Categoría: temas polémicos

  • De terraplanistas y gallinas violadas. ¿Por qué? ¿Por qué?

    De terraplanistas y gallinas violadas. ¿Por qué? ¿Por qué?

    De terraplanistas y gallinas violadas. ¿Por qué? ¿Por qué?

    En estos últimos días comenzaron a circular unos videos donde unas activistas españolas, animalistas radicales y feministas, se expresaron en contra de lo que consideran una violación sexual de los gallos hacia las gallinas.

    La mayoría vio estos videos como algo cómico y «fuera de toda comprensión». Lo que es cierto es que este activismo tiene una incongruencia muy fuerte: los animalistas radicales rehuyen a cualquier tipo de antropocentrismo porque quieren acabar con cualquier opresión del hombre sobre el animal y así liberarlos del yugo de nuestra especie. Pero, al decir que un gallo está violando a una gallina, se está humanizando al animal. Es decir, juzgan la conducta de los animales con base en atributos humanos, lo cual, además de ser un error per sé, implica necesariamente un juicio realizada desde una perspectiva antropocéntrica (es decir, que asumen tácitamente la superioridad del ser humano sobre del animal). Dado que un gallo actúa por mero instinto (del cual no puede escapar), y dicho instinto tiene fines meramente reproductivos y de supervivencia, no se puede decir que esté violando a una gallina. Por el contrario, reprender ese acto instintivo tan solo evitaría que los gallos y las gallinas se reprodujeran o que para ello requirieran de intervención humana directa.

    Si bien, en este espacio no podemos estar más a favor de tratar a las demás especies con el mayor respeto posible, lo cierto es que este tipo de activismo radical cae en un dogmatismo que raya en lo ridículo, que es contraproducente y, peor aún, que es fácilmente falseable. ¿Por qué entonces siguen creyendo en ello y por qué defienden sus tesis con tanta pasión y ahínco?

    Si nos vamos todavía más al extremo nos encontramos a los terraplanistas quienes, a diferencia de los animalistas radicales (que de ellos al menos se puede decir que parten de la noble idea de reducir el sufrimiento a los animales), sostienen un argumento es falso por completo, de principio a fin. Parten de una idea falaz: que la tierra es plana. Y al ser una idea falaz, por los argumentos que la sostienen serán por lo tanto falsos por sí mismos o, en el mejor de los casos, sacados de contexto.

    Pero si su argumento es fácilmente desmontable: ¿por qué los terraplanistas siguen siendo terraplanistas, al igual que los animalistas radicales que son incapaces de ser críticos con sus propias argumentaciones?

    La respuesta es sencilla: el asunto central no es la creencia en sí (que si la tierra es plana o que si los gallos violan gallinas) sino los beneficios que ellos obtienen al defender esas tesis. El creer en estas tesis les confiere un sentimiento de superioridad: «yo, creyente en la tierra plana, sé algo que las mayorías ignoran». El terraplanista siente que es privilegiado, el hecho de creer que la tierra es plana le hace sentirse superior a las «masas ignorantes que se dejan llevar por lo que les dicta el status quo«.

    Por supuesto que ellos creen en todo eso, pero si solo se tratara de creer en algo porque se cree que es cierto, una persona mínimamente racional entendería que su tesis es falsa y por lo tanto dejaría de defenderla. Pero sabemos que lo que ocurre es más bien lo contrario: intentan rebatir cualquier crítica (aunque el argumento con el que se rebata sea aún más absurdo) e incluso pueden terminar haciendo juicios de valor sobre los escépticos.

    Y no solo se trata de ese sentimiento de superioridad, sino de un sentimiento de pertenencia, lo cual explica que los terraplanistas o los animalistas radicales formen colectivos, lleven a cabo conferencias (a veces internacionales) y convivan entre ellos.

    El terraplanista así siente que su vida tiene un valor o significado en el hecho de sentirse privilegiado por saber algo que, él dice, los demás desconocen o quieren ignorar, además de que le sirve para alimentar su sentimiento de pertenencia. En resumen, el terraplanista o el animalista radical cree en lo que cree, porque el hecho de creer en ello les sirve como una contención psicológica que les permite mantener cierto equilibrio en la psique. No es algo muy distinto de lo que pasa dentro de las sectas o las religiones fundamentalistas.

    El terraplanista no va a ceder en su argumentación, porque si lo hiciera, perdería toda esa contención psicológica que ha generado gracias a su adherencia al terraplanismo. Ciertamente, algunos están más involucrados con otros y el precio a pagar por parte de unos podrá ser mayor al de los otros (los primeros evidentemente más fanatizados), pero, en general, no estarán muy dispuestos a debatir si sienten que su tesis pueda quedar lo suficientemente comprometida.

    Algunos argumentan que el terraplanismo y estos movimientos radicales (como el animalismo radical o el movimiento antivacunas) son producto de la posmodernidad y de la posverdad. Si bien, no es una respuesta completamente falsa, apenas aspira a ser parcial (y corre el riesgo de asumir que en el pasado nuestras sociedades eran más racionales, lo cual es falso). Considero también que estos movimientos existen, se difunden y su mensaje se amplifica gracias a Internet. Si en el pasado no escuchábamos tanto de este tipo de movimientos era en gran medida porque tenían menos medios para crearse, propagarse y difundirse.

