Categoría: temas polémicos

  • El #JuezPorky y la justicia para el que puede comprarla

    El #JuezPorky y la justicia para el que puede comprarla

    El #JuezPorky y la justicia para el que puede comprarla

    «Si un hombre le mete sus dedos a una mujer en la vagina no es un acto sexual, sino un simple roce o frotamiento incidental» ¿Qué persona con el más mínimo sentido humano se atreve a redactar algo así? ¿Quién tiene la desfachatez de justificar un delito que agravió a Daphne y la marcó de por vida? Esa persona (si se le puede llamar persona a esa abominación) tiene nombre y rostro: se llama Anuar González Hemadi, y concedió un amparo al porky, violador, y pederasta Diego Cruz. 

    La justicia en México está «patas pa’rriba» cuando te percatas que liberan a un pederasta mientras encarcelan a un taxista por decirle guapa a una mujer. Naturalmente los dos eventos son juzgados por diferentes órganos de justicia, y mientras el primero seguramente tiene que ver con un caso de corrupción y hasta uso de influencias, el segundo tiene que ver con una ley mal hecha que no tiene sentido alguno (porque si bien los piropos lascivos son repudiables y deben erradicarse por medio de la educación, aplicar penas punitivas puede ser hasta peligroso). Pero esa justificación no resuelve la contradicción.

    Y sí, en vez de encarcelar a los «piropeadores» y querer penalizar las miradas, las organizaciones feministas deberían hacer énfasis y mucho en este caso, porque este sí es un caso de misoginia y de agresión contra la mujer que debe de ser castigado con todo el peso de la ley y sin ninguna consideración. Aquí hay una razón más que justificada para que las mujeres salgan a las calles a exigir que la ley las proteja, y los hombres las deberían secundar y apoyar. 

    Lo que sucedió no tiene nombre, es una aberración, es de lo más inhumano.

    Anuar González tiene familia; tiene una esposa, y dos hijas. Si uno observa las fotografías sin conocer quien es este abominable personaje, podrá llegar a la conclusión de que se trata una familia muy típica de la clase alta o media-alta mexicana. 

    A mí me vienen inmediatamente estas preguntas:

    ¿Pensó Anuar González en sus dos hijas antes de tomar esa decisión y delinear ese argumento tan absurdo y tan estúpido? ¿No se molestó en imaginarse a una de sus hijas siendo violada para ponerse en los zapatos de la víctima? ¿Se sentirían orgullosas las hijas y su esposa el acto del padre, independientemente de que esa absurda sentencia le haya retribuido económicamente? ¿De verdad?

    Hasta yo me siento vulnerable con esta noticia. La justicia no es para todos, sino para quien pueden comprarla. Los violadores, los animales que destruyeron la vida de Daphne, podrán no pagar por su pena. 

    ¿Qué va a pasar si alguien que tiene palancas o mucho dinero me acusa de algo que yo no hice? ¿Qué va a pasar cuando un hombre de «poder» abuse de mi persona o de mis seres queridos y yo no pueda hacer nada porque él puede comprar a la justicia con un chasquido de dedos?

    ¿Y cuál es el mensaje que manda el juez a la sociedad?

    Si estás bien parado, si tienes dinero, poder o palancas, puedes violar a quien tú quieras. Al cabo «meter los dedos a la vagina a una mujer» no es una violación, es un simple «roce casual». 

    En México la justicia no trabaja para todos, trabaja para quien pueda pagarla o comprarla, pero entonces ya no es justicia. Después de estos actos, luego entiendo porqué el concepto de «La Mafia del Poder» de López Obrador, es tan pegador en algunos sectores de la sociedad.

    El problema de México es uno estructural, no sólo es la violación de Daphne, cuyo padre, al tener una posición social cómoda, pudo al menos hacer ruido y hacer del dominio público su caso. Pero ¿cuántas personas no pueden? ¿Cuántos casos de violaciones a mujeres no conocemos porque la víctima no tiene los recursos? ¿Cuántos de esas jóvenes no han hecho lo mismo y la víctima no ha tenido siquiera los recursos para denunciar o para hacer que los medios de comunicación les hagan caso?

    ¡De verdad!

    La estructura, la forma en que se imparte justicia en el país, no es ni de lejos equitativa. Cuando la ley hace justicia a un indígena, a una persona pobre sin recursos, la noticia aparece en las redes sociales y en varios portales porque, en México eso es la excepción y no la regla. Incluso algunos todavía buscan algún pretexto para demeritar a los indígenas, como ocurrió con el vlogger Callodehacha al criticar duramente a las indígenas de origen hñähñú a quienes se les hizo justicia por decir «nos chingamos al Estado». 

    Y claro que sí, estoy muy enojado e indignado.

    Porque en 2017, cuando se ha insistido demasiado en el tema de los derechos humanos, de los derechos a la mujer, un juez puede torcer y malinterpretar la ley deliberadamente para poner en libertad por medio de un amparo a un violador y pederasta.

    Y si esto no te indigna, es porque tienes un problema.

    ¡De verdad!

  • Los videobloggers que quieren ser politólogos

    Los videobloggers que quieren ser politólogos

    Los videobloggers que quieren ser politólogos

    Desde poco más de media década los videobloggers comenzaron a irrumpir en la escena. Personajes como werevertumorro lograron explotar el aumento de la penetración de banda ancha acompañada de la monetización de videos de Youtube. Ahí había un buen negocio para quienes no tuvieran grandes recursos económicos con los cuales pudieran montar un show. Bastaba su talento y delinear bien su nicho de mercado para lograr cautivar a su audiencia.

    Qué no nos guste -yo detesto a werevertumorro– no significa que no tengan talento alguno, algo tuvieron que hacer para lograr que sus videos tuvieran cientos de miles, si no es que millones, de seguidores. 

    Al principio, los videobloggers trataron temas más casuales, mundanos y cotidianos con los cuales la gente se sentía identificada. Ellos lograron cautivar nichos de un mercado que ya comienza a saturarse, y después incursionaron en temas políticos y sociales: Primero Chumel Torres y luego Callodehacha. 

