Categoría: temas polémicos

  • El derecho a criticar a quienes no les importa cuidarse de la pandemia

    El derecho a criticar a quienes no les importa cuidarse de la pandemia

    El derecho a criticar a quienes no les importa cuidarse de la pandemia

    Ya han pasado varios meses desde que la pandemia comenzó. Algunos llegamos a pensar, ilusamente, que para estas fechas podría estar relativamente controlada, lo cual está muy lejos de ser cierto. La realidad es que parece que tendremos que esperar a la vacuna.

    Mientras tanto, son centenas de personas que mueren diariamente en el país por el Covid. Más de ochenta mil del poco más de un millón de personas que han muerto en el mundo son de México.

    Y esto nos puso en un dilema: si nos quedamos en casa la economía se deprime y la salud mental de muchas personas se puede venir abajo, pero si todos salimos entonces serán más las personas que mueran y posiblemente los servicios de salud se saturen provocando la muerte de aún más personas.

    Pero este dilema no debería ser tan difícil de solucionar, habría que buscar un punto de equilibrio donde la gente salga de sus casas usando cubrebocas, respetando las medidas de sana distancia y evitando grandes aglomeraciones y tumultos. No es lo mismo que la vida normal, pero al menos así el impacto económico es mucho menor: la gente sale a trabajar, los jóvenes se divierten (con las evidentes limitaciones) y la situación se vuelve más llevadera. Con un escenario así, de menos podríamos ver menos contagiados y, por tanto, menos muertes.

    Esto es por lo que, en teoría, se ha apostado: un punto de equilibrio donde la vida sea lo más parecida posible a la otrora normalidad y con el número de contagios menos posibles.

    Pero aún así vemos a gente saliendo a las calles sin utilizar cubrebocas, bodas tumultuosas, reuniones grandes donde la gente incluso se burla del virus pensando que no les va a pasar nada, empresas que no toman medidas dentro de sus instalaciones. Las consecuencias se vuelven evidentes a los pocos días.

    Y aclaro, en esta crítica, que me refiero a las medidas que la gente está en su capacidad de hacer. Se comprende, por ejemplo, que mucha gente tenga que tomar el camión para trabajar o incluso tomar algunos riesgos porque si no, no come.

    Dentro de este contexto me he encontrado a mucha gente quejarse de las personas que critican a los que no obedecen las medidas e incluso sugieren que lo hacen desde una superioridad moral, como si se sintieran más que los demás. Dicen que son libres de hacer lo que sea e incluso aducen a argumentos supuestamente anticolectivistas para esperar que los demás respeten eso que consideran su libertad.

    Pero a esas personas se les olvida que viven en sociedad y se benefician de ella. Por más «libertarios» que pretendan ser, simplemente no podrían sobrevivir, ya no digamos tener la calidad de vida que ahora ostentan, si no estuvieran insertos en una sociedad armónica. Decir, «soy libre, no voy a usar cubrebocas porque nadie puede imponérmelo» es básicamente atentar con esa armonía social que, al mismo tiempo, les permite ejercer su libertad.

    Una sociedad libre no es una sociedad prehobbesiana: anárquica y sin reglas (la cual no podría ser llamada sociedad siquiera), las sociedades libres tienen reglas y normas para que los individuos puedan ejercer su libertad. Algunas de esas normas son institucionales mientras que otras son sociales y son sancionadas informalmente por la sociedad misma.

    Y bueno, lo normal es que si vivimos en una sociedad existan numerosas normas informales para evitar conductas que afecten a la sociedad en su conjunto. En este sentido, entonces debería ser normal que se reproche a la gente que no toma medidas porque ese reproche es racional:

    Es racional porque el perjuicio social de no obedecer las medidas es mayor que el beneficio individual de no seguirlas. Peor tantito, el perjuicio individual puede llegar a ser peor que el beneficio individual. Y decimos que el reproche es racional, al igual que es racional reprochar a aquella persona o empresa que contamina el agua para reducir gastos o a aquella persona que no obedece las leyes de tránsito poniendo en riesgo la integridad de automovilistas y peatones.

    Reprochar la conducta de los demás no es una conducta «antiliberal» como algunos argumentan. Por el contrario, el reproche se sirve de la libertad de expresión individual para sancionar socialmente a alguien más. El sujeto puede seguir actuando como quiera (a menos que haya normas institucionales al respecto) pero evidentemente el costo de hacerlo (impuesto por los demás en el ejercicio de su libertad) será más alto y más de una persona evitará caer en esas conductas para no ser reprochado por los demás.

    Hablar de superioridad moral es apelar al lugar común para restar importancia a la motivación del reproche. La verdad es que, en medio de la pandemia, con los sacrificios que mucha gente hace para evitar que más gente sufra y muera, lo menos que uno siente es coraje y la verdad es que la gente tiene derecho a externalizar dicho coraje.

    Y la gente no tendría por qué dejar de reprochar, incluso dejar de hacerlo sería irracional, porque más vale una persona más que esté molesta algún ratito por recibir reclamos que una más que falleció por el Covid.

