Categoría: temas polémicos

  • El sismo y las televisoras

    El sismo y las televisoras

    El sismo y las televisoras

    El miércoles pasado me llevé mi laptop a la televisión. La idea era que mientras estaba haciendo llamadas, compartiendo información en redes sociales y conectando gente o gestionando vuelos con aerolíneas para trasladar voluntarios, pudiera estar al tanto de lo que pasaba. Quería tener mi computadora ocupada en las «labores de voluntariado» y doña tele sería mi principal fuente de información en esos momentos. 

    Por un momento había olvidado porqué había dejado de ver televisión y porqué los noticieros dejaron de ser, para mí, cualquier fuente de referencia. 

    Lo primero que entendí fue que las cadenas de televisión se han visto rebasadas por las redes sociales y los medios de comunicación digitales. Por ejemplo, mientras TV Azteca estaba concentrada en la Frida Sofía que nunca existió (luego supimos que no fue tanto culpa de las televisoras) y narrando apasionadamente un intento de rescate en la Obrera, en Internet se propagaba el rumor, propagado por algunos medios serios, de que el hotel Plaza Condesa tenía daños estructurales (que es un icono del lugar porque hospeda un inmueble de conciertos, bares y restaurantes). Pero la televisora del Ajusco se limitó a comentar algo así como «después vamos a hablar de un edificio de La Condesa que está en riesgo de colapso». Se notaba, la televisora estaba muy atrasada, no le aguantaba el ritmo a Internet.

    ¿Qué fue lo que vi en esa transmisión? Básicamente un show. Parecía que estaban preocupados por todo menos por ser un canal de comunicación que pueda a poner disposición herramientas para ayudar en las labores de rescate. En vez de informar, se preocupaban por narrar relatos de «telenovela» para mantener al espectador enfrente de la televisión. Así trataron el caso de Frida Sofía, todas las cámaras apuntaban al colegio Enrique Rébsamen donde supuestamente había una pequeña niña atrapada. Cierto, no inventaron la historia como acusaron algunos de sus detractores, pero parece que tampoco (ni ellos ni Televisa) se preocuparon por corroborar bien sus fuentes de información.

    En ese momento existían varios edificios en riesgo de colapso, vecinos preocupados porque el edificio de al lado no se les fuera a caer, muertos, pánico, gente sufriendo, pero todo se centraba en el Enrique Rébsamen y solamente en el caso de Frida Sofía. Después cortaron la transmisión para entrevistar a personajes de la farándula y preguntarles cómo vivieron el temblor. Aprovecharon el momento para promocionar a sus grupos pop, y de paso, promocionar a sus fundaciones como las hermanas de la caridad, dona a nuestra fundación y nosotros donamos otro peso. De nuevo, se presentaban con ese aire paternalista dentro de una sociedad donde ya casi nadie los voltea a ver ni los toma en cuenta. Ante la incapacidad de ser un medio de información, prefirieron ser uno de espectáculos para llegar a ese target que todavía está condenado a verlos.

    Y las pocas veces que se molestaron en buscar la noticia (cuando cuadraba con las telenovelas que hacían por medio de la tragedia) no se molestaron siquiera en ser sensibles con el dolor y la desesperación que muchos vivían:

    Si en 1985 el gobierno fue rebasado groseramente por la ciudadanía, ahora quienes fueron rebasadas fueron las televisoras. Internet fue el medio de comunicación que sirvió para todo, para informar (y sí, para desinformar de vez en cuando) y para que la ciudadanía se organizara o reportara personas. La gran mayoría conoció información de primera mano a través de Internet. Lejos quedaron los tiempos de aquellos reportajes pletóricos como el de Jacobo Zabludovsky quien salió a las calles en su automóvil inmediatamente después del terremoto de 1985. Ahora todo lo supimos por medio de los videos posteados en redes sociales. Televisa y TV Azteca, ante la falta de contenido propio, tuvieron que echar mano de ellos para narrar la tragedia. 

    Y hasta para eso se vieron lentos. Retransmitían los videos que ya rolaban desde hace varios minutos u horas en Twitter y Facebook. 

    Básicamente, las televisoras fueron inútiles como medio de comunicación. Ni siquiera se molestaron en usar toda su capacidad humana y tecnológica para involucrarse en las tareas de localización de personas, de rescate y de ayuda. Fueron meros espectadores y transmitieron lo que percibían como espectadores. Pasmados, en la búsqueda de rating, tuvieron que recurrir al show, ahí donde (piensan) todavía no han sido rebasados. Las televisoras no tendrán su nombre impreso en estos días que fueron trágicos, pero a la vez históricos. A diferencia de 1985, nadie recordará ni compartirá las transmisiones de las televisoras si no es para criticarlas. 

    Dicen que las tragedias sacan lo mejor o lo peor de las personas. En el caso de las televisoras, tan sólo mostraron que cada vez son más irrelevantes en el concierto nacional. 

  • El sismo: lo que se hizo bien y lo que se dejó de hacer

    El sismo: lo que se hizo bien y lo que se dejó de hacer

    El sismo: lo que se hizo bien y lo que se dejó de hacer

    Hoy, a tres días del terremoto, miles de capitalinos no tienen donde vivir. Regresaron a su edificio y ya no existía, o bien, estaba demasiado cuarteado como para considerarlo habitable. Una amiga está viviendo con sus tíos porque su edificio está fracturado, el de otra está bien pero el edificio de enfrente está al borde del colapso. Muchos se derrumbaron provocando una gran pérdida de vidas mientras que otros se vinieron abajo ya que estaban desalojados. 

    Durante muchos años se habló del terremoto como la «prueba» para determinar qué tanto se había avanzado en materia de cultura, prevención, códigos de construcción. El martes llegó la prueba, y si bien el progreso existe, podemos hablar de un progreso a medias:

    Lo que tiene que ver con la cultura de la prevención y la alarma sísmica es lo más rescatable. Llaman la atención los videos donde ante la sacudida la gente tiene capacidad de mantener cierto orden y seguir el protocolo. Eso salvó muchísimas vidas. Cierto que este sismo no fue tan intenso como el de 1985 pero tampoco fue «diez veces más débil» cómo lo hizo notar la revista Proceso. Aunque la diferencia sea de un grado, en esta ocasión el epicentro fue más cercano. 

