Categoría: sociedad

  • Es el Distrito Federal

    Es el Distrito Federal

    Caramba. Si hay alguna ciudad que se puede decir que va progresando (con esa costumbre de que para los mexicanos todo siempre va peor) es el Distrito Federal. Tuve la oportunidad de viajar (viajo casi cada año, pero esta vez fui más como turista) y la verdad es que cada vez me deja con un mejor sabor de boca. Desde hace tiempo había notado ya cómo la Ciudad de México mejoraba en la cuestión seguridad. Y es que hasta hace algunos años, ir al Distrito Federal implicaba que varias personas se preocuparan por tu viaje. Te comentaban que a tal persona la habían secuestrado, que mataron al hijo de no se quien en pleno Paseo de la Reforma, que robaron esto, aquello. Y de pronto ya casi nadie dice nada, incluso ya varios se atreven a presumirla como una ciudad segura (que claro, como gran urbe que es, siempre tendrá focos de inseguridad).

    Es el Distrito Federal

    La Ciudad de México tiene una dinámica muy diferente a la de Guadalajara, donde resido. Son dos ciudades muy diferentes y su historia urbana también lo es. Guadalajara es una ciudad todavía relativamente tranquila a comparación del Distrito Federal, el cual es muy denso y ajetreado. Y tal vez por eso llama la atención los avances en una ciudad caótica y con muchos problemas.

    Entre lo que he platicado con gente de allá, algunos les atribuyen el éxito a López Obrador (lo cual relatan sobre todo los taxistas), otros más bien a Marcelo Ebrard (el cual es mi punto de vista), y algunos otros dicen que no es el gobierno el motor del progreso, sino que la sociedad defeña (o chilanga) ha evolucionado al punto que el gobierno se ha tenido que poner «al tiro». Para algunos, el avance de su ciudad es demasiado evidente, para otros no tanto y también expresan molestias en algunos aspectos, pero todos te pueden mencionar mejoras tangibles en su ciudad. Apuntan con las manos a las cámaras de vigilancia, hablan de los beneficios sociales, de las ecobicis, la seguridad, e incluso las nuevas inversiones.

    El DF ha evolucionado al promover la convivencia a nivel calle. Dónde antes la regla era vigilar que un asaltante no te llegara por la espalda, ahora vemos una sana convivencia, donde jóvenes se divierten con patinetas o balones en la Alameda Central o en el Monumento a la Revolución. Se respira un clima de tolerancia en una sociedad heterogénea y cosmopolita. Podemos ver diversas expresiones culturales, de ideas. Tanto a una anciana católica promoviendo la palabra de Dios en el Zócalo, hasta los jóvenes «revolucionarios» criticando por medio de creativas mantas a la Cruzada contra el Hambre del gobierno actual. Posiblemente estos incentivos a la convivencia urbana, entre muchas otras cosas, es que han logrado sanear el tejido social.

    El Distrito Federal es una ciudad maravillosa. Tal vez no es mi ciudad favorita para vivir, porque no deja de ser una ciudad caótica y más ajetreada que otras ciudades del país. Pero sin duda que a pesar de todo es bella, que ni el influjo de la globalización y la competitividad le han quitado ese toque tradicional a la ciudad, donde modernidad y tradición conviven de una forma más armónica que en otras ciudades de México.

    A pesar de que no se ha logrado combatir eficazmente la corrupción en esta entidad (es junto con el Estado de México, la entidad más corrupta), se han logrado avances notables. Es una ciudad moderna, que todavía tiene problemas de contaminación pero que es pionera en energías alternativas, que desapareció por completo de la lista de las ciudades más inseguras del país (no solo por el tema del narcotráfico en varias entidades, sino por mérito propio), es una ciudad que tiene fuertes problemas de tráfico, pero que tiene un transporte público cada vez más eficiente e incluyente.

    Creo que podemos decir que tenemos una bonita capital, que tiene sus problemas, pero que tiene mucho que ofrecer. Una ciudad tan grande que a pesar de haber viajado 10 o más veces a ella, me sigue sorprendiendo.

