Categoría: sociedad

  • Las oposiciones que comienzan a acorralar a AMLO

    Las oposiciones que comienzan a acorralar a AMLO

    Las oposiciones que comienzan a acorralar a AMLO

    A López Obrador se le ocurrió retar a los de FRENAAA. Posiblemente observó que las casas de campaña estaban vacías y que bastaba darles un «zape» para quitárselos de encima.

    Les dijo que si lograba juntar 100,000 personas él renunciaba.

    Ciertamente no los juntaron. FRENAAA dice que sí, pero haciendo un análisis de la gente que llegó al Zócalo (a través de webcams de México) es muy difícil que hayan llegado a esa cifra. Algo común en las manifestaciones (de cualquier tipo y naturaleza) es la tendencia a exagerar el número de asistentes por parte de los organizadores y a minimizarla por parte de las autoridades.

    Pero sí fue mucha gente, la suficiente para llamar la atención y atraer los reflectores. Al menos sí fueron más de 50,000 y para rematar llenaron de casas de campaña la otra mitad del Zócalo. La cifra no es nada despreciable. Mostraron músculo y eso es algo que no debe tener tranquilo a López Obrador.

    Los de FRENAAA se organizaron en solo dos semanas, mandaron gente de todos lados y lograron formar un contingente lo suficientemente grande para llamar la atención.

    Y ver ese contingente opositor en el Zócalo hace que se ponga la piel chinita a quienes estamos preocupados por el rumbo del país.

    Ningún Presidente (el más cercano había sido Peña Nieto) se había enfrentado a tantas expresiones opositoras: por un lado las feministas que, en el contexto del Día Internacional de la Mujer, le bajaron algunos puntos de popularidad y se han vuelto un hueso duro de roer ya que pusieron a la izquierda progresista en su contra. Por otro lado, los de FRENAAA que este sábado mostraron que algo hay de músculo y que no son un simple colectivo a despreciar.

    Y no solo eso, también existe una oposición latente a la cual solo le falta organizarse: la de los académicos, los científicos y artistas que se han visto afectados por el desprecio de este gobierno a la ciencia.

    Algo se está moviendo.

    Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas.

    El problema que tiene la oposición es que es muy heterogénea. Eso la deja en desventaja frente a la homogeneidad del lopezobradorismo (vaya, no es que sean iguales entre sí pero su simpatía con el régimen borra todo lo demás). Veo casi imposible que FRENAAA y los colectivos feministas logren tender puentes porque las discrepancias ideológicas entre las últimas y muchos (no necesariamente todos) de los integrantes del primero son abismales.

    El sector intelectual, más distribuido en el centro político (aunque por lo general hay un poco más en la centro-izquierda que en la centro-derecha), ve con cierto escepticismo a FRENAAA por las posturas duras muy a la derecha de sus líderes como Gilberto Lozano (aunque no dejan de reconocer los esfuerzos opositores de los ciudadanos que salen a las calles).

    Dije anteriormente que el sector intelectual es una oposición latente porque sus intereses han sido trastocados y los incentivos para organizarse existen. Al sector académico (parte de) que puede aportar con su conocimiento le falta saber comunicarlo a la gente común. Hoy en día, los intelectuales se recluyen en las redes firmando peticiones de change.org y firman plebiscitos, pero les falta conectar con las masas.

    Alguien que sí está haciendo este esfuerzo y de una forma muy valiosa es Max Kaiser. Necesitamos más intelectuales así, que ayuden a politizar a las masas de una forma positiva y productiva.

    FRENAAA ha venido creciendo, pero también tiene dos problemas:

    Primero, su mayor activo es, a la vez, su mayor problema. La retórica visceral de Gilberto Lozano atrae a cada vez más personas de ciertos sectores (la mayoría personas de clase media y alta mayores de edad) pero ahuyenta a otros. Es cierto que ha crecido, pero puede y debería crecer todavía más. Un líder que sea aguerrido y combatiente pero que no caiga en discursos demagógicos y lugares comunes podría ser un mejor activo para este tipo de movimientos.

    El segundo es un problema de enfoque: es una obviedad que López Obrador no va a renunciar y es cierto que no basta con reunir mucha gente (los venezolanos lo saben muy bien), ese discurso a veces los vuelve presas de la narrativa de López Obrador, quien más de una vez aprovechado la situación. El sentimiento de pertenencia, la colectividad y el júbilo dentro de una manifestación son cosas que se gozan, pero también pueden ser algo engañosas cuando se trata de comprender el entorno y adaptarse a él.

    La oposición sería más provechosa si se enfoca en ejercer presión sobre aquellas decisiones (reformas, políticas) que representen una amenaza para el futuro democrático del país. Ahí FRENAAA ha estado ausente: el intento de cooptación del INE, la eliminación de los fideicomisos para acumular poder o la cooptación de la corte.

    FRENAAA y estos grupos opositores basan su activismo en el libro «De la Dictadura a la Democracia» de Gene Sharp. Es un libro que leí hace ya varios años y me agradó bastante. El problema es que el conocimiento de este libro aplica cuando una dictadura ya ha sido instaurada y no existen mecanismos democráticos o institucionales para restar poder a un gobierno. En nuestro caso estamos en un proceso de regresión autoritaria que se debe evitar.

