Categoría: temas polémicos

  • Gracias Yalitza Aparicio, por exhibir nuestro racismo

    Gracias Yalitza Aparicio, por exhibir nuestro racismo

    Gracias Yalitza Aparicio, por exhibir nuestro racismo

    En nuestro país, con excepción de los deportes (ahí donde la clase y el status no importan tanto) es complicado ver a un indígena o con rasgos indígenas triunfar y que se le reconozca mediáticamente por ello. Y cuando ello ocurre, se le reconoce de tal forma que no se le reconozca como parte de y no se le integre, sino como una entidad externa, una excepción. No fue ella, sino «aquella» quien triunfó.

    La actriz Yalitza Aparicio, al convertirse un fenómeno internacional, sobrepasó todos esos paradigmas y conveniencias sociales. Triunfó y fue reconocida ahí donde se supondría que solo las personas que forman o aparentan formar parte de una élite artística y social pueden ser parte. Los mexicanos nos regocijamos al presumir la belleza de nuestras mujeres en el cine como si se tratara de un orgullo nacional: «miren a Salma Hayek, miren a María Felix», actores que sobresalen en tanto los más «oscuritos» quedan muchas veces condenados a representarse a ellos mismos como clase social inferior. Pero aquí algo diferente pasó.

    Aunque en la película Roma Yalitza Aparicio siguió representando a los de «su clase», algo muy diferente ocurrió. Alfonso Cuarón le dio un papel protagónico e hizo que la película girara en torno a ella en su mayor parte, logró que el espectador empatizara con ella y no la viera como esa «aquella» que tanto nos han mostrado las telenovelas. Ayudó también que ese racismo tan oculto pero presente dentro de nuestras estructuras sociales no haya estado tan normalizado en otros lares. A Yalitza la trataron de una forma en que en su propio país tal vez no la hubieran tratado: la buscaron para entrevistarla, la invitaron a programas de televisión y no la trataron con esa conmiseración con la cual se suele tratar a una persona de rasgos indígenas.

    La verdad es que a muchas personas les molestó que Yalitza Aparicio, alguien con «la apariencia de la señora del aseo», acaparara tantos reflectores y fuera nominada como mejor actriz para el Oscar. Ese racismo, ese que todos dicen que no existe, ese que muchos esconden y disfrazan como un imposible bajo el manto de la fe religiosa o de la supuesta opresión de las culturas consideradas superiores (como la estadounidense). se exhibió y tomó forma. Bastó que el cine y la prensa internacional le diera reflectores a una indígena para que «la caca saliera a flote».

    Personas como Sergio Goyri no se tentaron el corazón. El actor, en una comida privada, expresó su molestia llamándola una «pinche india que sólo sabe decir, sí señor, no señor» para después ofrecer una disculpa fría e hipócrita. Muchas otras personas pertenecientes a la farándula mexicana, si bien, no fueron tan agresivos, sí minimizaron su logro criticando su apariencia, diciendo que fue un golpe de suerte, que sí actúa bien, pero que no es como para ser nominada.

    Varias personas también se indignaron en las redes. Y dada la naturaleza de la interacción que existe en las redes, ahí las manifestaciones racistas y agresiones verbales no se hicieron esperar. Ahí no cuidaron las formas. Dijeron lo que siempre han pensado, y se dieron el permiso de hacerlo al tener un foro donde expresarse. Tal vez Umberto Eco no se había equivocado tanto con eso de la «legión de idiotas».

    Pero eso tampoco significa que todos los mexicanos sean racistas. Muchas otras actrices salieron en su defensa, muchas otras personas entraron a las redes para defenderla e incluso la presumieron en sus posts con orgullo. Les dio gusto que una persona de «tan abajo» hubiese llegado «tan arriba». Y eso es bueno, porque por cada manifestación de racismo hay otro mexicano que se molesta en reconocer el problema, trabaja por cambiarlo y se contagia del ejemplo que Yalitza Aparicio es. Seguramente más de uno reflexionará sobre el trato que les da a las personas indígenas y hará algo por mejorar en ello y verlas más como «nosotros» que como «aquellos».

    Pero que se manifieste todo ese racismo no es en sí una mala noticia. Dicho racismo siempre ha estado ahí presente, pero siempre ha estado tan escondido que no se había hecho nada al respecto. El que se manifieste hace que le demos forma, que lo entendamos y así asumamos que es un mal que debemos combatir. Gracias al éxito de Yalitza que tanta «indignación» causó en unos, nos damos más cuenta de que como sociedad tenemos un problema. Que allá afuera Yalitza puede acompañarse de Angelina Jolie mientras acá despreciamos a los indígenas bajo la cortina de humo de la conmiseración. Yalitza nos mostró que esa concepción de los «pobres indígenas» bajo la cual justificamos la discriminación no tiene sustento alguno.

    Yo no sé si Yalitza vaya a ganar el Oscar y no sé si sea la mejor actriz (básicamente porque no he visto las otras actuaciones), pero lo que sí puedo decir es que es alguien de quien los mexicanos debemos sentirnos muy orgullosos. Ella es uno de nosotros, no de «aquellos».

  • Tlahuelilpan. La tragedia como farsa social

    Tlahuelilpan. La tragedia como farsa social

    Tlahuelilpan. La tragedia como farsa social

    Lo que sucedió el día de antier fue algo (o debía ser) muy doloroso. Muchos nos topamos con los terribles videos donde las personas corrían envueltas en llamas tras la explosión que ocurrió en Tlahuelilpan después de que una gran cantidad de personas ordeñara un ducto. ¿Cómo pudimos llegar hasta aquí? La respuesta no es tan fácil y me temo que no hay un único culpable sino que es la consecuencia de muchísimos factores.

    Pero a la vez todos esos factores se pueden explicar por medio de algo más simple: para simplificar esa explicación y no perdernos entre complejidades y demasiados detalles, podría decir que es producto de la descomposición social e institucional. Es la muestra de nuestra incapacidad de construir un país que funcione, donde el ciudadano respete las leyes y donde las mismas autoridades respeten a los ciudadanos y velen por ellos: en Tlahuelilpan no vimos nada de eso, vimos a más de un centenar de personas ordeñando un ducto, lo cual es ilegal, y a unas autoridades que estuvieron presentes pero que se vieron rebasadas y que solo se limitaron a decirle a la gente que no se acercara.

    Cuando las instituciones no funcionan, cuando el tejido social está quebrantado, cuando los ciudadanos se quejan de sus circunstancias pero violan la ley a la primera, cuando se preocupan por sus problemas pero les vale gorro su entorno, cuando un gobierno habla de buenas intenciones pero sus militares están solamente ahí mirando de forma displicente, cuando todo eso pasa es cuestión de tiempo para que la desgracia se haga presente, y terminó ocurriendo. AMLO no se puede sentir completamente ajeno a lo ocurrido, pero sería una irresponsabilidad achacar toda la responsabilidad a él: ¿qué pasa con los anteriores presidentes que no hicieron nada para combatir la ordeña de los ductos? ¿qué pasa con todos los políticos que han gobernado por medio de una cultura de la corrupción y el pillaje? ¿Y qué pasa con todos los ciudadanos que hemos crecido bajo el paradigma de que en México las leyes están para torcerlas?

    No se equivoca la gente que habla sobre esta tragedia como resultado de la falta de oportunidades y la profunda desigualdad que existe en el país. Tampoco se equivoca quien habla sobre esta tragedia como resultado del displicente papel de las autoridades al no hacer lo suficiente para que las personas se acercaran y poner orden a toda costa. En realidad se trata de una combinación de muchos factores, pero los cuales apuntan al mismo lado, a un tejido social y unas instituciones débiles.

    Igual de grave me pareció la reacción de mucha gente ante la desgracia. Es cierto que lo que hicieron estas personas era ilegal y a lo cual corresponde una sanción, pero ello no quita que son seres humanos que no tendrían por qué haber muerto de esta forma ni tampoco alguien razonable podría argumentar que «se lo merecían», menos cuando seguramente no eran conscientes del riesgo al que se estaban exponiendo. Con mucha pena e indignación vi cómo varias personas (unas pro-AMLO y otras anti-AMLO) celebraron la tragedia. También con mucha pena fui testigo sobre cómo muchas personas compartieron los videos y fotografías explícitas de la tragedia por morbo o incluso para divertirse con sus amigos.

    Terrible es nuestra falta de sensibilidad ante una tragedia de esta magnitud, como si se tratara de algo tan cotidiano y ajeno a nosotros. Ello es muestra de la descomposición social que existe en nuestro país donde y que explica por qué somos capaces de dejar pasar una tragedia como si nada hubiera pasado o como si solo fuera meritoria de la nota roja que va acompañada de encabezados cómicos e insultantes de ciertos diarios.

    Tristemente, más de 66 personas murieron, más de 66 familias se quebraron, más de 66 historias de vida desaparecieron tras la tragedia. Y nosotros estamos aquí, como si nada hubiera pasado, como si se hubiese tratado de algo cotidiano, sin reparar siquiera en un paradigma de país deficiente que hemos construido y el cual no nos garantiza que una tragedia así no nos llegará a ocurrir a nosotros.

  • Crónica de un desabasto no anunciado

    Crónica de un desabasto no anunciado

    Crónica de un desabasto no anunciado

    Ayer me fui a formar para ponerle gasolina al automóvil. Era una fila kilométrica que daba vuelta en varias cuadras. En la esquina unos automovilistas se agarraron a golpes porque uno había tratado de meterse a la fila. Otro ya no tenía gasolina y tenía que empujar su automóvil. La situación era caótica, la gente estaba desesperada porque no sabía si iba a alcanzar a llegar a la gasolinera. La gente temía que se acabara el abasto de gasolina antes de que le tocara el turno, que pasara eso implicaba ir a buscar otra gasolinera y hacer el mismo procedimiento.

