Categoría: sociedad

  • Ese día en que Uber te traicionó

    Ese día en que Uber te traicionó

    Hasta hace poco defendías apasionadamente a Uber en tus redes sociales, usabas constantemente el hashtag #UberSeQueda porque encontraste que el servicio era bastante mejor al del taxi, en la mayoría de la veces más barato; y los choferes, más amables que los taxistas (los usuarios los califican al término del viaje) te regalaban una botella de agua. No habías visto eso antes en tu vida, no tenías que pelearte por la tarifa y podías pedir el servicio a través de tu teléfono celular.

    Ese día en que Uber te traicionó

    Pero luego te diste cuenta de la existencia de las tarifas dinámicas. Es decir, que Uber amagaba con cobrarte un precio bastante más alto al que solías pagar. Esperabas unos minutos en la esquina para ver si ésta bajaba, en algunas ocasiones tuviste suerte, en otras no. Pero tu divorcio (seguramente temporal) con la marca llegó cuando intentaste tomar uno en la Ciudad de México (o al menos te enteraste). Tomar un Uber del sur de la capital al norte podía salirte bastante más caro que un vuelo en avión en clase económica desde la capital hasta Guadalajara. Entonces Uber te traicionó, posiblemente consideraste que había sido muy «neoliberal» de tu parte idealizar a la marca. Como a una mujer u hombre que idealizaste, sí, porque no le diste la justa dimensión y porque incluso te atreviste a darle un valor moral.

    Si ahora «odias» a Uber, es que en realidad no entendiste bien de que trata esto.

    El objetivo de Uber, como cualquier otra empresa, es ganar dinero. De la misma forma en que lo hacen los conductores que solicitan trabajo ahí, o tú que prefieres pedir una de estas unidades porque son más baratas y es una mejor inversión. No es una empresa «buena o mala», más bien  encontraron un nicho de mercado y lo supieron aprovechar. Uber no es un alma de la caridad, tampoco es un demonio, es una empresa.

    Cuando hablamos de Uber y de los taxis no podemos hacer una separación «buenos o malos», tenemos que hablar de modelos que buscan obtener un beneficio al ofrecer un servicio al consumidor. El modelo de los taxis no evolucionó con el tiempo porque no hubo algún otro que lo orillara a evolucionar, los avances tecnológicos son los que propiciaron el surgimiento de nuevos modelos de negocio.

    El modelo del taxi es obsoleto simplemente porque alguien creó un modelo mejor. El problema con los taxistas no es que sean «malas personas», son más bien personas que no se vieron en la necesidad de innovar o mejorar su servicio porque no había incentivos para hacerlo. Los seres humanos actuamos a través de incentivos, si no hay incentivo alguno para realizar una acción, sencillamente no la vamos a realizar. Por ejemplo, un taxista no te va a ofrecer una botella de agua porque eso no le traerá beneficio alguno (por el contrario, será un perjuicio porque implicaría un gasto económico), así como un escritor no hará pesas en un gimnasio para tratar de ser un mejor escritor, a menos que su mentor le condicione ir al gimnasio regularmente a cambio de recibir lecciones gratis.

    La diferencia entre Uber y un taxi no es moral, es de modelo.

    Un conductor de Uber es más amable, en gran parte porque sabe que si no lo es, los usuarios le darán una calificación baja, con lo cual compromete su trabajo. El conductor de Uber tiene incentivos para ser amable contigo y darte una botella de agua (que no paga). La diferencia entre los taxis y Uber (y similares) son los modelos. Así como tu comportamiento de acuerdo al entorno en el que te encuentres (con tus padres, con tus amigos, con tu novia o novio, o en el trabajo), también el comportamiento del taxista y el de Uber difieren porque el contexto en el que se desenvuelven es distinto. Es psicología básica.

    Taxis vs Uber

    Regresamos al punto en que Uber es una empresa y no un alma caritativa. Ya expliqué cómo la diferencia entre Uber y un taxi no es moral, es de modelo. Entonces desde esta perspectiva debemos entender por qué «Uber» es así, y por qué sus tarifas dinámicas son altas.

    Uber, como empresa privada, trabaja bajo la ley de la oferta y la demanda. Es decir, el mismo principio económico que hace que en la gran mayoría de los casos te ofrezcan un mejor servicio que el de un taxi a menor precio, es el que amaga con cobrarte tarifas estratosféricas cuando la demanda es… estratosférica.

    Para que la demanda sea tan estratosférica como para que Uber cobre más caro que un avión, alguien tiene que distorsionar la economía.

    Mientras las tarifas de los taxis son arbitrarias y controladas por un ente central como el Estado (por medio de una tarifa plana, y eso cuando el taxímetro funcione), Uber establece la tarifa de tal forma que pueda obtener una mayor rentabilidad (de la cual también se beneficia el chofer de la unidad), es decir, si la demanda es baja, y la oferta es alta, el precio será bajo hasta el tope establecido (que es lo que ocurre en la mayoría de los traslados), pero cuando le demanda rebasa a la capacidad de oferta, entonces las tarifas suben para que el servicio sea usado por quienes estén dispuestos a pagarlo (porque no tiene la capacidad de atender todas las peticiones de los usuarios en el momento).

    Las tarifas dinámicas generalmente duplican el precio, o en el peor de los casos, lo triplican; y en la mayoría de esas ocasiones el cliente puede esperar unos minutos para encontrar una tarifa más baja. Esto ocurrió en Guadalajara después de que Uber ofreciera viajes gratis como consecuencia de la manifestación de los taxistas. A partir de ese día, muchos usuarios comenzaron a usar Uber, con lo cual la demanda creció y por lo tanto, en lo siguientes días, la aparición de la tarifa dinámica se hizo más frecuente. Como consecuencia de ello, Uber colocó más unidades en la ciudad, con lo cual, la tarifa volvió a bajar.

    La tarifa dinámica de Uber

    Para que la demanda sea tan estratosférica como para que Uber cobre más caro que un avión, tiene que ocurrir un sinfín de coincidencias que hagan que sin razón alguna la demanda se incremente exponencialmente. O bien, alguien  puede «distorsionar» la demanda, un ente central, como el Gobierno de Miguel Mancera.

    Todos estamos de acuerdo que se debe de desincentivar el uso del auto, el modelo del automóvil ha comenzado a colapsar ciudades en detrimento de la calidad de vida de las personas.