    Digamos que FRENAAA se está adelantando a los hechos y por ello ha estado ausente de estos momentos tan cruciales. El discurso simple de Gilberto Lozano atrae gente pero, al mismo tiempo, le resta mucha precisión a la hora de abordar los temas y vuelve a su activismo menos efectivo.

    Por último, las organizaciones feministas son un punto aparte porque su fin último no es oponerse a AMLO, pero se oponen a él por su conservadurismo y su desprecio a la violencia de género. Igual que ocurre con FRENAAA, estos colectivos no pueden atraer a un sector de la población debido al activismo de las células más radicales (que incluye vidrios rotos y pintas en monumentos). La diferencia es que las feministas no tienen interés alguno en convertirse en «la oposición contra AMLO» (aunque lo son de alguna manera) ni mucho menos buscan que todos se sumen a las marchas, cosa que FRENAAA sí busca.

    Sería un poco iluso esperar que todos estos colectivos se junten en una sola masa: a veces las diferencias ideológicas se vuelven insostenibles y poco se puede hacer al respecto. Sin embargo, organizaciones como FRENAAA sí pueden plantearse cómo atraer a esa gente opositora que hoy se mantiene escéptica: gente más joven, gente de otros estratos sociales que hoy son minoría en este colectivo e incluso otros colectivos que decidieron ir por su cuenta porque no les agrada el liderazgo de FRENAAA (chalecos amarillos y similares). Ello también le ayudaría a crear puentes, por ejemplo, con los sectores intelectuales y académicos que hoy prefieren mantener distancia.

    Como sea, hay algo que se está moviendo. La oposición partidista ha dejado un grande vacío a la hora de dejar el poder y algo lo tiene que llenar. Los diferentes colectivos (de izquierda y de derecha), los sectores académicos y empresariales parece que están despertando y se han dado cuenta que ese vacío tiene que llenarse de alguna forma.

  • ¿Existe la libertad de expresión en México?

    ¿Existe la libertad de expresión en México?

    ¿Existe la libertad de expresión en México?

    López Obrador se puso a contar el número de columnas y reportajes favorables y desfavorables al régimen en cada uno de los diarios de mayor circulación: — En El Financiero ayer por ejemplo, una columna a favor, tres neutrales y nueve en contra. El Universal, que están muy enojados… cero positivas, dos neutrales y diez en contra.

    A mí me preocuparía más que el dato fuera el opuesto, que fueran diez a favor y dos en contra ya que eso sería patente del férreo control que el gobierno tiene sobre los medios.

    El papel de la prensa no es el de ser un mero vocero del gobierno, para eso el propio gobierno tiene sus canales oficiales. El papel de la prensa escrita es la búsqueda de la verdad, y en ese sentido, poder fungir como una suerte de contrapeso hacia el gobierno.

    No es como que columnistas o editorialistas no puedan o no deban escribir cosas favorables: es válido y es normal cuando el medio en cuestión tiene afinidad ideológica con el propio gobierno (por eso AMLO no mencionó a La Jornada, donde seguramente la mayoría de los contenidos son favorables), pero se espera que en la prensa haya una pluralidad tal que existan varios medios que sean muy críticos con el régimen. La libertad de prensa es un valor intrínseco de la democracia.

    Con toda esta pluralidad y el sesgo propio de los medios con relación a su afinidad ideológica (algo natural, sobre todo en los columnistas), el buen o mal desempeño de un régimen termina reflejándose de una u otra forma en la reacción de la prensa: si el gobierno está, objetivamente, teniendo un buen papel, tendrá un poco más de columnas favorables y, a la inversa, si el desempeño es malo, el número de columnas desfavorables será mayor.

    Y la verdad es que este régimen ha tenido un desempeño bastante pobre. Habrá columnistas que ciertamente buscarán señalar siempre lo malo del régimen por convicciones ideológicas más que por los hechos y esos no van a cambiar, pero hay muchos otros que estarían muy dispuestos a reconocer el buen desempeño del régimen y que hoy se han vuelto muy críticos por los malos resultados: Carlos Bravo Regidor, a quien el propio López Obrador acusó de escribir mal contra él es un claro ejemplo.

    Dice AMLO que es falso que no haya libertad de expresión. Tiene razón, en México ese derecho existe. Y si bien su existencia es precaria (sobre todo si hablamos de los periodistas asesinados y el narcotráfico), el día de hoy cualquier persona puede criticar al Presidente.

    Lo que preocupa es que ese afán de López Obrador por atacar a la prensa puede interpretarse como un aviso, como una amenaza. El acto de atacar a la prensa no constituye por sí mismo un ataque a la libertad de expresión en tanto no incluya medidas coercitivas (de forma directa o indirecta), pero sí prende las alarmas, porque una figura pública que ataca constantemente a la prensa es una persona que puede tener incentivos para ejercer coerción contra ella, e incluso ya hemos presenciado ataques con alguna forma de coerción como lo ocurrido con Nexos. Una cosa es que el mandatario se defienda ante las acusaciones, otra cosa es que espere que la prensa sea servil al gobierno y que cualquier crítica levante sospecha.

