Categoría: temas polémicos

  • El absurdo de Miss Universo

    El absurdo de Miss Universo

    Miss Colombia seguramente se encontrará muy triste, por algunos minutos había acariciado la gloria. El conductor del programa no leyó bien la tarjeta y pidió disculpas, pero el daño estaba hecho.

    El absurdo de Miss Universo

    Pero la belleza es un accidente.

    Así como lo digo, la belleza en su mayor parte viene dada por la configuración de los genes. Una menor parte, sí, viene dada por el cuidado que haga la persona de su cuerpo. Pero si la genética no ha sido complaciente con ella, no hay nada que se pueda hacer.

    En este sentido, concursos como los de Miss Universo premian a la genética, a una casualidad. Las participantes llevan regímenes de alimentación y ejercicio estrictos, pero estos lo llevan todas y de alguna forma todas cumple dicho régimen a cabalidad. Basta ver sus cuerpos para llegar a la conclusión de que todas se han tenido que alimentar bien.

    Entonces lo que queda es el carisma y sobre todo, la belleza. El carisma no es algo que se pueda poner a concurso, éste está dado por un sinfín de procesos que la mujer ha tenido que vivir durante su vida, y en cierta forma (sobre todo lo que toca a su temperamento) de nuevo, por los genes. Está esa otra parte donde a las mujeres se les enseña a tener porte y a saber caminar en la pista (o a disimular su falta de carisma con una artificial sonrisa), tal vez esto es lo único que se podría considerar digno de concurso, pero es tan sólo una pequeña parte.

    Se premia a la mujer como un objeto digno de ser calificado, se le califica con base en sus atributos físicos. Un concurso de este tipo no se podría equiparar, por ejemplo, con otro donde se premie al mejor pintor; porque en el caso de Miss Universo, la mujer no es el pintor sino el cuadro; y el cuadro no tiene mérito alguno, no se pintó sólo aunque a la mujer se le puede agradecer haber cuidado su figura y haber hecho lo propio con su rutina, como si hubiéramos agradecido al cuadro por conservar en buen estado su lienzo para que el pintor plasmara ahí la obra. Pero la corona no se le entrega a los genes, o a Dios. Se le entrega a la obra.

    Y con todo el respeto, una mujer no es un objeto.

    Al ver la escena donde le retiran la corona a la colombiana que creyó ser la ganadora por unos pocos minutos, pienso en los méritos. ¿Cuál es el mérito de una Miss Universo? La colombiana o la filipina quien terminó siendo, a la postre, la ganadora, llegaron ahí en gran medida por un accidente genético.

    No sólo eso, una Miss Universo no podría considerarse la persona más bella del planeta porque para entrar a este tipo de concursos, ella eligió entrar al medio para competir, dejando del lado a un sin número de mujeres que podrían considerarse más hermosas que no tuvieron interés en participar y ni siquiera se les vino a la mente hacerlo alguna vez.

    Después, las participantes son premiadas como resultado de las calificaciones de un jurado, quien las evalúa con base en un juicio subjetivo. Es decir, el jurado no representa la media de la opinión de los seres humanos que viven en la tierra; si levantáramos una encuesta global, posiblemente arrojaría un resultado diferente a la deliberación del jurado. Luego tendríamos que agregar que el concepto de belleza es diferente en las distintas culturas.

    Entonces, por ejemplo, sentirnos orgullosos al ver a Ximena Navarrete (con el respeto que merece ella) ser coronada es casi un absurdo. No estamos premiando mérito alguno, sino más bien un accidente genético. Sí, Ximena se preparó, hizo los regímenes que había que hacer, participó en eliminatorias, pero en ese sentido, todas las concursantes llegan en las mismas condiciones. Es como decir que Guadalajara (de donde es oriunda ella) puede ostentar superioridad sobre las demás ciudades porque se considera cotidianamente que la ciudad tapatía tiene a las mujeres más bonitas. Pero «Guadalajara» ni como ciudad, ni como sociedad, ni como resultado de sus políticas públicas o procesos de desarrollo o innovación obtuvo ese «reconocimiento», sino más bien fue resultado de varios accidentes, tanto genéticos, geográficos, como históricos.

    Entonces llegamos a la conclusión de que Miss Universo no es un concurso que tenga que ver con el mérito en su mayor parte, sino con un accidente.

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    Y entonces considerar a Miss Universo como el concurso más importante para premiar a una mujer, es asumir la postura sumisa histórica de la mujer. Porque ese premio consta de hacer juicios de valor con base a una accidente y no a un mérito. Se premia a la mujer como un agente pasivo (objeto) y no como un agente activo (iniciativa propia).

    Luego entonces, las mujeres ganadoras siguen cumpliendo su papel de objeto. Con su belleza «decoran» eventos importantes donde pululan las élites económicas de las naciones y aparecen dentro de la propaganda mediática. Aunque cierto, no son inexistentes los casos donde deciden dar un paso allá y aprovechan su visibilidad mediática para realizar actividades por iniciativa propia.

    El premio más importante para la mujer debería ser alguno donde se premie su iniciativa propia, donde se reconozcan sus méritos. Cierto, los hombres admiramos la belleza de las mujeres, pero eso no es algo que se debiera someter a un concurso, sobre todo porque al final, los juicios que hagamos de la belleza de una mujer son subjetivos, por más estereotipos que los medios nos pretendan imponer.

    Las mujeres que deberían de ser reconocidas son aquellas que logran destacar y hacerse un espacio. Aquellas que brillan por su valía, por su esfuerzo, y no por su configuración genética. Una mujer no debería de presumirse como objeto de un concurso o de algún tipo de propaganda (visita a México, nuestras playas, nuestras mujeres), y menos se les debería de exigir un estándar casi inalcanzable de belleza, como si ésta fuera más importante que todos sus demás atributos, provocando en la sociedad un sin fin de mujeres anoréxicas y bulímicas.

    Porque al final del día, una mujer es mucho más que una cara bonita y un «cuerpo bien dotado».