    P.D. Si hay algo criticable, muy criticable. Es la Estela de la Luz aka la suavicrema o la estela de la corrupción. Un momumento demasiado simple y feo no puede ser el monumento que represente el Bicentenario de la Independencia y la Revolución. Es un adefesio tan feo, que ni siquiera el color del metal con el que está construido, es parejo.

     

     

  • Ladies and gentlemen

    Ladies and gentlemen

    Tradicionalmente, la sociedad mexicana ha tendido a parecer más heredera de una monarquía que de un estado liberal (a pesar de que a través del tiempo, el liberalismo estuvo en boga dentro de los círculos intelectuales en México). Más que un estado demócrata, parece que podríamos hablar de una nobleza, dónde los políticos y gente de poder hacen como que están cerca de la gente pobre, pero en la práctica viven en la opulencia y con un fuerte sentimiento de superioridad ante las masas. Por esto se entiende la arrogancia de ciertas personas y personajes, quienes por su posición social y/o económica, creen estar por encima de la sociedad. Son las famosas ladies y los gentlemen.

    Ladies and gentlemen

    Afortunadamente la sociedad, con la ayuda de las tecnologías, ha mostrado un fuerte rechazo ante estos comportamientos altaneros (que para muchos en algún tiempo podrían estar hasta justificados). Lo que es símbolo de un desprecio ante uno de los tantos males que nos aqueja como sociedad: Los privilegios de clase, el influyentismo, el nepotismo, el clasismo. Fueron las ladies de Polanco, el gentleman de Las Lomas, la lady Profeco, la lady Roma, entre muchos otros. Para asignarles el mote, dependiendo de su sexo, se antepone el término en inglés de dama o caballero, al lugar dónde el individuo ha cometido este tipo de actos (y donde frecuenta o reside).

    Esta reacción de la sociedad es una buena noticia, ante quienes buscan pasar por encima de ella. Esta a través de las redes sociales hace mediático el repudio que les generan estos insolentes actos, y lo va integrando al inconsciente colectivo. Donde se deja en claro que ese tipo de comportamientos no son bienvenidos en nuestra sociedad. Naturalmente dichos comportamientos se pueden ver en todo el globo terráqueo, pero en el caso de nuestro país es mucho más notorio que en muchos otros países desarrollados por nuestra herencia vertical y monárquica.

    Peña Nieto tomó una decisión acertada al remover a Benitez Treviño por los actos de su hija (conocida como la Lady Profeco). Sería tema de otro texto hablar por qué el sí, y no Romero Deschamps o Rosario Robles, que si responde a un hecho mediático y no de justicia. Pero una de las instituciones más respetadas del país, no se podía dar el lujo de permitir prácticas influyentistas, donde la hija del titular de esta dependencia, usa a la procuraduría para «castigar» a una restaurant por el hecho de que no le dieron una mesa (que nunca reservó). La hija se llevó el escarmiento de su vida. Fue repudiada en las redes sociales, y de seguro no le fue bien en casa cuando a su padre lo despidieron de su cargo por este hecho.

    La Lady Profeco, se dio cuenta del precio que tuvo que pagar por ponerse encima de la sociedad. En un acto donde ella tanteó que ganaría, que se saldría con la suya y castigaría al restaurant Maximo Bistro por no cumplir uno de sus caprichos. Ahora tendrá que soportar la culpa de ver a su padre sin trabajo por su comportamiento, y no solo eso, tendrá que lidiar con la pérdida (aunque sea temporal) de su honorabilidad.

    Una sociedad que aspire a ser democrática, debe de tener la capacidad de vigilar el comportamiento, no solo de quienes los gobierna, sino de sus semejantes. Una sociedad democrática no puede tolerar y dejar pasar actos arbitrarios de impunidad, porque si lo hiciere, estaría legitimando las intenciones de algunas personas de pasar por encima de  ella. Y una de las excusas de las ladies y los gentlemen, es que creen que sus actos van a quedar totalmente impunes.