    Porque lo que hace López Obrador no es tanto defenderse de acusaciones puntuales sino tratar de estigmatizar a la prensa como conservadora, que no quiere al país y quiere atacar al regimen, algo similar a lo que hace Donald Trump con la prensa estadounidense.

    Le interesa estigmatizarla para ubicarla en el bando de los enemigos, ahí con «la mafia del poder», los conservadores, el PRIAN, Calderón y FRENAAA (el movimiento populista de derecha al cual su gobierno le da «mucha importancia» deliberadamente para hacer pensar que la oposición moderada comparte su radicalismo).

    A AMLO no le conviene decir que la prensa es heterogénea, ni le conviene decir que la prensa no es lo mismo que el PAN ni mucho menos que FRENAAA, porque así engloba a las distintas oposiciones dentro del mismo significante que representa a un único adversario, al cual pinta como privilegiado, minoritario y opuesto a «los intereses del pueblo».

    Sí, por supuesto que existe libertad de expresión y hasta el día de hoy no ha sido más vulnerada que en los regímenes anteriores. Es cierto, sin embargo, que quienes ejercen ese derecho tienen todo el derecho a prender las alarmas al ver los constantes ataques del régimen hacia la prensa.

  • ¿Por qué Shark Tank es positivo para el país? Y no es de risa

    ¿Por qué Shark Tank es positivo para el país? Y no es de risa

    Antes de que te rías ¿Por qué Shark Tank es positivo para el país?

    Lo diré sin pelos en la lengua: el programa de Shark Tank es benéfico para la sociedad.

    Sí, ese programa de TV que transmite Sony y que ahora circula por las redes sociales (gracias a que este canal permitió su uso).

    ¿Pero por qué? Si es un programa de televisión. Ahí aparecen algunos de los magnates mexicanos en un país tan desigual como México y donde la movilidad social es poca.

    En cierta forma, por eso mismo.

    El emprendimiento es una medio por el cual un individuo puede salir adelante y tener movilidad socioeconómica. Las barreras para emprender en México son muy altas: una estructura económica rígida, falta de información y cultura y falta de recursos.

    Bueno, pues resulta que Shark Tank, de alguna u otra manera, ayuda a ello, aunque sea un pequeño granito de arena. Que seas un joven emprendedor y que un millonario te ayude a capitalizar tu negocio para que salga adelante es una maravilla.

    Es cierto, es un show que tiene que vender y ganar audiencia, o que algunos acuerdos se llegan a venir abajo después del programa, pero aún con estos «inconvenientes» la dinámica funciona. A diferencia de los reality shows y diversos programas frívolos basura que suelen transmitir en la televisión, éste deja algo positivo.

    Y la verdad, yo prefiero un empresario que comparta sus conocimientos y ayude a capitalizar a jóvenes emprendedores, que un empresario opaco, que no innova y vive de su relación rentista con el gobierno.

    Si decimos que muchas personas pueden emprender porque se encuentran en una posición muy privilegiada (sus papás le ayudan con recursos, etc), pues básicamente en Shark Tank los emprendedores se ganan ese «privilegio» por mérito propio. Ellos tienen que convencer a los «tiburones» de que vale la pena invertir en su negocio.

    No es como que eso vaya a acabar con los problemas estructurales que tiene este país ni va a acabar con la pobreza, pero sí va a ayudar a que algunos emprendedores logren dar un salto y, de paso, que generen más empleos.

    Pero este no es el único beneficio, tal vez sea el menor de todos.

    Un gran beneficio es la información. Para saber cómo emprender necesitas tener información, y gracias a Shark Tank estos magnates comparten algo de lo que saben para ayudar a los demás. Más allá de que el magnate esté comprometido o lo haga por interés, lo importante es que la información fluya.

    Y la verdad es que ver capítulos de Shark Tank te dará más conocimiento si es que deseas emprender o poner tu negocio. ¿Cómo valuar tu empresa? ¿Cómo crear productos atractivos para tu mercado? ¿Cómo saber qué pasos seguir para conformar tu proyecto? El programa, desde luego, no es un MBA, pero enseña algo, te deja algo, y me atrevo a decir que mucho más que esa pseudoliteratura superventas que abunda o esos «influencers del emprendimiento» que venden humo.

    Aquí no hay pretensiones, no hay nadie diciendo que te vas a volver rico ni vendiéndote espejitos, es simplemente la dinámica del programa la cual hace que la información fluya, información que le puede servir tanto al joven que quiere poner una taquería y que se puso a ver varios capítulos en YouTube como al que tiene un proyecto innovador.

    Y por último, el programa ayuda a legitimar el emprendimiento y desestigmatizar la imagen del empresario (gracias en parte a la retórica de este gobierno que, como sea, también se junta con ellos). Es cierto que hay empresarios que son corruptos e irresponsables, pero también los hay muy buenos, que generan valor y empleos (como hay gente buena y mala en toda la sociedad). Los que ven el programa incluso pueden aprender un poco de ética empresarial.

    El programa ayuda a eso, a fortalecer la cultura del emprendimiento, a verlo como algo positivo, a verlo como una vía para salir adelante.