  • El Teletón, los niños, y las teorías de la conspiración

    El Teletón, los niños, y las teorías de la conspiración

    Exageraciones, ataques ad hominem, y demás formas de falacias argumentativas son lo que escucho cada vez que algún personaje o medio pide no donar o recrimina a los que sí lo hacen.

    El Teletón, los niños, y las teorías de la conspiración

    Nadie tiene la obligación moral de ir a donar al Teletón. Puedes ayudar de otras formas, puedes acudir a otras instituciones, puedes crear la tuya propia, puedes ayudar a los migrantes (decidí donar dinero a los migrantes y no al Teletón este año), Eres libre de decidir a quien donar.

    El problema viene cuando se invita a la gente a no hacerlo (y en algunos casos se les recrimina). Mi crítica no va dirigida a aquellos que simplemente creen que el Teletón es una «mentira y manipulación», a quienes sólo trataré de convencer de que su concepción es falsa; sino a quienes quieren convencer a la gente de ello.

    Cuando prendes la televisión y observas a las empresas que patrocinan al Teletón, te das cuenta que participan emporios de todo tipo, desde aquellos que se desarrollaron gracias al esfuerzo y a su capacidad de innovar, hasta aquellos que gracias a su relación (histórica o actual) con el gobierno, gozan de un puesto privilegiado en el comercio de productos o servicios.

    ¿Por qué las empresas están ahí donando?

    Por una sencilla razón: Relaciones públicas. Las empresas te quieren convencer de que son un alma de la caridad donando dinero (algunas podrán una intención ingenua, otros una más interesada). Y no les cuesta nada porque lo que donan lo deducen de sus impuestos. Eso es completamente legal y de hecho si tú estás dado de alta puedes deducir tu donativo por medio de la página web. El único «negocio» es ese, las empresas donan dinero que no les cuesta porque lo van a deducir, y se venden a los consumidores como empresas responsables.

    Es decir, en lugar de dárselo al gobierno (sabemos a donde van a parar muchos de nuestros impuestos) se lo dan a esta institución. Al menos puedes saber que ese dinero será mejor usado que estando en manos de políticos.

    En esto pueden haber puntos cuestionables, que la congruencia de algunas empresas, que éste es un papel que debería de hacer el gobierno; son argumentos que pueden ser válidos. Pero a partir de aquí vienen las falacias y la desinformación.

    Por ejemplo. se invita a no donar al Teletón porque «es de Televisa».

    Y sí, creo que Televisa se ha encargado de lavar el cerebro de los televidentes, con su apoyo incondicional al gobierno, y con los programas que insultan la inteligencia de los mexicanos.

    Pero el Teletón no es de Televisa. La gente ha hecho esa asociación porque la televisora se encarga de transmitir los eventos año con año.

    Teletón Televisa

    Teletón es una organización civil constituida de tal forma ante la ley, y por eso es imposible que el dinero que se done en la calle, o en los boteos, «se lo clave Televisa». Para deducir impuestos, tú, como empresa tienes que emitir un donativo para que el beneficiario te entregue un comprobante que funciona como deducible. Es decir, no existe mecanismo para que «Televisa se clave el dinero del Teletón«.

    Voy más allá. Si Teletón fuera de Televisa. ¿Qué hacen las empresas de Carlos Slim, competidor acérrimo de la televisora y enemigo casi declarado, donando dinero? El magnate que en varias ocasiones ha sido el más rico del mundo, quien por cierto, apoyó por debajo del agua a López Obrador en el 2006 para intentar que se anulara la elección que llevó a Felipe Calderón a la silla presidencial, retiró la publicidad por varios años del duopolio televisivo en un acto que fue algo así como una declaración de guerra; sobre todo al verse perjudicado por de la Reforma de Telecomunicaciones donde Televisa, su rival, se vio beneficiada (muy probablemente por su cercanía con el gobierno actual).

    Hay cosas que no me gustan del Teletón, no me gusta que se apele a la lástima (aunque el año pasado lo dejaron de hacer, lo cual se agradece), que las «estrellas» lloren para invitarte a donar. El año pasado, ante la convocatoria menguante, la reacción de quienes condujeron la transmisión fue más que lamentable reprendiendo a quienes no decidieron donar.

    Pero a pesar de esto, se olvida lo más importante. Y es que Teletón le ha cambiado la vida a muchos niños.

    A veces parece que las preferencias ideológicas o las modas importan más que la oportunidad que reciben los niños con discapacidad, quienes habían sido casi olvidados por las instituciones públicas.

    Y vienen más generalizaciones:

    Que hay que satanizar a Teletón porque Fernando Landeros se formó con los Legionarios de Cristo, que no hay que donar porque Peña Nieto apareció en la televisión donando.

    Al final los más afectados por esta división son los niños, no los empresarios ni los políticos corruptos.

    Un video me llamó la atención. Gerardo Fernández Noroña, el ex diputado por el PT, muy cercano a López Obrador, fue a visitar un CRIT, y estas fueron sus conclusiones:

    Sí, éste ferviente opositor al gobierno y a las élites del poder acostumbrado a linchar a quien no esté de acuerdo con él, llegó a la conclusión de que el Teletón sí ayuda a los niños.

    Lo que es un hecho es que gracias a esta iniciativa, muchos niños con alguna discapacidad tienen un nivel de vida que de otra forma nunca hubieran tenido. Los CRIT ahí están construidos en varias partes del país, e incluso hay uno en Estados Unidos. Sí, en el mismo país donde el Estado de derecho es lo suficientemente sólido para evitar esas «trucuñuelas» que se le adjudican al Teletón.

    En lo particular se me hace irresponsable que algunos «líderes de opinión» traten de desprestigiar a esta iniciativa por razones políticas o ideológicas con base en juicios a priori y un sinnúmero de falacias sin presentar pruebas contundentes de sus acusaciones. ¡No se vale!

    Se me hace incluso increíble e inconcebible como los seres humanos podemos negarnos solidaridad por razones políticas o ideológicas disfrazadas de buenas intenciones. – No te solidarices con los franceses, no dones al Teletón.

    Y cada año tengo que estar escribiendo sobre el tema.