    El gobierno de López Obrador ha tomado una decisión muy impopular con el fin de acabar con el huachicoleo, un problema que se ha convertido en un cáncer, no solo por la afectación a las finanzas públicas sino porque termina financiando a los mismos grupos de delincuentes que se benefician de ella (incluidos cárteles de la droga). Su gobierno hizo bien en hacerle frente y era necesario tomar medidas drásticas.

    Y como toda medida drástica, esta iba a tener afectaciones en la vida cotidiana de la gente. Así como cuando la policía tiene que cerrar toda una cuadra para perseguir a un criminal o como cuando el gobierno tiene que hacer recortes producto de la mala gestión del gobierno anterior o cuando algunos negocios terminan perjudicados debido la construcción de un transporte público que era necesario, se entiende que una medida como la actual tenga afectaciones en la vida cotidiana. Sería pecar de ingenuo pensar que algo así no fuera a ocurrir.

    Esta parte, esta voluntad política puede reconocerse y no podría negarse. El gobierno de AMLO está haciendo frente a un cáncer que los otros gobiernos dejaron crecer (lo cual los convierte en automático en corresponsables de lo que estamos viendo el día de hoy) y está apostando parte de su capital político combatirlo.

    Pero el infierno está pavimentado de buenas intenciones…

    El tomar medidas drásticas también conlleva responsabilidades, responsabilidades que han sido omitidas por este gobierno y que pueden terminar comprometiendo la estrategia que está llevando a cabo.

    Entre todos los errores, el que me parece más grave es el que tiene que ver con la comunicación pero que también puede estar explicado por los otros (que tienen que ver con una deficiente planeación, deficiencia que, por cierto, no conocemos a profundidad ni podemos dimensionar bien por la misma falta de comunicación entre el gobierno y sus gobernados).

    La comunicación es importantísima cuando le quieres pedir a la gente que haga sacrificios. Si la gente va a tener una alteración en la vida cotidiana de menos debería saber para qué fin ésta se va a ver alterada (tal vez esto es lo único que sabe y a medias), por qué debe combatirse ese problema, en qué consiste el problema, qué estrategia se va a seguir (aunque no pueda darse a conocer al público por completo, al menos que se delineen algunos puntos de ella para que la gente sepa que hay una estructura y un plan detrás), cuáles son las medidas a largo plazo para que el huachicoleo no resurja y para que los huachicoles no terminen delinquiendo en otras cosas, aproximadamente cuánto va a durar, o qué medidas va a tomar el gobierno para que el impacto, inevitable, sea el menor posible.

    Como todas estas cuestiones no han sido respondidas, la gente llega a la conclusión de que no hay estrategia alguna y se trata de una mera ocurrencia a la cual ya le han sentenciado un rotundo fracaso a pesar de que lleva pocos dias (producto de la poca disposición del gobierno de comunicarla). De la misma forma, la gente tampoco dimensiona el problema que se busca combatir (el huachicoleo) y, aunque reconoce que sí es un problema, le puede restar importancia. La gente tampoco entiende cómo funciona Pemex, no sabe por qué se tuvieron que cerrar los ductos, no sabe cuándo van a abrir, no sabe nada. Esto es responsabilidad del gobierno y de nadie más.

    El gobierno no puede exigir a los ciudadanos que se solidaricen, más bien deben ganarse la comprensión de la ciudadanía. El gobierno debe de ser empático y explicar bien por qué ese sacrificio que van a hacer vale la pena, lo cual no ha hecho. En cambio, hemos visto declaraciones de AMLO y los suyos que llegan a rozar en la burla y la arrogancia, vemos descalificaciones a diarios a la Trump e incluso burlas de algunos de los suyos en redes sociales.

    La comunicación podrá parecer una nimiedad, pero ésta puede determinar el éxito o el fracaso de la estrategia. Por ejemplo, con la comunicación tan deficiente que el gobierno está teniendo, el umbral de tolerancia de la gente se reduce considerablemente. Con una mejor comunicación la gente podría estar más dispuesta a hacer sacrificios y eso le daría un mayor margen de maniobra al gobierno para actuar.