  • Lo que debes saber sobre el Papa Francisco y sus declaraciones sobre la comunidad gay.

    Lo que debes saber sobre el Papa Francisco y sus declaraciones sobre la comunidad gay.

    Lo que debes saber sobre el Papa Francisco sus declaraciones sobre la comunidad gay.

    Existen personas que tienen tanto poder que les basta con pronunciar unas palabras para cambiar la realidad de muchas personas. Las declaraciones del Papa Francisco, quien dijo que las leyes de la unión civil deben de cubrir a homosexuales, van en este sentido y me voy a explicar:

    A pesar de que la Iglesia Católica como institución no vive sus mejores momentos, el Papa sigue siendo una figura que detenta una considerable cantidad de poder sobre millones de conciencias e incluso ejerce influencia sobre la opinión pública (incluyendo no practicantes o no creyentes).

    En este sentido los papas suelen ser mesurados, no suelen embarcarse en declaraciones que generen mucha polémica, tienen que cuidar mucho sus palabras porque un paso en falso puede llegar a trastocar los intereses de la Iglesia Católica.

    La Iglesia Católica, como cualquier iglesia, es conservadora por naturaleza. Dado que las iglesias pretende fungir como «guardianas» de valores morales, siempre se encontrarán en la retaguardia en cuanto a cambios sociales se refiere. Dado que son los dogmas y las creencias los que forman la estructura de la institución, ésta no puede darse el lujo de llevar a cabo cambios abruptos. Continuas reinterpretaciones de los textos sagrados solo generarían incertidumbre en sus devotos fieles. Si la Iglesia funge como el camino a la Verdad, entonces esta no podría ser cambiada una y otra vez porque si no dejaría de serla.

    Es cierto, la Iglesia ha cambiado con el pasar del tiempo, pero esos cambios han sido parsimoniosos. La Iglesia siempre ha, de alguna u otra manera, tratado de adaptarse a los tiempos en los que se encuentra inserta, pero también ha tratado de mantener muchos de sus dogmas y prácticas: al día de hoy las mujeres no pueden aspirar al sacerdocio y los sacerdotes no pueden contraer matrimonio.

    Y vale la pena decir todo esto para entender el contexto en el cual el Papa Francisco da su mensaje, el cual aparece en un documental. En este dice que

    «Las personas homosexuales tienen derecho a estar en una familia, son hijos de Dios, tienen derecho a una familia. No se puede echar de una familia a nadie, ni hacerle la vida imposible por eso» «Lo que tenemos que hacer es una ley de convivencia civil, tienen derecho a estar cubiertos legalmente».

    Es cierto, el Papa Francisco no ha dicho nunca que esté a favor de que el sacramento del matrimonio pueda otorgarse a personas del mismo sexo como algunas cabezales llegaron a asegurar o algunas personas llegaron a creer, ni habló de adopción, pero el simple hecho de sugerir leyes de convivencia civil para parejas del mismo sexo se vuelve algo importante para la comunidad LGBT, ¿por qué?

    Porque sus palabras legitiman a la comunidad gay, los incluye más, los reconoce y los coloca más al centro. Ciertamente no hay una inclusión total al permanecer el sacramento del matrimonio igual que siempre, pero sí es un paso adelante, sobre todo de reconocimiento y aceptación.

    Pensemos un poco. Son generalmente los sectores conservadores confesionales los que se han opuesto fervientemente al matrimonio igualitario, y es cierto que dentro de muchos de estos sectores la discriminación e incluso desprecio hacia la comunidad gay no son casos aislados. Las declaraciones del Papa (aún cuando no haya tocado el tema del matrimonio) restan legitimidad a las consignas de quienes ven la homosexualidad con malos ojos. El mensaje a los creyentes es claro: «no podemos seguir relegando a los homosexuales a la periferia, no los podemos seguir excluyendo de las familias».

    Sería iluso pensar que de buenas a primeras el Papa se atreviera a tocar el sacramento del matrimonio por muchas razones, recordemos que los cambios que da la Iglesia suelen ser parsimoniosos y esta no es la excepción. Hacerlo en el contexto actual podría suponer incluso un nuevo cisma dentro de la Iglesia, lo cual reduciría de forma considerable el poder social e incluso político que tiene. Un anuncio así podría provocar que muchos creyentes migren a otras iglesias cristianas más conservadoras (a los evangélicos les encantaría esto). Por eso la declaración del Papa Francisco, aunque algo revolucionaria, también es mesurada y parsimoniosa, y aún así genera ciertas resistencias en algunas personas que tendrán más problemas para ver en su religión un pretexto para seguir sosteniendo sus prejuicios. Incluso genera seguramente resistencias dentro del Vaticano, no es como que sea fácil para el Papa tratar de dar avances en esta materia y ello puede reconocérsele.

    Su mensaje no implica cambios estructurales en la Iglesia, pero sí promueve a sus feligreses un cambio de actitud hacia los homosexuales, y en muchos casos los cambios culturales (como el que promueve este mensaje) son condiciones ex ante para cambios posteriores que sí puedan ser más estructurales y sustanciosos.

