Categoría: textos personales

  • ¿Por qué no te quieres vacunar?

    ¿Por qué no te quieres vacunar?

    ¿Por qué no te quieres vacunar?

    Mucho se ha hablado sobre las deficientes políticas del gobierno para contener la pandemia o sobre la irresponsabilidad de muchas personas. ¡Lo bueno es que ya vienen las vacunas! Algunos dicen aliviados, pero de aquí surge otro problema que puede ser determinante y que puede marcar una gran diferencia entre el número de muertes por el Covid.

    Resulta que muchas personas no se quieren vacunar. Nos dicen que son muy escépticos a las farmacéuticas y a las élites de poder. ¡Podría haber gato encerrado! ¡Quieren manipularnos! Hablan de supuestos órdenes mundiales, de Bill Gates, de chips y hasta de fetos abortados.

    Días después ven una nota en redes sociales que confirman su postura: resulta que un médico que se vacunó desarrolló síntomas graves: ¿ves? Te dije, hay gato encerrado. ¡Te dije y una y otra vez que no tenía sentido que una vacuna saliera tan rápido!

    Pero ello no es más que un sesgo cognitivo. No es lo mismo un caso específico publicitado en los medios que muchos casos que no son cubiertos (básicamente, porque los medios no se van a poner, por poner un ejemplo, a sacar una plana por cada muerte del Covid).

    Estadísticamente, vacunarse contra el Covid es «mucho menos peligroso» que no vacunarse contra el Covid. Una persona que no está vacunada tiene posibilidades mucho más altas de morir o tener un cuadro grave que el que tiene una persona por recibir la vacuna. ¿Cuántas muertes por Covid o cuántos cuadros graves se desarrollan mientras lees una nota de un doctor que tiene una sintomatología grave a causa de la vacuna en México o en alguna parte del mundo? En México se han administrado 25,000 vacunas y de estas solo se ha reportado un caso grave. Mientras tanto, ha habido casi 25 muertes por cada 25,000 personas (con base en cifras oficiales que, como sabemos, tiene un subreporte de muertes).

    Esto ya es argumento suficiente y necesario para vacunarse. Es más, es menos peligroso vacunarse que manejar un coche o salir a andar en bicicleta. Ahí hay más probabilidades de fallecer que recibiendo una vacuna.

    Los «escépticos» de las vacunas también insisten en que la vacuna salió muy rápido, que ahí hay «gato encerrado». Pero difícilmente te sabrán explicar cómo es que se desarrolla una vacuna.

    Explicaciones explicar la rapidez del desarrollo de la vacuna abundan. Una de las razones por las que la vacuna salió en menos de un año es que las investigaciones no comenzaron desde cero. Había ya mucho camino recorrido gracias a los «hermanos» del Covid, el SARS y el MERS.

    Otra de las razones es que, dado los estragos que causa la pandemia, había demasiado interés en tener una vacuna. Sí, los intereses económicos de «los poderosos» están alineados con los intereses de la población en general. A todos, a la farmacéutica malévola, al gobierno, a ti y a mí nos conviene tener la vacuna.

    Los sospechosistas nos quieren convencer de que «algo nos están queriendo ocultar», pero no saben bien qué o cómo: nos dicen que el virus fue creado en un laboratorio para contagiarnos y hacer dinero con ello. Pero eso es un absurdo porque la pandemia no ha hecho más que golpear a muchos sectores económicos. Muchas transnacionales han visto pérdidas en sus cuentas producto de la reducción del consumo producto de la pandemia.

    Pero así como no pueden explicarnos cómo es que se desarrolla una vacuna o cómo funciona, tampoco pueden explicarnos bien en qué consiste esta conspiración. Y lo preocupante es que este «escepticismo» solo va a traer consecuencias adversas a la población en general.

    La sana duda y el escepticismo son válidos, pero para eso se investiga, no se supone. Cualquier persona sensata que haga un esfuerzo en investigar se dará cuenta que gran parte del miedo a las vacunas no tiene fundamento alguno.