    Pero en vez de ver una estrategia de comunicación sensata, lo que vemos son flyers que no dicen nada, que contienen un tufo de culto a la personalidad y que incluso violan el artículo 134 de la constitución. Es paradójico que se viole el Estado de derecho para anunciar una estrategia que busca fortalecerlo:

    También, podemos ver que detrás de esta estrategia están ausentes previsiones y mecanismos que tengan el fin de aminorar el impacto y las externalidades. En caso de que no se haya podido avisar a la ciudadanía con tiempo (por la mera estrategia), sí podría haberse implementado medidas tales como coordinación con las gasolineras para racionalizar la gasolina de forma ordenada, se me ocurre algo así y también agrego una sugerencias que un amigo mío hizo: por ejemplo, que solo puedan despachar gasolina los automóviles que tengan menos de medio tanque lleno, que tal terminación de placas pueda abastecerse tal día para que las colas no sean tan grandes, o que si bien es cierto que Pemex tiene poca capacidad de almacenaje (lo cual explica por qué hay barcos varados en el mar) haber buscado la forma de tener una reserva, aunque sea la mínima. Otra medida debería haber sido priorizar la gasolina a los vehículos automotores que trasladan insumos de primera necesidad tales como alimentos perecederos, medicinas así como ambulancias. Si la gente hubiera visto alguna forma de coordinación tal vez no estaría tan enojada. La poca coordinación que hay es producto de los mismos ciudadanos, no del gobierno. Son los ciudadanos los que se han tenido que organizar por sí mismos.

    Es cierto que la gente está haciendo muchas suposiciones, que si cerrar los ductos es una tontería, que si de verdad están combatiendo el problema del huachicoleo e incluso corrieron teorías de la conspiración que tenían el fin de acabar con las importaciones en aras de la soberanía energética. Algunos activistas piden a AMLO que abra ya los ductos sin saber bien si esto es una buena idea porque ni siquiera conoce bien la estrategia. Pero el gobierno es en gran medida responsable de esto. La gente no tiene la suficiente información porque el gobierno no se las ha dado. Lo que la gente percibe allá afuera es desorden porque el gobierno ha sido incapaz de explicar el por qué del caos, los ciudadanos opinan y especulan con lo que tienen a la mano (que es poco, y eso poco les es muy molesto).

    La gente no cree en la estrategia porque no ve detenidos. En efecto, no necesariamente tendría que haberlos a estas alturas del juego, pero la gente lo entendería si el gobierno hubiera comunicado mejor. Como la gente no conoce la estrategia, se imagina o asume cómo debería de ser y con base en ello hace esas suposiciones. Pero eso no es responsabilidad de la gente, sino del propio gobierno.

    Yo apoyo la decisión de AMLO, creo que ha tomado una medida necesaria e incluso valiente para combatir un problema producto de la complicidad o la displicencia de los gobiernos anteriores. Yo quiero que se acabe con el huachicol porque es un problema gravísimo y si para eso algunos días nos vamos a tener que formar en las gasolineras estoy dispuesto a asumir el sacrificio. Pero el apoyo también significa ser crítico con lo que se está haciendo mal y con lo que se puede hacer mejor y no podemos negar que detrás de esta estrategia, bien intencionada, sí, falta planeación y hay mucha improvisación.

    Al final, lo que importa y lo que debe importar no son las buenas intenciones, que se agradecen pero nada más. Lo que importa son los resultados, nosotros votamos a los candidatos para que den resultados, no para que «le echen ganas» y se jacten de ello. La gente quiere ver resultados tangibles y concretos. Si no existe eso, entonces esta estrategia habrá fracasado y la gente tendrá todo el derecho de estar molesta porque su vida se vio interrumpida a cambio de absolutamente nada.

  • Se convirtieron en lo que tanto criticaron

    Se convirtieron en lo que tanto criticaron

    Y de pronto nos dimos cuenta que no eran solo los lopezobradoristas.

    Y también nos dimos cuenta que también eran los otros.

    Me explico. Tenemos una costumbre de crear estereotipos (incluso hombres de paja) de los distintos sectores sociales de tal forma que dejamos de poner atención a nuestro propio comportamiento: Mira, es que los «chairos» son de esta forma, inventan teorías de la conspiración, hacen esto o aquello.

    Y entiendo que era difícil para muchos darse cuenta de la contradicción. Los izquierdistas nunca habían estado en el poder, eran antisistema, no eran sistema. Bastaba que se cambiaran los papeles para que la realidad saliera a flote.

    Pero es muy curioso cómo al tiempo que cambia el gobierno, los roles se invierten para que, de alguna u otra manera, quienes tienen una postura adopten las conductas de sus contrincantes: esas conductas de las que tanto criticaban y renegaban.

    Y es más curioso aún que los unos vociferen tanto sobre la contradicción de los otros que no se paran a ver que la suya es igualmente evidente.

    Descubrimos que muchas de las conductas no eran tanto particularidades de un colectivo, sino del universo, del conjunto de la sociedad mexicana. Particularidades que no son producto de sus posturas políticas, sino más bien un conjunto de comportamientos más bien universales que más bien se manifiestan con base en la relación de su postura política con el poder. Así, los lopezobradoristas, al llegar al poder, adoptan muchos de los comportamientos de los antilopezobradoristas y viceversa.