    No es como que todos los sectores más duros vayan a cambiar de opinión, algunos tratarán de reinterpretar las palabras del Papa para que se acomoden a sus prejuicios (esos que son «más papistas que el Papa»), otros harán como que no pasó nada, pero seguramente estas declaraciones moverán a más de uno, le harán preguntarse si la homosexualidad es tan mala como piensa cuando su líder toma el camino opuesto. y es una buena noticia, porque además va en consonancia con la progresiva inclusión de la comunidad gay en la sociedad. Si la comunidad gay ha logrado, con el tiempo, incluirse cada vez más en la sociedad, un mensaje así ayudará a acelerar un poco más ese proceso.

    Todo esto es, sin duda, un reflejo evidente de la lucha que han llevado a cabo por colocarse al centro.

    Algunas personas argumentan hipocresía en la Iglesia al tomar una posición intermedia y no incluir a los gays en el sacramento del matrimonio. Es cierto que se trata de una inclusión «a medias», pero también es cierto que sería iluso esperar algo más. La sustancioso de la noticia no trata sobre la Iglesia, no trata sobre si «se está modernizando». Si la Iglesia es hipócrita, si ha tenido fallas, si lo hace para ganar devotos, si es una institución falible como todas las instituciones humanas, es un tema secundario aquí.

    Lo que importa son los efectos del mensaje, lo que importa es el efecto instrumental de aquello que se dice, porque a quienes más les debería importar lo que diga el Papa son aquellos sectores confesionales y devotos, muchos de los cuales suelen ver al homosexual con una mirada que, cuando no es de desprecio, es de profunda conmiseración.

    Para los gays que no son religiosos puede ser que si la Iglesia establece esto o aquello sea irrelevante, porque naturalmente no la obedecen ni la toman en cuenta siquiera, pero la progresiva apertura que es, a su vez, un reflejo y consecuencia de su lucha por abrirse camino, tendrá efectos en la sociedad creando una suerte de círculo virtuoso. Tal vez estos efectos no sean de la magnitud que quisieran, pero que sí implica un estadio mejor al actual.

    Y para los gays que son creyentes o religiosos la noticia será mejor aún, porque percibirán que una Iglesia de la cual se han sentido excluidos empieza, aunque sea de forma tímida y gradual, a tenerles una mayor aceptación.

    Al final, esto es un avance como tal y es reflejo de un proceso social en el cual la comunidad LGBT ha buscado ser incluida en el ethos social. Es una buena noticia por donde se le quiera ver, más allá de consideraciones, intereses y demás.

  • ¿Por qué odias a Jerónimo Zarco?

    ¿Por qué odias a Jerónimo Zarco?

    ¿Por qué odias a Jerónimo?

    Hace unos días apareció en redes (precisamente en Tik Tok) un adolescente de 16 años hablando sobre comunismo llamado Jerónimo.

    El chamaco es una persona de clase media-alta y hasta ha vivido en Estados Unidos. A juzgar por sus videos y por el hecho de tener una Mac (que seguramente sus papás le dieron) sabemos que no vive mal.

    Algunos medios lo abordaron porque se les hizo curioso ver a un jovencito hablando sobre Marx, el comunismo y demás corrientes de izquierda.

    Lo que me sorprendió fue ver todo ese cúmulo de reacciones de personas atacándolo, como si esperaran que diera una opinión digno de un doctor en filosofía o ciencia política. Lo criticaron por escribir «cosas marxistas» en su Mac, por hacer aseveraciones imprecisas, porque es de izquierda o porque es uno de tantos jóvenes que se sienten atraídos por las corrientes socialistas.

    Básicamente, lo que hicieron sus haters fue crear un alboroto: esos libertarios, o de derecha o conservadores que son muy inteligentes, leídos y sabiondos. Algunos hasta pedían no darle difusión. Y esos mismos «inteligentes, leídos y sabiondos» lo terminaron haciendo mucho más famoso. ¡Ah, qué contrariedad! Les ocurrió exactamente lo mismo que ocurre con los progresistas y su némesis el conservador Agustín Laje, quien ha visto en la reacción de los primeros una forma de tener más difusión.

    ¡Pero Jerónimo solo es un adolescente!

    No, no comparto muchas de las ideas de Jerónimo. Sí, le hace falta mucho «kilometraje», le falta mucha experiencia que vivir, pero ¿cuál es el problema? ¡Es un maldito adolescente!

    ¿A poco todos sus haters eran expertos en economía o política a los 16 años? Muchos posiblemente no sabían nada de eso siquiera. Seguramente algunos ni siquiera sabían quién era Marx.

    Resulta que cuando somos adolescentes muchos creemos en utopías, soñamos con un mundo idealizado donde no exista ni la guerra, ni la pobreza ni la injusticia. Él, como buen adolescente inquieto, se involucró en algunos activismos ambientalistas, leyó a Marx y se le abrió el mundo. ¿Y qué hay de malo en eso?

