Categoría: temas polémicos

  • El COVID-19, la enfermedad que primero es de los ricos y luego de los pobres

    El COVID-19, la enfermedad que primero es de los ricos y luego de los pobres

    El COVID-19, la enfermedad que primero es de los ricos y luego de los pobres

    La gente acomodada importó el Covid 19 a México por una sola razón, ellos tienen mayores facilidades para salir del país. Esto aplica para cualquier país que no haya alcanzado el suficiente desarrollo como para que la mayoría de sus habitantes puedan viajar en avión.

    Los primeros casos que aparecen entonces son personas de clase acomodada. Los primeros fallecimientos, por lo general, también.

    Pero la gente acomodada convive con personas que pertenecen a las clases populares o que son pobres: las señoras del aseo, el de las tortillas, el peón de una fábrica, el zapatero, el jardinero y demás.

    Así, llega un momento en que parece no haber distinciones sociales: todos se enferman.

    Pero luego la gente acomodada se topará con que tiene más facilidades para hacer frente a la pandemia. Una vez que el contagio comunitario ha comenzado, ellos pueden hacer algo más para evitar contagiarse: ellos se quedan en sus casas y pueden trabajar desde el hogar. Si necesitaran salir, pueden usar el carro para trasladarse, lo cual representa un riesgo menor que si tuvieran que trasladarse en camión, lo cual se vuelve un foco de infecciones.

    Entonces la distribución comenzará a cambiar paulatinamente. Si bien es cierto prácticamente todos vamos a portar el COVID19 en algún momento, es más probable que la curva «sea más plana» dentro de las clases más acomodadas, además de que tienen acceso a hospitales privados. En el caso de la gente más pobre, la curva será más pronunciada por lo anteriormente mencionado.

    A eso hay que agregarle que los servicios de salud que reciben son pésimos. Si bien la misma clase acomodada sufrirá de «saturación de hospitales», los menos privilegiados lo sufrirán aún más. Tendrán todavía más problemas en ser atendidos y, por ende, la tasa de mortalidad ahí será más alta.

    Así, una enfermedad importada por las clases medias y altas se volverá más que nada una enfermedad de los pobres, porque ahí habrá más casos, mayor tasa de mortalidad y peores condiciones para combatir el problema. Esto es recurrente en todas las pandemias a lo largo de la historia: la gente más pobre tenía más posibilidades de contraer la peste que la gente más rica e incluso Camus narraba en su novela que los acomodados trataban de evitar los barrios bajos y se prohibía el tránsito entre los distintos sectores.

    Lo mismo sucedía con la tuberculosis y ya no digamos el cólera, donde las condiciones sanitarias lúgubres están fuertemente relacionadas con la incidencia de contagio (por lo general, por heces restantes en el agua) sin olvidar a la malaria que es otro caso ejemplar.

    Nuevamente las diferencias socieconómicas incidirán sobre la forma en que la pandemia se manifiesta. El mismo fenómeno se puede percatar entre los distintos países. Primero «enfermaron» aquellos más desarrollados y que, por ende, tenían mayores conexiones aéreas. Hoy África tiene pocos casos, pero tal vez será cuestión de semanas para que el coronavirus se concentre dentro de los países más pobres del mundo y ahí residan las mayores afectaciones: la India, históricamente susceptible a las pandemias, posiblemente sufra mucho, y tal vez lo harán todavía más aquellos países cuyo sistema de salud sea muy pobre o casi inexistente.

    En aquellos países más deprimidos, el COVID19 se encontrará con aliados como la malaria o el HIV que hará el problema todavía más grave. Sobre todo en aquellas ciudades atiborradas de personas como Lagos donde pensar en una cuarentena es casi imposible. Ahí es donde se va a sufrir más, aún más que los que viven en las periferias de las ciudades de México.

    Por ello, los distintos sectores socioeconómicos viviremos el problema de forma distinta. Hasta el más rico tiene algunas posibilidades de riesgo, pero siempre serán menores a la de su contraparte de los barrios más deprimidos.

  • El Hoyo y el coronavirus. Obvio

    El Hoyo y el coronavirus. Obvio

    El Hoyo y el coronavirus. Obvio

    En estos tiempos pandémicos, y más con el encierro, es común que las personas consuman contenidos que les ayude de alguna u otra forma a explicar qué es lo que estamos viviendo. La Peste del existencialista Albert Camus ha sido la referencia más obvia para muchos, al grado que las búsquedas relativas al escritor francés se dispararon. Existen otros contenidos que no son tan obvios y que ni siquiera hacen referencia a una pandemia, pero que nos pueden ayudar a reflexionar sobre lo que estamos viviendo y en este sentido, la película «El Hoyo» del español Galder Gaztelu-Urrutia me ha hecho meditar mucho. Es una película cruda y que a más de una le podrá parecer chocante verla en estos tiempos, pero vale la pena.

    Esta cinta, que se encuentra en Netflix y que se ha vuelto muy popular estos días, trata sobre una suerte de prisión vertical ubicada en algún punto del futuro y que funge como una suerte de juego de supervivencia donde un banquete de comida que, en teoría, debería alcanzar para que todos se alimenten, se traslada a través del hoyo desde las celdas superiores a las inferiores; pero como los reos tratan de comer lo más posible en vez de racionar dicha comida, resulta que los de las celdas «no privilegiadas» reciben puros restos si no es que absolutamente nada.

    La analogía más común que se ha hecho con esta película es aquella que tiene que ver con el capitalismo y la desigualdad. Parecería también una suerte de crítica a eso que los economistas llaman trickle down economics (teoría del goteo), que asegura que en los países donde hay pocas regulaciones se habrá generado tal desarrollo dentro de las clases altas y medias de un país que éste «se derramaría» hasta los sectores más pobres de tal forma que éstos resultarían más beneficiados que en el caso de que el gobierno interviniera para ayudar a los que tienen menos. La teoría ha sido criticada por algunos sectores de la izquierda quienes dicen que dicha proposición no se cumple en la práctica y que los pobres apenas reciben migajas de los más ricos.