    Es nuestra responsabilidad (y todavía más de los expertos y líderes de opinión quienes tienen la capacidad de generar un impacto mayor) de desmontar este tipo de movimientos para evitar que sigan creciendo ya que, al servir como una forma de contención psicológica en un mundo donde no son pocas las personas que se sienten solas y que necesitan significado alguno a su vida, la capacidad para atraer adherentes no es precisamente pequeña.

    Este tipo de movimientos son incluso peligrosos, como lo ha demostrado ser el movimiento antivacunas; porque al partir de una tesis errónea, pueden llegar a poner en riesgo la vida de muchas personas, además de poner en jaque a los mismos avances científicos que han permitido el bienestar de más seres humanos. No solo ello, también corren el riesgo de diluir las críticas que puedan ser válidas al confundirse con estas teorías de la conspiración (por ejemplo, que yo haga una crítica válida sobre las empresas farmacéuticas).

    Sí, en pleno siglo XXI mucha gente sigue creyendo en cuestiones que son ilógicas y absolutamente falseables, y posiblemente siga ocurriendo dado que el ser humano es imperfecto. Pero sí estamos obligados a evitar que este tipo de tesis nos terminen creando un perjuicio irreparable.

  • Pequeña propuesta para combatir la violencia contra la mujer

    Pequeña propuesta para combatir la violencia contra la mujer

    Hazme un pequeño favor: observa este video. Si eres una persona con la mínima capacidad para empatizar con el prójimo te va a indignar.

    En la semana, a raíz del momentum producto de la marcha y todo lo que ella generó, han aparecido más casos de mujeres que han sido violentadas. No es que se haya incrementado el número de casos, más bien es que han ganado más visibilidad. Pero de entre todos esos videos, me di a la tarea para elegir éste para entender de mejor forma la problemática y qué es lo que se debe hacer. De este video puedo concluir lo siguiente:

    Primero: la cultura machista existe. El video que acabas de ver lo deja muy en claro. Lo que acabas de ver no es un caso aislado, eso es algo que viven no pocas mujeres en el país. El hecho de que un hombre acostumbre golpear a una mujer no puede estar desligado de ello. A través de la fuerza, el hombre está acostumbrado a dominar a su mujer, lo cual en sí es una conducta machista.

    Segundo: La conducta violenta del individuo no se agota en el machismo. Es decir, el individuo evidentemente es machista, pero su conducta no es solo producto de sus creencias sino de algo más: de algún problema psicológico, de algún daño emocional o un desarrollo personal que fue muy deficiente. Es decir, esta persona difícilmente va a cambiar solamente haciéndolo consciente de su machismo, tal vez hasta se congratule por ello.

    Y tercero: Es evidente que la impunidad juega un papel muy importante en este caso. La falta de un Estado de derecho sólido y unas instituciones de seguridad que funcionen provocaron que el sujeto quedara impune y solo se le imputaran cargos hasta que la víctima exhibió los videos en redes (y lo cual evidentemente generó presión sobre el gobierno de la Ciudad de México). Si tuviéramos instituciones confiables, el tipo estaría detenido y la mujer fuera de peligro desde un inicio. También tendríamos en general menos homicidios y violencia en general, y la violencia a la mujer se reduciría manteniéndose la cultura machista al mismo nivel. Prueba de ello es que el número de mujeres asesinadas tiene cierta consonancia con el número de asesinatos en general.

    No solo se trata de cambiar la cultura, se trata de elevar el costo de agredir a una mujer.

    Pequeña propuesta para combatir la violencia contra la mujer

    Conclusión:

    El punto es que este problema tiene varias dimensiones y no solo una. Muchas personas reducen el problema a un problema de género, la contraparte dice que es una violencia como la que todos, hombres y mujeres sufrimos. El problema es que estos dos approaches son más bien parciales y por sí mismo no van a resolver el problema de fondo. Posiblemente reduzcan la tasa de violencia, pero no hasta un punto deseable porque no están atendiendo a todas las dimensiones del problema.

    Este problema debe ser atacado desde una perspectiva multidimensional que sí, abarque un enfoque de perspectiva de género que busque modificar la cultura del machismo. Pero también es importante procurar un tejido social sano de tal forma que sean menos las personas que se desarrollen con una psique seguramente lastimada como la de este hombre que ha hecho de la violencia una constante para resolver cualquier conflicto. Por último, muy importante también, es urgente crear instituciones de seguridad que funcionen, donde los criminales no queden impunes, donde el gobierno logre garantizar un nivel aceptable de seguridad a sus ciudadanos.

    En el caso que puse seguramente habrá muchos otros aspectos que no consideré, y mencioné los más relevantes para que mi punto se entendiera. Pero el argumento se entiende: un problema tan fuerte como la violencia, y sobre todo la violencia contra la mujer, es un problema que tiene muchas dimensiones. Por ello se deben de conocer todos los matices y todas las variables que están involucradas.

  • ¿Por qué hay una fuerte división frente a la marcha feminista del sábado?

    ¿Por qué hay una fuerte división frente a la marcha feminista del sábado?

    La postura sobre las marchas ha polarizado a la opinión pública. Unos condenan los destrozos y otros reclaman que ello es producto del fuerte hartazgo de las mujeres quienes siguen siendo violentadas. ¿Pero por qué la postura está polarizada? ¿Es que unos son machistas y otros no? ¿Es que algunos están «ideologizados» y otros no? ¿Algunas personas son más sensibles que otras? En realidad esas preguntas no nos pueden dar una respuesta completa, ya que ésta es más compleja y tiene también que ver con la forma en que los individuos conformamos nuestras posturas políticas.