    El problema, es que a diferencia de los temas mundanos, es importante estar muy informado y preparado si vas a hablar sobre política o temas sociales. Cuando veo las cápsulas de Stephen Colbert, una de las máximas inspiraciones de Chumel Torres,  veo a una persona preparada e informada. Así logra darle sustancia a su contenido, por más banal, burdo o cómico que éste sea.

    El Pulso de la República me agradaba porque a pesar de que Chumel Torres no parece ser una persona muy preparada en temas políticos o sociales, tenía a un Durden que evidentemente sí tiene más preparación y se encargaba de darle forma a los contenidos.

    Así tenías a una persona carismática, agradable y graciosa con Durden y un equipo encargado de la investigación. Chumel no brilla intelectualmente por sí mismo y se nota cuando entrevista a líderes sociales y políticos -y reciemente en Twitter-, a la vez que Durden no es una persona carismática. Pero la fórmula funcionó por un buen tiempo, aunque el Pulso ha venido de capa caída y ya no es de ninguna forma lo que era antes -posiblemente por la incursión de Chumel en HBO donde se ha desempeñado mejor-. 

    Con Callodehacha la situación es diferente porque, a diferencia de Chumel -quien al menos propone un programa cómico, burdo e informal- pretende ser lo contrario: un líder de opinión. ¿El problema? No está preparado para serlo:

    Analiza el siguiente video, posiblemente compartas la postura de Callodehacha o posiblemente no lo compartas. Pero eso no es lo que importa, sino el contenido. ¿Callodehacha te dice algo diferente a lo que te diría cualquier persona en la mesa cuando está discutiendo sobre feminismo? La realidad es que no. Yo al menos no aprendí casi nada de feminismo, nada más que la opinión de algún amigo o conocido que no tiene mucho conocimiento en el tema-. Su argumento está lleno de argumentos comunes y opiniones meramente personales. 

    https://www.youtube.com/watch?v=rwjLd3nzDR4

    Para poner en evidencia lo que digo: Callodehacha comienza mal porque hace una generalización donde concibe al feminismo como una sola cosa e ignoró las ramificaciones y diversas corrientes que tiene. No es lo mismo ese feminismo radical «indignado» con los estudiantes de Ayotzinapa por ser hombres o que considera al hombre como enemigo y represor por el hecho de ser hombre, que las manifestaciones feministas más moderadas, que no caen en ese discurso confrontativo y que buscan una verdadera equidad de género.

    Para sustentar su argumento sólo trajo a colación alguna que otra estadística que encontró en la primera búsqueda en Google. Pero ¿tiene Callodehacha conocimiento sobre el feminismo? ¿Sabe qué es la Escuela de Frankfurt, de donde derivan muchas de estas corrientes progresistas? ¿Conoce la influencia marxista en algunas manifestaciones sobre feminismo -sobre todo las más radicales-? Seguramente no. 

    ¿Me estoy contradiciendo al decir que Callodehacha no tiene ningún talento? No, porque lo que señalo es en específico que no tiene la preparación necesaria para hablar de esos temas. Podría decir que su talento radica en su capacidad de generar polémica y ser políticamente incorrecto -por medio de contenidos dirigidos a una audiencia que no es muy exigente-. 

    El problema es que el formato que maneja le requiere, para informar bien a la gente y darle contenidos de calidad, una preparación que no tiene. No digo que necesariamente tenga que meterse a estudiar una maestría en ciencias políticas o sociología, pero sí podría empezar a adquirir contenidos, leer y empaparse de los temas que está tocando.

    Ahora que observaste el video, te voy a mostrar otro de un videoblogger que se llama Pablo Montaño que tiene un perfil más parecido al de Chumel:

    ¿Qué notaste? No sé si llegaste a mi misma conclusión. Esta persona está preparada sobre el tema que está hablando y dicho tema le apasiona. A pesar de que su canal tiene tintes más cómicos que aquel de Callodehacha, tiene bastante más sustancia.

    Seas un cómico, seas una persona seria, es necesario tener la preparación para hablar de los diversos temas, o al menos, como en el caso de Chumel, tener un buen respaldo que ayude a dar sustancia a tus contenidos. 

    ¿Por qué insisto en esto? ¿Por qué insisto en que muchos de los videobloggers que quieren hablar sobre política y cuestiones sociales no tienen la preparación adecuada?

    Porque muchas personas los han comenzado a adoptar como líderes de opinión cuando no tienen la preparación para serlo. Al menos Chumel no pretende serlo -aunque aún así algunos lo conciben como tal- como sí lo hace Callodehacha, y vende al Pulso de la República como un programa cómico que no pretende sustituir a los medios «serios».

    Algo está mal cuando alguien que pretende ser líder de opinión afirma esto:

    En vez de leer las columnas de opinión de los diarios, muchos millennials prefieren ver a estos videobloggers como sustituto y no como complemento, porque el formato del video es más amable y los contenidos son más amenos. Algunos se hicieron una opinión sobre un tema porque Callodehacha dio su opinión muy personal sobre cierto tema en vez de leer siquiera a una persona preparada para tocar el tema.

    En un México donde son más los intelectuales que parten de este mundo que las nuevas generaciones que emergen, deberíamos aspirar a que con la ayuda de Internet y las nuevas plataformas, estas últimas puedan convertirse en líderes de opinión. No necesariamente deben tener un lenguaje pomposo y rebuscado que no todos puedan entender. Por el contrario, que con un lenguaje muy concreto y fácil de entender, puedan opinar por medio de argumentos, que aunque sencillos, van acompañados de una gran carga de conocimiento y así generar una opinión más informada y elevada sobre los temas de interés. 

    Es fácil y obvio. Así como los médicos que te intervendrán quirúrgicamente deben tener conocimientos sobre medicina, y así como los arquitectos deben tener el conocimiento adecuado para construir una casa, quienes pretendan ser líderes de opinión deben tener el conocimiento necesario para serlo y darle a su público contenidos de calidad que les sirvan.

