicción a la Coca Cola, hace que en su caso, esta tenga una demanda totalmente inelástica e incluso deje de comprar productos básicos para seguir consumiéndola.

    Ramiro tose mucho (fuma), no lee, y cuando maneja en su automóvil, le mienta la madre a quien se le cruce enfrente. Se queja del gobierno, todo el día critica a Peña Nieto aunque bien a bien no conoce sus políticas, a López Obrador le llama parásito, y critica a esos jóvenes que se juntan para oponerse a una ley, que van a entregar una propuesta al congreso, o se enoja porque construirán una ciclovía. Espera mucho de los demás, espera que todos le resuelvan todos sus problemas, y de hecho, cree que el gobierno debe tener el monopolio del quehacer público.

    ¿Cuánto ejercicio hace Ramiro? Absolutamente nada. Incluso busca caminar lo menos posible porque su sobrepeso le provocó un malestar en la pierna izquierda. Menos uno esperará que tome una maestría, que se esté capacitando, como si eso del destino existiera. Los amigos de Ramiro son parecidos a él, se juntan a ver «el fut», a mentar madres al árbitro, y debatir desde una perspectiva filosófica influenciada en el Deviatán de Hobbes o en los Diálogos de Platón, sobre el por qué no funciona bien la selección mexicana de futbol.

    Un día, su esposa, con su tremebundo sobrepeso, sube las escaleras de su casa para encontrarse con el intempestivo y doloroso hecho de que Ramiro ha muerto por un infarto debido a su obesidad mórbida. Su esposa se pregunta por qué le tuvo que pasar a él. Se recuesta en su cadáver y se pone a llorar. Sus hijos obesos lloran abrazados, ¿Quién les comprará el nuevo xbox? ¿Quién les traerá helados, refrescos, botanas? Mientras afuera en la calle se oyen los pedaleos de las bicicletas estrenadas en su nuevo espacio público, la esposa observa la huella de sus pies impresas en la alfombra a causa del tiempo prolongado de su estancia en el sillón, y se da cuenta que esa será la única huella que deje.

    Mientras tanto, la pantalla de la TV se apaga por el intensivo uso, aunque el audio se conserva y se alcanza a escuchar al comentarista Christian Martinolli: -No puede ser, infame, Nueva Zelanda nos ha echado del mundial, ¿De qué se van a disfrazar? Esto es un fracasototote, es una infamia, una vergüenza, el Chicharito fracasó-

  • El pasivista

    El pasivista

    Mucho se habla de los activistas. Mucho se les relaciona con los manifestantes, aunque en realidad son sólo una parte, una pequeña porción. Un activista es alguien que hace más que trabajar y pagar impuestos (deduciendo lo más posible) como ciudadano. El activista se involucra y busca mejoras en la sociedad, hay de diferentes colores y sabores, puede ser desde alguien que hace un reclamo al gobierno, hasta una persona que ayuda a niños con cáncer, que lucha por mejorar la movilidad urbana, es más, hasta una persona que ayuda voluntariamente al Teletón en un CRIT lo es, etcétera.

    El pasivista

    Pero ahora no voy a hablar del activista, voy a hablar de su opuesto, del pasivista. Un término que me tuve que crear, pero que describe a millones de personas:

    En una comida en una colonia de clase media del DF. Pondré la Colonia del Valle, que está muy cerca del Nagaoka, un restaurante japonés que amé (aunque en realidad creo que está en la Nápoles, al otro lado de Insurgentes):

    Padre: -Maldito Peña Nieto que ni un libro sabe leer, por su culpa estoy pagando más gasolina. Con él estamos peor, por eso México no avanza y está mal la situación, ¿Tú que vas a hacer hijo?

    Hijo: -Me voy a organizar con unos amigos en la noche porque queremos juntarnos y presentar una propuesta educativa al Gobierno-.

    Padre: -¿Qué? ¿Estás loco? ¡Mejor ponte a trabajar! ¡Eso es trabajo del Gobierno, para eso les pagamos! No andes haciendo vagancias ni molestando a los políticos ¡Por favor!

    El pasivista es aquella persona que se la pasa quejándose del gobierno, de la situación, de las crisis económicas, de lo mal que está el país, pero que sin embargo no hace nada ni pone un grano de arena para que las cosas sean diferentes, y cree que ha cumplido como ciudadano por trabajar, pagar impuestos e ir a votar cada 3 años.

    El pasivista desdeña a los activistas, a algunos los critica directamente, como a los manifestantes a los cuales arremete con el claxon de su auto; a otros, que trabajan en otras actividades altruístas, los juzga en privado aunque en público los reconozca con un muy tímido aplauso. Las asociaciones civiles para él, son organizaciones compuestas de personas con mucho tiempo libre (aunque él malgaste el suyo). El pasivista se queja de los problemas de su colonia, pero no participa con su asociación de colonos porque es una pérdida del tiempo, y afirma que los problemas de esta son responsabilidad del gobierno.

    El pasivista es intolerante, no está dispuesto a ceder con el fin de buscar un fin en común, gusta mucho de estar en su zona de confort, término que en realidad está en duda, porque está acostumbrado a quejarse de todo. Al pasivista solo le interesa estar bien él. El pasivista estará en contra de la construcción de una ciclovía, porque implica que durante un mes, tenga que tomar una ruta alterna ¡de dos cuadras! Al pasivista no le importa estacionarse invadiendo una banqueta, aunque se queja de la corrupción del gobierno; no le importa afectar a los demás, pero le afecta que lo molesten a él, le molesta pagar impuestos (porque todo lo usan para robar, dice), se queja de la inseguridad. Puede pedir pena de muerte a todos los criminales, y rogarle a la vez al agente vial que le condone la multa mediante una mordida. Culpa a las estrategias gubernamentales de seguridad, pero si los vecinos lo invitan a organizarse para combatirla, les dice que no tiene tiempo y que lo dejen en paz.

    El pasivista puede utilizar argumentos derechistas o izquierdistas para justificar su postura. ¡La culpa es de todos los que detentan el poder, el gobierno debería hacer algo! ¡El gobierno no debe de intervenir en la economía, es más, no debería cobrar impuestos! ¡El gobierno me roba! ¿Por qué yo no? ¡No es que quiera hacer chapuza, pero entiende que hay mucha desigualdad! ¡así son los negocios, es la economía de mercado!

    En México activistas hay pocos, y pasivistas mucho. Lo paradójico, es que muchas veces, estos últimos son los que se quejan más de como está la situación.

  • Pasos en el Infierno

    Camino al InfiernoPasos retumban a las espaldas de aquella mujer que, asustada, acelera su paso; el reloj en su muñeca tiene a la manecilla pequeña apuntando al 9, a la larga señalando el 12 y a la delgada recorriendo el 3, sin embargo, el Sol ya se ha ocultado… El contrato de aquella dama manifiesta con claridad que su horario de trabajo abarca 8 horas, de las 10 de la mañana a las 6 de la tarde, mas aquel viernes se vio forzada a trabajar dos horas extra; sin paga claro esta: Algunos errores en los papeleos del jefe de sector causaron un problema mayúsculo en la empresa. A ella, como secretaria de la oficina de relaciones interiores, no le correspondía arreglar ese dilema, pero claro, tampoco  tendría que ampliar su jornada laboral sin ninguna recompensa; hay que decirlo; autoridades prepotentes nunca faltan:

    -Todos, en algún momento, debemos sacrificarnos por la compañía señorita; hoy por mí, mañana por usted- dijo su patrón antes de marcharse a su casa…

    El edificio donde la femenina  trabaja está ubicado sobre una gran avenida; a un costado se encuentra un supermercado perteneciente a una de las tantas cadenas extranjeras que acaparan el marcado nacional. Al otro lado, un  lote baldío, delimitado por una gran cerca metálica que se cae a pedazos, se encuentra invadido por pastos crecidos en los que reposan los grillos para hacer su sonido habitual… Aquella zona es transitada en el día, pero, al caer la noche, no queda más que rezar a tu Dios para no ser asaltado o, en el peor de los casos, secuestrado…

    El corazón de la joven de 30 años se agita cuando la marcha del sujeto a su espalda aumenta… No, no es miedo ya lo que hay en la cabeza de la trabajadora; es el terror lo que la ha dominado; ¿qué hacer si aquel bastardo no se conforma con su bolso?… ¿qué otra cosa le puede quitar?…

    -¡Maldita cuidad!, ¡maldita jungla- se lamenta la mujer mientras deja escapar una lagrima llena de angustia por su ojo derecho;   tiene razón; en este monstruo que llamamos capital la delincuencia nos ha quitado más que algunos celulares, carteras y demás pertenencias; nos a quitado nuestra libertad y ha hecho del temor una cosa  del diario; en cualquier autobús te pueden asaltar y en cualquier calle secuestrar… ya nadie es confiable…

    El pulgar y el índice derechos juegan con la cruz que la muchacha trae colgando en el cuello:

    -Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos el pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en tentación, líbranos de todo mal… amén- son las palabras que repite con desesperación la indefensa dama al mismo tiempo que más lágrimas escapan de sus ojos; su mente empieza a correr, a jugar… a torturarla; como pedradas iracundas imágenes terribles golpean su mente, no pude pararlas; degradación, violencia, sangre, risas, súplicas, llanto, desesperación, dolor, ira e impotencia es lo que abunda en que aquellos escenarios… la persona que camina detrás ya casi la alcanza; antes eran unos 10 pasos, pero ahora son menos de tres; la hora se acerca, la mujer cierra sus ojos mientras gotas de sudor recorren su rostro; quiere desaparecer, quiere morir…

    -¡Corre!, ¡corre!- se ordena en silencio, pero ya es demasiado tarde…

    -Disculpe- es lo que le dice un hombre de edad avanzada que cargaba un portafolio antes de seguir su camino… Hoy se ha salvado, bien por ella, ahora le falta sobrevivir el resto de sus días…

    Todavía paralizada la joven  le hace la parada a un taxi… esperemos que llegue con bien a su hogar…

    ¿Qué fue todo esto?, sólo una historia, no muy aterradora, del infierno…

  • Quiero tener sexo

    Verónica estaba postrada sobre una cama mientras Jorge estaba completamente listo para realizar el acto, tenía que insertar el pene dentro de la vagina de Verónica. Ella tenía 19 años y el tenía 22, era su primera vez y ambos dentro de sí concordaban en que estaban llegando tarde a su primer acto sexual. Entre los rumores, dires y diretes de sus compañeros de escuela se decía que los 16 años era la edad perfecta para perder aquella inocencia, que los convertiría de niños a hombres, de niñas a todas unas mujeres. ¿Como habían llegado Verónica y Jorge hasta ahí?. Tenían 3 meses de noviazgo. Él desde un principio estaba apresurado en tener relaciones con una mujer, de cierta forma quería a Verónica, pero también es cierto que quería tener relaciones sexuales y ella era el pretexto para hacerlo. Por su parte Verónica estaba enamorada de él, de su masculinidad, de su seguridad, de su forma de ser, de su caballerosidad y en realidad no estaba forzada a tener relaciones con él, ella estaba deseosa de hacerlo. Pero había un pequeño problema, ella la deseaba a él, quería entregarse a él, en un acto sexual pleno, mientras que el no lo veía así. Verónica era atractiva físicamente para él y estaba deseoso de acostarse con ella, era todo un reto.

    Mientras realizaban el acto sexual, emanaban sensaciones muy diferentes a las dos cabezas que lo llevaban a cabo. Verónica se sentía realizada, entregada, sentía orgullo de poder estar con un hombre como Jorge, se sentía mujer, se sentía querida, amada. Pero Jorge pensaba un poco distinto, el pensaba en el placer por el placer que le traía la práctica del sexo, la fricción de su aparato genital contra el de Verónica le provocaba un placer inmenso, se sentía orgulloso porque había logrado acostarse con una de las mujeres más bonitas del salón. Es cierto, Jorge de cierta forma la quería, pero el amor que el sentía por ella quedaba en segundo plano, el sexo era lo importante.

    Después de aquella ocasión en que ambos se entregaron, las cosas no marcharon igual. En la cabeza de Verónica solo cabía Jorge. En la cabeza de Jorge solo cabía ¡quiero tener sexo!, ¡quiero más!. Los dos se habían vuelto adictos, se frecuentaban una que otra vez para repetir el acto, pero lamentablemente para Verónica, ella si era reemplazable, Jorge no. Jorge era lo único que había en la vida de Verónica y deseaba estar con él. Hubo en momento en que la esperada ruptura se dió. Jorge optó por buscar nuevas aventuras porque el acto sexual con Verónica ya había dejado de satisfacerle y Verónica quedó desconsolada, angustiada, no se había dado cuenta que ella no era la prioridad en Jorge, sino su cuerpo. Ese cuerpo maleable, re-utilizable, tírese y vuélvase a usar, cámbiese a una mejor opción. Jorge quería más y estaba dispuesto a hacer lo que fuera por lograrlo, Verónica solo quería a Jorge.

    La historia es de lo más trillada pero es de lo más común. Porque a nivel sentimental-genético así responden los cuerpos de ambos sexos. Los hombres somos más genitales, las mujeres son más sentimentales. Lamentablemente en el acto quien muchas veces sale más lastimada es la mujer, es la que se termina sintiendo más utilizada, y esto del sexo es difícil porque entran una serie de presiones individuales, sociales, espirituales, de pareja, y cuando no se pone en claro, sobre la mesa las prioridades de cada quien al tener sexo, alguien puede salir lastimado.