  • Los programas sociales, entre el bienestar y el asistencialismo

    Los programas sociales, entre el bienestar y el asistencialismo

    Es completamente natural que en una sociedad de mercado, donde la búsqueda de acumulación de capitales sea la constante económica, se vean disparidades en la distribución de la riqueza. Por eso es que los gobiernos deben de impulsar políticas con el fin de que esta disparidad se reduzca al mínimo posible, siempre y cuando no desincentive la generación de riqueza y la iniciativa. Algunos gobiernos pugnarán por más programas sociales que otros, pero la gran mayoría de los políticos saben que estos son necesarios inclusive para que no se deteriore el tejido social. El problema es que cuando no se usan bien (ya sea por desconocimiento, dogma, o como un acto deliberado) más que ayudar a la población, la puede perjudicar.

    Los programas sociales, entre el bienestar y el asistencialismo

    Los programas sociales deben de tener el fin de proporcionar a los ciudadanos cierta protección social con el fin de que los vaivenes del mercado no provoquen un fuerte deterioro en su modo de vida, a su vez que se busca garantizar las necesidades más básicas. En ese sentido se entienden las pensiones, la salud, las liquidaciones laborales, y en varios países también el seguro de desempleo. Estos programas sociales mejoran el nivel de vida de la población y de alguna forma ayuda a paliar las grandes diferencias que hay en la distribución de la riqueza. El problema con los programas sociales es cuando se genera una relación de dependencia entre el ciudadano de gobierno , y se agrava cuando el gobierno aprovecha esa relación deliberadamente.

    El que el ciudadano tenga cierta protección social no implica que no deba de tener incentivos para buscar generar innovación y riqueza. Con los programas asistencialistas se desincentiva la cultura del esfuerzo, debido a que el gobierno más que otorgar protección al ciudadano, busca condicionar esta a cambio de favores que se transforman en poder. De esta forma se han entendido muchas veces los programas sociales en México, que son más pequeños que en naciones desarrolladas, pero generan una mayor dependencia, porque estos son condicionados a la lealtad con algún partido. -Gracias a nosotros, tú tienes bienestar en tu familia-. Pero las políticas de estos gobiernos no ayudan mucho a que estas personas busquen salir adelante por sí mismas.

    En tiempos del PAN, el programa Oportunidades tuvo varios defectos y era perfectible, pero tenía la cualidad de que varios de estos beneficios eran condicionados a cambios de un esfuerzo por parte del ciudadano que los recibiría. Por ejemplo, se pedía altas calificaciones de los hijos a cambio de un ayuda económica. La Cruzada contra el Hambre, tiene una visión mucho más asistencialista y ventajosa. Sobre todo porque parece estar orientada a la creación de una relación paternalista gobierno ciudadano, con el final de que el primero obtenga votos mientras que el segundo pueda cubrir sus necesidades básicas.

    Este tipo de relación termina perjudicando al ciudadano, porque su bienestar dependerá completamente de las dádivas del gobierno y no de su esfuerzo. Mientras que el gobierno tendrá menos incentivos para aplicar políticas públicas para incentivar dicho esfuerzo personal, debido a que si tiene una sociedad con más herramientas para progresar, entonces habrán menos personas sujetas a esa relación asistencialista, y por lo tanto, el partido en el gobierno no tendrá este útil recurso para mantenerse en el poder.

    Esta relación paternalista que incluso puede ser explicada por antecedentes históricos de siglos atrás, es una de las tantas respuestas que hay cuando cuestionamos el hecho de que no logremos ser un país desarrollado. Un sector de la ciudadanía sigue esperando «todo» del gobierno, porque así se le enseñó que funcionan las cosas, un gobierno proveedor a cambio de lealtades. No se trata de los programas sociales, se trata del enfoque que estos tienen. Si vemos a los programas sociales como una base de bienestar donde a partir de esta, el ciudadano decida innovar y esforzarse para incrementar su nivel de vida, tendremos buenas noticias. Si las vemos como una nociva relación donde las autoridades aparecerán como las encargadas de satisfacer sus necesidades, entonces estaremos en graves aprietos, y en realidad lo estamos.