  • Las palancas joden a México

    Las palancas joden a México

    Siempre que se habla de empleo, de oportunidades y de crecimiento profesional, sale esa palabrita a relucir: «palancas». 

    He escuchado a algunas personas decir: -No es como que le tenga que joder tanto para llegar a donde quiero, yo tengo palancas-.

    Ellos entienden que la trayectoria profesional puede no ser tan importante, que son los pobres diablos los que buscan empleos en OCC, y que son los ganones quienes tienen al contacto indicado, a los amigos y a la gente indicada para poder aspirar a un puesto.

    Ciertamente, el networking y las relaciones públicas siempre son importantes, hasta en las naciones que tanto envidiamos. Es cierto que quien tiene talento y se esfuerza, también debe de esforzarse por darse a conocer y presumir sus talentos. Es cierto que el individuo debe saber tejer relaciones. Pero no me malinterpreten, yo no me refiero a eso, sino a las palancas en el más arcaico sentido de la palabra.

    Las palancas son, para decirlo de cierta forma, un mecanismo que se postra sobre el contrato social. Las palancas no sólo sirven para encontrar un mejor trabajo desistiendo de los esfuerzos para ser un mejor profesional, sino para evadir la ley o ganar favores.

    Las palancas, manifestación explícita del patrimonialismo como constante en la historia de nuestro país, establecen unas reglas de juego que suplen a las que están convenidas y formalizadas porque no todos pueden jugar con ellas. Básicamente, para tener palancas hay que tener palancas. Quien no las tiene no puede ser parte de esta dinámica.

    Las palancas reducen la posibilidad de movilidad social y perpetúan el status quo. Porque quien tiene palancas no sólo las tiene dentro de su misma clase social, sino dentro de sus mismos grupos sociales a los que pertenece. Las palancas excluyen de oportunidades de crecimiento a quienes no las tienen a pesar de tener el potencial intelectual y de voluntad.

    Las palancas permiten a quienes las usan poder escalar en la pirámide sin haber hecho un gran esfuerzo para ello y excluyen a quienes sí se han esforzado y tienen el talento.

    Y así entendemos cómo es que las palancas son nocivas. No sólo porque perpetúan la desigualdad, sino porque no son los más talentosos quienes deberían estar en los puestos que los más talentosos deberían ocupar. Entonces concluimos que inciden muy negativamente en el desarrollo de una entidad, una sociedad o incluso una nación.

    Vemos que en los puestos más importantes está el compadre, el que hizo un favor, el familiar, el bueno para nada cuyos padres estaban urgidos de que trabajara. Así, los mediocres son los que llegan a ocupar las élites sociales y no al contrario.

    Y cómo este sistema queda expuesto, se imita y se perpetúa. Se aprende que la palancas, el contacto, son indispensables, más que el esfuerzo. Para muchos basta con «tener un título de algo» y al compadre indicado para poder aspirar a un puesto mientras otros se matan y se preguntan por qué no han llegado a donde quieren llegar.

    De igual forma, las palancas perpetúan la corrupción cuando se tratan de evadir la ley. Lo que importa no es cumplir con la ley, sino tener al contacto adecuado para no cumplirla, sin importar el daño que se haga a las demás personas. El que tiene palancas se defenderá diciendo que «así es, que todos lo hacen» y que irse por el camino recto implica aceptar la derrota por anticipado.

    No recuerdo la existencia de un estudio que determine el impacto negativo de las palancas en la competitividad de nuestro país ni mucho menos en la producción de riqueza o en el PIB. Pero estoy seguro de que si se implementara alguno, los resultados de esos estudios serían muy preocupantes.

    Entonces concluimos que la sociedad no premia al más talentoso, sino al que esté «mejor parado», a aquel que se llevó al table dance a su compadre.

  • ¿Por qué sí apoyo la campaña #VibraMéxico?

    ¿Por qué sí apoyo la campaña #VibraMéxico?

    FOTO: DIEGO SIMÓN SÁNCHEZ /CUARTOSCURO.COM

    Las redes sociales están divididas en torno a esta marcha. Hay quienes dicen que es organizada por el establishment, que se trata de una marcha descafeinada en repudio a Trump pero que no profundiza en las causas y hay quienes de plano creen que su propósito es legitimar al gobierno de Peña Nieto. 

    Argumentos tan simplones como: «Si Enrique Krauze promovió la marcha en el programa de Denise Maerker, si el programa de Maerker se transmite por Televisa, y si Televisa apoyó a Peña Nieto en 2012, entonces la marcha tiene el propósito de legitimar a Peña Nieto».

    Algunos de estos críticos lincharon a Enrique Krauze por no marchar cuando desaparecieron los estudiantes de Ayotzinapa -aunque escribió varios artículos lamentando lo ocurrido-. Pero si cuando ocurrió lo de Ayotzinapa casi todos marcharon, mucha gente «de derecha» hasta monjas salieron a las calles. ¿Si esa vez prácticamente todo México se unió, por qué no ahora?

    Los críticos también parten de otro supuesto -más que válido-. Si el Gobierno de Donald Trump nos puede humillar es porque somos muy débiles como nación, y esta debilidad se explica en gran medida porque México es un país muy corrupto donde la clase política forma parte de la corrupción. El problema es que piensan que dado esto, entonces primero tenemos que resolver todo antes de manifestarnos con un demagogo que nos insulta y que es un riesgo no sólo para México, sino para el mundo.

    La conclusión es errónea. Voy a hacer una analogía:

    Tú eres una persona debilucha y el bully de la escuela siempre te golpea en la salida. Si fueras una persona menos débil el bully ya no se metería contigo, naturalmente llegas a la conclusión de que debes ir al gimnasio para que en unos meses tengas más masa muscular y puedas darle unos buenos golpes al agresor. Pero ¿eso significa que mientras tanto vas a dejar que te golpeen? Naturalmente no, vas a tratar de defenderte en la medida que sea posible. Posiblemente vayas con el director de la escuela o le avientes un mesabanco al bully, y que lo hagas no implica que no dejes de ir al gimnasio.