    Y no, no me pagó el Teletón, ni Peña Nieto, ni el PRI, ni Televisa. Simplemente uso mi libertad de expresión y mi razón para emitir mi opinión.

  • Las edecanes y la cosificación de la mujer

    Las edecanes y la cosificación de la mujer

    Si existe algo que está tan normalizado en nuestra sociedad mexicana y debería de ser algo reprobable es el uso de edecanes para vender productos y servicios.

    Las edecanes y la cosificación de la mujer

    Camino por el tercer piso de la Gran Plaza y una mujer con un conjunto azul pegado a su cuerpo intenta persuadirme para que adquiera un Paquete Telcel. De forma muy discreta pero ensayada intenta sin éxito que me detenga para convencerme de las bondades de dicho paquete, una artificial sonrisa y una pose un tanto atrevida es su estrategia de ventas. No funciona conmigo en parte porque a mí no me gusta que me interrumpan para venderme algo.

    Ese mismo día voy a la gasolinera y una mujer con un atuendo muy atrevido y de mal gusto (el cual tapa poco más que el pezón de sus voluptuosos senos), intenta venderme un aditivo para mi automóvil. Es de notar que no la capacitaron bien para explicar los beneficios de ese producto, pero el cuerpo lo puede todo y básicamente lo que hizo esa dama es colocar sus senos a la altura de la ventana de mi automóvil como si ellos hablaran por ella. Lamentablemente no tuvo suerte, porque yo no acostumbro a comprar los aditivos para mi coche en una gasolinera.

    Primero habría que llegar a la conclusión de que casi ningún hombre saldrá con la mujer en cuestión a cambio de comprar el producto, menos tendrá una aventura sexual. Básicamente ese tipo de estrategia consiste en atraer sexualmente al hombre de tal forma que éste preste mayor atención a la edecán y se deje convencer de una forma más fácil. Es casi como una forma light de prostitución, lo suficientemente discreta para que sea considerada como aceptable socialmente.

    Estas empresas utilizan a las mujeres como un objeto para excitar a los hombres a cierto grado que puedan lograr persuadirlos para que adquieran sus productos o servicios.

    Y a pesar de todo, es algo que se considera normal o aceptable en varios sectores de la sociedad.

    Basta con ir a eventos que conglomeran muchas edecanes, como la Expo Ferretera en Guadalajara, donde su cuerpo resaltado con las prendas ajustadas atraen la mirada de los hombres. De hecho el éxito de este tipo de exposiciones no sólo consiste en los productos, sino en las propias edecanes. – Juan, no sólo me interesa buscar que equipos venden para la construcción, también hay unas edecanes bien sabrosas ¡ándale, vamos!

    Es curioso que en la sociedad mexicana donde muchos se dan golpes de pecho ante temas como los gays haciendo énfasis en los «valores morales» se considere normal el uso de edecanes con prendas muy ajustadas y escotes que muestran la mitad del seno para atraer a los clientes con el fin de que, por medio de sus instintos sexuales, se les invite a adquirir un producto o servicio.  En realidad esa distinción hecha «con base en los valores morales» no tiene el fin de distinguir entre lo que atente a la integridad humana o no, como argumentan; sino más bien entre lo que es la regla y la excepción, entre lo que se conoce y lo que no ¿Qué atenta más a nuestra integridad? ¿el uso de la mujer como objeto sexual para vender algo, o la preferencia sexual de un individuo? La respuesta es obvia.

    En nuestra sociedad hemos acostumbrado a cosificar a la mujer, incluso en la propaganda se les muestra como objetos de venta «nuestras playas, nuestras mujeres». A las mujeres históricamente se les ha exigido un mayor número de normas morales que a los hombres, y a pesar de que ese rasgo machista mexicano ha ido menguando con el tiempo gracias a la apertura, la globalización y el crecimiento de nuestra sociedad; las mujeres todavía tienen sueldos más bajos por el hecho de ser mujeres y su presencia en altos puestos directivos y de poder sigue siendo minoritaria. En pleno Siglo XXI, muchos siguen pensando que las mujeres deben de quedarse en casa, o bien que no pueden aspirar más que a edecanes de alguna exposición de productos concurrida.

  • Haz patria, atropella a un ciclista

    Haz patria, atropella a un ciclista

    Atropella a un ciclista.

    Eso es lo que sugieren algunas personas. Van manejando en su automóvil en medio de un embotellamiento, o bien tienen mucha prisa y de pronto una de estas personas se les atraviesa.

    Como son automovilistas, consideran que la calle es suya porque dicen, fueron planeadas para los autos; y pueden tener cierta razón, pero no del todo.

    Haz patria, atropella a un ciclista

    Resulta que cuando se inventó el automóvil y se pusieron a estos vehículos a circular sobre las calles; se pensaba que no serían muchos los que circularan sobre la carpeta de asfalto. Luego llegó Henry Ford a popularizar su automóvil con el modelo T, creando, sí, una evolución en la industria (no sólo del automóvil) al fabricar los automóviles en serie, para lo cual contrató a gente poco especializada que sólo necesitara operar sus máquinas (y luego uno entiende por qué Detroit valió queso cuando las compañías automotrices se fueron de la ciudad: Dejaron a empleados poco calificados sin trabajo).

    Entonces las calles se saturaron; y siempre en algún momento, todos aquellos freeways, segundos pisos o nodos pensados para paliar el problema de tráfico, terminaban saturados. La nueva obra de fin de trienio o sexenio construida por un político que aspira a un puesto de elección popular superior, pocos años después termina siendo intransitable.

    Entonces tendríamos que construir segundos pisos, terceros pisos que en algún momento se van a saturar.

    Tal vez por esto, algunas personas han decidido bajarse y montar su bicicleta. Ya no son los estigmatizados «pobres bicicleteros», ahora son los «hipsters sin conciencia».

    Para los automovilistas, los ciclistas son algo así como los mosquitos que rondan por tu cuerpo en la noche. Pequeños, insignificantes, ágiles pero fáciles de aplastar. El automovilista tiene un arma con el que puede matar con tan solo dirigir su vehículo motor a una velocidad promedio hacia una persona, el ciclista se tiene a sí mismo y a un aparato mecánico que cuyas dimensiones no son mucho más grandes que las que él mismo posee.

