Categoría: sociedad

  • El gobierno que nos merecemos

    El gobierno que nos merecemos

    Ayer Iñárritu dijo que «ojalá que logremos construir el gobierno que nos merecemos». Entonces, si él tiene ese anhelo, por lógica asumimos que Iñarritu piensa que el gobierno que tenemos actualmente no lo merecemos. ¿Y saben? Tiene razón.

    El gobierno que nos merecemos

    Hay una frase que dice que «una sociedad tiene el gobierno que merece». Los gobernantes vienen de la sociedad, de hecho son parte de ella, son oficialmente ciudadanos como un barrendero, o un gerente de banco con credencial de elector. Pero las personas somos diferentes, la sociedad no es una masa uniforme cuyos integrantes poseen las mismas virtudes y los mismos defectos. El gobierno puede tener algo de «esa cultura que rodea a la sociedad», puede tener prácticas en común, vicios o virtudes, pero no necesariamente tiene que ser igual.

    Cuando Hitler llegó al poder en Alemania no necesitó que todos sus compatriotas fueran racistas (muchos lo llegaron a ser gracias a la propaganda política, otros se hicieron afines al nazismo por mera supervivencia). Naturalmente Hitler tenía algunos rasgos en común con los alemanes y no necesariamente todos ellos eran negativos. Hitler creció gracias a los problemas que Alemania vivía que se derivaron de la crisis de 1929 y de la humillación sufrida con el Tratado de Versalles después de haber perdido la Primera Guerra Mundial, entre algunas otras razones. Sí, en Alemania hay neonazis (una absurda minoría) y hay gente racista (minoría también); pero la mayoría no lo son, y si yo soy mexicano, puedo ir a Berlín o a Munich sin miedo a que me acribillen por no ser ario.

    De la misma forma se puede explicar el gobierno actual. Los mexicanos tenemos muchos defectos y mañas, tenemos vicios, pero eso no implica que todos seamos iguales a nuestros gobernantes. Es decir, el tipo de sociedad que tenemos sí influye en el tipo de gobernantes que tenemos en la cúpula, pero tampoco el gobierno es exactamente igual que la sociedad.

    En la política, los gobernantes viven bajo ciertas reglas no escritas exclusivas de su ámbito. Muchas de esas reglas surgieron cuando la sociedad mexicana era otra y siguen vigentes, mientras que en ese transcurso la sociedad ha mostrado cambios que crean un desfase entre la sociedad y el gobierno. La fuerte inconformidad que tiene la sociedad con el gobierno habla de ese desfase. No es que no seamos corruptos, tenemos muchos problemas, pero el grado de corrupción entre los políticos es más alto, e incluso dicha corrupción puede fomentar la corrupción dentro de la sociedad.

    Yo en el gobierno actual veo un grado de cinismo inconcebible, una total ausencia del sentido de la ética y muy poco compromiso con la sociedad. Yo no creo que todos los ciudadanos seamos así, incluso creo que son minoría. Pero sí es cierto que podemos ver algunos rasgos negativos repetidos. Como sociedad no nos hemos despojado de las prácticas corruptas. Muchos siguen dando mordida, o se siguen pasando asumiendo que es algo «chiquito y no se nota». Es decir, con nuestro ejemplo sí podemos abonar un poco para que las cosas cambien, y tendríamos la obligación moral de hacerlo. Pero hace falta más que eso.

    La fuerza de los gobiernos no necesariamente se sostienen por las similitudes que tienen con la sociedad, sino que también se pueden aprovechar de la condición vulnerable de una parte de esta (pobreza, ignorancia), al tiempo que inculcan un orden de valores (o antivalores) para que esta base o estas estructuras le den fuerza ¿suena, no?

    Al mismo tiempo, muchos políticos jóvenes que entran a la política no lo hacen para aportar ideas frescas, sino que siempre han sido parte y han estado cercanos al clan político. Son más parte de esa vieja clase política, que de esta nueva sociedad mexicana más participativa y más consciente de su entorno.

    Yo veo una sociedad mexicana que ha tenido mejorías con el transcurso de los años y una clase política que por su parte se ha empobrecido alarmantemente. La clase media (que por su condición es la que puede influir más) es la que ha mostrado un cambio mayor. Ésta es la que menos se identifica con el gobierno, y si bien todavía tiene muchos defectos, no está gobernada por políticos que están a su altura. Por eso es que sí creo que merecemos un gobierno mejor.