    Pero considero que la crítica puede ir más allá de meros modelos económicos porque igual podría tejerse alguna suerte de analogía con los países comunistas (nada más con «menos pisos»), donde las élites gubernamentales se quedan con casi todo el pastel y todos los demás se quedan con las migajas. Creo que «El Hoyo» tiene que ver un poco más con lo más oscuro de la condición humana en sí.

    Un ejemplo lo podemos ver con las compras de pánico que vimos hace algunos días, lo que me recuerda a las personas de los primeros niveles que tratan de comer toda la comida posible sin pensar en lo que van a comer los de los niveles de abajo. ¿Por qué las personas decidieron vaciar los estantes de los supermercados de productos que no necesitaban en cantidad o de productos que eran completamente inútiles como los rollos de papel? Los que llegaron primero acapararon todo sin importar que ellos iban a necesitar tantas cosas y que la escasez que provocaron podría poner en riesgo la vida de más de una persona.

    Esta dinámica también podría ayudarnos a entender la actitud del individuo ante la escasez y la necesidad. En la película, quienes estaban en los niveles inferiores y no recibían comida tenían que verse en la necesidad de comerse a sus compañeros de celda para sobrevivir, mientras que los de los niveles superiores podían disfrutar de su plato favorito de entre muchas opciones suculentas. Así, los que somos parte de las clases medias y altas, podemos pasar una «cuarentena VIP» trabajando desde casa, con televisión y redes sociales a la mano para comunicarse con sus seres queridos, mientras que quienes están en los sectores más populares no pueden darse el lujo de quedarse en casa porque tienen que salir si es que quieren comer.

    ¿Qué pasaría, por ejemplo, si a aquella persona necesitada de salir de su casa se le obliga a quedarse? ¿Qué va a pasar cuando se le acabe la comida? Es muy posible que se cree un ambiente muy tenso y derive en connatos de violencia y rapiña ya que tienen que hacer lo que sea para sobrevivir. Este es precisamente uno de los dilemas que tienen los países latinoamericanos, ya no digamos los africanos, ya que pueden verse en la necesidad de elegir entre contener el COVID_19 o mantener la economía relativamente estable.

    Afortunadamente, en la vida real sí podemos ver un poco de esa «solidaridad espontánea» aunque a todas luces sea insuficiente. Por un lado tenemos a actores más parecidos a los prisioneros de los pisos de arriba que con cuyas posturas procuraron su propio bienestar y la abundancia, como ocurrió con algunos empresarios, mientras que otros sí mostraron algo de solidaridad espontánea como el caso de Cinépolis o Banorte que hicieron algunos sacrificios en aras del bien común.

    También podemos ver esa diferenciación entre la actitud de la gente. Hay quienes ni siquiera se han molestado en tomar precauciones por no querer renunciar a su vida cotidiana, y otros que le dijeron a la señora del aseo que se quedara en su casa mientras le continuaban pagando como si estuviera trabajando. Así como hay algunas personas que creen que estamos en vacaciones, otras han hecho una suerte de activismo para tratar de ayudar a quienes se encuentran en los sectores más vulnerables. Por su parte, las invitaciones a «quedarse en casa» me recordaron también esa parte de la solidaridad espontánea a la que refería Imoguiri, cuando ella pedía a los reos del piso de abajo racionar la comida para que les llegara a todos.

    Al final de la película, Goreng y Baharat intentan descender al último piso racionando la comida de tal forma que lograran subir hasta al primer nivel con la panacota para mandar un mensaje a la administración. Habrá quien pueda ver ello como una suerte de imposición de un régimen socialista, pero a mí no me pareció algo así, sino más bien un acto de irrupción para modificar un sistema evidentemente vicioso y contraproducente. Goreng y Baharat con la panacota son para mí todos aquellos que están poniendo de su parte para acabar con la pandemia y que tratan de remar contracorriente, aquellos que incluso son capaces de exponer su integridad o su bienestar para ayudar a los demás: ya sean doctores, científicos, personas comunes que tratan de concientizar y toman sus precauciones etc.

    El coronavirus, como narraba Albert Camus en la peste, va a sacar lo mejor y lo peor de las personas. Algunos serán héroes, otros serán vistos como villanos aprovechados, otros, presas del pánico y por su falta de carácter, se aventarán por el hoyo.

    Lo cierto es que estamos en tiempos inéditos. Tal vez son los tiempos «más históricos» que estemos viviendo aquellos que nacimos en las últimas décadas del siglo XX o en las primeras del XXI. El coronavirus cambiará muchas cosas, cambiará estructuras, cambiará modos de vida, patrones, sistemas, formas de hacer política. La pregunta es ¿en qué va a derivar todo esto y a donde queremos llegar?

  • El morenavirus

    El morenavirus

    El morenavirus

    Nuestro país está comenzando a entrar a la etapa zona crítica del COVID-19 consistente en la etapa de infección comunitaria que se extenderá por algunas semanas. Es la etapa en la cual nos tenemos que quedar en nuestras casas y salir lo menos posible a la calle. Observando este comparativo, podemos ver que nuestro país tiene el mismo comportamiento que España hace algunos días.

    Es en esta etapa donde se le requiere a la sociedad un mayor sacrificio: cambiar el ritmo de vida, olvidarse de viajes, eventos; en algunos casos se requerirá sacrificios de índole económica (no sin olvidar la afectación que esta contingencia tendrá a la economía). Es la etapa más complicada porque no siempre es fácil persuadir a la gente de que haga sacrificios. Hay quienes están invadidos por el pánico y otros a los que no les importa en lo más mínimo el problema y quieren seguir con su vida diaria.

    En este sentido, las instituciones que comandan este país deben ser ejemplares. Éstas mismas deben de estar dispuestas a hacer sacrificios para que los ciudadanos entiendan por qué es importante que ellos los hagan. Si bien las instituciones no han manejado el asunto del todo mal y hace unos días la OMS reconoció su trabajo, es muy cierto que el Presidente de la República ha tenido una postura totalmente reprobable al respecto e incluso la misma OMS exigió un mayor compromiso de los políticos como dándose cuenta de la actitud que algunos sectores han tenido, incluyendo López Obrador.

