En el libro de Julia Álvarez, que inspirara después la película del mismo nombre, En el tiempo de las mariposas, protagonizada por Salma Hayek y dirigida por Mariano Barroso, se relata la historia de las hermanas Mirabal, activistas políticas que fueron brutalmente asesinadas por orden del dictador de la República Dominicana, Rafael Trujillo.
Su historia es la representación de la lucha de las mujeres contra el patriarcado, donde la feminidad se extiende más allá del cuerpo para cubrir a todo el territorio nacional, donde Trujillo fungía como el padre, el esposo, el benefactor y el violador de la tierra y la gente que allí habitaba.
Recordando este atropello fue que en 1981, durante el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, que tuvo lugar en Bogotá, Colombia, se decidió conmemorar el 25 de noviembre como el Día Internacional por la No Violencia contra las Mujeres, y el 17 de diciembre de 1991, la Asamblea General de las Naciones Unidas lo declaró como el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, destinado a organizar actividades para sensibilizar a la población sobre esta problemática. Sin embargo, a pesar de haber transcurrido 20 años desde su implementación, la violencia contra las mujeres no ha disminuido.
Quizás para muchas personas la violencia hacia las mujeres no forme parte de su realidad, pero si esto es así no es porque no ocurra, o porque no la atestigüen, sino porque no la saben reconocer como tal. Al día de hoy los actos violentos contra el género femenino están tan naturalizados que se pasan de largo, aun cuando ocurren frente a nuestros propios ojos.
A pesar de vivir en los albores del nuevo milenio, todavía se observa con cierta “normalidad” que la esposa pida permiso al marido para salir o hacer una compra importante, e incluso se acepta el que éste se lo niegue, o que le prohíba ir a la calle vestida con determinado tipo de ropas.
Las jovencitas, adolescentes y muchas mujeres adultas no presionan a sus parejas a usar protección durante el sexo, dejándoles esta decisión a ellos, y pidiéndoles permiso para usar pastillas anticonceptivas, como si las consecuencias corporales más comunes, como el embarazo, fuera algo con lo que ellos –y no ellas– tuvieran que lidiar después.
Se observa como “normal” que después de un largo día de trabajo, los hombres lleguen a su casa a relajarse, cenar, tomar alguna bebida y sentarse frente al televisor, mientras las mujeres llegan a cumplir una doble jornada que implica limpiar la casa, hacer de cenar, lavar y planchar ropa, además de atender a los y las niñas. Algunos hombres podrían asegurar que ellos no las obligan a hacerlo, o que ellas no les piden su colaboración, pero esto se deriva de un entendido tácito que se remonta a la retrógrada mentalidad de que son las mujeres las que deben atender la casa, o ¿por qué no ocurre al contrario?
También nos hemos acostumbrado a que los hombres nos celen al grado de no permitirnos tener amigos varones, y mucho menos salir con ellos en plan amistoso; si esto llegara a ocurrir, las consecuencias para la mujer conllevan a una violencia emocional, y en ocasiones física. La misma medida no sucede al revés, e incluso se considera aceptable que los hombres casados acudan a burdeles, o cierren tratos de negocios en alguno de los tan abundantes tables dance.
Aunado a lo anterior, se le da prácticamente ninguna importancia al acoso sexual que las mujeres tenemos que soportar en forma de “piropos” cuando salimos a las calles, incluso hay hombres y mujeres que los consideran como parte del romanticismo mexicano, como un halago, “reconocimiento” a la belleza “típica” del género femenino, alentando esta conducta en los niños sin tomar en cuenta la incomodidad, que transita de la molestia al miedo, cuando una mujer pasa cerca de un grupo de hombres lanzándole frases sexuales.
Sin importar el lugar en el que vivamos, el grado de educación que tengamos, o la clase social a la que pertenezcamos, segura estoy que lo anterior les es familiar, lo que indica que efectivamente conocen y/o han atestiguado hechos de violencia sexista, los cuales no sólo implican el observar cómo un hombre muele a palos a su esposa o su novia.
Es por tanto la ignorancia uno de los principales factores por los cuales ésta no ha disminuido, sino que por el contrario, parece irse incrementando. Tan es así que la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) reportó que en este año las desapariciones de mujeres aumentaron de 17 casos en 2010 a 201 en 2011, además de asegurar que las cifras oficiales indican que seis de cada 10 mujeres mayores de 15 años reportan haber sufrido agresiones.
Según datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) 2006 (ya pronto saldrá un nuevo estudio más actualizado), 43 por ciento de las mujeres en México han sido víctimas de algún tipo de violencia; 44.7 por ciento de mujeres obreras confesaron haber sufrido violencia laboral, seguidas por el 32.2 por ciento de las jornaleras y 28.8 por ciento de las empleadas.
En espacios comunitarios como la calle, el mercado, transporte, cine, iglesia, etc., 40 por ciento de las mujeres han vivido la violencia, padeciendo 42 por ciento de ellas la de tipo sexual y 92 por ciento intimidación.