    Que lo merezcamos no implica que debamos de esperar con los brazos cruzados a que llegue. Más bien tenemos que esforzarnos, y mucho. Tenemos una misión muy complicada y tenemos que ser conscientes de eso.

  • Ayotzinapa será una herida histórica más

    Ayotzinapa será una herida histórica más

    Más que una verdad histórica, Ayotzinapa será una herida histórica más. Los adeptos de la terapia Gestalt nos dicen que tenemos que cerrar círculos para tener una vida plena; y si les hacemos caso a ellos, entonces entendemos por qué nuestro México está tan lastimado. Su historia está llena de conflictos sin resolver, de círculos sin cerrar, de heridas que quedaron expuestas y que sólo fueron tapadas con una venda. Porque el inconsciente mexicano siempre preguntará por los 43.

    Ayotzinapa será una herida histórica más

    No es que sea necesariamente falsa la versión de Murillo Karam, a la que llama «Verdad Histórica» donde supuestamente «El Cepillo» o «El Terco» fue quien mató a los estudiantes (a 15, los demás habrían muerto por asfixia) debido a una confusión entre los grupos mafiosos. Es que la poca credibilidad que ya tiene el Gobierno, aunada a las formas en que han llevado el tema, hace que no mucha gente les crea. El Gobierno parece empecinado en cerrar el tema, tratan de mostrar pruebas que todavía no son lo suficientemente redondas o contundentes como «verdades históricas». Peña Nieto insiste en dar vuelta a la página, primero dice que lo superemos, y después al haberse dado cuenta de la molestia que causó su frase, utilizó frases más amigables para decir prácticamente lo mismo.

    En los últimos días empezaron a surgir dudas, teorías de que el ejército tuvo una importante relación con los hechos, versiones que ponían en duda las versiones oficiales, otras tal vez más tramposas y con un fin deliberado. La cuestión es que la verdad histórica más bien serán muchas, aquellas que interpreten los ciudadanos en base a especulaciones, teorías, sustentadas o no, o incluso chismes. Al igual que el caso de Colosio, al igual que el caso del Cardenal Posadas Ocampo, al igual que el Error de Diciembre, al igual que las elecciones de 1988 (aunque en este caso ya hay un consenso). El mexicano se sentirá de nuevo estafado…

    El ruido sobre Ayotzinapa se ha debilitado en la mayoría de la población pero sigue creciendo en Guerrero. El Gobierno parecería haber ganado una batalla debido a que la gente de a pie ya no habla tanto del tema, ya no sale tanto a las calles y ha regresado a la rutina; pero tampoco olvida. Y el Gobierno no debería de respirar tan tranquilo. La indignación no ha desaparecido, más bien se encuentra en stand by, sólo necesita un pequeño impulso para volverse a reanudar.

    En 2012, decían que #YoSoy132 sería algo temporal y se difuminaría. En parte fue así (debido en cierta forma a que los más radicales se apoderaron del nombre después de las elecciones) pero la indignación quedó latente, y resurgíó ante la tentativa de pasar leyes censoras y represivas con la Reforma de las Telecomunicaciones, y surgió una vez más con Ayotzinapa y los conflictos de interés con las propiedades vinculadas a Grupo Higa.

    El problema es que con todo eso, Ayotzinapa corre el riesgo de ser parte de una de tantas heridas históricas, de historias de agravios, de conflictos no resueltos, sumada a la Masacre del 68, Acteal, Aguas Blancas, la caída del sistema, la Guardería ABC, Tatlaya y muchos otros más. Eso no es bueno para la psique mexicana quien se seguirá sintiendo incompleta y agraviada. Esas heridas son las que incluso permiten la existencia de ideologías que deberian haber ya sido superadas, son las que mantienen en vida a los grupos de izquierda radical, e incluso a la misma normal de Ayotzinapa con su comunismo duro (paradójicamente).

    La herida está hecha…

  • En México no sirve ser honesto

    En México no sirve ser honesto

    No sé, no sé que hago escribiendo en este blog. Tal vez estoy perdiendo mi tiempo quejándome de lo que está pasando en este país. Pero sí, si la teoría evolutiva habla de la ley del más fuerte y no de la ley del más honesto; entonces debo de dejar de hacerme tonto y me debo de volver un cabrón, un hijo de puta, porque esos son los que destacan. Porque esos son los que están en la cúpula del poder y los que hacen lo que se les pegue la gana.