    Sí, luego va a crecer. Seguramente se va a dar cuenta que algunas cosas no son como creía, que el socialismo ha sido un fracaso. Posiblemente lea Gulag Archipielago y se dé cuenta de que los experimentos comunistas resultaron muy mal. Seguramente va a obtener un trabajo, va a ganar dinero y va a pagar impuestos. Es muy posible que en el futuro tome posiciones más moderadas y matizadas (como suele ocurrir en muchas ocasiones): tal vez se convierta en un socialdemócrata, en un liberal, no lo sé.

    Pero todo ese conocimiento que está adquiriendo (aunque pueda terminar criticándolo en el futuro o termine desencantándose de sus ideales primigenios) le va a ayudar, lo va a hacer más culto. Una persona, incluso de derechas, que sabe de Marx, es más culto que una persona que conoce poco de él.

    Para meterse en el mundo de la política hay que empezar por algún lado, y él dio ese paso. La inquietud tiene que venir de algún lado, y a él le vino de la izquierda.

    Si algo reconozco, a pesar de tener fuertes discrepancias ideológicas, es que es un joven abierto. Se ve que, en su corto recorrido en su interés por la política, se ha tomado la molestia de contrastar opiniones. Se ha molestado en confrontarse con George Orwell cuya crítica al comunismo soviético es sublime. No veo en Jerónimo a alguien que se sienta que se las sabe de todas todas, ni se parece a algunos de esos izquierdistas universitarios arrogantes.

    Lo más curioso es que, con todo y que es evidente que le falta un largo camino filosófico e intelectual que resolver, estoy seguro que hay cosas que él sabe y que muchos de sus «críticos grandotes» no. Hay gente que anda treinteando o cuarenteando y se rehusa a leer a Marx, o cree que leer a Marx te va a convertir casi por antonomasia en un defensor de la URSS. ¡Por favor!

    Toda persona que esté interesado en la política tiene que leer a Marx, tiene que abrir El Capital y tiene que entender qué es el materialismo histórico dialéctico (así como creo que debe leer a Adam Smith y otros pensadores).

    Leo algunas personas preocupadas porque Jerónimo va a propagar sus ideas de «izquierda», casi como si ello fuera a implicar que su presencia va a convertir a México al comunismo, pero las ideas no se censuran, se confrontan y se rebaten. ¿Qué tiene que una persona quiera hablar sobre comunismo? ¿Qué tiene que otra quiera hablar de conservadurismo, de liberalismo, de feminismo o qué sé yo? Mientras dicha persona no tenga la intención explícita de atentar contra la dignidad de alguien más se le debe dejar hablar.

    Y mejor que sobren voces de todo a que falten. En una sociedad abierta debemos valorar la pluralidad de opiniones. Ello fomenta el debate y el contraste de argumentos, algo a lo que parece nos estamos desacostumbrando en ambos lados del espectro político.

    ¿Y si se hace famoso, qué? ¿Y si a algunos les gusta, qué? ¿Y si no sabe más que cualquier otro joven que se obsesiona con el marxismo y aún así se convierte en influencer, qué?

    Para concluir, debo insistir en que, contrario a los deseos de muchos, mientras haya libertad de opinión y democracia, siempre habrá algo así como gente de izquierda o gente de derecha. No es como que si evitamos que los jóvenes escuchen a Jerónimo la izquierda va a desaparecer y el mundo se va a volver «de derecha» (ni viceversa). Quien piense eso no sabe cómo funciona el mundo y poco entiende de la condición humana.

    ¿Cuál es el problema?

  • Del Zoom a la TV Abierta. La brecha tecnológica en la educación en tiempos pandémicos

    Del Zoom a la TV Abierta. La brecha tecnológica en la educación en tiempos pandémicos

    Bien sabido es que la pandemia nos ha prohibido tener clases presenciales.

    Y cuando hablamos de ello, lo primero que se nos viene a la mente a quienes formamos de esa minoría privilegiada llamada «clase media» (de igual forma ocurre con la clase alta) son las clases remotas con Zoom, Blue Jeans o Microsoft Teams.

    Pero lo cierto es que ese es un lujo que muchos mexicanos no se pueden dar. No solo aquellos que no tienen acceso a Internet, sino muchos otros que sí tienen acceso pero de una forma precaria: aquellos que viven en lugares donde la conexión no es estable o aquellos que tienen Internet solamente en sus dispositivos móviles, los cuales, por cierto, son de gama baja. Ello también es un problema por si habías tenido la «asombrosa idea» de que se conectaran por ese medio.

    A todos estos sectores solo les queda una opción: las clases por televisión (esas que se están transmitiendo por Televisa). Y ese mundo es diametralmente distinto a nuestro mundo de «estudios de forma remota con actividades asincrónicas (como se les llama a las tareas en esta modalidad)».