    Luego vienen aquellos avances que son más bien insuficientes y que tienen que ver con la reacción del gobierno y los códigos de construcción. Indudablemente la reacción del gobierno en todos sus niveles fue bastante mejor que en 1985, pero también es cierto que pudo ser mejor. Porque es cierto también que en cierto momento la ciudadanía volvió a rebasar al gobierno y suplir las deficiencias de éste. El gobierno de Peña reaccionó con prontitud, pero en algunos casos fue notorio que no existió mucha coordinación, lo cual llegó a costar algunas vidas. A pesar de que la reacción gubernamental fue «mejorable» sí pudimos ver a los militares dando todo de sí. 

    Lo mismo va para los códigos de construcción. Sí se ha mejorado en el tema, los edificios «post-1985» en general están mejor construidos, y aunque es cierto que este terremoto fue menos intenso que el de 1985, también es cierto que la gran mayoría de los edificios y condominios que se vinieron abajo eran viejos. Pero también es cierto que algunos nuevos colapsaron, y a juzgar por los videos donde se exhibieron la manera en que fueron construidos, vemos que dichos derrumbes sólo se pueden explicar por medio de la corrupción. Fueron muy pocos los que murieron en los inmuebles más recientes, pero muchas personas que habían adquirido ahí un hogar no tienen donde vivir. 

    El colegio Enrique Rébsamen es un claro ejemplo de ello. El edificio que se desplomó tenía poco tiempo de haberse construido y es evidente que había tenido muchas modificaciones (lo que puede explicar su colapso). Lo más grave del asunto es que esto es muy «típico» con las escuelas privadas, que se establecen en edificios que van «cambiando» de acuerdo a las necesidades o que tenían otra función y que han sido modificados para ser escuelas. 

    Otro problema son los edificios viejos, varios de ellos ya estaban resentidos y no se había hecho nada al respecto, la gente seguía viviendo ahí. La semana pasada, cuando viajé a la Ciudad de México y caminaba sobre la avenida Amsterdam, me llamó la atención el edificio con el número 27, estaba fracturado en la parte de la derecha y me preguntaba cómo es que seguía habitado. Pensé que si temblaba esto se iba a caer, y eso fue lo que sucedió:

    En todas las ciudades sísmicas, como la propia Ciudad de México, Guadalajara y Puebla entre muchas otras, deberían implementarse políticas para revisar todas las estructuras y determinar cuáles no son habitables o necesitan ser reparadas. No debería permitirse que la gente viva en «bombas de tiempo». Eso también pudo haber evitado muchos muertos. 

    Con los avances que sí se han tenido, centenares de personas que hubieran muerto antes no murieron, pero si los avances no hubieran sido insuficientes tal vez solamente hablaríamos de decenas de muertos. Muchas muertes no se evitaron por la negligencia y la corrupción. No debemos conformarnos con avances a medias. Y aunque es cierto que por más desarrollada y mejor gobernada esté una ciudad no se podrá evitar del todo catástrofes, si debemos evitar que no sean causa de la negligencia o de algo que sí pudimos hacer.

    Ya habrá tiempo para revisar a fondo que sucedió, tendremos que hacer un honesto análisis de qué tan bien preparados estamos y de lo que se tiene que mejorar. Debemos, sí, reconocer los avances, pero debemos reconocer que no es suficiente y que todavía adolecemos problemas que nos cuestan vidas y que terminan fracturando familias. 

     

  • El feminismo de la tercera ola ¿es para todos?

    El feminismo de la tercera ola ¿es para todos?

    El feminismo de la tercera ola ¿es para todos?

    Cuando me preguntan si el feminismo es necesario (en el sentido muy amplio de la palabra)  yo respondo que sí, porque a pesar de los grandes avances en materia de género todavía no se ha llegado a la equidad. 

    Todavía existen varias manifestaciones que lo dejan ver así y enumeraré algunas de ellas. Es cierto que yo, al ser hombre, puedo no terminar de entender algunas de las problemáticas que las mujeres viven, pero para eso me he molestado en platicar con varias amigas al respecto:

    • La violencia en contra de las mujeres persiste en algunos sectores. En pleno siglo XXI, las mujeres tienen que cuidarse a ellas mismas para no ser víctimas de una violación o de un homicidio como sucedió con el caso de Mara Fernanda.
    • En algunos sectores sociales, mientras que es un sacrilegio que la mujer sea infiel, el hombre puede serlo sin consecuencias graves.
    • Algunas amigas me han contado que, dentro de las empresas en las que trabajan, han infravalorado en más de una ocasión su trabajo por el hecho de ser mujeres. Esto sobre todo en aquellas áreas que tradicionalmente han estado dominado por los hombres, tales como ingenierías y STEM.
    • La objetivación de la mujer en la publicidad y, especialmente, dentro de la industria pornográfica.
    • Falta de respeto a las mujeres con frases inapropiadas, piropos callejeros insultantes, etc. 

    Pero al mismo tiempo, varias amigas con las que he platicado me han comentado que se les dificulta o no están dispuestas a llamarse feministas por lo que, dicen, ese término representa hoy en día. O bien, me dicen, sí soy feminista, pero «no de esas». Otras señalan que la causa se ha desviado, que se ha atrincherado, o bien, que se ha dogmatizado. 

    Por eso, yo mismo quise analizar al feminismo actual, a ese que llaman «feminismo de la tercera ola», para tratar de entenderlo y así poder emitir una crítica. Anteriormente había hablado de las corrientes filosóficas subyacentes a este tipo de feminismo y de las malas experiencias personales que tuve con algunas personas que dicen representarlo, sobre todo, por la poca disposición a debatir. 