    Pero habría que pensar. Si agarramos un trozo de calle, digamos 20 metros, que se encuentra congestionada por 20 automovilistas, a estos los bajamos y les damos una bicicleta: ¿Qué pasa? La mayor parte de la calle quedará vacía:

    Haz patria, atropella a un ciclista

    Para el automovilista, la presencia de un ciclista es una pérdida (le quitaron un carril para construir una ciclovía, o se tuvo que hacer a un lado, o no entiende por qué no se van «por la banqueta»), pero su mente le juega una trampa. Si a esos ciclistas los subiéramos a un automóvil a cada uno, ocasionarían más congestionamientos, porque simplemente ocupan más espacio.

    No es gratuito que muchas de las ciudades desarrolladas están desincentivando el auto. Muchos urbanistas como la mítica Jane Jacobs o el economista urbano Edward Glaeser sugieren que las ciudades deberían de ser densas (con edificaciones de varios pisos) con comercio a nivel calle de tal forma que gasten menos tiempo en desplazarse de un lado a otro. Así contaminarían menos, ahorrarían más tiempo y congestionarían menos las calles. En este modelo de ciudad, de hecho, los habitantes tendrían menos razones para usar su automóvil frecuentemente.

    Por ejemplo, si te pregunto que imagen contamina más, posiblemente afirmes que la derecha. La primera tiene áreas verdes y la segunda no tiene un árbol siquiera.

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    Pero de hecho la respuesta es la contraria. El que vive en una casa en un coto o en un suburbio hace traslados más largos en automóvil (consumo de gasolina) y su residencia gasta más energía que un departamento (aunque hablemos de uno lujoso en una zona exclusiva). No es casualidad que ciudades como Houston o Los Ángeles, ciudades horizontales, estén bastante más contaminadas que Nueva York, donde la mayoría de la gente vive en departamentos y usa el transporte público para trasladarse.

    Y en ciudades con una planeación urbana prácticamente nula como las de nuestro país, el problema es más grave: Más embotellamientos, más contaminación. Y cuando se trata de hacer más angostos los carriles para poner una línea de BRT (Metrobus o Macrobus) o para colocar una ciclovía, los automovilistas explotan. Porque les enseñaron que la vía es suya, nada más que suya, y que a los peatones debíamos de segregarlos con puentes peatonales colocados a kilómetros de distancia.

    De hecho, en ciudades congestionadas como la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey debería ser impensable en seguir apostando al automóvil; la arcaica planeación urbana hace insostenible este modelo, por más parches, nodos o segundos pisos que se construyan. Nuestras ciudades deberían apostar al transporte público (que más gente se suba) y a los medios de transporte alternativos.

    Y eso requiere cambiar la cultura. Somos una sociedad muy clasista e incluso este rasgo juega en contra.

    ¿Cómo hacer que más gente se suba al transporte público cuando muchos piensan que «el camión es para los nacos»?

    ¿Y cómo hacer que se suban cuando el transporte público parece ideado para eso, para la gente a la que no le queda de otra? Camiones sucios, choferes sin preparación, inseguridad, y un sinfín de etcéteras.

    Y las bicicletas son para los pobres, o para enfadosos hipsters que sólo le llevan la contra a todo.

    Entonces nos damos cuenta que no sólo se trata de cambiar el modelo, sino la cultura. En Nueva York, un negro de Bronx con ingresos escasos puede estar en el mismo vagón del gerente de un banco importante. En México eso es impensable.

    Y entonces el automovilista piensa que todas las políticas públicas deben de girar en torno a su coche. Pero está equivocado, porque el automovilista es un privilegiado, conduce un aparato que lo traslada más rápido, ocupa más espacio y contamina más. Las políticas públicas deben de enfocarse a los medios de transporte más eficientes y más limpios, el automóvil no lo es.

    Es cierto, hay algunos ciclistas que no respetan las señales de tránsito …

    … pero muchos automovilistas tampoco no lo hacen; de hecho a veces tienden a hacerlo menos. Y en este caso ambos tienen una responsabilidad a la hora de salir a la calle.

    Pero recordemos, el automovilista tiene un arma consigo. Si el automovilista atropella a un ciclista el que se muere es el ciclista, si un ciclista se estampa contra un automovilista, el que se muere, de nuevo, es el ciclista.

    Y supongo que ahora has entendido por qué no debes de enojarte por la nueva ciclovía o el nuevo transporte público que pasa por tu avenida.

  • La verdad debe decirse. México es un pueblo muy ignorante Parte 2

    La verdad debe decirse. México es un pueblo muy ignorante Parte 2

    México es el país más ignorante del mundo.

    La verdad debe decirse. México es un pueblo muy ignorante Parte 2

    Bueno, eso es lo que algunos encabezados de algunas páginas web sugieren erróneamente para llamar la atención del público. Muchos lo creyeron y muchos lo compartieron como si esa afirmación fuera cierta.

    Es paradójico que trate de exponer el problema de ignorancia que tenemos en nuestro país con un encabezado sensacionalista que sugiere que somos el país más ignorante del mundo.

    Muchas personas compartieron esa nota en las redes sociales. La vi varias veces en mi muro de Facebook, y bastó con hacer una búsqueda en Twitter para ver la resonancia que tuvo.

    En realidad la gente no se molestó en leer, o abrieron notas cuyos escritores no se molestaron en leer bien el estudio original.

    Sin ver el estudio, haciendo un juicio a priori, sé que esa afirmación es una falacia.

    Cierto, somos un pueblo muy ignorante. Pero existen países más pobres y con mayor falta de recursos que México (de hecho son más los más pobres que los más ricos), que por lo tanto tienen un sistema educativo más raquítico que tiene a su población sumida en la ignorancia. Sería absurdo pensar que el pueblo de Burkina Faso o Malawi es más culto que el de México.

    Eso es tan fácil de concluir, no necesitas haber ido a la universidad para saberlo.