    En México no sirve ser honesto

    Veía el cochecito de Raúl Salinas con el que se paseó en Santa Fe. Un BMW deportivo que cuesta más de dos millones de pesos. Raúl Salinas no trabaja, pero le sabe a eso del poder, tiene influencias, tiene a su hermano. Es un cabrón. Mientras yo pago mis impuestos cabalmente y participo en organizaciones civiles y tengo que contar bien mi dinero, él no hace nada y lo tiene todo. Mi esfuerzo no se ve muy redituado, el poco esfuerzo de Raúl Salinas lo tiene en la cumbre del poder. Supo moverse, supo hacer contactos, supo tener a sus incondicionales, supo traicionar a aquellas personas que sería una gran ventaja traicionar.

    Después veo a nuestro Presidente Peña Nieto. Guapo, galante. A pesar de no ser una persona inteligente o culta, es el Presidente de este maldito país. ¿Qué no lo quieren? Les apuesto que Peña se pitorrea sobre las masas, y lo único que le preocupa es que puedan representar un riesgo para la cúpula del poder. ¿Que me tratan como imbécil? Yo los tengo agarrados de los.. ¡A mí esos revoltosos me la pelan! Yo tengo mi casa blanca, mi otra casa en Ixtapan de la Sal, tengo belleza, dinero, un séquito de mujeres de clases marginadas a quienes detesto, pero quienes se masturban pensando en mí y por lo tanto me dan los votos que necesito para mis intereses políticos. Me harán un muñeco y me quemarán, me harán una peñata y me romperán en las posadas, pero apostaré el tiempo y la gente olvidará. Ayotzinapa va quedando en el olvido. Tal vez la historia no me juzgue bien, pero mis millones me darán prosperidad a mí y a mis descendientes.

    Luego veo a otras personas que se convierten en líderes mesiánicos con un discurso que raya en las mas insulsas obviedades. Con una inteligencia no muy superior al del galante de Atlacomulco, el eterno Presidente Legítimo López Obrador es adulado por las masas. No será Presidente, pero puede tratar de ser Dios. ¿Y qué ha hecho de su vida? Trato a mis seguidores como botín político, y tal cual predicador, los comparo con la mafia en el poder si dudan de mí tal cual Judas.

    Y si los que tienen el poder, las influencias, el dinero no lo hicieron precisamente en un acto de honestidad. ¿Por qué yo tendría que serlo? La honestidad y la humildad es para los débiles. En lugar de estarme quejando, debería engañar a mis lectores y vender artículos a quienes suelten más dinero, para así meterles falsas ideas a la gente (ups, lo dije en voz alta). Si a los del Mitófago les funciona ¿Por qué a mí no?

    Debería ser un cabrón, porque en México no hay espacio para personas honestas. En México ser un emprendedor honesto, un periodista, es ser débil. Sólo te adulan los demás débiles, los que se quejan del sistema. No, los buenos nunca ganan, esas son mentiras de películas Hollywoodenses que nos metieron basura en la cabeza, y dicha basura tenía intenciones políticas ocultas. Los malos de la película en realidad son los ganadores, y los buenos son los que se mueren al final. El mundo es de los cabrones, de los que se saben chingar a los débiles. ¿Quiero ser un cabrón o un débil? La respuesta debería de ser obvia.

    Debería ser un Salinas, un Peña, un López Obrador, un Azcárraga, un Berlusconi, un Hitler, un Mao. Debería pasar por encima de los demás, debería demostrar que soy más humano que los demás pobres seres estúpidos. Porque gente adulándome por mi dinero o mi poder es mucho más importante que los likes recibidos en Facebook por artículos titulados «Peña Nieto robó…».

    Porque le voy a cambiar el nombre a este blog, posiblemente suene muy bien «El Cerebro Tranza».

  • Cuando las víctimas se convierten en héroes

    Cuando las víctimas se convierten en héroes

    Empiezo este artículo retomando el tema de Charlie Hebdo y la manifestación en Francia, posiblemente en este caso veré las cosas un poco «del otro lado de la moneda», lo cual de ninguna manera significa contradicción alguna con lo que expliqué en mi artículo pasado y es que el atentado de ninguna manera se justifica, y también es erróneo relativizarlo aduciendo que satirizaban y se burlaban fuertemente de religiones e ideologías. Por el contrario, se me hace plausible que un millón y medio de franceses hayan salido a la calle para manifestarse en contra de la masacre perpetrada por parte de extremistas musulmanes contra este medio.