    Sí, Uber es un automóvil, pero por el simple hecho de no ocupar un estacionamiento (es decir, buscar durante decenas de minutos un cajón) significa una menor cantidad de horas-hombre en la calle; a esto hay que agregar el nuevo servicio de carpool que transporta a más gente en menos carros.

    Pero para desincentivar el auto no hay que prohibir su uso como se hace con el ineficiente programa de «Hoy no circula». Hay que dar más razones a la gente para subirse al transporte público; hay que mejorar su calidad, hay que romper algunas concepciones erróneas (como la idea de que el transporte público debe de ser para quien no tiene con qué comprar un carro, o que es muy inseguro), hay que elevar los costos de usar el automóvil (por ejemplo, en Londres se cobra una tarifa especial para aquel que quiera manejar cerca del centro de la ciudad).

    Lo que hizo Miguel Mancera fue distorsionar el propio mercado. Al aplicar el programa «Hoy no circula» a todos los automóviles, mucha gente se dio cuenta que el transporte público apenas tenía la capacidad para trasladarlos (o no lo tomaron porque lo consideran muy malo, no están acostumbrados a usarlo, o de plano está colapsado). Entonces esas decenas o cientos de miles de personas pidieron un Uber, y como consecuencia, la demanda creció a niveles exorbitantes, hasta el punto en que su precio fue más caro que un boleto de avión.

    Uber no te quiso robar ni te quiso ver la cara, de hecho no tomaron decisión alguna y te cobraron bajo el mismo principio de siempre.

    No fue una medida tomada deliberadamente por Uber para «exprimir a los usuarios», simplemente es consecuencia de cómo una distorsión (creada por el gobierno de Mancera al tomar una medida arbitraria) afectó la ley de la oferta y la demanda bajo la cual Uber establece sus precios. En realidad, en vez de indignarse con Uber, los usuarios tendrían que reclamar a las autoridades por tomar una medida tan absurda.

    Es decir, si este tipo de «medidas» no se tomaran, sería prácticamente imposible que Uber alguna vez cobrara una tarifa dinámica tan alta.

    Así que ahora lo sabes y lo reitero. El mismo principio económico gracias al cual puedes viajar en un mejor transporte a un costo más bajo, es el mismo (aunado a una distorsión generada por una entidad central como el gobierno) que elevó los precios de forma estratosférica. Uber no te quiso robar ni te quiso ver la cara, de hecho no tomaron decisión alguna y te cobraron bajo el mismo principio de siempre. En realidad, los verdaderos culpables están en otro lado.

  • Vamos a descentralizar a la Ciudad de México

    Vamos a descentralizar a la Ciudad de México

    Muchos estarán de acuerdo conmigo en que la Ciudad de México es una ciudad que tiene su encanto, visitar la capital es algo que muchos hacemos de forma constante; y a pesar de eso siempre nos maravilla con algo nuevo, como si nunca la termináramos de conocer.

    Pero no me dejarán mentir que lo que conocíamos hasta hace unas semanas como el DF es también una ciudad caótica donde te puedes perder entre el trafico o el mar de gente que hay en la ciudad. De hecho, hasta hace poco (cuando me acostumbré a viajar tanto allá), al llegar, siempre me sentía muy abrumado, algo de mareo y ansiedad; mucha gente por todos lados, mucha contaminación auditiva, sin descartar la altura. Yo como tapatío (de la segunda ciudad más grande de México y no de cualquier pueblo) siempre he sentido una enorme diferencia entre mi ciudad y ésta, una es la capital, la otra es provincia.

    Vamos a descentralizar a la Ciudad de México

    Cierto, el Distrito Federal es una megalópolis, pero ni Nueva York (otra ciudad demasiado grande, llena de rascacielos) me llegó a provocar esa sensación de mareo al llegar y ver «tantas cosas amontonadas en tan poco espacio».

    Bastó con que cambiaran un poco ese «delicado equilibrio» en la movilidad con el «hoy no circula» para que se dieran cuenta que en esa ciudad ya son demasiados. El transporte público colapsado, las tarifas dinámicas de Uber más caras que un vuelo económico en avión de México a Guadalajara, las calles atiborradas.

    La zona metropolitana se expande cada vez más hacia el Estado de México, pero todos quieren estar en la capital, todos quieren trabajar ahí. Ahí están los corporativos, los centros culturales, los restaurantes más trendy, ahí están las mejores ofertas de trabajo; no importa que se gasten más de 3 o 4 horas de transporte al día. No importa si hay que trasladarse de Ecatepec a Santa Fe porque el empleo prometido puede significar una gran oportunidad o un ascenso en la pirámide social.

    A diferencia de los otros tres países, en México fue más complicado hacer que el federalismo funcionara, debido a que el tránsito de provincias a estados no se materializó por la ausencia de poder de sus estructuras administrativas, además de que era más relevante construir el poder nacional en detrimento de las estructuras intermedias e, incluso, a costa de los poderes municipales. (fuente)

    Fue después del terremoto de 1985 que se planteó descentralizar a la ciudad. El trágico evento fue un aviso de que una capital centralizada no era sostenible. Se hicieron espurios intentos, el INEGI se trasladó a Aguascalientes y muy poco más. Algunos capitalinos huyeron a otras ciudades como Querétaro o Guadalajara, más «vivos» que los ingenuos provincianos, y estos últimos no se cansaron de pronunciar la frase «haz patria, mata a un chilango».

    CDMX colapso

    Pero técnicamente las cosas no cambiaron, pasó algún tiempo, y con éste el miedo. Muchos regresaron (de todos modos los que se habían ido no eran muchos comparados con el tamaño de la ciudad) y todo siguió igual. La capital seguía siendo el corazón de México, como si todo lo demás pudiera considerarse prescindible.

    A pesar de considerarse una República Federal, lo cierto es que en México el centralismo ha imperado de facto. Basta comparar a nuestro país con Estados Unidos, que en el papel tiene el mismo sistema que el nuestro en este sentido. Cuando en Estados Unidos hablamos de finanzas hablamos de Nueva York; cuando hablamos de cine, hablamos de Los Ángeles; cuando hablamos de los poderes de la nación hablamos de Washington D.C.; o cuando hablamos de educación hablamos de Boston. En nuestro país siempre tenemos que hablar de la Ciudad de México. Todos los corporativos, la mayor parte de la cultura, la educación, la cinematografía, se encuentran ahí.