    Para esto me molesté en leer un libro llamado Feminism is for Everybody de Bell Hooks, quien es una de las más importantes representantes del feminismo de la tercera ola. Escogí este libro porque, después de analizar la filosofía que sostiene a esta corriente con anterioridad, se me hizo propio leer una obra que busca introducir al lector al feminismo sin muchas complicaciones. Contrastaré este libro con El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir, y también retomaré el tema de las bases filosóficas de este tipo de feminismo. Estas tres herramientas, junto con información que consulté en Internet y otros medios, me ayudarán a hacer la crítica.

    Es paradójico, por ejemplo, que el libro de Hooks se llame Feminism is for Everybody cuando en su libro queda patente una y otra vez lo contrario, y que refleja uno de los más grandes problemas del feminismo actual:

    Mientras Simone de Beauvoir no hace distinciones y describe el problema para plantear algunas soluciones de las cuales todos son parte, Hooks sí las hace y parece sugerir que entre más oprimido sea el individuo, más autoridad moral tiene. Se trata de una especie de «discriminación a la inversa». Hooks no fundamenta mucho sus argumentos en fuentes ni estudios y hace muchas generalizaciones, a diferencia de Beauvoir que sí lo hace (con todas las desventajas de hacerlo en la primera mitad del siglo XX donde el acceso a la información era mucho más escasa), además que es más rigurosa.

    Hooks afirma que no se puede ser feminista y estar en contra del aborto, argumento que contradice el título de su obra porque entonces el feminismo no es para las personas que no son pro-choice. Pero luego muestra de forma constante cierto recelo a las mujeres blancas y de buena posición económica (quienes son privilegiadas). Entonces las puertas del feminismo de Hooks se reducen: el feminismo es para todas las mujeres pro-choice que no sean ricas y no sean blancas. 

    La filosofía posmoderna (postestructuralista), que toma de Foucault el concepto del poder y la opresión, pero sobre todo, la idea derridiana de la oposición binaria y la deconstrucción del lenguaje, ha creado una receta explosiva: la esencia del feminismo de la tercera ola son las relaciones de opresión. Es decir, en todas las categorías binarias una oprime necesariamente a la otra: Así, el hombre oprime a la mujer, la burguesía al proletariado, el blanco al negro. Este concepto, cuya autoría pertenece al filósofo francés Jacques Derrida, queda muy patente en la obra de Bell Hooks.

    Pero luego se le agrega un ingrediente más y es el de la interseccionalidad, un término acuñado por la activista Kimberlé Williams Crenshaw. Este término básicamente refiere a la idea de que los individuos viven identidades múltiples formadas por varias capas, y donde en cada identidad opera una relación de poder binaria donde una oprime a la otra. 

    Por ejemplo, una mujer no sólo es mujer, también puede ser blanca o negra, homosexual u heterosexual, rica o pobre. Con base en las múltiples identidades que un individuo tiene, entonces se puede determinar qué tan privilegiado es. 

    De acuerdo a esta teoría, el indigente de la foto de arriba es un privilegiado de acuerdo a su género, su orientación sexual y el color de su piel, y no lo será de acuerdo a su posición económica. En cambio, Oprah Winfrey es privilegiada solamente por su orientación sexual y su posición económica. Para estas corrientes postestructuralistas que ejercen influencia sobre el feminismo de la tercera ola y varios movimientos de izquierda como los Social Justice Warriors, el indigente puede ser considerado mayormente privilegiado y representante de la «supremacía blanca heteropatriarcal», aunque en la práctica veamos que los privilegios que tiene son más bien pocos. 

    Después de haber explicado las categorizaciones binarias de Dérrida, el concepto de la interseccionalidad y agregando los antecedentes marxistas de los filósofos postestructuralistas, entonces entendemos que en el libro de Bell Hooks se repita ad nauseam la siguiente frase: 

    La supremacía blanca patriarcal capitalista y colonialista. 

    La frase intenta dejar patente una condición de opresión. La supremacía blanca oprime a la gente de otras razas, el patriarcado (hombre) oprime a la mujer, dentro del capitalismo los capitalistas explotan a los trabajadores y a los que menos tienen, y dentro del colonialismo un país oprime al otro. 

    Además, se asume que dentro de las oposiciones binarias hay una relación de suma cero. Por ejemplo, el capitalista siempre oprimirá al pobre o el hombre a la mujer. Como una categoría binaria siempre oprime a la otra, no hay posibilidad de que se complementen.

    Así, se ignora que en la práctica el hombre y la mujer tienen la capacidad de complementarse al tener un objetivo en común como una familia o un equipo de trabajo; se ignora que el capitalismo pueda generar riqueza que terminará elevando el nivel de vida de la mayoría de la población y se ignora el hecho que fue dentro de las sociedades capitalistas donde se vieron los más grandes avances en cuestión de los derechos de la mujer; y de la misma forma, se ignora que la influencia de un país sobre otro no siempre genera resultados negativos. Por ejemplo, los programas de becas ofrecidas a los extranjeros son un claro ejemplo donde un país intenta influir sobre otro y donde a la vez los dos países ganan (el que ejerce la influencia y el estudiante que regresa con conocimientos a su país). 

    Este mismo concepto de la interseccionalidad es propensa a generar severas contradicciones. Una muy conocida es que dentro de estos movimientos no es posible defender a la mujer oprimida en países como Arabia Saudita, de hacerlo, se incurriría en un acto de islamofobia. Consideran que el colonialismo también es una forma de opresión de suma cero, y como todas las culturas deben ser consideradas igualmente valiosas, entonces es incorrecto criticar al Islam. En ese afán de «revisar sus privilegios» son capaces de ser implacables con las religiones propias como el cristianismo, pero a la vez son muy tolerantes con el islamismo, aunque en los países islámicos se oprima a las mujeres con base en El Corán. 

