Categoría: sociedad

  • ¿Viva México?

    ¿Viva México?

    Pues me dicen que hoy es ese día donde vamos a dar el grito: ¡Viva México!


    ¿Viva México?

    Me dicen también que hoy vamos a recordar a nuestros supuestos Héroes de la Independencia, Hidalgo, Morelos, o los Niños Héroes que siempre no existieron y que luego sí y que no. Pero cuidadito con mencionar y hablar bien aquellos que siempre deberán ser villanos de la patria (aunque no hayan sido tan malos), -Nada más no se te ocurra hablar de Iturbide, Lucas Alamán, Porfirio Díaz o Arjen Robben-, todos esos son enemigos de la Patria y deben arder en el infierno por la eternidad.

    ¿Viva México? ¿Para qué? -Cerebro, no seas aguafiestas, deberías sentirte orgulloso de tu país, envolverte en sus colores, amar a México, luchar por él. Yo le contesto: -A ver, señor X, ¿De verdad luchas por tu país los 365 días del año? ¿Qué has hecho por México? ¿Conoces bien su historia? ¿Has leído sobre tu país?, es más ¿Qué es lo último que has hecho por tu país?. -¡Claro que yo amo a mi país!, es más, lo último que hice fue, este, ejem… ¡Viva México!-.

    Me pregunto si tenemos algo que festejar, me pregunto si hemos sido buenos ciudadanos, me pregunto si nos podemos sentir orgullosos de nuestras acciones, si nos podemos sentir orgullosos de nuestra hipermegarica historia comandada por súper héroes de la patria que por alguna extraña y circunstancia desconocida terminó en el país que tenemos y que tanto amamos / odiamos, ese México de hoy tal cual, al desnudo.

    -¡Yo sí defendí a México Cerebro, yo defendí nuestro petróleo en Facebook dando like a todas las publicaciones que ponían, a los cartones y a los memes y es más, me encabroné porque el personaje que interpreta a Cantinflas en su nueva película ¡No es mexicano!.

    Y los héroes de la Patria no lo fueron, pero las circunstancias los tienen ahí, la necesidad de tener una historia que contar los ha elevado al grado de semidioses. Para generar una identidad nacional se tienen que aderezar la historia y esto no es algo exclusivo de México. Umberto Eco afirmaba que las naciones necesitan tener enemigos para refrendar su identidad nacional y tal vez por eso nos enseñaron a odiar a los españoles o a los estadounidenses. Pero si todo esto es una mera ilusión ¿De qué forma podemos crear nuestra identidad por nuestra cuenta? ¿Cómo podemos aceptar que la historia de México no es algo que nos pueda orgullecer y al mismo tiempo sentirnos orgullosos de nuestro país. Porque siendo realista, con «nuestras tradiciones, nuestras playas y nuestras mujeres» no alcanza.

    ¿No sería mejor pensar en hacer de México un país ganador? ¿No sería mejor quitarnos nuestros estigmas y nuestras malas mañas? ¿No sería mejor llevar la titánica y semiutópica tarea de convertir a nuestro país en una potencia mundial para ahora sí sentirnos orgullosos de nosotros mismos?

    Y el grito más bien se vuelve una tradición sosa, repetitiva, donde los líderes políticos de cada pueblo, municipio, estado o país (sin importar su honorabilidad) dan el grito para después tocar la campana en la plaza principal en frente de miles de personas que más que hacer reflexión sobre el país o su historia, lo ven como un festejo pasajero, como un, demos el grito, compremos una banderita y vayámonos a casa. ¿No sería bueno llevar a cabo jornadas de reflexión, debates o conversaciones de nuestra historia, aprovechar el momento para que los niños conozcan más sobre México y demás actividades que hagan que este grito algo que nos fortaleza de verdad como nación?

    Y Lisa Simpson quiso evidenciar a Jeremías Springfield, el héroe histórico frente al público. Pero decidió no hacerlo, porque sabía que una dolorosa historia podría matar ese orgullo que mantiene a su ciudad unida.