  • Mi maestría y ¿qué va a pasar con El Cerebro Habla?

    Mi maestría y ¿qué va a pasar con El Cerebro Habla?

    Como algunos de ustedes saben, desde principios de este mes entré a estudiar la maestría de Ciencia Política en el CIDE.

    Evidentemente, quien ha escuchado algo sobre el CIDE sabe que no es cualquier institución. La exigencia académica es muy alta.

    Estas últimas semanas han girado en torno a la maestría. Por lo general, con todas las lecturas, clases y ensayos, mi rutina empieza como a las 8:30 AM de la mañana y termina a las 10:00 PM. Algunas veces termino hasta más tarde, aunque también hay otros días son más tranquilos y puedo tener parte de la tarde libre, pero por lo general la dinámica es así.

    Los fines de semana los he tenido también un tanto ocupados. Aprovecho para leer algunas lecturas que tengo pendientes, practico un poco de matemáticas (porque sí, llevamos algo de matemáticas y cálculo), etc.

    Para mí todo esto es una experiencia muy grata. Puede parecer muy matado, pero cuando es lo que te gusta y lo que quieres, la verdad es que se disfruta. No me pesa esta rutina, la paso bien (claro, con excepción del cansancio mental en el que a veces se puede llegar a caer) y la verdad estoy aprendiendo un montón como no tienen idea.

    Pero si estoy tan ocupado, ¿qué va a pasar con este blog? ¿Este espacio va a morir?

    El Cerebro Habla va a seguir vivito y coleando. De hecho, si observan mis últimas entradas, podrán ver que subí algunas este mes. Afortunadamente he encontrado espacios para seguir publicando. Inclusive la intención es que este espacio me pueda ayudar a practicar un poco lo aprendido de tal forma que con ello pueda alimentar mis artículos de crítica política.

    Lo que sí va a pasar es que escribiré de forma más periódica. Estoy calculando que publicaré algo así como la mitad del número de artículos que venía publicando anteriormente. Es decir, si antes escribía quince artículos al mes en promedio, ahora tal vez suba siete u ocho. La carga de estudio difícilmente me dará para más.

    Así que aquí voy a seguir haciendo mis críticas políticas y sociales. Espero que con el conocimiento que adquiera en la maestría sean cada vez más refinadas.

    Gracias a mis lectoras y lectores por su comprensión.

  • El ser humano que se hace cargo de sí mismo

    El ser humano que se hace cargo de sí mismo

    El ser humano que se hace cargo de sí mismo

    Amigos, estos días he estado reflexionando seriamente.

    Me parece notorio que en nuestro país (pero es evidente que es algo que ocurre en Occidente y todo el mundo) estamos comenzando a vivir un cambio de paradigma sobre la forma en que percibimos el mundo, sobre la forma en que abordamos la moral y la ética. Las transiciones son dolorosas, y tal vez ello explique la preocupación de algunas personas.

    Me parece notorio porque, por lo general, los que todavía estamos algo jóvenes tenemos una forma de abordar la realidad de una forma distinta a la de la gente mayor. Cuando a uno le dicen que esto está prohibido porque lo dice la Iglesia o es del demonio uno no hace más que hacer una mueca de extrañamiento, incluso para alguien como yo que creció en un entorno religioso.

    No es porque crea que todo se valga. Simplemente ese tipo de razonamientos no me parece tener sentido. Si a uno le dicen que no debe tener sexo hasta el matrimonio parece que está escuchando a una reliquia parlante. Posiblemente ello explique por qué las religiones tienen menos influencia que antes.

    No es que las religiones estén mal en sí, ni que su filosofía deba ser prescindible (vaya, uno de los pilares filosóficos que Occidente es el cristianismo). Ni siquiera creo que las creencias o la fe en sí sean un problema.