    Peor aún, Bell Hooks se atreve a afirmar que «dentro de las culturas de dominación supremacistas blancas y patriarcales, los niños no tienen derechos«. Yo me pregunto ¿cuáles derechos les están quitando a los niños? ¿Cómo es que el padre blanco y la madre blanca oprimirán al niño blanco por ser blancos? Hooks relaciona al patriarcado con los actos de violencia hacia los niños y también critica a la mujer cuando lo hace, pero aún cuando la mujer lo haga lo sigue llamando «patriarcado» (lo cual no tiene sentido), como si culpara al hombre de los actos que la propia mujer hace, porque hasta donde entiendo, el patriarcado consiste en la autoridad del varón dentro de una sociedad.

    Me es imposible imaginar cómo es que por medio de estas corrientes filosóficas se pueda aspirar a construir un sociedad incluyente, porque asumen que la opresión es una condición necesaria en las oposiciones binarias y que no tienen la capacidad de llegar a acuerdos aceptando sus diferencias, ni de complementarse ni de trabajar en equipo. 

    Al final, lo que obtenemos es un conflicto eterno que sólo puede ser paliado con una igualdad absoluta y artificial ¿les suena?

    Dentro de esta cosmovisión, la identidad no es individual sino colectivista.  Es decir, tu identidad no está dada porque eres un ser único e irrepetible, sino porque eres mujer, eres homosexual o eres negro. Dicha cosmovisión genera actitudes discriminatorias dentro de los colectivos, por ejemplo, hay casos donde las mujeres blancas o gays blancos «privilegiados» son vistos con recelo o son relegados. 

    Por esta razón es que proponen políticas de acción afirmativa (o discriminación positiva) como la cuotas de género o los «safe spaces«, que, con el afán de «proteger a las minorías» los aíslan de las mayorías cerrando la oportunidad del debate y el diálogo. Si los gays o los negros son discriminados, no hay que integrarlos para que quienes son heterosexuales o los blancos los conozcan, empaticen con ellos y hagan sus prejuicios a un lado, más bien hay que separarlos para que estén seguros y no reciban insultos. Así se promueven las cámaras de eco dentro de las minorías que se han aislado de las mayorías y también dentro de las propias mayorías que terminan teniendo menos contacto con dichas minorías. 

    El feminismo de la tercera ola no es un feminismo en el sentido amplio, sino uno sujeto a ciertas ideas filosóficas rígidas pero a la vez subjetivas y relativas. Basta comparar El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir con el libro de Bell Hooks. Éste último se ve atado a la filosofía postestructuralista como si de seguir una receta se tratara, aunque no la mencione. Recurre a lugares comunes, a frases trilladas, estigmatiza a quienes dice, se encuentran en una postura de privilegio. En cambio, en el libro de Simone de Beauvoir se advierte una argumentación mucho más libre y flexible, no sin dejar de advertir que el nivel intelectual de Simone de Beauvoir es diametralmente superior al de Bell Hooks. Simone de Beauvoir apuesta al empoderamiento de las mujeres como la solución a la inequidad. Bell Hooks aspira al Estado de bienestar y a la estigmatización de los «opresores». Hooks insiste en que el feminismo no va contra el hombre sino contra el sexismo, pero exhibe constantemente al hombre como culpable de todos los males. 

    El feminismo de la tercera ola insiste tanto en el patriarcado que parece ignorar los logros de sus antecesoras. Si bien todavía no llegamos a una condición de equidad, también es muy cuestionable decir, al menos dentro de las sociedades urbanas occidentales, que vivamos bajo un régimen patriarcal. El patriarcado asume que el varón tiene la autoridad dentro de la sociedad, pero vemos que cada vez más mujeres se integran a puestos de poder, cada vez más mujeres dirigen empresas grandes, son intelectuales o son idolatradas por sus hazañas deportivas. Si bien todavía existe una condición de inequidad, ya no podemos hablar de una sociedad completamente dominada por el hombre, incluso las actitudes del hombre hacia la mujer ha cambiado (gracias, en parte, a la lucha del feminismo). 

    Actitud hacia la mujer (en Estados Unidos los hombres de 1995 eran más feministas que las mujeres de 1970). Fuente: The Better Angels of Our Nature de Steven Pinker. 

    Cuando se habla de una opresión hegemónica patriarcal se ignoran los cambios de actitud, la disposición de cada vez más hombres para darle a la mujer el lugar que merece, tanto en el terreno personal como en el profesional. Así, en lugar de partir de que habría cada vez más hombres aliados a su causa, asumen que el hombre (y todas las personas que se puedan encasillar dentro de las «categorías privilegiadas») es opresor por defecto, como si se tratara de un «pecado original», y que es culpable hasta que demuestre lo contrario. 

    Cuando se habla de una opresión hegemónica patriarcal, también se ignora que cada vez más hombres reprueban la violencia contra las mujeres y que, a pesar de todo, cada vez menos hombres ejercen violencia contra ellas (aún así se debe luchar para erradicarla por completo). 

    Dentro de las sociedades urbanas se puede hablar de manifestaciones patriarcales, machistas o sexistas, pero ya no de un régimen patriarcal como un todo. Eso es importante notarlo para poder atacar de mejor forma los problemas que todavía existen. Asumir que existe un régimen patriarcal como tal sólo alienará a los hombres que ya no presentan rasgos machistas o sexistas.

    A diferencia del Segundo Sexo de Simone de Beauvoir, que me hizo lograr empatizar con la mujer como pocas veces, el libro de Bell Hooks generó en mí el efecto contrario, como si tuviera que sentir alguna especie de conmiseración, como si me tuviera que compadecer de ellas por la constante opresión que sufren. Yo me niego a hacerlo, por el contrario, yo preferiría aplaudirles por todo su esfuerzo, por mostrarnos de que están hechas, por callarles la boca una y otra vez a personas de nuestro género con sus logros, con su esfuerzo y con su dedicación.