    Es una obviedad que México tiene que fortalecerse y resolver sus problemas internos para ser un país más fuerte del cual no abusen. Pero eso no está peleado con el hecho de que los mexicanos salgan a las calles para mostrar su repudio al bully llamado Donald Trump, una cosa no cancela la otra. El problema del bully es un problema inmediato, el problema del país débil que necesita fortalecerse es uno necesitará varios años de lucha, voluntad y esfuerzo. 

    Los críticos dicen que es algo que está organizado por el gobierno. Pero yo por más que me meto a su página y veo todas las organizaciones involucradas no veo a nada que me huela a gobierno. 

    ¿Amnistía Internacional? ¿El CIDE y el Colmex que tiene académicos muy críticos con el gobierno actual? ¿El IMCO que con la #Ley3de3 tuvieron muchos roces con el gobierno y cuyo titular es duro crítico de Peña Nieto? ¿Transparencia Mexicana? ¿La Universidad Iberoamericana que respaldó a los alumnos que formarían #YoSoy132?

    Curiosamente muchas de esas ONG’s e instituciones se la han pasado trabajando para incidir en el gobierno y cambiar las cosas. ¿O son despreciables las reformas políticas propuestas desde la ciudadanía y estas organizaciones?

    Ciertamente, yo dije que no puedo apoyar moralmente a Peña Nieto, pero sí puedo exigirle que haga lo que tiene que hacer y esperar que represente a México de la forma más digna. El sitio web dice que el propósito de la marcha es:

    … «que los ciudadanos sumemos esfuerzos y unamos voces para manifestar nuestro rechazo e indignación ante las pretensiones del Presidente Trump, a la vez de contribuir a la búsqueda de soluciones concretas ante el reto que ellas implican». A su vez «Requerir que el gobierno informe permanentemente de las negociaciones con Estados Unidos» y «Exigir el buen gobierno que merecemos». 

    La marcha tiene como propósito la inmediatez y es totalmente comprensible porque el riesgo es «inmediato», nos manifestamos por eso que ya está enfrente de nosotros. Es inmediato que el gobierno tome medidas ante este nuevo contexto y por eso hay que marchar. 

    Y sí, también hay que marchar en contra de Donald Trump. Que seamos un país débil no significa que no tengamos el derecho a defendernos de un agresor. Que deploremos a nuestro gobierno no significa darle derecho a alguien externo a agredirlos. Esos cómicos memes de: -Peña es un pendejo, pero es nuestro pendejo, no te metas con él Donald Trump- llevan algo de verdad. Y si algo es muy cierto es que Steve Bannon pretende debilitar lo más posible al gobierno así como deteriorar aún más la imagen de Peña Nieto para poder incidir así más sobre México, que pierda lo más posible en las negociaciones para cumplir los caprichos políticos de Donald Trump. 

    Pero no sólo se trata de México, el repudio hacia Donald Trump debe unir a todas las voces de distintas partes del mundo, que sea generalizado. Recordemos que el mayor peligro de Trump y su gente es que pretenden destruir los cimientos de la democracia liberal y modificar el panorama geopolítico llevándonos a un estado de las cosas que ya habíamos superado. Por eso es importante colmar las calles, porque se trata de unir fuerzas de repudio en todo el globo terráqueo. Debemos evitar que las tentaciones de ultraderecha prosperen.

    Por eso me preocupa que ante un momento así decidamos dividirnos, afirmar sin bases que unirnos a esta marcha implica abandonar los temas nacionales, el gasolinazo o la corrupción, o que nos «estamos volviendo paleros de Peña Nieto» cuando esta marcha ni siquiera está organizada por el gobierno ni tiene relación alguna. Los problemas de México son muchos y se pueden atacar por diferentes flancos. 

    No es con banderitas ni con nacionalismos absurdos de activistas de sofá, es salir a las calles no sólo a defender a México, sino unirnos con todo el mundo, con todos los ciudadanos del mundo que no queremos a Trump, que no queremos que la ultraderecha avance. El repudio debe ser generalizado, y si Estados Unidos puede -todavía- incidir en todo el mundo, entonces todos los ciudadanos del mundo tenemos que mostrar músculo.

    Como dijo Genaro Lozano en su Twitter: si tu problema es que no quieres marchar «con la derecha» puedes unirte al colectivo de la UNAM. Esta marcha no debe tener colores, debe unir a todos los mexicanos y todas las facciones están representadas. 

    Vibra México no es sólo un alto a las agresiones de Donald Trump, es un alto al fascismo y al oscurantismo. 

  • Make nuestra pinche hipocresía great again

    Make nuestra pinche hipocresía great again

    Make nuestra pinche hipocresía great again

    Lo voy a decir claro, si un Donald Trump mexicano surgiera dentro de nuestro territorio -esto es, una figura igual que el magnate estadounidense, pero adaptado o tropicalizado al contexto y la realidad mexicana- sería muy popular entre un considerable sector de la población, y hasta podría ganar. 

    Ahora ya entró la moda de subestimar a los estadounidenses, y sobre todo, de ser implacables con quienes votaron por Trump, aquellos de los apalaches, del rust belt, de las zonas más deprimidas de nuestra nación vecina. A veces las críticas se llevan a cabo con cierto tufo de superioridad moral: –mira que la «clase media ilustrada» mexicana está mucho más avanzada que esos white trash-. E incluso muy dentro de nosotros nos congratulamos de su condición porque haciendo la comparación ya nos sentimos tan mal. 

    La realidad es que incluso nuestras clases urbanas ilustradas, a diferencia de las estadounidenses, siguen siendo en gran medida apáticas, o bien, se limitan al activismo comodino. Si bien es cierto que la participación ciudadana en México ha aumentado en los últimos años, sigue siendo mayoría la que sigue sin involucrarse y no muestra responsabilidad alguna para con su comunidad. 

    Estados Unidos presenta una curiosa dicotomía, una aparente contradicción que es parte de su cultura y sus raíces y que de alguna manera siempre ha coexistido. Por un lado está el multiculturalismo, el país de migrantes. Por otro lado está el nativismo y el racismo. Uno vive dentro de las ciudades, otro dentro de las áreas rurales y suburbanas. Las segundas fueron olvidadas por el sistema, y desde un contexto decadente, de exclusión, de tejidos sociales rotos, votaron por un demagogo que les dio voz. 