    Porque yo quiero a México.

  • El México de unos pocos

    El México de unos pocos

    México es de pocas personas, personas privilegiadas, personas que han vivido al cobijo del Gobierno. Las personas que detentan poder e influencias se caracterizan por ello, ya sea desde el ámbito público o el ámbito privado. Eso es resultado de un mercado poco dinámico, atado a un corporativismo donde unas pocas empresas privadas tienen intereses con los gobernantes. Este tipo de poderosos suelen ser pedantes y creen tener la capacidad de vulnerar el estado de derecho (casi inexistente) con el argumento de que como son poderosos, pueden pasar por encima de los demás.

    http://mexico.cnn.com/nacional/2014/09/04/9-puntos-clave-sobre-el-nuevo-aeropuerto-de-la-ciudad-de-mexico

    ¿Viene viene en el Zócalo?

    La imagen de la plancha del Zócalo (un supuesto espacio público) invadida de autos de lujo de último modelo pertenecientes a quienes decidieron asistir al Informe Presidencial, es muestra de ello. Esa plaza considerada pública y considerada también un referente histórico, quedó invadida sin más por cientos de automóviles de personas «privilegiadas», de aquellos que gozan de poder. Dice Joaquín López-Dóriga que cuando Peña Nieto se enteró de la situación, fue inmediatamente a que pidieran disculpas. Pero hay que ser sinceros, eso se dio porque el hecho causó indignación en las redes sociales y había que paliar los daños que podría causar a su imagen.

    Cerebro -Pero el loquito de López Obrador lo usa también para sus mítines ¿Qué me dices de eso? ¿Ves? ¡Tómala!. El Zócalo ha siempre sido un espacio donde políticos pueden hacer sus mítines, e incluso donde ciudadanos pueden manifestarse ¡Es un espacio público! (Coco Wash de AMLO, encuerados, conciertos). Pero en este caso el Zócalo fue reducido a un estacionamiento temporal, como si fuera un baldío donde podían dejar sus coches. Es como si se me permitiera poner mi ropa a secar en el Ángel de la Independencia.

    En México no necesitas ser morenito y no tener estudios para ser «naco». Puedes ser millonario, influyente, y a la vez ser naco. Muchos demostraron que «entonces sí se puede».

    Vuela vuela

    Peña Nieto lo sabe, sabe que hay unos pocos que tienen poco poder y a los cuales el gobierno (quien a su vez los hizo poderosos) no puede tocar tanto, ni siquiera esos gobiernos priístas a quienes les gusta controlar todo.

    Como la cereza del pastel que fue ese autocomplaciente y aburrido Informe Presidencial; el copetón nos presumió su nueva obra, lo cual vaticinamos en este blog tal cual Nostradamus: El nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México. Pero ¿Qué tiene esto? Pues hay que ver los nombres de quienes construirán esta magna obra. El primero es Norman Foster. Suena muy bien, Foster es uno de los mejores arquitectos del mundo, así de simple. Pero la polémica viene al escuchar el segundo nombre: Fernando Romero. Yerno de Carlos Slim nada más y nada menos (si te perjudiqué con la Reforma de Telecomunicaciones, te trataré de compensar un poco, así que constrúyeme el aeropuerto para «mover a México»).

    Dicen que fue un concurso, una licitación. Pero en México los concursos y las licitaciones muchas veces son simulaciones de algo que ya está acordado. El nuevo aeropuerto era algo totalmente necesario no sólo para la capital sino para todo el país, además el diseño se ve muy atractivo e innovador. Digo, Norman Foster es Norman Foster por Dios. Y sin ser experto en arquitectura, por lo poco que le conozco a Fernando Romero (Museo Soumaya, Plaza Carso) creo que no es un mal arquitecto, pero es yerno de Carlos Slim.

     

    Todo esto esto contraria el supuesto espíritu de las reformas que dicen, beneficiarán a todos los mexicanos. El gobierno sigue privilegiando a unos cuantos poderosos y no tiene voluntad alguna de romper con el status quo.