    Cuando las víctimas se convierten en héroes

    Lo que me llama la atención, y que he visto repetidas veces en diferentes latitudes de éste planeta, es la deificación de las víctimas como si se trataran de héroes cuando no lo son. Incluso empezamos a contar su historia de vida con un sesgo (posiblemente inconsciente) donde detalles que en otros casos parecerían normales, parecerían incluso sobrenaturales. No importa si se trata de un estudiante de Ayotzinapa o de un cartonista de Charlie Hebdo. Sus biografías no distan mucho de las personas comunes y corrientes, pero habrá quien ensalse los logros y relativice los errores (o incluso los mitifique) para convertirlos en héroes.

    Y sólo son víctimas…

    Toco el caso de Ayotzinapa, un caso que hasta la fecha nos duele a los mexicanos y no tiene por qué dejar de dolernos. Se trataban de estudiantes de escasos recursos que veían en la normal, una oportunidad para escalar de posición social (o si quieren, ayudar a sus cercanos para que lo hicieran también). Dentro de la normal, les inculcaron ideología marxista que rayaba en el estalinismo, y aparte de estudiar, bloqueaban carreteras y tomaban camiones, en aras de defender, lo que a juicio de sus creencias dogmáticas, era lo correcto. Un escenario así no puede definir si los normalistas eran buenas personas (que seguramente los hay) o malas (que puede haber); menos se puede tratar de un gesto heroico. Tal vez para el dogma sí lo sean, pero no creo que la mayoría de los mexicanos comulguen con el estalinismo o el maoísmo, es más, ni siquiera creo que en Morena o en el PT (donde lamentaron la muerte del camarada Kim Jung Il), la mayoría simpatice con esas corrientes.

    Y entonces, descubrimos que sólo eran víctimas. Nos duelen, nos ponemos en sus zapatos, pero sólo son víctimas.

    Luego vayamos al caso de Charlie Hebdo. Si uno analiza las biografías de quienes fallecieron, podemos ver trayectorias interesantes, gente estudiada, gente talentosa, pero al menos yo no encuentro un atisbo de heroísmo. Con todo respeto, hacer cartones satíricos para burlarse de religiones o corrientes ideológicas (lo cual incluso se me hace burdo)  no es un acto de heroísmo. Algunos pueden aducir que con sus caricaturas fomentaban la libre expresión (algunos otros verán en ello un insulto a sus creencias), pero lo que hacían no era algo precisamente heroico. No salvaron a nadie, no aportaron algo significativo a la humanidad, fueron víctimas de una barbarie, pero fueron eso, víctimas.

    Quiero recalcar esto porque la mitificación puede anular nuestra capacidad de reflexión. La mitificación hace que no podamos poner las cosas en su lugar y por lo tanto no podamos hacer una sana crítica (y autocrítica). El que los normalistas hayan sido cruelmente ultimados no deja del lado que los métodos para defender sus intereses (sean legítimos o no) eran incorrectos y perjudicaban a terceras personas. El que los cartonistas hayan sido masacrado no debe de dejar de lado el debate de qué tanto puede contribuir a la libertad de expresión o bien al resentimiento contra otras corrientes ideológicas por medio de la mofa (porque la empatía y la prudencia hacia quien piensa diferente también es importante), las ilustraciones que ellos publicaban. Si bien es imprudente e incorrecto relativizar la masacre por medio de este debate, tampoco significa que se debe de dejar fuera.

    Un artículo publicado en El País y llamado «Yo no soy Charlie» (hay otros varios con ese título que distan de ser buenos) nos habla de la hipocresía que percibe debido a que muchos piden un nivel de tolerancia que no están dispuestos a dar. Gente que no estaría de acuerdo con que el Papa pronuncie un discurso en su universidad por su conservadurismo, En Estados Unidos, pone como ejemplo, la Universidad de Illinois despidió a un catedrático por explicar la postura de la Iglesia Católica respecto a la homosexualidad y la Universidad de Kansas expulsó a un catedrático por arremeter en Twitter contra la NRA (Asociación Nacional del Rifle). La libertad de expresión debería ser libre y parejo para todos, y no sólo para los que nos guste escuchar.