    Pero mucha gente lo dio por sentado. Vieron la frase junto con el nombre de una institución, y vualá, lo dieron por hecho.

    Y aquí todavía no me he molestado en ver de que trata todo esto. Pero bastó con un razonamiento simple para explicar la trampa en la que cayeron muchos: «Si un cabezal lo dice, entonces es cierto». No sólo no verificaron la fuente ni mucho menos leyeron el contenido, sino que ni siquiera cuestionaron el contenido del cabezal.

    Bueno, ahora vamos al estudio. Supongo que sabes algo de inglés de tal forma que puedas entenderlo.

    Primer punto, dicho estudio tomó en la muestra a 33 países (de 197 países reconocidos en el mundo), la mayoría de dichos países son desarrollados, o bien, tienen cierto peso en el concierto de las naciones (como India o China). Cierto, estar en el fondo de esa lista no es nada halagador, pero eso de ninguna forma muestra que seamos el país más ignorante del mundo.

    Segundo punto, ese estudio no toca la ignorancia como un todo (solamente con relación al entorno de las poblaciones estudiadas). Más bien lo que cuestiona es que tan precisas son las percepciones de la población sobre algún tema frente a la realidad medible y cuantificable. El abstract del estudio relata el caso de la Gran Bretaña donde a los encuestados se les realizó preguntas cuantitativas sobre diversos temas como obesidad, población no religiosa, empleo femenil. En el caso de la isla, la gente piensa que en promedio el 1% más rico  tiene el 59% de las riquezas cuando en realidad es el 23%, o bien, creen que el 60% de las mujeres trabaja cuando en realidad lo hace el 69%.

    El propósito final del estudio no es exhibir que país es más ignorante que otro (aunque de alguna forma lo haga), más bien trata de medir las discrepancias entre la percepción y la realidad (que sí, a más amplia sea, el número de ignorancia es mayor) para determinar por qué esto sucede. Cito:

    There are multiple reasons for these errors – from our struggle with simple maths and proportions, to media coverage of issues, to social psychology explanations of our mental shortcuts or biases. It is also clear from our “Index of Ignorance” that the countries who tend to do worst have relatively low internet penetrations: given this is an online survey, this is therefore likely to reflect that this more middle-class and connected population generalise from their own experience rather than consider the much greater variety of circumstances in the full populations of their country.”

    Entonces tenemos tres conclusiones contundentes.

    1.- Que el cabezal por sí mismo es falso, y eso se puede comprobar mediante un razonamiento lógico sin siquiera ver el contenido.

    2.- Que la muestra del estudio abarca a 33 de 197 países.

    3.- Que no mide la ignorancia como un todo, más bien lo que hace es medir que tan bien está informada la población confrontando su percepción contra la realidad.

    Insisto, no necesitas ser un letrado para darte cuenta, una persona sin estudios universitarios tiene la capacidad de detectar la gran falacia, que es exhibida punto por punto.

    Aún así, hay quienes (posiblemente para vender más o para obtener más clics) colocaron ese título tramposo, manipulador, y falso per sé.

    Lo peor es que hay quienes se lo creyeron. Vieron el cabezal e inmediatamente abrieron sus redes para esparcir la idea de que México es el país más ignorante del mundo.

    Y algunos incluso con un dejo de arrogancia lo hicieron. O para mostrar que tan mal gobernados estamos y cómo es que este país no funciona.

    «Bean como estamos sumidos en la hignoransia».

    Si tomáramos los resultados de las pruebas PISA de la OCDE donde se evalúa la educación de los países miembros, podríamos tener en nuestras manos un resultado más contundente. No es que demerite este estudio de IPSOS, más bien es que este mide una variable en específico, y el de PISA mide diferentes habilidades adquiridas por medio de la educación.

    Pero para mucha gente lo importante no fueron las métricas ni las estadísticas (que tampoco vaya, es algo difícil de entender) ni mucho menos el abstract, sino el título sensacionalista.

    Es tan tramposo el título, que si tomamos el factor de que México fue el peor evaluado de 33 de los países más importantes del mundo, y tomando en cuenta que en total son 197, podría crear un encabezado que diga «México es uno de los países más cultivados del mundo», y en términos estadísticos podría ser cierto. De hecho ese encabezado sería menos falaz que el de «México es el país más ignorante del mundo».

    Y seguimos con lo mismo, nadie revisa las fuentes, nadie se cuestiona nada, y entonces muchos son susceptibles a la manipulación. Cualquiera los puede engañar (aunque algunos se jacten de ser intelectuales críticos de la ignorancia y la manipulación de los medios).

    Umberto Eco tenía razón.

  • El día en que el agua se convirtió en Coca Cola

    El día en que el agua se convirtió en Coca Cola

    ¿Qué pasaría si quitáramos el agua de los ríos y colocáramos en su lugar Coca Cola? Bueno, la respuesta no es difícil de adivinar. Prácticamente todo ser vivo en la confluencia de esos ríos desaparecería (tal vez a excepción de algunas bacterias que se saldrían con la suya).

    El día en que el agua se convirtió en Coca Cola

    Otra pregunta:

    ¿Por qué en México tenemos muchos pobres con problemas de obesidad?

    Respuesta: Coca Cola.

    Y comienzo con estas dos preguntas para ir a donde quiero ir. Es que en México consumimos Coca Cola como si fuera agua, como si se tratara del líquido vital. México es el mayor consumidor per cápita del mundo: los mexicanos consumimos en promedio 675 botellas de 237 mililitros por habitante al año, es decir, dos botellas de Coca Cola chicas diarias por habitante o medio litro diario). A su vez, bebemos en promedio un litro de agua (los expertos recomiendan consumir entre 2 y 4 litros al día), es decir, por cada dos vasos de agua, consumimos uno de Coca Cola.

    Pero la Coca Cola no es agua. La Coca Cola (y sus similares como Pepsi y Big Cola) contiene gases y una gran cantidad de químicos, algunos nocivos para el cuerpo:

    No sólo eso, la Coca Cola daña el riñón, el pancreas, provoca obesidad y aumenta el riesgo de contraer diabetes (esto a pesar de las campañas mediáticas de la refresquera para lavar su imagen).