    Y no, no es como que gracias al programa los problemas del país se vayan a solucionar, su alcance es muy limitado comparado con el tamaño de los problemas del país, pero ayuda, ayuda en algo, y eso es una buena noticia.

  • FRENA y AMLO

    FRENA y AMLO

    FRENA y AMLO

    Aquí en este espacio he sido más bien crítico con FRENA: me preocupa el liderazgo demagógico que lo encabeza, y critico el hecho de que no tengan propuesta o agenda alguna y solo se limite a ser un movimiento reactivo a López Obrador. A pesar de que siempre he mantenido distancia con ese movimiento, reconozco la causa genuina de los ciudadanos que se han integrado para manifestarse en contra de AMLO (no sin advertir algunas manifestaciones de fanatismo que he visto en ese movimiento).

    Hasta el día de ayer, FRENA no había sido problema alguno para el régimen. Incluso los grupos feministas que no tenían como fin último oponerse a AMLO habían afectado más su imagen haciéndole perder algunos puntos de popularidad.

    No lo había sido porque FRENA no había logrado trascender sectores específicos que siempre habían sido los opositores más férreos contra López Obrador y porque su líder, Gilberto Lozano, ahuyentaba a mucha gente que también se encuentra inconforme con el régimen, pero que no le gustaba su perfil demagógico y estridente.

    FRENA tiene presencia en muchas urbes de México, pero hasta hoy no ha logrado convocar en ninguna de éstas a una cantidad de gente tal que pueda preocupar al régimen.

    Además, se corría el riesgo de que el movimiento terminara diluyéndose, ya que FRENA prometía algo que no puede cumplir y es hacer que AMLO renuncie. FRENA se estaba estancando, ya no crecía en número y algunas «tomas de plazas» lo habían dejado patente. Incluso la presencia de FRENA podía fortalecer la narrativa de AMLO: «toda la gente va en auto, son fifís».
    Sin embargo, lo que ocurrió en la CDMX le dio nuevos bríos al movimiento.

    No pueden hacer que AMLO renuncie, pero sí pueden desgastar su imagen y esta vez lo hicieron muy bien.

    El Zócalo es un lugar sagrado para López Obrador, es parte de su espacio vital y no iba a dejar que lo ocuparan. Ir a ocuparlo era una clara provocación, y para evitar que eso pasara necesariamente tenían que violar uno de los derechos fundamentales: la libertad de manifestación. Cualquiera de los dos escenarios era incómodo: 1) que tomen el Zócalo, 2) violentar el derecho a la libre manifestación (más cuando hablamos de un régimen que se construyó en la calle y las plazas).

    Algunos argumentaban que no se permitió el acceso al Zócalo por cuestiones sanitarias, aunque es cierto que a la CNTE sí le permitieron establecerse en el Zócalo.

    Aunque no haya sido «violenta» la acción del gobierno como en otros lares ni hayan metido gente a la cárcel, no deja de ser un acto de represión. Hoy a AMLO lo exhibieron como represor y autoritario y eso tuvo eco hasta en los círculos (periodistas, influencers y demás) que procuraban no hablar de FRENA por la poca simpatía que tienen con Gilberto Lozano.

    Tal vez esa haya sido la intención original, no lo sé. Pero hoy podemos decir que FRENA triunfó ya que logró asestarle un buen golpe al presidente porque hicieron una buena apuesta: desgastarlo, hacer que se equivoque y cometa errores, en vez de centrarse en promesas vacías como «obligarlo a renunciar».

    Hoy las casas de campaña se quedarán en la avenida Juárez, ahí acechando cerca del lugar de la residencia de López Obrador, como para recordarle que no todo el pueblo está con él.

  • ¿Por qué odias a Jerónimo Zarco?

    ¿Por qué odias a Jerónimo Zarco?

    ¿Por qué odias a Jerónimo?

    Hace unos días apareció en redes (precisamente en Tik Tok) un adolescente de 16 años hablando sobre comunismo llamado Jerónimo.

    El chamaco es una persona de clase media-alta y hasta ha vivido en Estados Unidos. A juzgar por sus videos y por el hecho de tener una Mac (que seguramente sus papás le dieron) sabemos que no vive mal.

    Algunos medios lo abordaron porque se les hizo curioso ver a un jovencito hablando sobre Marx, el comunismo y demás corrientes de izquierda.

    Lo que me sorprendió fue ver todo ese cúmulo de reacciones de personas atacándolo, como si esperaran que diera una opinión digno de un doctor en filosofía o ciencia política. Lo criticaron por escribir «cosas marxistas» en su Mac, por hacer aseveraciones imprecisas, porque es de izquierda o porque es uno de tantos jóvenes que se sienten atraídos por las corrientes socialistas.

    Básicamente, lo que hicieron sus haters fue crear un alboroto: esos libertarios, o de derecha o conservadores que son muy inteligentes, leídos y sabiondos. Algunos hasta pedían no darle difusión. Y esos mismos «inteligentes, leídos y sabiondos» lo terminaron haciendo mucho más famoso. ¡Ah, qué contrariedad! Les ocurrió exactamente lo mismo que ocurre con los progresistas y su némesis el conservador Agustín Laje, quien ha visto en la reacción de los primeros una forma de tener más difusión.