    Todo lo que no sea la capital es provincia; ciudades como Guadalajara o Monterrey (la segunda y tercera respectivamente en población) se destacan por muy pocas cosas, Guadalajara tiene que ver con varias tradiciones mexicanas (mariachi o tequila) y por sus esfuerzos en convertirse en una especie de Silicon Valley mexicano. Monterrey tiene que ver con su industria y poco más. Otras ciudades destacan gracias a sus accidentes geográficos o históricos, como las playas o ciudades históricas como Guanajuato, o alguna industria en particular (Puebla y la industria automotriz). Nuestro sistema político ha privilegiado a la Ciudad de México, y ahí están las consecuencias.

    Y eso es algo que tiene que acabar, por el bien de los propios capitalinos.

    transporte público Ciudad de México

    Por ejemplo, es inconcebible que las oficinas de la Secretaría de Marina se encuentren en la capital. Tal vez sería pedir demasiado desplazar los poderes de la nación a otra ciudad como Querétaro por poner un ejemplo, pero vaya que sí se podrían colocar varias secretarías en algunas otras ciudades. La propia Secretaría de Marina debería estar en Veracruz, la Secretaría de Turismo podría estar en un destino turístico importante como Cancún, algunas instituciones educativas podrían establecerse en otras ciudades, o las que ya existen en la capital podrían abrir campus en otras regiones del país (cosa que han hecho la UNAM y el IPN de forma muy tímida). Los corporativos no deberían de sentirse en la necesidad de establecerse en México como ocurre en la mayoría de los casos. Por ejemplo, más empresas tecnológicas podrían establecerse en Guadalajara, o más corporativos industriales en Monterrey, de tal forma que cada ciudad tenga su propia vocación, tal y como ocurre en Estados Unidos.

    Quieres ser un artista, quieres un empleo de alto rango, quieres un buen puesto político, quieres aparecer en la tele, entonces tienes que ir a vivir a la Ciudad de México.

    Romper con el centralismo no es tarea fácil, la capital tendría que perder algunos privilegios, algunos empleos y puestos políticos se irían de ahí. pero en cambio sería una ciudad más tranquila para vivir. La Ciudad de México tiene que ponerse a dieta de gente porque su modelo es insostenible, porque a pesar de las insistencias, sigue creciendo, y la zona metropolitana ya ha cumplido sus amenazas de invadir otras entidades como Hidalgo, y porque bastó mover uno de los alfileres con los que se sostiene la capital para darnos cuenta de lo cerca que se encuentra del colapso.

  • Cómo #PanamaPapers exhibió la pobredumbre de la sociedad

    Cómo #PanamaPapers exhibió la pobredumbre de la sociedad

    Se destapó algo que ya se sabía, que mucha gente rica tiene su dinero en paraísos fiscales, lo que ahora sabemos son los nombres. Sólo son algunos, porque Mossack Fonseca no es la única empresa que presta dichos servicios.

    La investigación realizada por por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación y el diario Süddeutsche Zeitung, es una de las más relevantes del siglo. Así de simple. No hay mucho que pensarle.

    Cómo PanamáPapers exhibió la pobredumbre de la sociedad

    Futbolistas, dictadores, directores de cine, empresarios corruptos, presidentes (uno de ellos, Sigmundur David Gunnlaugsson, Primer Ministro de Islandia, ya renunció), prestanombres, amigos de políticos. En esa lista hay personas de todos colores, de izquierda, de derecha, liberales, conservadores, delanteros, millonarios de países desarrollados y subdesarrollados. A todos te los puedes encontrar aquí.

    En un mundo cada vez más desigual, con una democracia liberal cada vez más débil y proclive al ascenso de gobiernos autoritarios, una noticia de este tamaño es devastadora.

    Los más puritanos tratarán de encasillar este problema en la dicotomía «estado-mercado». El izquierdista dirá: – Ahí están las consecuencias del capitalismo, unos pocos millonarios voraces lo acumulan todo dejando a todos en la pobreza, necesitamos un estado más grande y fuerte. El liberal (neoliberal) argumentará: – Esto es debido a la existencia del Estado, la gente no quiere pagar impuestos por que el gobierno es ineficiente.

    El problema va más allá de aquellas discusiones de niños de primaria tratándola de hacer de economistas. El problema es uno de principios. Si algo falta en este mundo son principios e ideales.

    Nos hemos acostumbrado a ser cada vez más individualistas, me importo yo, y me sirvo de la sociedad. Algunos ni se molestarán en justificarse, algunos otros inventarán excusas, que la carga fiscal es pesada, que no se utilizan bien sus impuestos. A pesar de la ineficiencia del gobierno para usar de forma óptima los impuestos de la gente, estas personas al poner su fortuna en paraísos fiscales, están privando de escuelas públicas para niños que quieren tener mayores posibilidades de movilidad social, están privando a muchas personas de recibir atención médica.

    Ser rico no es malo, los mejores merecen tener más, pero sí que es malo no retribuir nada a la sociedad, una persona privilegiada tiene un compromiso con la sociedad; sin ésta, los ricos nunca lo hubieran sido. Somos animales sociales, dependemos de los demás: socios, subalternos, empleados, gobierno, otras empresas, servidores públicos, etc.

    Su excusa es menos válida cuando la tendencia actual dentro de la mayoría de los gobiernos es cobrar menos a las empresas, sabiendo que una carga tributaria excesiva termina frenando la productividad. Pero no, los inmiscuidos no se destacan por ser venezolanos, ni cubanos; son mexicanos, son islandeses, son árabes, españoles, ingleses o argentinos (sospechosamente no aparece ningún estadounidense).

    Involucrados en #PanamaPapers

    La constante en el mundo actual es la corrupción, organizaciones como la FIFA que se encargan de organizar el deporte con más aficionados en todo el mundo forman parte de redes de corrupción, gobiernos, empresas que tenían una gran reputación como Volkswagen falsean información. La percepción cada vez más presente de que la solidaridad está supeditada a la ley de la selva.

    En el mundo actual cada vez escasean más ideales y aspiraciones; se nos invita a tomar lo que alcancemos a agarrar porque este mundo es extremadamente sombrío y competitivo. La gente ya no cree en nada, ni siquiera en ideologías obsoletas; la comunidad no importa, vivimos en dentro de un mar de personas las cuales no nos importan. Estamos tan inmersos en nuestras vidas rutinarias, en nuestros miedos, en nuestro proyecto de vida en el cual sólo nos incluimos a nosotros mismos.

    En una sociedad escasa de ideales, valores y principios, compuesta por hombres tan débiles de espíritu, cualquier demagogo, cualquier charlatán puede venir y aprovecharse de ellos, lo estamos viendo, lo estamos viviendo.