    De acuerdo a Jonathan Haidt, nuestras posturas políticas son producto de muchas variables que van desde el temperamento (determinado genéticamente), la educación y la experiencia mediante las cuales construimos nuestra percepción del mundo. Estamos condenados a interpretar el mundo de manera subjetiva y cuando se habla de posturas políticas éstas no son la excepción. Ellas son más producto de la forma en que percibimos el mundo que de una deliberación meramente racional.

    De la misma forma, esta división (entre quienes son más conservadores o son más liberales, tomando el espectro estadounidense que Haidt utiliza) parece ser inherente a nuestra especie. Es decir, es imposible encontrarte una sociedad donde todos sean absolutamente conservadores o liberales. Si bien es cierto que cuando definimos conservadurismo y liberalismo como posturas políticas tendemos a hacerlo de una forma relativa al contexto (es decir, un conservadurismo del siglo XXI no va a defender necesariamente las mismas cosas que uno del siglo XIX) el espíritu sí permanece y es inmutable, lo cual se entiende si comprendemos los valores fundacionales sobre los que están basados.

    Es importante recalcar que las posturas políticas no determinan la calidad moral de quienes la profesan. Sería irresponsable decir que una persona es más buena que otra simplemente por su postura política.

    Haidt dice que dentro de las posturas políticas hay 5 valores fundacionales: El cuidado a los demás (proteger a otros del sufrimiento), la justicia, la libertad contra la opresión, el orden, la autoridad y la santidad (que se refiere a sentir repulsión ante cosas que son vistas como desviaciones de lo normal) y toma como referencia el espectro político estadounidense entre demócratas (liberales – progresistas) y republicanos (conservadores) así como los libertarios para explicar el valor que las distintas posturas le dan a estos valores.

    Los progresistas suelen apelar más a la justicia y al cuidado de los demás. Los libertarios son quienes, según Haidt, se preocupan menos por los demás, se preocupan más bien por la libertad y en una dosis menor por la justicia. Tanto los progresistas como los libertarios le toman poca importancia al orden, la autoridad y la santidad. Los conservadores le dan cierta importancia a todas las variables, aunque ni ellos ni los libertarios interpretan de la misma forma la justicia que los progresistas. Para estos últimos es justo, por ejemplo, que todos tengan seguro social y no haya mucha desigualdad, para los otros lo justo es que quien se esfuerce más gane más.

    Ilustraciones tomadas del libro The Righteous Mind de Jonathan Haidt.

    Con esto, podríamos entender mejor por qué las distintas posturas ante las marchas que vimos el día de ayer. Es importante recalcar que las posturas no son rígidas, se puede ser más o menos progresista, conservador moderado o conservador ortodoxo, y de la misma forma, no está de más señalar que también hay otros factores ajenos a las posturas políticas que pueden influir en la postura de un individuo hacia el tema de las marchas: por ejemplo, que una mujer haya vivido una violación o que una persona muy querida o cercana lo haya vivido, que seas afectado por los actos de vandalismo a que no lo seas, etc. De la misma forma hay quien pueda ser realmente insensible o albergue posturas machistas que no se explican por su postura política. Pero creo que el uso de los valores fundacionales sí nos puede dar un norte para entender de una u otra manera cómo es que las posturas políticas influyen sobremanera en la postura de eventos como la marcha de las feministas.

    Si tomamos la marcha de ayer, la gente con una tendencia liberal-progresista es la que más levantará la voz a favor de las mujeres pero la que tal vez minimice más los actos de vandalismo o, en el caso más radical, los celebre. El progresista apuesta al cambio por medio de la trasgresión del status quo para satisfacer sus valores fundacionales de justicia y cuidado a los demás.

    Los conservadores, en este sentido, sentirían desde las particularidades de su postura cierta preocupación e indignación por las mujeres violentadas, aunque lo harán desde el status quo y tomarán a éste como punto de referencia para hablar del problema. Por otra parte, ellos serían los más enojados y espantados por los actos vandálicos, y los que más exigirán castigar a los involucrados con todo el peso de la ley.

    Los libertarios analizarían el caso casi exclusivamente desde la libertad (negativa). Cuestionarían las violaciones menos que los otros dos desde la perspectiva de la indignación o del deseo de auxiliar a las víctimas, y lo harán más bien desde la perspectiva de que las violaciones representan una coerción a la libertad de las mujeres. Se escandalizarían menos que los conservadores por los destrozos aunque igual, criticarían el hecho en función de la libertad y la propiedad. Por ejemplo, que vandalizar una camioneta es un atentado contra la libertad y propiedad de los dueños.

    Es evidente que el tema es muy álgido, sin embargo, creo que estos ejercicios ayudan un poco a entender que somos individuos subjetivos y nos puede ayudar a tomar posturas un tanto más sensatas.

  • ¿Por qué se rompieron los vidrios?

    ¿Por qué se rompieron los vidrios?

    Madrugué dándole vueltas a la cabeza para escribir este artículo. Es uno de los artículos que más me ha costado escribir porque me ha obligado a hacer un ejercicio interno, de tratar de entender a las partes y llegar a mi propia conclusión (lo cual evidentemente no significa que vaya satisfacer a las distintas partes ni es la intención).

    ¿Les soy sincero? Me cuesta mucho trabajo indignarme por los vidrios rotos o por las paredes pintadas. Me cuesta trabajo ponerme en el lugar de quienes están indignados con lo ocurrido en las manifestaciones.

