Categoría: temas polémicos

  • El derecho a protestar

    El derecho a protestar

    Todas las personas tienen el derecho a manifestarse en la vía pública, incluso si su postura es equivocada, o sea cual sea su postura política (desde ultraconservadores hasta anarquistas o comunistas). En este sentido, ni las autoridades ni otros ciudadanos tienen el derecho a impedir el ejercicio de su libertad de expresión.

    El derecho a la libertad de expresión sobrepasa su límite cuando esta expresión afecta los derechos de terceras personas (desde el vandalismo a negocios, robos, hurtos, hasta violencia física hacia terceros), cuando esto ocurre, las autoridades tienen que hacer valer la ley y salvaguardar estos derechos que han sido violentados. Solo cuando esto ha sucedido, las autoridades deben intervenir de forma activa, y para ello deben usar la violencia mínima necesaria para poder neutralizar dicha afectación. Es decir, que las autoridades no se sobrepasen en el uso de la violencia ni utilicen más de la que es necesaria para evitar que sigan vandalizando o hurtando propiedad ajena.

    Una protesta no puede ser reprimida porque es incomoda al gobierno, ello es un atentado contra los derechos más elementales de las personas, además de ser un desplante autoritario. La represión sólo debe usarse específicamente contra quienes en el acto afectan a terceros como lo mencioné anteriormente y solamente con la mínima violencia necesaria para que dejen de afectar a terceros y sean puestos a disposición de las autoridades.

    Dichas autoridades tampoco pueden reprimir toda una protesta en conjunto sino sólo aquella parte que se ha involucrado en actos tales como vandalismo hacia negocios, robo y hurto, dejando a los inconformes pacíficos seguir protestando. La represión no debe usarse de forma indiscriminada, sino solamente contra aquellas personas de quienes se tiene seguridad que han cometido un acto ilícito y con el único fin de salvaguardar los derechos de los afectados.

    De la misma forma, quienes afectaron los derechos de terceras personas mediante el robo o el hurto, deberán cumplir con la pena o sanción correspondiente a su acto. El castigo no deberá ser ni mayor ni menor y no podrá utilizarse con fines políticos, sino que deberá corresponder a lo que dicta la ley o el reglamento en cuestión.

  • ¿Qué va a pasar cuando estemos muertos?

    ¿Qué va a pasar cuando estemos muertos?

    ¿Qué va a pasar cuando estemos muertos?

    Todos algún día vamos a morir. Hasta la fecha, ningún ser humano se ha salvado de ese fatídico desenlace. Tampoco eres especial y es iluso que pienses que como eres consciente de ti mismo y solo tienes certeza de ti mismo porque eres consciente de ti mismo (cogito ergo sum), a ti no te va a tocar. Eres uno más.

    Entonces este texto podría interesarte, aunque no me hago responsable de cualquier crisis existencial que te provoque este texto, así que quedas advertido.

    ¿Qué va a pasar después de la muerte? Nos hemos dado algunas respuestas: que si nos iremos al cielo, o que si fuimos malos nos iremos al infierno, que reencarnemos (en otro ser humano, en un ser espiritual o en otra especie), pero ninguna persona que haya muerto ha venido a darnos un testimonio de lo que va a pasar. De los miles de millones de muertos, ni una sola persona ha estado en condiciones de relatar si reencarnó (aunque haya algunos pseudogurús que lo afirmen) o se si fue al infierno o al cielo. Hemos echado mano de las religiones para tratar de darnos una respuesta ante esta difícil pregunta, mientras que la ciencia hasta ahora no nos ha terminado de dar una respuesta contundente a este dilema.

    Pero estas respuestas me traen más bien más preguntas, y para ello primero tratemos de entender qué significa estar vivos y qué sabemos de la conciencia (es decir, que somos capaces de reconocer que existimos).

    Primero ¿qué es la vida y qué es la consciencia?

    La vida es un proceso biológico temporal. Nacemos, vivimos un lapso y después morimos. Las personas, de alguna u otra forma, dejan una suerte de descendencia o legado. Algunos procrean hijos, algunos otros tal vez dejan alguna aportación cultural o de otra índole que ejerce influencia en la historia de la especie humana (aunque no sea visible o reconocible, sea una contribución muy pequeña o grande, o sea positiva o negativa).

    Lo que nos caracteriza de los demás animales es que somos conscientes de nosotros mismos y de nuestra existencia. No somos los únicos animales dotados de inteligencia, varias especies tienen alguna forma de inteligencia (que en algunos casos suele ser muy sorprendente) pero, hasta la fecha, somos la única especie que es capaz de reconocerse como ser consciente.

    Dada nuestra capacidad de ser conscientes, por medio de la filosofía y la metafísica hemos tratado de entender a nuestro ser. Hemos tratado de entender qué es y cómo es que nuestro ser interactúa con su entorno. Hemos tratado respondiéndonos que tenemos un alma que, de alguna forma u otra forma, no formaría parte del cuerpo sino que sería una entidad nor corporal, aunque a diferencia del dualismo cartesiano (que separa al alma y al cuerpo por completo) el cristianismo actual (y que es mencionado en la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II) señala que el ser no es pura alma, sino que el cuerpo también forma parte de él, y así, cuerpo y alma interactúan (aunque lo espiritual tiene preferencia sobre lo material).

    Pero en los últimos tiempos, la ciencia nos ha revelado más sobre la consciencia. Sabemos que la personalidad no es ajena a procesos químicos y biológicos sino que, de algún modo, está condicionada por ellos. Por ejemplo, sabemos que las sensaciones: alegría, dolor, depresión, emoción, se generan gracias a procesos químicos y neurológicos que tienen lugar en nuestro cuerpo. Sabemos también que las sensaciones negativas no son «castigos» (aunque el ser humano puede usarlas para castigar a otros) sino que tienen como fin la supervivencia o la estabilidad del individuo: por ejemplo, el duelo después de la muerte de un ser querido ayuda a la persona a adaptar su psique a una realidad en la que dicho ser querido ya no está.