    Hemos visto a Andrés Manuel ir de mitin a mitin, convocando a grandes aglomeraciones, abrazando gente y besando niños (a veces hasta en contra de su voluntad) en un momento en que él debería aprovechar su liderazgo para pedir a la ciudadanía que tome las medidas necesarias para sortear esta emergencia sanitaria. Peor aún, hemos visto conductas reprobables como el negarse a ponerse gel antibacterial en las manos.

    Aunque las instituciones traten de hacer su chamba, la conducta de López Obrador es un gran problema que estorbe en su afán. Si bien es cierto que su popularidad va en picada, sigue siendo lo suficientemente popular (ya no solo en lo cuantitativo sino en lo cualitativo) como para ejercer influencia sobre una considerable cantidad de gente que, al ver las reacciones de López Obrador, dirá que entonces no es necesario tomar precauciones. Ese símbolo, ese mensaje, puede convertirse en muertes que pudieron haberse evitado.

    ¿Quiénes se ven más afectados con estos mensajes? Las mismas personas que suelen ser siempre las más afectadas en las tragedias y las contingencias: los individuos que viven en situación de pobreza. Varios simpatizan con López Obrador y lo toman como una suerte de ejemplo, muchos de ellos no pueden darse el lujo que nosotros tenemos de hacer una «cuarentena VIP» con home office, redes sociales y Netflix. Ellos tienen que salir a ganarse el pan; muchos de ellos viven en la informalidad y no pueden darse «el lujo de trabajar desde casa y mucho menos de parar». Peor aún es cuando se envía el mensaje de que pueden acudir a aglomeraciones, que se relajen, que pueden abrazarse y que no pasa nada. Aquellos, que también son quienes tienen menos protección sanitaria porque no tienen ningún servicio privado y muchas veces la salud pública que tienen a la mano no es de la mejor calidad, son quienes están en mayor riesgo.

    Esta no solo me parece una postura irresponsable, sino egoísta. Un líder que siempre dijo representar al pueblo está casi hasta supeditando su integridad a sus caprichos y al poder. El egoísmo es tan marcado que el propio López Obrador supedita su propia integridad a sus intereses porque un hombre que tiene 66 años y que ha sufrido de un infarto es, en automático, una persona vulnerable. El mensaje es terrible.

    Y me preocupa que el Subsecretario de Salud Hugo López-Gatell, quien hasta hace pocos días era una figura que se percibía como un interlocutor confiable y quien podía contrastar con el arrebato populista del presidente, haya caído en esta dinámica alabando y mitificando a la figura de López Obrador (de tal forma que las analogías con la mitifación que se hace de los líderes en Corea del Norte no han faltado) para así justificar su conducta reprobable:

    La forma en que ha abordado López Obrador esta contingencia que afectará a muchas personas es completamente errónea e incluso insensible.

    Me preocupa también el ambiente de polarización que se está generando en torno a la contingencia. El Presidente no se ha cansado de politizarla y tampoco es como que los opositores estén poniendo mucho de su parte al entrar a su juego. En vez de tener un país donde haya cierta unión (como está ocurriendo con los países europeos) tenemos un país polarizado, lo cual solo va a derivar en una mayor desconfianza de los ciudadanos con sus autoridades y lo cual puede llegar a ser fatal.

    López Obrador tiene que cambiar su conducta inmediatamente porque se convierte en un gran problema a muchos niveles (aunque dudo que lo haga). Él no es ningún dios ni alguien que cargue con una «fuerza moral», es un simple mortal que no presume necesariamente de la mejor salud y que tiene el privilegio de estar al frente de un país y cuyo trabajo ha sido, cuando menos, cuestionable. Su poca apertura, su afán de centralizar todo y tener control sobre todo el quehacer político podría a traer resultados muy adversos en momentos críticos con el coronavirus donde no solo hablaremos de fallecidos, sino también de pérdidas económicas.

    Terrible y frustrante es ver este tipo de conductas en una persona de quien esperaríamos una suerte de liderazgo. No lo hay, vemos en López Obrador al mexicano irresponsable promedio, aquel que cree que la cuarentena son vacaciones y que cree que el coronavirus no le va a hacer nada.

  • Cuarentena VIP

    Cuarentena VIP

    Cuarentena VIP

    Nos han pedido que nos quedemos en nuestras casas. Nos han dicho que con ello muertes serán evitadas.

    No nos han pedido que vayamos a la guerra para tal vez no volver a ver a nuestros seres queridos. Nos piden resguardarnos precisamente para que nuestros seres queridos y los de los otros sigan en este mundo. ¡Somos privilegiados!

    No nos han pedido aislarnos de los que más queremos, tan sólo que no tengamos contacto presencial por unas pocas semanas. Ahí están las redes sociales, el teléfono, los sistemas de mensajería y las video llamadas. En las cuarentenas de tiempos pasados se dejaba a ver a los seres queridos por completo por meses. Hoy podemos estar en contacto todos los días. ¡Somos privilegiados!

    Nadie nos ha pedido enfrentarnos a la cruda realidad. De hecho podemos escapar del mundo cuantas veces queramos viendo Netflix o leyendo un buen libro. ¡Somos privilegiados!

    Nadie nos pidió racionar al mínimo la comida, tan solo nos pidieron hacer home office. ¡Somos privilegiados!

    A los que no vivimos en situación de pobreza, el mundo de hoy nos pide poco para salvar a muchos. Nuestro mundo del cual siempre mentamos madres es muy benigno, tanto que cualquier incomodidad nos parece un martirio. No vamos a ir a la guerra, tan solo nos vamos a restringir un poquito por los demás, hacer un poquito para que incida un muchito en la vida de los demás. ¡Somos privilegiados!