    Tengo un sentimiento como de «me vale madre»: al cabo se limpia, al cabo los vidrios, que son públicos y no son de alguna propiedad privada, la casa de una señora como para que alguien se viera afectado (lo que sí me habría molestado, por ejemplo), los vidrios se vuelven a poner, me dije. No entiendo por qué tendría que sentir indignación por eso, no es que sea correcto hacerlo ni es algo que aplauda. Es que, comparado con lo que se demanda, es irrelevante. Es como si sufriera un accidente automovilístico donde por alguna razón ajena a mí choco con un poste y quedo al borde de la muerte, pero nadie se preocupa por mí y todo el mundo se preocupa por el poste.

    Andrea Sánchez / Twitter

    Podemos cuestionar en un largo debate si esas son las mejores formas de manifestarse, pero en este contexto eso es un tema secundario, lo que sí sabemos es que es el efecto de una profunda y fuerte indignación. Me llama la atención que en las redes se hable más de los vidrios en sí que de los casos de violación que ocurren una y otra vez en México (independientemente de que el caso que fue la gota que derramó el vaso haya sido verídico o no, que es ahora lo que se discute). Me pregunto si son los vidrios los que realmente causan esa indignación.

    ¿Son los vidrios? ¿O es que causa resquemor ver a las mujeres exigiendo en las calles que no sean violentadas? No dudo que haya quienes legítimamente estén preocupados por los conatos de violencia y por las formas, pero temo que hay varias personas a las que más bien les preocupa la segunda razón.

    Me trato de poner en el lugar de una mujer que ha sido violada, que se ha sentido ultrajada o abusada, donde el Estado de derecho es lo suficientemente débil para que te ignoren las autoridades y la verdad es que tal vez a mí me darían ganas de romper cosas. Ese sería mi primer pulso instintivo. Me recuerdan a mi yo de la primaria, al que le hacían bullying y cuyos maestros no hacían nada. Yo en ese entonces azotaba puertas y hasta le dije a un profe que fuera a chingar a su madre porque era una forma de llamar la atención para que alguien hiciera algo, porque yo no tenía la fuerza para defenderme de los bullies y porque a los maestros les valía madre, incluso alguno llegaba a divertirse.

    ¿Es lo más asertivo? No lo sé, al menos para mí no lo fue y eso lo descubrí con el tiempo. Yo decidí no dejar carcomerme por el dolor y el resentimiento que tenía porque no me llevaba a ningún lado. Ellas sabrán si aquello que me ocurrió pudiera aplicar para ellas o no porqué posiblemente no termine de entender qué es lo que ellas sienten, y creo que no soy quien para decirles qué hacer ni sé si mi caso siquiera aplique como analogía o no. Eso es algo que a mí no me corresponde. Ellas son quienes deciden cómo llevar a cabo su movimiento y ellas son las que asumen sus aciertos o sus errores.

    Twitter / Alejandra Crail

    En esta vorágine muchas personas no se dan cuenta que detrás de muchas de ellas hay muchas historias de profundo dolor, muy posiblemente mucho más profundo que el que yo tenía. Lo que más teme una mujer en su vida es ser violada, no sólo por el acto en sí, sino por el significado y el juicio de la sociedad. El daño en muchos casos es irreparable y yo no soy la mejor persona para dimensionarlo de la mejor forma.

    Ellas gritan, rompen vidrios y rayan paredes porque no encuentran respuesta en ningún lado, ni con las autoridades (que se dicen de izquierda) ni con la sociedad. Ellas se sienten solas y frustradas como yo me sentía. Lo que ocurrió no es fortuito: la realidad, todos los efectos, son producto de una causa, no son gratuitos ni son hechos disconexos. Si alguien se enoja y se indigna es que debe haber algo que hizo que se indignara.

    ¿Hubo excesos? Sí. Pero también es cierto que en cualquier causa reivindicativa la posibilidad de que haya excesos es latente. También, como en cualquier movimiento, hay sectores radicalizados. Las sufragistas, aquellas mujeres que lucharon por su derecho al voto (lo cual costó mucho, y basta ver la gran distancia entre los años en que ganaron el derecho en los distintos países), esas que son señaladas por alguno como ejemplo de «feminismo liberal apegado a la civilidad» también llegaron a hacer destrozos y se involucraron en peleas con los policías. De hecho, los parecidos entre aquel feminismo y el actual son más bien muy asombrosos. A las mujeres las ridiculizaban como locas o como brujas, e incluso había algunas mujeres que formaban ligas en contra de las sufragistas. También hubo este tipo de manifestaciones dentro de la lucha de los negros e incluso Martin Luther King, quien representaba la vertiente pacifista, llegó a decir que «los motines son el lenguaje de los que no son escuchados».

    En una manifestación en la cual la gente está enojada e indignada hay quienes pueden salirse de control, son los riesgos que tienen marchas que parten desde la indignación y donde las emociones están a flor de piel. También es cierto que el comportamiento en masa suele ser distinto a nuestro comportamiento individual.

    Sin embargo, sí debo decir que hubo algunos actos que no puedo justificar de ninguna forma y que se deben señalar como que unas mujeres arrojaran brillantina al reportero que había sido golpeado por un hombre, o que una periodista de Milenio y un repartidor de Uber fueran agredidos así como también la camioneta de unas zapatistas feministas sufrió destrozos al punto en que ellas no pudieron regresar, sin olvidar la cobarde agresión que recibió un reportero por parte de un intruso que nada tenía que ver con el movimiento. Se deben reconocer pero no debe de distraernos de lo más importante, que también explica (aunque no justifique) los excesos que he mencionado. Tenemos que escuchar el mensaje.