    Tu futbolista favorito, el que debía ponerte el ejemplo; aquel mandatario de ese país tan ejemplar y ejemplo a seguir en las discusiones de la sobremesa. No es un problema que tenga que ver con corrientes ideológicas. Tanto en el liberalismo como en el conservadurismo se denota esta pobredumbre espiritual y de valores. Incluso las instituciones que tienen para muchos, el monopolio de la moral (por ejemplo, la Iglesia) forman parte del problema.

    No, no se trata de regresar a un estadio anterior donde el hombre era un «ser social por la fuerza», ni de ser puritanos, ni adoptar régimenes nacionalistas. Se trata de un trabajo que debería partir por lo individual, de reconocernos como individuos que formarnos parte de una sociedad, de reconocer la responsabilidad que tenemos para con ella.

    Y sé que es una tarea difícil, sobre todo cuando el individuo ve que aquellos integrantes de la sociedad también trabajan para sí mismos, cuando ve que Televisa da la nota de #PanamaPapers, pero al mismo tiempo no menciona que su vicepresidente está envuelto en ese escándalo, y menos aún, Juan Armando Hinojosa, el contratista de Peña Nieto, más difícil se ve cuando un empresario como Salinas Pliego dice que la «desigualdad no es el problema» para después ser exhibido, también, cuando uno ve a los Porky’s violando mujeres, ocuando uno ve a un gobierno contratando hackers para ganar una elección, donde todo se vale. Entonces posiblemente el individuo piense que preocuparse por la sociedad sería como darse un balazo en el pie, pero por algún lado se tiene que empezar; tal vez ese agujero en la planta sea un sacrificio que debamos de tomar para pensar en un cambio de consciencia.

    Ese gran reportaje hizo que nos cuestionáramos como sociedad global, si es que no hemos perdido la capacidad de cuestionarnos.

  • ¿Por qué Messi sí, y yo no?

    ¿Por qué Messi sí, y yo no?

    Estoy casi seguro que este artículo va a herir susceptibilidades de los aficionados al balompié. Y sí, simpatizo con el Barcelona, y efectivamente pienso que Leo Messi es el mejor jugador del mundo.

    ¿Por qué Messi sí, y yo no?

    Mi primer cuestionamiento es, ¿por qué un futbolista gana tanto? Cuando hablamos de desigualdad, se nos vienen a la mente ciertos empresarios. nos rasgamos las vestiduras por la concentración de la riqueza, comparamos el producto interno bruto de las naciones con el de las empresas para darnos cuenta que hay empresas que tienen más activos que varios países.

    Pero nunca hablamos de los futbolistas. Vamos a ponerlo así:
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    [efsth_column]Futbolista[/efsth_column]
    [efsth_column]Cerdo empresario capitalista[/efsth_column]
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    [efsrow_column]No crea riqueza[/efsrow_column]
    [efsrow_column]Sí crea riqueza[/efsrow_column]
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    [efsrow_column]No pone de su capital para generar empleos[/efsrow_column]
    [efsrow_column]Sí pone de su capital para crear empleos[/efsrow_column]
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    [efsrow_column]No innova ni aporta valor agregado (no, un gol de media cancha no es innovar)[/efsrow_column]
    [efsrow_column]Algunos de los empresarios sí generan innovación[/efsrow_column]
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    No, no pretendo irme al otro extremo y endiosar a los empresarios. Algo está mal cuando observas que a pesar de todos los avances tecnológicos, la desigualdad crece.

    Pero guardando proporciones, un futbolista contribuye más a la desigualdad mundial que un empresario. Al futbolista no se le cuestiona porque es un ídolo, porque mete goles, porque le da momentos de alegría a la gente después de una monótona semana de trabajar en un empleo que no le gusta.

    El individuo se siente identificado con el ídolo, lo cual no es algo necesariamente malo. Mucha gente admira a otra gente por sus dotes, sus habilidades. Pero eso no implica que no se le deba cuestionar, o se deba de usar criterios diferentes. Si un empresario aparece en la lista de #PanamaPapers, se convierte en un enemigo para la nación (no es que Armando Hinojosa de Grupo Higa, o Salinas Pliego, sean empresarios que podamos admirar, al contrario), pero si es un futbolista, algo anda mal, o algunos incluso lo justifican: – Todo el sudor que ha puesto en su cancha, todas esas botas de oro ganadas, y lo criticas por esas nimiedades.

    El tema se debe poner en la mesa, los deportistas profesionales de ciertos deportes (sobre todo futbolistas) contribuyen a generar una peor distribución de la riqueza. Una persona que llega a la Primera División Mexicana y pasa sin pena ni gloria, llega a ganar más que muchos directivos o dueños de micros y pequeñas empresas.

    Es decir, un futbolista es una persona privilegiada, gana un monto de dinero que no podría obtener de alguna otra forma. Por eso en el caso de que sea cierto, debería indignar que un futbolista como Messi tenga su dinero en un paraíso fiscal. Se sobreentiende que un futbolista debería tener una gran responsabilidad con la comunidad, no sólo por el privilegio económico (la cantidad de dinero respecto del esfuerzo), sino porque un futbolista, al ser «ídolo de la afición», debería ser un ejemplo, su capacidad para influir en los demás es muy grande.

    Si queremos una sociedad global más equitativa, debemos de ser también equitativos en nuestros juicios. Que tengas un póster de él en tu recámara no lo exime de cumplir con sus obligaciones. ¿Los impuestos son injustos, o no son bien utilizados? Pues entonces habría que presionar para que los gobiernos usen mejor el dinero que se recauda, o incluso podrías clamar por la reducción de la tasa impositiva si consideras que es muy elevada. Pero al no cumplir con tus obligaciones, perjudicas a la sociedad, sobre todo esa que grita tus goles cada fin de semana.

    Entonces así están nuestras prioridades, si el que evade impuestos es empresario es malo, si es futbolista se le perdona porque goooool.

  • ¿Qué sentirías si violaran a tu hija?

    ¿Qué sentirías si violaran a tu hija?

    En su libro, «Mate: Become the Man Women Want», el psicólogo evolucionista Geoffrey Miller menciona que el mayor miedo de una mujer es llegar ser víctima de un abuso por parte de un hombre. Varias de las características que una mujer busca en un hombre cuando se trata de buscar una pareja van en este sentido. Por ejemplo, un hombre que la hace reír y se ríe de sí mismo es atractivo para ella, porque eso muestra que no tiene algún trastorno psicológico grave, y por lo tanto, el riesgo para ella es muy bajo.