  • MiBici: Bajarse del carro y pedalear

    MiBici: Bajarse del carro y pedalear

    En muchos países, sobre todo los subdesarrollados como el nuestro, se tiene la creencia de que las calles y avenidas son de uso exclusivo de los automóviles. Dicen que el pez más fuerte se come al más chico y como un auto es más fuerte que una moto, más que una bici y más todavía que nuestro pobre amigo peatón, es quien debe de circular por las calles. En los países subdesarrollados incluso algunos piensan que más autos significa más desarrollo, más «poder adquisitivo», hay que construir segundos pisos, túneles, pasos a desnivel, los cuales posiblemente en un tiempo se saturen (lo ideal es que eso ocurra después del período electoral).

    Bajarse del carro y subirse a la bici

    En países como el nuestro, el auto es símbolo de status. Quien tiene un mejor auto tiene un mayor poder adquisitivo y los individuos saben que para lograr la firma de un contrato con una empresa grande o para conquistar a la chica de sus sueños en una posición social relativamente acomodada debe de llegar con un buen auto. No es que no ocurra en otros lados, pero este fenómeno se acrecienta más porque nos hemos acostumbrados a pensar que andar a bici o a pie, es de pobres y gente que se muere de hambre, precisamente porque no nos hemos dado cuenta de los beneficios de usar transporte alternativo al automóvil.

    No estoy muy acostumbrado a andar en bici, de hecho no poseo una, pero a mí me parece perfecto que en mi ciudad Guadalajara, las autoridades ya se estén empezando a dar cuenta de la importancia de los transportes alternativos, sobre todo en esta ciudad tan mal planeada cuya apuesta al automóvil sería insostenible y sumiría a la ciudad en un caos.

    El problema está en romper paradigmas. Muchos de los avances que se empiezan a dar fueron en parte gracias a la presión de organizaciones civiles, y también gracias a que las autoridades han mostrado una mayor disposición. Pero muchos de los ciudadanos todavía no entienden como estos cambios pueden beneficiar a la sociedad. Por ejemplo, en Zapopan se construyó una ciclovía en la Avenida Santa Margarita. Muchos vecinos se quejaron: -Como nos quitan un pedazo de la calle para que muertos de hambre y hipsters cochinos anden vagando por ahí-. Naturalmente eso iba a causar resistencia, sobre todo en una sociedad tan conservadora y tan tradicional como la mía (que hay que recalcar que dicho conservadurismo ha mantenido a la ciudad en cierto estancamiento en comparación con otras). Ahora el gobierno implementará un programa de bicicletas llamado «MiBici», tal y como las que existen en ciudades como Nueva York, Melbourne, Londres, Ciudad de México y demás ciudades.

    Eso implicará romper paradigmas, implicará que los automovilistas tendrán que aprender más a convivir con los ciclistas (y viceversa). Seguramente muchos se quejarán: -Me van a quitar mi carrilote, malditos bicicleteros, seguramente son ñiles que le van a las Chivas-, pero los resultados se irán viendo. En ciudades tan caóticas como el Distrito Federal, Ecobici ha funcionado muy bien, y muchos ciclistas pueden pedalear por Reforma, Polanco, La Condesa o Centro Histórico sin miedo a que los atropellen. Muchas personas usan a diario este transporte, porque han visto que puede ser una muy buena alternativa al automóvil.

    La bicicleta no sólo ayuda a desahogar el tráfico. La bicicleta también incentivará el uso del transporte público y a que posteriormente se tenga que invertir más en él. Esto hará que el parque vehicular ya no crezca tanto. Y eso es lo de menos, hay que hablar de los beneficios a la salud que tiene agarrar una bicicleta. Y no sólo los beneficios a la salud, también esto ayudará a hacer más comunidad en la ciudad.