    Un ejemplo más dramático con cuestiones ya de índole moral, es el de un hombre que, a raíz de un tumor cerebral, empezó a adquirir una gran fascinación por la pornografía infantil, y se terminó convirtiendo en un acosador sexual sistemático. Después de que ese tumor fuera extirpado su comportamiento volvió completamente a la normalidad. Es decir, la moralidad no está desligada de lo biológico ni lo cultural.

    Todo apunta a que nuestra forma de ser (única entre todos los demás) es producto de diversos factores biológicos, así como factores culturales que interactúan con dichos factores biológicos. Aunque todavía falta revelar mucho sobre el funcionamiento de nuestro cerebro, sabemos que la consciencia como tal, de acuerdo a Stanislas Dehaene, es como un bucle o un loop de diversos procesos que tienen lugar en nuestro cerebro, así como un par de llantas que, al repetir su movimiento circular, son capaces de mover algún objeto.

    Sabemos qué es la consciencia, pero no hemos sabido responder desde la ciencia el por qué somos conscientes. Sí, la consciencia existe y la ciencia nos explica más o menos cómo funciona, pero no sé por qué yo soy consciente, por qué yo soy esa consciencia y no cualquiera de las demás o ninguna.

    Ahora, sabiendo todo esto, surgen muchas preguntas sobre nuestro destino cuando dejemos este mundo.

    Cielo e infierno

    Tomemos el caso del cielo e infierno. Se dice que si hemos sido buenas personas iremos al cielo donde tendremos felicidad infinita, o si hemos sido unos hijos de su madre, entonces la pagaremos en el infierno y sufriremos como nunca para siempre.

    Pero si bien no sabemos por qué somos conscientes, como decía, sabemos más o menos cómo funciona la consciencia, sabemos que factores biológicos y culturales afectan y moldean la forma en que se manifiesta nuestra personalidad.

    Ahora, si vamos al cielo o al infierno o a cualquier lugar supraterrenal ¿cómo podremos seguir siendo nosotros mismos cuando todas esas variables que explican nuestra consciencia y nuestra personalidad ya no existirán ya que habrán quedado enterradas junto con nuestro cadáver (ahí bajo la tumba yacerá el cerebro que, además, almacenaba toda nuestra memoria, así como todas las glándulas que secretaban hormonas)? ¿Todo ello se traslada o se convierte en otra cosa? ¿Es que todo eso que se explicaba por lo biológico y lo cultural se convierte en una suerte de energía que hace que nuestro espíritu persista como cuando convertimos un archivo de Word a una imagen donde podemos ver exactamente lo mismo desplegado en pantalla pero que en su funcionamiento es algo completamente diferente?

    Y siguen más preguntas. Si en el cielo o el infierno sentiremos algarabía o dolor infinito ¿Cómo es que será éste, partiendo de que son procesos químicos los que provocan la sensación de algarabía y dolor? ¿Habrá algún equivalente a ello? ¿Sufriremos o gozaremos de algún otro modo que nos es completamente desconocido ya que esas sensaciones estarían generadas por las leyes de ese mundo supraterrenal y no de éste?

    La reencarnación

    Preguntas parecidas surgirán si queremos hablar sobre la reencarnación. Por ejemplo, si supongo que la consciencia y la personalidad que se explican por factores biológicos y culturales se transforman en una suerte de energía, entonces en este caso podríamos pensar que esta energía (o que podríamos llamar espíritu) se traslada a otra entidad corporal que se va a formar y va a nacer. Pero si esa energía (que es como una copia de lo que antes estaba determinada por esos factores biológicos y culturales) reencarna en otra entidad corporal, entonces tendría que manifestarse de igual forma, que sea una copia de aquella otra persona. Piensa en un Word (tu primer cuerpo) que conviertes en un PDF (espíritu puro) y luego en un Google Docs (segundo cuerpo).

    Pero entonces ya tendríamos que haber descartado los factores culturales porque sabemos que lo cultural se aprende de forma empírica, y por lo tanto sabemos que un bebé recién nacido todavía no ha aprendido nada de la cultura que, por cierto, nunca va a ser exactamente igual a lo largo del tiempo. ¿Entonces, si hablamos de la reencarnación, solo habrían reencarnado los factores biológicos? ¿Cómo podemos decir entonces que se trata de la misma entidad espiritual?

    Es más: ¿qué tan trascendente nos debería ser la reencarnación ya que tu espíritu que habitará en el nuevo cuerpo que reencarnaste no recordará tu vida pasada? En caso de que la reencarnación existiera ¿sabes quien eras antes? ¿Te acuerdas de aquello que viviste o sentiste en tu yo de antes? ¿Cómo podemos decir que ese ser es el mismo que el actual si existe una desconexión entre la forma en que ambos seres se manifiestan? (Desconexión tanto de lo material, lo accidental e incluso de lo esencial si partimos de la idea de que nuestra personalidad es parte de lo que nos define y no es accidente) ¿Cómo podemos determinar que se trata de la misma entidad?

    Pobre de ti si eres ateo

    Seguramente te pude haber dejado con muchas dudas, pero el caso de que nuestro ser ascienda a un lugar supraterrenal sigue siendo más satisfactorio. Un religioso tal vez podrá sortear estas cuestiones y encontrar una explicación más allá de todo esto. Los ateos la tendrán mucho más difícil.

    Y la tienen más difícil porque ellos tienen que lidiar con el «no ser».

    Es decir, en el entendido de que nuestra personalidad y nuestra consciencia se explica por factores culturales y biológicos y no hay algo más allá de eso, si morimos entonces vamos a dejar de existir por completo.