    Un cartonista ultimado por dibujar no es un héroe en tanto no haya hecho una diferencia significativa para con quienes le rodean o con la humanidad y no se le puede considerar un héroe solamente por dibujar cartones irreverentes. Un normalista que bloqueó una carretera no lo es por el hecho de defender sus intereses con una capucha. Un empresario secuestrado no se convierte en héroe por tan sólo haber generado empleos. Para ser héroe, el individuo debe de marcar una diferencia para con el individuo común, una diferencia, que en base al sacrificio o al riesgo (incluso de su vida) logre aportar algo significativo a la sociedad.

    La mitificación puede cancelar todos estos necesarios debates. Puedo arroparme con el Je Suis Charlie, o con el #TodosSomosAyotzinapa, sin que eso signifique desconocer las imperfecciones de las víctimas (porque al final son humanos). Podemos lamentar a las víctimas, podemos abrazar a quien sobrevivió (como lo hizo François Hollande), pero no hay que caer en el error de mitificar, sobre todo recordando, en nuestro caso, que nuestra historia está lo suficientemente llena de mitos como para llegar a la conclusión de que fue completamente distorsionada de la realidad.

     

  • De Charlie Hebdo a una manifestación histórica

    De Charlie Hebdo a una manifestación histórica

    De Charlie Hebdo a una manifestación histórica

    Un millón y medio de manifestantes en París en una población cuya área metropolitana ronda por los diez millones. Es decir, entre uno y dos de cada diez parisinos decidieron ir a manifestarse a las calles. De esos 10 millones habría que excluir a quienes por edad no asistieron (niños pequeños), a quienes no lo hicieron por incapacidad (personas de la tercera edad) para darnos cuenta de la magnitud de la manifestación, una manifestación histórica. A éste número hay que sumarle dos millones más en otras ciudades de Francia. Simplemente histórico.

    Pero la cereza en el pastel fue que al frente de la manifestación, donde estaban varios mandatarios, el francés François Hollandé, La alemana Angela Merkel, el británico David Cameron o el español Mariano Rajoy; se colocaron en primera fila a Benjamin Netanyahu, el ministro de Israel, y Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, algo que aplaudieron los manifestantes que vieron ese acto simbólico; lo cual termina siendo un golpe mediático y hasta político contra los extremistas.

    Charlie Hebdo es (porque afirman que este atentado no los va a hacer desistir) un diario satírico, que confronta. Charlie Hebdo era implacable a la hora de criticar religiones e ideologías (incluso a la izquierda, de la cual forman parte), por lo cual sus contenidos podían llegar a herir susceptibilidades. Y es válido molestarse e indignarse contra alguna de sus publicaciones. Si soy católico y veo a la Santísima Trinidad siendo satirizada en un acto sexual naturalmente me puedo indignar y tengo derecho a hacerlo; pero de ninguna forma, de ningún motivo, se puede justificar un atentado como el que lamentablemente ocurrió hace algunos días.

    Por esta razón es absurdo hacer afirmaciones como «es que se lo buscaron». Sí, en Charlie Hebdo sabían del riesgo, sobre todo porque ya habían sido víctimas de un atentado en el 2006, pero lo asumieron. Tratar de asignarles cierto grado de culpa es como decirle a una mujer que «se buscó que la violaran» porque iba vistiendo una minifalda. Las sátiras hechas con una pluma, por más burdas y directas que sean, nunca se van a poder comparar con el atentado contra una vida.

    Les cuento una breve anécdota. Hace unos años viajé solo a Nueva York (era la primera vez que iba a esa ciudad) y tomé un taxi que me llevaría a Manhattan, el que manejaba era un árabe y durante el trayecto hablaba por teléfono celular con un tono agresivo (naturalmente no entendía lo que decía). Me entró una especie de pánico por que se me vinieron a la mente los atentados del 2001 y de forma irracional llegué a pensar «¿No será que esté planeando algo?». Bastaron unos minutos para que entrara en control y entendiera que no era nada más que un prejuicio irracional.