    La cuestión es la manera de entender la moral, a través de normas rígidas e incuestionables que uno debe obedecer «para salvarte». Normas que, en algunos casos, pueden incluso llegar a ser incompatibles con la sociedad contemporánea dado que la moral busca regular la conducta del ser humano que se encuentra inserto en un contexto dado y, con el tiempo, el contexto se va modificando.

    La alternativa a ello no debe de ser el nihilismo, ello sometería la sociedad al caos. Tampoco se trata de una negación del caos en sí, sino de saber postrarse ante él. La alternativa más bien debería consistir en que el individuo se haga a cargo de sí mismo, que se emancipe pero no en el sentido meramente posmoderno, sino en uno donde decida hacerse responsable de sí. Ello no implicaría necesariamente esperar que la gente se desprenda de sus creencias religiosas, sino que cambie la forma de abordar la moral.

    Emanciparse no es una tarea fácil, es una libertad que conlleva una responsabilidad que el individuo antes no acostumbraba a tomar, y es aprender a conformarse como sujeto a partir de la idea más básica de la dignidad humana y el amor.

    Y ello implica una responsabilidad porque no le toca formarse una moral pasiva (una escala de valores morales que algún agente externo le entrega) sino una más bien activa, en cuya conformación él participa y de la cual él se hace responsable. No puede ser una moral arbitraria ni una moral «a conveniencia», sino una moral razonada que le exige sacrificios, autocontrol y un espíritu crítico.

    Un sujeto emancipado no diría: esto que quiero hacer está mal porque x o y lo dice o porque me voy a condenar. Tampoco diría: voy a crear el sistema que me permita hacer lo que quiera y que sea fácil. Diría más bien: voy a desarrollar un sistema que esté basado en el amor, en la moderación y en el control del instinto.

    El sujeto emancipado y que se hace a cargo de sí mismo tendrá una exigencia sobre de sí mayor: le requerirá adquirir más sabiduría, tratar de entender cómo es que funciona el mundo y los porqués de las cosas. El sujeto emancipado no renegará de forma infantil de la sabiduría filosófica e incluso religiosa, más bien tratará de entenderla, tratará de entender los porqués y, en un acto de humildad, reconocerá la sabiduría que yace bajo ella.

    El sujeto emancipado no esperará que todo se le tenga que prohibir o que le digan que no puede hacer esto simplemente porque está mal. El sujeto más bien, con base en el amor y la dignidad humana, razonará los posibles actos, se preguntará si ello le hace bien o mal a él y a los demás y asumirá las decisiones. El individuo emancipado no se arrojará al vicio ni al instinto, por el contrario, él por sí mismo logrará evitar caer en éste.

    El sujeto emancipado no desea romper las cadenas para arrojarse al vicio porque entiende que el vicio no es liberador sino opresor. Sabe que el individuo es libre cuando sabe controlarse a sí mismo, cuando sus emociones y sus impulsos no lo gobiernan, sino que él gobierna a ellos.

    Así, el sujeto emancipado es como aquella persona que ha madurado, como aquella que ya no es cuidada por alguien más, sino que ya es alguien que sabe cuidarse a sí mismo. Él es realmente libre y, por tanto, respeta la libertad de los demás.

    El sujeto emancipado ya no está atado a ninguna cadena porque ha sabido convertirse responsable de sí mismo, de sus actos y sus decisiones.

  • La interseccionalidad y la persecusión a los cristianos

    La interseccionalidad y la persecusión a los cristianos

    La interseccionalidad y la persecusión a los cristianos
    Ilustración de Leonard Beard

    La interseccionalidad es un enfoque acuñado por Kimberlé Williams Crenshaw, según el cual todo el ser humano puede tener algún privilegio que lo sitúa como un opresor o no tenerlo, lo cual lo sitúa como un ser oprimido, y de ahí se desprenden diversas categorizaciones binarias para señalar dichos privilegios: «blanco vs negro», «heterosexual vs homosexual», «rico vs pobre», «hombre vs mujer». Este enfoque es utilizado dentro de sectores radicales del feminismo y de otras causas como la lucha racial. La apuesta es deconstruir, muy a la derridiana, estas categorizaciones para acabar con dicha opresión.