    ¿Qué es no existir?

    ¿Es estar en un lugar oscuro donde no podemos interactuar con absolutamente nada? Incorrecto. Porque estar en un lugar oscuro implica seguir siendo conscientes de nosotros mismos, lo cual evidentemente ya no ocurre.

    Pero si ya no somos ¿qué será de nosotros? ¿cómo podemos imaginarnos cuando ya no seamos? No podemos hacerlo, porque no podemos imaginar la nada. No hay forma de imaginarlo, no hay forma de concebirlo, porque el ser humano sólo puede imaginar o pensar con relación a algo que existe. El vacío nos lo explicamos como la ausencia de algo, algo que debería haber y no está, pero no nos explicamos el vacío por sí mismo, sino en relación con algo que existe.

    Tratar de entender el «no ser» es entender el vacío con relación a la nada, y eso es imposible para nuestra psique.

    Y si esto te genera misterio y te consuelas con el hecho de que tendrás el privilegio de saber qué es no ser, dejame decirte que, como «no vas a ser», entonces no podrás saber qué es el «no ser».

    Simplemente dejarás de existir y ya.

    Observaciones:

    Como mi conocimiento no es absoluto (ni pretende serlo), como no soy perfecto, ni soy el mejor especialista en las disciplinas de las que eché mano, seguramente habré podido dejar algo afuera de mi argumentación, tal vez no haya considerado alguna cuestión de orden científico, filosófico (metafísico u ontológico) y si crees que he omitido algo sería interesante que lo dijeras para dialogarlo y debatirlo. Esto es obvio, dado que este artículo es producto del razonamiento que hice de forma subjetiva (en el entendido de que los individuos somos subjetivos) y con ayuda de mis conocimientos y la información que tengo a la mano.

    En resumen, mi intención con este artículo no es tener la razón, sino reflexionar sobre un tema tan escabroso pero inminente como es el tema de la muerte, cuya existencia nos termina, de alguna u otra forma, definiendo como seres humanos.

    Tal vez podré haberte causado algún cuestionamiento existencial, pero recuerda que por eso lo advertí al principio de mi artículo.

  • No te gustó la sirenita negra

    No te gustó la sirenita negra

    No te gustó la sirenita negra

    Nunca he sido fan de muchas de las maneras que progresismo usa para visibilizar a ciertos sectores sociales ya que me parecen contraproducentes, como ocurre con las políticas de identidad (identity politics) que me parece que más que fomentar la inclusión termina tribalizando a dichos sectores, recluyéndose dentro de sí mismos o protegiéndose de los demás dentro de espacios seguros.

    Tampoco me atrae en lo absoluto ese discurso victimista influido por algunos filósofos posmodernos que sobredimensionan las relaciones de poder casi como si cualquier relación humana contuviera una opresión asfixiante (que como bien señalaba Jürgen Habermas, no dejan siquiera espacio para el consenso) y que terminan más bien provocando un aislamiento de los distintos sectores o, que de la misma forma, derivan en un discurso en el que una persona ya no puede recordar la historia de su país ante su incapacidad por perdonar los errores de su pasado en vez de voltear hacia atrás y reconocer los avances que se han tenido. Cosa curiosa porque la filosofía posmoderna gusta de entender la realidad por medio de relaciones (eso que llaman relativismo), y básicamente con ese mismo ejercicio se podría hacer un mejor juicio de los eventos pasados entendidos en el contexto en que se llevaron a cabo (por ejemplo, entendiendo el progreso de la humanidad, sería mucho más reprobable esclavizar a alguien en el siglo XXI que en el siglo XIX y tal vez sería poco apropiado hacer juicios de una persona del siglo XIX con los parámetros éticos y morales del siglo XXI).

    Pero me gusta más cuando buscan visibilizar de forma positiva a los distintos sectores sociales, esos que históricamente han quedado relegados y en algunos casos oprimidos.

    Además, soy una persona ferviente del multiculturalismo y la pluralidad. Es decir, comparto ese anhelo en el cual en una mesa puedan sentarse un hombre blanco británico, una mujer mexicana, una persona afroamericana y un transexual y puedan convivir sin que nadie se juzgue por quién es. Tal vez pueda llegar a sonar un poco utópico, pero es innegable que se han logrado considerables avances al respecto.

    En este sentido, estoy de acuerdo con las políticas que Disney y demás estudios están implementando en sus películas para visibilizar a diferentes sectores, o que Halle Berry vaya a interpretar a la 007. ¿Por qué?

    Porque la forma en que decimos que la sociedad es (o debería de ser) es en gran medida una construcción cultural. Básicamente, nosotros crecemos y entendemos el mundo por la forma en que lo percibimos, por la forma en que somos educados (que básicamente implica una transmisión de la cultura) y por nuestra interacción con nuestro entorno. Y como lo que las distintas personas percibimos de la cultura es algo relativamente parecido, entonces las virtudes y los prejuicios inherentes a la cultura se transmiten de generación en generación en forma de memes (entendido en el significado que le dio originalmente Richard Dawkins y no como los memes que subes a Internet).

    Dentro de los memes que se transmiten y que actúan, según Dawkins, de forma similar a los genes, hay evidentemente muchas virtudes, valores éticos y morales, pero también hay algunos vicios y prejuicios. A pesar de los grandes avances, todavía no podemos hablar de una equidad de género real. En Estados Unidos todavía a las personas de raza negra se les percibe como un tanto menos relevantes que los blancos, por poner un ejemplo.

