En la conferencia magistral que ofreció Macario Shettino en el auditorio de la Universidad de Colima, llamada “El Entorno Nacional, una década de cambio”, el analista político y columnista de El Universal instó a la gente a que participara más en el destino de México, en vez de sólo quejarse. “…en lugar de criticar y atacar a los políticos, hagamos un esfuerzo para que vivir en este país valga la pena y le heredemos un mejor México a nuestros hijos”, dijo.
Coincido con lo que el también profesor del Tecnológico de Monterrey dictó en su lectura. Creo que una democracia como tal sólo puede existir cuando la ciudadanía participa del entorno político, cuando nos volvemos proactivos en lugar de reactivos e inferimos positivamente en el país. Pero también considero que es nuestro derecho y obligación ciudadana el vigilar a políticos y funcionarios públicos, quienes más de una vez han demostrado tener las uñas bastante largas e intereses demasiado personales.
El paternalismo que ha operado en México desde que culminó la Revolución Mexicana nos ha acostumbrado a dejarles la política a los políticos, y permitir que ellos nos traten como si fuéramos sus hijas o hijos, dándonos todo aquello que necesitamos para vivir una vida libre y plena. Los problemas de este modelo son múltiples, primero porque las necesidades de los mexicanos no se cubren automáticamente; segundo, porque aceptar un paternalismo es también admitir que como ciudadanos o ciudadanas no tenemos la suficiente capacidad como para tomar decisiones sobre lo que mejor nos conviene, aun cuando esto esté directamente relacionado con nuestro bienestar; y tercero, porque un buen hijo o hija no cuestiona a sus padres, sino que acepta lo que ellos consideran es lo mejor para nosotros.
Mas la esencia de la democracia es completamente opuesta a esta mentalidad, pues para que funcione, ella requiere de la participación del pueblo en la toma de decisiones, y que éste se encargue de que los funcionarios públicos en el poder honren los intereses de los gobernados, sin abusar de su puesto. Necesita que las y los ciudadanos hagan uso de su voz y exijan que se transparenten las cuentas públicas, e incluso que se dé marcha atrás a decisiones tomadas que únicamente favorezcan a un círculo cercano a los que están en el poder.
Si la gente deja en manos de unos cuantos –casi todos con intereses partidarios– las decisiones que nos afectan a todos, esperando que de entre ellos o ellas surja una voz que coincida con lo que queremos, podría pasar el resto de su vida esperando en vano, convirtiéndose en víctima de su propia apatía. De poco sirve quejarnos si no tomamos las acciones que garanticen el cumplimiento de nuestras demandas.
Los partidos políticos en esencia concretan el propósito de llevar esa voz al poder, pero si la visión con la que observemos al país se encuentra teñida de uno u otro color, no seremos capaces de ver la gama completa que se necesita para ejercer lo que el oficio requiere, que es velar por los intereses de la totalidad de las y los mexicanos. Tampoco nos permitiría mirar las fallas de los integrantes distinguidos de los partidos, por el miedo de que esto les haga perder votos en las siguientes elecciones, con lo cual seguiríamos atascados en los mismos errores que imposibilitarían la acción de la justicia, que contribuye a la corrupción e impunidad de la que México es víctima.
Los sectarismos y las divisiones ficticias que esto crea afectan el desarrollo de nuestra nación, la cual parece enfrascada en un eterno periodo electoral, en donde pareciera que nos preocupamos más por la imagen que por el contenido, lo que hace que se pospongan acciones necesarias para el sano desarrollo nacional, hasta que los problemas nos explotan en la cara.
La única forma en la que este país puede salir adelante es si todas y todos nos hacemos responsables de lo que acontece, aceptando que fue tal vez nuestra inacción lo que nos llevó a la situación actual, y tomando una actitud proactiva, vigilante y de unión; olvidándonos de partidos y dejando de mentirnos internamente sobre la irreprochabilidad de los mismos, estando conscientes de que, cual reflejo de nuestra humanidad, éstos están llenos de errores y de faltas, pero que también son susceptibles de evolucionar para mejorar o empeorar, según la gente que permitamos que se apodere de ellos.