  • Adictos a Facebook

    Adictos a Facebook

    Tengo un amigo que es recitente a usar smartphones por eso de que «enajenan» a la gente, aparato al cual le ponen más atención que a la gente que los rodea en un evento, en una fiesta, o en pleno acto sexual. Me dice que le desespera que todos los mortales estén con su aparatito,  y sobre todo, porque están pegados al Facebook todo el maldito día. Incluso le recomendaba a su novia que no dejara abierto su Facebook mientras trabajaba porque dice, que se sobreentiende, que está disponible para platicar con quien sea (lo cual sabemos que no es cierto porque desde la época del Messenger uno podía tener su red social abierta, ya sea porque la consultó antes o por simple inercia). Mi amigo se llevó unos güamazos por parte de su novia debido a sus fuertes críticas (pruebas las tengo, pero por ética profesional no las mostraré), pero aún así hay algo de razón en lo que dice.

    Adictos a Facebook

    Facebook es una red que nos permite de alguna forma estar en contacto con nuestros amigos y seres queridos. Al instante se pueden ver las fotos de las fiestas, eventos, e incluso pensamientos de los conocidos. También incluso se puede usar para trabajo (aunque digan que no se diseñó para eso, así como el paraguas no se creó para proteger del calor). Yo alguna vez he cerrado negocios ahí, y por otro lado los jefes pueden ver el perfil de los prospectos a contratar (cosa que no me agrada del todo).

    El dinamismo que tiene esta red social hace que la gente lo utilice recurrentemente para estar en contacto con su gente cercana. Claro que es pretexto para que algunas personas espíen a otras (gente que se siente atraída por otra persona o tenga algún interés), o que algunos individuos, debido a sus problemas psicológicos se convierta en un acosador o stalker, lo cual es sumamente incómodo. También es oportunidad para que los mortales se sientan queridos en sus cumpleaños cuando reciben cientas de felicitaciones (varias de ellas, por parte de personas que solo han visto alguna vez en su vida).

    ¿Qué es un adicto a Facebook? ¿Qué parámetros nos indican que un individuo es un adicto a esta red social? Algunos afirman que  es aquel que consulta su muro recurrentemente. Si fuera así, entonces sería un problema social mayoritario, debido a que la mayoría de las personas de clase alta y media lo hacen, basta con ir a una fiesta y ver su comportamiento frente a un smartphone. Hay quienes dicen que son aquellos que no son capaces de dejar de entrar a esta red social por un día. Peor aun, quienes basan su autoestima en el número de amigos que tienen en la red (no importa si no interactúan con alguno de sus 1,000 seguidores), o quienes prefieren las relaciones virtuales a las reales, en vez de que esta red sea un complemento a las relaciones reales y no una forma de suplirlas.

    Hay quienes son imprudentes en el uso de estas redes, sabiendo que pueden poner su reputación en juego. Un conocido comenta constantemente que siente que es un fracaso para los negocios y que nunca va a salir adelante, cuando su trabajo es dar cursos de motivación a los negocios ¿Ustedes lo contratarían? Las redes no deben de suplir de alguna forma la actividad social real, sobre todo aquella que tiene que ver con la intimidad porque de esta forma el individuo quedaría expuesto ante los demás.

    Conforme las tecnologías y la sociedad avanza, siempre aparecerán nuevas razones para hablar de nuevas adicciones. Aunque creo que sería ingenuo pensar que el Facebook es responsable de la gente adicta a esta red (y hablo de adicciones fuertes), cuando más bien es una consecuencia. Es decir, la gente que genera una adicción fuerte, valga la redundancia (hablo de stalkers, de gente que mide su autoestima en los seguidores que tiene en esta red), es gente que tiene problemas psicológicos que de otra manera posiblemente los reflejaría en otras actividades. Lo demás es simplemente el comportamiento natural del ser humano, en relación con una nueva tecnología.

     

  • México y el atentado de Boston

    México y el atentado de Boston

    La semana pasada, la ciudad de Boston en Estados Unidos había sufrido un atentado terrorista donde hubo sin más no recuerdo 3 muertos y más de cien heridos. Se trató de una bomba colocada a metros de la meta del famoso maratón de esta ciudad. Cuantitativamente los números no son tan impactantes, máxime si los comparamos con los muertos generados por los tiroteos en las escuelas estadounidenses. Pero en lo cualitativo está el detalle. Se trató de un atentado terrorista perpetrado por chechenos naturalizados estadounidenses, el atentado ocurrió en uno de los maratones más prestigiosos, aunado al fenómeno mediático que generaron con la tragedia. Como si se tratara de una película estadounidense, se hizo una intensa persecución con cobertura en vivo por las horas que fueran necesarias por parte de los medios estadounidenses.