    Y negarnos a dar un poco para ayudar a los demás sería no sólo egoísta, sino inhumano.

    Lo natural es el microbio. Lo demás, la salud, la integridad y la pureza, si usted quiere, son un producto de la voluntad.

    Albert Camus – La Peste
  • Coronavirus: tu irresponsabilidad mata

    Coronavirus: tu irresponsabilidad mata

    Coronavirus: tu irresponsabilidad mata

    Al día sábado 14 de marzo, había más de 40 casos confirmados de personas de coronavirus en México.

    ¿Eso significa que solo tenemos esos casos? No, en realidad existen muchos más, miles posiblemente. Resulta que la mayoría de las personas no saben que lo tienen porque 1) no han manifestado síntomas ya que pueden pasar días o semanas antes de que aparezcan, 2) porque lo confundieron con un simple catarro o 3) no los van a manifestar nunca o van a ser tan leves que ni se van a dar cuenta, pero como son portadores lo contagiarán a más personas.

    Amigos, el coronavirus ya está rondando por las ciudades de México, ello ya es un hecho. Posiblemente ya te topaste con un portador en la calle, en el camión o en el antro. Es más, existe alguna posibilidad (por más remota que sea) de que tú mismo seas portador del virus y no lo sepas.

    Y no se va a acabar el mundo por ello, pero no es como que te tenga que valer un soberano cacahuate ni tampoco implica que tengas que sumirte en el pánico. Estas dos posturas, tan opuestas, solo van a provocar muertes que pudieron ser evitables.

    Y la verdad, la reacción de parte de la sociedad mexicana me ha decepcionado.

    Panic at the Costco

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    Dentro de la menos mala de las reacciones malas (mala al fin) está aquella de quienes se han sumido en el pánico de forma exagerada e irracional.

    ¿Por qué se ha vuelto tan común ver a la gente ir a comprar una gran caridad de papel higiénico al punto de vaciar los estantes?

    ¿Por qué ocurre ello en todo el mundo cuando el papel higiénico no hará nada para prevenir ni combatir el coronavirus y sólo será un mero receptáculo de sus mocos que irá al bote de basura?

    ¿Por qué se repite a lo largo del mundo un patrón de comportamiento de masas que es, a todas luces, irracional y que más que ayudar termina perjudicando a terceros?

    ¿Creen que el hecho de que otros lo hagan valida su actuar aunque no sepan siquiera cómo el papel higiénico les ayudará a combatir el problema?

    ¿No deberían, en estos casos de preocupación, motivarse por conseguir la mayor cantidad de información posible en vez de hacer algo solo porque los otros lo están haciendo?

    ¿Por qué se dejan abrazar por una histeria poco fundamentada y por qué su alcance como individuos sólo da para la imitación de algo que no entienden pero es común y no da para informarse ni cuestionarse nada?

    Y este es el menos peor de los casos.

    ¡Me la pelas, coronavirus!

    Un problema más grave es la displicencia, porque la irracionalidad del caso anterior aquí va acompañada por un acto de profundo egoísmo: «al cabo yo soy joven y no me va a pasar nada», «ay, sólo van cuarenta casos», «Mi universidad anunció cuarentena, ¡vacaciones!».

    Mucha gente, sin la suficiente preparación, contextualiza la información de acuerdo a sus intereses y no hace caso de lo que dice la comunidad internacional. Dicen que unos miles de muertos en un planeta de miles de millones les parece poco, creen que una tasa de mortalidad del 2% no es nada, cuando en realidad en una enfermedad altamente contagiosa como el Covid19 (mucho más que la gripe común) se vuelve un problema serio. 2% puede aparentar ser una cifra baja (y lo es si se compara con otras enfermedades) pero si comprendemos que es muy contagiosa y si extrapolamos esa cifra a cien millones de personas, por poner un ejemplo, implica que dos millones van a morir. ¿Ya no suena tan bonito, verdad? Por ello es que se está buscando contener el problema, para que las instituciones sanitarias tengan más margen de maniobra y para que se expanda lo menos posible.

    Ello implica que tendremos que cambiar temporalmente nuestro modo de vida. Tendremos que salir menos a la calle y hacerlo solo para necesidades básicas (como comprar alimentos o medicinas); tendremos que trabajar desde casa, evitar salir de viaje y limitar nuestro contacto con nuestros círculos sociales (evidemente exceptuando las redes sociales).

    Por ello fue irresponsable que toda esa gran cantidad de gente fuera al Vive Latino. Imagina que una sola persona, una sola entre esa aglomeración, haya estado infectado con el coronavirus (seguramente hubo más de una). Esa misma persona va a contagiar, digamos, a cinco personas que no van a manifestar síntomas inmediatamente. Esas cinco personas van a contagiar cada una a cinco más. El caso de una persona perteneciente a una secta en Corea del Sur es un gran ejemplo sobre cómo un solo caso puede llegar a crear un problema muy fuerte.

    ¡Al diablo con sus coronavirus!

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    El problema se vuelve más grave cuando las autoridades toman una postura irresponsable ante la pandemia, o cuando dicha postura obedece más a criterios políticos que sanitarios. Independientemente de la calidad de las políticas públicas implementadas por el gobierno, que de acuerdo a la OMS han sido buenas, y que podremos evaluar concienzudamente unas semanas más adelante, hemos visto a López Obrador subestimando públicamente el problema: diciéndole a la gente que se abracen, besando niños y dando abrazos en un momento en que ya debería ser impertinente hacerlo.

    López Obrador no ha tomado el papel de liderazgo que le toca. Él es el primero que debería seguir las recomendaciones y no lo está haciendo, y como él es el presidente, muchos basan su postura en lo que él hace porque es oficialmente la máxima autoridad de este país: «si AMLO besa bebés, ¿por qué estaría mal que yo lo hiciera?».