    El problema de este enfoque es que asume a priori que en absolutamente todos los casos quien encuentra dentro de la condición «dominante» de esa categorización adquiere un status de privilegio. Así, la intereseccionalidad es incapaz de ver la complejidad de estas relaciones. Por ejemplo, este enfoque no tiene la capacidad de decirnos por qué Oprah Winfrey (mujer afroamericana) se encuentra en una posición más privilegiada que un hombre blanco que perdió su trabajo, de esos que votaron por Trump (y quien tiene más «privilegios» que Oprah).

    La interseccionalidad también opera dentro del terreno religioso. Se considera que en Occidente la religión dominante es el cristianismo, de lo que se desprende que mantiene una condición de opresor frente otras religiones que no son dominantes como el Islam, y que en este caso se le considera como el oprimido. Esto lleva a muchas contradicciones, en especial que un occidental no pueda criticar el machismo inherente a la religión islámica porque, al estar opinando desde su privilegio, está teniendo una actitud «islamofóbica».

    Con los lamentables atentados en Sri Lanka contra los cristianos nos podemos dar cuenta de las falencias de este enfoque. Esos cristianos no vivían en una condición de privilegio; al contrario, ello explica que hayan sido asesinados. Pero como en Occidente el cristianismo es el dominante, entonces para algunos de los defensores de este enfoque, es políticamente incorrecto defender a los cristianos que fueron producto de estos asesinatos y apelarán a los privilegios históricos del cristianismo.

    Mucho se le debe a la interseccionalidad el hecho de que en Occidente esté de moda culpar al cristianismo de todos los males (aún por los errores que sus iglesias cometieron hace ya varios siglos) porque al ser la religión dominante entonces se le considera opresora y, por el contrario, abrazan con los brazos abiertos a todos los musulmanes, simplemente porque, al ser minoritarios, se encuentran en una condición de oprimidos, pasando por alto las atrocidades que varias organizaciones islámicas (como el Estado Islámico o Al-Qaeda) han llegado a hacer, de las cuales ciertamente no son culpables la mayoría de los musulmanes, así como la mayoría de los cristianos no son culpables de los que otros han llegado a hacer.

    Criticar este enfoque no significa, de ninguna manera, negar o hacerse de la vista gorda sobre lo que los afroamericanos, los homosexuales o los pobres pueden llegar a vivir ni desconocer que muchas veces han sido oprimidos. Pero reducir una realidad compleja en categorías binarias muy rígidas solo tenderá a «tribalizar» a la sociedad, dividiéndola en dos bandos que terminarán rompiendo cualquier puente de diálogo. Esto suele ser patente incluso en algunos centros académicos de EEUU donde a un blanco no se le deja hablar por estar en su condición de privilegio.

    También es un error reducir un análisis de algo tan complejo, que debe desmenuzarse y matizarse como las relaciones humanas, a meras relaciones de opresor – oprimido. Una visión así no permitirá construir ninguna forma de jerarquía porque se asume que cualquier jerarquía implica una condición de opresor-oprimido. Por lo tanto, será imposible, desde la interseccionalidad, construir un sistema de organización humana donde toda su diversidad pueda incluir ya que terminará inevitablemente aislando a las diversas categorizaciones.

  • Reflexión en esta navidad

    Reflexión en esta navidad

    Reflexión en esta navidad

    Les quiero compartir una reflexión esta navidad:

    El fin de semana pasado tuve la oportunidad de ir con mi organización civil #MéxicoTeCalifica a entregar cenas a familias que viven en pobreza extrema. Vi esas imágenes que vemos a cada rato en los medios o desde la ventana del auto, pero estar ahí y vivirlo es otra cosa, ver la forma en que viven, platicar con ellos, es una experiencia muy diferente: familias que de verdad no tienen nada, casas de cartón y lámina que con una lluvia o una inundación pueden desaparecer. Aún así, son capaces de sonreír. Cuando llegaron las cenas y las pelotas niñas, niños, mujeres y hombres dibujaban una sonrisa en el rostro.