    Y tal vez no estás poniendo atención porque tu foco siguen siendo solamente esos excesos a los que ves como hechos disconexos (efectos) y no las causas a las que están ligadas (que muchas mujeres siguen siendo violadas o violentadas sin que pase absolutamente nada y sin que puedan hacer nada). Porque los efectos no van a desaparecer hasta que las causas hayan sido combatidas. Si la violencia contra las mujeres sigue, van a seguir organizando marchas y una vez que se abrió la caja de pandora no es como que vayan a parar. En un mundo idílico donde hubiera equidad de género y donde no hubiera numerosos casos de violaciones, las mujeres no tendrían la necesidad de salir a la calle y hacer ruido, no tendría sentido siquiera.

    Y la verdad es que los hombres no tenemos derecho a quejarnos de lo ocurrido si nosotros no ponemos nuestro grano de arena, si nosotros no combatimos la violencia de género desde nuestras trincheras, si no señalamos, reprendemos y denunciamos a aquella persona que ha abusado de una mujer, si no nos preguntamos si nuestros comportamientos limitan o hacen menos a las mujeres. Estoy de acuerdo, no debe de ser una batalla entre mujeres y hombres sino en contra del machismo y la falta de equidad de género, pero si la causa se desvía a ello, entonces nosotros seremos corresponsables por no haber hecho nada.

    Twitter / Alfonso Nava

    ¿Que las mujeres pueden aprovecharse de los hombres? Sí (y créeme que en alguna ocasión alguna mujer me ha herido de forma fea). Pero las mujeres en muchos sentidos se encuentran en desventaja: son menos fuertes físicamente (lo cual hace que a un hombre le esa relativamente fácil violar a una mujer) y, a diferencia de nosotros, las mujeres son todavía afectadas por algunos paradigmas y creencias que no se han ido del todo y gracias a las cuales ellas llegan a sentir que les es un tanto más difícil que al hombre llegar a puestos de poder o tener la misma relevancia. Es cierto, se ha avanzado mucho con respecto del pasado y eso es innegable, pero tampoco podemos hablar todavía de una situación de equidad.

    Y es que no tienes que tratar el tema «ideológicamente», más allá de las ideologías que puedan profesar las diferentes activistas. Tampoco debes estar necesariamente de acuerdo con el ideario feminista (yo tengo algunas discrepancias que he expresado en este espacio), ni con las formas o los métodos, ni mucho menos se te pide que los aplaudas, sino que escuches el mensaje, que empatices, que te pongas en sus zapatos.

    Y es que se trata de ir a lo más básico, es tan simple y no tiene mucha ciencia porque todo parte del hecho de que el ser humano es digno y valioso por el mero hecho de serlo, y en ese entendido, ninguna persona puede ser violentada ni ninguna persona debería tener distinta consideración por su género (y las otras dimensiones que caracterizan al ser humano).

    Como en cualquier conflicto, las mujeres quieren que los hombres que tienen conductas machistas cedan, y lo que piden es totalmente justo: ya no quieren abusos sexuales ni violencia.

    Y nadie dijo que una causa social iba a ser muy cómoda, así con tazas de café y galletas pidiendo permiso para no incomodar. Es evidente, dado que han agotado muchas posibilidades y, frustradas, no han visto avances.

    Esos vidrios rotos son un mensaje, y hay que entenderlo.

    Porque si el problema persiste, ellas ya no se van a detener. Y si logramos que se detenga, ¡vualá! Estas manifestaciones que tanto incomodan desaparecerán del mapa. Si temes que estas manifestaciones se radicalicen cada vez más, entonces habría que hacer algo de nuestro lado y combatir ese problema que tanto les aqueja.

  • Sobre la depresión y la ansiedad, Gibrán tiene otros datos

    Sobre la depresión y la ansiedad, Gibrán tiene otros datos

    Les cuento un poco de mi historia contra la ansiedad. Digamos que yo tengo un cuadro de ansiedad que me volvía un tanto aprehensivo y, peor aún, me generaban ataques de vez en cuando, ataques que tanto en lo físico como en lo psicológico son una pesadilla.

    Naturalmente este trastorno afectaba mi calidad de vida. Desde hace más de 10 años busqué una cura o algo que lo parara. Intenté todo: fui con psiquiatras, neurólogos, iba a terapia. Incluso bajé de peso y me puse a hacer ejercicio. El problema, de alguna u otra forma, seguía ahí.

    No fue hasta hace dos años que di con la sertralina, un medicamento que para mi suerte es demasiado barato (gasto $140 pesos al mes). A los pocos días la ansiedad se redujo al mínimo. De tener unos 5 ataques al año, en estos últimos dos solo he tenido uno y de intensidad mucho menor a los que tenía antes. En el día a día yo me siento mucho mejor y mi calidad de vida se disparó.

    Evidentemente no todo fue gracias a la sertralina. La terapia me ayudó, el hecho de que haga ejercicio me ayuda, es una combinación de varios factores, pero es muy evidente el cambio desde que comencé a tomar el medicamento.

    ¿A qué viene todo esto?