    Conclusión

    Todo esto va a incidir en la forma que la pandemia termine de aterrizar en nuestro país. En pocos días escucharemos ya no de decenas de casos, sino de miles y viviremos una situación análoga a la de Europa donde la gente no puede salir de sus casas más que por situaciones excepcionales (comprar alimento, comida etc). Veremos si las instituciones tienen la capacidad de atender todos estos casos, que podrían ser al menos postergados por medio de acciones responsables por parte de los ciudadanos e instituciones de tal forma que puedan ser atendidos por los servicios de salud.

    Todos estos actos irresponsables solamente acelerarán la propagación del virus, lo cual hará que las instituciones sanitarias sean rebasadas y lo cual se va a traducir en más muertes y más personas afectadas. Dicho esto, quienes decidieron tomar decisiones irresponsables teniendo la capacidad de no hacerlo, o simplemente no les importó, tendrán responsabilidad moral sobre aquellas muertes que pudieron evitarse y no se evitaron.

    Y hay que decirlo, y hay que reprender a aquellas personas que tomen posturas irresponsables y perjudiciales. En Internet hay muchos medios fidedignos, comunicados de instituciones e incluso youtubers que han hecho un gran esfuerzo como para que la falta de información sea un pretexto.

  • El coronavirus ya es una pandemia ¿qué te va a pasar?

    El coronavirus ya es una pandemia ¿qué te va a pasar?

    El coronavirus ya es una pandemia ¿qué te va a pasar?

    ¿Qué tan fea es la situación?

    El coronavirus resultó un problema más grande de lo que se esperaba (aunque ello no significa que el mundo se vaya a acabar ni que debamos caer en pánico). Resultó más grande porque la capacidad de varios de los países para controlarla ha sido baja (en gran medida por la alta facilidad de contagio) y, sobre todo, porque nos encontramos ante una situación relativamente inédita (y generalmente lo inédito es más difícil de abordar que aquello en lo que ya se tiene experiencia).

    Podemos, sí, recordar la gripe española que mató a más de 40 millones de personas, pero eran tiempos muy diferentes. La tecnología, la ciencia y la medicina han avanzado mucho.

    Podemos también recordar brotes como el SARS, el MERS, la gripe aviar o el ébola con tasas de mortalidad mucho más altas, pero estos jamás se han convertido en una pandemia. El coronavirus, en cambio, es sumamente contagioso: los síntomas tardan en aparecer y en algunas personas ni siquiera se manifiestan.

    En realidad hay muchos más casos de coronavirus entre nosotros que los que nos dicen las autoridades, no porque estén ocultando algo, sino porque muchos contagiados no manifiestan síntomas o solo muestran catarro leve, no les pasa por la cabeza que tienen coronavirus y entonces no son contabilizados. Este extenso artículo nos explica a detalle con estadísticas cómo es que en realidad hay muchos más casos de los que han detectados por el gobierno. Ello quiere decir que desde ya tendríamos tener que estar tomando precauciones como lavarnos muy bien las manos o estornudar en el antebrazo.

    Con la reciente clasificación de la OMS, el Covid-19 se convierte en la primera pandemia de su tipo dentro de nuestros tiempos modernos y, a pesar del evidente desarrollo tecnológico, científico y médico, no la estamos pasando tan bien. La OMS cree que muchos países no han hecho lo suficiente e incluso naciones como Italia, donde el problema se complicó mucho, han tenido que ponerse en cuarentena.

    Incluso cada vez más personalidades como el actor Tom Hanks o el presidente brasileño Jair Bolsonaro han terminado contagiados por el virus, lo cual nos dice del alcance que está teniendo. Sabemos que ya se han cancelado eventos, congresos y conciertos y aplazado fechas de ligas de futbol en varias regiones.

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    El Covid-19 es un buen indicador para medir la capacidad de los sistemas de salud de los países y la capacidad que los gobiernos tienen para reaccionar a las contingencias. Es posible ver cómo algunos países han logrado detener el crecimiento de la epidemia dentro de sus países con tasas de mortalidad relativamente bajas como Corea del Sur e incluso la propia China y otros países asiaticos que ya han controlado el crecimiento de la pandemia mientras que otros como Estados Unidos y sobre todo Italia han reaccionado tarde y han tenido más problemas.

    ¿Y México? ¿A paracetamolazos?

    La pregunta no es si el virus va a brotar exponencialmente en México o no (como ha terminado ocurriendo en todos los países a los que llega) sino cuándo ocurrirá, cómo reaccionará nuestro sistema de salud y hasta qué punto podrán contener el problema. Se estima que ello ocurra a finales de marzo. El coronavirus someterá a nuestro sistema de salud a las más duras pueblas y no es seguro que haya suficientes camas para toda aquella persona que requiera hospitalización. La eficacia del gobierno para atender este problema afecta la tasa de mortalidad. Si es más ineficaz, la tasa de mortalidad es más alta que cuando se toman las previsiones necesarias.

    Dicho esto, es posible que en los próximos días nos quedemos recluidos en nuestras casas. Se van a cancelar eventos, conciertos, viajes. Vaya, vamos a tener que hacer un sacrificio.

    El discurso del Presidente tampoco ayuda mucho. Es cierto que como mandatario debe mantenerse sereno y mantener la calma y la OMS ha destacado la reacción temprana del gobierno, pero también hemos visto casos de viajeros que llegan a México con síntomas de fiebre y no se les atiende y se les deja pasar sin ningún problema. Hay señales mixtas sobre la eficacia del gobierno hacia esta contingencia y solo podremos evaluado una vez que haya pasado la contingencia.

    Me parece un poco preocupante que el Presidente de la República mande un mensaje subestimando de forma flagrante al decir que «no hay problema que la gente se abrace» cuando en muy pocos días será imprudente saludarnos de mano si no es que tal vez lo sea ya el día de hoy.

    ¡Es la economía, estúpido coronavirus!

    El otro problema es el económico: contener la pandemia va a traer sacrificios económicos en una situación que tanto en lo nacional como en lo internacional ya es frágil y donde los gobiernos tendrán que, literalmente, jugarle al equilibrista. Decisiones políticas o demagógicas antes que prácticas podrían significar una mayor pérdida de vidas.