    La apuesta debe de ser crear ciudades compactas donde los individuos tengan que hacer traslados pequeños para satisfacer sus necesidades, donde haya un mayor sentido de la comunidad y convivencia entre sus integrantes (lo cual además, disminuye el crimen). Modelos urbanísticos basados en grandes traslados llenos de ciudadanos aislados en cotos amurallados están condenados al fracaso. Basta ver quienes viven en las afueras de la ciudad cuando se tienen que trasladar a la escuela o al trabajo.

    Se trata de romper paradigmas. Se trata de deshacerse de ese conservadurismo y egoísmo rancio. Se trata de hacer de la ciudad un lugar para convivir, y no un lugar para aislarse; en una ciudad que vaya en armonía con el ser humano, y no que lo incite a sufrir trastornos de ansiedad o depresión.

  • El dilema de la señora del aseo y su chile en nogada

    El dilema de la señora del aseo y su chile en nogada

    Una dama, ahora llamada #LadyChiles increpa a la señora del aseo por quererse llevar un chile en nogada en un tupper a su casa. La ama de casa es vilipendiada, es criticada duramente en las redes y la Conapred le levanta un oficio.

    Untitled-4

    ¿Saben qué? La señora tiene la razón. El error de la señora no reside en el «qué» sino en el «como». El error de la señora fue haberla exhibido en video y creo que fue muy dura para el tamaño del incidente, sobre todo porque en sí no es grave. Llevarse un chile en nogada en un tupper no es un crimen, más sí es una falta por parte de la señora del aseo, sobre todo en lo que tiene que ver con la confianza.

    Es decir, si ese incidente no se hubiera grabado, no hubiera tenido nada de malo. La humillación y las críticas (merecidas) hacia la señora tienen que ver con la publicación del video.

    Pero la señora sí tiene derecho a molestarse. En México muchas personas recurren a las señoras del aseo para que les ayude en la limpieza de la casa, esto porque no tienen tiempo, por dificultades físicas, o bien, por comodidad. En la casa de mis padres, desde que tengo uso de razón, siempre hemos tenido señoras del aseo. ¿Saben cuantas han robado o han tratado de robar pertenencias? Prácticamente la mitad.

    Por esta razón es que la confianza es muy importante, y tal vez llevarse un chile en nogada sea un incidente menor, pero lo suficiente como para que los dueños de la casa dejen de confiar. No es cualquier cosa encargarle la casa a una persona ajena mientras nadie se encuentra en ella, se necesita ser de mucha confianza, y es por eso que cuando alguien busca una señora del aseo busca que sea recomendada y que no tenga antecedentes.

    Las señoras del aseo tienen un trabajo muy demandante. Limpiar toda una casa, lavar ropa, hacer de comer, sumado a lo cansado que puede ser su traslado es toda una odisea. A veces es muy fácil subestimar su trabajo, a veces incluso se les exige perfección en un empleo que no tiene proyección a futuro, ni es motivador, y que sólo realizan por necesidad. Muchas veces se les exige un profesionalismo que por naturales condiciones no están motivadas a dar. Ellas no tienen motivación para dejar las recámaras impecables, ni para hacer la comida más rica del mundo. Si lo hacen de forma pulcra, ello no incidirá en su ingreso ni «subirán de puesto».

    Aún así, es cierto que muchas veces sufren de discriminación, aunque no siempre, muchas familias generalmente le guardan cierto cariño a las señoras del aseo, sus integrantes platican con ellas como si fueran de alguna forma parte del hogar. En otros casos sí son víctimas de actos racistas y clasistas, de gritos, de reclamos innecesarios, de ofensas.

    Pero una cosa es la indignación cuando su integridad es lacerada, y otra cosa es tolerar robos, hurtos y faltas a la confianza bajo el pretexto de la victimización y la conmiseración. Incluso muchas de las señoras del aseo que roban, logran su cometido, no reciben denuncia alguna y los dueños de la casa no pueden hacer nada por recuperar sus pertenencias.