    No, no es que tenga algo en contra de los refrescos, más bien critico la forma en que los consumimos y la forma en que nos los venden. Entiendo que compremos refrescos para la fiesta, para una reunión, para un partido de futbol; entiendo que estos sean consumidos de forma esporádica. Lo que no entiendo es que se coloquen refrescos en la mesa de las familias que se disponen a consumir sus alimentos, sustituyendo al agua natural o a las aguas frescas; ni tampoco que se beba este tipo de productos con el argumento de que el agua no tiene sabor (detalle cultural, el agua potable no es completamente incolora, inodora ni insípida como te enseñaron en la escuela, porque ésta contiene minerales; solamente el agua destilada tiene dichas propiedades).

    Alguna vez lo comenté. Hace algunos años consumía mucha Coca Cola Light con el argumento de que «no engordaba». En algún momento de mi vida dejé de consumirla, y el cambio que sentí en mi cuerpo (inclusive en mi mente) fue drástico. Seguramente mis riñones y un sin fin de órganos vitales están agradecidos conmigo. Al «desintoxicarme» me di cuenta que le estaba metiendo veneno a mi cuerpo.

    Y regresando al inicio del artículo. Si cambiamos el agua de los ríos por Coca Cola y casi todo ser vivo, en consecuencia, muere: ¿Por qué deberíamos de esperar que éste refresco sea completamente benévolo con los humanos?

    Luego entonces, Coca Cola lanza un comercial donde trata de mostrar su solidaridad con los indígenas enviando a un grupo de jóvenes bien a la comunidad Mixe en Oaxaca para llevarles la navidad (que vaya que la navidad, sobre todo en su versión americana, nada tiene que ver con los usos y costumbres de esta comunidad que se terminan por ver agredidos). ¿Qué es lo que llevan estos jóvenes? Sí, Coca Cola.

    Para la refresquera, ser solidario con los indígenas es llevarles felicidad marca Coca Cola (una felicidad muy distinta del concepto de felicidad que ellos tienen), sin importar si alteran sus usos y costumbres, y sin importar las consecuencias que este tipo de bebidas tendrán en su salud. Coca Cola entiende que la gente es lo suficientemente ignorante (incluso la subestima de más) para hacer creer que llevar refrescos con un sin fin de sustancias químicas a una comunidad acostumbrada al autoconsumo es un lindo detalle, al tiempo que invaden su cultura con profundas raíces con otra artificial y orientada al consumismo:

    Coca Cola vende momentos, vende felicidad, vende lo peor de una cultura insípida y artificial; patrocina eventos deportivos en los cuales los deportistas tienen casi prohibido consumir sus productos por parte de sus entrenadores o cuerpo médico. Coca Cola va a todos los pueblos y pinta muros con la marca de su refresco, invade camisetas de futbol, espectaculares, comerciales, hace product placement, y todo lo necesario para mantener su cuota de mercado; y no sólo eso, sino que busca también que cada vez más personas consuman, y lo hagan de una forma más frecuente.

    Por eso varios pueblos están tapizados con Coca Cola, y también varios barrios marginales. Para que la gente, incluso la de escasos recursos, sustituya el agua por la Coca Cola como el principal líquido de consumo.

    Y como Coca Cola vende momentos. Entonces nos muestran a una pareja de dos novios caucásicos, parecidos y felices (o bien, negros o latinos cuando se quieren subir al tren del mame multicultural), a una familia saludable, a una comunidad solidaria. Pero en realidad tenemos niños sedentarios consumiendo sus productos frente al televisor, tenemos adultos con un preocupante pero normalizado sobrepeso eructando debido a los gases que tiene el refresco. Esos son sus consumidores más frecuentes.

    Y así es como tenemos una gran cantidad de personas obesas y diabéticas (sin importar su clase social ni sus ingresos). Un líquido que parece más bien una sustancia química que un producto natural sigue siendo la predilección para muchos mexicanos. Porque a pesar de las piedras en el riñón, la diabetes o el riesgo de eructar en la cara de tu novia cuando tratas de besarla, porque a pesar de eso, tiene sabor. Ah ¡Y es cool!

     

     

  • La banderita de Facebook ¿Por qué París y no Siria?

    La banderita de Facebook ¿Por qué París y no Siria?

    Si Facebook quiere ser una empresa global deberá ser «menos estadounidense». Esta empresa tiene la intención de llevar Internet gratuito mediante un satélite propio a África y demás lugares donde la pobreza abunda. Para Facebook, colocar la bandera de Francia y no la de Siria o Líbano pudo ser un error, en este entendido de que pretende ser una empresa global. Pero eso es problema de Facebook.

    La banderita de Facebook ¿Por qué París y no Siria?

    En las redes veo algo parecido a una campaña de linchamiento contra aquellos que han decidido colocarse esa bandera, o bien, decidieron solidarizarse de alguna forma con Francia.

    Para algunos, como requisito para solidarizarte con los parisinos muertos, debiste haberlo hecho antes (con pruebas de que lo hiciste en redes) con México, con Siria, con Iraq, con Palestina y con Líbano; si así no lo hiciste, es que eres un «hipócrita, doble moral». Aunque muchas de esas personas ni siquiera lo han hecho con dichas naciones.

    Incluso algunos critican la solidaridad con Francia porque no han sufrido tanto como México, al punto de minimizar su sufrimiento y burlarse de él:

    La banderita de Facebook ¿Por qué París y no Siria?

    Esas mismas personas, en su mayoría, estaban agradecidas cuando los franceses mostraron su apoyo cuando ocurrió la tragedia de Ayotzinapa. Agradecer la solidaridad de otra nación y criticar el acto de reciprocidad, perdónenme, pero ese sí es un acto hipócrita y de doble moral. No sólo eso, es un acto egoísta.

    Incluso algunos tuvieron la desfachatez de reclamar por qué Facebook no colocó la bandera de México el año pasado, cuando hace un año la red social no tenía la costumbre de hacer ese tipo de dinámicas.