    Necesitamos un nombre para el nuevo replicador, un sustantivo que conlleve la idea de una unidad de transmisión cultural, o una unidad de imitación. Mímeme se deriva de una apropiada raíz griega, pero deseo un monosílabo que suene algo parecido a gen. Espero que mis amigos clasicistas me perdonen si abrevio mímeme y lo dejo en meme. Si sirve de algún consuelo, cabe pensar, como otra alternativa, que se relaciona con «memoria» o con la palabra francesa même. En inglés debería pronunciarse [mi:m].

    Richard Dawkins – El Gen Egoísta

    Y así como muchos de estos memes se transmiten por medio de la educación familiar, la escuela o la televisión, el cine juega un papel importante en la transmisión de dichos memes. No es un secreto que el cine ejerce influencia sobre nuestra cultura.

    Además, es cierto que los seres humanos tendemos a aceptar más aquello que nos parece más familiar y es parte de nuestro entorno mientras que tendemos a rechazar aquello que nos parece más ajeno. Parte de nuestra historia como especie humana se explica por ello (y por ello alerto sobre algunos de los modos del progresismo que terminan tribalizando a diversos sectores). Pero resulta que ahora vivimos en una sociedad más globalizada e hiperconectada que le debería permitir a las distintas culturas y diferentes tipos de personas acercarse más. La misma historia nos ha mostrado que cuando nos acercamos más y convivimos más con lo que nos es diferente, comenzamos a tolerarlo y a integrarlo más, y a empatizar más con ello. En los albores de la Revolución Francesa, la idea de que no podía haber seres humanos legalmente superiores a otros estuvo, en parte, alimentada por la literatura por la cual mucha gente comenzó a conocer otras realidades y a empatizar con ellas. Steven Pinker, por su parte, también señala los beneficios en este sentido que ha tenido el acceso de la gente a la literatura.

    Entonces ¿qué pasa con la sirenita negra? Bueno, resulta que la Sirenita es el personaje principal. La idea es que, con la inclusión de un personaje de color se promueva la idea de que una persona afroamericana puede ser igual de relevante que una persona blanca, o que un latino puede ser un héroe igual que una persona blanca.

    Es cierto que no es como que sea la primera vez que una persona de color protagonice alguna película. Will Smith ha protagonizado muchas, Morgan Freeman o Denzel Washington. También es cierto que la mayoría de los protagonistas han sido blancos, y más aún, que dentro de las caricaturas, casi todas las personas protagonistas suelen ser blancas.

    Que la inclusión de esta sirenita haya generado polémica y opiniones divididas me parece que muestra que puede ser una decisión acertada. Es cierto que puede generar escozor que cambien el tono de piel del personaje bajo el argumento de no apegarse a la historia original, pero lo inverso ocurre en la vida cotidiana y no genera mucha indignación:

    Por ejemplo, en México en la gran mayoría de las personas que aparecen en televisión o en comerciales son tez blanca o morena clara como si nada cuando los que tenemos tez clara en México somos minoría (a veces incluso llegan al descaro de «importar» argentinos o europeos para ese fin) . Otro ejemplo del que casi nunca se había hablado es de las muchas imágenes de Jesucristo de tez blanca cuando en realidad el debió ser bastante más moreno, basta que lo busques en las imágenes de Google.

    Nunca se recriminó la falta de fidelidad a lo que buscan representar: que la mayoría de mexicanos sean morenos o que Jesucristo no podía ser blanco ni rubio. Pero en el caso de la Sirenita sí se recrimina argumentando que la historia original es danesa (bastante diferente a la de Disney, por cierto).

    Evidentemente, no se debería tratar de una cruzada contra los blancos ni mucho menos el uso de esas descalificaciones apriorísticas a las que se suele apelar con el término white privilege, pero sí me parece acertado que por medio del cine se transmita la idea de que, independientemente de tu raza, género, origen u orientación sexual, puedes ser igual de relevante que cualquier otra persona.

    Y más que hablar de «agendas progres» o conspiraciones, este argumento puede tener como soporte el mero hecho (de inspiración lockeana) de que la persona humana por el simple hecho de ser una persona humana ya es digna, y de que, tomando a John Rawls como referencia, las condiciones accidentales y que no son producto del mérito o el esfuerzo (como lo mencioné, lo relacionado con la raza, género y demás) no se conviertan en obstáculos para que la gente pueda desarrollar su proyecto de vida de igual forma.

    Transmitir este meme, el cual busca dotar de la misma dignidad a todas las personas sin distingo de las particularidades que no son producto de las decisiones de las personas, me parece una decisión acertada. Se trata de un reforzamiento positivo (más que de una eterna confrontación que separa y tribaliza a los distintos sectores) y por ello lo aplaudo.

  • Cuando se apague la Luz del Mundo

    Cuando se apague la Luz del Mundo

    Ser un fiel de la Luz del Mundo

    La palabra «Inocente» apareció afuera de la Iglesia de la Luz del Mundo en Guadalajara, a la misma usanza con la que muchas de las ciudades del país colocan sus nombres en una ubicación importante para que los turistas y los locales se tomen fotografías y así promocionen a la ciudad como marca.

    Aunque Guadalajara es una ciudad tradicionalmente reconocida por su catolicismo. La Iglesia de la Luz del Mundo, con un carácter más fundamentalista y ortodoxo, se ha hecho un espacio para establecer su sede aquí, creando un microcosmos en la Hermosa Provincia, la colonia habitada por los fieles de esta Iglesia que siguen sus muy peculiares rituales, donde las mujeres deben usar faldas largas y cabellos largos.

    El líder de la Iglesia es Naasón Joaquín García, quien fue detenido en California por abuso sexual y tráfico de personas y a quien le acaban de negar la fianza por la gravedad de las acusaciones y ya que se habrían revelado nuevas evidencias en las que el líder aparece en un trío sexual con una adolescente de entre 15 y 16 años.