    Y para terminar aclaro: con mi crítica no les estoy diciendo a las mujeres lo que tienen que hacer. Nadie puede decirles como hacer su lucha. Pero si yo considero a las mujeres al mismo nivelo que los hombres entonces ejerceré mi crítica sin hacer distinción de género.

  • La muerte de Mara Castilla. Ella no se lo buscó

    La muerte de Mara Castilla. Ella no se lo buscó

    La Muerte de Mara Castilla. Ella no se lo buscó

    La muerte de Mara Castilla es algo que nos consternó a quienes nos enteramos de lo ocurrido.

    La joven, estudiante de Ciencias Políticas, pidió un Cabify a través de su smartphone y nunca volvió a aparecer. Después supimos que había muerto y que el principal responsable había sido el conductor de Cabify, uno de esos servicios que nos prometían, hasta hace poco, mayor seguridad que los taxis convencionales. 

    Muchas amigas mías, cuando toman un taxi, procuran irse en el asiento trasero, mientras que para nosotros los hombres irnos en el asiento delantero no representa ningún problema. Hay quienes no entienden por qué esto sucede. 

    Lo que ocurre es que la mujer suele sentirse vulnerable ante un hombre de quien no tiene referencia. Para entenderla mejor podría decir que un hombre para una mujer es algo así como un negro fornido de dos metros para nosotros. Uno de los grandes miedos de la mujer es que ella sea violada o abusada sexualmente (y dicho miedo tiene bastante justificación ante los constantes abusos), no sólo por la violación en sí, sino porque en algunos lugares todavía existe la creencia de que una mujer violada es algo así como una mujer sucia, una mujer que «ha perdido algo». En ciertos círculos sociales, la mujer que fue violada tiene que cargar, además, con un estigma.

    Dicho esto, una violación es el acabose para la mujer. Pero lo que ocurrió con Mara Castilla es peor, porque ella perdió la vida.

    Me pregunto, frustrado, cómo en pleno siglo XXI, cuando se supone que presumimos tantos avances en materia de derechos humanos y de capacidad para vivir de forma civilizada, existan personas que sean capaces de matar al prójimo a cambio de varios minutos de estímulo genital. 

    Los primeros señalados son el propio Cabify (y de paso Uber) por no ser estrictos a la hora de seleccionar a su personal. Evidentemente, Cabify tiene responsabilidad en lo sucedido, empresa que parece no quiso asumir cuando envió un comunicado que más bien parece sacado de un machote donde lamenta el «fallecimiento» de Mara Castilla (el cual fue un cobarde asesinato y violación perpetrado por uno de sus empleados).

    Tienen razón los colectivos feministas cuando critican a Cabify por relativizar el asesinato de Mara Fernanda Castilla. No se puede hablar de un simple fallecimiento, sino de un asesinato que ocurrió, entre muchas otras cosas, por su poco profesionalismo a la hora de hacer la selección de personal. Quienes usamos servicios privados como Uber y Cabify nos hemos dado cuenta cómo estas empresas son cada vez más laxas al contratar a los choferes.

    Pero si nos quedamos en la crítica a estas empresas no llegaremos al fondo del asunto. ¿Por qué pasan estas cosas? ¿Qué estamos haciendo para que personas que debieran ser hombres de bien se convierten en violadores que impunemente abusan sexualmente de otras personas? ¿Qué es lo que pasa en el tejido social de las comunidades de nuestro país para que esto ocurra? Porque este no es un caso aislado, como este caso hay varios de los cuales no nos enteramos. Las feministas dirán que la raíz de todos los males es el machismo, y en parte tienen razón: ciertamente este es un acto machista, porque el hombre somete a la mujer para obtener un deseo sexual. Pero podemos profundizar todavía un poco más, yo me atrevería a hablar de la impunidad.

    El asesino se atrevió a abusar de Mara Castilla porque, como casi todos los criminales saben, las posibilidades de que sea castigado por su fechoría son bajas. Parece que el chofer pagará por sus actos. Pero si esto ocurre es porque, primero, no planeó muy bien el crimen (al ser conductor de una unidad, es muy fácil rastrearlo), y segundo, por la presión de la familia, de la sociedad y de la gente en las redes sociales.

    Como suele ocurrir, algunas personas empezaron a sugerir que Mara fue violada y asesinada por su culpa. Las frases: «es que ella iba vestida así o ella se lo buscó» volvieron a aparecer.

    Si me matan es porque me gustaba salir de noche y tomar mucha cerveza – Mara Castilla. 

    Las violaciones y los ataques a las mujeres son síntoma de que muchas cosas no están funcionando bien dentro de la sociedad. Tiene que ver no sólo con la cultura, sino con las instituciones débiles, con la impunidad, con la educación en casa. 

    Se entiende completamente por qué las mujeres se la tienen que pensar dos veces a la hora de pedir un taxi o un servicio privado. Como sociedad hemos hecho más bien poco para que eso cambie. Allá afuera hay muchos hombres trastornados que son capaces de violar y matar, y lo peor es que pueden hacerlo con completa impunidad. 

    QEPD Mara Fernanda Castilla. 

  • Al equipo de Animal Político, un gran reconocimiento

    Al equipo de Animal Político, un gran reconocimiento

    Al equipo de Animal Político, un gran reconocimiento

    Intento ver las cosas de una perspectiva positiva. Tal vez sea un mecanismo de defensa, esto ya es demasiado para mi psique. 

    Pero en vez de enfocarme en el atropello que naturalmente luego lo voy a abordar (porque lo que hizo el Gobierno Federal es un atropello a todos los mexicanos que debería poner a Peña Nieto y a todos los involucrados tras las rejas). Esta vez me voy a enfocar en la parte positiva de todo esto. 

    La parte positiva de esta historia tiene que ver con el periodismo.

    Tiene que ver con periodistas que trabajan profesionalmente y ponen en riesgo su integridad (porque vaya, un periodista arriesga su integridad al destapar una cloaca de este tamaño) para decirnos a todos los mexicanos que tenemos un gobierno miserable. 