    Actualmente estoy viviendo la experiencia de estudiar el primer semestre de la maestría en el CIDE de forma remota, y si bien creo que nada cambia la experiencia de las clases presenciales (la convivencia en persona con tus compañeros-colegas y con los profesores, el hecho de que puede ser más incómodo estar sentado frente a una pantalla que en el aula), la verdad es que funciona bien. No es lo mismo, pero se le parece. La calidad de la educación que uno recibe es similar.

    Las clases por televisión son otro mundo. Allí la interacción simplemente no existe y ello es una gran desventaja. El estudiante se convierte en un consumidor pasivo de información que le es dada en una pantalla. Pero ¿qué pasa si tiene una duda? ¿Qué pasa si no entendió bien? A lo mucho, podría echarle una llamada a su profesor, pero no es lo mismo, ya que el recurso visual es indispensable. ¿O cómo es que un profesor podría explicarle por teléfono al alumno cómo resolver una ecuación cuadrática?

    Las clases «a distancia» no son una novedad en sí (la novedad es que los colegios que dan clases presenciales hayan tenido que trasladarse a esta modalidad). Experiencia sobre cómo hacerlo hay de sobra (muchas instituciones ya daban cursos en línea a través de plataformas como Coursera o EdX y el reto no va mucho más allá de capacitar al profesorado para que hagan bien su trabajo y acostumbrarse a la modalidad. Las inconveniencias se arreglan en el camino y a través de la experiencia. La interactividad ayuda a que el sistema mismo se retroalimente y vaya mejorando.

    Pero con el sistema de clases por televisión no ocurre lo mismo. Éstas tienen una curva de aprendizaje más elevada y, como la dinámica no es interactiva sino pasiva, es más difícil percatarse de qué tan bien o qué tan mal está funcionando, lleva más tiempo.

    https://www.youtube.com/watch?v=cF8-QAsgkaI

    Es el sistema centralizado (el gobierno) el que carga con la mayor parte de la curva de aprendizaje, y generalmente los incentivos para ello son menores (basta ver la mala calidad de los contenidos preliminares como los del video). Seguramente muchos maestros harán su lucha y pondrán todo su esfuerzo para tratar de auxiliar a los alumnos, pero la brecha tecnológica siempre será un problema.

    En las clases remotas el profesor solo tiene que hacer lo que siempre ha hecho pero de forma virtual: no tiene pizarrón pero tiene el iPad. Basta con que esté bien capacitado para que la calidad de la educación sea casi la misma que la clase presencial. De hecho, el profesor puede valerse de muchos recursos tecnológicos que son tan útiles que seguramente van a perdurar incluso cuando regresen las clases presenciales.

    En las clases por televisión la dinámica cambia drásticamente. ¿Cómo hacer que el alumno, que ahora no está en un aula sino frente a la televisión, pueda tener un mayor aprovechamiento educativo? ¿Cómo es que deben ser mostrados los contenidos para que el alumno aprenda, no se canse o no se distraiga? ¿Cómo hacer para que la calidad de la educación no caiga dado que el alumno tendrá muchos más problemas para hacer preguntas al maestro y donde la interacción es prácticamente nula? Ello implica todo un replanteamiento de los métodos pedagógicos, lo cual hace la curva de aprendizaje todavía más grande.

    Así, la brecha tecnológica trae ganadores y perdedores.

    Todos aquellos que tienen la capacidad tecnológica de tomar clases de forma remota no verán cambios drásticos en el aprovechamiento de la educación. Los que no tienen ese privilegio estarán en desventaja. Ya de por sí la educación que reciben los sectores con menos recursos deja mucho que desear.

    Imaginemos lo que puede ocurrir cuando a un sistema educativo, ya de por sí problemático, se le despoja de la interactividad y convierte al alumno en un ser pasivo. Éste tan solo debe estar callado mirando la pantalla sin poder preguntarle nada a nadie y mucho menos puede pedir al profesor que repita el problema que no entendió.

    Es evidente que el aprovechamiento no va a ser el mismo y la brecha tecnológica acentuará más la brecha educativa, donde los más pobres estarán todavía peor educados. A ellos lo mejor que les podría pasar es que la pandemia termine pronto para que sea el menor tiempo posible el que deban estar pasivos frente a una pantalla a la que no le pueden preguntar nada.

  • Lysenko Laboratories presenta:

    Lysenko Laboratories presenta:

    Lysenko Laboratories presenta:

    Después de más de seis meses, o bien, solo seis meses después, se acaba de anunciar la primera vacuna contra el Covid-19.

    Evidentemente, esto ocurre en un contexto donde existe una fuerte urgencia y presión (social, política y económica) de detener la pandemia a como dé lugar. La pandemia ha causado estragos económicos, ha afectado intereses políticos y ha creado problemas sociales.

    Dentro de esa presión también existen intereses geopolíticos. Las naciones saben muy bien que subirse a ese carro les puede traer muchos réditos, las farmacéuticas también lo saben. Estos intereses (político-económicos) están, en este contexto, alineados hasta cierto punto con los intereses de la gente. Tanto a las élites económicas, políticas, así como la sociedad en su conjunto les urge que haya una vacuna.