    Otros negaron su solidaridad argumentando que «Occidente se lo tenía merecido». Si bien, ciertamente, los países occidentales no han tratado muy bien a estos pueblos árabes (sobre todo los más deprimidos) e incluso se puede decir que el Estado Islámico no se puede entender sin la intervención de occidente en Iraq (de hecho, los grupos radicales se alimentan de los agravios occidentales para construir sus discursos bélicos), las víctimas de Francia nada tienen que ver con las decisiones que han tomado sus gobernantes (las cuales el pueblo occidental suele no aplaudir).

    Esperar que la gente se indigne con la misma intensidad ante cualquier evento del mundo es algo ingenuo. Los individuos tenemos una tendencia a indignarnos más con aquello con que nos sentimos más identificados, incluso se puede interpretar como un acto supervivencia porque nos coloca en estado de alerta. Para un mexicano representa un mayor riesgo (aunque sea mínimo) un atentado de un terrorista islámico en Francia que en Siria, porque Francia está culturalmente más cerca de México. Las repercusiones de un conflicto bélico en Oriente son menores a las que puede tener un conflicto occidental.

    ¿Recuerdas que los sirios o los árabes se indignaran por Ayotzinapa como lo hicieron los europeos? No lo hicieron ¿verdad?. Y no recuerdo que la gente se haya indignado por eso. Es natural, porque los sirios se sienten identificados con otras culturas antes que la nuestra; y porque muy probablemente ni siquiera se enteraron de lo ocurrido.

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    De la misma forma, un cristiano tenderá a solidarizarse más con los cristianos, un vegano se escandalizará más si a otro vegano le han coartado sus derechos. Es una simple condición humana.

    Pero eso no quiere decir que no tengamos la capacidad de solidarizarnos con los sirios o los libaneses. Ciertamente los medios occidentales tenderán a difundir y dar prioridad a lo que ocurre en Occidente (y sí, a veces por interés) y eso hace que quienes vivimos en esta área geográfica recibamos menos información de lo que ocurre en esas latitudes; esto aunado la inseguridad de esos países, donde es más difícil llevar a cabo una cobertura noticiosa como se puede hacer en los países occidentales.

    Imagina que en una pequeña sala de cine reúno a 50 amigos tuyos, diferentes entre sí (algunos conservadores, otros liberales, algunos otros hipsters, empresarios, de izquierda) y coloco un video de los bombardeos en Siria y algunos otros sobre como asesinan niños cristianos. ¿Sabes que va a pasar?

    Algunos van a salir llorando, alguno que otro amigo tuyo vomitará, otros saldrán indignados y posiblemente lleguen a sus casas a compartir en las redes videos para que todo el mundo se entere. Mientras eso ocurriría acá, en el Estado Islámico sus miembros festejan cuando sus pares asesinan víctimas inocentes occidentales.

    Y todavía hay quienes quieren ponerlos a la par. – Ay, es que los del Estado Islámico son víctimas de Occidente, ojo por ojo, diente por diente. – Quien atenta contra una vida de algún inocente, deja inmediatamente de llamarse víctima, aunque haya sufrido un agravio anterior.

    Yo recuerdo que durante la guerra de Iraq, en México transmitieron imágenes crudas (pero lo suficientemente tolerables para ser transmitidos por televisión abierta) que no se transmitían en Estados Unidos. Recuerdo bien que los mexicanos nos indignamos, y criticamos al gobierno y ejército de Estados Unidos. Es más, gran parte de la impopularidad del gobierno de Bush en Occidente se debe a la intervención en ese país, y las fotos donde soldados estadounidenses maltrataban a iraquíes causaron una gran indignación. Es decir, los occidentales nos solidarizamos con los orientales (con esos que algunos dicen que «nos valen madre») debido al abuso de sus pares occidentales. Eso no es algo que vayas a ver algún día en el Estado Islámico.

    De hecho, los atentados en París han hecho que la gente se preocupe más por lo que está ocurriendo en Siria.

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    Por eso es que no entiendo que haya personas se indignen más porque algunos coloquen en su avatar la bandera de Francia; e incluso cuestionen a gobiernos locales de nuestro país por iluminar monumentos con los colores de la bandera de ese país. – ¿Dónde está la bandera de Siria, dónde está?

    No entiendo como algunas personas pueden pasar por alto el sufrimiento de los demás por ideologías, por querer llevar la contraria, o bien, por querer imponer un falso aire de superioridad, y se limitan a criticar a quienes nos solidarizamos con los franceses, quienes el año pasado se solidarizaron con nosotros.

    Eso, eso es lo realmente hipócrita y doble moral.

  • 5 Argumentos tontos para no #PrayForParis

    5 Argumentos tontos para no #PrayForParis

    Todos estamos conmocionados por los sucedido en Francia. Un atentado así duele hasta el alma; cuando me enteré que murieron 100 en Le Bataclan sentí nauseas. Pero algunos creen que sentirnos mal por lo sucedido no tiene justificación, o bien si la llegara a tener, buscan algún argumento para hacernos sentir culpables. Muchas de estas personas, o bien, están desinformadas, o bien, sólo quieren dividir y quieren aprovechar este tipo de eventos con fines políticos o para sacar lo peor de sí.

    Aunque Francia está lejos de nuestro país (al otro lado del charco como se dice popularmente), tenemos muchas cosas en común con dicha nación; en especial muchos de nuestros valores, porque tanto nosotros los mexicanos como los franceses, somo occidentales. Pero bueno, vamos a desmentir algunos de estos argumentos:

    1.- Pero… Si nomás son creyentes, devotos, defendiendo la única religión verdadera… ¿O no?

    1.- Pero... Si nomás son creyentes, devotos, defendiendo la única religión verdadera... ¿O no?

    Este comentario lo hizo Luis González de Alba, el ex estudiante del 68 que después fue excluido por la izquierda. Muchas personas han encontrado en los lamentables atentados un pretexto para responsabilizar directamente a las religiones y las creencias de las personas. Pero estas personas están desinformadas, no le piensan bien, o bien, tienen algún problema muy personal con las religiones (una cosa es no ser religioso y otra es no respetar el derecho a los demás a profesar su religión, así como le hace el Estado Islámico).