    Yo me pregunto cómo es que como especie humana esto nos es tan indiferente, lo tenemos en nuestras narices y lo ignoramos. Muchos «hacedores de políticas públicas» solo los conocen a través de los números pero ignoran por completo su realidad. Otros dicen que «son pobres porque quieren». Nosotros, los privilegiados, sufrimos y nos compadecemos nosotros mismos por los ajetreos de nuestra vida cuando otros, aquellos que sufren de verdad, son capaces de sonreír (a veces hasta las lágrimas) porque van a tener una deliciosa cena de navidad. Eso fue una gran lección.

    ¿Cómo es que políticos y gente con riquezas mal habidas roban para tener lujos innecesarios mientras estas familias apenas tienen algo en que sostenerse? Pero a pesar de la diametral diferencia, no estoy seguro que los primeros pasen una navidad más feliz que los segundos; en especial a quienes les llevamos (gracias a la solidaridad de mucho) un delicioso pavo, un pay y refrescos para que pasen una gran navidad. Su capacidad de asombro rebasa por mucho de el de aquellos infames que tanto dinero roban y a tantas personas traicionan para llegar a sentir algo que no queda ni remotamente cerca de lo que un niño siente cuando recibe una pelota y una cena.

    Cuando fui hace unos meses a la Cámara de Diputados donde se concentra gran parte del poder político, me di cuenta que ahí todos esperan que le hables de usted al don porque es señor importante. Esperan que todos los días, al llegar a la oficina, los saludes a todos y de usted. Tu lenguaje tiene que ser muy pulcro si no quieres recibir una mirada de desprecio. Acá no: las familias, a pesar de su dolorosa pobreza, son cálidas, te estrechan la mano para darte las gracias y los niños te desean feliz navidad.

    Porque ellos no tendrán poder político, pero tienen el poder de sacarte una sonrisa.

    Porque a pesar de que son víctimas de la injusticia, pueden reír más que los victimarios.

    Feliz navidad. 

     

  • La triste historia de un niño bueno

    La triste historia de un niño bueno

    Juan, la historia del niño bueno que vio que nada bueno le llegó

    Una buena persona no es aquella que no es capaz de hacer daño. Una buena persona es aquella que es capaz de hacer daño y decide, por convicción propia, no hacerlo.

    Juan se pregunta por qué le va mal en su vida si no le ha hecho daño a nadie. Él piensa que ha sido justo porque trata bien a los demás, intenta no meterse en problemas ni en discusiones que puedan molestar a los demás. Él intenta no participar en aquellos debates de política o religión porque considera que su postura puede molestar a alguien más. De hecho, se preocupa mucho por lo que digan los demás de él y de sus opiniones, no vaya a ser que cause alguna molestia y pueda perder (piensa él) a algún amigo.

    Juan se preocupa porque no tiene lo que quiere: le va mal con las mujeres, le va mal profesionalmente y no tiene un proyecto de vida propio porque teme, que al luchar por éste, alguien se pueda incomodar. Teme que sus padres lo vayan a criticar, que sus amigos se vayan a burlar de él y lo vayan a ver como incapaz: ¿quieres poner un negocio, tú? ¿Quieres estudiar esa carrera que no te va a dejar nada? 

    De forma inconsciente, Juan piensa que está haciendo todo bien porque hace lo que los demás esperan que haga. Es un subproducto de los paradigmas y los prejuicios de los demás. Vive en la eterna medianía, es alguien del montón, le cuesta mucho trabajo tomar riesgos pero cuando alguien lo necesita ahí siempre está.