    Resulta que Gibrán Ramírez, el ya famoso comentarista oficialista, escribió una columna donde, con base en un libro que leyó llamado «Lost Connections» de Jonathan Hari, esbozó algunos argumentos que me parecen alarmantes. Gibrán comienza afirmando que la depresión «está ligada a la pérdida del sentido, a la soledad, y las pérdidas del respeto y el estatus» y que no está ligada a una condición orgánica. Podría, por mi experiencia, decir que esa afirmación no es completamente falsa (el hecho de que haya algo, un evento o experiencia dura que la pueda detonar), pero después argumenta que los medicamentos son básicamente placebos que no funcionan, y que es una mera estrategia de las industrias farmacológicas para enriquecerse a nuestras expensas.

    Me parece evidente que Gibrán no ha vivido un cuadro de depresión o ansiedad como el que muchas personas hemos pasado para decir que los medicamentos no son útiles y que basta con acudir a «soluciones alternativas» que ni se molesta en mencionar.

    Muchas de las personas que hemos padecido este tipo de cuadros no recurrimos solamente a las medicinas. De hecho, en mi caso, no fue el primer recurso e incluso soy de la idea de recurrir a ellas solo cuando es estrictamente necesario. Yo comencé con terapias y de hecho fue el mismo terapeuta quien me recomendó buscar alguna solución medicamentosa porque veía que el problema estaba fuera de mis manos y tenía que ser combatido desde muchos flancos (la misma terapia, ejercicio, vida saludable y medicación). Actualmente me mantengo bien no solo por el medicamento sino por todas las otras actividades que llevo a cabo.

    Gibrán asegura que prácticamente ninguna medicina funciona. Quien ha tenido este tipo de problemas sabe que encontrar la fórmula para contener el problema no es algo que ocurra de la noche a la mañana y el doctor debe tratar distintas dosis y medicamentos para dar con el remedio adecuado porque estos cuadros no se manifiestan de la misma forma y porque nuestros organismos no reaccionan de la misma forma. Si fuera un efecto placebo como dice Gibrán, ¿cómo es que los primeros medicamentos con los que los doctores trataron de solucionar mi problema no surtieron mucho efecto, y con la Sertralina sí sentí un cambio drástico? ¿Cómo es posible parar todos esos ataques y esa ansiedad solo por «sugestión mental» y autoengaño? Si fuera así, la homepatía, con sus chochos placebo, ya habría salvado la vida de millones de personas.

    A Gibrán, sin conocer absolutamente nada de medicina, de forma muy poco ética e irresponsable, se le hizo fácil leer un libro para hacer afirmaciones categóricas de algo que es lo suficientemente delicado como lo es la salud mental y que deberían corresponder a un farmacólogo o un doctor experto en el tema y no a alguien que no domina ese tema y que apenas ha leído un libro que, según él, muestra evidencia, aunque muchos doctores se le fueron encima en redes e incluso compartieron información para probar que Gibrán estaba equivocado.

    ¿Qué pasaría si una persona que tiene un cuadro severo de depresión o ansiedad lee su columna y se convence de que los medicamentos no sirven? Hay temas donde lo mejor, para quienes no somos médicos ni expertos, es cerrar la boca.

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    Fuente: https://twitter.com/hematologo/status/1161308010800648193
  • ¿Tienes un minuto para hablar de #Pigmentocracia?

    ¿Tienes un minuto para hablar de #Pigmentocracia?

    Hablemos de #pigmentocracia, pues

    No son pocos los casos que he escuchado de gente de piel oscura que ha sido rechazada o marginada por su mero tono de piel. En Guadalajara, mi ciudad, es todavía común que los cadeneros de los antros se fijen en ello (es decir, que si está muy «prietito» o no es agraciado no puede entrar). Por otro lado hay personas que dicen haber sido confundidas con «el chalán» por su tono de piel. Hay quienes siguen utilizando términos despectivos para referirse a la gente de color morena. De igual forma, el trato hacia los migrantes de tez morena conlleva más desprecio que el que reciben los migrantes argentinos o aquellos de tez blanca o morena clara.

    Vaya, el problema existe, se puede medir tanto cualitativa como cuantitativamente. El INEGI y el Colmex han hecho interesantes estudios sobre el tema. Eso es un hecho irrefutable científica y epistemológicamente.

    El racismo en México, a diferencia de lo que ocurre en otros lares, es gradual. No hay una clara división entre razas, lo cual hace mucho más difícil entender este problema. Por ejemplo, una persona de tez blanca europea podrá ver como igual a una persona mientras su tonalidad de piel no rebase cierto punto, o bien es posible que la diferencia de trato sea igual de progresiva que la diferencia del color de piel. Ese umbral puede ser distinto en distintas personas, mientras que algunas en un extremo pueden decidir no salir con una pareja porque no es tan blanca, en otro habrá a quienes no les importe salir con alguien de rasgos indígenas.

    La inequidad o desigualdad tampoco está determinada únicamente por el tono de piel. Es una de las variables, sí, pero no es la única razón: podemos hablar del clasismo, de una estructura social rígida, de instituciones que no funcionan bien y donde quienes se ven más afectados son quienes tienen menos. Hay que hacer enfáticos en esto porque sería un error caer en el reduccionismo de «la desigualdad es producto del tono de piel» y creer que la solución es crear un conflicto entre quienes son blancos y quienes no lo son, o señalar a los primeros como opresores de forma apriorística. El tema es mucho más complejo y es importante entender dicha complejidad.