    Pero ello no quiere decir que dicha «alineación de intereses» sea perfecta, y Rusia es un caso.

    En la batalla geopolítica, Rusia dio un golpe mediático al anunciar la primera vacuna creada por el Instituto Galameya. No fueron ni los estadounidenses ni los chinos (como se sugería) quienes lo hicieron, sino los rusos. Hasta tuvieron el descaro de ponerle el nombre de Sputnik-V (en alusión al primer satélite lanzado por la URSS al espacio dentro de la carrera espacial que tuvieron con los EEUU).

    Pero luego vienen los problemas: si bien el propio Vladimir Putin asegura que la vacuna es eficaz y otorga inmunidad estable, lo cierto es que los rusos se saltaron los protocolos y el proceso de registro. Esta movida por parte de los rusos ha recibido críticas por parte de la OMS y parte de la comunidad científica.

    A diferencia de la guerra espacial que trajo muchos avances científicos, las prisas con el afán de figurar y dar golpes mediáticos pueden causar serios efectos adversos, sobre todo cuando dichas prisas provocan que se salten los protocolos y los métodos para garantizar la efectividad . Que Putin presuma que su hija ha tomado esa vacuna (ni siquiera hay forma de verificarlo, menos en un régimen autocrático) no prueba nada y no puede sustituir a los rigurosos métodos a los que se tienen que someter las vacunas y medicamentos antes de sacarlos al mercado.

    Los rusos podrán presumir que sacaron la primera vacuna, pero no necesariamente la más efectiva ni la mejor ni la más recomendable. Puede que en sentido estricto sí hayan sido los primeros, pero antes de darles cualquier aplauso hay que contextualizar y comprender que lo hicieron a costa de los rigurosos procesos necesarios para lanzar una vacuna eficaz y segura.

  • La Combi

    La Combi

    ¿Por qué un video del asalto frustrado en una Combi refleja tantas cosas de nuestra sociedad y organismos de justicia? ¿Qué conclusiones podemos sacar de lo que ocurrió ahí?

    Vivimos en una sociedad rota, en un orden social e institucional que es injusto.

    Pero no solo es injusto con los pobres, quienes no tienen acceso a herramientas para superar su condición, sino que lo es con la población en general porque no son pocas veces las cuales quienes han sido violentados o agredidos por el crimen ven que los organismos de justicia funcionen a su favor. La impunidad en el país es terriblemente alta: la mayoría de los crímenes no son castigados.

    Que un conjunto de pasajeros haya decidido agredir a su victimario (el asaltante) es prueba de ello, de la ausencia de las instituciones para hacer justicia.

    Esa reacción, por más «escabrosa» les pueda sonar a algunos, es normal: si un ser humano es atacado, agredido o su integridad es puesta en riesgo, y si se encuentra en una posición que pueda defenderse, no solo buscará neutralizar al enemigo, sino que, producto del coraje y la impotencia, reaccionará de forma virulenta.

    Evidentemente, este tipo de reacciones conllevan un riesgo y por eso la justicia institucional es necesaria. El castigo puede no ser proporcional al crimen. Quienes están pateando a los delincuentes, debido a que están envueltos en coraje, pueden llegar a provocar daños al delincuente (o incluso privarlo de su vida, sin que esa sea la intención explícita de los agredidos) que no padecería en caso de que los organismos de justicia aplicaran un castigo proporcional al crimen. También es posible que, producto de la misma virulencia y enojo, un conjunto de personas terminen agrediendo a una persona que es inocente.

    Pero los culpables no son ellos, los responsables de que esto suceda son las instituciones que no han logrado proteger a los ciudadanos. Al no haber un sistema de justicia que me proteja, tengo solo dos alternativas: o dejarme asaltar o navajear por el delincuente, o irme contra él y agredirlo. Evidentemente, no se me puede pedir que opte por la primera, y es cierto que en el caso de la segunda no es como que vaya a pensar en aplicar un castigo muy justo y medido, sino que me lanzaré contra mi agresor envuelto en un fuerte sentimiento de coraje y encono.

    Mucha gente vio con gusto este video. No sé si ello nos debiera preocupar o no, pero también es, en cierta medida, una reacción consecuente: muchas personas en México han sido asaltadas o temen que las asalten, que los delincuentes les hagan algo a ellos o a sus seres queridos. No son pocas las historias de secuestros, de personas que perdieron a sus padres o sus hijos producto de los delincuentes mismos.

    Por otro lado, es un terrible error romantizar la delincuencia. Hay voces que nos señalan que el ladrón lo es producto de un orden social injusto, poco equitativo o de una sociedad quebrada. Es cierto que condiciones así fomentan la delincuencia, y es cierto que ello hay que saberlo para diseñar mejores políticas para combatirla, pero ni el contexto ni la circunstancia puede eximir los actos en contra de una persona inocente. El delincuente tiene libre albedrío y no es un mero autómata como para pensar que su condición le obliga como por simple reflejo a actuar así.