    La reacción de los fieles es muy predecible y entendible. Sería ingenuo esperar otro tipo de reacción, sobre todo en el entendido de que se trata de una Iglesia con un tono más fundamentalista.

    Y es entendible porque vaya, gran parte de la razón de ser de los fieles gira en torno a su Iglesia. Las religiones le dotan al individuo de un sentido ético y moral, pero sobre todo, de un sentido de la trascendencia. Las religiones le ofrecen respuestas al individuo con las cuales puede explicarse su vida y el por qué está aquí. Además del sentido existencial, espiritual y moral, también le dota al individuo de un sentido comunitario, y más si hablamos de esta Iglesia donde los lazos comunitarios y sociales son mucho más fuertes que entre los católicos.

    Si a un fiel se le quitara todo eso de la noche a la mañana, se derrumbaría. Básicamente se quedaría solo, viendo como su comunidad se desmorona, desnudo en un mundo complejo que no entiende y que no se parece al que conocía hasta hace poco porque ya no hay quien le de respuestas a sus preguntas. No sabría qué hacer, ni siquiera sabría exactamente quién es ni por qué está ahí. Eso implicaría un shock psicológico muy tremendo por el cual muchas personas no estarían dispuestas a pasar.

    No es fácil asimilar que el líder de tu Iglesia, al cual llamas el apóstol de Cristo, era un pederasta acusado de violación infantil, extorsión y trata de personas. Todo ello se contradice cruelmente con aquellos valores y aquella concepción del mundo que adquiriste dentro de la Iglesia. Si a varios católicos y en especial a los Legionarios de Cristo les costó bastante aceptar los crímenes de Marcial Maciel (y hasta la fecha hay quien relativiza sus fechorías), mucho más difícil será aceptar que Naasón era algo todavía peor, porque: 1) Marcial Maciel era líder de una congregación mas no de una Iglesia. 2) Los lazos de los fieles de la Luz del Mundo con su Iglesia son, por lo general, más fuertes que los de los fieles católicos, en gran medida por su carácter más fundamentalista. 3) Porque, de igual forma, el apego espiritual y comunitario es mucho más fuerte. Los fieles de la Iglesia de la Luz del Mundo viven su fe todos los días. La mayoría de los católicos no suelen ser tan apegados a su religión e incluso combinan su fe con otros paradigmas o ideologías (seculares y en algunos casos con algún tinte religioso).

    Entonces se vuelve más rentable para el individuo aferrarse a la ilusión (en el entendido de que Naasón Joaquín García fuera declarado culpable) que reconocer la verdad. Si es declarado culpable (que es muy posible que suceda) buscarán chivos expiatorios: culparán a los jueces, dirán que Estados Unidos tiene intereses oscuros, que alguna logia masónica, que alguna otra Iglesia está implicada, que esto o que lo otro. Es normal que ello suceda debido a nuestra imperfecta condición humana.

    A veces la realidad es muy dura, y no es la realidad que queremos que sea. Aquellas personas que llegaron a la Luz del Mundo en busca de respuestas, en busca de un orden ético y moral, en búsqueda de un sentido de la trascendencia, tal vez llegaron al lugar equivocado. ¿Y cómo sabían que iba a serlo?

  • Mi escepticismo con el lenguaje inclusivo

    Mi escepticismo con el lenguaje inclusivo

    Mi escepticismo con el lenguaje inclusivo

    Hace algunos años, en algunos círculos se comenzó a utilizar el «todas y todos» para referirse a un grupo de personas y así hacer énfasis en que éste está compuesto por mujeres y hombres.

    Luego, para economizar (aunque solo en el lenguaje escrito y no el hablado) se comenzó a utilizar el arroba. Ej: tod@s. Pero el arroba cayó en desuso ya que solo se refería a mujeres y hombres y no se incluía a otras identidades de género. Entonces se optó por la x: Ej: todxs.

    Evidentemente, estos cambios en el lenguaje, bienintencionados en la teoría posiblemente, se mostraron muy ineficientes. Pronunciar la palabra «todxs» es un gran problema. ¿Cómo se pronuncia o cómo se dice? ¿Todcs? ¿Todos y todas? ¿Todes? Y es un gran problema porque no solo rompe abruptamente con las reglas de la gramática, sino que hace todo mucho más complejo.

    Luego llegó el «todes», donde se utilizaría la «e» para usar el idioma de forma neutra. Efectivamente es más eficiente que las otras propuestas anteriores porque ya hay una consonancia entre la escritura y la pronunciación, pero sigue siendo menos eficiente que el modelo original. Ello nos obligaría a utilizar tres géneros (masculino, femenino y neutro) en vez de dos (masculino y femenino) y a hacer muchas modificaciones a un idioma al que estamos habituados. Es decir, sigue haciendo más complejo un idioma como el español que ya de por sí se caracteriza por ser muy complejo.

    El argumento para hacer estos cambios gramaticales es que nuestro idioma utiliza el género masculino como género neutro. Es decir, decimos «todos» para referirnos tanto a las mujeres como a los hombres. Se dice que ello reforzaría una cultura patriarcal (donde el hombre tiene es el género principal y la mujer el género secundario, o «el otro» como lo llamaría Simone de Beauvoir). Se argumenta que el lenguaje cambia la realidad y, por tanto, si implementamos un lenguaje más inclusivo, ello se va a reflejar en la práctica. De aquí se desprenden los siguientes problemas:

    El primero es el que ya mencionamos, el de la practicidad y la eficiencia. El lenguaje no es rígido, evoluciona con el tiempo y generalmente lo hace por cuestiones de practicidad. El problema es que los modelos inclusivos propuestos hasta la fecha son más complejos y menos prácticos. Esto es un gran problema porque dentro de todas las causas sociales son los modelos prácticos y eficientes los que sobreviven. Hace unos meses expliqué el distinto resultado de las dos grandes propuestas de la Revolución Francesa para transmitir los valores republicanos: el sistema métrico decimal y el calendario republicano. El primero se popularizó tanto que lo utilizan casi todos los países del mundo. El segundo fue eliminado por Napoleón porque era poco práctico y no podía exportarse a otros países (ya que su configuración del calendario tomaba las particularidades de Francia).

    El lenguaje inclusivo es promovido desde distintas instancias e incluso algunas organizaciones lo utilizan. Sin embargo, no parece usarse más allá de esas mismas instancias o por quienes están comprometidos con las causas que lo promueven (movimientos feministas, colectivos LGBT+ etc). Si pudiera hacer una comparación, alguna referencia o algo parecido a un test A/B, podría referirme al «holi» que muchos jóvenes han comenzado a utilizar informalmente ne lugar del «hola». A diferencia del lenguaje inclusivo, el «holi» se ha popularizado sin necesidad de recursos o promoción alguna, es una moda que se ha propagado de forma orgánica, algo con lo que el lenguaje inclusivo ha tenido muchas dificultades.

    La eficiencia no es el único problema. También es cuestionable su efectividad para lograr modificar en la práctica las estructuras sociales y las conductas para aspirar a una mayor equidad de género e integrar a personas con otras preferencias sociales dentro del ethos social. Turquía no es una nación reconocida por ser campeona en equidad de género, la cultura nipona tampoco parece destacarse por ello. y se encuentra muy rezagada en comparación con la mayoría de los países desarrollados, y esto a pesar de que ambos países coinciden en que sus lenguas tienen género neutro.

    Si bien en nuestro idioma el masculino se utiliza como género neutro, es cierto que también hay algunas palabras femeninas para referirnos a un conjunto de personas sin distingo de su sexo (en el entendido de que en nuestro idioma los sustantivos tienen género). Hablamos de «la sociedad», «la humanidad», «la organización», «la patria».

    ¿Es posible discriminar a alguien con el uso del lenguaje? Evidentemente sí. Pero no es lo mismo el uso del lenguaje que la estructura gramatical. El uso del lenguaje deriva de la forma en la que pensamos y nuestras actitudes. Básicamente el lenguaje en sí no es el problema, sino nuestros pensamientos y nuestras actitudes mismas. El problema no es que el masculino sea el género neutro, sino que invisibilicemos a las mujeres o las discriminemos con nuestros actos. Hay prácticas que sí se podrían cambiar y que no tienen que ver con la estructura gramatical sino con el uso de conceptos, por ejemplo decir «ser humano» en vez de «el hombre» a la hora de referirnos a nuestra especie en el entendido de que con «el hombre» se puede entender solamente al género masculino.

    A mi parecer, no es la estructura del idioma la que modifica la realidad. Es la realidad la que termina modificando su estructura por cuestiones de eficiencia. Muchos de los eufemismos que utilizamos y el desgaste que muchas veces sufren con el tiempo puede ser prueba de ello (en muchos casos terminan adquiriendo el tono peyorativo que tenía el significante original que sustituyeron) ya que nos servimos del lenguaje para expresar lo que expresamos y sentimos, y si nuestros prejuicios no cambian, no nos detendremos por la inclusión de un eufemismo, sino que terminaremos corrompiéndolo como lo hicimos con la palabra original.

    ¿Hay equidad de género en la actualidad? No. todavía no llegamos a ello y falta un gran tramo por recorrer ¿Existen todavía conductas normalizadas que afectan a la mujer? Sí. ¿Hay discriminación hacia personas del mismo sexo? También. ¿El cambio de la estructura gramatical abonará a combatir esos problemas? Sobre ello es sobre lo que guardo cierto escepticismo.

    En un mundo libre, no le puedo decir a la gente que use lenguaje inclusivo o no (ni es mi intención siquiera), respeto el derecho de las personas a usarlo así como espero respeto a mi derecho a opinar. Simplemente dudo de su eficacia, aunque comparto los fines que busca (Ia equidad de género y la inclusión de personas con otra orientación sexual en la sociedad). En este sentido, si con el tiempo logra socializarse una suerte de lenguaje inclusivo o algo parecido de tal forma que termine siendo norma de la lengua, ello será entonces resultado de los cambios sociales a los que el lenguaje se adaptó para hacerse más eficiente, no al revés. Al final, el lenguaje termina modificándose de forma progresiva y orgánica para responder a las necesidades de una sociedad dada que habla dicho idioma.

    Puedes consultar más aquí.

  • No Hernán, no todos en Zapopan somos así

    No Hernán, no todos en Zapopan somos así

    Imagen: Canal Once

    La semana pasada, Hernán Gómez vino a Guadalajara para hacer un «análisis sociocultural» de las acentuadas diferencias socioeconómicas que existen en nuestra ciudad (y que se repiten de forma relativamente similar en todo México).

    En el que fue el último programa de la Maroma Estelar, este personaje afín de la 4T pretendió hacer un análisis que a priori podría parecer válido, ya que pretendía mostrar las diferencias entre las élites y la gente que no ha sido tan privilegiada. Lo que Hernán nos mostró en ese video no es algo falso: generalmente, algunos integrantes de las élites mexicanas tienen poco contacto y menos interés por el otro México, viven en una burbuja privilegiada y, si bien dicen apegarse a cierto sistema de valores (religiosos normalmente) en la práctica se mantienen muy alejados de ello: «quiero una niña con valores… si esa persona cree en diosito, para mí es de huevos… la verdad a mí no me gusta ir a misa». Eso que muchos llaman «doble moral».

    Los que vivimos en Guadalajara sabemos que hay gente que es así, la hemos conocido y en más de una ocasión hemos llegado a (o más bien tenido que) convivir con ella.