    ¿Qué sentirías si violaran a tu hija?

    A veces a nosotros los hombres nos es difícil entender por qué es tan grande ese miedo. Para ellas, un hombre tratando de flirtear es como si se nos acercara un negro fornido de más de dos metros cuya fuerza es mayúscula; saben que físicamente se encuentran en desventaja, por lo tanto tienen que asegurarse que el hombre sea emocionalmente estable para que dicha fortaleza no represente un riesgo para ellas y puedan involucrarse en una relación con aquel. Gran parte de este trabajo mental que hace la mujer se desarrolla a nivel inconsciente, pero tiene sentido.

    Y a ello hay que agregar que ser víctima de una violación no sólo tiene que ver con la agresión física, también tenemos que hablar de la humillación que para ellas implica ser violada o abusada. Las consecuencias psicológicas para ellas son desastrosas, una violación puede arruinar su vida, puede implicar que ya no vuelvan a tener relaciones sexuales en su vida como consecuencia del trama, y además pueden ser víctimas de críticas injustas. No es poco común que después de ser víctimas de un abuso, reciban insultos como «te lo buscaste por puta», «tú lo provocaste por la forma en que ibas vestida». En México, una mujer tiene que pensar dos veces para hacer una denuncia en las redes sociales porque son proclives a recibir insultos de personas trastornadas. Incluso pueden recibir burlas de aquellos que se supone deberían de velar por sus derechos, como le sucedió a Andrea Noel, quien tuvo que regresar a Estados Unidos, después de ser víctima de un abuso en la Condesa.

    Está tan normalizada la violencia hacia la mujer en nuestro país, que un grupo musical puede realizar un video donde el intérprete incinera a una mujer después de que esta lo ha engañado, y luego no entender que fue la parte «que causó desagrado»:

    Gerardo Ortiz se defiende diciendo que ama a las mujeres tras el escándalo que rodea a su más reciente video musical. http://uni.vi/1058t1

    Posted by Primer Impacto on Wednesday, March 30, 2016

    Después de entender todo eso (o al menos intentarlo), después de tratar de entender el impacto físico y psicológico que significa para una mujer ser violada (no es lo mismo leer la opinión de un experto en un libro que sentirlo), entonces puedo tratar de dimensionar el grado de sufrimiento que padece Daphne y toda su familia, les han clavado una estaca. Ella, víctima de una violación por parte de "Los Porkys", una banda "criminal" de mirreyes, jóvenes hijos de empresarios y políticos influyentes de Veracruz cercanos al gobernador Jarvier Duarte, no va a volver a vivir igual. Según palabras de su padre, ella tiene ganas de morirse, no puede recibir contacto físico (abrazos, caricias, apapachos), toda la familia está resquebrajada víctima de los impulsos sexuales de personas con escasos valores y principios.

    Me siento triste por que me siento sola, sé que no es así pero así lo siento, muchos de mis ‘amigos’ y muchos de mis ‘conocidos’ dudaron y me juzgaron (antes de que salieran los videos)  ... Si he tomado, si he salido de fiesta, si he usado faldas cortas, como la gran mayoría, por no decir que todas las niñas de mi edad, ¿por eso me van a juzgar?, ¿por eso me lo merecía?, ¿por eso pasó lo que pasó?, ¿por andar de noche con mis amigas?

    No es coincidencia esa relación entre gobiernos autoritarios y mujeres abusadas. No es coincidencia que este tipo de casos se dispare en esta entidad gobernada por un déspota. No sólo es el caso de Los Porkys, otra mujer fue violada por hijos de gente influyente, entre ellos, el hijo del director de la Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Forestal, Pesca y Alimentación (Sedarpa), y quienes grabaron el acto. Gente bien parada que busca mover sus influencias en las altas esferas para que sus hijos no pisen la cárcel. Ahí donde está el gobernador déspota que presume de dientes para afuera que se hará justicia, como ahí están también demagogos autoritarios en diversas latitudes del mundo como Donald Trump hablando despectivamente de las mujeres.

    Esta cultura del mirrey, de las élites podridas y echadas a perder, hijos de políticos o empresarios cercanos a la clase política, aforados de facto, que están en una posición social privilegiada lo suficiente como para no ser castigados por sus actos. Esos mismos que mandan a sus güaruras a golpear a quien se les atravesó en la calle, esos mismos que levantan a quienes les incomodan. Esos hijos muy mal educados, en familias de mucho dinero y poder, pero escasas de valores. Violadores y enfermos sexuales que se dicen "gente bien" y aparecen en revistas de la élite porque llevan su camisa desabotonada, su reloj de marca y manejan auto de lujo.

    Porkys

    Y a pesar de todo esto que he explicado, hay quienes se atreven a decir que la culpa es de las mujeres, que "ella los provocó con su vestimenta", que si fuera "más decente", eso no le ocurriría, como si los hombres fueran animales víctimas de sus propios instintos. Si una mujer hace una denuncia es una "feminazi", si una mujer es violada, ella es la "puta". No basta que a la mujer se le haya hecho realidad su más grande pesadilla, hay que "rematarla", señalarla y humillarla.

    Basta ver el video del padre de Daphne para entender el coraje, el dolor y la desolación que siente al ver sufrir a su hija. El padre, Javier Fernández, fue lo suficientemente compasivo como para no denunciarlos penalmente mientras los hijos se alejaran de ella, le pidieran disculpas y aceptaran iniciar terapia psicológica (como se muestra en el video, pensó en matarlos). A pesar de sus promesas, los padres de los violadores no cumplieron y Javier Fernández los ha demandado, no sin antes encontrar un montón de trabas, presuntamente gracias a la posición privilegiada de los padres de los violadores, y un vendaval de críticas hacia Daphne en redes:

    Es aterrorizante y muy deprimente para mi el hecho de que ahora digan que es "político", que "nos dieron dinero", que estamos "extorsionando"...   yo no quería quedar expuesta como paso ahorita, yo no quería ser juzgada o señalada por la sociedad, yo lo único que quería era un porque?

    Si eres padre, o fueras padre ¿qué sentirías si violaran a tu hija? ¿Cuál sería tu reacción? ¿Qué sentirías al verla destrozada, encerrada en su cuarto, sin ganas de vivir? ¿Acaso te gustaría que dijeran que tu hija se lo buscó por la ropa que llevaba o porque se fue "de peda" a un antro? Aunque las respuestas parecen muy obvias, para muchos no los son, como aquellas personas que siguen creyendo que una mujer es un objeto a su disposición.

    https://www.youtube.com/watch?v=4YwQtY4H_T8

     

  • Ya no eres religioso. ¿Y ahora qué?