    Es cierto también que muchos de los delincuentes no lo hacen por mera necesidad. La gran mayoría de ellos, aunque vienen de sociedades fracturadas, no roban para «llevar pan a su casa» (menos con un arma que cuyo costo tiene tres ceros cuando mínimo), sino para tener más recursos y comodidades a costa de los demás. Para la mayoría de los delincuentes, su actividad es una profesión y no un «instinto de supervivencia».

    El acto de delinquir debe ser igualmente reprobado sin importar si se trata de un empresario que desvió recursos o un chavo banda que asaltó a un grupo de personas con una navaja. Todos esos actos tienen un perjuicio para personas inocentes. ¿Por qué gente inocente tendría que pagar por el hecho de que el delincuente viva en «una situación difícil», si fuera el caso? ¿Por qué tendría que acceder a que me roben mi celular y me den de navajazos nada más porque el ladrón es «víctima de la desigualdad»?

    La respuesta ante todo esto es la necesidad de un Estado de derecho e instituciones fuertes y justas, que trabajen para todos y no solo para unos cuantos. Es imperativo también un orden social más meritocrático, donde quienes se encuentran en la base de la pirámide social tengan las herramientas para que mediante su esfuerzo y talento puedan aspirar a una mayor movilidad social. El problema del crimen debe ser atacado desde ambos flancos: 1) el preventivo, que debe sí, tener un enfoque social que busque fortalecer el tejido social al crear un orden más justo y 2) el correctivo, donde quien delinque reciba un castigo categórico, pero justo y proporcional a su crimen para evitar que vuelva a delinquir y sea realmente reincorporado a la sociedad después de haber cumplido su pena.

    Mientras eso no exista, la gente seguirá haciendo justicia por cuenta propia. Y es natural que suceda cuando no hay nadie que la proteja.

  • Era tan grande que la tenía doble: Reflexión sobre la doble moral en tiempos de Internet

    Era tan grande que la tenía doble: Reflexión sobre la doble moral en tiempos de Internet

    Era tan grande que la tenía doble: Reflexión sobre la doble moral en tiempos de Internet

    Generalmente, se suele asociar la doble moral con el conservadurismo religioso, aunque últimamente también ocurre con los progresistas (como algún «aliado del feminismo» a quien se le descubrió un acto sumamente misógino o el simpatizante mexicano de Black Lives Matter que se refiere a la señora del aseo de forma despectiva).

    La doble moral no tiene ideología y se puede manifestar en cualquier corriente de pensamiento, aunque se vuelve más notable en aquellas corrientes que le demandan al individuo un fuerte compromiso con los ideales que las conforman (independientemente de las razones por las que se ha comprometido, si son legítimas o no). Ejemplos son los esquemas que tienen cierta carga de idealismo como varias causas progres así como los dogmas religiosos.

    Ya que dichos ideales tienen una mayor carga sobre el individuo, entonces se necesita más tesón y sacrificio para cumplirlos. Si las expectativas que recaen sobre la forma en que se deben manifestar dichos ideales (el deber ser) son muy altas, entonces más dificultades habrá para cumplirlas hasta un punto en el cual será prácticamente imposible hacerlo, más aún si dichos ideales implicaran confrontar los límites de la condición humana.

    Este conflicto, donde los ideales defendidos son más difíciles de cumplir de lo que parece, se acrecienta si el individuo vive en una sociedad donde dichos esquemas tal y como cree que deben de ser no están normalizados y donde el incentivo para romperlos es mayor, como cumplir cabalmente con el dogma religioso cuando la mayoría no lo hace o promoverse como un gran «aliado del feminismo» en una sociedad donde el machismo es común.

    Empeora la situación el hecho de que el individuo presuma esos ideales con ahínco e incluso se los exija a los demás (eso que ahora llaman virtue signaling, que aunque suena novedoso por su manifestación en las redes sociales, es algo que siempre ha existido). De hecho, es lo común ya que quien suele defender ciertos ideales se siente privilegiado (por ser conocedor de dichos ideales así como sus fines) y siente que tiene un deber moral en promoverlos. Pero no es lo mismo promoverlos que sostenerlos en la cotidianidad.

    Esta fricción y falta de correspondencia entre la promoción de los ideales que representan el deber ser (que, como tales, siempre tienen una carga moral) y la forma en que los adoptamos para nosotros en nuestra vida cotidiana y que representa el ser, es lo que conocemos como doble moral.

    No tiene nada de malo defender ideales, terrible sería recomendar a mis lectores el nihilismo para evitar cualquier posibilidad de conflicto. Para evitar la doble moral se necesita autoconocimiento y una reflexión profunda de sí mismo: el individuo debe reconocerse como un ser imperfecto que puede fallar y que, antes de recriminar el comportamiento de los demás, debería asegurarse ser congruente entre lo que dice y hace.

    Llevar los ideales a la práctica es tal vez lo más complicado, porque requiere más esfuerzo y autocrítica que el acto de presumir tener ciertos ideales y señalar a los demás a partir de ellos.