    ¡Pero Jerónimo solo es un adolescente!

    No, no comparto muchas de las ideas de Jerónimo. Sí, le hace falta mucho «kilometraje», le falta mucha experiencia que vivir, pero ¿cuál es el problema? ¡Es un maldito adolescente!

    ¿A poco todos sus haters eran expertos en economía o política a los 16 años? Muchos posiblemente no sabían nada de eso siquiera. Seguramente algunos ni siquiera sabían quién era Marx.

    Resulta que cuando somos adolescentes muchos creemos en utopías, soñamos con un mundo idealizado donde no exista ni la guerra, ni la pobreza ni la injusticia. Él, como buen adolescente inquieto, se involucró en algunos activismos ambientalistas, leyó a Marx y se le abrió el mundo. ¿Y qué hay de malo en eso?

    Sí, luego va a crecer. Seguramente se va a dar cuenta que algunas cosas no son como creía, que el socialismo ha sido un fracaso. Posiblemente lea Gulag Archipielago y se dé cuenta de que los experimentos comunistas resultaron muy mal. Seguramente va a obtener un trabajo, va a ganar dinero y va a pagar impuestos. Es muy posible que en el futuro tome posiciones más moderadas y matizadas (como suele ocurrir en muchas ocasiones): tal vez se convierta en un socialdemócrata, en un liberal, no lo sé.

    Pero todo ese conocimiento que está adquiriendo (aunque pueda terminar criticándolo en el futuro o termine desencantándose de sus ideales primigenios) le va a ayudar, lo va a hacer más culto. Una persona, incluso de derechas, que sabe de Marx, es más culto que una persona que conoce poco de él.

    Para meterse en el mundo de la política hay que empezar por algún lado, y él dio ese paso. La inquietud tiene que venir de algún lado, y a él le vino de la izquierda.

    Si algo reconozco, a pesar de tener fuertes discrepancias ideológicas, es que es un joven abierto. Se ve que, en su corto recorrido en su interés por la política, se ha tomado la molestia de contrastar opiniones. Se ha molestado en confrontarse con George Orwell cuya crítica al comunismo soviético es sublime. No veo en Jerónimo a alguien que se sienta que se las sabe de todas todas, ni se parece a algunos de esos izquierdistas universitarios arrogantes.

    Lo más curioso es que, con todo y que es evidente que le falta un largo camino filosófico e intelectual que resolver, estoy seguro que hay cosas que él sabe y que muchos de sus «críticos grandotes» no. Hay gente que anda treinteando o cuarenteando y se rehusa a leer a Marx, o cree que leer a Marx te va a convertir casi por antonomasia en un defensor de la URSS. ¡Por favor!

    Toda persona que esté interesado en la política tiene que leer a Marx, tiene que abrir El Capital y tiene que entender qué es el materialismo histórico dialéctico (así como creo que debe leer a Adam Smith y otros pensadores).

    Leo algunas personas preocupadas porque Jerónimo va a propagar sus ideas de «izquierda», casi como si ello fuera a implicar que su presencia va a convertir a México al comunismo, pero las ideas no se censuran, se confrontan y se rebaten. ¿Qué tiene que una persona quiera hablar sobre comunismo? ¿Qué tiene que otra quiera hablar de conservadurismo, de liberalismo, de feminismo o qué sé yo? Mientras dicha persona no tenga la intención explícita de atentar contra la dignidad de alguien más se le debe dejar hablar.

    Y mejor que sobren voces de todo a que falten. En una sociedad abierta debemos valorar la pluralidad de opiniones. Ello fomenta el debate y el contraste de argumentos, algo a lo que parece nos estamos desacostumbrando en ambos lados del espectro político.

    ¿Y si se hace famoso, qué? ¿Y si a algunos les gusta, qué? ¿Y si no sabe más que cualquier otro joven que se obsesiona con el marxismo y aún así se convierte en influencer, qué?

    Para concluir, debo insistir en que, contrario a los deseos de muchos, mientras haya libertad de opinión y democracia, siempre habrá algo así como gente de izquierda o gente de derecha. No es como que si evitamos que los jóvenes escuchen a Jerónimo la izquierda va a desaparecer y el mundo se va a volver «de derecha» (ni viceversa). Quien piense eso no sabe cómo funciona el mundo y poco entiende de la condición humana.

    ¿Cuál es el problema?

  • Del Zoom a la TV Abierta. La brecha tecnológica en la educación en tiempos pandémicos

    Del Zoom a la TV Abierta. La brecha tecnológica en la educación en tiempos pandémicos

    Bien sabido es que la pandemia nos ha prohibido tener clases presenciales.

    Y cuando hablamos de ello, lo primero que se nos viene a la mente a quienes formamos de esa minoría privilegiada llamada «clase media» (de igual forma ocurre con la clase alta) son las clases remotas con Zoom, Blue Jeans o Microsoft Teams.

    Pero lo cierto es que ese es un lujo que muchos mexicanos no se pueden dar. No solo aquellos que no tienen acceso a Internet, sino muchos otros que sí tienen acceso pero de una forma precaria: aquellos que viven en lugares donde la conexión no es estable o aquellos que tienen Internet solamente en sus dispositivos móviles, los cuales, por cierto, son de gama baja. Ello también es un problema por si habías tenido la «asombrosa idea» de que se conectaran por ese medio.