    En tanto más extremas sean las medidas para contener el virus, menores serán las afectaciones sanitarias y mayores serán las afectaciones económicas. Por el otro lado, en tanto las medidas sean más laxas, las afectaciones económicas serán menores pero las afectaciones sanitarias mucho mayores. La difícil tarea de los gobiernos es encontrar ese sweet point (punto de equilibrio) donde logren sortear la emergencia sanitaria y donde la afectación económica sea la menor posible.

    Si un país se mantiene lejos de ese punto de equilibrio puede correr el riesgo de que las afectaciones sanitarias afecten a las económicas que en teoría estarían controladas y viceversa. Por ejemplo, si un país implementa medidas muy laxas en aras de no afectar la economía, solo verá cómo el problema se salga de las manos y no quedará otra que aceptar una afectación económica mayor que la que se habría necesitado haber aceptado antes. Por el contrario, quien sacrifica demasiado la economía podrá verse en problemas si surge un rebrote, porque cuando se ejerce mayor presión sobre la economía el descontento social puede crecer y la capacidad operativa de las instituciones puede verse limitada, por lo cual el margen de maniobra para combatir la epidemia termina reduciéndose.

    Los gobiernos que se sitúen dentro del punto de equilibrio podrán librar el problema de la mejor forma. Los que no, podrían caer en una pendiente resbaladiza por lo que he comentado anteriormente. Pero los gobiernos no son los únicos responsables, nosotros también lo somos:

    Profesor Cocoon, ¿debemos entregarnos al pánico?

    ¿Debemos preocuparnos? Sí. ¿Debemos caer en pánico? No. La tasa de mortalidad es lo suficientemente baja como para pensar que esta epidemia se vaya volver análoga a la gripe española o la peste bubónica, pero es lo suficientemente alta como para confiarse y no hacer nada. Italia es un claro ejemplo de ese exceso de confianza.

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    La tasa de mortalidad en los jóvenes es bastante baja, pero esto también puede significar un problema si se subestima la urgencia, no solo por los riesgos colaterales que puedan haber, como terminar en el hospital y pescar otra bacteria o terminar con una lesión pulmonar en un caso grave, sino porque la displicencia va a terminar afectando mucho más a aquellos que sí están en una situación de riesgo mayor: la gente de la tercera edad y las personas que ya tienen problemas de salud que, en combinación con el coronavirus, podrían resultar fatales.

    Nuestra responsabilidad ¡ya estamos grandecitos!

    Si hablamos de la responsabilidad que tienen los gobiernos, también tenemos que hablar de la responsabilidad que tenemos como sociedad: habrá que hacer sacrificios, desde dejar de saludar de mano y lavarnos las manos más frecuentemente hasta incluso cancelar viajes o eventos.

    No caer en pánico e informarse bien también es otra responsabilidad. No se va a acabar el mundo ni mucho menos. Estadísticamente, las posibilidades que tiene una persona de verse afectada (más allá de un simple catarro) son bajas, lo más probable es que no te vaya a pasar nada y tal vez ni te infectes, pero no vale la pena correr riesgos de más, porque ciertamente quien se confía aumenta las posibilidades de verse afectado en su salud por la pandemia y sus posibilidades de morir también aumentan de alguna manera. No hacer nada puede ser muy riesgoso, pero caer en pánico también porque ello te puede orillar a tomar malas decisiones.

    Evitar consultar y propagar fake news, consultar fuentes confiables (no cadenas de Whatsapp, por favor) y seguir las recomendaciones de las instituciones (nacionales e internacionales) es lo que debemos hacer.

    Vienen días relativamente complicados, pero no nos toca de otra más que ser responsables, seguir las recomendaciones de las autoridades y mantener la tranquilidad.

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  • ¿Hay equidad de género? ¿Qué pasa con el acoso? Se lo pregunté a varias mujeres y es preocupante:

    ¿Hay equidad de género? ¿Qué pasa con el acoso? Se lo pregunté a varias mujeres y es preocupante:

    ¿Hay equidad de género? ¿Qué pasa con el acoso? Se lo pregunté a varias mujeres y es preocupante:

    A raíz de una discusión que tuve con un amigo donde debatíamos si existía equidad laboral para ambos géneros, pensé que podría ser una buena idea hacer una encuesta. Hace poco leí el libro Talking to Strangers de Malcolm Gladwell cuyo argumento es que los seres humanos tenemos muchas más dificultades en entender a los demás de lo que pensamos, y por ello me pregunté: ¿podemos, nosotros como hombres, ver la realidad desde la perspectiva de una mujer? ¿No será que asumimos muchas cosas?

    Seguramente ocurre lo análogo cuando una mujer trata de entender a un hombre, pero en este contexto lo que importa es lo primero. ¿Somos los hombres capaces de terminar de entender las problemáticas reales de la mujer? Mi respuesta es que no, y por eso pensé que este ejercicio podría servir, al menos, como una aproximación para tener más información al respecto.

    ¿Existe el machismo? ¿Existe una cultura patriarcal? ¿Qué podemos decir de la cultura del acoso y la violación? Tuve que dejar del lado otras preguntas que hubiera querido hacer, pero era necesario que la encuesta fuera breve para que la tasa de respuesta fuera mayor (lo que se logró afortunadamente).

    A lo largo de dos días, 48 mujeres que forman parte de mis círculos sociales y que son parte de mi generación (entre 25 y 40 años aproximadamente) contestaron esta encuesta de forma anónima. En ella participaron hermanas, primas, amigas, ex colaboradoras. Traté de que fuera lo más plural porque, si bien es cierto que estadísticamente no representa la realidad nacional (para ello tendría que haber invertido bastante tiempo y dinero o contratar a una agencia), sí me podía dar una idea de lo que se vive en mis círculos sociales, que yo asumo como sanos, donde supongo hay menos problemas de este tipo que en muchos otros sectores.