    Ya no eres religioso. ¿Y ahora qué?

    Hoy acompañé a mis padres a hacer el Viacrucis al templo de Santa Rita. Hace bastantes meses que no me paraba en uno porque, aunque fui educado con los preceptos de la Iglesia Católica, no soy muy religioso, ni lo he sido desde ese momento en la adolescencia que mis padres me dejaron de obligar a ir a Misa.

    Ya no eres religioso. ¿Y ahora qué?

    Y como son muy escasas las veces que voy al templo a acompañar a mi familia (Semana Santa, Navidad, y creo que ya), posiblemente me sea más fácil ver los contrastes y los cambios demográficos. Uno me llamó mucho la atención fue la ausencia casi total de personas jóvenes (18 a 35 años) en esa festividad, apenas algunos que acompañaban a sus padres (como yo lo hacía); pero no pude ver, por ejemplo, una sola pareja de novios que fuera por propia cuenta a esa festividad. No es que eso me parezca bueno o malo, simplemente es una muestra del proceso de secularización que se vive en la sociedad. Posiblemente, cuando esta generación de jóvenes envejezca y tenga entre 50 y 70 años de edad, veremos templos vacíos como ocurre en Europa.

    Es cierto, en Navidad hay más jóvenes (aunque nunca son mayoría), porque generalmente la gente va a Misa en familia. Los padres van con los hijos, va la novia del hijo, o de la hija, y muchas veces van antes o después de haberse juntado con la familia (ya sea nuclear o extensa). De la misma forma que los jóvenes están cada vez más ausentes, cada vez menos gente ayuna en Viernes Santo, o se abstiene de comer carne. Estas prácticas que antes eran regla y norma en la sociedad mexicana, parecen tomar tintes más bien folclóricos.

    Aunque todavía sea una considerable mayoría, lo cierto es que cada vez la vida de menos personas gira ante la existencia de un Dios y la esperanza de llegar al cielo. Por tanto, su conjunto de normas, valores y principios está menos apegado a la religión. Que no me parece que sea necesariamente bueno o malo, no creo que la gente tenga que ser religiosa para llevar una vida recta y plena, ni tampoco que la «liberación de las garras de la religión» se traduzca en algo necesariamente en algo bueno para el individuo.

     

    Pero la pregunta queda en el aire. Si la gente está dejando de ser religiosa, ¿lo deja de ser a cambio de qué?

    La religión de alguna forma es buena para la psique. Quienes son religiosos, no sólo lo son porque crean en algo o alguien, sino que son parte de una comunidad y comparten una forma de pensar con sus semejantes. Aparte, la religión sirve como contención emocional ante los momentos difíciles de la vida. Por un decir, pensar que un Dios nos ayudará en el momento de la enfermedad, que la Virgen intercederá por nosotros cuando estamos desesperados por buscar trabajo.

    No practicar la religión no es algo fácil. Mucha gente, al abandonar la fe que profesaba (o que le inculcaron), cree haberse liberado de las garras del «dogma religioso» y que puede hacer lo que quiera. – Ya nadie me puede decir que debo de ser casto hasta el matrimonio, entonces voy a tener sexo con cuanta persona se me pare enfrente, y voy a cometer todos los pecados capitales una y otra vez; al cabo nadie me puede decir que son malos. 

    Porque básicamente dejar la religión, es como dejar un empleo para trabajar por propia cuenta. Ya no tienes horarios fijos ni normas que cumplir, pero entonces, tienes que aprender a ser muy auto-disciplinado y «auto-imponerte» tus propias normas, lo cual puede ser más difícil, y si no lo haces, puedes terminar en la perdición.

    moral

    Pienso entonces, que si la gente deja de ser religiosa, y lo hace porque no concuerda con dogmas absolutistas, o bien, piensa que mucho de lo que ahí es falso, entonces debería de buscar un orden de valores y principios con los cuales pueda tener un modo de vida digno y armónico. Posiblemente el otrora religioso se deshaga de algunas normas morales, pero conserve otras que considere necesarias, porque ha percatado que son útiles.

    Así, podemos llegar a la conclusión, de que crearse un orden de valores no es una tarea sencilla. No se trata de adoptarlos a conveniencia (relativismo moral), por el contrario, se necesita mucha sabiduría y criterio para poder determinar bien cuales son y en que consisten. La religión funciona, en parte, porque dentro de ella el individuo no tiene la necesidad de hacer ese difícil ejercicio, sino que se tiene que limitar a obedecer las normas propias de la religión que profesa.

    Pero muchos de los «no católicos», o católicos (o quienes como yo, creemos en la existencia de un Dios, más no en la religión institucional como tal) que han decidido profesar la religión bajo «su propia onda», no hacen dicho ejercicio y creen que todo debe de estar permitido, que cualquier «auto-restricción» es una forma de coartar la libertad. También consideran «represivo» el educar a los niños y disciplinarlos. Creyeron que al darse cuenta que a los niños no había que pegarles, había que irse al otro extremo. Había que dejar de ser padres, para ser «amigos de los niños», infantes que crecieron sin referencia paterna o materna alguna, para que de esta forma terminen siendo más manipulables y maleables (desde los medios de comunicación, hasta el narcotráfico).

    El ser humano necesita armonía y equilibrio para vivir una vida plena. El exceso de lujuria, de ocio, la falta de disciplina y respeto a los semejantes, rompen con dicho equilibrio. Pongo un ejemplo. Llegas a la conclusión de que las relaciones sexuales extra-maritales no deben de ser prohibidas por x o y razón. Entonces, o decides tener relaciones sexuales con tu novia, asumiendo que en el acto tienes una responsabilidad (tienes que protegerte, y en caso de que la llegaras a embarazar, tienes que responder), o bien, el sexo se vuelve para ti un problema, buscas constantemente mujeres con las cuales acostarte (exponiéndote a enfermedades de transmisión venérea).

