Categoría: sociedad

  • Nuestro México, va por buen camino

    Nuestro México, va por buen camino

    No, no es un slogan, no es un discurso del Presidente mientras el país se cae a pedazos. Es más bien un intento de ver a México desde una perspectiva de vaso medio lleno. Y los lectores me dirán ¿Qué le pasó a Cerebro? ¿Cuando va a pasar a las oficinas del gobierno por su cheque?, y es que a veces las crisis donde tocas fondo pueden ser un cambio de viraje, porque el crecimiento es doloroso.

    Nuestro México, va por buen camino

    Hace varios años tuve una frustración «amorosa» (así entre comillas) muy dolorosa. Eso implicó para mí una enorme sacudida a mis estructuras mentales, días en que sentía que todo se había caído. Así como México se siente hoy, yo me sentía, así como cuando dices «me dueles México», así me dolía a mi. Eso tuvo que ver con el hecho de que varias cosas dentro de mí no estaban bien, estaban lo suficientemente mal como para dejarme atraer por personas que estaban realmente mal. Posiblemente me sentía solo en ese entonces, pero ese trauma, ese golpe, hizo que no tuviera otra alternativa más que mirar hacia adelante.

    Paradójicamente no era el peor momento de mi vida, ni era mi peor versión, pero todavía no era la versión que debía de ser y ese golpe llegó a recordármelo. Lo mismo pasa con México, con todo y lo que estamos sufriendo, podemos decir que estamos algo mejor que en, 1994. Tenemos una sociedad más despierta, tenemos acceso a más información. Pero no somos nuestra mejor versión como país, y este duro golpe (Ayotzinapa, lejanía de la clase política y descontento social) viene a recordarnos que hay muchas estructuras que debemos de derribar y de cambiar.

    La masacre de Ayotzinapa es consecuencia de muchas cosas que se hicieron mal por mucho tiempo, de estructuras nocivas que permanecieron ahí y que nadie les puso atención. Darnos cuenta de ello y sacudirnos fue algo muy doloroso, pero fue uno de esos golpes que harán madurar a la sociedad. El hecho de que la lejanía de la sociedad con la clase política sea motivo para salir a las calles es otra sacudida, es darnos cuenta de que no podemos seguir así. La figura de Peña Nieto a quien tanto repudiamos es también consecuencia de estructuras que tienen que ser derribadas (y no me estoy refiriendo a tomar las armas), la realidad actual es insostenible, pero también lo es porque hemos tenido cierta maduración como sociedad. Tal vez una situación similar hace 20 o 30 años no hubiera tenido tantas repercusiones y lo hubiéramos «dejado pasar» como sociedad. Pero ahora ya no; ahora «ya nos cansamos».

    Todo es sombrío, oscuro ¿Y cómo no lo va a ser? Estamos en un momento de agitación, donde se comienzan a mover muchas cosas, y en estos momentos es donde los individuos debemos de tener una mayor capacidad crítica. Es un reto, nos estamos confrontando como sociedad. Ya nos hemos dado cuenta que lo que estamos haciendo como país no funciona, y tocará ver que es lo que vamos a hacer para empezar a cambiar las cosas. Los mexicanos estamos aprendiendo a no tolerar la corrupción, la impunidad. Los corruptos cada vez tienen más problemas para esconderse, siempre han existido, pero el que los ciudadanos tengamos cada vez más posibilidades de exhibirlos, puede ayudar de alguna manera a inhibir la corrupción, porque los que salen de las cloacas son muchos, cada vez más

    Tenemos un lío por delante, pero tal vez esta coyuntura pueda ser el inicio de algo bueno. El que esto sea insostenible nos obligará a hacer las cosas de otra manera. Las formas en que se conduce la clase política actual están empezando a dejar de funcionar, 91% de los mexicanos creen que los partidos políticos son corruptos según Transparencia Internacional (el índice más alto en todo el mundo). México duele, pero lo que no te mata te hace más fuerte, pero los mexicanos tenemos una responsabilidad, y es que nos tenemos que repensar, tenemos que imaginar donde queremos estar en un futuro.