    Los estadounidenses no niegan esa contradicción ni se la guardan. Por el contrario, la gritan. Las élites intelectuales y el multiculturalismo presumen su condición y sus ideales, los nativistas también. 

    Los mexicanos, por nuestra parte, no nos caracterizamos por ser directos. No sólo porque a veces llegamos a pecar de ser demasiado humildes como para poder terminar de presumir todas nuestras virtudes, sino que nos gusta esconder muchos de nuestros defectos y a hacer como que no existen. Esto ocurre mucho con el tema del racismo, muy presente en nuestro país. 

    La realidad es que si reconocemos nuestra condición tal y como es, podemos llegar a la conclusión de que nuestra situación es igual o posiblemente peor a la de los Estados Unidos. Posiblemente nosotros no tengamos red necks o nativistas que salen al pórtico de sus casas a decir que matarán al primer migrante que encuentren dado que no recibimos las olas de migrantes que los estadounidenses reciben. Pero la realidad es que nosotros también discriminamos a los migrantes.

    Eso sin importar la incongruencia que eso representa cuando criticamos el racismo y la xenofobia de Donald Trump.

    La Encuesta Nacional de Migración de UNAM realizó las siguientes preguntas: ¿estás de acuerdo en que se deporten a los migrantes centroamericanos? O ¿estarías de acuerdo en que se construya un muro en la frontera sur? Las respuestas fueron las siguientes:

    • La mitad está totalmente o parcialmente de acuerdo en que se construya un muro en el sur.
    • El 40% está total o parcialmente de acuerdo en que se deporten a los migrantes.
    • El 30% está de acuerdo en que los extranjeros paguen más impuestos que nuestros connacionales.

    Un Trump o una Marine Le Pen mexicana estarían frotándose las manos.

    Eso sí, cuando se habla de los migrantes mexicanos en Estados Unidos el consenso es unánime: no debe haber muro, no deben haber deportaciones.

    ¿Qué ésto no sólo es contradictorio, sino producto de un nacionalismo trasnochado y convenenciero, como ese que tanto le reclamamos a Trump?

    Peor aún, los mexicanos también somos selectivos con los extranjeros, y el criterio para hacerlo es muy parecido al del gobierno de Donald Trump, En esa misma encuesta, los mexicanos muestran más confianza ante estadounidenses, canadienses y españoles, en tanto estigmatizan más a los centroamericanos. Por más blancos y más limpios, son más bienvenidos.

    Incluso somos más tolerantes con los sirios porque no son sucios y porque gracias a los medios están de moda. Aplaudo que el esfuerzo de muchos haya dado la oportunidad a Samah, una siria que huía de la guerra, para que continuara con sus estudios y su proyecto de vida. Pero esa solidaridad no la muestran todos, ni siempre, ni con todos. 

    No debemos tampoco olvidar las manifestaciones de discriminación hacia los migrantes que es pan de cada día. En Guadalajara, muchas personas se opusieron a el establecimiento de una casa de paso para ayudar a los migrantes porque decían, afean sus colonias, son sucios, y traen inseguridad -a pesar de que han demostrado lo contrario-. De igual forma, en esta misma ciudad, algunos colonos han desplegado mantas donde invitan a los migrantes a retirarse de sus colonias. 

    Si queremos que otras naciones respeten a la nuestra debemos actuar con congruencia respetando no sólo a aquellos de otras nacionalidades sino a nosotros mismos. Lo primero que deberíamos hacer es aceptar nuestros defectos culturales en vez de verlos reflejados como un «lo que te choca te checa» en los defectos del vecino. 

    Duele, pero es la verdad. Y si queremos avanzar deberíamos primero ser conscientes de nuestra realidad. No, no somos tan incluyentes con los migrantes como pensamos y presumimos. Dejemos de pensar que lo somos porque a los extranjeros -predominantemente blancos- se les atiende con una cálida cortesía.

    Y vaya que sólo he hablado de los migrantes, porque hasta con nosotros mismos discriminamos. 

  • Un atentado en Monterrey, y el Columbine del morbo y la sociedad infantiloide

    Un atentado en Monterrey, y el Columbine del morbo y la sociedad infantiloide

    Un atentado en Monterrey, y el Columbine del morbo y la sociedad infantiloide

    Decir que México está pasando por un mal momento es repetir aquello que ya es muy obvio. Balaceras en Playa del Carmen y Cancún perpetrados por comandos armados, y ahora un niño que padecía depresión y aparentemente sufría de bullying decidió atentar contra su maestra y compañeros.

    ¿Por qué la frustración de un niño puede llevarlo a atentar contra la vida de sus compañeros y la suya propia?

    Tuvieron que ocurrir muchas cosas para que el niño tomara esa decisión, en las que posiblemente tuvieron alguna relación desde su familia, la escuela, su comunidad y hasta los medios de comunicación -muy seguramente tuvo conocimiento de uno de tantos atentados que han ocurrido en Estados Unidos y alguno de ellos le sirvió de inspiración-.

    Cuando esto sucede no debe de tomarse como un caso aislado, incluso deberíamos entender esto como una «conclusión» de lo que ocurre en las escuelas -públicas y privadas- del país, donde el bullying es una constante. Las señales de alerta existían,  basta ver en Youtube los cientos de videos de este tipo de actos. 

    Lo que se debería de esperar de nosotros, los mexicanos, es un sentimiento de preocupación y solidaridad con las víctimas, con la maestra, los niños heridos, e incluso el victimario que de alguna forma es víctima de un sistema que no funciona y no puede garantizar el sano desarrollo de los niños. 

    Pero en vez de eso, me percato de que lo que abunda es el morbo. Si algo me hizo sentir más mal que el propio video del acto y las fotografías explícitas, fue la cantidad de gente que compartió esos contenidos en sus redes sociales. No para generar consciencia, mucho menos como actos de solidaridad, sino para generar morbo, para divertirse.