    En el corto plazo hay más incentivos sociales para presumir defender tales ideales que para llevarlos a cabo y que explican en parte la manifestación de la doble moral. Si bien, todos podemos a llegar a caer en ella, quien cae una y otra vez en cuestiones de doble moral termina, en un momento u otro, exhibido como un estafador y con su honor en serio entredicho.

  • El dióxido de cloro, el Covid-19, la ciencia y el miedo a la incertidumbre

    El dióxido de cloro, el Covid-19, la ciencia y el miedo a la incertidumbre

    El dióxido de cloro, el Covid-19, la ciencia y el miedo a la incertidumbre

    Evidente es que hay quienes temen contagiarse de Covid-19 y que sus vidas corran peligro.

    El temor se acrecienta al saber que, al día de hoy, no hay forma de paliar el riesgo más allá de las medidas que ya todos conocemos (sana distancia, cubrebocas, lavarse las manos y procurar tener un buen sistema inmune).

    A los seres humanos nos suele ser incómoda la incertidumbre, queremos sentirnos seguros y tener certeza sobre lo que va a pasar, pero no siempre está en nuestras manos evitar esa incertidumbre y, ante un escenario así, solo se pueden hacer dos cosas.

    1) Podemos abordarla con cierto estoicismo aceptando que no tenemos el control sobre todo lo que nos rodea y que deberíamos enfocarnos en lo que sí podemos hacer (y que no mucha gente hace, basta salir a la calle para ver cuántas personas no usan cubrebocas).

    2) O podemos engañarnos y tratar de construir, dentro de nuestra mente, la creencia de que nos encontramos completamente seguros cuando no es así.

    El dióxido de cloro (como producto milagroso) se ha vuelto popular básicamente porque la gente tiene una gran necesidad de sentirse segura y de que creer no le va a pasar nada. Si tomo dióxido de cloro no me va a dar Covid-19 o, en todo caso, si me infecto, me voy a salvar y no me va a pasar nada.

    No voy a profundizar en cuestiones médicas, aquí puedes ver más información al respecto. Lo que sabemos es que el dióxido de cloro no está avalado por la ciencia, es cierto que puede matar virus en superficies, pero eso no significa que lo haga en nuestro cuerpo (en ese caso deberíamos comer jabón o arrojarnos spray de Lysol en la boca. No hay estudios científicos que digan o sugieran que el dióxido de cloro previene el Covid-19 y sí charlatanes.

    Peor aún, es posible que el producto desincentive la toma de medidas necesarias: por ejemplo, que una persona relaje las medidas preventivas porque se siente protegida con el dióxido de cloro.

    Seguramente habrá algún incauto que me hable de una «conspiración de las malvadas farmacéuticas», pero se trata de ser críticos y sensatos. Si algo ha quedado muy en evidencia es que tanto a la comunidad internacional como a los «grandes capitales» les urge que la pandemia sea controlada lo antes posible por la pérdida de ingresos producto de la depresión económica. Por eso es que se están desarrollando vacunas en tiempo récord como nunca antes en la historia. Si el dióxido de cloro funcionara, ya habría sido promovido (incluso contra los intereses de las «malvadas farmacéuticas»).

    Lo cierto es que si algo no está avalado por la ciencia no debe consumirse, no es que la ciencia sea perfecta ni que nunca se equivoque, pero es mucho más precisa que las meras opiniones. Si alguien cree que el dióxido de cloro puede prevenir o combatir el Covid-19, entonces debería hacer un estudio científico (que no existe) para demostrar su efectividad y, solo entonces, debería ser consumido. Mientras ello no exista, es irresponsable consumirlo y recomendarlo.

    Lo que hoy sí existe son estudios que sugieren que este producto, que no es un medicamento, puede ser tóxico para nuestro organismo.

    Los testimonios personales no sirven como evidencia científica. He escuchado varios casos de personas que aseguran haberse curado del Covid-19 con el dióxido de cloro o aseguran no haber tenido síntomas fuertes, pero ello en realidad es un efecto placebo, ya que en la práctica sólo una minoría de todos los infectados fallecen o terminan en estado grave en el hospital.

    Otras personas afirman que en el pasado homeópatas les habían recomendado tomar dióxido de cloro y que se curaron gracias a ello, pero basta recordar que la homeopatía es una pseudociencia.

    Existen una supuesta organización de médicos que está pugnando para demostrar su eficacia (seguramente ya habrás escuchado de ellos en Grupo Imagen), pero nada más no lo han comprobado. Basta ver el portal que tienen y el tipo de contenidos que manejan para darse cuenta de que no se trata de una organización confiable.

    El problema es que, dado que esta sustancia milagrosa ha adquirido fama en América Latina (mucho menos que en países desarrollados), muchos han visto en este producto una gran oportunidad de negocio, con lo cual se propaga y difunde más esta falsa solución, y ello ocurre por lo que mencioné al principio de este artículo: la gente quiere evitar la incertidumbre a toda costa.

    Para terminar, les comparto este video sobre el dióxido de cloro que me parece aborda muchos puntos importantes y más que nada les recomiendo consultar los enlaces que aparecen debajo del video.