    Este iba a ser un ejercicio personal, pero decidí publicarlo porque creo que puede ayudarnos a los hombres a entender lo que es una realidad, que vivimos en una cultura machista (lo cual queda comprobado categóricamente en las respuestas que esta encuesta recibió).

    Equidad de género y la mujer en el ámbito profesional

    La primera pregunta es ¿Hay equidad de género hoy en día en México? La respuesta de las mujeres de mis círculos sociales fue categórica: NO. Por algún momento pensé que la distribución iba a ser algo así como 70% NO y 30% SÍ. Pero la respuesta fue contundente, el 97% asegura que no existe:

    En la segunda se les preguntó si creen que había equidad de género en el ambiente laboral. La respuesta, de nueva, fue categórica: el 94% dijo que no.

    Pregunté por qué razones no existe equidad de género en el ambiente laboral. Las respuestas que me llamaron la atención fueron estas (se pueden consultar todas aquí):

    Aún no se toma en serio la equidad de género, pareciera más una cuota que cubrir más que realmente buscar la equidad.

    Lo he vivido. En mi mismo puesto al hombre le pagan dos mil pesos más y eso que yo llevo trabajando más tiempo en la empresa.

    Porque ciertas jerarquías son únicamente para hombres, las mujeres tienen límite o tope, en ciertas áreas no se nos permite figurar.

    Experiencia propia durante los 9 años que trabaje en un ayuntamiento y el año en que trabaje para una empresa. Un ejemplo es que nunca fui bien remunerada en mi trabajo “porque yo no tenia que pagar cuentas, eso es de hombres” siempre lidié con el acoso, vi el acoso que sufrían mis compañeras a diario y solo vi un caso de un hombre acosado, que por cierto, era acosado por otro hombre.

    Los hombres siguen haciendo sus «club de Toby» en los corporativos y la generación que está manejando muchas grandes empresas todavía no deja sus ideas arcaicas de «rol de género»

    Luego pregunté esto:

    En resumen: más de la mitad de las mujeres de mis círculos sociales se ha sentido personalmente limitada en el ámbito profesional por ser mujer. ¿Hay equidad laboral en México? Yo creo que la respuesta es contundente.

    Acoso y violación

    Entremos al terreno de la vulnerabilidad. Aquí quise hacer más preguntas pero por cuestión de practicidad quise dejar solamente las más importantes. Las respuestas me dejaron frío, y es evidente que sí hay un problema:

    Esta estadística ya es difícil de digerir: 3 de cada 4 mujeres que conozco han sufrido acoso sexual.

    Y todas conocen a una persona cercana a ellas que ha sido acosada sexualmente:

    Por naturales razones no quise preguntar directamente si han sido víctimas de violación. Pero sí pregunté si conocen a una persona cercana a ellas que haya sido violada sexualmente: 2 de cada 3 personas dijeron que sí. Y si esta cifra ya en sí misma es (o debería) ser escalofriante, tendríamos que sumar aquellas que han ocultado ser víctimas de violación por miedo a la estigmatización:

    6 de cada 10 mujeres conocen al menos un hombre en sus círculos cercanos que ha acosado a una mujer. Solo 1 de cada 10 conocen a una mujer que acosó a un hombre y 3 de cada 10 sospecha de alguien. Solo 1 de cada 10 dijo no conocer a nadie. Evidentemente, habrá más casos que las encuestadas desconozcan.

    Y casi 1 de cada 3 mujeres conoce a un hombre de sus círculos cercanos que violó a una mujer:

    Postura hacia ciertas ideas que circulan en las conversaciones

    Por último, les pregunté que valoraran frases que generalmente se repiten en las discusiones y en las redes sociales. Algunos de los resultados me sorprendieron.

    Para entender mejor estas gráficas, digamos que por más clara tienda a ser la barra, hay más acuerdo con respecto de la frase, y si es más oscura hay un mayor desacuerdo. Vayamos de izquierda a derecha.

    Casi el 80% de quienes que contestaron la encuesta afirman que en México existe un sistema patriarcal que oprime a las mujeres. El 28% está totalmente de acuerdo y el 49% muy de acuerdo.

    Aproximadamente el 78% de las mujeres están en desacuerdo con la frase que dice «No deberíamos enfocarnos en la violencia hacia las mujeres porque discrimina a los hombres, a los hombres también los matan».

    Más del 80% dicen que se sienten vulnerables al salir a la calle por ser mujer.

    El 67% de las mujeres considera que los hombres no entienden la situación de las mujeres.

    Existe una opinión muy dividida sobre la frase «un hombre no puede ser feminista, solo puede ser aliado» con una ligera tendencia a estar en desacuerdo.

    Y por último, menos del 20% de las mujeres que participaron en la encuesta piensan que el término «feminicidio» no debería existir.

    Conclusión

    De este sondeo puedo concluir lo siguiente:

    1) Personalmente, creí que habría opiniones un poco más divididas sobre ciertos temas. Pensé que habría más mujeres que dirían que sí hay equidad de género. No creí que las estadísticas sobre acoso y violación fueran a ser tan fuertes, y creí que la opinión sobre la idea de un «patriarcado opresor» estaría más dividida cuando en realidad sí parece haber cierto consenso hacia dicha frase.

    2) Comprendiendo que este sondeo buscó representar a las mujeres de mis círculos sociales, entonces puedo decir que dentro de mis círculos sociales la equidad de género no existe y que dentro de los círculos que me muevo también hay una situación de inequidad laboral.

    3) Puedo concluir que sí existe una cultura machista o patriarcal dentro de mis círculos sociales. Seguro es menor que en el pasado, y seguro es menor que en otros sectores. Pero existe y queda corroborado no solo porque haya un consenso sobre la idea, sino por el consenso hacia la idea de la inexistencia de equidad de género en lo general y en lo laboral.

    4) También puedo concluir que sí existe una cultura del acoso y la violación. No, no son todos los hombres y seguramente no es mayoría la involucrada en este tipo de actos, pero sí es la suficiente cantidad como para que los hombres sepamos que tenemos responsabilidad en el tema, que seguramente tenemos conocidos que sí han acosado y tal vez violado a una mujer y que, desde nuestras trincheras, tenemos que construir una contención para evitar que este problema siga pasando.