    Es una noticia devastadora, pero es una noticia que los mexicanos merecemos saber. Grave sería que no nos enteráramos de esto.

    Grábate los siguientes nombres: Salvador Camarena, Daniel Moreno Chávez, Daniel Lizárraga, Francisco Sandoval, y todo el equipo que hizo esto posible. Se merecen un gran reconocimiento. Merecen el aplauso de todos los mexicanos. Lo hicieron con Javier Duarte, ahora exhibieron la putrefacción de todo el Gobierno Federal. También un aplauso para la organización civil Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad presidida por Claudio X González, a quien su padre, el propio Peña Nieto le dijera a su hijo que «ya no hablara tanto de corrupción»:

    Y a pesar de la «amenaza presidencial» Claudio X González no cedió. Explotó la bomba. 

    Ellos nos muestran, que a pesar de todo, hay esperanza. Que dentro de ese México de corrupción, de cinismo y de desfalcos, muy por debajo se está gestando un cambio. A pesar de las amenazas, del espionaje gubernamental, de las campañas de desprestigio, ahí están luchando, luchando por México. Se están arriesgando el pellejo.

    No solamente tenemos que hablar de «los güevos» que mujeres y hombres, profesionistas profesionales, pusieron en esta investigación, sino de la calidad de la propia investigación. Es una joya, es una obra de arte; se nota claramente que es producto de un minucioso trabajo, muy bien planeado, muy bien detallado, fueron hasta el fondo.

    Y el reconocimiento es más grande al ver que éste será uno de varios reportajes que saldrán los siguientes días. El 6 de junio viene un reportaje de la Sedesol y el dinero que no llega a los más pobres, el día siguiente uno de Pemex, y el otro, uno del que no tenemos tantos detalles que trata de un empresario de Villahermosa. 

    De verdad, se merecen un gran reconocimiento. Esto es periodismo ejemplar. 

    Agradéceles, dona dinero a Animal Político para que puedan seguir haciendo estos reportajes que dan un poco de aliento a la moribunda vida democrática de nuestro país. 

    Y por supuesto, consulta su reportaje aquí. Enójate, mienta madres, rompe algo, estás en tu derecho. Nadie que quiera a su país puede sentirse indiferente ante esta noticia.

    ¡Muchas felicidades Animal Político! Gracias por el enorme trabajo. 

  • ¿Por qué el mundo está mejor que nunca y la gente piensa que está peor que nunca?

    ¿Por qué el mundo está mejor que nunca y la gente piensa que está peor que nunca?

    ¿Por qué el mundo está mejor que nunca y la gente piensa que está peor que nunca?

    Vamos a recapitular un poquito. ¿El mundo está mejor que antes?

    Bueno, vivimos en el mundo más pacífico de la historia de la humanidad, la brecha entre mujeres y hombres es más estrecha que nunca, la violencia doméstica es cada vez menor y el número de violaciones a mujeres va en picada, cada vez tenemos menos personas dentro de la pobreza extrema, la esperanza de vida es la más alta de la historia y un largo etcétera. Hay datos duros que confirman todo esto.

    Sin embargo, en el mismo mundo se vive un ambiente más bien pesimista, como si todo hubiera sido peor que antes. Este vicio no hace distinciones políticas (tanto desde la derecha como de la izquierda se dice que el pasado fue mejor).

    Va un ejemplo: Aunque la mujer tiene un papel cada vez más preponderante en la sociedad y el hombre es más feminista que la mujer de hace 15 años, hoy se insiste cada vez más en la opresión del patriarcado. Cierto que todavía no se ha llegado al punto ideal y es cierto que las feministas tienen camino por recorrer, pero no se puede negar todo lo que ya se ha avanzado y los cambios dentro de la sociedad con respecto a este tema. 

    Va otro: Hoy más que nunca se habla de la violencia que existe dentro del mundo (excluyo a México porque en nuestro país la violencia ciertamente no ha menguado), se toman como referencia los ataques terroristas en diversas urbe como Europa, pero cuando se suman la cantidad de muertos por año, llegamos fácilmente a la conclusión de que la violencia se ha venido reduciendo de forma dramática. 

    Incluso el siglo pasado, que vivió dos crueles guerras mundiales, fue más pacífico que los siglos pasados. Pero la percepción es que no fue así, se pinta al mundo moderno como el más violento, cuando en realidad el ser humano se ha vuelto más pacífico con el tiempo.

    Y va otro: Hoy cada vez más que nunca se habla de las injusticias sociales que derivan en la pobreza. Ciertamente, nuestro mundo no es muy justo y tampoco es como que la distribución de la riqueza sea algo para presumir. Pero no se habla mucho de la reducción de la pobreza extrema, de cómo muchos países asiáticos se han enriquecido considerablemente elevando la calidad de vida de sus habitantes. Incluso muchos cuestionan la tesis que sostiene que el mundo es cada vez más desigual.

    Ciertamente, falta mucho trabajo por hacer: la violencia y los conflictos bélicos todavía existen; todavía hay un gran porcentaje importante de personas a las que hay que sacar de la pobreza extrema; la violencia contra la mujer no ha desaparecido del todo; de igual forma sucede con la discriminación con las minorías. Pero no, no estamos peor que nunca.

    Gracias a la democracia liberal el mundo se ha vuelto más pacífico. Y no sólo si hablamos de guerras externas, sino de conflictos internos, de violencia doméstica e incluso de las actitudes de los individuos (relacionados con el género, raza, religión).