    Ciertamente, me podrán argumentar que ese culto a la personalidad a su líder es muy característico de varios de los izquierdistas. Pero, en todo caso, más bien tendríamos que esperar a que un líder similar surja desde la derecha. Un demagogo que prometa mano dura contra el crimen y denuncie el «socialismo que nos va a llevar hacia la catástrofe».

    Hasta hace poco nos dimos que esas peculiaridades también se manifiestan en la otra facción: ahí están los antilopezobradoristas tejiendo teorías de la conspiración en torno al lamentable fallecimiento de Moreno Valle y Martha Érika Alonso en un helicóptero. Ahí tenemos a los lopezobradoristas descalificando marchas de los «antis«, algunos de los cuales hasta hace poco pedían que se regularan.

    Tenemos también a los lopezobradoristas pidiendo no politizar cosas que politizaron cuando fueron oposición. Los antilopezobradoristas que decían que había que dejar de criticar al presidente y ponerse a trabajar son los que ahora suben memes y memes de López Obrador.

    Y en vez de percatarse de su propia paradoja, solo se la pasan señalando las incongruencias del otro.

    Así el nivel de debate político en nuestro país.

  • Una muerte lamentable, el sospechosismo y un silogismo abductivo

    Una muerte lamentable, el sospechosismo y un silogismo abductivo

    La abducción es un silogismo que ofrece, como conclusión y a partir de sus premisas, una hipótesis. A diferencia de la deducción, este silogismo no es lógicamente válido en tanto no exista una ratificación empírica.

    Por ejemplo:

    -Todos los lápices de la bolsa X son negros
    -Estos lápices son negros
    -Por lo tanto, estos lápices proceden de la bolsa X

    Si se fijan, en este razonamiento abductivo no se puede inferir de forma categórica su conclusión a partir de sus premisas. El hecho de que los lápices de la bolsa X sean negros no implica que todos los lápices negros sean de la bolsa X.

    Ahora hagamos otro ejercicio:

    -En la guerra sucia de los años 70, los gobiernos del PRI desaparecían a los guerrilleros y activistas sociales de izquierda
    -Los estudiantes de Ayotzinapa desaparecieron
    -El gobierno de Peña (del PRI) los desapareció.

    Otro más:

    -El triunfo de Martha Érika Alonso afecta los intereses de MORENA ya que Puebla se convertiría en un estado opositor.
    -Martha Érika Alonso y su esposo Moreno Valle, quienes afectaron los intereses de MORENA, fallecieron al desplomarse un helicóptero.
    -El gobierno de AMLO fue responsable de su fallecimiento

    ¿En qué coinciden todos estos silogismos abductivos? En que las conclusiones no pueden ser lógicamente válidas en tanto no se comprueben de forma empírica. Si bien los silogismos abductivos pueden ser útiles para buscar hipótesis novedosas (por lo cual varias ramas de la ciencia que se utilizan para establecer conjeturas a partir de las cuales se hará una posterior investigación empírica) no se puede derivar de ellas una afirmación categórica porque entonces no sería válida. Los teóricos de la conspiración como los terraplanistas utilizan este tipo de razonamiento para construir sus teorías (evidentemente, para hacer juicios categóricos a partir de este silogismo, pero sin una búsqueda de evidencia empírica posterior).

    Entonces ¿por qué deberíamos de dar un trato diferente a las conjeturas que muchos hacen (incluidos uno que otro malo periodista) y que toman por verdades categóricas?

    Y si alguien cuestiona su afirmación categórica a partir de dicho silogismo abductivo, entonces utilizan otro silogismo abductivo: «Oye, Álvaro, es que aunque me digas que fuera un suicidio político o un riesgo innecesario para AMLO, recuerda que AMLO tomó decisiones irracionales como el aeropuerto: está loco y está tonto»:

    -Cancelar el aeropuerto de Texcoco es irracional
    -Que AMLO estuviera involucrado en el desplome del helicóptero sería un acto irracional
    -Por lo tanto, AMLO está involucrado en el desplome del helicóptero

    ¿Qué pasó entonces? ¿Estoy seguro que fue un accidente? ¿Puedo afirmar de forma categórica que fue un atentado?

    Lo más que puedo hacer son conjeturas, y no puedo hacer una afirmación categórica a partir de ellas. Siempre existirán posibilidades de que esté equivocado.

    Por más grosero que pueda escucharse, existe la posibilidad de que haya sido un mero accidente. Las coincidencias existen. Puedo incluso hacer silogismos como éste para establecer la hipótesis del accidente a partir del hecho de que no son raros los accidentes aéreos en helicópteros o aviones pequeños.