    A todos estos sectores solo les queda una opción: las clases por televisión (esas que se están transmitiendo por Televisa). Y ese mundo es diametralmente distinto a nuestro mundo de «estudios de forma remota con actividades asincrónicas (como se les llama a las tareas en esta modalidad)».

    Actualmente estoy viviendo la experiencia de estudiar el primer semestre de la maestría en el CIDE de forma remota, y si bien creo que nada cambia la experiencia de las clases presenciales (la convivencia en persona con tus compañeros-colegas y con los profesores, el hecho de que puede ser más incómodo estar sentado frente a una pantalla que en el aula), la verdad es que funciona bien. No es lo mismo, pero se le parece. La calidad de la educación que uno recibe es similar.

    Las clases por televisión son otro mundo. Allí la interacción simplemente no existe y ello es una gran desventaja. El estudiante se convierte en un consumidor pasivo de información que le es dada en una pantalla. Pero ¿qué pasa si tiene una duda? ¿Qué pasa si no entendió bien? A lo mucho, podría echarle una llamada a su profesor, pero no es lo mismo, ya que el recurso visual es indispensable. ¿O cómo es que un profesor podría explicarle por teléfono al alumno cómo resolver una ecuación cuadrática?

    Las clases «a distancia» no son una novedad en sí (la novedad es que los colegios que dan clases presenciales hayan tenido que trasladarse a esta modalidad). Experiencia sobre cómo hacerlo hay de sobra (muchas instituciones ya daban cursos en línea a través de plataformas como Coursera o EdX y el reto no va mucho más allá de capacitar al profesorado para que hagan bien su trabajo y acostumbrarse a la modalidad. Las inconveniencias se arreglan en el camino y a través de la experiencia. La interactividad ayuda a que el sistema mismo se retroalimente y vaya mejorando.

    Pero con el sistema de clases por televisión no ocurre lo mismo. Éstas tienen una curva de aprendizaje más elevada y, como la dinámica no es interactiva sino pasiva, es más difícil percatarse de qué tan bien o qué tan mal está funcionando, lleva más tiempo.

    https://www.youtube.com/watch?v=cF8-QAsgkaI

    Es el sistema centralizado (el gobierno) el que carga con la mayor parte de la curva de aprendizaje, y generalmente los incentivos para ello son menores (basta ver la mala calidad de los contenidos preliminares como los del video). Seguramente muchos maestros harán su lucha y pondrán todo su esfuerzo para tratar de auxiliar a los alumnos, pero la brecha tecnológica siempre será un problema.

    En las clases remotas el profesor solo tiene que hacer lo que siempre ha hecho pero de forma virtual: no tiene pizarrón pero tiene el iPad. Basta con que esté bien capacitado para que la calidad de la educación sea casi la misma que la clase presencial. De hecho, el profesor puede valerse de muchos recursos tecnológicos que son tan útiles que seguramente van a perdurar incluso cuando regresen las clases presenciales.

    En las clases por televisión la dinámica cambia drásticamente. ¿Cómo hacer que el alumno, que ahora no está en un aula sino frente a la televisión, pueda tener un mayor aprovechamiento educativo? ¿Cómo es que deben ser mostrados los contenidos para que el alumno aprenda, no se canse o no se distraiga? ¿Cómo hacer para que la calidad de la educación no caiga dado que el alumno tendrá muchos más problemas para hacer preguntas al maestro y donde la interacción es prácticamente nula? Ello implica todo un replanteamiento de los métodos pedagógicos, lo cual hace la curva de aprendizaje todavía más grande.

    Así, la brecha tecnológica trae ganadores y perdedores.

    Todos aquellos que tienen la capacidad tecnológica de tomar clases de forma remota no verán cambios drásticos en el aprovechamiento de la educación. Los que no tienen ese privilegio estarán en desventaja. Ya de por sí la educación que reciben los sectores con menos recursos deja mucho que desear.

    Imaginemos lo que puede ocurrir cuando a un sistema educativo, ya de por sí problemático, se le despoja de la interactividad y convierte al alumno en un ser pasivo. Éste tan solo debe estar callado mirando la pantalla sin poder preguntarle nada a nadie y mucho menos puede pedir al profesor que repita el problema que no entendió.

    Es evidente que el aprovechamiento no va a ser el mismo y la brecha tecnológica acentuará más la brecha educativa, donde los más pobres estarán todavía peor educados. A ellos lo mejor que les podría pasar es que la pandemia termine pronto para que sea el menor tiempo posible el que deban estar pasivos frente a una pantalla a la que no le pueden preguntar nada.

  • Covid-19 ¿Quién tiene la culpa? ¿El gobierno o la sociedad?

    Covid-19 ¿Quién tiene la culpa? ¿El gobierno o la sociedad?

    Basta darle una checada a los números, basta tener que recurrir a la gráfica logarítmica porque en la lineal es complicado ver alguna desaceleración de los casos a más de seis meses de que la pandemia pisó nuestro país.