    Esto se explica por muchas razones. Steven Pinker, tomando a Immanuel Kant como antecedente, afirma que los regímenes democráticos con un Estado de derecho sólido suelen ser más pacíficos. Primero, porque la opinión pública desaprueba las guerras y su voz tiene un peso mayor que en los regímenes autocráticos y fallidos (hay que recordar el costo político que padeció George W Bush por su decisión de llevar a cabo intervenciones militares en Afganistán e Irak). Segundo, porque en una democracia moderna con un Estado de derecho sólido, los individuos confían en las autoridades y por tanto tienen menos necesidad de resolver sus conflictos de forma violenta. Tercero, porque en las naciones que basan su riqueza en el comercio y el intercambio de bienes, es cada vez más provechoso hacer negocios que conquistar territorios. Cuarto, porque en las democracias que garantizan la libertad de expresión y manifestación, los individuos pueden luchar por sus derechos (no es casualidad que prácticamente todos los avances en materia de derechos humanos de los últimos dos siglos como el combate al racismo, el feminismo, y los derechos de la comunidad LGBT+ se hayan dado dentro de democracias liberales).

    Pero las democracias liberales son consideradas más bien las culpables de todos estos males. Los ensayos sobre género hablan sobre el «heteropatriarcado capitalista o neoliberal» (aunque haya sido en gran medida al comercio y a la iniciativa privada que las mujeres empezaron a acceder al mundo laboral), los ensayos de sociología culpan al «neoliberalismo» de la pobreza (aunque la creación de riqueza y el desarrollo de la tecnología, en gran medida desarrollada por entidades privadas, estén sacando a muchas personas de ahí), también la culpan por la violencia y ponen como ejemplo el carácter bélico (menguante) de Estados Unidos. 

    Celebremos que somos más pacíficos, pero no celebremos que estemos educando individuos cada vez más débiles de espíritu a los cuales se les enseñó que deben evitar el dolor a toda costa.

    ¿Por qué, a pesar de todo, existe un ambiente muy pesimista?

    Me preguntaría más bien si no se trata de una paradoja: que gracias a todos los progresos en cuanto a riqueza, a la pacificación de nuestra especie, y a los avances en educación y en acceso a la información, nos estemos volviendo una sociedad comodina que ha llevado su aversión al dolor demasiado lejos. 

    Celebramos que ya no solucionemos nuestros conflictos por medio de la violencia, pero a la vez nos hemos olvidado de que el dolor y el sacrificio son esenciales en el desarrollo del individuo. Ante una sociedad que busca combatir el dolor a como dé lugar, hemos creado una sociedad muy poco tolerante a la frustración (cuando hablo del dolor me refiero al estrés, al miedo, a postergar placeres). Ya no es raro ver que en algunas universidades algunas personas deseen que se considere el estrés como algo malo: si el estudiante se estresa por sus exámenes, entonces hay que consentirlo y apapacharlo para que no sufra.

    Celebremos que somos más pacíficos, pero no celebremos que estemos educando individuos cada vez más débiles de espíritu a los cuales se les enseñó que deben evitar el dolor a toda costa en lugar de enfrentarlo, a los cuales se les dijo que el estrés es indeseable, que la angustia por los exámenes es una forma de opresión.

    Celebremos nuestro evidente progreso en cuanto a derechos humanos producto de los colectivos feministas, pacifistas, y demás, pero no celebremos que recurrimos cada vez más a la victimización en vez del empoderamiento. No celebremos que en vez de mejorar la autoestima de quienes se encuentran en desventaja y abrirles más puertas, tengamos que modificar el lenguaje y promover la corrección política para evitar que se sientan lastimados.

    Y es natural: una sociedad a la que se le enseñó evitar el dolor a toda costa verá que todo a su alrededor es negativo y sombrío porque es muy sensible al dolor, no sabe cómo enfrentarse a él. Verá las injusticias y los actos de maldad (que ciertamente existen) y determinará que vive en un infierno del cual debe de ser protegido. Por esto se entiende que cada vez más personas sean proclives a caer en las garras del populismo y aquellos regímenes que amenazan con regresarnos a una «etapa anterior» que no conocen porque asumen que el pasado fue mejor, que hoy todo es más violento e injusto.

    Ese sí es un peligro latente, más si recurrimos a la dialéctica histórica de Hegel: que ante esta «tesis» liberal, le suceda una «antítesis» muy conservadora y oscurantista. Ver que tanto la derecha como la izquierda nieguen a la ciencia de forma cada vez más constante es algo que sí nos debería de preocupar.

    Algunos podrán decir que esta hipersensibilidad es positiva dado que gracias a ella la gente es más sensible ante lo que le ocurre al prójimo. Pero dicha hipersensibilidad más bien paraliza, porque luchar por las causas también implica dolor y sacrificio, el cual muchos no están dispuestos a pagar. Por eso es que el activismo de sofá, ese que sólo consiste en dar likes y firmar peticiones de change.org, está en boga. También dicha condición hace que se victimice a quien sufre como si fuera un pobre diablo: el hipersensible sentirá compasión por la víctima y poco más, no lo verá siquiera como su igual.

    El mundo avanza, pero la sociedad es cada vez más pesimista. Este estado paradójico de las cosas, de continuar así, comenzará a provocar una fuerte fricción (dado que dicha condición no se puede sostener por mucho tiempo). Tenemos que alertarlo, tenemos que alertar sobre nuestra pérdida de espíritu, de tesón, tenemos que replantearnos como sociedad, una sociedad de principios y valores, que tenga una identidad, que se forje, que sea más culta (la ignorancia y el exceso de información disponible es otra paradoja), que sea crítica (en vez de criticona), que asuma el dolor no como algo inevitable, sino a partir del cual los individuos se forjen como personas de bien. 

    Estamos a tiempo.

  • El automóvil como arma

    El automóvil como arma

    El automóvil como arma
    Fuente: NBC News

    Los terroristas han encontrado un modus operandi muy sencillo:

    Rentan o consiguen una vagoneta, o cualquier automóvil pesado que pueda ser estrellado contra un tumulto de personas en una plaza pública.

    Así, como sucedió en Barcelona y ya ha sucedido en muchas ciudades más, el terrorista puede matar a más de una docena de personas.

    La primera vez que escuché de un acto así fue durante los festejos de los franceses por el triunfo de su selección en el mundial de 1998. Una persona estrelló un automóvil contra la multitud. No había sido un acto de terrorismo como tal, sino al parecer de una persona con severos problemas. 