    Que artículo tan creepy acabo de escribir, pero ¡quiero tener sexo!.

  • Cerebro no es objetivo

    Otra vez dos entradas al día caray (es que es día de asueto). Hoy es día de la constitución que tanto pisoteamos, en especial ese artículo que dice que todo mexicano tiene derecho a la libertad de expresión (más bien ya fué, pero el día de asueto es hoy).

    Hoy creo que este blog pasa a otro plano. Ya adquiere más relevancia. Tiene un promedio de 500 a 600 visitas diarias. Lleva 216,000 visitas acumuladas a hoy 7 de Febrero de 2011. Parece que ya ha dejado de ser un juego amateur y el arte de escribir en este blog tiene más importancia y mi pluma (o mi teclado) es más vista al menos en el mundo del Internet. Mi pagerank sube a 3 (se refiere a la relevancia que tiene mi sitio en Google), mi ranking en Alexa dice que es una de las 600,000 páginas más vistas (bueno, todavía falta mucho), mis artículos son publicados en www.squina.com.mx un diario deportivo, y pronto estaré colaborando para un diario en Colima (pronto les tendré noticias de esto).

    Por todo esto debo de hacer una aclaración. Si todos pensaban que en este sitio reinaba la objetividad, están totalmente equivocados. Cerebro no es objetivo. Busco ser coherente con mis ideas, honesto, digo lo que pienso, pero ¿saben qué?. Leyendo articulistas en los periódicos, me doy cuenta que no se puede ser objetivo. Todos estamos condicionados por nuestras creencias, por nuestras percepciones, por nuestra cultura y por nuestra historia de vida. Cada persona que escribe tiene su línea, y así como todos los escritores (conocidos y no conocidos) que existen en México y en todo el mundo la tienen, yo la tengo. Nadie tiene la verdad absoluta y por lo tanto no esperen que lo que yo escriba vaya a ser la verdad, yo solo opino lo que se me venga en gana y punto.

    Por esto es normal que ustedes, queridos lectores que han decidido desenajenarse de la TV y venir a Internet a buscar información, discrepen conmigo. En este blog me han tachado de muchas cosas: De izquierdista, que me informo en los programas del establishment como el noticiero de López Dóriga o Tercer Grado, que soy neoliberal, que no sé de historia de México, que soy un mocho ultraconservador a ultranza, que muy en el fondo de mí adoro a López Obrador, que no entiendo a los pobres, que critico a los ricos, que si soy el gato del PAN, en fin. De hecho agradezco todas las «etiquetas» tan disimíles entre sí. Y lo entiendo porque todo depende de la perspectiva desde la cual miren mis aportaciones.

    Es curioso, pero yo tengo una manera de pensar rara, no estoy casado con ninguna ideología, sino que he tomado lo que me parece coherente de cada una de las diferentes corrientes de pensamiento y las he adaptado a mi forma de pensar. Creo que en las ideologías no existe una verdad absoluta y por lo tanto he buscado crear la mía. Llámenle como quieran, pero si están empeñados en aprender el «Cerebrismo», les tengo malas noticias. Mi forma de pensar puede cambiar con el tiempo. Mientras uno crece va eliminando cosas de su forma de pensar y va agregando otras. Así que no me vengan a preguntar que por qué hay una contradicción entre un artículo que escribí hace 1 día y otro que escribí hace 3 años.

    Si quieren objetividad, busquen varios puntos de vista en diferentes medios y lleguen a su propia conclusión (aún así, tal vez no lleguen a la «verdad»). Yo no estoy aquí para satisfacer a mis lectores diciéndoles lo que quieren escuchar, craso error. Lo que hago es opinar lo que me venga en gana, para que los lectores generen debate y así podamos retroalimentarnos. A mí no me molesta que discrepen conmigo, por el contrario me gusta. Prefiero gente que me ponga en tela de juicio, a seguidores que me digan «Cerebro, te admiro, me encanta lo que dices».

    Quería aclarar esto antes de que me juzguen de ser poco objetivo. Es que caramba, no puedo ser objetivo. Yo digo lo que pienso y punto. De los lectores que comentan a diario ya los tengo clasificados en el espectro ideológico derecha-izquierda y ya se de donde viene cada comentario, espero que ustedes hagan lo mismo conmigo, clasifíquenme, táchenme de algo y no me bajen de eso. No soy ningún lider mesiánico que quiere imponer la verdad a todos los demás y pensar que cualquier discrepancia «ej parte de un compló». Soy un simple ser humano que les quiere compartir lo que pienso.