    México y el atentado de Boston

    Lo que me llama la atención es que en México le prestemos más atención a un problema que ha ocurrido fuera de nuestro país que a lo que ocurre dentro de él. Si llama la atención que en un país desarrollado como Estados Unidos sea el común denominador los atentados y los tiroteos, cosa que rara vez ocurre en otros países similares. Pero eso es algo como ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el nuestro. Los atentados perpetrados por el narcotráfico, balaceras, narcobloqueos y demás, ya son costumbre al punto que lo vemos como algo cotidiano. Posiblemente sea porque desde un punto de vista clasista y algo malinchista, parte de la sociedad se sienta más identificada con las clases medias y altas estadounidenses, que con las clases populares de nuestro país. Posiblemente por la influencia de su cultura o porque a pesar de los pesares, algunos siguen creyendo que Estados Unidos es algo imbatible.

    Lo ocurrido en Boston también es un buen argumento para crear una historia digna de Hollywood. El atentado, los terroristas que emigraron a Estados Unidos debido a los conflictos de su país, el joven que no se adapta a la escuela, el tío avergonzado, la persecusión de varias horas que implicó un toque de queda, un evento internacionalmente importante como el Maratón de Boston (que obligaron a retirar un capítulo de The Family Guy por sus paralelismos). Si algo saben hacer los estadounidenses, es crear historias «fantásticas» con sus tragedias e incluso lucrar económicamente con ellas (como en el 9/11). Nosotros en cambio tendemos a burlarnos de ellas, solo esperamos a que pase el espacio que merece el duelo o su equivalente para empezar a mofarnos por medio de chistes y parodias.

    Por un ejemplo, nosotros nunca haremos una historia hollywoodense de una masacre perpetrada por un cartel del narco donde se repliquen las persecuciones, se hable del héroe que logró que no fueran más los muertos, los medios no harán coberturas en vivo de la búsqueda de los agresores (aunque posiblemente sí transmitan el caso de una víctima, en forma más bien de telenovela mexicana, la historia del hijo de Doña Chonita quien llegó a estudiar la preparatoria a pesar de la pobreza que vivían en su hogar y el papá que los abandonó, y cuya vida «heróica» fue interrumpida por ese atentado), y menos venderán souvenirs años después en el lugar del atentado, tal y como ocurre en Nueva York.

    Lo que es innegable es que Estados Unidos es un país que tiene muchos problemas, y que tiene una descomposición social que no es acorde con su desarrollo económico. El hecho de que todavía sea el imperio dominante en el mundo le ha traído varios enemigos y detractores, desde gobiernos hasta personas cuya ideología termina siendo un problema. Todo esto podría explicar en parte el móvil del crimen.

  • ¿Por qué no les doy dinero a los indigentes?

    ¿Por qué no les doy dinero a los indigentes?

    Empiezo, voy manejando sobre Niño Obrero para dar vuelta a la derecha en Vallarta. El lugar es una zona de clase media alta. Ahí se encuentra ubicada la CANACO (Cámara Nacional de Comercio de Guadalajara) y una fábrica inmensa de aceite, dentro de una especie de pequeño complejo industrial enclavado dentro de una zona residencial y en cierta medida comercial. Lo primero que veo en ese crucero son niños pobres, sucios, indigentes, y una señora que parece ser quien se encarga de gobernarlos y que naturalmente los trata mal. Presumo que esta señora es quien tenía a esa niña güerita que causó tanta polémica en las redes sociales, dado que ese es el crucero donde ella pedía dinero. Naturalmente no es algo de agrado ver que entre unas vías donde conducen gente con cierta capacidad económica, se vea el contraste con gente que vive en condiciones miserables y tiene que hacer lo que sea para ganarse el pan. Pero ¿Por qué no les doy dinero a estos indigentes?