    Es discutible si los medios deben o no difundir esos contenidos, algunos podrán alegar que pueden generar un impacto en la gente y que al verlos, hagamos consciencia sobre lo que está pasando. No me atrevería a reprobar categóricamente el mero hecho de la difusión de los videos si la intención es esa, y no la del morbo -aunque considero que es muy imprudente, sobre todo con una sociedad como la nuestra que no termina de madurar-. Pero vaya, incluso algunos medios de comunicación se subieron al tren del mame, para ganar visitas, likes, o vender más diarios. 

    Algunos intentaron (intentamos) parar la propagación de estos contenidos. Muchos, como Risco, recibieron insultos, y como sanción, le publicaron una y otra vez estos contenidos en Twitter. 

    ¿De verdad? ¿Ante un problema tan grave y delicado no podemos tener siquiera respeto por las víctimas?

    ¿De verdad no se puede tener al mínimo un sentimiento de empatía con todas estas personas después de haber visto estos contenidos? ¿Te imaginas ser la madre de una de las víctimas y que gente morbosa esté compartiendo el video donde balacearon a tu niño? 

    ¿De verdad, tu reacción ante un país que se descompone por la violencia, el narcotráfico, y un sistema que no puede por sí mismo garantizar seguridad ni una vida digna a sus ciudadanos, es el morbo? ¿De verdad?

    Estoy francamente sorprendido, estoy sorprendido de que parte de mi sociedad, a la que pertenezco, le importe llamar más la atención en las redes sociales que sus propios semejantes. Si fuéramos una sociedad evolucionada, deberíamos estar lamentando el hecho y estar pensando qué podemos hacer para que esto no vuelva a pasar. 

    Porque si este atentado nos obliga a pensar en la descomposición social que la origina, también entonces debemos pensar en aquella que motiva a algunos usuarios a propagarlas con tal de llamar la atención: ¿qué educación les dan sus padres o cuál es la que reciben en su escuela?

    Ante un panorama -local, nacional y global- tan complicado, los ciudadanos deberíamos estar a la altura. No lo estamos. Seguimos siendo una sociedad que no puede autogobernarse. 

    Y todo eso ocurre en los albores del ascenso de Donald Trump, el bully de México. 

  • Las redes y los saqueos ¿quién fue?

    Las redes y los saqueos ¿quién fue?

    La mano negra detrás de los actos vandálicos

    Hoy hablaré del tema menos importante -que no por eso deja de ser importante- con respecto al tema del gasolinazo. Lo considero así porque aunque los saqueos no son cualquier cosa -es un atentado contra la propiedad privada, y a la vez, se dice, es una expresión llevada al extremo de la indignación que el gasolinazo ha causado- tienen menos importancia que aquello sobre lo que se debate, que es de interés nacional y no se debe de dejar al lado: primero, entender por qué se ha elevado el precio de la gasolina; y segundo, cuál es el origen del problema -que a la vez exhibe las fallas dentro del gobierno como el mal manejo de las finanzas, el ordeñamiento de Pemex, la corrupción, entre otros temas.

    Pero hablemos pues, de los saqueos.

    Primero puedo advertir que las redes se han convertido en una batalla campal, algunos no se han percatado que dentro de esa batalla hay quienes buscan manipular la opinión pública -cosa que ya se ha vuelto costumbre en las redes-. Esto ocurre dentro de los dos bandos, en mayor o menor medida. Por ejemplo, cadenas de Whatsapp invitando a no salir a manifestarse por el peligro que esto conlleva, y otros mostrando textos apócrifos donde algunos aseguran que el PRI los invitó a saquear tiendas.

    También se percibe esa ya clásica polarización donde las etiquetas caben más que los argumentos: «chairos», «vendido del sistema», «eres de Televisa» y demás, para desprestigiar así al otro bando sin siquiera haber debatido el argumento. Me alejaré de esas malas prácticas que enturbian el debate para poder hacer mi argumentación.

    ¿Son los saqueos manifestaciones espontáneas, son orquestados por alguien, o es una estrategia del gobierno?

    Los saqueos y el vandalismo pueden ser una manifestación espontánea producto del enojo y la indignación, como ha ocurrido en mucho lados. Por ejemplo, en el diario The Guardian, Bryn Phillips, quien participó en los actos vandálicos que ocurrieron en 2011 en Londres, afirma que estaban muy enojados y no sabían como expresar su enojo. Una investigación posterior de la Universidad de Oxford afirma que la desconfianza en la policía y la desigualdad fueron los detonantes. 

    Si uno compara los actos vandálicos de Londres con los ocurridos en México va a encontrar algunas diferencias notables. En el caso de Londres, es evidente que es el enojo el móvil, los manifestantes trataron de destrozar todo lo que había a su paso, prendieron fuego y agredieron a los policías. 

    En el caso de México, aunque sí hubo vidrios rotos y agresiones en algunos casos -un policía murió y en algunos casos se escucharon balazos-, nunca adquirieron la intensidad de los hechos que ocurrieron en Londres. No vimos comercios prendidos con fuego ni vimos batallas campales entre los vándalos y la autoridad. De hecho, hay videos donde usuarios aseguran que la propia autoridad participó en los saqueos

    El propósito, más que destrozar lo que había a su paso, era hurtar tiendas y robar televisiones o productos perecederos. Si uno observa los videos de los actos se podrá dar cuenta que quienes participan no están invadidos por el odio; en algunos casos parecen estar más bien divirtiéndose, e incluso entran a hurtar en las tiendas de una forma muy tranquila.

    Entonces lanzaría la pregunta ¿sí están estos vándalos movidos por la indignación provocada ya sea por el gasolinazo o el gobierno de Peña Nieto, o porque quieren una nueva televisión? Si uno observa detenidamente, estos saqueos tienen más en común con los que ocurrieron en Los Cabos después del huracán Odile, que con los actos de violencia de Londres. Analice su comportamiento y compare. 