    Recordando esto, me preocupa que el atentado contra Charlie Hebdo pueda derivar en una suerte de islamofobia, o más bien que esta se pueda acrecentar. Grupos y políticos ultraderechistas, entre ellos la francesa Marine Le Pen (que tiene un capital político importante) seguramente ya están aprovechando la coyuntura para promover sus ideas nacionalistas. En realidad la gran mayoría de los musulmanes son pacíficos e incluso gran parte de ellos reprueba los atentados. Pero esto puede incitar a que la gente vea a los árabes (que de por sí, ya sufren de muchos actos de discriminación) con recelos, o incluso con miedo. Estos actos, si no son bien canalizados, pueden servir de alimento para que grupos también extremos (como los de ultraderecha) adquieran más poder del que ya han venido acumulando en los últimos años.

    Por eso la importancia simbólica de ver al los mandatarios de Palestina e Israel (cuyas religiones han sido constantemente satirizadas también) junto con varios de Europa Occidental, lo cual manifiesta un repudio consensado contra los atentados terroristas. La persecusión y el señalamiento nunca debe de ir en contra de las religiones ni de quienes las profesan, sino en contra de los extremistas, sean musulmanes o de cualquier otra creencia.

    Imagen de Stéphane Mahé/Reuters

  • Los smartphones son del diablo

    Los smartphones son del diablo

    Los seres humanos somos resistentes al cambio, no lo voy a negar, esa actitud se puede entender como un mecanismo de supervivencia porque los cambios no son necesariamente buenos y en algunos casos deben de conllevar algún peligro. Pero en muchos casos la razón puede contrariar a dichos mecanismos de supervivencia más primitivos, y eso es lo que sucede con los smartphones, que su abrupta irrupción en la sociedad ha causado preocupación e incluso miedo en algunos sectores de las poblaciones que habitan este planeta tierra. Muchas de las preocupaciones son exageradas, inexistentes, o incluso se señala a los smartphones como el origen del mal cuando éste se encuentra en otros lados.

    Los smartphones son del diablo

    Muchos responsabilizan a los smartphones de deshinibir la convivencia social, memés donde se hacen comparativos de «antes y después» pululan por las redes sociales, y es cierto, puede llegar a ser una falta de respeto estar consultando un smartphone en medio de una reunión o convivencia, por eso es que los individuos hemos considerado la moderación de su uso como regla de etiqueta, pero me pregunto si por eso los smartphones son malos o han venido a perjudicar a la sociedad.

    -Pero Cerebro, los smartphones fueron creados por capitalistas opresores que quieren mantener embobada a la gente con su aparato, entiende. Enviado desde un iPhone 6 en Starbucks por Rogelio Chairino.

    Les cuento, el viernes fui al tan amado Distrito Federal que tantas veces he visitado y que tan grande se me hace. Llegué en la tarde-noche y me quedé de ver con una amiga, a la cual por problemas técnicos no pude ver hasta el día siguiente. No tenía nada que hacer en esa noche y por el Swarm (producto de una escisión de Foursquare) me entero que otra amiga mía de mi misma ciudad (Guadalajara) estaba a tres cuadras en un bar en el Centro Histórico, gracias a ese pop-up que apareció en mi teléfono, pude cenar y chelear con ella y dos amigos suyos, me la pasé muy bien, convivimos agusto. Ah, pero los smartphones «deshiniben la convivencia social».

    El siguiente día me quedé de ver con mi amiga (con la primera) en La Condesa, el amigo con el que iba (ese sí del DF) propuso un restaurant. No lo conocía y lo único que sabía era que estaba en La Condesa. Busqué el nombre en Foursquare, y di con la dirección. Tan fácil como caminar ahí de donde estaba ayudándome con Google Maps. ¿Y si está lejos y necesito un taxi seguro? Tomo mi smartphone, pido un Uber (que en el DF creo que están hasta más baratos que los taxis normales) y me lleva a mi destino. De esta forma me puedo reunir de forma más fácil con mis amigos. ¿Y si fue un día memorable? No necesito más que el celular para tomar fotografías.

    Las críticas a los celulares no tienen que ver con los celulares, tiene que ver con los problemas que tiene la gente. Pongamos el caso de aquellos que se toman muchas selfies para tratar de mostrar algo. Puede ser algún problema de inseguridad personal, pueden incluso tener un trastorno emocional, pero el smartphone no es el causante de dicho trastorno, sino el mecanismo en el que individuo lo expresa. Si dicho individuo no tuviera un smartphone, seguiría teniendo sus trastornos y/o problemas emocionales, y los expresaría de otros modos.