    Y ahí está siempre porque cree que la única forma de ser apreciado por los demás es quedar bien con ellos, no se ha molestado en desarrollar una personalidad propia y atractiva porque eso implicaría pisar callos, sobre todo los de aquellas personas que podrían reaccionar de forma adversa al ver que el «pobre Juan» se está superando y me siento amenazado que alguien tan inútil, pusilánime y mosca muerta me termine superando. A Juan le da miedo eso y por ello decide seguir viviendo en la medianía. 

    Juan ayúdame con esto: claro; Juan tráeme aquello: por supuesto; Juan, ¿te importaría? Sí. Y así Juan intenta una y otra vez complacer a los demás. Cree que es bueno porque le enseñaron que la bondad consiste en no estorbar a nadie, en no molestar a los demás, en ajustarse a lo «correcto». 

    El problema para Juan es que no podemos determinar siquiera si es bueno. Una persona buena es aquella que tiene la oportunidad y, sobre todo, la capacidad de ser lo opuesto, y decide no hacerlo. Un hombre casado sólo puede decir de sí que es fiel cuando la tentación de no hacerlo se le ha postrado enfrente y la ha rechazado. Una persona honesta sólo puedo hacerlo cuando la oportunidad de corromperse o mentir se le ha presentado y ha decidido resistir a la tentación.

    A Juan, como es débil, nunca se le presentan esas oportunidades. Ninguna chica lo seducirá porque no es atractivo, no tiene siquiera pareja. Nadie tratará de corromperlo porque nadie cree que pueda obtener algo de él. Hasta les resultaría más rentable corromper a una piedra inerte. 

    Tal vez cuando le den algo de poder, cuando le suban un poquito la autoestima, podremos conocer quien es Juan. Y muy posiblemente no termine siendo aquel niño bueno que presumía ser. Porque muy posible el resentimiento que trae dentro, ese que se reprimió y guardó para no causar molestias, saldrá a flote.  

     

  • Conoce la nueva cara de Cerebro

    Conoce la nueva cara de Cerebro

    Lo peor que puede hacer una persona es quedarse estática en este mundo tan dinámico y cambiante. Los individuos tenemos que actualizarnos, ponernos a prueba, tanto a nosotros mismos como a nuestro orden de creencias. A veces, algo tan simple como cambiar la cara de un sitio web, va en este sentido, en llevar a este sitio un paso más allá.

    cerebronuebo

    El primer criterio para plantear este cambio son los lectores. A fin de cuentas, yo con este blog quiero comunicar algo, y creo que lo tengo que hacer de la manera más eficiente. No sólo hay que pensar en mejorar el lenguaje, la redacción, el estilo, sino la forma en que se presenta, y el rediseño del sitio va en este sentido, que ustedes quienes me han seguido, tengan una mejor experiencia de uso.

    Este cambio ya lo estaba planeando desde hace algunos meses, y de hecho el desarrollo lo comencé desde el año pasado; pero por carga de trabajo, hasta ahora tuve el tiempo para terminarlo. Esto no sólo implicó la programación del nuevo sitio, sino un arduo trabajo de investigación, buscando no sólo tendencias en sitios de éxito como blogs o periódicos digitales, sino en documentación especializada que me ayudara a desarrollar un sitio más «cómodo y amigable» para el lector. Así mismo también traté de darle una imagen acorde con lo que quiero proyectar.

    ¿Qué cambios hay en esta versión? Básicamente está mejor adaptada a dispositivos móviles (ya la mayoría del tráfico llega por este medio) para que sea más fácil su lectura. También con este nuevo sitio trato de aprovechar las bondades de estos dispositivos; por ejemplo, la posibilidad de compartir los contenidos por Whatsapp. Pero lo más importante es la usabilidad, y de esta forma maqueté el sitio para que sea más fácil acceder a la información; por ejemplo, evitando que el usuario haga tanto scroll con el mouse al hacer más compactos los elementos del sitio.