    Por eso es que el incidente de la #LadyChiles nos muestra los dos lados de la cara. Por un lado el poco respeto que puede tener el señor o la señora a quien se encarga de la limpieza, como es este caso; y por el otro lado, la dificultad que tienen las primeras para encontrar a una señora del aseo a la cual le puedan tener confianza.

     

  • La corrupción me da Peña

    La corrupción me da Peña

    Recien subí una tabla a la Fan Page de Facebook (que pasé a Excel pero cuya fuente es el Programa de las Naciones Unidas del Desarrollo) donde se muestra como México es el campeón de la corrupción en Latinoamérica, relacionado a las mordidas y a los sobornos. Por ejemplo, el 20% de los mexicanos afirma que algún policía le pidió mordida en los últimos 12 meses. En Brasil sólo el 4% lo afirmó, y en Venezuela 7.8%. En México, el 21% afirma que se justifica pagar soborno, ¡El más alto de Latinoamérica!

    La corrupción me da Peña

    La corrupción es una clara muestra de que las instituciones no funcionan bien. La gente se corrompe más fácil en un ambiente donde no existe un estado de derecho, e incluso la corrupción es contagiosa: Si las personas perciben que las instituciones funcionan para unos cuantos, tenderán a corromperse de forma más fácil puesto que asumirán que es absurdo respetar la ley cuando esta sirve a unos cuantos, o bien, nadie la obedece. Y eso es lo que pasa con México.

    Algunos historiadores afirmaban que México era corrupto porque en tiempos de la Nueva España las leyes eran tan duras que el individuo se acostumbraba a evadirlas. Pero el problema en realidad es más simple, el problema está en las instituciones, en la forma en que está organizada una nación. El ser humano no tiene en sus genes el «chip de la corrupción», se comporta así porque vive dentro de un sistema que la promueve y que le dice que si quiere salir adelante, necesita echar mano de ella. El hombre se adapta a su entorno.

    Por eso es simple, pero muy difícil disminuir la corrupción hasta niveles tolerables. Tendría que haber un gran esfuerzo de voluntad de quienes son parte de las instituciones, pero también por parte de los ciudadanos. Esto implicaría cierto sacrificio a corto plazo para obtener un beneficio tangible a largo plazo. Tal vez por esto algunos afirman que la corrupción es algo cultural, porque es tan difícil erradicar que piensan que ya es algo de nosotros.

    Pero quienes afirman eso, entre ellos el Presidente Enrique Peña Nieto, no sólo se equivocan, sino que dicha afirmación puede ser usada para tomar una actitud displicente ante el problema de la corrupción: -Ah, es que los mexicanos somos así, desde que nací ha habido corrupción, ya nos amolamos-. Pero las evidencias contrarían a quienes hacen ese tipo de aseveraciones, y una de las más simples es la que hizo León Krauze en ese «ejercicio» donde varios periodistas (alguno de ellos paleros, hasta con toque seductor) entrevistaron al Presidente. Krauze puso el ejemplo de los mexicanos que residen en Estados Unidos, donde ellos respetan la ley, no dan mordidas y no se pasan los altos. También hizo la comparación entre Noruega y Rusia, donde sus instituciones han creado dos realidades diferentes para con el petróleo.

    Pero yo voy más allá, libros como Why Nations Fail de Acemoglu y Robinson, y El Manual del Dictador de Bruce Bueno y Alastair Smith, hablan de las diferencias entre los países que son prósperos y los que no lo son. Ambas obras demuestran que dichas diferencias no se deben necesariamente a la cultura sino a las instituciones, y como es que son las coyunturas (como se explica detalladamente en Why Nations Fail) las que van determinando cuales son las naciones que se desarrollan y cuales no, y no es ni la cultura, la geografía o el clima (esto último alguna vez lo llegué a creer debido al orden actual donde los países más desarrollados tienden a ser más fríos y a las afirmaciones que llegó a hacer Montesquieu de ello). Un ejemplo que citaban los autores era la diferencia entre Nogales Sonora, y Nogales Arizona, ciudades vecinas separadas por la frontera que comparten el mismo clima e incluso las dos ciudades son habitadas por personas de origen mexicano, pero cuyos niveles de desarrollo son disimiles.