    Ahora, gracias al Estado Islámico, se ha popularizado el uso del automóvil como arma:

    ¿Cómo puedes rastrear a un grupo terrorista que pretende llevar a cabo un atentado con un automóvil o una vagoneta? ¿Acaso tendríamos que considerar sospechosos a todos aquellos que compren o renten una vagoneta? Miles de personas compran y rentan vagonetas a diario en ciudades como Barcelona, Londres y París. ¿Tendríamos entonces que investigar sólo a los que son de origen árabe? ¿No sería un acto de discriminación hacer eso? 

    ¿O se tendría que negar la entrada de automóviles de este tipo a los lugares públicos?

    Pero entonces, el terrorista podría optar por un automóvil, el impacto es menor; pero bien podrían organizarse y hacerlo con dos automóviles. Un terrorista en un punto distinto de la plaza pública que se pretende atacar.

    Y si no se permite la entrada a los automóviles a las plazas públicas, entonces los terroristas podrían optar por otros lugares concurridos donde sea muy difícil prohibir el uso de un automóvil. Por ejemplo, las afueras de un estadio al comenzar o terminar un partido de futbol. 

    Y como es muy difícil prevenir este tipo de ataques, se entiende que se estén popularizando tanto. Ya no sólo son los terroristas islámicos, sino también es algo a lo que han recurrido los blancos supremacistas como ocurrió en Charlottesville. 

    Básicamente cualquier persona podría hacerlo. Yo podría ser una persona antisocial con desequilibrios mentales y estrellar mi coche en una plaza concurrida de una ciudad importante de la República Mexicana. Podría hacerlo en el Zócalo o en la Minerva. 

    Basta tener acceso a una vagoneta y estar dispuesto a pagar el precio (prisión) de privar de la vida a varias personas con el fin de dejar un mensaje, o simplemente de saciar mis desequilibrios personales. 

    No es que a nadie se le haya ocurrido ese modus operandi, pero su uso constante por parte de los terroristas islámicos lo convierte en un meme (en el estricto sentido de la palabra). Ahora todo mundo sabe lo fácil que es operar de esta forma.

    Vaya lío. Los terroristas no sólo han encontrado una forma fácil de sembrar terror, sino que han propagado una mortal idea. 

  • Rafa Márquez es inocente

    Rafa Márquez es inocente

    Rafa Márquez es inocente

    Rafa Márquez es inocente. Lo sé de primera mano. No es que el gobierno de Estados Unidos se haya equivocado precisamente en su investigación, ellos simplemente hicieron su trabajo; pero las cosas no ocurrieron tal y como se sugiere en algunos medios o algunos podrían pensar. Con el tiempo las cosas se esclarecerán y se sabrá lo que realmente ocurrió. Al tiempo.

    Tristemente, para el jugador del Atlas, esto tendrá un impacto tanto en su vida personal, profesional y en sus organizaciones civiles gracias a los cuales muchos niños han sido beneficiados.

    Pero independientemente de que estoy completamente seguro de la inocencia de Rafa Márquez, la noticia como tal es escandalosa y deja ver qué tanto ha penetrado el narcotráfico en el teijdo social.

    Es sabida la importancia que Guadalajara tiene para el narcotráfico. A excepción de algunas eventualidades muy esporádicas (como algunos narcobloqueos), Guadalajara no sufre de la violencia del narcotráfico porque no es tanto una plaza en disputa sino la sede donde algunos de ellos tienen su residencia y desde donde operan. Los tapatíos en su vida cotidiana no sienten mucho la presencia del narcotráfico pero ahí está. El narcotráfico tiene que ver con varios de los restaurantes de caché que visitan, con la gran cantidad de torres de departamentos lujosos cuyo número no corresponde con la demanda que puede generar la la ciudad, con los centros comerciales, con las discotecas, con casas lujosas en Colinas de San Javier, con parte de las inversiones que se hacen.

    El narco es para la ciudad como lo es la materia oscura para el universo. No se ve mucho, algunos ni lo perciben y creen que no existe porque mientras otras ciudades viven días de terror y miedo en Guadalajara se vive con relativa calma, pero está ahí y tiene una función muy importante dentro de la vida cotidiana de nuestra ciudad. 

    Hay un dicho que dice, si no te relacionas con ellos, si no te metes con ellos, nunca te va a pasar nada. El narcotráfico no es un riesgo, a diferencia de otras ciudades, para los turistas ni para la gente de a pie. Por eso es que de forma consciente, inconsciente, o por desconocimiento, los tapatíos hemos aprendido a convivir con esta realidad. Gran parte de la historia del narcotráfico, sobre todo en sus inicios, se encuentra escrita en esta ciudad. No sólo por el asesinato del Cardenal Posadas, sino por el asesinato de algunos de los más emblemáticos miembros de la DEA cerca de la Minerva en los años 80 y por el secuestro de Enrique Camarena Salazar quien se había infiltrado en el Cártel de Guadalajara. 

    El escándalo es tan sólo la punta del iceberg. Confío en la inocencia de Rafa Márquez pero si se escarbara más, seguramente muchas personas, varios otros nombres conocidos y tal vez alguno emblemático, saldrían a la luz.

    Entiendo la frustración de pensar que una figura como Rafael Márquez (quien junto con el cantante Julión Álvarez fue señalado por el Gobierno de Estados Unidos), ejemplo para las nuevas generaciones no sólo por su calidad como futbolista sino por su actitud fuera de la cancha, estuviera involucrada con el narcotráfico. Entiendo muy bien la frustración que siente León Krauze al escribir su columna donde toca el tema en un contexto en el cual las nuevas generaciones tienen cada vez menos modelos de referencia. 

    Es triste, aunque algunos insistan en no reconocerlo, que el narco es parte del tejido social. Es parte de la economía, y en algunos casos, hasta de la política.