    La culpa no es de la religión, sino de los individuos que la profesan y deciden matar en nombre de Dios. Quienes hacen esto, tergiversan el credo de su religión a su conveniencia. En realidad la gran mayoría de los musulmanes son gente pacífica y de igual forma repudian los ataques que sufrieron los franceses. Tristemente ellos son los que sufren más con los ataques por las posteriores persecuciones de las cuales puedan ser objeto.

    Seguramente estas personas buscarán «hacer quedar mal» a aquellos que rezan o hacen cadenas de oración por los franceses (que independiente de si se crea o no, se agradece sus intenciones) y tratarán de hacerlos sentir culpables. Pero la verdad es que no entienden mucho cómo va esto.

     

    2.- Desde hace más de una década, decenas de miles han muerto en la capital iraquí por el terrorismo, pero un par de centenas muere en París y…

    2.- Desde hace más de una década, decenas de miles han muerto en la capital iraquí por el terrorismo, pero un par de centenas muere en París y...

    Les pregunto a quienes hacen este tipo de afirmaciones por qué entonces nunca (como sucede generalmente) han mostrado su indignación en las redes sociales, porque yo nunca los he visto. Regreso al inicio de este artículo. Este ataque no sólo es contra un pueblo, va también contra gran parte de nuestros valores. Es un atentado de unos dogmáticos contra nuestros valores liberales que nos sostienen y que hemos construido con mucho trabajo durante siglos: Nuestro valores democráticos, de libertad política y económica, de tener derecho a profesar nuestra religión sin ser molestados. Liberté, égalité, fraternité. 

    Y tampoco es que seamos insensibles ante lo que sucede en Oriente. Por el contrario, ante el éxodo de sirios, muchos los recibieron en sus países con los brazos abiertos.

     

    3.- Occidente también ha cometido muchas atrocidades, nos generamos los ataques. 

    3.- Occidente también ha cometido muchas atrocidades, nos generamos los ataques.

    Ciertamente algunos gobiernos occidentales han cometido atrocidades. Pero Occidente no son «algunos gobiernos», somos todos los que crecimos en una región y compartimos una escala de valores. Y la gran diferencia estriba en que Occidente como pueblo, hemos repudiado a los gobernadores que han cometido dichas atrocidades. Sólo hay que recordar las fuertes críticas que vertimos sobre George W Bush y su gobierno a la hora que intervinieron en Irak. Incluso quienes en algún momento apoyaron al Presidente, nunca festejaron la muerte de civiles iraquíes (el gobierno estadounidense se esforzó para que sus gobernados no vieran dichas imágenes). En cambio quienes pertenecen al Estado Islámico festejan el asesinato de inocentes civiles.

    Como región tenemos contradicciones, sí, somo seres humanos. Pero nosotros no nos alegramos al ver como inocentes sufren ni celebramos en torno a ello. Así que ni puede haber punto de comparación.

     

    4.- Por más que les irrite a algunos es profundamente hipócrita conmocionarse con la masacre en París y hacerse pendejos con las de México.

    Por más que les irrite a algunos es profundamente hipócrita conmocionarse con la masacre en París y hacerse pendejos con las de México.

    Este finísimo comentario lo hizo Gerardo Fernández Noroña, quien me borró de Twitter después de haberme insultado y a quien se le olvidó la memoria porque me ha citado varias veces. Bueno, este es uno de los argumentos más tontos y que representan una contradicción explícita:

    ¿Ayotzinapa? ¿Qué pasó en Ayotzinapa? Yo recuerdo que prácticamente todos nos indignamos, muchos salimos a marchar a las calles. Todo México se indignó, personas de varias clases sociales y creencias ideológicas. Los mexicanos como pueblo «no nos hicimos pendejos».

    De hecho, Ayotzinapa (porque dicen algunos que si lo de París hubiera sucedido en México, no habría aparecido en ningún diario) recorrió todo el mundo. Gran parte de Occidente se indignó con la muerte de los estudiantes. Y si un pueblo mostró su solidaridad con nosotros fue Francia, no hay que olvidarlo.

    5.- Los ataques de Francia son una conspiración de la OTAN en conjunto con el narcogobierno de México y el PRIAN para que no te enteres del gasolinazo porque cuando manipularon el clima para crear el huracán Patricia no funcionó y bla bla bla…

    5.- Los ataques de Francia son una conspiración de la OTAN en conjunto con el narcogobierno de México y el PRIAN para que no te enteres del gasolinazo porque cuando manipularon el clima para crear el huracán Patricia no funcionó y bla bla bla...

    Los más cómicos suelen ser los que ven en este tipo de eventos teorías de la conspiración que tienen como base alguna película de ciencia ficción de bajo presupuesto o la letra de alguna canción de Muse. No hay conspiración, no hay manipulación deliberada. Es simplemente el Estado Islámico con su dogma en contra de Occidente quien no se apega a sus creencias radicales. Que si en algún momento gobiernos occidentales pusieron su grano de arena para aumentar el odio que se tradujo en este tipo de grupos es una cosa, pero insisto. Occidente no es «algunos gobiernos», Occidente somos todos. Occidente es Francia, es México, es Europa, y es América.

    Conclusión:

    ¿Que hubieras pensado si todos nuestros pueblos hermanos hubiesen buscado algún pretexto para no apoyarnos cuando mataron a los 43 estudiantes de Ayotzinapa? – No hay que apoyar a los mexicanos, porque la otra vez hubo un tiroteo en Marsella y ni nos dimos cuenta. Seguramente no nos hubiéramos sentido bien, posiblemente nos hubiésemos sentido solos e ignorados por el mundo. ¿Qué tal si los mismos franceses no nos hubieran apoyado porque Le Pen o algún otro político hubiera tratado de politizar el tema para alebrestar a sus huestes?. No nos hubiera gustado ¿Verdad?

    Desde aquí, un abrazo a todos nuestros hermanos franceses. Cuentan con nosotros.