    ¿Estamos?.

  • Svetlana

    Hola Svetlana.

    Recuerdo el día en que te conocí. Eras una persona hermosa, algo tímida, retraída, inteligente. Cuando te ví por primera vez, me di cuenta que tu eras una persona excepcional. Lo decían tus palabras, lo decían tus poemas, lo decían tus pinturas, sobre todo esa obra de arte azul que se postraba sobre tu recámara. Tú no eras como las demás personas, eras diferente, y eso era algo que me atraía sobremanera. Creía que podías hacer algo por el mundo, y yo tenía confianza en que tu podías cambiarlo. Parecía ser que eras una de esas personas destinadas a hacer algo por la sociedad, por la naturaleza, por el mundo. Tenías un talento innato del cual muchas personas carecían, un talento que tal vez no era muy valorado porque los demás no sabían de que se trataba, porque no lo podían vivir en carne propia.

    Yo recuerdo que a veces tendías a ser solitaria, que no te encontrabas con el mundo. Antes, cuando sentías que las demás personas no te entendían, platicabas con los arboles, con los arbustos, con los pájaros, buscando alguien que te comprendiera y que aceptara tu forma de ser; era nada más cuestión de paciencia y sabiduría para que encontraras a personas, que como tú, estuvieran dispuestas a cambiar el mundo; a personas que pensaran diferente; a personas que tuvieran los talentos innatos como el que tu poseés. Pero en algún momento de tu vida, quisiste encontrar las respuestas de tu desolación en el mundo de los seres comunes y corrientes.

    Te asomaste y te encontraste con las masas. Te empezaste a rodear de personas que buscaban fama y poder. De personas que fornicaban sin sentir nada más que un mediocre orgasmo, que iba disminuyendo amante tras amante. De personas que buscaban sentirse importantes, que buscaban sentir placer, sin ningún rumbo, sin ninguna visión. Ellos son los que no querían cambiarlo todo como tu querías, ellos son los que se conformaban con las cosas como estaban, sin preguntarse los por qués de la vida, no se preguntaban si las gotas de agua provenían de las nubes o si el oxígeno les ofrecía la vida a los seres vivos. Ellos simplemente buscaban disfrutar, hacerse de un nombre, ser reconocidos sin importar si su vida se está pudriendo por dentro.

    Y hubo un momento Svetlana, en que sucumbiste ante los placeres de la mediocridad del mundo común y corriente. ¿Pero como una persona excepcional como tú podía encajar en ese mundo masificado, estandarizado, insípido y estereotipado de las mayorías?. Decidiste convertirte en una persona común y corriente. Extirpaste toda tu excepcionalidad de tu hermoso cuerpo y la tiraste a la hoguera para que nadie la pudiera ver, te avergonzaste de tus virtudes y exhaltaste tus defectos. Antes anhelabas hacer el amor con él, deseabas una noche de ternura y pasión. Pero en lugar de eso solo obtuviste una simple fricción genital insípida que sabía a lo mismo con todas las personas, porque todas eran iguales, todas eran parte de la masa.

    Cortaste las alas con las que podías volar para que nadie las viera, quemaste tu colorido plumaje para que no fueras a sobresalir en la multitud. Porque el que sobresale dentro las masas, lo tiene que hacer sin dejar de ser un ente mediocre, pero el que logra sobresalir fuera de ellas, tiene que ser diferente a ellas, tiene que portar diferente plumaje al que todo el mundo quiere portar. Todo aquello que era valioso en tí, lo vendiste al mejor postor. Tu hermoso cuadro azul lo vendiste como material chatarra por un puñado de frijoles rancios, tus hermosos poemas los usaste para sonarte mientras llorabas porque sentías que a pesar de todos los esfuerzos que habías hecho, sentías que no terminabas de encajar en la sociedad.

    ¿Ahora quien eres Svetlana?. Ni tu misma lo sabes. Ahora te averguenzas de tu ser, de quien eras antes; pero en el fondo también te averguenzas de quien te has convertido. Haz decidido pasar de ser un solitario diamante, a uno de tantos trozos de carbon inerte quemados que pululan por cualquier lugar de un bosque que antes floreció y que terminó sucumbiendo en llamas. Ahora eres todos pero no eres nadie Svetlana. Elegiste el camino fácil, pero en realidad te perdiste, no conoces ni siquiera la textura del suelo que estás pisando.

    Yo por eso te dejo Svetlana. Ayer fuiste una persona excepcional, ahora eres cualquier cosa excepto tú.