    Pienso que para combatir la corrupción, lo primero que se debe de hacer es reconocer que se trata de un problema institucional, instituciones que sostienen la silla desde la cual se está gobernando, y que no se trata de un problema exógeno. De lo contrario nos auto condenaremos a ser corruptos para siempre, y más si le creemos esa afirmación a un Presidente que afirma que en México todas las denuncias con su debida prueba son resueltas: ¡Por favor!

     

  • ¿Por qué hacer el #IceBucketChallenge puede ser tonto?

    ¿Por qué hacer el #IceBucketChallenge puede ser tonto?

    El Internet tiene la capacidad de viralizar un fenómeno en el globo entero, lo cual era impensable hasta hace algunos años. Cuando gente famosa participa en ese fenómeno, la viralización se multiplica exponencialmente y todos quieren ser parte de él. El individuo para sentirse «parte de», decide participar, quiere verse cool, quiere tener su video de Youtube aunque sólo sea visto 5 veces (su mamá, su papá, dos amigos y otro que se está riendo de él y no con él). Esto explica el ya famoso #IceBucketChallenge que inició con una intención loable (aunque un acto que no implicara tirar agua hubiera sido mejor), pero que se ha expandido de tal forma que su causa original puede caer a un segundo plano.

    ¿Por qué hacer el #IceBucketChallenge puede ser tonto?

    Uno puede ver a Bill Gates o a Mark Zuckerberg hablando sobre el tema de la esclerosis, donde aceptan arrojarse un balde de agua fría con hielos en vez de donar dinero a instituciones que tratan éste padecimiento (aunque muchos «famosos» donaron de todos modos) y estos a su vez nominan a otras personas para que hagan lo mismo (dinámica que ayuda mucho a la viralización, y sobre todo a traer a la mesa el tema de la Esclerosis Lateral Amiotrófica, una enfermedad degenerativa que afecta fuertemente la vida de muchas personas). Se trató de una campaña original vista desde el punto de vista mercadológico, y con buenas intenciones. El problema es que el #IceBucketChallenge ha rebasado la causa y ha terminado siendo un fenómeno donde muchas personas se arrojan un balde para verse cool. Como si fuera un Harlem Shake con sentido social.

    Habría que preguntarles a muchos de los que se mojaron si de verdad están preocupados por el tema de la esclerosis, si pretenden donar dinero a una de las instituciones que la tratan para ayudar a los pacientes que luchan contra esta enfermedad, o al menos entraron al Internet para informarse sobre el tema. Parece ser que la causa original se ha vuelto secundaria y de lo que se habla es de los videos con los cubetazos más chuscos, o los videos donde todos se mojan en grupo porque es «in» hacerlo.

    El tema del agua podría entenderse en tanto el individuo que arroja el vital líquido lo hace con el fin de apoyar a la causa. La dinámica de aventarse un balde helado no es en vano, y es que se hizo así porque la sensación que provoca es muy parecida a la que provocan los síntomas de la esclerosis lateral amiotrofica. No se justifica cuando dicha agua se desperdicia con tal de hacerse ver cool y gracioso y simplemente aparecer en las redes sociales, esto se me hace una irresponsabilidad.

    Si alguien decide participar en la dinámica, al menos debería preocuparse por hablar de la causa como se había hecho originalmente para crear conciencia del tema. Incluso denota egoísmo querer subirse a ésta dinámica y hacer a un lado la causa para llamar la atención, y desperdiciar el vital líquido que es el agua. Digo, al menos en el Harlem Shake no se desperdiciaban tantos recursos.

    Y créeme, la esclerosis lateral amiotrófica no es ninguna broma… Hay una enorme diferencia entre ser solidario y ser borrego.