     

  • Sandino Bucio, el gobierno y la violencia

    Sandino Bucio, el gobierno y la violencia

    El sábado supimos que Sandino Bucio Dovalí había sido secuestrado por supuestos agentes federales para después ser llevado a la SEIDO. Ésto lo supimos porque su captura fue grabada con dispositivos móviles, donde se constata que subieron a un automóvil agentes vestidos de civiles para luego golpearlo, amedrentarlo, y decirle de lo que se iba a morir, cosa que va en contra de todos los protocolos y es un flagrante atentado contra los derechos humanos (aún siendo culpable). Sandino Bucio terminó el día como héroe cuando su mamá en medio de miles de activistas lo esperaba después de que hubiera sido liberado.

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    El domingo, el periódico Reforma publica imágenes donde se ve a Sandino Bucio participar violentamente en manifestaciones. El día de hoy, Carmen Aristegui lo entrevista y lo cuestiona por esas fotografías. El afirma que actuó así en defensa propia, pero al final él mismo afirmó tácitamente que no estaba en contra de las manifestaciones violentas porque la gente ya esta harta del gobierno, y para eso puso como ejempelo los bloqueos y las manifestaciones violentas que hemos visto en entidades como Guerrero. La conclusión a la que podemos llegar es que tanto Sandino Bucio como el mismo Gobierno actuaron de forma ilegal. Algunos justifican la forma ilegal en que operó el gobierno para que «ya de una vez entiendan esos revoltosos» y otros mitifican a Bucio y justifican su violencia tal cual mártir de la patria. Ambas posturas son completamente erróneas si se quiere aspirar a tener un Estado de derecho.

    Siempre he insistido en no caer en errores de relativización. El que nos hayamos dado cuenta que Bucio no era un «pobre angelito» no relativiza la forma en que fue levantado por las autoridades y viceversa, el que las autoridades repriman de esta forma a manifestantes, no les da puerta abierta para que usen la violencia. El problema es que en el tema de las manifestaciones por unos pocos pierden todos. El gobierno es mucho más poderoso que un manifestante, y siempre le convendrá «exhibir» los actos vandálicos para deslegitimar una manifestación pacífica.

    La manifestación del 20 de noviembre se caracterizó por su pacifismo (aunque algunos medios insistieron en demostrar lo contrario), incluso en Estados Unidos (país desarrollado al cual siempre nos ponen de ejemplo) días después, a raíz de la exoneración de Darren Wilson, quien matara a un adolescente negro en Ferguson, salieron a las calles y abundaron los actos violentos, destrozo de carros y demás actos vandálicos. Pero en México, a pesar de la rabia, de la indignación, la gran mayoría de la gente se comportó a la altura, y fueron unos pocos (entre los cuales posiblemente había infiltrados) los que llegaron a causar desmanes. Pese al pacifismo, la policía reprimió la manifestación, incluso agredieron a comensales.

    Pero ahora pondrán los reflectores en Sandino Bucio, estudiante de Filosofía y Letras de la UNAM, de donde salen estudiantes radicalizados que se organizan en el Auditorio Ernesto «Ché» Guevara. Incluso el gobierno tendrá a quien aventarle la bolita. Una de las indicaciones que se deben de seguir para no caer en la represión gubernamental es no ceder ante la violencia. Cuando esto ha pasado quien gana siempre es el Gobierno. La paz es lo que da legitimidad a los manifestantes frente al resto de la población.

    Los gobiernos represores y los ciudadanos que buscan revoluciones violentas son ejemplo claro de países que no se han logrado consolidar. Las manifestaciones que se llevaron en áreas urbanas fueron ejemplo de que los ciudadanos ya quieren estar a la altura, pero en zonas como Guerrero todavía persiste ese México bronco anclado en el pasado, que habla de revoluciones que históricamente han sido un fracaso. Por eso Sandino Bucio se ha equivocado, pero el Gobierno también lo ha hecho. La mala noticia es que a diferencia del Gobierno, quien asumirá el error de Bucio no será el mismo, sino todos los ciudadanos.

  • 10 cosas que debes saber sobre Teletón

    10 cosas que debes saber sobre Teletón

    10 cosas que debes saber sobre Teletón

    1.- Teletón no es de Televisa. Que esa televisora lo transmita no significa que sea de Televisa.

    2.- Teletón es una AC independiente, lo que significa que el dinero que dona la gente, no lo puede deducir Televisa.

    3.- Y si estás dado de alta en el SAT, puedes tu mismo pedir un deducible de impuestos en la página de Teletón.

    4.- Grandes empresas donan a Teletón y lo deducen de sus impuestos. Eso es tan legal, que como comenté en el punto anterior, tú lo puedes hacer.

    5.- ¿Y a dónde quieres que vayan tus impuestos?, con Teletón sabes que van a una buena causa. Si se va al gobierno no sabes si van a usar tu dinero para comprar votos, o para pagarle a vándalos infiltrados para que quemen la puerta de Palacio Nacional y revienten manifestaciones.

    6.- Que sale Lucerito llorando, o sale la pareja presidencial invitando a donar para que creas que tienen una pizca de bondad en toda esa miseria. ¡Ignóralos!

    7.- La ONU exhorta a los gobiernos a no donar a Teletón porque el gobierno debería cumplir con su función, pero no dicen que tú como individuo no dones

    8.- Lo que importa es que Teletón como sea, ayuda a muchos niños que no tienen las mismas condiciones que tú tienes.

    9.- No tienes que donar al Teletón, hay muchas otras opciones, y posiblemente encuentres mejores. Eso no es problema.

    10.- Pero no dejes de donar o incites a los demás a no donar por la falacia de que es un negocio de Televisa para no pagar impuestos.

    Y lo digo yo que me c&);ha la m&-€dre Televisa

  • La verdadera Revolución Mexicana, no mamadas

    La verdadera Revolución Mexicana, no mamadas

    Mi madre me preguntó cuando fui a comer con ella por qué no estaba vestido de negro (me sorprendía que se volviera activa políticamente). Mi padre llegaba con un encono tremendo a decirme barbaridades de Enrique Peña Nieto. Nunca los había visto tan molestos, era signo de algo, y no formaban parte de una estrategia para desestabilizar al país. De último momento decidí asistir a la marcha. Eso de las marchas no es lo mío, pero la indignación hizo que esta vez cambiara de decisión. Además prometía ser un día histórico, y así fue.

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    Creo que esta es la manifestación más importante desde 1968, porque se trató de una manifestación global, marchas en todo mundo pidiendo justicia por los normalistas de Ayotzinapa y pidiendo la renuncia de Peña Nieto. Yo asistí a la de Guadalajara, no tan multitudinaria como la de la Ciudad de México, pero muy concurrida siendo una ciudad no tan acostumbrada a salir a las calles. La marcha fue muy heterogenea, los socialistas son los que se hacen notar más, pero eramos de diversas ideologias, de diversas clases sociales con una misma preocupación en común. Éramos de izquierda o de derecha, éramos jóvenes, padres, estudiantes, orábamos, éramos diferentes pero estábamos ahí por una causa en común.

    Queda claro que no se trata de una «estrategia» bien planificada para desestabilizar al gobierno. El gobierno de Peña Nieto se ha desestabilizado solo, y por eso la gente está en las calles, por eso la gente quema al muñeco de Peña gigante en medio del Zócalo capitalino, porque está molesta, porque se siente muy frustrada. Porque la gente caray, quisiera un México más estable, más justo, y no esto que tenemos ahora. Ahora muchos de esos que antes gritaban -mejor ponte a trabajar- se solidarizaron, ahora no sólo le gritan a Peña Nieto y a su gobierno que se pongan a trabajar, ahora piden su renuncia.

    A diferencia de 1910 donde se tomaron las armas y donde los revolucionarios se comportaban como caciques, la gente salió a las calles pacíficamente a manifestar su inconformidad. En Guadalajara las reglas entre los manifestantes estaban claras, la violencia estaba estrictamente prohibida, nadie podía llevar cubierta la cara o se le separaba de la manifestación. La policía brilló por su ausencia, pero no se necesitó, quienes asistimos pudimos regularnos solos. No había algún indicio de que fuéramos a «desestabilizar el país».

    En México algunos cayeron en actos violentos, pero fueron muy pocos, algunos posiblemente infiltrados o inducidos por ese gobierno al cual le conviene mostrar que se trató de un acto violento cuando no fue así. Porque el gobierno ya no sabe que hacer, está acorralado. La hija de Angélica Rivera, Sofía Castro, es increpada en Las Vegas cuando fue a recibir un premio mientras en la misma ciudad, Calle 13 recuerda a Ayotzinapa en el Grammy Latino, y mientras el Chicharito Hernández se solidariza con las manifestaciones (seguramente el Chicharito quiere desestabilizar al gran proyecto de gobierno desde la banca).

    El gobierno inepto vive en una burbuja, no es sensible ante lo que ocurre en el país cuando ellos deberían de ser los primeros en sensibilizarse porque para eso se les paga. En vez de eso pretenden regañarnos e inventan «teorías del compló» (igual que su símil intelectual de las izquierdas) para desacreditar a la gran mayoría de mexicanos que estamos en contra de lo que representan, no por querer estarlo sin sentido, sino porque ellos representan la corrupción, la impunidad, y todo aquello que ya no queremos.

    Y no les importa, ellos siguen haciendo lo mismo. Todo parece indicar que los Vázquez Raña ganarán la licitación para las nuevas cadenas de televisión abierta, siguen haciendo negocios con sus amigos, no les importa, quieren seguir enriqueciendo a sus cercanos. Por eso los mexicanos estamos hasta el queque, por eso los mexicanos estamos encabronados, porque estamos hartos de que los gobernantes quieran saquear los recursos que nosotros creamos con el sudor de nuestra frente, porque para nosotros son poco menos que delincuentes en el poder, porque no se vale, porque están moviendo a Méxicco al precipicio.

    Pero los mexicanos estamos despertando… Y el Gobierno debe de saber que ya no se encuentran ante la sociedad sumisa y agachada de mediados del Siglo XX. Porque no se trata de una revolución violenta compuesta por revolucionarios que violaban a las mujeres que encontraban a su paso y después se «institucionalizaron», porque se trata de personas que buscan revolucionar conciencias. Esos somos los mexicanos.

    Por último les comparto fotografías que tomé de la manifestación en Guadalajara:

  • López Obrador quiere que Peña Nieto se vaya

    López Obrador quiere que Peña Nieto se vaya

    He platicado con varias personas sobre qué tanto «ayudaría al país» la renuncia de Peña Nieto. Mucha gente ya está harto de él, la indignación escaló a niveles preocupantes, e incluso días como hoy (que sirven para tomar el puente y poco más) inspiran a quienes quieren que México cambie. Los más civilizados hablan de una revolución de las conciencias, una revolución pacífica más parecida a lo que proponía Gene Sharp en su libro De la Dictadura a la Democracia, en tanto los que no lo son tanto desearían una revolución como la que se vivió poco más de un siglo, y de donde paradójicamente se ha originado el estado actual de las cosas.

    López Obrador quiere que Peña Nieto se vaya

    Mucha gente, de forma genuina, pide la renuncia de Peña Nieto. Independientemente de si sea una buena decisión o no, o si ello realmente mejoraría las cosas o no, cuestiones que dan mucho para debatir, lo hace y lo dice porque piensa que así podrían mejorar las cosas. Pero hay otras personas que promueven su renuncia con intereses personales como Andrés Manuel López Obrador.

    No sé cual sea el verdadero fin del personaje de las izquierdas (quien apoyó o al menos consintió la llegada de Jose Luis Abarca al poder), pero se ha convertido en uno de sus principales promotores. Posiblemente vea muy difícil que eso se vaya a dar, pero a López Obrador le convendría que el gobierno de Peña Nieto termine muy debilitado porque eso le daría puntos en las siguientes elecciones. Es un hecho que Peña Nieto no se va a ir a menos de que se perpetre un golpe de estado. Peña Nieto no renunciará porque eso implica que se vaya todo su gobierno y que se pierdan muchos intereses. Si Peña Nieto se fuera en este instante, deberían haber elecciones; si Peña dejara el poder por salud ocurriría lo mismo (siempre y cuando ocurra en los primeros trea años de su mandato). Si esto no ocurriera y al renunciar el presidente, se pudiera elegir otro que represente al mismo gobierno, posiblemente Peña Nieto ya no estaría gobernando.

    ¿O quisiera López Obrador perpetrar un golpe de Estado? No lo creo, porque para empezar, no tendría la suficiente fuerza para hacerlo. Ni siquiera, al menos en apariencia, los grupos más radicales a los que podría acudir (CNTE, EPR) podrían tener la fuerza para combatir contra el ejército (y hay que agregar que la relación entre AMLO y el EZLN es más que mala). Una guerra civil se antoja difícil a menos que estas fuerzas logren adquirir más poder y armamento. Además tendríamos que hablar del narco que podría ocupar ese vacío de poder que se generaría y quienes están más armados que los grupos radicales.

    Pero de alguna forma, a López Obrador le conviene desprestigiar a Peña Nieto (tarea, que hay que ser sinceros, no es nada difícil), un gobierno débil le daría más fuerza a él. Por eso es que en redes sociales, por medio de su periódico Regeneración, comparte carteles donde explícitamente pide la renuncia, y los cuales son compartidos por muchos usuarios que no apoyan a López Obrador pero que no se molestan en revisar el origen de dichos carteles. Si en un inicio, el gobierno del PRI pensó en tomar Ayotzinapa como bandera para desprestigiar al PRD y a AMLO, ahora que los resultados se han de alguna forma revertido (porque no pensaron en que muchos señalarían a Peña Nieto como responsable indirecto por sus políticas contra la inseguridad y su pésimo manejo del problema), algunos interesados buscan canalizar la indignación de la masacre hacia Peña Nieto.

    Esto es importante señalarlo porque hay líderes como él que quieren aprovechar la genuina indignación de los mexicanos para beneficiarse políticamente.

    Y he comentado con amigos, si Peña renunciara ¿Quién podría relevarlo? Hemos tratados de hacer listas y nos hemos dado cuenta que la politica actual está tan enferma, que es extremadamente difícil barajar nombres. Tal vez puedo pensar en Juan Ramón de la Fuente y posiblemente Javier Corral. Pero la verdad prácticamente no vislumbro a nadie.

  • Combatir la violencia con violencia

    Combatir la violencia con violencia

    ¡El México bronco por fin ha despertado! Afirman algunos con júbilo.

    Mientras en las principales ciudades los manifestantes salen a las calles de forma pacífica (aquellas con un ingreso per cápita alto, aquellas que no están en la zona jodida de México), en otros lados, en sectores vulnerables, que se han quedado estancadas en el tiempo (igual que sus ideas y su madurez civil) vemos ese México bronco, ese México violento que es más parecido a ese de donde salieron los caciques revolucionarios. Los que se pueden presumir víctimas del Estado, pero también víctimas de ellos mismos, de sus impulsos, de sus ideas que perdieron vigencia desde antes de la caída de la URSS.

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    Los manifestantes violentos son una contradicción. Tratan de evidenciar al gobierno como inútil, pero no lo logran dejar patente por alzar la voz, sino por la permisividad que tienen para realizar sus actos. Los gobernantes o son displicentes (CNTE) o los reprimen (Atenco) pasándose las leyes por el arco del triunfo, pero nunca actúan conforme a derecho contra ellos. De las dos formas ayudan a que los vándalos ganen el discurso.

    Cuando quemaron la sede de Gobierno de Chimpalcingo, la sociedad no aplaudió el hecho, pero lo interpretó como entendible ante la rabia. Pero cuando los hechos se repiten una y otra vez, la conclusión es diferente. La violencia no se puede combatir con violencia, es una contradicción. Como así es una contradicción buscar atacar al Partido «Revolucionario» Institucional con una revolución, inspirada paradójicamente en la Revolución Mexicana.

    Que nos solidaricemos con los normalistas no implica que debamos compartir su forma de actuar. El que sean históricamente acosados por el Estado no les da derecho a bloquear carreteras, incendiar inmuebles, porque de esa manera muestran una retrogradez incluso más profunda que el Estado mismo. Su forma de conducirse no debe por ningún motivo relativizar la masacre ni mucho menos justificarla, pero a la vez tampoco lo segundo puede ser pretexto para justificar lo primero.

    La indignación puede ser justificada, pero la madurez de una sociedad está dada también por las formas en que buscan resolver dicha indignación. En tiempos recientes la creatividad ha sido básica para cambiar sistemas, la caída de Pinochet en Chile es un ejemplo claro. Cuando los individuos están atados a mecanismos clientelares (que son típicos de los gobiernos que repudian) y sus ideas son lo suficientemente cerradas como para no aceptar que son caducas, y cuando sus métodos de lucha son aquellos que muchos países ya dejaron en el pasado como parte de su natural evolución, entonces estarán condenados al fracaso.

    La quema de edificios, el bloqueo de carreteras y demás actos, son una muestra de la inoperancia de las autoridades, pero también de la de ellos. Mientras en las ciudades, el gobierno acude a infiltrados para desvirtuar las manifestaciones pacíficas, en los sectores vulnerables se ausenta, porque los mismos actos reprobables pueden, paradójiamente, beneficiarles a aquellos quienes dicen combatir. Mientras mayor es su rabia, más capital mediático ganan los gobernantes.

    No es con más rabia ni con más violencia, es con una mayor madurez, creatividad y capacidad crítica que se podrán lograr cambios. De lo contrario estamos condenados a repetir la misma historia.

  • Cuando la puerta de Palacio Nacional se quema

    Cuando la puerta de Palacio Nacional se quema

    Lo que vi ayer me dejó pasmado. No podía creer que la indignación llegara a tanto. Ver la puerta de Palacio Nacional en llamas, por el simbolismo que ello genera, es escalofriante, me deja en shock y habla de como este conflicto político ha escalado a niveles que en lo personal no recuerdo haber visto.

    Cuando la puerta se quema

    Lo peor de todo es que las imágenes subidas por varios usuarios parecen sugerir que se trató de infiltrados (es decir, vándalos pagados con tus y mis impuestos). En ellas vemos que hacen y deshacen con guardias de seguridad permitiéndoles hacer lo que sea, otro vándalo parece tener un micrófono y otro inclusive es protegido por los granaderos. Pero independientemente de que esto haya sido una infiltración, la rabia ante el Gobierno Federal va in crescendo. Ciertamente Peña Nieto no es el principal responsable de la matanza en Ayotzinapa, fue un alcalde del PRD, pero no deja de tener responsabilidad como Ejecutivo Federal, y es que el país se le está yendo de las manos. El actuar de su Gobierno ante la masacre mostró su completa ineptitud (tardaron 3 semanas en anunciar lo mismo que el Padre Solalinde) y eso acumulado a los agravios que siente la sociedad con el gobierno (Elecciones 2012, Reforma Fiscal y mucho más), está poniendo al país en un punto álgido.

    Ciertamente hay algunos líderes que buscan canalizar la indignación a su favor, como López Obrador y otras organizaciones. Pero el curso de estos dos años de Gobierno, y no sólo el de Peña Nieto sino todo en su conjunto (estatales y municipales) nos deja entrever que si seguimos haciendo las cosas igual, la olla de presión va a explotar. A Peña Nieto se le está saliendo todo de las manos, la inconformidad en varios sectores de la población (sean de derecha o de izquierda) sigue aumentando. Lo más razonable (aunque algo utópico pensando en que nadie va a soltar el poder sin más) sería que dejara el poder, se hicieran elecciones, o una coalición gobernara con el fin de resolver este conflicto político, porque la verdad es que el gobierno de Peña Nieto ya no puede.

    La quema de la puerta coloca el conflicto en una nueva etapa, más álgida, más preocupante. Peña Nieto se va (o huye) a China a la cumbre de la APEC, pero por el tamaño del conflicto debería quedarse en México a resolverlo. No lo hace, lo que deja entrever que en realidad no tenemos un Presidente. En este más de un mes de conflicto, la figura de Peña Nieto ha brillado por su ausencia, por su displicencia y por su ineptitud. Un gobierno débil no tiene la capacidad de manejar este conflicto, más bien el conflicto se dio, en parte, gracias a la presencia de un gobierno débil.

    El problema es que de ese México bronco de antaño todavía hay mucho. Muchos claman una revolución, y te invitan a leer la historia para «no repetirla», pero ellos mismos la ignoran, porque de revoluciones como las que anhelan, salió eso que ahora señalan como el enemigo: El Partido «Revolucionario» Institucional. El problema es que corremos el riesgo de repetir la historia, y es que muchos no han sabido canalizar correctamente su indignación.

    Es más difícil construir, y habrá que pensar cómo le podemos hacer para que a partir de esto que tenemos, muy poco, y muy deteriorado; podamos reconstruirnos como país, que México sea un país de leyes y no de corrupción. Es una tarea más difícil y menos catártica que buscar la revolución o la deposición del gobierno a como dé lugar, como si eso por sí mismo fuera a traer el tan deseado progreso del país. ¿Cómo podemos convertir una puerta quemada en un Estado de derecho? ¿Cómo podemos convertir la indignación en ciudadanos responsables? Son preguntas que nos tenemos que hacer, tenemos mucho que resolver: Pobreza, desigualdad, inseguridad, corrupción, impunidad. ¿Quiénes serán los nuevos líderes de México? Porque me queda claro que por el momento no hay, y menos en política.

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  • #YaMeCansé

    #YaMeCansé

    Y es que Murillo Karam se había cansado de responder tantas preguntas.

    En este momento las cosas en mi vida van bien, aparentemente las cosas van por buen rumbo. Pero me pongo a pensar en la tristeza que me da ver que mi país no es parte de esa armonía, es más bien una incómoda disonancia que arruina mi magistral pieza musical. Adquirir nuevos clientes no sabe igual que perder compatriotas míos que fueron matados por el estado, no sabe igual confiar en mis proveedores cuando no puedo confiar en la policía ni en el gobierno. Me da tristeza.

    Y es que como Murillo Karam afirma, yo ya me cansé también, pero me cansé de verlo a él, al Presidente Peña Nieto y  a sus cercanos, verlos hablar, hablar y más hablar, sin notar alguna sensibilidad por la tragedia. Porque de la tragedia hacen política, porque el Padre Solalinde ya sabía lo que el gobierno nos viene a decir unas semanas después, según ellos después de un incansable trabajo. Lo cual pueden significar dos cosas (por separado o a la vez), que fueron profundamente incompetentes, o bien, que manejaron el problema para sacar la mayor rentabilidad política (y si fue así, lamento decirles que no lograron su cometido). También me canse de ver a otros personajes que se aprovechan del dolor de la gente, de los mexicanos y buscan canalizar ese coraje para su beneficio propio: ¿Nombres? López Obrador.

    Porque sí, a mí me gustaría que renunciara Peña Nieto porque ya ha demostrado que es un total inepto como Presidente y temo pensar que faltan 4 años más de su gobierno y el peligro que eso conlleva para México. Pero gente como el ahora líder de Morena ve en ese hecho la oportunidad para redimirse, para aparecer como el salvador, el justiciero, cuando no sólo ha hecho absolutamente nada, sino que tuvo el empacho de no hacer nada cuando le dijeron quien era Abarca (con quien se tomó la foto).

    Todo esto me da una gran profunda tristeza. Me incomoda llenar este espacio de artículos haciendo crítica de los gobernantes, muchas veces no me gusta hacerlo pero siento que tengo que. Lo que más me preocupa es que los gobernantes a la vez son ciudadanos, y de alguna forma son representantes del pueblo de México, no son entes ajenos ni extraterrestres que no tienen nada que ver con el mal llamado «pueblo noble y bueno», lo cual nos hace parte del problema. Hay mejores ciudadanos y peores ciudadanos, pero en promedio es algo como lo que tenemos allá arriba.

    Cuando tú das una mordida al tránsito tienes un poquito de Abarca en tu espíritu, cuando tratas de usar palancas para beneficiarte tienes un poquitín de Peña Nieto, de AMLO, de Javier Duarte, y de todos esos políticos que denostas. Todo lo que está pasando es la culminación de todo lo que hemos hecho mal como mexicanos, de la muestra de que no hemos podido organizarnos lo suficientemente bien como para tener un país fuerte.

    Y es que caray, duele, que el estado les prive de su vida a 43 estudiantes. No importa si recibían teoría marxista o los usaban, seguramente querían una sociedad mejor, querían ser maestros, querían tener un futuro, querían enseñar en sus pueblos. Y el estado les privó de su vida. Ver a Abarca y a su narco esposa detenidos no es suficiente, no sana las heridas.

    ¿Y cómo confiar en el estado cuando una parte de él fue el asesino? No fue Peña Nieto ni el Gobierno Federal, pero sí fue un gobierno producido en parte, por las políticas federales a través de muchos años, por la cultura de la corrupción establecida.

    Esto no es solo culpa del «Regreso del viejo PRI» es todo un sistema que no funciona. Pediría por sus oraciones, pero no sé si eso sea de utilidad en un país tan católico y descompuesto a la vez, un país que debe de dejar de pedir y se debe de empezar a poner «a hacer».

    México cae bajo, muy bajo, pero estos son los momentos en que ya no podemos evadir nuestra realidad, debemos de reconocerla por más dura que sea. Y así como yo y muchos de ustedes como personas pensamos en que ya no íbamos a salir adelante y lo logramos, creo, sí creo, que tenemos la capacidad de superar esto, y que de alguna forma, sea el parteagüas para lograr de éste país, un México mejor, el cual podamos ofrecer y dedicar a nuestros estudiantes, los que se han ido, los que dejamos que el estado matara. Porque a pesar de todo, yo creo que México si tiene futuro.

    Porque no vale cansarse, duele mucho, demasiado, pero hay que mirar hacia adelante.