    Pero luego comienzan los problemas:

    Un análisis de este tipo se convierte en un problema si quien lo hace lo hace con fines políticos y no con fines meramente informativos, académicos o sociales, lo cual es de notar.

    Dentro de esta «investigación» que Hernán hizo (quien visitó los lugares más pudientes como Plaza Andares o la colonia Providencia donde se vitcimizó en la entrada de La Casa de los Platos) podemos ver que más que hacer un análisis riguroso, se esforzó más bien en crear un hombre de paja para fortalecer el discurso del sistema: «fifís y chairos».

    Hernán entrevistó gente conocedora sobre la historia de Guadalajara y la sociedad tapatía, quienes le relataron cómo es que la Calzada Independencia funge como una suerte de muro invisible que separa a la Guadalajara más privilegiada de la que no lo es. Pero luego el mismo Hernán toma este ejemplo para hacer una distinción que estos conocedores no hacen al usar estos términos tan típicos que se utilizan para polarizar el discurso: allá al poniente de la calzada viven los fifís (privilegiados, sin empatía), en el oriente viven los chairos (el pueblo bueno).

    Después de esta entrevista es cuando Hernán va a los antros para mostrarnos cómo es esa Guadalajara fifí, o más bien Zapopan, que es el segundo municipio más rico del país después de San Pedro Garza García (en lo que Hernán hace mucho énfasis). Es decir, los que vivimos en el poniente somos todos pedantes, ignorantes, doblemoralinos y, ah, odiamos a López Obrador. Del otro lado está el pueblo bueno, atropellado, malentendido, que sufre, esos que dicen que tienen las esperanzas puestas en la 4T (pero que son los más afectados por lo errático de este gobierno).

    La verdad es que muchos de los que vivimos en el poniente de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ya definidos como fifís por Hernán) no somos como esas personas vacías e insulsas que entrevistó. De hecho, esos comportamientos se nos hacen patéticos y nosotros mismos los criticamos y señalamos.

    A muchos no nos va mal económicamente, pero tampoco somos parte de la élite (y que dentro de esta misma no se podría generalizar del todo). Hernán nos etiquetó y creó un «ente fifí homogéneo» a partir de unas entrevistas que hizo básicamente para sumarle al carro de la polarización propia de la Cuarta Transformación entre el pueblo bueno y los privilegiados, pirruris, fifís y miembros de la mafia del poder que dice que somos nosotros.

    Si una persona no conociera bien México ni Guadalajara, podría llevarse la impresión de que toda la gente de nivel socieconómico medio y alto es así, y eso muchas veces no es cierto. Lo que habría podido haber sido un buen ejercicio se convirtió en un mero instrumento de propaganda favorable al régimen para dividir a la sociedad por medio de hombres de paja y negar la heterogeneidad que existe a pesar de las innegables diferencias socioeconómicas.

    Es paradójico, porque el comportamiento de Hernán, al etiquetar y reducir, no termina siendo tan diferente a los de los fifís que él mismo dice denunciar.

  • ¿Por qué manejas en estado de ebriedad?

    ¿Por qué manejas en estado de ebriedad?

    Manejar en estado de ebriedad

    Cuando escuchamos la palabra estigma, inmediatamente le damos a ésta una connotación negativa, como algo que tenemos que combatir o eliminar tajantemente. Decimos que hay un estigma contra los inmigrantes o contra las personas de otra raza, ya que intuimos que, a partir de éste, se hace un juicio a priori de la persona con base en ciertos rasgos particulares.

    Pero no todas las estigmatizaciones son malas. En algunos casos son muy útiles para reprobar conductas que afectan negativamente a la sociedad y me atrevo a decir que tienen una utilidad en su funcionamiento. Si una persona tiene un historial de fraudes, la estigmatizamos y ello nos sirve para prevenir ser víctimas de un fraude. Una persona que sistemáticamente agrede físicamente a sus parejas, es estigmatizada por algunas personas que no quieren correr la misma suerte que sus víctimas. Hacemos lo mismo con los actos, aquella persona que comete un acto que ha sido estigmatizado (y que parte de una norma de carácter moral), es reprobada y señalada por la sociedad porque no queremos que esos actos sigan afectando a otras personas.

    Dicho esto, es necesario que empecemos a estigmatizar el acto de conducir en estado de ebriedad y debe reprobarse a aquellas personas que incurran en este tipo de irresponsabilidades ya que no se pueden tomar consideraciones con estas conductas.

    Es cierto que el marco legal y normativo debe evitar, en cuanto sea posible, que la gente maneje en este estado. Tal vez no sea suficiente lo que se ha hecho, pero sí hay avances como la implementación del alcoholímetro (eso que en CDMX y ahora en Guadalajara llamamos «torito»), multas de montos considerables, e incluso la pérdida de la licencia si se reincide continuamente.

    Evidentemente, estas medidas han reducido el número de incidencias, pero hay todavía una cantidad considerable de personas (aún con los servicios de Uber y similares como alternativas) que no se la piensa dos veces antes de regresarse a casa con varios alcoholes encima.

    El problema es que si bien hay medidas más estrictas para combatir el problema, esto no se ha terminado por trasladar a la cultura. No solo son útiles las normas legales, sino también las sociales para prevenir que más personas mueran por la irresponsabilidad de algunos como acaba de ocurrir en Guadalajara con el caso del futbolista Joao Maleck, quien, manejando alcoholizado, asesinó a Alejandro Castro y María Fernanda Álvarez que acababan de casarse.

    A pesar de las normas más estrictas, muchas personas burlan los retenes porque en las redes sociales se comparte la ubicación de éstos. Pero en vez de reprobar este tipo de actos, hay quienes hasta los aplauden como si fueran una hazaña. Agradecen que compartan la información y muchas veces ellos mismos terminan haciendo lo mismo.