    Los críticos hablan de la «dependencia al celular» de la «dependencia al aparato». Dicen que antes podíamos vivir sin celulares y así lo hicimos por miles de años. Es como la ropa, en realidad no necesitamos portar jeans o camisetas porque podríamos vivir desnudos y en caso de que el clima sea adverso, podemos cazar osos y cubrirnos con su piel.

    Los avances tecnológicos buscan hacernos la vida más fácil, no necesariamente para hacernos más inútiles como sugieren algunos, sino para poder tener más tiempo y energía para esas otras cosas que no son tan fáciles de hacer. Quienes sean críticos de estos avances tecnológicos, los reto a no usarlos, y se van a dar cuenta como es que con el tiempo, se van a hallar en desventaja, pues tardarán más tiempo en hacer tareas donde otros tardan menos.

    Ciertamente, los avances tecnológicos que irrumpen pueden traer cambios que tienen que ser asimilados y entendidos para que no sean perjudiciales a la población (así lo hemos estado haciendo para que no sean un distractor en las reuniones). Pero culpar a un teléfono celular de todos los males de las sociedad es un error, sobre todo cuando dichos problemas residen más bien dentro de las personas.

  • Los alcoholímetros y quienes conducen en estado de ebriedad

    Los alcoholímetros y quienes conducen en estado de ebriedad

    Si hay algo que le puedo agradecer a los gobiernos recientes (hablo por el caso de Guadalajara) es la implementación del alcoholímetro. Se me hacía irrisorio que no existieran medidas contundentes para aquellos que manejan en estado de ebriedad y ponen en riesgo ya no su vida (que parece no importarles) sino la vida de los demás.

    Los alcoholímetros y quienes conducen en estado de ebriedad

    Lo increíble es que a estas alturas muchas personas se indignen con la implementación del alcoholímetro: -Cerebro, no seas manchado, eso de los alcholímetros lo pusieron los del gobierno para robar. Además, yo he manejado pedo mil veces y nunca ha pasado nada.

    Yo he conocido varios casos de gente muerta por la culpa de un ebrio imprudente. Uno de esos que estaba seguro de que «no iba a pasar nada», y que creyó que incluso el alcohol agilizaría sus sentidos: -¡Güey, no mames, voy bien rápido y no pasa nada, mira, puedo quedarme en mi carril, soy bien chingón, vamos a rebasar a esa trailer!…. ¿Qué? ¿Qué pasó? ¿Dónde estoy? ¿Y mi pierna, dónde está?. Gente que incluso quiere creerse muy valiente, muy hombre, muy «retador del peligro», con la música a todo volumen, su camisa desabotonada, como si creyera ser un macho alfa que le tiene que mostrar a sus amigos y a las mujeres que tan valiente y chingón es.

    No estoy en contra de quienes se quieran poner sus pedas, yo lo he hecho algunas veces (aunque no soy tan entusiasta de ellas), pero antes de tomar la decisión de beber, se tienen que tomar medidas de seguridad y una de ellas es no manejar en automóvil, o al menos seleccionar un conductor designado. Pero vaya, que ahora cada vez hay más facilidades para transportarse por medios seguros como Uber. Todos deberíamos entender que conducir un automóvil conlleva una responsabilidad. Y es que si piensas tomar, será mejor que hagas el esfuerzo de llevarlo a tu casa y moverte en otro medio de transporte, o bien, tomar poco.

    Lo peor del caso es que muchas personas se organizan para evadir los alcoholímetros. Abren incluso cuentas en Facebook para que por ese medio, los que están alcoholizados puedan evadir estos retenes y manejar tranquilamente a sus hogares (en caso de que lleguen), creyendo que con «tener cuidado» al manejar ya no van a poner la vida de alguien en riesgo. Una Fan Page en Facebook suscrita como «causa» afirma que pagar $12,000 pesos y ser arrestado de 24 a 36 horas por tomar tres cervezas es ilegal (aunque en realidad es la multa o el arresto) y por ello tienen la «convicción» de alertar a los bebedores donde se encuentran los alcoholímetros (o toritos). Al mismo tiempo publican memes quejándose de los sueldos de los senadores y del Presidente, de como el Gobierno les roba con los alcoholímetros. Medidas que existen (y a veces más estrictas) en los países desarrollados que tanto presumen como ejemplo.