    Por ejemplo, en el siguiente video podemos observar que algunos de los saqueadores salían de las tiendas tranquilamente, y quienes no, lo hacían para huir de las autoridades:

    https://www.youtube.com/watch?v=0PtWkhnKPug

    La segunda cuestión es, si el vandalismo es producto del gasolinazo, entonces esperaría que ocurrieran dos cosas: que los vándalos atacaran oficinas o establecimientos que tienen relación alguna con el gobierno o Pemex, o que lo hicieran de forma indiscriminada contra cualquier establecimiento -sea cualquier comercio-, porque una persona llena de cólera no es alguien que se vaya a comportar de una forma racional. Nunca vimos casetas quemadas, ni siquiera una gasolinera, y sí saqueos bien focalizados en tiendas de autoservicio como Soriana, Coppel u Oxxo.

    Llama la atención que este vandalismo «focalizado» se haya reproducido de la misma forma en varias entidades de la República donde atacaron las mismas cadenas de autoservicio, tal vez con excepción del Palacio de Gobierno de Monterrey donde rompieron vitrinas y voltearon algunos carros de medios de comunicación y donde los manifestantes -pacíficos- se deslindaron señalándolos. Pero incluso en este caso no vemos individuos que estén movidos por el rencor o la indignación, compare a éstos vándalos con aquellos de Londres. 

    La tercera es que en las redes sociales aparecieron cuentas convocando a saquear tiendas, no fueron cuentas aisladas sino bots programados para amplificar el mensaje.

    Entonces puedo pensar lo siguiente. Que difícilmente esta puede tratarse de un acto espontáneo, porque no parece que la rabia o los sentimientos desbordados sean el móvil, y junto con la aparición de convocatorias en redes sociales programadas con alguna entidad que tiene algún interés podemos pensar que están orquestados o incitados por alguien.

    Entonces, si fueron orquestadas, ¿quién fue?

    La primera teoría, y que sostienen muchos, es que fue el Gobierno Federal. Algunos argumentos a favor de esta teoría son los siguientes:

    La credibilidad que el gobierno tiene es muy baja, y pueden temer que las manifestaciones logren crear una suficiente masa crítica como para que el problema adquiera otra dimensión. A diferencia de otras ocasiones, los manifestantes se han sentido lastimados en los bolsillos, por lo cual muchas personas -sobre todo de clase media- que antes no estarían dispuestas a manifestarse, lo harían. Una manifestación heterogénea sería más preocupante para el gobierno que una propia de un sector focalizado, porque se trataría de un repudio generalizado -que no respeta clase social, posición económica, etc-.

    Los saqueos inhibirían a los manifestantes a salir a las calles al crear una sensación de psicosis, esto sin importar que las manifestaciones no quedaran deslegitimadas -por ejemplo, con manifestantes capaces de deslindarse de los vándalos-, porque pueden creer que su integridad podría estar en riesgo si salen a la calle.

    Bien, podría pensar que esto también podría servir para desviar la atención. Que se hable más de los saqueos que de las malas finanzas públicas y el endeudamiento del gobierno que hacen mandatorio mantener a las gasolinas gravadas con impuestos. 

    Otro argumento es que la policía no se anticipó a los saqueos, los cuales fueron convocados en las redes sociales. Cuando los saqueadores llegaron al establecimiento, no se toparon con policías que les prohibieran el acceso. Basta ver varios videos, como los que puedes encontrar en Youtube, donde la autoridad brilla por su ausencia. 

    Otra es que la mayoría de los saqueos se llevaron a cabo en el Estado de México, que es básicamente el centro de operaciones del partido del gobierno, y de donde suelen reclutar acarreados -como es el caso de las ceremonias del Grito de Independencia-.  

    Y la última es que se propagaron mensajes -que recibieron familiares, amigos, y conocidos míos- por Whatsapp invitando a la gente a no salir a manifestarse porque podrían arriesgarse y el entorno podría volverse violento. Con lo cual sí podemos confirmar que hay alguien interesado en que estas manifestaciones no crezcan. Adjunto una imagen que me compartió un amigo desde su Whatsapp:

    Un argumento en contra de esa teoría es la reacción que podrían tener las empresas que sufrieron agresiones, que son grandes y cuyas inversiones son fuertes: -FEMSA, Wal Mart-, de saber que esos vándalos fueron enviados, o de menos incitados, por las autoridades. Esto en un contexto donde la relación entre el gobierno de Peña y la cúpula empresarial ya no es muy buena.

    Y si no fue el gobierno quien participó en la organización o en la promoción de estos saqueos ¿quién pudo ser?

    La primera respuesta que viene a la mente de muchos es López Obrador. Pero en el contexto actual, lo que menos le conviene a López Obrador es ese escenario, no sólo porque las posibilidades de que quede exhibido son altas -empezando porque el gobierno concentra a los servicios de inteligencia- sino porque a López Obrador, quien aspira a ganar las elecciones del 2018, le conviene un escenario donde el gobierno sea lo más impopular posible para rentabilizar la indignación de la gente, pero donde el país, a su vez, sea lo suficientemente estable para que pueda gobernar. A año y medio de una elección en la cual tiene serias posibilidades de ganar, desestabilizar al país sería un suicidio. 

    La segunda es que se podría tratar de algún grupo anarquista o extremista opuesto al gobierno, pero este tipo de grupos suelen adjudicarse sus actos. A juzgar por la vestimenta de los manifestantes, no parecen pertenecer a algún tipo de organización.

    Otra teoría sería que a alguna agrupación -que posiblemente no sea lejana a la clase política- tenga algún interés específico en mostrar al país y al gobierno de Peña Nieto en descontrol. Quienes consideran esta teoría, dicen que la mayoría de las manifestaciones ocurrieron en el Estado de México porque es un estado muy importante para el PRI, y donde se llevarán a cabo las siguientes elecciones. Entonces mostrar caos y una autoridad inoperante podrían influir en el resultado de las elecciones. 

    ¿Quién fue? Lo dejo a consideración al lector, yo simplemente he trazado los argumentos que se me vienen a la cabeza. Si llegas a una conclusión, puedes dejar tu comentario abajo.