    Está claro que hay una cultura que hay que cambiar desde abajo.

    Son libres de compartir este sondeo con quien quieran.

    Aquí puedes consultar el estudio completo

  • George Soros ya me mandó mi cheque

    George Soros ya me mandó mi cheque

    George Soros ya me mandó mi cheque

    ¿No se le hace raro que el lopezobradorismo y los sectores reaccionarios del país digan que George Soros está detrás del paro de las mujeres? ¿Por qué coinciden en ese argumento?

    La respuesta es simple, tienen un profundo interés en desacreditar dicho paro.

    ¿Pero por qué George Soros?

    George Soros es un multimillonario que tiene fundaciones que buscan promover la corriente de pensamiento que él defiende. Soros es un personaje influido por el filósofo Karl Popper. De hecho, su organización «Open Society» toma su nombre del famoso libro de Karl Popper «The open society and its enemies«. Entendiendo a Popper, se puede entender mucho del pensamiento de George Soros.

    A través de dicha organización (Open Society), George Soros busca promover una visión del mundo de economías y fronteras abiertas, y aunque se ha manifestado en contra de lo que llama el «fundamentalismo de mercado», su visión de la economía es, en general, capitalista. Así mismo, en el terreno de lo social George Soros defiende los valores progresistas como los que tienen que ver con el feminismo, el matrimonio igualitario entre otros, además de defender todo aquello que tiene que ver con democracia y libertad de expresión (al menos es lo que aparece en su página web). Ello lo hace en parte por medio de su universidad en su tierra natal, también ofrece becas y financia algunos movimientos sociales afines a su forma de pensamiento como Black Lives Matter.

    Soros también es conocido por ser un especulador de bolsa y poner a la libra esterlina en varios aprietos hace unos años. Ello seguramente ha abonado a la creación de este «gran enemigo».

    El problema es que los sectores reaccionarios han creado de George Soros algo así como un enemigo para hacer creer a la gente que hay una gran conspiración que está manipulando y utilizando a la gente para crear un gobierno global totalitario. Ese mismo discurso, que era más propio de las posturas reaccionarias, ha sido adoptado por el lopezobradorismo.

    Una cosa es que George Soros financie algunos movimientos sociales afines a su pensamiento o que otorgue becas a algunas feministas para estudiar género, y otra es afirmar que él sea la mano oscura que está detrás de ellos manipulando a la gente con el fin de «controlar el mundo», y que todo esto que estamos viendo en nuestro país es un «montaje de George Soros» quien, según dicen los pejistas, le paga a la comentocracia mexicana y a los medios de comunicación para «imponer el neoliberalismo a través del paro».

    Es curioso, porque mientras que los pejistas dicen que George Soros busca imponer el neoliberalismo (cuando él ha criticado eso que él mismo ha acuñado «fundamentalismo de mercado»), los reaccionarios dicen que quiere imponer el comunismo a través de lo que llaman la «ideología de género» (cuando Soros es más bien anticomunista).

    Porque en sentido estricto, hay muchas organizaciones y movimientos que reciben también apoyo de empresarios y gente que tiene dinero que quiere promover su visión del mundo. ¿Les suena CitizenGo? Esa organización es completamente análoga a lo que hace Open Society pero con ideales conservadores. ¿Les suena el Frente Nacional por la Familia? ¿O creen que no hay gente que financia las venidas de Agustín Laje a México? Y que ello ocurra no es nada anormal ni implica que «la gente está siendo sujeta a una macabra manipulación». Hay muchas organizaciones de distintas posturas ideológicas que buscan influir culturalmente, como think tanks de diversos tipos y colores, e incluso gobiernos que dan becas a personas de otros países para influir sobre dichos países.

    Es evidente que George Soros busca influir políticamente en Occidente a través de sus ONG que tiene en varios países. Otra cosa son los alcances irreales que los reaccionarios le atribuyen, como si él controlara o depusiera gobiernos o como si los mandatarios de las naciones fueran sus titiriteros, como si las causas sociales fueran una creación suya para hacerse con el «poder mundial». Ello es un despropósito absurdo.

    Comprendamos lo absurdas que son estas teorías de la conspiración: los sectores más reaccionarios de México dicen que George Soros quiere abrir las fronteras de Europa para destruir al cristianismo; sin embargo, es curioso que la postura de la Iglesia Católica sea más bien pro migrante, basta ver la crítica que el Papa Francisco le hiciera a Donald Trump al respecto. No solo ello, la misma Iglesia ha hecho una ardua labor para acoger a migrantes en diversas latitudes del mundo. ¿O a poco la Iglesia Católica se está dando un disparo en el pie de una forma tan ingenua?

    La figura de George Soros se convierte así en lo que fueron los Rothschild o los Rockefeller, millonarios de los cuales se crearon diversas teorías de la conspiración. E igual que como ocurrió con los Rothschild, dichas teorías de la conspiración tienen un dejo antisemita.

    George Soros como ese ser endemoniado que busca controlar al mundo se ha convertido en una herramienta para lograr persuadir a la gente por medio del temor y la sospecha en vez de hacerlo por medio de argumentos claros y específicos sobre por qué se deberían apoyar o no ciertas posturas. La verdad es que en estos debates George Soros se vuelve irrelevante, porque entonces tendríamos que hablar de las organizaciones análogas que están en el otro lado del espectro político, y que haya gente que financie algunos movimientos no me debería privar de decir si soy provida o proaborto o feminista, tradicionalista y un largo etcétera, y ello debería ser producto de mis convicciones.

    Este tipo de artimañas paranoides lo único que hacen es enturbiar la discusión y el debate privando a la gente de adquirir la información necesaria para poder tomar posturas de una forma más sólida y responsable.

    Ah, ¡Esperen! Me acaba de llegar el depósito de George Soros a mi cuenta perfiles, de 20 euros por escribir este artículo.