    Lo que deberíamos de hacer es estigmatizar esta práctica, que las personas sepan que si deciden manejar en estado de ebriedad van a ser reprobadas y señaladas por la sociedad, por sus amigos y por su gente cercana. El escarnio social a veces puede ser más duro que una multa de cuatro ceros porque afecta a la fama de quien lo recibe. Además, esta sanción social puede propagarse por sí mismo como un meme (en su sentido original) hasta que se vuelve una costumbre y así los individuos tienen pocos incentivos para manejar en estado de ebriedad y muchos para regresarse en Uber, Taxi o con algún conductor que no haya tomado.

    Debe haber cero tolerancia para este tipo de prácticas ya que son otras las personas que pagan con su vida por la imprudencia que uno comete. Dejemos de evadir los retenes y, en vez de ello, seamos responsables. No escasean los Uber o los taxis que nos pueden llevar a casa.

  • Sobre la identidad de género

    Sobre la identidad de género

    Sobre la identidad de género

    El tema del género es uno de los más difíciles, de los más enigmáticos, polémicos y tal vez interesantes de nuestros tiempos. Es enigmático e interesante precisamente porque es muy difícil, porque es un tema que, en lo general, dominamos menos que lo que pensamos, y porque a la fecha no hemos podido darle una justa dimensión. Es polémico, porque su cuestionamiento tiene necesariamente una implicación en las estructuras sociales vigentes.

    Y cómo no hemos podido darle una justa dimensión, y como hasta la fecha vemos al género como un bebé de un mes es capaz de ver a las personas (que ve básicamente sombras no muy bien definidas), entonces la polémica sobre este tema termina siendo una constante, y más si tenemos el atrevimiento de hacer afirmaciones tan categóricas sobre el tema como se hace.

    A mi parecer sí existen factores biológicos que inciden en la formación de identidad de ambos géneros (macho -> hombre, hembra -> mujer) y que no absolutamente todo es debido a una construcción social. El simple hecho de que el cuerpo del macho no se desarrolle de igual forma que de la hembra, el hecho de que esta última se embarace. o las hormonas que segrega cada sexo, termina, sí, por tener alguna incidencia en la construcción del género, más allá de las diferencias psíquicas que pudieran llegar a existir pero que, retomando lo que dije al principio, no podemos dimensionar bien del todo.

    Esto no quiere decir que la cultura no juegue un papel muy importante en la construcción de los roles de género y que no puede ser subestimado, lo cultural también importa y mucho. Sin embargo, creo que como especie todavía no hemos progresado al punto de tener capacidad de dimensionar bien esas diferencias y en qué consisten (tendremos que avanzar considerablemente más en campos como la genética, en las neurociencias y demás disciplinas afines).

    El tema es complicado porque tanto lo biológico como lo cultural confluyen en la construcción de las identidades de género. No somos una tabula rasa como los abocados a la teoría del construccionismo social afirman, pero tampoco podemos hablar de un determinismo rígido como muchos conservadores siguen sosteniendo. La construcción del género no es algo meramente biológico pero tampoco es algo meramente cultural. También parece ser que lo biológico no incide exactamente de la misma forma o con la misma intensidad en las diferentes personas (de ahí se sigue que digamos que tal mujer es muy masculina o tal hombre muy femenino). Uno de los estudios que se han sacado a colación (que dice que los bebés recién nacidos no socializados machos suelen preferir objetos mientras que las hembras prefieren rostros) sugiere esa gradualidad, ya que lo que muestra dicho estudio es una tendencia: los machos tienden a preferir objetos, sin embargo hay una minoría (y no poco considerable) que prefiere rostros y viceversa, e incluso varios no muestran ninguna preferencia.

    Tenemos también el hecho de que una cantidad significativa de personas (suficientes y constantes a través del tiempo para evitar considerarlo una anomalía o algo «antinatural») tienen una orientación sexual por personas del mismo sexo (algo que también es una constante en otras especies) e incluso tenemos a otras que no se identifican con el género que corresponde a su sexo. Creo que debemos llegar a un punto madurez como especie en el cual reconozcamos que todo ello existe y que no se trata de una «anomalía» que haya que «arreglar».

    Como todavía no dimensionamos bien y terminamos de entender por completo estas diferencias, no podemos terminar de entender todas estas cuestiones y existirá siempre la posibilidad de confundir qué es natural y qué es cultural. En tanto no tengamos la sabiduría para entender qué es qué y cómo ocurre, el conflicto sobre este tema seguirá prevaleciendo (lo que no implique que vaya a ceder necesariamente cuando tengamos el conocimiento suficiente, sobre todo al relacionar esos descubrimientos con los roles sociales, la cultura y el mismo entramado institucional). A estas alturas, todavía son comunes estas confusiones, y algunas llegan a crear estigmas o prejuicios.

    En este sentido, tanto los conservadores que hablan de «un diseño natural» como aquellos progresistas que defienden la tesis construccionista parten, más que desde la ciencia en sí, de consideraciones ideológicas o doctrinarias para defender su postura. Al final, sus posturas sobre el género no terminan siendo más que medios que se acoplan a la defensa un sistema de valores determinados. Los unos suelen darle más peso a lo biológico y los otros a lo social (lo cual empata muy bien con la idea de que unos desean conservar el estado actual de las cosas y los otros pretenden cambiarlo).

    Por ello, me parece que el debate «natura vs cultura» es sano, porque esta confrontación, esta dialéctica, se convierte en un incentivo para conocer más acerca sobre nuestra naturaleza y sobre nuestra psicología.

    Y nadie dijo que tendría que ser fácil. No es algo simple que el ser humano, con sus propias limitaciones de su naturaleza, investigue y analice su naturaleza misma. Y sobre el género, la verdad es que sabemos menos de lo que creemos saber.