  • México, tan lejos de Dios, tan cerca de los 16 pesos de Magna

    México, tan lejos de Dios, tan cerca de los 16 pesos de Magna

     México, tan lejos de Dios, tan cerca de los 16 pesos de Magna

    Los gobiernos de vez en cuando tienen que tomar medidas impopulares; medidas que en el corto plazo tendrán una afectación en la ciudadanía, pero que sin ellas, las consecuencias a mediano y largo plazo serían más graves. 

    Muchos de los afectados no entienden la necesidad de implementar medidas, ya no tanto porque piensen a corto plazo, sino porque no tienen el conocimiento que se supone tienen quienes son especialistas dentro del gobierno, o bien, porque las simpatías políticas o ideológicas pueden nublar la razón. 

    Sabiendo esto, que el gobierno necesita de la legitimidad del pueblo para gobernar pero que no siempre le puede dar gusto -quien lo hace, se dice, se convierte en demagogo-, entonces tiene que jugar bien sus fichas. El gobierno tiene que procurar mantener la suficiente legitimidad para poder tomar una medida impopular sin que lo ponga en jaque. 

    El problema se agrava cuando la medida no sólo es impopular, sino que no está completamente justificada. Cuando pasa eso, entonces la mayoría de los líderes de opinión -y no sólo los que simpatizan con la facción opositora- se lanzan contra el gobierno o contra su medida, amplificando todavía más el descontento de la sociedad. 

    Habiendo dicho esto, el tema del gasolinazo es uno muy complejo. Se trata de una medida impopular, que se pudo evitar, y cuyo ejecutor -no sólo el gobierno al mando, sino las facciones involucradas- no tiene legitimidad.

    Pero a la vez es un tema que la gente desconoce. Es decir, la indignación puede estar justificada, pero el diagnóstico que hacen suele estar errado, movido por las emociones, y en algunos casos, por intereses políticos que buscan manipularles:

    Por ejemplo, una de las primeras reacciones tiene que ver con culpar a la Reforma Energética. Si el precio de la gasolina subió y los precios se liberaron -fenómeno propio de la Reforma-, entonces la liberación de precios es responsable del incremento de la gasolina. Pero en realidad el precio no está tan liberado porque tiene una fuerte carga impositiva que el gobierno dice necesitar para poder financiar el gasto público y que deriva de la Reforma Fiscal que impulsaron PRI y PRD.

    El gobierno, por su parte, busca manipular a la opinión pública culpando a agentes externos, que si bien existen y sí juegan un papel, no son los únicos actores. Ellos hablan del alza del precio internacional del petróleo o del contexto mundial.  Las facciones opositoras, sobre todo las que se presentan como las más fuertes en 2018 -PAN y MORENA- juegan su papel tratando de obtener un beneficio del descontento de la gente. El PAN desde la derecha pide que eliminen el IEPS, y López Obrador desde la izquierda culpa más bien a la Reforma Energética impulsada por la «mafia en el poder».

    En realidad el gobierno no tiene otra ruta más que esperar que esta decisión no impacte tanto, que las manifestaciones no sean lo suficientemente grandes para que puedan poner en riesgo la estabilidad, y que la cantidad de legitimidad que se pierda -y de la cual ya no tienen mucha- sea la menor posible.

    El gobierno ya no puede utilizar la alternativa que en muchos otros escenarios sería la más sensata, la de explicar al pueblo la necesidad de tomar esa medida y esperar que lo entiendan, o que al menos no se opongan tanto, oposición que lograrían contener con sus «reservas de legitimidad».

    No se puede hacer porque los gobernados los perciben con una gran falta de legitimidad y autoridad moral. Basta ver los escándalos de corrupción en los que se vieron directa o indirectamente involucrados, los gobernadores que desfalcaron estados y que no han pasado por la justicia. 

    Peor aún, el gobierno tampoco tiene alternativas si hablamos de políticas que podría implementar para aminorar el descontento. Todos sabemos que el gobierno ha manejado pésimamente las finanzas de este país, y por eso se entiende que el gobierno no pueda prescindir en ningún grado de esa carga impositiva que tienen las gasolinas. Es decir, el impuesto está ahí para cerrar los boquetes producto de su ineptitud, pero si el gobierno decide eliminar el impuesto (IEPS), el problema en realidad podría tornarse aún más grave. Volver a subsidiar la gasolina para aminorar el descontento es dar un paso atrás. 

    Tal vez quienes se manifiestan ahora debieron ser más insistentes desde hace algunos años sobre la forma en que el gobierno manejaba las finanzas, sobre los escándalos de corrupción, sobre las programas sociales que se han convertido en mecanismos clientelistas y electorales -como Prospera- pero que tan necesarios son para el partido en turno -basta ver a Ochoa Reza decir que sin el impuesto a la gasolina no podrían financiar dichos programas «tan necesarios»-. sobre la forma en que esa élite política ordeñaba Pemex, o sobre aquel PRI y PRD que bloquearon la Reforma Energética el sexenio pasado y que aprobaron la Reforma Fiscal en este sexenio. De hecho no sólo es este gobierno el «culpable», y tendríamos que preguntarnos sobre lo que hicieron o dejaron de hacer pasadas administraciones. 

    Ahora no hay margen de salida, el aumento del costo de la gasolina puede ser injusto por las razones que mencioné anteriormente, pero cualquier intento por aminorar el impacto o satisfacer a la población legítimamente indignada podría terminar creando un problema todavía peor. 

    No se me haría demasiado descabellado que el gasolinazo se termine convirtiendo en la gota que derrame el vaso. A diferencia de todos esos episodios bochornosos e indignantes -Casa Blanca, Reunión Peña-Trump, huída del Chapo-, este evento afecta directamente a los bolsillos de los ciudadanos, y algunos de quienes nunca pusieron un pie en el asfalto para manifestarse por el conflicto de intereses de la Casa Blanca, Ayotzinapa, Trump y demás, ya están en las calles. Ante tal nivel de indignación y ante aquella acumulada a través del sexenio, la mecha podría encenderse.