    -Los accidentes aéreos en helicópteros o aviones son algo comunes
    -Martha Érika Alonso y su esposo Moreno Valle, quienes afectaron los intereses de MORENA, fallecieron al desplomarse un helicóptero.
    -Por lo tanto, fue un accidente

    No se puede descartar la posibilidad de un atentado, ya que no tenemos información o elementos para hacer afirmaciones categóricas. Esto es, no tenemos evidencia empírica sobre lo ocurrido. Y en tanto no la tengamos, es irresponsable pasar una conjetura por afirmación categórica. Incluso es irresponsable hacer sugerencias apuntando y acusando a ciertos actores políticos con base en conjeturas y pidiendo que prueben su inocencia ante una acusación que parte de una hipótesis (es la presunción de inocencia, amiguito). Esto es algo que los periodistas deben saber y acatar, de lo contrario estarían faltando a su ética periodística. Los de a pie pueden hacer conjeturas, pero deben saber que sus afirmaciones no pueden pasar de ser una mera hipótesis que puede ser falsa.

    A mí me parece, por ejemplo, muy difícil que el Gobierno Federal tuviera algo que ver, sería un pésimo cálculo político donde el riesgo es mucho más alto que el beneficio (vaya, que una entidad federativa sea oposición o no no hace mucha diferencia). Podría sospechar un poco más de Barbosa, o tal vez de algún cercano, o del narcotráfico, pero igualmente, no hay elementos suficientes para acusarlo a él. No descarto que haya sido un atentado, pero no es poco probable tampoco que haya sido un accidente.

    Lo que sí sería responsable es solicitar una investigación imparcial de lo ocurrido de tal forma de que podamos obtener información empírica a partir de la cual podamos hacer racionamientos deductivos (que sí son lógicamente válidos).

    Entiendo el sospechosismo, y de alguna forma es natural en un país donde los abusos del poder público y la poca transparencia han sido una constante en la historia de este país. Pero siento decirles que sus argumentos no pueden pasar de ser meras conjeturas, las cuales muchas veces están muy afectadas por las simpatías y fobias políticas.

    Y siento decirles que, en caso de que sí sea un atentado, lo más probable es que no sepas quienes fueron los responsables (ya fuera el Gobierno Federal, Miguel Barbosa o el narco, como muchas de las conjeturas de los tuiteros apuntan) por diversas razones. Y es posible, que, aunque el gobierno muestre pruebas contundentes, las desestimes.

    Dicho esto, lo más probable es que te quedes con la duda.

    Vaya lío, pero así es.

    Lamento el deceso de Martha Érika Alonso y Rafael Moreno Valle. Antes que políticos, eran seres humanos. Que descansen en paz.

  • México no tiene por qué estar unido siempre

    México no tiene por qué estar unido siempre

    Hay quien dice ¡Qué hipócrita la sociedad mexicana, muy unida en el terremoto, pero dividida en la política!

    Ese comentario peca, cuando menos, de una profunda ingenuidad.

    En realidad no existe contradicción alguna. ¿Por qué? Porque la sociedad, para que funcione, no tiene por qué estar de acuerdo en todo, sino solamente en algunas cosas.

    Cuando hay un terremoto, es una obviedad que la gran mayoría de las personas desea que el sufrimiento sea el menor posible. La gente se une porque tiene un objetivo en común: ayudar al prójimo.

    En la política el contexto es muy distinto. Si bien, puede existir alguna suerte de objetivo común que es que a este país le vaya mejor, las discrepancias inician con la forma en que se puede lograr dicho objetivo, el concepto de «un México mejor» puede ser diferente entre la población y dicho concepto difiere producto de las experiencias de vida de cada persona, la educación que recibió e incluso su temperamento: algunos pueden apuntar al desarrollo tecnológico, otros a una mayor igualdad.

    ¿Qué implicaría que no hubiera divisiones o discrepancias cuando hablamos de política o de corrientes de pensamiento? Que todo mundo piense igual, que absolutamente todos sean de «derecha» o de «izquierda» y eso es completamente imposible porque los seres humanos no somos una copia exacta de los otros. Los nazis y los soviéticos son los que más se atrevieron a luchar por esa homogeneidad de pensamiento y ya conocemos las desastrosas consecuencias. Asumir que siempre tenemos que estar unidos significa supeditar nuestra individualidad al colectivo en absolutamente todos los casos.

    La realidad es que, aunque los mexicanos tengamos muchas coincidencias, también tenemos muchas diferencias, las cuales se ven reflejadas en discusiones, conflictos y debates. Es natural que en algunas ocasiones la sociedad se polarice (si hablamos de política o derechos sociales) y otras en las que se una (en caso de un terremoto o en caso de que su país sea invadido por un agente externo) sin que exista una contradicción o incongruencia.

    Ser parte de una sociedad no solo implica compartir valores comunes, sino también reconocer la heterogeneidad: que no todos estarán de acuerdo con lo que pensamos y que diferentes personas posiblemente se opongan a nuestros deseos o nuestras luchas sin que eso implique un ataque a nuestra integridad.