     

     

     

  • Ser primera dama en México

    Ser primera dama en México

    Siempre se habla de los presidentes que ha tenido la nación. Ese mito llamado Lázaro Cárdenas, el represor Díaz Ordaz, los presidentes que «fregaron» al pueblo (aquí muchos podrían poner a todos), los emperadores, los laicos, los tontos. La percepción del la figura presidencial es algo paradójica. Cada que vienen elecciones se finca la esperanza en un cambio, como si el simple cambio de mandatario nos pudiera traer progreso. Se cree todavía que el presidente es ese poder supremo que lo puede todo, al que se debe de recurrir en caso de cualquier problema. Pero a la vez la población padece al presidente, se burla de él, lo critica, y si le preguntamos a la gente común cuales han sido presidentes ejemplares, podrán mencionar a muy pocos, o a ninguno.

    Ser primera dama en México

    A la primera dama se le ve como algo secundario, como un accesorio (amén del país machista que somos), o bien puede tener la iniciativa y alentada por la corrupción o falta de carácter de su marido Presidente, alimentar su ego, hacer y deshacer. Tal como lo muestra el libro de Sara Sefchovich en su libro «La Suerte de la Consorte«, una obra que todo mexicano debería de leer y que sería algo así como la versión femenina de la trilogía de Enrique Krauze (esta última a mi gusto, la mejor referencia histórica para que el mexicano conozca su historia).

    Y la verdad, si buscar un buen presidente en México es muy difícil, también es difícil hacerlo con las primeras damas. Algunos pensarían que son un pan de Dios, porque según nuestra idiosincrasia, deben se ser mujeres sensibles, que se preocupan por los niños, por el marido. Pero la verdad es que a través de la historia de México han habido dos tipos de primera dama. El primer tipo es el más común y repetido, y es la dama sumisa al marido presidente en sus diferentes presentaciones (desde las que se quedaban en el hogar y nada más, hasta las que se limitaban a acompañarlos en sus giras). El segundo es aquella dama con iniciativa, pero despilfarradora y alimentada por la corrupción o permisividad del presidente en turno. Así lo fueron Carmen Romano de López Portillo, María Esther Zuno de Echeverría, Eva Sámano de López y por supuesto, la inolvidable Marta Sahagún.

    A mi juicio, la que más se ha acercado a ser una buena primera dama es Margarita Zavala, quien ha tenido más iniciativa sin llegar a la megalomanía de las anteriormente mencionadas (posiblemente debido a que es la única que ha estado dentro de la política) y aún así hay temas que se le pueden cuestionar como el tema de la Guardería ABC, entre otros.

    La verdad es que el trabajo de la primera dama a través de la historia en México no ha servido de mucho. Han llevado a cabo diversas campañas asistencialistas, dado donativos, dirigido al DIF, y su trabajo no se ha traducido en resultados palpables, y lo más que han hecho es contener temporalmente un problema que se tiene que resolver de raíz. Las primeras damas están lejos de ser el ejemplo del gran talento de la mujer y de su capacidad para influir positivamente en la sociedad. Y es que en esa figura, que ni siquiera está institucionalizada, quedan muy patente dos males: Uno que aqueja a las mujeres que es el machismo y la falsa creencia histórica de que la mujer debe de encargarse del hogar y no de las actividades «de los hombres», y el otro que aqueja a todos por igual, y es la corrupción.

    Yo estoy de acuerdo con Sara Sefchovich en que se debe de institucionalizar la figura de la primera dama, la cual, como el Presidente, sea una servidora pública que goce de sueldo y que los mexicanos puedan exigirle resultados. Las primeras damas (término creado por los estadounidenses quienes les han dado más importancia a esta figura) posiblemente existen como recurso para mostrar ese lado amable y familiar del Presidente, pero su trabajo no debe limitarse al hogar, incluso se les debería exigir tener preparación para tomar ese puesto. Porque la historia nos ha enseñado que muchas campañas creadas por ellas han sido producto de la improvisación y de las ocurrencias.