    También una de las novedades es que gracias al framework con el que he hecho la maquetación (Foundation), y su integración con WordPress (la plataforma de este sitio), se van a poder generar contenidos más dinámicos, donde por ejemplo podré usar tablas, gráficos y demás herramientas que enriquezcan los contenidos que aquí publique.

    Otra novedad en el sitio web es el «compás político» donde vas a poder conocer tu postura política de acuerdo a una serie de preguntas.

    Espero que este nuevo sitio les sea de su agrado. Por supuesto, como el sitio web es completamente nuevo, existe la posibilidad de que se encuentre un desperfecto o bug, si ves algo más, no dudes en comentármelo. Si crees que alguna cosa se puede mejorar, de la misma forma te lo agradecería. Como sucede con todas mis «nuevas versiones», siempre están susceptibles a mejorarse.

    Gracias por leerme.

     

  • Mañana es pinche lunes

    Mañana es pinche lunes

    Mañana es pinche lunes.

    El fin de semana ha llegado a su conclusión. Los 4 jinetes del apocalipsis sonarán en forma de alarma que emitirá un estridente sonido una y otra vez hasta que terminemos de estar conscientes de que estamos despiertos, y por lo tanto debemos de empezar con nuestras actividades.

    Mañana es pinche lunes

    Tengo que organizarme, volver a recordar aquello que olvidé el fin de semana (necesitaba relajarme) organizar mis ideas, los pendientes, muchos pendientes; recordar que tengo mucho trabajo y poco dinero porque uno de mis clientes se ha retrasado algunos meses con los pagos y tengo que «ir a pelearme», viene la boda de mi hermana y tengo muchos gastos, entonces la liquidez no abunda (a nadie le agrada sentir que no tiene dinero).

    Se acabó un fin de semana donde hice ejercicio, leí un libro muy interesante llamado «El Fin del Poder» de Moises Naim, fui a celebrar el cumpleaños de mi sobrino, y  claro, descansé. Ahora toca buscar a los clientes, ver con ellos los avances de los proyectos. Apurar dichos proyectos porque como no tengo liquidez, espero recibir la liquidación de estos en cuanto antes.

    Pero a pesar de todo esto, el lunes para mí no es el fin del mundo. Por el contrario, es una oportunidad.

    Cuando no te gusta lo que haces, el lunes por consiguiente se vuelve más pesado, una carga: Tengo que… tengo que… Los días hábiles y el fin de semana conforman una dicotomía de «dolor – placer». Cuando sucede eso, es que algo está mal.

    Hace unas décadas o siglos, la gran mayoría de la gente tenía que trabajar para sobrevivir, tenía que ir a la fábrica o debía ocupar puestos burocráticos a realizar labores rutinarias propias de la era industrial jerárquica y vertical idealizada por Max Weber. Bueno, técnicamente en el mundo todavía son mayoría quienes trabajan para sobrevivir. Pero nosotros somos parte de una clase media con la suficiente capacidad de construir un proyecto de vida, de tal forma que nuestro trabajo no debería de ser una cuestión de supervivencia sino de superación personal y autorrealización.

    Claro, no es un parque de diversiones, el estrés está ahí, los clientes, los trabajos que tengo que entregar, mi futuro, la agencia que tuve que posponer por un tiempo o si quiero estudiar una maestría y todavía no sé de que. Pero cuando tu trabajo forma parte de un proyecto de vida, los lunes no pesan tanto. La semana ya no es una dicotomía de «dolor – placer», sino de «esfuerzo – reposo». Es decir, uno utiliza la mayor parte de las energías entre semana y en el fin se busca descansar el cuerpo y mente por medio de actividades lúdicas que no requieren tanto esfuerzo físico e intelectual.

    Entonces, si te encabronan los lunes, pregúntate si el trabajo donde estás de verdad te llena, si forma parte de tu proyecto de vida. Y si no es así, posiblemente requieras un cambio. Tu encabronamiento con los lunes es directamente proporcional a la satisfacción que tienes con tu trabajo. ¡Recuérdalo!