    Gracias a esta heterogeneidad y conflicto permanente es que nuestra sociedad puede avanzar y no quedarse estancada. Gracias a esa heterogeneidad y al disentimiento es que se han llevado profundas transformaciones sociales. La cuestión debería basarse más en la forma en que se lleva a cabo dicho conflicto. No es lo mismo utilizar la violencia que debatir o utilizar los órganos institucionales para ello. Sí, nos falta mucha madurez para debatir, pero eso no se debe a que el conflicto sea indeseable. Por el contrario, asumir el conflicto es un primer paso para madurar la forma en la que nos conflictuamos.

  • La Revolución Francesa y el lenguaje inclusivo

    La Revolución Francesa y el lenguaje inclusivo

    Históricamente, Francia ha sido un país muy liberal, uno de los más dispuestos a realizar experimentos o innovaciones sociales y a socavar el orden existente con ese fin. De dichos experimentos resultó la República que posteriormente fue adoptada por gran parte de los países de Occidente, entre ellos México. 

    Si bien, las agendas de izquierda actuales como el feminismo o los colectivos LGBT no son causas meramente francesas, sí tienen una fuerte influencia de los filósofos de aquel país, en especial los postestructuralistas como Derrida, Foucault o Deleuze que hacían mucho hincapié en el lenguaje. Estos izquierdistas comparten, de una u otra manera, ese ímpetu de socavar el orden y las estructuras existentes para plantear otras de las que argumentan generarán una sociedad más equitativa en materia de género y las minorías que, hasta hace poco, eran abiertamente rechazadas. 

    Pero algo que me llama la atención de esta «izquierda posmoderna» es que asumen que cualquier cambio, por el simple hecho de estar suscrito a una causa social, podrá realizarse de forma exitosa sin que importe tanto la practicidad de los cambios que proponen, desde agregar más letras a las siglas «LGBT» para incluir a todas las orientaciones sexuales hasta plantear una gran cantidad de géneros en reemplazo del género binario que siempre hemos utilizado y que más bien puede causar mucha confusión.

    Pero la practicidad importa, y mucho. Aquello que es más práctico tiene más posibilidades de ser asimilado por la sociedad que aquello que no lo es. Y para muestra basta remitirnos a la propia Revolución Francesa:

    Como parte del espíritu revolucionario que pretendía tumbar un sistema medieval, monárquico y basado en el linaje para pasar a una República basada en las libertades, se propuso un nuevo calendario y un sistema métrico que reflejaban ese nuevo espíritu ilustrado.

    El calendario sustituiría los meses de cuatro semanas que conocemos actualmente, por otros de 3 «décadas» (semanas que duraban 10 días), que eliminaba cualquier referencia religiosa y cuyos nombres estaban muy basados en fenómenos naturales o la agricultura como «Brumario», «Termidor», o «Floreal». El nuevo sistema métrico decimal, por su parte y también con un espíritu fuertemente republicano, buscaba homologar las medidas que, hasta ese entonces, solían estar basadas en órganos del cuerpo generalmente tomados de distintos reyes.

    El calendario republicano francés desapareció poco tiempo después en tiempos de Napoleón ya que resultó ser poco práctico. Las «décadas» no tenían relación con las fases de la luna que sí tienen las semanas y que servían como referencia para los agricultores e implicaba menos días de descanso para los trabajadores (uno de cada diez en vez de uno de cada siete). Además, los nombres de los meses estaban muy basados en el clima y la flora francesa, con lo cual causaría confusión en otras naciones.

    El sistema métrico decimal en cuyo diseño participaron muchos expertos,, por el contrario, se popularizó tanto que es el que utilizamos en casi todo el mundo actualmente gracias a su practicidad y homogeneidad. Hasta los propios ingleses o el propio Vaticano lo terminaron adoptando. 

    Así como el calendario y el sistema métrico tenían una fuerte inspiración republicana, el lenguaje inclusivo que se propone actualmente como eliminar el género neutro (que es igual al masculino) por una «x» o una «e» tiene una fuerte inspiración en las causas feministas y también de los colectivos LGBT, argumentando que la manera en que la forma en que se utiliza el lenguaje afecta la forma en que construimos las relaciones humanas y las actitudes ante los géneros.

    Sin embargo, la lección de la Revolución Francesa debería ser muy tomada en cuenta por quienes promueven estos cambios al lenguaje. Como mencioné al principio, un cambio estructural o de esquemas no solo trasciende por los valores o ideales que defiende, sino por su practicidad. Al lenguaje inclusivo se le acusa fuertemente de ser poco práctico (por ejemplo, la profunda confusión sobre como pronunciar la «x» o el hecho de tener tres géneros en lugar de dos: masculino, femenino o indeterminado) dentro de un idioma que ya de por sí es complejo como el Español. Todo esto ha generado una fuerte reticencia no solo por quienes no se identifican con las causas, sino por quienes ven en el lenguaje inclusivo una forma muy poco práctica de hablar o escribir.