    Pero antes de desear eso, me gustaría ver en México a una presidenta mujer ¿Será que alguien actualmente tiene la capacidad para ello y quiera lanzarse al ruedo?

  • Made in Chismo

    Made in Chismo

    Recuerdo cuando era niño, se lanzó una campaña para alentar la compra de productos nacionales. Hace poco me acordé de ella, y es que eso ocurrió hace 20 años. Traté de buscar en Internet y sólo encontré un extracto de un libro que hace alusión a esta campaña. Y era una campaña curiosa, porque apelaba al ya tradicional nacionalismo que todavía tenemos en nuestras venas gracias al adoctrinamiento oficial. Y es que no es difícil de deducir que el «Chismo» hace referencia posiblemente a «Made in China» pero también a «malinchismo» y es que ese término nos lo inculcaron para odiar lo extranjero, para verlo como una traición.

    Made in Chismo

    Lo curioso es que esta campaña fue lanzada hacia el final de sexenio de Carlos Salinas de Gortari, poco antes del levantamiento del EZLN. Sí, por ese Carlos Salinas, arquetipo del neoliberalismo mal orquestado, de las privatizaciones, y del fin del proteccionismo. Pero me pregunto, ¿Es saludable escoger productos nada más porque son mexicanos? ¿O deberíamos de comprar los productos que nos satisfagan nuestras necesidades?

    Naturalmente consumimos muchos productos mexicanos, ya que forman parte de nuestra cultura (como nuestra deliciosa, picante y en ocasiones, engordante comida), o bien, porque nos enfrentamos a una condición monopólica (como algunos servicios) y en el más positivo de los casos, porque esos productos tienen muy buena calidad, o son los óptimos en la cuestión calidad-precio.

    Pero, si veo un producto gringo de mejor calidad que el mexicano que aparece al lado, o que satisface mejor mis necesidades. ¿Atento contra México si lo compro? ¿Soy un antipatriota? ¿Un mal agradecido con la nación?

    Algunos me dirán que sí, algunos izquierdistas, algunos priístas que viven del pasado, e incluso hasta algún panista perdido. Pero yo creo que no, es más, por el contrario, a la larga se le hace un gran favor a la industria mexicana.

    ¿Qué pasaría si compráramos si discrimináramos a los productos extranjeros con el fin de beneficiar a «nuestros compatriotas? Fácil, desincentivaríamos el desarrollo de las empresas mexicanas. Haríamos que fueran menos competitivas porque no tendrían motivos para innovar y ponerse al tú por tú con las empresas extranjeras, y se limitarían a competir sólo con las empresas nacionales.

    Lo peor para los nacionalistas, es que es prácticamente imposible que una sociedad sacrifique calidad o precio por comprar un producto mexicano. Incluso cuando la esquizofrenia nacionalista temporal nos invade, cuando se decide hacer un boicot por un día para «darle en la madre a los gringos», -Pos hoy no hay que comprar Coca ni ir al McDonalds- termina compensando en los días anteriores o siguientes. En lugar de comprar una Coca, compro dos, para así no comprar el día del boicot -¡Qué inteligentes somos!-.

    Creo que mejor cariño por la nación se puede mostrar alentando a los empresarios a innovar más, a sentirse orgulloso de aquellos que tienen la capacidad de competir fuera, aquellos que se quitan los paradigmas de que el mexicano es de segunda, aquellos que no necesitan que «papá gobierno» defienda sus intereses y los ayude a ser millonarios porque al menos «son mexicanos» (ejem, Televisa, ejem Slim).

    Defender al mexicano para que continúe siendo débil y mediocre es una absoluta contradicción. Entiendo ese chip, ese nacionalismo derrotista que nos metieron con los libros de historia. Porque nuestra historia es tan fea, que se levantan estatuas para erigir a «héroes míticos» que ganaron una batalla, pero que perdieron la guerra. Y es que nuestra historia puede ser mejor, sólo si empezamos a construir una nueva, y no si malcontamos la historia del pasado.