    Otro ejemplo. imagina que estás a favor de la adopción por parejas gays, o clamas que todos puedan adoptar sin importar el contexto porque es un derecho, o bien, crees que deben ser psicológicamente aptos para poder educar a un niño (cosa que de igual forma debería aplicar con heterosexuales que quieran adoptar) Son dos formas muy diferentes de abordar una situación que ya no está supeditada a un orden moral religioso, pero en cambio necesitarás mucha disciplina y sabiduría. Distintas personas pueden llegar a diversas conclusiones (alguno dirá que cree que los gays no pueden adoptar, otros que sí) y esos debates deberían ayudarte mucho para que logres ser crítico y pongas a juicio tus propios principios. ¿O acaso no estábamos hablando de dejar de seguir dogmas?

    Es decir, cada «libertad ganada» conlleva una responsabilidad. Ponte a pensar, si esas normas morales rígidas han existido por mucho tiempo (aunque ahora puedan ser arcaicas y obsoletas, o con el tiempo se comprobó que eran erróneas), estuvieron ahí por alguna razón.

    Por otro lado, no ser religioso implica que ese mismo criterio con el que has criticado los dogmas religiosos, debería ser usado también con cualquier corriente de pensamiento. Hay quienes critican el «dogma religioso» por ser dogma, pero a la vez aceptan sin chistar, por un ejemplo, la opinión de «los expertos de la ONU». Si los especialistas en la teoría de género dicen que hay que escribir «txdxs» en vez de «todos» para no ser misógino, entonces debo de hacerlo «porque es lo que se usa», sin siquiera molestarme en buscar cómo es que llegaron a esa conclusión. O por ejemplo, estar a favor del aborto (algo a lo que en lo personal, me opongo, mientras no se criminalice a la mujer) porque es la onda, y porque algún «experto» consideró que el bebé es parte del cuerpo de la mujer y es «un derecho» sin antes cuestionar por qué.

    Es decir, el no religioso debe de aprender a colocar todas «esas nuevas ondas» bajo el mismo escrutinio, para posteriormente aceptarlas o rechazarlas después de haberlas razonado. El no religioso tiene que ser crítico consigo mismo, y analizar si su escala de valores realmente funciona. Como el no religioso no tiene ni una tabla con los diez mandamientos ni una lista de pecados capitales, entonces debe de cultivarse, y ser muy crítico. No serlo es más bien muy complicado, necesitas tener más entereza mental porque eres más proclive a caer en crisis existenciales (sobre todo al principio), como ya dije, necesitas buscar toda esa sabiduría que no te está dada, y necesitas sobre todo, auto-disciplina, aprender moderar tus impulsos y a postergar los deseos instintivos.

  • Por qué Bruselas nos duele

    Por qué Bruselas nos duele

    ¿Y dónde está la banderita de Siria, de los muertos de Ayotzinapa? Era predecible, sabía que tarde o temprano iba a escuchar ese tipo de reclamos. Había despertado el día de ayer, estaba consternado porque lo primero que vi en mi muro de Facebook en el celular fue el atentado perpetrado por los mismos: DAESH (no ISIS), o ISIS si le quieres llamar así al Estado Islámico. Me molestó, porque estaba consternado y este tipo de personas insistían en «que no tenía derecho a hacerlo». Personas que publican este tipo de tweets para parecer inteligentes o tratar de separarse de «la masa», como si yo no tuviera el derecho a sentirme mal por lo ocurrido.

    Vale Belga la vida

    No dilucidan la amenaza que esto significa para el mundo global. Es falaz pensar que no nos importe lo que pasa en Siria, ver las ciudades principales de aquel país completamente destruidas me genera un vacío en el estómago. Pensar que el ser humano puede llegar a tanto porque no puede conciliar sus diferencias, porque está cegado al fanatismo.

    Y si los atentados belgas nos impactan más, no es porque seamos “hipócritas”, es por la proximidad, es un instinto de supervivencia. Es porque la amenaza se ve más cercana cuando las víctimas del atentado se encuentran en un país occidental, y más en la ciudad donde residen los poderes de la Unión Europea.

    No sólo se trata de lamentar lo ocurrido, de reprobar esta barbarie, este acto inhumano que sólo podría ser entendido por medio de una enfermedad psíquica patológica, o por un fanatismo tan impregnado a la mente que atrofiado su capacidad de razonar (parece ser esto último). Se trata de ver las repercusiones que esto puede tener a largo plazo. Este tipo de atentados pueden ser una amenaza a la democracia liberal puesto que, ante el miedo, los ciudadanos pueden clamar por figuras más autoritarias que les proporcionen un mayor sentido de seguridad. Ahí está la extrema derecha haciéndose un espacio en Europa. Partidos xenófobos y nacionalistas ocupando cada vez más escaños en los congresos de sus propios países.

    Este acto terrorista le viene como anillo al dedo a Donald Trump, quien no tardó en reaccionar:

    Los demagogos encuentran en estos actos una gran oportunidad para ganar simpatías. Porque ciertamente, es técnicamente imposible que DAESH logre extender el «Estado Islámico» por el mundo. Pero lo que sí puede hacer es orillar a los países occidentales a buscar gobiernos más anti democráticos para combatirlos. Quienes salen perdiendo más son los árabes y los refugiados, quienes huyeron de los propios terroristas. – Hay que correrlos, hay que deportarlos, hay que construirles muros, son terroristas en potencia, discrimínalos.

    No sólo se trata del resentimiento que tienen contra Occidente, porque ciertamente los occidentales «no nos hemos portado muy bien» con ellos a través de la historia. Se trata también de un repudio visceral a nuestros valores que son incompatibles con su dogma. Es decir, su deseo es imponer su dogma a través del mundo. Porque el dogma es un poder, y es un poder mucho más sofocante y represivo que el que puede ejercer un gobierno occidental o un cúmulo de empresas transnacionales.

    Cuando lo primero que formulan estos «críticos» al ver un atentado de estas dimensiones, es el argumento ideal para reprochar a quienes manifiestan sus condolencias (a veces en una expresión de cinismo, afirman que la gente se indigna por moda), están ignorando todas las repercusiones que tienen este tipo de atentados, ignoran que nuestra vida, y nuestra forma de organización social y política, por más imperfecta que sea, pende de ciertos equilibrios (de poderes) los cuales están siendo trastocados por el Estado Islámico.

    No sólo no ignoramos lo que pasa en Siria, por el contrario, tememos que algo así pudiera llegar a pasar en Occidente. Tan no lo ignoramos que muchas personas en Europa acogieron con los brazos abiertos a los refugiados, porque lograron ser empáticos con ellos.