    ¿Es el lenguaje inclusivo, al menos como ha sido propuesto, una herramienta que ayude a combatir la discriminación hacia las mujeres o hacia otras minorías? ¿Debe mantenerse igual como se ha propuesto hasta ahora? ¿Debería cambiarse por otro modelo? ¿No tiene sentido ni ninguna utilidad tangible?  ¿Cambiar el lenguaje va o no va a ser determinante en aras de la equidad de género o el reconocimiento de personas con otra orientación sexual? Son preguntas que sus proponentes deberían responderse. 

  • No son buenos tiempos para ser violador ¡y qué bueno!

    No son buenos tiempos para ser violador ¡y qué bueno!

    No son buenos tiempos para ser violador ¡y qué bueno!

    No son buenos tiempos para ser violador ¡y qué bueno!

    Aquellas personas que en algún momento violaron o abusaron de una mujer, jamás pensaron que en un futuro relativamente cercano (o tal vez ni tan cercano) sus historias iban a ser exhibidas en público y que su reputación iba a caer hasta el piso. Varios de ellos afirman que es algo injusto porque es algo que «ocurrió hace tiempo», aunque poco meditan sobre la injusticia que sufrió la víctima que vio por tanto tiempo a su victimario impune.

    Creyeron que la impunidad con la que habían gozado era vitalicia, que como en su momento no sufrieron consecuencia alguna entonces ya se habían zafado del problema. Algunos de estos hombres han quedado arruinados, otros han sido despedidos de sus puestos de trabajo o, cuando menos, han sido señalados y, a raíz de esto, su vida no volverá a ser la misma. Insisten que es injusto porque, dicen, no están tomando en cuenta si el otrora victimario cambió, pero la realidad es que si las cosas siguieron su curso normal es porque no hizo nada por resarcir el daño que dicho victimario causó.

    Las propias estructuras sociales se han agitado a raíz de esta ola donde muchas mujeres se empoderaron. También han exhibido cómo muchas instituciones, universidades, empresas o dependencias de gobierno toleraban este tipo de conductas y cúan normalizadas estaban. Al menos, las barreras de entrada para atreverse a violar a alguien serán más altas (ya nada puede garantizar impunidad vitalicia). Las mujeres están cada vez más acostumbradas a exhibir sin pena que fueron víctimas de un acoso o violación, orque recordemos que en nuestra sociedad la mujer violada siempre había sido estigmatizada y señalada como impura. 

    No importa si el acto ocurrió hace 6 meses, hace 2 años o incluso hace 10 años. En algún momento las mujeres decidieron agarrarse los ovarios para hablar de aquellos casos que las habían marcado de por vida. Al ver que otras lo estaban haciendo se motivaron a hacerlo: el hombre que las emborrachó para violarlas, el hombre que las chantajeó sexualmente. Algunas incluso exhibieron la complicidad de la gente cercana, de las autoridades que sabían y no habían hecho nada o que incluso protegieron al victimario ya que éste era una persona importante o tenía un puesto de poder dentro de dicha organización. Esas historias que habían quedado enterradas en lo oscuro, por miedo incluso de las propias mujeres de que fueran estigmatizadas, ahora están saliendo a la luz, la caca sale a flote.

    Nota al pie:

    También es cierto que no deja de ser genuina la preocupación de quienes temen que haya quienes se aprovechen de esta ola para vertir falsas y deliberadas acusaciones con la intención de perjudicar a otra persona que, en realidad, es inocente, ya que se está confiando en la palabra de quienes se presentan como víctimas y nada más. Es natural que se le dé mucho peso a la versión de las mujeres porque son quienes han estado en desventaja en este asunto, pero ¿qué pasa si una mujer quiere acusar a su ex novio de violador porque le tiene resentimiento? ¿cómo corroborar si la mujer está o no mintiendo? 

    También se puede dar el caso que una acusación de acoso o violación se pueda atribuir a un problema de comunicación: por ejemplo, que una mujer no se haya sentido cómoda en una relación sexual porque el hombre fue agresivo a la hora de la penetración o no le agradó la forma en que la «conquistó» pero que el hombre no se haya percatado de eso (por tanto no haya tenido nunca la intención de abusar), y ella lo denuncie públicamente como abuso sexual.

    Estos movimientos también deberían atender estos problemas. Señalar a quienes se quieran colgar de la causa para dañar a un tercero, o que la mujer pueda determinar de forma objetiva que fue violada, que el hombre haya tenido una intencionalidad explícita y no quede en interpretaciones subjetivas vagas que pueden ser atribuibles a problemas de comunicación dentro de los dos involucrados.