    Es decir, el racismo que existe (y que sí existe) en México no es algo lineal o dicotómico como para pretender dividir a la sociedad en dos bandos: en los privilegiados (o whitexicans como les llaman algunos) y en los de abajo, los morenos, reduccionismo propio de la teoría interseccional. No se puede apostar a un discurso polarizador para atacar un tema que tiene muchas complejidades, donde las distintas personas actúan de distintas formas de tal forma que no se puede acusar a todas las personas de lo mismo por su mero tono de piel, y donde el problema representa una de las varias dimensiones de aquel otro (la desigualdad) y no todo el problema en su conjunto.

    No todos los blancos son racistas, aunque hay quienes sí lo son; no todos los morenos se han sentido discriminados, aunque hay varios que sí se han sentido así. Por eso, así como hay morenos que te van a contar historias de los más denigrantes, otros van a decir que nunca en su vida se han sentido limitados por otras personas. Ello es algo parecido a lo que ocurre con la equidad de género, donde todavía existe un problema, pero no todas la mujeres lo viven de la misma forma e incluso algunas tienen la fortuna de no encontrarse con problema alguno durante su vida. Los seres humanos somos diferentes entre sí, y las personas que conforman una raza o etnia, más en estos tiempos, suelen tener actitudes muy distintas entre sí con los demás como para atreverse a tratar a todos de la misma forma.

    Que exista una evidente división donde los blancos suelen estar en el tope de la pirámide y la gente más morena más abajo tampoco implica que todos los del tope sean racistas. Esa división no es sólo producto de actitudes actuales, sino más bien (y posiblemente con más fuerza) de procesos históricos donde la sociedad estuvo muy estratificada (hasta en lo legal) por castas. Desde hace tiempo todos somos iguales ante la ley, pero muchas de las construcciones culturales perviven hasta nuestros días. Revertir un proceso histórico así toma mucho tiempo, muchas décadas, y para hacerlo primero hay que reconocerlo. Incluso si se lograra hipotéticamente, de buenas a primeras, cambiar la actitud de toda la gente de tal forma que absolutamente nadie sea racista, tardaríamos tiempo en ver una distribución igual entre personas blancas y morenas dentro de la pirámide social ya que todos partirían desde la posición en la que se encuentran.

    Pero hacer estas acotaciones y estos matices no debe de ser pretexto para relativizar el problema. El problema del racismo existe en nuestro país y hay que combatirlo. Hay quienes son racistas de forma explícita, pero también existe mucho racismo normalizado: es decir, ese que se manifiesta en aquellas personas que no tienen la intención explícita de serlo pero que repiten patrones que han aprendido de la sociedad. Esto es importante entenderlo porque la forma de combatir ambas manifestaciones no puede ser igual. Quien es racista de forma explícita merece el oprobio y el señalamiento de la sociedad, quien lo llega a hacer de forma normalizada, más bien debería ser persuadido y concientizado.

    Me parece muy bien que se visibilice este problema porque ha estado oculto y no lo habíamos querido reconocer y que, a estas alturas, como hemos podido ver en las redes, sigue generando muchas incomodidades. Pero también es importante saber matizar y entender el problema con la complejidad que tiene.

    En las batallas gana quien usa la estrategia más inteligente y no necesariamente quien se lanza al campo de batalla encolerizada esperando que la pura emoción los convierta en vencedores. De igual manera, así como en una batalla, es importante reconocer el campo donde esta se va a llevar a cabo, entender bien al enemigo y llevar a cabo una estrategia inteligente. (Claro, entendiendo que el enemigo es el racismo y no las personas blancas).

  • ¿Qué tiene que pasar para que alguien asesine a más de 20 mexicanos?

    ¿Qué tiene que pasar para que alguien asesine a más de 20 mexicanos?

    ¿Qué tiene que pasar para que alguien asesine a más de 20 mexicanos?
    Foto: BBC Mundo

    ¿Cómo es que un joven decide asesinar decenas de latinos en un Wal Mart, en Estados Unidos, uno de los países más desarrollados de este planeta?

    No se debe a una sola razón, sino a muchas. Que sean muchas no implica que debamos desestimar a quienes pudieron haber incidido en cada una de ellas. Más bien hay que recalcar su responsabilidad.

    Podríamos preguntarnos si Patrick Crusius tenía algunos conflictos internos, si tenía algún desequilibrio emocional, lo cual es posible. Pero dicho diagnóstico debería estar a cargo de especialistas en el tema. Además que sería irresponsable señalar la salud mental como el responsable principal del acto terrorista sin tomar en cuenta el contexto.

    También pudo haber afectado el entorno en el que creció y que pudo motivar su odio a los inmigrantes. Dicho odio lo pudo llevar a acudir a distintos textos o a otras figuras parecidas a él para darle más forma a su postura, como el escritor francés (abogado, físico y politólogo) Renaud Camus quien sostiene una teoría conspirativa llamada «El Gran Reemplazo» que dice que una élite global busca reemplazar a la población europea blanca por otras razas y que se trata de un complot para acabar con Europa. Esta teoría ha salido del territorio europeo para influenciar a terroristas como Brenton Harrison, responsable de la masacre en Christchurch, en Nueva Zelanda.

    La cultura de las armas típica del sur de Estados Unidos no puede soslayarse. La facilidad para adquirir armas en ese país seguramente facilitó el acto terrorista cometido por Crusius, pero hablar de la prohibición de las armas como la solución final y única a este problema es algo muy superficial (más porque las armas que ya han sido vendidas seguirán en propiedad de sus dueños). Se trata más bien de algo más complejo que la Segunda Enmienda, se trata de toda una cultura arraigada desde siglos atrás.