    Lo más triste es que al día de hoy no parece verse la luz al final del túnel. Parece que seguiremos a la deriva: contando centenares de muertos y miles de contagiados diarios mientras no ocurra una de dos cosas: 1) que se produzca la tan ansiada vacuna y se comience a aplicar o 2) que sí se logre la anhelada inmunidad de rebaño (claro, después de algunos cientos de miles de muertes).

    En la opinión pública (sobre todo en redes) corren dos versiones: una dice que no hay que culpar al gobierno, que veamos a toda la gente en las calles y vacacionando como si nada, y otra que dice que todo es culpa del gobierno y que si la gente no se cuida es culpa del gobierno mismo (por no tomar medidas drásticas o mandar mensajes confusos).

    ¿Y entonces quién tiene la culpa?

    La realidad es que tanto gobierno como sociedad cargan con la responsabilidad de la tragedia. Son corresponsables, y me explico…

    La responsabilidad del gobierno:

    Es evidente que el gobierno tiene capacidad y poder para tomar decisiones que incidan en el resultado de la pandemia, no es como que el gobierno no pueda hacer nada ante una sociedad que se comporta de forma irresponsable.

    El gobierno ha cometido errores muy graves.

    1. Ha mandado mensajes muy confusos. López Obrador (en la misma tesitura que sus colegas populistas Donald Trump y Jair Bolsonaro) se ha rehusado a usar cubrebocas e incluso invitó a la gente a salir en plena pandemia contradiciendo al subsecretario Hugo López-Gatell.
    2. Se ha negado a ayudar a pequeñas y medianas empresas a sortear la crisis económica producida con la pandemia, con lo cual mucha gente no solo está en aprietos económicos, sino que tiene menos margen de maniobra para cuidarse del Covid-19
    3. La estrategia seguida por Hugo López-Gatell (el modelo centinela) ha demostrado ser inadecuada para contabilizar el número de muertes y contagiados, con lo cual es imposible desarrollar una estrategia ya que el gobierno solo puede actuar «a ciegas». Ni hablar del afán del subsecretario por dar una y otra vez pronósticos que no se cumplen.
    4. La estrategia sanitaria también ha sido deficiente (y en parte se desprende del punto anterior). El hecho de que muchas personas mueran en casa y los hospitales no estén saturados (cosa que el gobierno presume como un logro), obedece a la deficiencia de la estrategia para atender a los pacientes con Covid-19 que requieren estar en cuidados intensivos.
    5. La falta de coordinación e incluso de voluntad de cooperación con los gobiernos estatales (claro, asignando a estos últimos parte de la responsabilidad).
    6. Y por último, la nula autocrítica. Ante el evidente fracaso de la estrategia no hay ningún cambio de plan y estrategia. Por el contrario, los esfuerzos van encaminados a convencer a la población de que sí lo están haciendo bien.

    La responsabilidad de la sociedad

    Pero sería absurdo culpar al gobierno de toda la tragedia cuando muchas personas están allá afuera sin cubrebocas y sin tomar medidas mínimas. Pensar eso implicaría anular el libre albedrío de la gente así como considerar a la gente como meros autómatas que solo actúan cuando el gobierno les da órdenes.

    Cabe resaltar que cuando hablo de «la sociedad» estoy haciendo una mera generalización. No toda la gente se comporta de forma irresponsable y no son pocos los que se cuidan, pero sí hay mucho otros que, teniendo posibilidad de tomar precauciones, simplemente no lo hacen. En promedio podría concluir que la respuesta de la sociedad ante la pandemia no ha sido la mejor.

    La verdad es que allá afuera hay mucha gente sin cubrebocas, que no toma medidas, y a la que no le importa siquiera portar su frasquito de gel antibacterial. Se entiende que hay gente que por su situación socioeconómica tienen que moverse en transporte público para ir a trabajar y tienen que pasar por aglomeraciones. Este tipo de eventualidades se obvian, pero uno esperaría que, eventualidades aparte, se tomen precauciones en medida de lo posible: si tengo que viajar en un vagón de metro congestionado, de menos me llevo mi cubrebocas.

    Incluso hemos visto eventos muy penosos y degradante como ataques y linchamientos a médicos por parte de personas que dicen no creer en el Covid-19. La gente también tiene la responsabilidad de informarse bien.

    Claro que todos quisiéramos salir sin cubrebocas, pero desde una postura racional es una incomodidad mucho menor portarlo que contagiarse o contagiar a otros de Covid-19. La verdad es que a mucha gente no le ha importado y algunos de ellos han tenido que pagar la lección de terrible manera (muchas veces con parientes que fallecieron producto de su irresponsabilidad).

    Conclusión

    Evidentemente, es imposible tarea medir cuantitativamente cuánto es responsabilidad del gobierno y cuánto de la sociedad, son demasiadas las variables en juego. Sí podemos, sin embargo, determinar por simple observación que ambos actores han puesto de su cosecha para que esto salga mal. Está claro que de ninguna manera la responsabilidad de un actor exime el de otro como si se tratara de una categorización binaria.