    Se me hace irrisorio que la gente se queje porque cree ver atentados sus derechos porque ya no le permiten beber y manejar, pero hay que hablar de los derechos de todos los demás, de los derechos de los que tú, pones en riesgo, cuando después de 6 tequilas, te subes al automóvil con la música a todo volumen y conduciendo en exceso de velocidad.

    Si no te importa conducir ebrio, no te quejes ni del Presidente, ni de los senadores, ni de los Abarca, ni te quejes de nada, porque al hacerlo, automáticamente estás cayendo en una aberrante contradicción.

  • #Yamecansé2, el Mitófago y la desinformación

    #Yamecansé2, el Mitófago y la desinformación

    Cuando las cosas salen mal, demasiado mal, sólo se pueden dar patadas de ahogado. Ya lo decía Einstein en sus frase tan repetida y usada por gurús del nada que si quieres resultados diferentes no hagas siempre lo mismo. Pero insisto, no aprenden, siguen con sus mismas estrategias que han usado durante años. Con los bots, tratando de comprar medios, tratando de silenciar críticas, mandando infiltrados, tratando de tumbar portales sin éxito (sinembargo.mx) ¿Y qué ha pasado? Les ha salido el tiro por la culata. Señores ¡Ya no estamos en los 70!

    #Yamecansé2, el Mitófago y la desinformación

    #Yamecansé2

    El Trending Topic (TT) #Yamecansé después de un mes comenzó a desaparecer de Twitter. Creí que era algo natural porque Twitter procura que los TT no permanezcan por tanto tiempo. Pero en realidad desapareció por una estrategia de los bots del gobierno, quienes usaron el hashtag como SPAM (porque de esta forma, Twitter penaliza el hashtag). Pero el gusto no les duró mucho, porque los usuarios volvieron a subir al primer lugar el #Yamecanse2. ¿Y si vuelven a usar la misma estrategia con éste? Ah bueno, pues podemos usar #Yamecanse3 y así consecutivamente. No han entendido y se siguen exhibiendo. Siguen haciendo las cosas como siempre las han hecho y luego se preguntan por qué su Presidente cae y cae hasta volverse tan impopular como Ernesto Zedillo en medio de la crisis económica del 94.

    Pero bueno, si no funciona eso. Hay que…

    El mitófago

    Ustedes han de conocer este sitio web (www.mitofago.com.mx), cuyo slogan es «Devorando mitos históricos». Bueno, para quien no conozca este sitio, ellos se encargan «o encargaban» de desmitificar la historia de México, a veces lo hacían bien, a veces no tanto (tenían muchas imprecisiones), pero era una página hasta cierto punto interesante hasta que…

    …se volvieron fervientes críticos de los opositores del gobierno (con más mentiras que verdades). Y yo me pregunto ¿Cómo es que un sitio que afirma «devorar mitos históricos» le hace la chamba al gobierno emanado del partido, que inventó todos esos «mitos históricos? Este sitio web se ha encargado de contradecir a quienes están indignados con el gobierno con el mismo discursito que los mismos allegados al gobierno utilizan. Que todos son chairos, cercanos a López Obrador, que Slim, y un sin número de etcéteras.

    Por ejemplo me llamó la atención una nota que decía «La hipocresía de Aristegui y Sandino Bucio» a quien, según ellos, ella lo presentaba como víctima, cuando en realidad, Aristegui cuando lo invitó a su programa, lo confrontó mostrando las fotografías donde cometía actos vandálicos.

    Y si bien, los administradores del Mitófago están muy lejos de ser unos intelectuales, si sorprendió ese repentino cambio en su página web donde en lugar de «devorar mitos», pareciera estar empecinados en «devorar» a los opositores del gobierno.

    La realidad es que la gente está indignada, y hay quienes tratan de jugar con la información, o quienes quieren apagarla. Hay quienes, desde varios espectros políticos, buscan manejar el asunto por razones de poder, y es algo más común y natural de lo que se cree. Pero las formas del gobierno actual preocupan, porque exhiben esa «vena autoritaria», el problema es que ya no saben que hacer e incluso las estrategias para paliar la crisis les está generando todavía más crisis.

    Espero y Zepeda Patterson no tenga razón cuando dice que el gobierno podría coquetear con una salida autoritaria para solucionar el conflicto.