Manuel J. Clouthier, también conocido como Maquío, dijo en una ocasión: “México va a cambiar, contigo, sin ti, o a pesar de ti”, sin embargo, es el cambio la única constante en nuestra existencia, no podemos controlar esto porque es parte del orden natural, lo que sí podemos dirigir es nuestra participación en el cambio que queremos, para convertirnos en luchadoras y luchadores sociales, en lugar de seguir siendo víctimas inactivas.
España ha mantenido atentos a todos los televidentes y cibernautas alrededor del mundo estas últimas semanas. Existen dos razones muy contundentes para captar esa atención. La Champions League, competición en la cual el equipo del Barcelona ha demostrado su poderío futbolístico, como si de algo extranormal se tratara (en la final al Manchester United no le dejó ni siquiera tocar el balón) y la Spanish Revolution, donde la crisis económica y los altos índices de paro son tan impactantes como la forma de jugar del Barcelona. Vaya, era igual de difícil que el Chicharito metiera un gol a que un español promedio pudiera encontrar empleo.
Algo que me gusta mucho de países como España, Francia, Inglaterra, e inclusive casi toda Europa, es que la gente hace lo posible por valer sus derechos y peticiones. No son una sociedad apática, por el contrario, son una sociedad brava que ante cualquier desliz de los gobernantes, salen a las calles y manifiestan sus inconformidades; y vale decir que muchas veces lo logran. En Inglaterra cuando la neoliberal Margaret Tatcher llegó al poder, se propuso privatizar todo lo que había por privatizar, todo lo que era del estado le daba «asquito». Apuntó al sistema de salud público (que es uno de las más eficientes del mundo) y no se atrevió a tocarlo. Sabía lo que iba a pasar, la gente iba a salir a las calles e iban a armar una revolución. Para los ingleses la cobertura de salud universal es intocable. Gracias a la gente, los ingleses siguen gozando uno de los mejores servicios de salud del mundo, por encima del servicio sanitario de los estadounidenses (que es manejado por empresas privadas).
A veces, actuar bajo un influjo excesivo de los sentimientos no es bueno, porque esta actitud bloquea el uso de la razón y del análisis de las cosas. El exceso de idealismo, de creer fervientemente en algo porque una persona (un lider) lo dice o por seguir a las masas (está comprobado, que por más se masifica una ideología o forma de pensamiento, la capacidad del debate y análisis se deterioran) puede incurrir al sujeto a caer en el error. Y en esta semana hubo dos muestras de que efectivamente es así. Vamos a comenzar por el caso de España.
1968 fue el marco de muchas protestas estudiantiles en diversos países, se dieron casi al mismo tiempo, (aunque nuestro 1968, el de Tlatelolco, fue diferente a los demás por el nivel de represión que hubo). Dichas protestas se dieron tanto en países capitalistas como comunistas, había un gran descontento con los gobiernos por parte del pueblo y algo tenía que cambiar. Exigían reformas, cambios, más libertades, más empleo, etc… Algunas cosas se lograron, otras no, pero algo cambió.
Muchos de los que ya me han leído en este sitio conocen mi posición frente
Nuestra ciudad esta viviendo un fenómeno muy positivo, la participación ciudadana también se esta democratizando, pues ésta, ha encontrado nuevas formas de hacerse visible.
Llegué en un taxi a la Plaza Juárez en frente del Parque Agua Azul, no pensaba llevarme el carro porque sabía que encontrar estacionamiento iba a estar muy difícil. En dicha Plaza Juárez había una multitud vestida de blanco cargando globos blancos con helio que representaban la paz. Había gente con pancartas, carteles, y una especie de protesta creativa contra los «efectos colaterales» de la guerra del narcotráfico por parte de la FEU que consistía en unas siluetas con la descripción de los acaecidos en la guerra. No tarde en encontrar a mis amigos de