    Indigente_Pidiendo_Limosna

    Los niños son los que te pueden partir un poco más el corazón. Infantes que uno quisiera ver en la escuela, disfrutando su infancia, no lo hacen; tienen que ganarse la plata. Pero las condiciones en las que viven y trabajan son deplorables, sobre todo porque muchas veces tienen que sacar el dinero para evitar una golpiza. Aquí podría tener un conflicto: Si a los niños no les doy dinero, podría estar contribuyendo (por más que sea 1 de 1000 carros) a que puedan maltratarlo por no juntar el dinero suficiente. Pero si hago lo contrario estoy contribuyendo a que obligar a los niños pedir dinero sea algo redituable. Pero en sí, sé que al darle dinero a un niño no le soluciono la vida, porque esa moneda que le doy termina siendo un paliativo tanto para el niño como para la persona que los dirige. Peor saber que existen niños robados los cuales son obligados a pedir dinero en la calle ¿Esa moneda hará que el niño pueda tener alguna educación? No. ¿Ese niño podrá tener más posibilidades de crecer si le doy esa moneda? No. ¿Le daría una moneda a un niño? Ya saben la respuesta.

    Con los más creciditos no hay conflictos internos. No es no. Pena da ver gente en edad de trabajar que pide limosna, y no solo eso, que finge tener una discapacidad para que la gente se apiade de él. Son tantos los «actores» que a veces no se sabe si son más los honestos que los actores. La gente ya muy grande, gente de la tercera edad, tal vez pueda darme motivos para darles una moneda, pero nada más. ¿Cuál es el rasgo común entre los que piden en la calle? La conmiseración: La gente pobre apela a la lástima para recibir una moneda. La cara de ¡pobre de mí y mi condición, ayúdame!. y de verdad que esta actitud es la que me quita motivos para darles una moneda. Si de por sí es lastimoso verlos en la condición en que se encuentran, la actitud de degradación ante la moneda, termina poniendo la cereza en el pastel.

    El problema es que dar monedas a los indigentes no resuelve en nada su vida, y en algunos casos se convierte en pretexto para que algunas de estas personas no trabajen. No se trata de ignorarlos, al contrario. Pero deberían ser otros los mecanismos para ayudar a que estas personas tengan una vida más digna. Poder darles un trabajo, u oportunidades a los niños de la calle que viven en condiciones deleznables. Algunos lamentablemente no quieren trabajar, porque de alguna manera la limosna les llega a dejar más dinero, o simplemente porque no quieren.

    Es difícil la situación. Para acabar este problema se necesitaría un considerable crecimiento económico aunado a una eficiente distribución de la riqueza y de oportunidades. Naturalmente ese mal sabor de boca que nos deja ver a los indigentes en esa situación tiene que ver con el deseo de nunca estar en ese lugar. Lo cual genera, si se es inteligente, un sano entendimiento de los problemas de lo que sufren las personas de la calle, pero sin llegar a la conmiseración.

     

  • Espontáneos politólogos

    Espontáneos politólogos

    Espontáneos politólogosCreo que los mexicanos tenemos una visión corta, parece que nos movemos por la coyuntura y no por el fondo. Reaccionamos «al momento», pero cuando pasa ese «momento» simplemente nos echamos a dormir.

    Es cuestión de verlo en mi muro de Facebook (más en el personal que en el de mi Fan Page, pero esta última no se escapa). Si hace algunos meses publicaba un tema de política, eran varios los que discutían, alguno trataba de hacerse el gracioso colocando algún memé de Peña Nieto, alguno se enojaba por lo que decía, algún otro lo compartía. Todo era política, el ambiente era tan denso que la fijación de la gente en este tema que hasta parecía un poco exagerado. Todos «le sabían» al tema, traían frases históricas y hasta estadísticas: -¡A ver güey, acuérdate que Azcárraga dijo que era el soldado del PRI! ¿Qué no tienes memoria?-, -El amigo del sobrino del tío del abuelo del amigo de la clienta de mi mamá fue a Venezuela y dijo que se caía a pedazos. Por eso no votaremos por López Obrador, hasta les gusta el beisbol como a los venezolanos, está escrito-, -Aquí te muestro una gráfica a partir de una toma de muestra estratificada hecha por el MIT en conjunto con el departamento de criminología adjunta de Cambridge que demuestra el fracaso de la Guerra de Calderón-. Todo mundo buscaba, investigaba, me preguntaban que «qué onda» con x o y cosa. Que si sabía algo que dijeron que el #YoSoy132 era una conspiración comunista nazi judeomasónica planeada en el Club de Bilderberg.

