Fue el martes cuando entró Jova a Colima. Después de haber bajado de categoría 4 a 2 y de desviarse ligeramente hacia el norte, los colimenses esperábamos que su llegada a Colima fuera relativamente pacífica. Se podían prever vientos y lluvia, por supuesto, aumento del caudal en los ríos y fuertes marejadas, pero la realidad fue muy distinta.
Por encontrarme fuera del estado no me tocó vivir en persona la pesadilla del martes, pero pronto pude darme cuenta de la situación que imperaba en Colima gracias a las fotografías, videos y reportes con los que se iban actualizando las redes sociales. Fue impresionante ver la cantidad de agua chocolatosa que corría por las calles; el mar embravecido golpeando furioso las paredes de los restaurantes; carreteras cubiertas de escombros por los derrumbes, o trozos desaparecidos en algunas rutas; puentes destruidos y autos sumergidos. Un desastre absoluto.
La destrucción fue más visible al día siguiente, cuando el agua comenzó a ceder dejando al descubierto la magnitud de la misma y los números de damnificados comenzaron a ascender exponencialmente, en lo que seguramente es el mayor desastre que ha vivido esta entidad desde el terremoto de 2003.
La naturaleza es cambiante y caprichosa, a la cual toda la humanidad está expuesta, pero no es completamente impredecible, menos con la tecnología con la que contamos actualmente. Cada localidad tiene sus propias plagas que la golpean consecutivamente; en Colima las dos fuerzas mayores a las que somos susceptibles son los sismos y huracanes. La lógica diría entonces que cada edificación debería de adecuarse a estas circunstancias para que los daños sufridos sean menos y mínimos. Pero aunque la madre naturaleza opera con cierta lógica, nuestras autoridades no lo hacen, cayendo en un desdén negligente que pone en peligro a la ciudadanía entera.
Un ejemplo es el de los puentes. No es explicable y menos justificable que éstos estuvieran sucios y obstruidos en plena temporada de lluvias y de ciclones, ni que la construcción del desaparecido paso en avenida De los Maestros se hubiera programado para esta época. ¿Por qué no levantarlo durante el tiempo de secas? Se podrán dar y fabricar versiones diciendo que esta edificación ayudó a que la Clínica del IMSS no se inundara, y muchas más para evitar la queja social, pero si en realidad este paso apenas se estaba construyendo ¿cómo entonces disminuyó los efectos del huracán?
Claro que no todo pudo ser evitado, sería injusto querer afirmar esto, pero aquellas situaciones que sí pudieron serlo y no fueron impedidas hablan del egoísmo de nuestros representantes populares, quienes por centrarse en sus carreras políticas aprueban obras públicas sin un riguroso estudio previo, o por estar atendiendo asuntos personales descuidan a una población entera en vísperas de un importante fenómeno natural.
Puedo entender la alegría que significa la llegada de un nuevo integrante a la familia, pero no me cabe en la cabeza que un mandatario (ojo con la palabra, significa que trabaja para la ciudadanía) se desaparezca por varios días cuando había dos huracanes viajando en dirección a nuestras costas. No sé cuánto duró el parto de su hija, pero segura estoy de que fueron sólo horas, sin embargo, el gobernador se ausentó durante varios días, descuidando además un compromiso local y otro nacional. Me cuesta trabajo enternecerme con la venida de su nieto cuando existen tantas familias que lo perdieron todo, lo cual pudo haberse evitado.
No me trago tampoco el irónico llamado a no lucrar políticamente con esta tragedia, cuando esto se ha convertido ya en una tradición en México de parte de todos los políticos. ¡Vaya!, me parece que quienes insisten en ello ni siquiera reconocen lo que significa, pues desde siempre, cada declaración, cada acción, las hacen desde la bandera de un partido político, desde un nombre, desde una fotografía. Las ansias por permanecer en el poder siguen siendo más grandes que la empatía que puedan sentir por sus votantes.
Quien en verdad parece no haber tenido intenciones de lucrar con el dolor ajeno fue el presidente Felipe Calderón, a quien le tomó varios días el decidirse a venir a dar su apoyo a las personas afectadas, pero estuvo puntual en la inauguración de los Juegos Panamericanos, en una ciudad a tan sólo un par de horas de la nuestra. Sus prioridades quedaron ahí claras; de cualquier forma, Colima sólo representa una ínfima cantidad de votos.
Ya había hablado en anteriores ocasiones sobre el mito del chico bueno, donde mucha gente cree que por el solo hecho de ser bueno y «echarle ganas» iba a triunfar en la vida, como si esta se encargara de hacer justicia y colocar en las mejores posiciones del escalafón humano a los hombres buenos y a los hombres trabajadores. Esto me trae un recuerdo, hace unos años acompañé a mi madre a una tienda donde surten ropa al mayoreo (porque ella se encarga de venderla al menudeo) y me dijo que el «chalán» le causaba admiración, porque era una persona que siempre estaba dispuesta a trabajar duro y nunca dejaba de expresar una sonrisa a toda persona que le pidiera un favor. Se veía que era una persona positiva, enérgica, trabajadora, iba de aquí pa allá, pero a pesar de todo, era el chalán, era el que tenía el puesto más bajo en la empresa de ropa.
Hace unos días murió Steve Jobs, en Internet se vivió una especie de idolatría desmedida hacia este personaje de Apple, que, es cierto, realizó muchas innovaciones, pero como suele suceder, en algunos casos la pasión se desbordó. Era cuestión de días para que también empezaran a salir sus detractores, como el polémico
Escrito por Alquedrez:
El Internet afortunadamente nos trajo a la sociedad una forma de compartir información, sin tener que depender de los medios de comunicación «monolíticos«. Sobre todo en su versión 2.0, cuando aparecieron los Blogs, Twitter y demás redes sociales que ya todos conocemos. Después del éxito de Obama que basó su campaña en estas, todas las celebridades, sean políticos, artistas, columnistas, etc. Han querido incursionar en este medio para sentir un sentimiento de cercanía con la gente. Quisieron entrar en la conversación.
Relata la antropóloga Françoise Héritier, en su libro Masculino/Femenino II, disolviendo la jerarquía, cómo se dio en la antigüedad la apropiación de la sexualidad femenina. En los orígenes, los hombres se maravillaron de la capacidad de las mujeres, no sólo de reproducirse a ellas mismas, a lo igual, sino también a lo diferente, a los hombres, por lo que consideraron necesario apropiarse de aquel extraño bien para poder asegurar su trascendencia. Más tarde, comenzaron a observar que una mujer no podía reproducirse sin antes haber tenido contacto sexual con un hombre, y que el producto de su embarazo tendría rasgos físicos que recordaban a aquél, por lo que infirieron que, aun cuando en ella se hubiera gestado aquel nuevo individuo, éste no le pertenecía, pues había sido puesto ahí por su divinidad o sus ancestros, siendo ella sólo el recipiente del mismo. Nace así la mujer-receptáculo, cuyo contenido cobra una importancia capaz de nulificar su voluntad.
Hace mucho que no había escuchado de un fenómeno tan impactante como Justin Bieber, había escuchado de él desde hace tiempo pero no me había molestado en escuchar alguna de sus canciones, pero decidí analizarlo un poco al percatarme del grado de fanatismo que existe por el joven canadiense. Este joven ha causado tanto ruido como el que causaron Los Beatles, Michael Jackson o Madonna, pero al ver su música no vi nada en especial en ella, el chico canta bien en general, pero tampoco tiene una voz destacable, y la música no es diferente de las tendencias que se han manejado últimamente en el decaído pop.