    Crusius, quien teme que Texas se vuelva un bastión demócrata, buscó quitar responsabilidad a Donald Trump ya que dice que su postura es anterior al gobierno del actual presidente, pero según lo relatado por la BBC queda patente que el gobierno de Trump sí ha influido de alguna u otra forma sobre Crusius, lo cual se puede ver en su insistencia en criticar a los medios por propagar «fake news» y el uso de hashtags como #BuildTheWall en su cuenta de Twitter.

    El propio Trump ha querido deslindarse de cualquier responsabilidad asegurando que son las enfermedades mentales y los videojuegos los que matan. Trump condenó el racismo, la intolerancia y la supremacía blanca, pero asegura que él no tuvo nada que ver, siendo que durante toda la campaña pasada mantuvo un discurso sistemático contra los migrantes mexicanos señalándolos como criminales, violadores y narcotraficantes. Basta ver cómo su discurso en la campaña pasada tuvo efecto sobre supremacistas blancos como Richard Spencer. No podemos desestimar el discurso nativista de Trump ni podemos negar su influencia sobre Crusius, aunque no haya sido Trump quien haya motivado a Crucius a adoptar sus posturas.

    Es difícil de medir la intensidad con la que el discurso de Trump pudo haber tenido influencia sobre Crusius, pero no puede deslindarse de lo ocurrido ya que él promovió un discurso de odio (que ahora dice condenar) en contra de los migrantes.

    Por último, habría que tomar nota en nuestro país (como si ya no fuera suficiente la lamentable muerte de varios connacionales) ya que hemos visto en los últimos meses un creciente discurso en contra de los migrantes centroamericanos. Debemos ver con preocupación liderazgos como los de Gilberto Lozano quienes propagan ideas y teorías de la conspiración muy similares a las de «El Gran Reemplazo» de Renaud Camus.

    Lo ocurrido en El Paso es lamentable, debe condenarse y no debe reducirse a un acto motivado por por un mero problema de salud mental. Es un acto que también tiene que ver con los discursos y con la cultura. Debe admitirse como un acto terrorista y no como un mero homicidio para intentar relativizar lo ocurrido. Hizo bien el canciller Marcelo Ebrard en hacer una pronunciación para así darle la importancia que lo ocurrido debe de tener.

    Que en paz descansen todas aquellas personas que fueron víctimas de este acto terrorista.

  • Cómo son las personas en redes y en la vida real

    Cómo son las personas en redes y en la vida real

    Cómo son las personas en redes y en la vida real

    Las discusiones en las redes a veces son engañosas. Técnicamente no te estás peleando con una persona, sino solamente con una de las dimensiones que esa persona tiene y que está estrechamente ligada al argumento en el que se han enfrascado.

    Por eso, en las redes es más fácil y cómodo etiquetar o clasificar a las personas de acuerdo a las preferencias relacionadas con los argumentos que debates con ellas: que si son feministas, conservadores, izquierdistas, libertarios, etc, porque solo estás debatiendo con esa dimensión, que es una de tantas, no con la persona en todas sus dimensiones.

    Esta dinámica se hace más evidente cuando se trata de personas desconocidas ya que desconoces sus otras dimensiones, pero incluso cuando se trata de personas más conocidas puede llegar a ocurrir lo mismo al enfrascarte solo en esa dimensión ya que, en ese momento, es la única que percibes porque no tienes acceso directo a las otras, las cuales solo puedes recordar o imaginar (los gajes de estar frente a una pantalla).

    Debido a esto, no debes sorprenderte cómo cambia la interacción cuando veas en persona a ese usuario con el que tuviste una muy dura discusión (y que pudo llegar a los insultos). Incluso pueden terminar bromeando sobre lo acontecido en redes, porque ahí estás frente a la persona con todas sus dimensiones y no solo esa entidad unidimensional cuya definición no escapa del argumento y la postura. Cuando estás frente a esa persona ya no solo te interesa su postura política, sino la persona como tal: te comienzan a importar sus hobbies, su vida, su trabajo, descubres además que coinciden en muchas otras cosas.

    Ese personaje que de él habías creado en tu mente al interactuar discutiendo en redes tan solo pasa a ser solo uno de los tantos rasgos de dicha persona. Eso hace que, al interactuar en vivo, se reduzcan o incluso lleguen a desaparecer esos estímulos para insultar o descalificar a la otra persona en cuestión y que son generados por una discusión virtual en la que la persona está discutiendo con argumentos y posturas más que con personas.

    Además de las ventajas de estar tras una pantalla, donde no existe posibilidad de que te agredan físicamente e incluso de que te ubiquen, de tal forma que, en muchos casos, no hay mayor riesgo que lo acontece dentro de las mismas redes, esa percepción de la persona como ser unidimensional donde se percibe al individuo como si la postura y el argumento determinara su esencia, hace más factibles las descalificaciones y los insultos dentro de las redes sociales.

    Por eso es más fácil insultar y señalar a ese ser unidimensional que a la persona en sí, por eso a veces aquella persona agresiva en redes puede parecerte más agradable en vivo, porque, en la percepción, no estás tratando con personas, sino con argumentaciones que toman la forma de un texto y que están ligados a un personaje al cual tú ya has clasificado para saber cómo abordarlo en la discusión. Estás, más que nada, peleando con párrafos, con significantes, con ideologías, con posturas, más que con personas.