    ¿Ahora que pasa? Pasamos de un extremo al otro, de un interés obsesivo con el tema, al casi desconocimiento. Si hablas de la Reforma de las Telecomunicaciones la «manita del like» de Facebook se llena de telarañas.  Si hablas del regreso del presidencialismo, muchos de los que estaban indignados y hasta decían que debía haber una revolución para deponer a Peña Nieto y sodomizarlo como a Gadaffi, parece que el tema ya no existe y la palabra «política» fue desterrada de su diccionario. Es más, ni siquiera pasa lo opuesto, gente que en las redes diga, que Peña está haciendo bien su trabajo, que se nota la «eficacia», que sí pueden hacer lo que el PAN nunca hizo. Si acaso se habló del tema de Elba Esther Gordillo y no hubo tanta halaraca tomando en cuenta que caía uno de los «venenos históricos» del país. De la Reforma a las Telecomunicaciones nada, y eso que los medios eran «tema bandera» hace meses, y eso que la gente se queja por la mensualidad del celular. -Ai haber [sic], esas cosas son tecnicismos, que el must carry, el must offer, yo no le entiendo a esas cosas, ¿Telecomu.. qué?-. Lo que sí sigue vivo es esa ya tradición de burlarse del ahora Presidente, pero más que nada ya parece un fenómeno tipo Ninel Conde. Que si se puso la banda presidencial al revés (que fue debido en realidad a una modificación de las leyes), que si encontraron una foto de joven de Peña Nieto con un sweater con un osito cariñosito». ¿Qué acaso no se están fijando en las políticas que implementan? ¡Caray!, y eso que todo se está moviendo mucho más rápido que de costumbre.

    Me preocupa un poco, porque creo que como buenos ciudadanos deberíamos preocuparnos por lo que pasa en nuestro país, siempre. Entiendo que venimos de unas elecciones donde el tema de la política termina cansado. Pero el quehacer público nunca duerme. Sí, hay muchas cosas más que la política en la vida (el futbol es una, y es menos importante que la política) pero creo que debemos estar al tanto, analizar aunque sea de reojo que es lo que pasa con nuestro país. A nuestro país le faltan contrapesos, y uno de ellos deberían ser los ciudadanos atentos y vigilantes de las acciones de nuestros políticos.

    Sí, de los temas actuales se hablan en los diarios, las plumas los analizan y los desmenuzan. Pero parece que a la gente de a pie parece ya no importarle tanto, aunque el tema tenga que ver con el que se obsesionaron hace algunos meses. La política no puede ser una moda ni un fenómeno coyuntural, porque esta hasta cierto grado determina nuestras vidas todos los años, los 365 días y las 24 horas. Así de simple.

  • ¿Y cuándo diablos los humanos somos valorados?

    ¿Y cuándo diablos los humanos somos valorados?

    Creo estar en esa etapa dónde seré menos discriminado por mi edad. Poco llevo de entrar en esa que empieza a los 30 años y termina a los 40 años. Según todos nuestros prejuicios como seres dominantes en este colonizado planeta azul, ese sería el rango dónde los seres humanos no seremos discriminados. Pero esperen, que según los prototipos de vigor másculino y femenino. Esos que dicen, imponen modas y tendencias, ya los treintones no somos tan atractivos. ¿Entonces cuando diablos los humanos somos valorados? 

    ¿Y cuándo diablos los humanos somos valorados?

    Empiezo. Los niños son vistos en parte con ojos de envidia porque no se tienen que preocupar de nada, porque «viven la vida» y no tienen responsabilidades. Pero no son autónomos, necesitan de los adultos para sobrevivir, su cerebro todavía no ha terminado de desarrollarse y los conocimientos que tienen son demasiado escasos como para poder incidir deliberadamente en la vida cotidiana.