    Y para concluir, no podemos dejar de hacer notar que ni el gobierno ni la sociedad son dos entidades independientes que no interactúan. La forma de actuar del gobierno algo nos dice sobre la forma de ser de la sociedad. Los políticos no crecen sobre algún vacío cultural e idiosincrático. Por el contrario, el político no se puede terminar de explicar sin hacer referencia a la sociedad de la cual surgió y forma parte.

  • La Combi

    La Combi

    ¿Por qué un video del asalto frustrado en una Combi refleja tantas cosas de nuestra sociedad y organismos de justicia? ¿Qué conclusiones podemos sacar de lo que ocurrió ahí?

    Vivimos en una sociedad rota, en un orden social e institucional que es injusto.

    Pero no solo es injusto con los pobres, quienes no tienen acceso a herramientas para superar su condición, sino que lo es con la población en general porque no son pocas veces las cuales quienes han sido violentados o agredidos por el crimen ven que los organismos de justicia funcionen a su favor. La impunidad en el país es terriblemente alta: la mayoría de los crímenes no son castigados.

    Que un conjunto de pasajeros haya decidido agredir a su victimario (el asaltante) es prueba de ello, de la ausencia de las instituciones para hacer justicia.

    Esa reacción, por más «escabrosa» les pueda sonar a algunos, es normal: si un ser humano es atacado, agredido o su integridad es puesta en riesgo, y si se encuentra en una posición que pueda defenderse, no solo buscará neutralizar al enemigo, sino que, producto del coraje y la impotencia, reaccionará de forma virulenta.

    Evidentemente, este tipo de reacciones conllevan un riesgo y por eso la justicia institucional es necesaria. El castigo puede no ser proporcional al crimen. Quienes están pateando a los delincuentes, debido a que están envueltos en coraje, pueden llegar a provocar daños al delincuente (o incluso privarlo de su vida, sin que esa sea la intención explícita de los agredidos) que no padecería en caso de que los organismos de justicia aplicaran un castigo proporcional al crimen. También es posible que, producto de la misma virulencia y enojo, un conjunto de personas terminen agrediendo a una persona que es inocente.

    Pero los culpables no son ellos, los responsables de que esto suceda son las instituciones que no han logrado proteger a los ciudadanos. Al no haber un sistema de justicia que me proteja, tengo solo dos alternativas: o dejarme asaltar o navajear por el delincuente, o irme contra él y agredirlo. Evidentemente, no se me puede pedir que opte por la primera, y es cierto que en el caso de la segunda no es como que vaya a pensar en aplicar un castigo muy justo y medido, sino que me lanzaré contra mi agresor envuelto en un fuerte sentimiento de coraje y encono.

    Mucha gente vio con gusto este video. No sé si ello nos debiera preocupar o no, pero también es, en cierta medida, una reacción consecuente: muchas personas en México han sido asaltadas o temen que las asalten, que los delincuentes les hagan algo a ellos o a sus seres queridos. No son pocas las historias de secuestros, de personas que perdieron a sus padres o sus hijos producto de los delincuentes mismos.

    Por otro lado, es un terrible error romantizar la delincuencia. Hay voces que nos señalan que el ladrón lo es producto de un orden social injusto, poco equitativo o de una sociedad quebrada. Es cierto que condiciones así fomentan la delincuencia, y es cierto que ello hay que saberlo para diseñar mejores políticas para combatirla, pero ni el contexto ni la circunstancia puede eximir los actos en contra de una persona inocente. El delincuente tiene libre albedrío y no es un mero autómata como para pensar que su condición le obliga como por simple reflejo a actuar así.

    Es cierto también que muchos de los delincuentes no lo hacen por mera necesidad. La gran mayoría de ellos, aunque vienen de sociedades fracturadas, no roban para «llevar pan a su casa» (menos con un arma que cuyo costo tiene tres ceros cuando mínimo), sino para tener más recursos y comodidades a costa de los demás. Para la mayoría de los delincuentes, su actividad es una profesión y no un «instinto de supervivencia».

    El acto de delinquir debe ser igualmente reprobado sin importar si se trata de un empresario que desvió recursos o un chavo banda que asaltó a un grupo de personas con una navaja. Todos esos actos tienen un perjuicio para personas inocentes. ¿Por qué gente inocente tendría que pagar por el hecho de que el delincuente viva en «una situación difícil», si fuera el caso? ¿Por qué tendría que acceder a que me roben mi celular y me den de navajazos nada más porque el ladrón es «víctima de la desigualdad»?

    La respuesta ante todo esto es la necesidad de un Estado de derecho e instituciones fuertes y justas, que trabajen para todos y no solo para unos cuantos. Es imperativo también un orden social más meritocrático, donde quienes se encuentran en la base de la pirámide social tengan las herramientas para que mediante su esfuerzo y talento puedan aspirar a una mayor movilidad social. El problema del crimen debe ser atacado desde ambos flancos: 1) el preventivo, que debe sí, tener un enfoque social que busque fortalecer el tejido social al crear un orden más justo y 2) el correctivo, donde quien delinque reciba un castigo categórico, pero justo y proporcional a su crimen para evitar que vuelva a delinquir y sea realmente reincorporado a la sociedad después de haber cumplido su pena.

    Mientras eso no exista, la gente seguirá haciendo justicia por cuenta propia. Y es natural que suceda cuando no hay nadie que la proteja.