    El grado de solidaridad no es selectivo, más bien está supeditado a la proximidad como mecanismo de supervivencia. También es falso que no nos hayamos solidarizado con los estudiantes de Ayotzinapa. Estos «críticos» de igual forma nunca hablan sobre los cristianos que son ultimados por el Estado Islámico y también son «más solidarios» con unas cosas que con otras. Esperar que el ser humano se consterne exactamente de la misma forma por un acto ocurrido en una u otra parte del mundo, cuando estamos divididos en culturas, las cuales tienen diferentes órdenes morales, es algo descabellado. Es casi como pedir a un señor que sufra igual con la muerte de su esposa, que con la muerte de una mujer tailandesa cuya noticia apareció en la segunda plana de un diario digital extranjero.

  • Si Donald Trump fuera mexicano

    Si Donald Trump fuera mexicano

    Voy a comenzar siendo muy «políticamente incorrecto», porque creo que para tocar el tema que quiero tocar lo debo ser. Entendido esto, vamos a hacer un ejercicio.

    Si Donald Trump fuera mexicano

    Elige a un empresario mexicano, uno que sea polémico, el que tú quieras, puede ser un empresario nacionalmente conocido, o uno de tu localidad. La única condición es su personalidad polémica y que tenga mucho dinero en sus múltiples cuentas bancarias. Imagina que dicho empresario decide incursionar en la política por la presidencia y en un discurso pronuncia las siguientes palabras:

    – Hoy México está en decadencia, nuestro país ya no es lo que era antes. Parte de nuestros problemas como la inseguridad y la delincuencia tiene su origen en todos esos sectores de donde provienen los criminales, secuestradores, motorratones y demás personas que ponen en juego tu seguridad y la de tu familia. Por eso, si gano la presidencia, voy a mandar a construir muros en la Avenida Independencia en Guadalajara y los límites de la Ciudad de México con Ecatepec y Ciudad Nezahualcoyotl, para que esas parias no crucen y sigan afectando nuestra calidad de vida. Y por cierto, el muro lo van a pagar ellos, porque ellos son los que secuestran. Además voy a deportar a cualquier migrante que se atreva a pasar nuestro país, son sucios, huelen mal, son un riesgo y afean nuestras colonias. ¡Vamos a hacer a México chingón otra vez!

    ¿Cuál es tu impresión de ese discurso? ¿Crees que éste candidato podría llegar a obtener apoyo de ciertos sectores sociales? ¿Sí? ¿No? ¿Por qué? Puedes contestar estas preguntas en el formulario de comentarios, pero al menos haz este ejercicio dentro de tu mente.

    Posiblemente pienses que ese discurso es muy ofensivo, de hecho lo es; porque hace generalizaciones burdas, está lleno de mentiras y medias verdades. Pero si crees que ese discurso es muy ajeno a nuestra realidad, mejor piénsalo dos veces.

    Porque en la práctica ya hemos construido ese muro. No es un muro físico, es un muro que no se puede ver con la vista, más bien hemos colocado cada ladrillo con nuestro comportamiento y nuestros prejuicios (aunque cabe decir que todo esto nos ha motivado a construir muros físicos para aislarnos de las masas o hasta de nosotros mismos). Es el muro que se construye cuando los cadeneros en el antro al no dejar pasar a gente morena o poco agraciada físicamente, porque un antro con morenitos es «menos chic»; es el muro que construimos al usar el término «naco» una y otra vez al referirnos a gente de otras clases sociales y con rasgos indígenas más prominentes, también lo construimos al publicar revistas que tienen nombres como «Gente Bien», como si la mera posición social nos diera una superioridad moral sobre los demás.

    Al percatarnos de la popularidad de Donald Trump, cuestionamos el nivel de educación que tienen los estadounidenses (y ciertamente, es bastante bajo con relación al tamaño de su economía), pero no somos capaces de observar la nuestra que es muy inferior. Constantemente muchos hacen burla de los indígenas creando memes con términos en «tl», usan términos como «albañil», «chacha» o «camionero» para burlarse de otra persona, o también publican «videos chistosos» en Facebook donde el personaje principal «se ve muy naco», está haciendo «algo muy naco», o «parece naco» por su mal gusto.

    No podemos concebir que Donald Trump quiera prohibir la entrada a los musulmanes a Estados Unidos, pero en México se discrimina a los migrantes; sólo son aceptados los extranjeros, quienes se considera, tienen buen linaje (europeos, estadounidenses, o algunos sudamericanos). Cuando se trata de hindúes que vienen a trabajar a nuestra ciudad, y peor aún, de centroamericanos que usan nuestra ciudad de paso (el caso de Guadalajara) la postura es completamente severa por parte de muchos ciudadanos. A pesar de que los migrantes suelen ser pacíficos, son rechazados por muchas personas porque, «afean mi colonia» o creen que por su mera apariencia, son un riesgo. En Guadalajara muchos vecinos se negaron a que se habilitara una casa de paso para ayudar a los migrantes que pasaban por nuestra ciudad. Varios de ellos ahora publican cualquier número de artículos criticando al magnate estadounidense.

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    Tampoco podemos entender la misoginia de Mr. Trump ni sus comentarios que rayan en el machismo. Pero al mismo tiempo, después de que la norteamericana Andrea Noel fuera acosada sexualmente en la Condesa por un hombre que le trató de levantar la falda y posteriormente fuera a levantar la denuncia (tragándose la burla de algunos funcionarios), muchas personas en Twitter la agredieron con una lluvia de improperios como «Puta güera de mierda, por tu culpa me suspendieron. Cuando te vea no sólo te voy a levantar la falda, te voy a matar. Puta», e incluso algún columnista la llamó feminazi por denunciar lo ocurrido. De la misma forma, no podemos olvidar cuando el periodista Leonardo Schwebel criticó a una edecán el foro del Día Internacional de la Mujer, por no tener más atributos que «estar buenota», al tiempo que también presumía de golpear a su hermana cuando era chico.

    Donald Trump ha logrado amalgamar todos esos prejuicios y sentimientos de odio incrustados en diversos sectores de la población, de tal forma que le sirvan como base para sostener su campaña. Pero sería hipócrita criticar a los estadounidenses con un halo de superioridad moral, cuando nosotros, en nuestra muy particular forma, emulamos esos prejuicios que tristemente son una constante en nuestro país.

    La pregunta queda en el aire, ¿Qué pasaría si un personaje como Donald Trump irrumpiera en México? ¿Sería rechazado inmediatamente o podría despertar muchas simpatías? Posiblemente la respuesta a esas preguntas no sería la más agradable al oído.