    Siguen los adolescentes, que básicamente viven la transición de la niñez a la adultez. Cambio no muy fácil (de ahí el nombre de adolescente, de adolecer), los pubertos se dan cuenta que les salen pelos en las axilas, en los genitales, se dan cuenta que el pene cambia de tamaño cuando ven a una persona del sexo opuesto, a las mujeres les crece el busto y menstrúan. Los adolescentes son vistos como personas que no saben controlar sus emociones, que quieren empezar a asumir un papel de adulto aunque no tienen todavía la autonomía en muchos sentidos.

    Luego entra la etapa juvenil temprana, que la pondría entre los 18 y los 30 años. En esa etapa las personas se dan cuenta que empiezan a ser autónomas, estudian, empiezan a ganar su dinero, a tener sus primeros empleos e incluso a emprender sus primeros negocios. Cuando se habla de «los jóvenes» se refiere a esta etapa, los rebeldes, los universitarios, las personas que tienen «la chispa de la innovación», «la energía». Pero se les subestima por ser jóvenes, ¡No tienen la suficiente experiencia!, ¡Son unos rebeldes, no saben como es la vida! ¡Qué dejen de soñar y que mejor se pongan a trabajar! En los partidos políticos se crean espacios juveniles donde estos tal pollitos recién nacidos, pueden participar, pero «sin incidir mucho», porque todavía son muy polluelos como para participar en juegos de adultos grandes.

    Después viene la etapa juvenil tardía, que constaría entre los 30 y 40 años, donde los jóvenes ya no somos tan jóvenes, pero todavía emanamos frescura. Esta etapa, que no representa más del 15% de nuestras vidas, es donde los humanos somos menos discriminados. Ya tenemos «un poco de experiencia» y todavía tenemos «ese algo de chispa juvenil». Dicen que en esta etapa el ser humano es cuando debe empezar a consolidarse. Las mujeres se empiezan a sentir frustradas si no se han casado, los hombres no tanto pero pobre de ti si a esta edad no te has acostado con alguien, pobre de ti si a esta edad no trabajas y mami y papi te mantienen (que hay muchos casos). Pero los juveniles tardíos no están exentos de discriminación. Ellos ya no están «tan en onda», si bien todavía pueden asimilar las tendencias actuales (hipsters treintones), ya no las crean, al menos como los jóvenes tempranos, ya están grandecitos.

    Luego vienen los adultos mayores, que digamos, constaría de entre los 40 y 60 años. Ellos ya son gente grande, gente que debe tener un grado de autorrealización, que debe estar consolidando su vida y no pueden estar improvisando ya. ¡Adivinen qué! Son demasiado viejos para poder buscar empleo. Se acabó la edad productiva, y si no están ya dentro de uno van a estar en problemas. Sí, ya tienen la suficiente experiencia y sabiduría, pero ¡ya no están en onda!. ¡Pobre del cuarentón que salga con su máquina de escribir vieja y sus lentes alternativos hipster a un parque de La Condesa o la Colonia Americana a redactar su currículum, porque no solo se van a burlar de él, sino que no va a encontrar trabajo!

    Y por último viene la tercera edad. Que constaría de entre los 60 años hasta la tumba. Ellos tienen mucha experiencia y sabiduría, pero se cansan rápido y son una enorme carga fiscal pa las empresas, así que ¡pa fuera!. La gente grande sale perdiendo en una sociedad de la immediatez y del muy poco valor del conocimiento y la cultura. -Nieto, te voy a contar como viví mi juventud en la II Guerra Mundial, mi tío estuvo en un campo de concentración dónde vio como… -¡Cállate vejete! ¿Qué no ves que estoy viendo mi megaconcierto de Justin Bieber? ¡Tu no estás en onda! A nosotros no nos interesan esas historias que ya nos enseñan en la escuela-. El adulto mayor antes era símbolo de sabiduría, ahora la gente la ve como un estorbo y no valora lo que esta gente puede dar.

    En resumen, los seres humanos nos damos muy poco tiempo para la plenitud. O no estamos preparados para los trancazos de la vida, o si lo estamos, ya estamos grandes y no estamos al tiro. A pesar de los siglos, todavía no terminamos de valorar lo que un joven puede aportar, o lo que un adulto mayor puede. Paradójico ¿no?