De acuerdo a la Encuesta Nacional sobre Discriminación 2010 (Enadis), 39.8 por ciento de las mujeres consultadas afirmó haber pedido permiso a sus esposos para salir por la noche, y 8.6 por ciento lo hizo para tomar anticonceptivos.
En Colima, Guadalupe Quijano, integrante de la organización Espacio Feminista, denunció que la situación de las mujeres en la entidad es crítica, ya que la violencia de género se encuentra por encima de los estándares nacionales. Indicó que el Estado tan sólo destina el .038 por ciento de su presupuesto en políticas públicas para las mujeres, a pesar de que tenemos el tercer lugar nacional en homicidios de mujeres, el segundo sitio nacional en violencia sexual, y el tercero en violencia emocional.
Es precisamente la apatía por incrementar el nivel de conciencia entre la población que fortalezca la equidad de género; el rechazo a crear políticas públicas que cierren la brecha entre hombres y mujeres; la costumbre de utilizar a las segundas como pantalla para cubrir las cuotas en el Congreso, haciéndolas renunciar después para que su cargo lo ocupe algún hombre; la agresión más importante que actualmente recibimos las mujeres, pues constituye una violencia sistémica que perpetúa una condición de vida desigual, que somete a una perenne discriminación a la mitad de la ciudadanía mexicana.
La única forma de salir de esta condición es aprender a usar nuestra voz, recuperar el valor que por tanto tiempo se nos negó, de una forma u otra, por el hecho de ser mujeres; reconocer que este mundo es tan nuestro como de los hombres, y tenemos el derecho de vivirlo plenamente; darnos cuenta de que es urgente dejar de pelearnos entre los sexos, para aliarnos y exigir políticas que nos sirvan y protejan a ambos. Que tenemos que salvarnos a nosotras mismas, porque si seguimos confiando en que el gobierno lo hará, podríamos morir, o ser asesinadas, esperando.
Tengo que confesar que cuando me enteré de que el 19 de noviembre se celebraba el Día Internacional del Hombre, mi primera reacción fue negativa. Siendo su equivalente, el Día Internacional de la Mujer, una fecha para crear conciencia sobre las dificultades, inequidades e injusticias que viven las mujeres en todo el mundo, no podía entender cómo los varones podían ser considerados un género en desventaja.
Yo no se quien es más bueno para inventar teorías de la conspiración, si el pueblo mexicano o el gobierno. Porque con todo lo que ha acontecido con lo relacionado a la muerte de Blake Mora, parece que la «teoría de la conspiración» es la del accidente. Y si, yo se que las avionetas y los helicópteros no son la forma más segura de viajar, pero me pregunto ¿que el estado mexicano no tiene la capacidad de tener pilotos bien adiestrados y aparatos en buenas condiciones para salvaguardar ya no la seguridad de sus elementos, sino los de sus propios Secretarios de Gobernación?.
Para darle gusto a todos los conspiranoicos, y aquellos que creen en que el fin del mundo se acerca, este artículo lo empecé a escribir el 11 del 11 del 2011 a las 11:11 horas. Ha pasado un minuto desde que puse el título de mi artículo y ¿adivinen que?, el mundo no se acabó, ni hemos sido invadidos por alienígenas. No entiendo por qué mucha gente acostumbra a ver premoniciones debido a una coincidencia numérica en nuestro reloj, si, coincidencia que no volveremos a ver durante mucho tiempo (o tal vez nunca), pero que en realidad no es algo que vaya a influír en nuestras vidas, simplemente es un dato curioso.
Cuando se habla de la guerra del el crimen organizado contra el crimen desorganizado (este último representado por el gobierno) se grita sobre elementos detenidos, de operativos en los que se encontraron una cantidad impresionante de droga y un buen de armas, pero nunca se habla de que banqueros involucrados en el lavado de dinero sean capturados, y mucho menos procesados, o que ataques a las redes económicas de los cárteles se estén efectuando; cosa interesante porque si los grupos delincuenciales siguen obteniendo ingresos seguirán contratando capos, por lo que el círculo de violencia seguirá: En esta guerra los soldaditos salen a matar a lo loco, pero lo más preocupante es que se ha denunciado que elementos del ejército han atacado a luchadores sociales con el pretexto de estar en el narco; hasta el día de hoy la llamada guerra contra el narco ha costado 50 mil vidas, y la violencia sigue creciendo; cabe mencionar que de los 50 mil muertos, más de 20 mil no fueron identificados, es decir, 20 mil personas no son ni narcos ni soldados…
Los desplantes de los mandatarios derechistas de iberoamérica son bien curiosos, sobre todo porque no son muy congruentes que digamos, sobre todo cuando hablamos de los valores cristianos que tanto dicen defender. Se proclaman humanistas, «demócratas socialcristianos» entre algunos adjetivos más. Pero a pesar de eso, siempre (sobre todo en los últimos años) han defendido las políticas neoliberales, donde se trata a la población como un objeto de consumo, como una cifra, donde una gran empresa es mas importante que un ciudadano y donde también se pierde la sensibilidad por el ser humano y la justicia social que predicó Jesucristom lo cual está plasmado en la Biblia.
Escrito por Alquedrez: