Categoría: sociedad

  • La diferencia entre crítica y criticonería que muchos mexicanos deberían entender

    La diferencia entre crítica y criticonería que muchos mexicanos deberían entender

    La diferencia entre crítica y criticonería que muchos mexicanos deberían entender

    El día de ayer, un tuitero me «reprendió» por apoyar lo que él considera mediocridad. Me decía que aplaudir a una gimnasta que no ganó nada era mediocre y que estaba apelando a la lástima (porque algunos, él entre ellos, la criticaban por «ser gorda»). Su sticky post (o sea, el tweet que está fijado en su timeline) era una burla grosera a la gimnasta donde la comparaba con la mascota de Bodega Aurrerá.

    Después, otro grupo (supongo amigos suyos) se me vino encima por la misma razón. Varios de ellos con nombres como «Mariguano Phelps», y demás, cuyos timelines estaban llenos de basura e insultos a atletas y demás personas. No era indignación y descontento, era un modo de vida, ellos disfrutan humillar a los demás.

    Con base en esto, quise escribir este artículo para diferenciar lo que es la crítica de la criticonería. Hay críticos y criticones, los primeros son muy útiles a la sociedad, los segundos son un lastre. Los términos son parecidos, pero los actos tienen un fin diferente, en tanto son resultado de motivaciones diferentes, e incluso opuestas.

    ¿Qué es la crítica?

    Primero debemos entender que la crítica es necesaria dentro de una sociedad para que ésta funcione y se perfeccione. La crítica, señalar aquello que está mal, es una condición necesaria para mejorar procesos, realidades, estructuras o instituciones. La crítica puede estar movida por la indignación. Puede ser desde un tweet, hasta un ensayo, o un documento académico. En tanto el hombre es un animal político, la crítica puede tener ciertas subjetividades, puede no ser acertada, e incluso puede estar mal informada (aunque el crítico siempre tratará de buscar información para fundamentar su crítica), pero es resultado de una genuina preocupación sobre el estado de las cosas.

    Para que exista un cambio dentro de una sociedad, la crítica es condición primera:

    crítica

    De un problema surge la crítica, ésta surge porque el problema produce una inconformidad. La crítica funge como diagnóstico del problema y reconoce su existencia. La propuesta surge de ese diagnóstico, al reconocerse el problema, entonces el paso a seguir es buscar un modelo de cambio. Cuando éste se tiene, entonces, se ejecuta un plan de acción para resolver el problema. Generalmente existe no sólo un diagnóstico, una sola propuesta o un plan de acción. Sino que, en cada tramo del proceso, se debe de llegar a una especie de consenso; o bien, ante las diferencias, diferentes sectores pueden proponer diferentes modelos.

    La crítica puede ser sobre cualquier cosa: el fracaso en las olimpiadas, las casas blancas de Peña Nieto, la crisis económica, el rezago educativo, los derechos de las minorías etc. También se puede llevar a cabo en cualquier lado, un tweet, en forma de meme de Facebook, una columna en un periódico, una tesis de maestría. Claro, dependiendo del contexto, unas críticas serán más eficaces que otras. Algunas serán instintivas e inmediatas, otras estarán muy planeadas y calculadas, pero todas son valiosas.

    Pongo como ejemplo la #Ley3de3. Muchas personas estaban indignadas ante el enriquecimiento de muchos políticos (problemas), varias organizaciones como el IMCO y Transparencia Mexicana propusieron un mecanismo de acción para obligar a los políticos a declarar sus bienes (propuestas) y lo ejecutaron presionándolos a hacerlo, buscando que esa dinámica se convirtiera en ley, haciendo lobbying en el congreso al presentar las firmas de cientos de miles de ciudadanos.

    ¿Qué es la criticonería?

    La criticonería es otra cosa totalmente distinta, y muchas veces se suele confundir con la crítica.

    Se confunde, porque en muchos casos los criticones creen estar haciendo crítica. La diferencia consiste en que la criticonería no surge de la necesidad de un mejoramiento de un problema, o al menos no está orientada a mejorar las cosas.

    Y las redes sociales, en especial Twitter, están llenas de criticones.

    La criticonería incluye calumnias, burlas «con mala leche» hacia otras personas, falta de tolerancia, insultos a quien tiene una opinión diferente.

    Los criticones tratan de disfrazar su injuria como si fuera una crítica. Un crítico puede ser severo y demoledor con el Presidente en tanto considera que el diagnóstico del problema lo amerita; un criticón puede burlarse de ciertos rasgos del Presidente porque disfruta hacerlo y ello le ocasiona placer.

    Criticonería

    En el caso de la criticonería, el problema puede ser o no real. Lo que menos importa es lo sustancial del problema en tanto sea una excusa para sentir placer a la hora de atacar. El problema puede ser incluso una diferencia ideológica o de opinión, lo importante es «acabar con el otro», su destinatario no es el problema sino el contrario por sí mismo.

    El criticón puede sentirse indignado, pero esa indignación es una excusa para sentir placer y no para resolver un problema. El crítico puede caricaturizar al causante del problema, puede ser sarcástico, pero lo hace como medio para hacer el diagnóstico y hacer énfasis en el problema, no para atacar personalmente a la otra persona como el fin único. El criticón participa en un juego de suma cero, donde espera que el otro pierda para que él gane.

    Muchos criticones sienten placer en su psique cuando ven, por ejemplo, a México fracasar, porque esa condición les da más razones para seguir criticando y disfrutando de ello. En las redes se muestran indignados, pero en realidad no lo están. Si el problema que toman como excusa se solucionara, les causaría frustración, porque una fuente de recursos para criticar estaría extinguida.

    Los criticones no construyen. De hecho, muchos permanecen en el anonimato mediante un avatar, porque de esa forma las posibilidades de enfrentar represalias por humillar al otro son mínimas. Los criticones muestran en Internet una faceta que no se atreven a mostrar en persona. En las redes suelen ser muy activos, suelen tomar bandos de forma convenenciera; pero allá afuera, muchos de ellos se caracterizan por su pusilanimidad, son personas inseguras, retraídas, o bien, son agresivas.

    Los criticones pululan por el mundo virtual de las redes, pueden burlarse de una gimnasta por un supuesto sobrepeso, pueden linchar en las redes a quienes no piensan como ellos y recurren a los ataques personales cuando el debate está perdido (si es que en algún momento les interesó debatir en realidad). Piensan que son parte de un gran campo de batalla…

    … pero son irrelevantes.

  • Guadalajara Guadalajara, la marca ciudad que nos partió en dos

    Guadalajara Guadalajara, la marca ciudad que nos partió en dos

    Guadalajara Guadalajara, la marca ciudad que nos partió en dos

    Hoy voy a hablar de algo que parece haber causado más polarización en Guadalajara, mi ciudad, que la que ha causado Donald Trump en Estados Unidos, o el #Brexit en Reino Unido. Voy a hablar de nuestra nueva «marca-ciudad» que ha dividido la opinión pública en las redes sociales. Lo único cierto es que esa imagen no te puede dejar indiferente.

    Para eso, primero debemos de entender qué es una marca. Una marca tiene como fin posicionar un producto, servicio, empresa, asociación, entre otros, en la mente de los consumidores. Gracias a la marca, nosotros le damos en nuestra mente «una forma» a eso que se quiere representar. No es lo mismo una serie de productos para jabón genéricos que un jabón Zest. Cuando vas a un centro comercial y ves un jabón Zest, no sólo se te viene a la mente que se trata de un jabón, sino que éste tiene ciertos atributos que lo diferencian de lo demás (producto tanto de la estrategia de branding como de tu experiencia anterior con el producto), lo que incide en tu decisión de compra.

    Algo así es lo que se quiere hacer con Guadalajara, darle su propia marca. Muchas ciudades o entidades del mundo como nuestro país, la Ciudad de México o el Estado de Jalisco, ya tienen una. Esa marca debe de tener un elemento de diferenciación, por lo cual deberíamos de preguntarnos ¿qué es lo que hace a Guadalajara diferente a las demás?

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    Algunos hablan de su comercio o su industria, pero no es la única ciudad que destaca por ello; podemos hablar de la FIL, pero no sé si sea prudente poner un libro como imagotipo cuando a pesar de la importancia del evento, la gente en nuestra ciudad no lee mucho. Con lo que un extranjero se siente identificado cuando viene a la ciudad es con el mariachi y el tequila.

    De ahí, la decisión atinada en mi punto de vista de elegir la «Guadalajara, Guadalajara» de Pepe Guizar por lo que representa. Cantada por Plácido Domingo, por Elvis Presley, interpretado por Paco de Lucía y otros músicos de renombre internacional, es una canción que nos da identidad.

    Muchas personas comentan que Guadalajara es más que mariachi y tequila, que es más grande que eso, que debemos de ver al futuro y no al pasado. Pero estamos olvidando cómo es que las tradiciones y raíces le dan identidad y cohesión a una comunidad. De hecho, si Guadalajara se volviera una ciudad desarrollada, producto de un hipotético boom económico o del desarrollo de la ciudad como un hub tecnológico, estos elementos le seguirían dando mucha identidad; el mariachi y el tequila seguirían siendo importantes. La tradición no tiene que estar peleada con lo moderno.

    París es más que su Torre Eiffel, y ésta es el imagotipo de su «marca-ciudad», Hong Kong no sólo son dragones sino desarrollo y libre mercado, y su imagotipo es un dragón.

    En un mundo actual donde muchas nuevas ciudades crecen de la nada y buscan desesperadamente ese algo que los identifique, nosotros renegamos de nuestra cultura como si fuera expresión de un país subdesarrollado, mientras que quienes visitan nuestra ciudad la admiran. Por el contrario, tener todas estas raíces y tradiciones nos da una ventaja sobre otras comunidades (que no lo sepamos aprovechar es otra cosa).

    Entiendo que cuando se trata de un nuevo logotipo o imagen la polémica nunca dejará de existir. Ya se trate del nuego logotipo de Londres 2012, el de Google, Microsoft o Instagram. Tampoco gustó al principio la nueva interfase que creó Jonathan Ive para el iOS y ahora todos parecen contentos con ella. El arte del diseño es algo demasiado subjetivo como para esperar un consenso. Que si se puede emular en 2 minutos con Photoshop, que si pagaron una millonada para algo que no gustó a muchos (el caso de los JJOO de Londres), que si no costó un centavo (el caso de Guadalajara), que si es demasiado moderno, que si es demasiado antiguo, que si los millennials no se identifican, que si la gente mayor tampoco.

    Cierto, yo veo el logotipo, lo observo detenidamente, y le veo algunos peros. Creo que puede mejorarse, creo que al trabajo de diseño, como se puede ver en la Fan Page, le hace falta algo de cohesión; y creo que no lograron muy bien simular los nombres de las tiendas típicas de la Guadalajara de ayer. Así también, se me hace criticable que usaran una fuente gratuita en lugar de crear una propia como parte del trabajo creativo. Pero en lo particular la idea me gusta y mucho, el concepto me llamó más la atención que esos otros detalles, me gustó ver como las palabras cantan esa canción tradicional. Creo que la noticia debería de ser que Guadalajara ya tiene su «marca-ciudad», los detalles de diseño a mi parecer pasan a segundo plano, porque son cosas que pueden pulirse. La idea es muy buena.

    Que hubiera sido mejor convocar un concurso entre agencias en vez de que trabajaran las que generalmente le trabajan al gobierno y al alcalde Enrique Alfaro, sí, estoy de acuerdo. También es cierto que aún con concurso de por medio, muchos hubiesen quedado insatisfechos con el resultado; siempre pasa, y más cuando nosotros los tapatíos somos lo suficientemente caprichosos para que los departamentos de mercadotecnia de las empresas prueben la aceptación de un producto en esta ciudad para luego lanzarlo en todo el país.

    Tampoco creo que se trate de una «agencia de pacotilla», máxime cuando estas mismas agencias convirtieron a un personaje con una personalidad antipática como lo es Enrique Alfaro en un candidato que se puede vender y que logra generar simpatías en ciertos sectores de la población (sin olvidar esa vergonzosa excepción cuando expusieron la lista nominal del INE al subirla de forma irresponsable a la nube).

    Otras personas hablaron de plagio, que se «habían robado» el logotipo de otra propuesta. Por ejemplo, venían a colación estos dos diseños:

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    La primera es la marca del Ars Santa Mónica, un centro cultural de Barcelona; la segunda es un festival. El estilo tiene parecido con la marca Guadalajara en que el tamaño de las letras va aumentando o disminuyendo de tamaño. Pero basta observar un poco para darse cuenta que la ejecución es diferente. Además tendríamos que preguntarnos si también los diseñadores del centro cultural «plagiaron» al festival, ¿o cómo?

    Subo también la imagen de este libro de Alvin Toffler:

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    Este libro lo compré hace 8 años, muy bueno por cierto. Usa el mismo efecto de «agrandamiento de las letras». Sin ser diseñador, puedo darme cuenta que este es un recurso que no es utilizado pocas veces en el diseño gráfico. De ninguna forma podría afirmar que la ciudad de Santa Mónica ni el festival de periodismo le plagiaron a este futurólogo.

    Luego viene un video que lanzaron para socializar la marca. Algunos encuentran similitudes con el trabajo que estas empresas (las mismas) hacían para Movimiento Ciudadano. Esto es obvio cuando los creativos que hicieron tanto este video como los trabajos para Enrique Alfaro son los mismos. Pero yo no percibo ni en el video, ni en el logo, intención alguna de asociar a MC o a Enrique Alfaro con la marca, ni alguna indirecta. E insisto, sí me hubiera gustado más un concurso entre agencias, pero aún así creo que la idea que se creó es muy buena. Si hubiera existido intención proselitista alguna, la oposición o el Gobernador Aristóteles del PRI se hubieran indignado por hacer «proselitismo disfrazado» (en menos de 2 años hay elecciones), pero no fue así. Ni siquiera El Respetable, un diario que no hace honor a su nombre y que funciona como estrategia de golpeteo para cierto partido político, se atrevió a decir que era propaganda a favor de alguien.

    De hecho, es una buena noticia dentro de un país acostumbrado a los gobiernos paternalistas y verticales que imprimen su marca en cualquier cosa que toquen para que recuerdes que les debes de estar agradecidos porque trabajan para ti.

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    Fan Page #GuadalajaraGuadalajara

    Como se puede ver en la foto, todos los alcaldes tanto de MC, como del PRI así como el Gobernador emanado del PRI estuvieron en el evento presentando la marca-ciudad. Vaya, ni siquiera se observa el consenso en un país donde éstos generalmente sólo sirven para servir a sus intereses, y cuando se trata de pensar en la ciudadanía, las discrepancias afloran.

    Retomando el video, al verlo me queda claro que con este logotipo no sólo se insiste en hablar de las raíces, sino hablar del presente, de lo que somos, y lo que queremos llegar a ser.

    El video es muy bueno porque lograron modernizar con guitarras de rock, baterías e intérpretes de Jalisco, una canción como es Guadalajara, Guadalajara, sin destruirla; porque vaya, es una canción muy difícil de no destruir. Lograron encontrar un gran balance entre lo tradicional y lo moderno.  Sí, me hubiera gustado que también estuvieran otros intérpretes (y claro que no estoy pensando en Maná), pero la elección en general no estuvo mala. A mí se me puso la piel chinita, a muchos conocidos también.

    El video, como creyeron algunos, no tuvo la intención de «presentarle Guadalajara a los extranjeros», sino de socializar la marca en la ciudad. Y creo que sí lo lograron. Guste o no guste, ya todos la conocen.

    Para finalizar, sí, comparto la opinión de que el trabajo final es mejorable, se pueden hacer algunas adecuaciones, pero el concepto me parece muy bueno y creativo. Espero que con el tiempo, esta «marca-ciudad» vaya evolucionando y su existencia no se limite a un simple diseño.

    Hay que celebrar que Guadalajara ya tiene una «marca-ciudad», una ciudad del tamaño e importancia que tiene la Perla Tapatía no se podía dar el lujo de no tenerla. Para mí esa es la gran noticia, sabiendo que la idea se puede perfeccionar. Me gustaría que ahora ante tanta indignación, agencias participaran en el mejoramiento de este concepto y que el gobierno les abriera las puertas. Para concluir, en mi particular punto de vista, a pesar de sus puntos flacos y que se pueden mejorar, me agrada el concepto creado.

    Y sí, creo que va a pasar el tiempo y el logotipo (con algunos ajustes posteriores al trabajo gráfico posiblemente) comenzará a gozar de mayor aceptación, como siempre ocurre en estas cuestiones. Al tiempo…

  • Es México güey, capta

    Es México güey, capta

    Es México güey, capta

    Desde que la tecnología avanzó hasta el punto donde cualquier individuo podía cargar con un dispositivo que incluye una cámara y que puede mandar los contenidos videograbados a Internet, los ciudadanos se dieron cuenta que tenían un arma o herramienta que los podía ayudar a hacer esa justicia que el Estado era incapaz de impartir.

    Estas nuevas tecnologías que han irrumpido, han «remoldeado» a nuestra sociedad, y han cambiado, aunque sea un poco, las reglas del juego. Primero, porque logran exponer casos, hechos y sucesos que antes quedaban en el anonimato; y segundo, porque la sensación de privacidad cuando una persona decide cometer una fechoría se ha reducido. No son tanto las cámaras que el gobierno instala en las principales vialidades, sino que cualquier individuo puede estar grabando para que el infractor sea captado infraganti. Eso puede hacer la diferencia entre salirse con la suya o, ir a la cárcel o sufrir de «desprestigio social».

    El #LordAudi es el claro ejemplo del papel que juegan las tecnologías y cómo estas llegan a rebasar al gobierno que debería de cumplir un mejor papel. Los ciudadanos se encargan de hacer el papel de investigadores para que el Gobierno simplemente (y si está dispuesto) ejecuta la sentencia. Esto es algo bueno y malo a la vez. Bueno, por la actitud proactiva de varios ciudadanos, y malo, porque es el trabajo que les toca a hacer a nuestros gobernantes.

    Sin un smartphone o un GoPro, #LordAudi se hubiera salido con la suya y el caso seguramente hubiera quedado impune. Ahora parece que las autoridades están tomando cartas en el asunto, y se habla de que este joven mirrey podría pisar la cárcel (o bien, pagar una fianza nada económica). Su «papi» podría ser un personaje influyente, pero la opinión pública, que se contrapone por cantidad, puede orillar al gobierno a hacer valer la ley.

    https://www.youtube.com/watch?v=cL0SPZKGMuM

    Las autoridades brillaron por su ausencia, #LordAudi iba manejando en un carril confinado para ciclistas, al tiempo que «molestaba» con su lujoso auto al ciclista de enfrente. El ciclista, al ver su medio de transporte atropellado, pidió ayuda a un policía bancario (ante la ausencia de cualquier persona que representara a las autoridades) mal preparado, que fue amedrentado y golpeado por el «mirrey caguengue» quien pidió que llamara a su papá, para que después no pudiera evitar su huida.

    Varios economistas y «opinólogos de Twitter» se atrincheran en las derechas y las izquierdas para asegurar que los países más exitosos son los que tienen «menos gobierno» o «más gobierno». Sacan sus frases y argumentos de Friedman, Hayek, Keynes o Krugman que encontraron en Wikipedia para clamar por el fin del gobierno o el aumento de su tamaño. Pero la intervención del gobierno en la economía no es la única variable entre los países que triunfan y los que no. México no es un país excesivamente intervencionista (aún comparándolo con algunos países europeos) y es muy ineficiente.

    El caso de #LordAudi es un pequeño compendio de cómo funcionan las instituciones en México. Debido a varias razones, algunas de ellas con orígenes históricos (como las diferencias raciales y de clase, o la herencia de un sistema de gobierno ineficaz, sometido a la aristocracia, como el de la Corona de España), nuestro gobierno es sumamente rentista y clientelar. Las autoridades, en muchas ocasiones, trabajan para el beneficio de unos pocos; de aquellos que están cercanos y comprometidos, de aquellos que tienen poder y dinero. De aquí, y no del «libre mercado» surgen las élites de nuestro país. Aquellos políticos y empresarios prominentes con privilegios son los que educan a sus hijos para sentirse que viven por encima de la sociedad, como nuestro estimado #LordAudi.

    Ese «Es México güey, capta», lo dice todo. Un México donde se sobreentiende que las instituciones no funcionan, y que dependiendo de la posición social, la fortuna y la cantidad de poder amasada, es la capacidad que uno tiene para brincarse al gobierno para satisfacer sus propias necesidades.

    Luego tenemos a un gobierno poco acostumbrado a la rendición de cuentas (por las mismas razones), débil, y que no puede hacer valer la ley. Un gobierno atrapado entre el deseo de las élites y que sólo actúa bajo la presión de la ciudadanía cuando ésta es tal que una respuesta negativa del primero puede tener un impacto negativo que repercuta tanto en su legitimidad como en los resultados de las elecciones venideras. La vocación de servicio por parte de nuestras autoridades brilla por su ausencia.

    #LordAudi es como funciona México, la única buena noticia dentro de este caso, es que al menos algunos ciudadanos están dispuestos a tener un papel más activo. Pero si bien, es deseable ver a los ciudadanos cada vez más involucrados y que reprueban públicamente este tipo de comportamientos, es tarea del gobierno impartir justicia, trabajar para todos, y no sólo para unos cuantos.

     

  • La generación de los Millennials. Ser Esteban Godínez antes que Steve Jobs

    La generación de los Millennials. Ser Esteban Godínez antes que Steve Jobs

    Este texto podría desilusionar a algunas personas. Pensé alguna vez si era injusto que las tratara de bajar de su nube desde donde sueñan cuando yo mismo siempre he insistido en no repetir los patrones que todo el mundo repite y en tratar de ser algo diferente a lo común. Pero en realidad mi propósito no es matar los sueños de nadie, sino simplemente contarles con base en mi punto de vista y experiencia cómo son las cosas, o cómo me he dado cuenta que son en realidad, y que para perseguir esos sueños se necesita algo más que soñar.

    La generación de los Millennials. Ser Esteban Godínez antes que Steve Jobs
    makia.la

    Vivimos en una era paradójica, al mismo tiempo que es homogeneizadora te invitan a «pensar fuera de la caja». ¡Sé diferente para que seas igual! La generación de los millennials somos el futuro, somos los que la vamos a romper, somos los que traemos ideas diferentes. Aunque bueno, eso siempre sucede, las nuevas generaciones siempre traen «ideas nuevas y diferentes», ocurrió con los Baby Boomers y con la Generación X. Es un proceso completamente normal cuando hablamos de las nuevas generaciones y así ha sido al menos desde los tiempos de la Ilustración.

    Dentro de este contexto, sabemos los millennials son aquellos que dicen que van a salir, van a romper esquemas y van a inventar algo nuevo. Los millennials no son empleados, son emprendedores, traen otro chip. Mark Zuckerberg es un millennial que dejó la universidad para crear Facebook (ni Steve Jobs ni Bill Gates lo eran), hay jóvenes que se han hecho ricos con sus inventos, hay quienes han revolucionado el mundo. Entonces ¡yo soy millennial y lo puedo hacer! Muchos de ellos salen de la universidad con su idea rompedora, se imaginan volviéndose millonarios mientras trabajan desde su casa en pijama inventando ese nuevo invento que va a marcar un parteaguas en la industria.

    Cierto, los millennials apuestan cada vez menos a ser «simples empleados», quieren mayor libertad, no quieren jerarquías sino estructuras horizontales. Tiene sentido, una organización burocrática weberiana con horarios estrictos ya no es muy funcional en la era de la información que requiere cada vez más del «músculo intelectual», que a la vez requiere mayor flexibilidad para poder desempeñarse de mejor forma. Las necesidades de la sociedad van por ese sentido, las clases medias realizan trabajos cada vez más especializados en vez de trabajos monótonos y repetitivos que están siendo reemplazando por robots o mecanismos más automatizados.

    Otra cosa es pensar que ser millennial te hace ser algo especial. No, no lo eres, y si lo eres no es porque seas un millennial. Y no, tampoco vas a cambiar el mundo con tan solo soñar. Cuando se trata de hablar de aquellos que siguieron sus sueños, la mass media se enfoca más en su carácter irruptivo, en lo que los hizo diferentes a los demás, más que en todo el esfuerzo que debieron emplear y en aquello que los hace iguales a los demás. Hablan del esfuerzo sólo cuando está relacionado con su «irrupción» y no tanto de la disciplina o la rutina diaria de estos personajes que son modelos para muchos.

    Por eso entiendo que te imagines cambiando el mundo en pijamas. Como si se tratara tan solo de «inventar algo nuevo» y pelearte con todos los que no creen en tu idea y no entienden que eres especial para ¡vualá!

    Pero así no funciona el mundo.

    El genio es 1% inspiración y 99% transpiración – Thomas Alva Edison

    Primero hay que entender el contexto. Ni México ni todos los países latinoamericanos tienen un mercado dinámico como el estadounidense. Eso hace más difícil de inicio el surgimiento de «entrepreneurs genio». A pesar de algunos esfuerzos por crear una comunidad de innovadores de tecnología de punta (como sucede en Guadalajara), estamos todavía en pañales.

    La realidad es que para crear un proyecto irruptivo, se necesitan adquirir muchas habilidades. Cuando sales de la universidad la realidad es que no sabes nada, lo que aprendiste allá dentro posiblemente sea valioso porque son las bases de tu profesión, pero al mismo tiempo es minúsculo en comparación con todo lo que vas a aprender en el mercado laboral. Entonces, si quieres romperla, primero tienes que aprender «cómo romperla».

    Existirán algunos «genios» como Bill Gates que casi no trabajaron en algún otro lado antes de comenzar con su proyecto (otros como Steve Jobs sí lo hicieron). Pero vaya, el genio que se salió de la universidad para emprender su negocio es un caso demasiado excepcional. Es la excepción, no la regla. Por ejemplo, el guitarrista de Nirvana, Kurt Cobain, no era ni de lejos el mejor guitarrista de la historia y se convirtió en una leyenda. Muchísimas personas tocan mucho mejor que él en su recámara y no trascienden, menos lo van a hacer si no se preocupan mucho por su técnica como ocurrió con Kurt. Y la realidad es que si quieres tener una banda que trascienda, lo más probable es que te debas preocupar por refinar tu técnica en vez de esperar a tener demasiada suerte como Cobain.

    Dentro de esa misma tesitura, entonces tienes que entender que vas a tener que aprender a trabajar. Si quieres crear un negocio o proyecto propio, necesitas adquirir habilidades que sólo vas a poder adquirir dentro de un trabajo.

    The Huffington Post
    The Huffington Post

    Y cuando de esto se trata, muchos caen en el error de buscar un trabajo bien pagado en vez de uno donde puedan aprender. Muy posiblemente al salir de tu carrera sigas viviendo con tus padres y ellos sigan financiando varios de los recursos que necesitas: comida, ropa y tal vez hasta gasolina. Entonces ganar mucho no es prioritario, aprender a trabajar sí.

    Porque la realidad es que necesitas adquirir disciplina de trabajo (lo cual una empresa te puede dar) porque ser autodisciplinado es todavía mucho más costoso, crear un horario o agenda sin que alguien te lo imponga, es sumamente difícil. Necesitarás aprender a lidiar con tu jefe y tus compañeros (lidiar con socios y colegas es todavía más difícil). Necesitarás además aprender sobre la industria donde «la quieres romper», trabajar en ese ramo naturalmente te dará mayor experiencia.

    Ya cuando hayas adquirido las habilidades necesarias dentro de tu trabajo, puedes pensar en crear tu proyecto. Posiblemente dejes tu empleo o te decidas por alternar horas (lo cual suena más sensato a menos de que hayas ahorrado lo suficiente para emanciparte por completo del mundo godínez).

    Ya estás fuera, ya tienes en tu mente tu proyecto innovador. ¿Ahora qué?

    El inicio va a ser muy diferente al que pensabas. Porque no sólo se trata de soñar, sino de ejecutar ese sueño, que es lo que hace que muchos ilusos se rindan y regresen al mundo godínez.

    Necesitarás conocer gente que haya recorrido de alguna forma el camino que tú quieres recorrer, necesitarás un mentor. Muchos de los «genios» que admiras tuvieron alguno.

    Muy posiblemente no tendrás vida social. Vas a estar tan ocupado en tu proyecto, que eso de las fiestas, saliditas o ligues, va a ser algo muy esporádico. A veces ni siquiera tendrás tiempo de publicar en Facebook que estás en una relación con tu mano izquierda.

    Vas a tener que trabajar duro, mucho más duro que en tu pasado empleo godínez. Vas a tener que aprender a relacionarte, necesitarás conocer a gente de tu ramo, hacer networking, establecer relaciones estratégicas. Vas a tener que topar con pared una y otra vez. La mayoría de las puertas que toques se te cerrarán y te las restregarán en tu cara. Muchos no creerán en tu proyecto (posiblemente ni tu familia), perderás algunos amigos, unos por falta de tiempo, otros por conflictos, algunos relacionados con tu proyecto. Habrán momentos de infinita frustración, sentirás que el mundo se te viene encima. Y sólo es el principio.

    Ah, y tendrás que hacer mucha talacha, al menos hasta que tengas la experiencia y capacidad económica de delegar esas responsabilidades. Es decir, tu mayor tiempo no lo gastarás soñando, sino llevando a cabo tareas repetitivas. Pregúntaselo a Steve Jobs. Él, junto con Wozniak, hacían mucha talacha al armar las computadoras una y otra vez, empaquetarlas, llevarlas en automóvil, pegar etiquetas, abrir, cerrar. Te tendrás que levantar muy temprano y dormirte a deshoras para terminar de hacer estos trabajos.

    Despertar, abrir, cerrar, llevar la contabilidad, levantar el auricular del teléfono, colgar, comer, pagar, comprar, cargar, levantar, escribir, dormir.
    Despertar, abrir, cerrar, llevar la contabilidad, levantar el auricular del teléfono, colgar, comer, pagar, comprar, cargar, levantar, escribir, dormir.
    Despertar, abrir, cerrar, llevar la contabilidad, levantar el auricular del teléfono, colgar, comer, pagar, comprar, cargar, levantar, escribir, dormir.

    Y sólo soñar de forma muy esporádica…

    Entonces te darás cuenta que ésto no se trataba de soñar tu proyecto en pijamas sentado frente a tu Mac mientras ves memes y videos de Youtube.

    Se trataba de «pegarle duro», de esforzarte hasta el cansancio, al punto en que estarás a punto de abandonarlo y dejarlo todo una y otra vez.

    Y aún así no será garantía alguna, aparte de esfuerzo y decisiones bien tomadas, necesitarás un poco de suerte. Porque como expuso Malcolm Gladwell en su libro Outliers, los triunfadores requirieron también algo de suerte, que ciertos eventos ocurrieran y que el entorno fuera favorable. Por ejemplo, en su libro menciona que no es casualidad que estos genios del oeste de Estados Unidos hayan nacido casi en el mismo año, por ejemplo, Bill Gates o Steve Jobs (ambos de 1955), para que después no surgiera alguno durante un periodo prolongado de tiempo hasta la nueva generación como la de Mark Zuckerberg, Google y Youtube.

    No es que no haya surgido gente con el talento de Jobs en ese periodo prolongado de «ausencia de genios». Ello se debió al comportamiento de la industria de la computación. Jobs, Gates, Bezos y Zuckerberg nacieron en la fecha indicada para que su edad de mayor capacidad creativa, coincidiera con ciertos cambios en el ramo en que se desempeñaban.

    Entonces te tendrás que quitar esa aura de que eres especial, y que como eres especial, entonces vas a triunfar. Olvídate de ser arrogante, de que puedes tratar mal a tus cercanos, a tus socios, o a tus nuevos empleados porque traes una idea bien chingona que muy posiblemente ni hayas estructurado bien.

    The simpsons / FOX

    No, no estoy sugiriendo que mates tus sueños. Te estoy contando cómo es todo esto en realidad.

    De hecho, se entiende por completo que sueñes, porque necesitarás hacerlo y mucho para poder soportar psicológicamente todo el desgaste, toda la chinga, todas las críticas, todas las puertas restregadas en tu cara, todos los fines de semana sin salir, toda la talacha. Sólo soñando y teniendo tu meta muy clara podrás permitirte hacer todo eso.

    Y aún haciendo todo esto, no tendrás nada seguro. No hay fórmulas mágicas, tú tendrás que encontrar la fórmula por ti mismo.

    Así que quítate la pijama, métete a bañar y vístete decentemente porque vas a tener que trabajar todo el día.

  • ¿Por qué podemos mandar sondas a Júpiter mientras nos matamos a nosotros mismos?

    ¿Por qué podemos mandar sondas a Júpiter mientras nos matamos a nosotros mismos?

    Hace unos días, la NASA dio la noticia de que la sonda Juno había entrado a la órbita de Júpiter, lo que quiere decir que será cuestión de meses (o menos) para que conozcamos nuevas revelaciones sobre este planeta que alguna vez aspiró a ser un sol pero que se quedó corto. La forma en que fue lanzada esta sonda me impresionó, primero se lanzó al espacio para dar una vuelta completa al sol, y después de hacerlo, se volvió a acercar a la tierra para que la fuerza gravitatoria de «nuestra casa que es tu casa» la impulsara hacia Júpiter y entrara a su órbita.

    Tenemos que hablar de todos los avances tecnológicos y científicos de nuestra especie para que esto suceda. No es cualquier cosa, ¿cómo lanzar una sonda a un lugar donde nunca hemos estado con una precisión tal que cumpla su cometido? El ser humano tiene que confiar en las ciencias exactas, en mediciones precisas por medio de complejas ecuaciones y sustancias químicas cuya reacción pueda ser medida con exactitud.

    EFE/Nasa/Jpl-Caltech/Handout SOLO USO EDITORIAL NO VENTAS (NASA/JPL-Caltech/HANDOUT / EFE)
    EFE/Nasa/Jpl-Caltech/Handout SOLO USO EDITORIAL NO VENTAS (NASA/JPL-Caltech/HANDOUT / EFE)

    Los seres humanos hemos logrado, por medio de la observación, determinar la velocidad y el tiempo con los cuales un planeta cumple su órbita alrededor del sol (año); también la gravedad que cada astro ejerce, tomando como referencia su interacción con otros objetos, porque nosotros «nunca hemos estado ahí». Las herramientas que el humano tiene a la mano son la culminación de los descubrimientos de sus antecesores (estamos sobre los hombros de gigantes). No sólo es el mérito de los científicos que hacen esto posible, sino todos los que les precedieron a través de los siglos.

    Y hay que ponerlo en este contexto: hasta hace pocos siglos, el movimiento por medio del vapor era nuestra principal innovación. Ahora hablamos de física cuántica y de inteligencia artificial. Somos la única especie capaz de «auto-sorprendernos». No sólo porque la inteligencia de los animales no está lo suficientemente desarrollada para realizar dicho proceso mental, sino por el tamaño de los avances que superan las expectativas (al menos desde nuestra concepción) de nuestra propia especie.

    Luego me viene la pregunta ¿y por qué como sociedad no hemos logrado avances tan grandes? ¿Por qué en pleno siglo XXI siguen existiendo manifestaciones de racismo, xenofobia y discriminación? ¿Por qué seguimos matando a quienes no piensan igual que nosotros?

    Parece ser una paradoja. Pero si te detienes un poco y te pones a pensar, no lo es tanto. ¿Por qué?

    Ser juez y parte:

    Quienes son más inteligentes, muchas veces echan mano de sus habilidades intelectuales para descalificar las opiniones opuestas a la suya.

    Primero, porque cuando los seres humanos tratamos de estudiarnos a nosotros mismos, somos juez y parte. Estudiamos nuestros límites como especie, pero a la vez esos límites afectan al estudio de nosotros mismos. Si queremos tratar de estudiar alguna corriente de pensamiento, estamos condicionados de facto.  Quien estudia una corriente de pensamiento tiene dos opciones, simpatizar con ella, o no hacerlo. No puede estar en una zona completamente neutral. Por eso es que es iluso esperar que un periodista o comunicador sea completamente objetivo.

    Algunos pueden echar mano de herramientas científicas, o incluso de las ciencias exactas al grado que les sea posible (por ejemplo, un estudio cuantitativo). Algunas otras personas tratarán de ser empáticas con la corriente que no es de su simpatía. Y si bien, estas estrategias pueden reducir el sesgo, lo cierto es que, esas mismas herramientas pueden ser utilizadas para reforzar sus posturas, en vez de tratar de llegar a una verdad objetiva.

    Por ejemplo, la inteligencia no es garantía de objetividad. Los seres humanos más inteligentes, esto es, quienes poseen un cociente intelectual más alto que la media, no necesariamente son más objetivos. Muchas veces echan mano de sus habilidades intelectuales para descalificar las opiniones diferentes.

    Conflict - Flickr
    Conflict – Flickr

    No podemos estudiarnos por medio de las ciencias exactas:

    Es imposible estudiar el comportamiento del ser humano de la misma forma que estudiamos las leyes necesarias para mandar una sonda a Júpiter.

    Segundo, porque las ciencias sociales, por las cuales estudiamos el pensamiento y comportamiento de nuestra propia especie, no son exactas. Para conocer el comportamiento de un ser humano desde un postura completamente objetiva (es decir, por medio de las ciencias exactas), tendríamos que poder medir con exactitud todas las variables que están en juego, determinar por fórmulas matemáticas las leyes de la física y de la química cómo es que el comportamiento de todos los átomos derivan en eso que motiva a una persona a enojarse por poner un ejemplo. Mandar una sonda a Júpiter o incluso colonizar Marte suena como un juego de niños, si lo comparamos con lo que tendríamos que hacer en el caso de los humanos. Son demasiadas las variables como para aspirar a medir el comportamiento del hombre por medio de las ciencias exactas.

    Por eso creamos las ciencias sociales, que son una versión más reducida y compacta, y que no pueden estudiar el comportamiento de todas las partículas, sino que tratan de predecir el comportamiento de un conjunto de ellas.

    Con la fórmula adecuada, el ser humano puede enviar a otros humanos en marte con una alta probabilidad de éxito (las posibilidades de fracaso, estarían dadas en su mayoría, por errores en el planteamiento de las fórmulas). Pero un psicólogo, por más especializado que sea, no puede garantizar que su método le va a funcionar a todos los individuos. Un fracaso a la hora de emprender un proyecto por medio de las ciencias exactas (un edificio que se desploma por una deficiencia en los cálculos) es un error grave, y en muchos casos, una irresponsabilidad. Una persona que no se recuperó de la depresión después de ir con uno de los mejores psicólogos del país, es para este último, un gaje del oficio y poco más.

    Dentro del mundo de la política y de las ideologías, encontramos varias de las principales razones por las cuales los seres humanos entramos en conflicto.

    Las ideologías (véase, corrientes de pensamiento, religiones, etc.) son un orden de valores creados por los seres humanos con el fin de crear comunidades con la suficiente cohesión para que éstas satisfagan sus necesidades al renunciar a algunas libertades (ejemplo, libertad de matar o robar a terceras personas). Los valores morales, a su vez, tienen una función dentro de nuestra supervivencia como especie. Si la moral no existiera, tendríamos que llevar a cabo un proceso de razonamiento ante cualquier evento, lo cual dilataría por mucho nuestra capacidad de respuesta.

    Por ejemplo, no tener relaciones sexuales fuera del matrimonio es un valor moral para algunas personas; que «todxs nosotrxs» escribamos así para evitar la discriminación de género, es un valor moral para otras personas. Podemos estar de acuerdo o no, pero es cierto que es mucho más fácil echar mano de éstos, que tratar de someter a juicio un conjunto de variables cada vez que una situación se nos ponga enfrente.

    Si no hablas inglés, puedes configurar el idioma a español en la barra de opciones del video.

     

    Pero ni las ideologías ni la moral son ciencias exactas. Cada comunidad desarrolla un orden de valores que puede ser muy diferente a la de la otra, incluso dentro de las comunidades pueden existir severas discrepancias entre lo que consideran un valor, lo cual lleva a un conflicto. Además, los seres humanos tendemos a tratar de conservar nuestros valores establecidos más que a cambiarlos de forma repentina, ya sea por la irrupción de otra comunidad o por la influencia externa.

    Una comunidad que mantiene sus valores morales rígidos a través del tiempo pierde flexibilidad, se vuelve arcaica y se estanca. Por el contrario, una comunidad que cambia sus valores constantemente, tiene el riesgo de perder cohesión e incluso desintegrarse. Posiblemente un punto intermedio es lo más sano para el desarrollo y evolución de una comunidad. Pero esto no se determina por medio de las ciencias exactas porque no podemos medir todas las variables por separado.

    Por el contrario, este equilibrio es la suma de varios conflictos opuestos, y no el resultado un método elaborado por consenso por parte de los involucrados, como se hace con las ciencias exactas; porque con éstas, son las herramientas que ellas mismas dotan y no la opinión, el estado emocional, la fe, o la lucha por los derechos de los involucrados, quienes determinan los pasos a seguir.

    En resumen, es imposible crear un orden de valores y principios perfecto de la misma forma en que lanzamos una sonda a Júpiter. Entonces podemos llegar a la conclusión de que no es una paradoja que podamos enviar sondas al espacio mientras que nosotros hemos sido incapaces de resolver nuestros conflictos.

    Y posiblemente no los hayamos resuelto del todo, cuando el primer humano ponga un pie sobre un exo-planeta.

  • Pokemon Go y el derecho a jugar videojuegos

    Pokemon Go y el derecho a jugar videojuegos

    Recuerdo que cuando estudiaba en la universidad, estaba pensando en comprarme un Gameboy, lo cual nunca hice por falta de dinero. Cuando le comenté a un compañero de la escuela sobre mi «osadía», éste me recriminó, y me dijo de forma inquisitoria. – ¿Cómo que te vas a comprar un Gameboy? ¡Por favor! Ya eres un universitario, madura.

    Pokemon Go y el derecho a jugar videojuegos
    readwriteweb.es

    Entonces recordé cómo la corriente y lo «socialmente establecido» nos invita a aprender a amargarnos antes que la vida propia lo haga. Casi todas las especies juegan durante todo su ciclo vital. ¿Por qué nosotros no? Esa idea de dejar los juegos para «enfrentar la vida» es, a mi punto de vista, una falacia.

    A mí no me gustan mucho los videojuegos, desde hace casi dos décadas que no tengo una consola, y en mi computadora son muy pocos los que están instalados. El FIFA ocupa parte de mi disco duro, pero no lo juego de forma muy frecuente.

    Y no los juego porque no me gustan mucho y porque me atraen más otras actividades, no porque considere que sean malos o sea para personas muy inmaduras. Aunque durante un tiempo sí jugué videojuegos con mis amigos, nos juntábamos en casa de un amigo a jugar Smash Bros o Mario Kart. Son juegos que a ojos de muchos pueden parecer infantiles, pero fomentaban la convivencia. Era un pretexto para juntarme con la gente que estimo.

    Seguramente para mi compañero el inquisidor, nosotros éramos jóvenes infantiloides gastando nuestro tiempo en lugar de «ponernos a buscar un trabajo». Nada de eso. A ninguno de nosotros nos hacía falta trabajo, y menos dejábamos de trabajar para jugar videojuegos.

    Entiendo y aplaudo que los padres de familia restrinjan la cantidad de horas que los hijos juegan videojuegos, tienen que cumplir con los deberes de la casa y con sus tareas. Están en una etapa de formación en la cual el estudio es muy importante. Pero esto no significa que el videojuego sea malo (de hecho, varios de ellos son útiles para entrenar al cerebro y desarrollar ciertas habilidades), más bien su uso excesivo que priva al niño de realizar otras actividades.

    Y luego entonces, me acordé del Pokemon Go.

    Lo primero que vino a la mente al ver este fenómeno fue, que todos parecían zombies, todos jugando con su celular en la calle como si fueran qué, como si estuvieran alienados o poseídos.

    Pero luego me puse a pensar, a mí no me gustan los Pokemon, ni les entiendo porque no tengo interés en ello. Si me interesara Pokemon, entendería mejor este fenómeno que ha invadido todo el mundo. La marca Pokemon, junto con una aplicación original basada en la realidad aumentada dieron en clavo. Pokemon Go rebasó a Tinder, Twitter e Instagram y está generando más búsquedas que el porno en Internet.

    Los inquisidores regresaron para pedirles a los amantes y curiosos del Pokemon Go que se buscaran una vida propia y se pusieran a trabajar. Pero esa aseveración es arriesgada, llena de generalizaciones y prejuicios. Para jugar Pokemon Go se necesita un smartphone, el cual no es nada barato, y con excepción de los niños y muy jóvenes, podemos dar por sentado que los fanáticos del Pokemon Go se costearon su aparato trabajando.

    Además, los críticos de los videojuegos, de los cuales muchos de ellos acostumbran a twittear y usar Facebook todo el rato en medio de una fiesta, olvidan una cosa. Los seres humanos necesitamos ratos de ocio, los necesitamos para nuestra paz mental.

    Los necesitamos porque nuestro cerebro también se cansa, se cansa de trabajar, de racionalizar demasiado; y un videojuego, lejos del estrés cotidiano, puede ser una buena solución. Algunos componemos música, otros salen a tomar fotografías, y otros juegan Pokemon Go.

    Y no tiene nada que ver con la madurez. Muchas personas profesionalmente exitosas juegan videojuegos. Después de un día lleno de juntas y viajes, se juntan con sus hijos para jugar, o ellos mismos por su cuenta agarran el Call of Duty, el FIFA, para entretenerse y desestresarse un rato. ¿Tiene algo de malo eso?

    También conozco a «videojugadores» que son muy lectores, en cuyo estante puedes encontrar el FIFA junto con La República de Platón. No son actividades que se anulan entre sí, como muchas personas piensan: – Deja el Gameboy y agarra un libro.

    Mientras los críticos emiten críticas lapidarias aislados en su celular mientras están en una fiesta con términos como «decadencia social», o «vacío existencial», también tenemos que hablar de los beneficios de este juego que supuestamente desconecta a los individuos de la realidad. Salir a la calle y caminar (sobre todo para quienes se quedan en su casa recluidos) es una buena noticia, más para quienes padecen depresión. Incluso puede ayudar a fomentar la convivencia entre personas, sobre todo cuando el individuo se encuentra con sus pares jugando al mismo juego.

    Es fácil hacer una crítica de un juego cuya nueva tecnología se desconoce (realidad aumentada), así como la temática misma. Al principio lo hice y hablé de zombies. Me puse a pensar un poco más, y son personas jugando a un videojuego. Simple y llanamente eso. Y la gente tiene derecho a jugar videojuegos.

    Cierto que Pokemon Go se ha convertido en un fenómeno tan grande, que a veces ya me tiene hasta la madre. Pero la gente tiene todo el derecho de tener sus actividades de ocio. Si una de estas consiste en buscar monitos en la calle, están en su derecho, y yo creo que deberíamos aprender de respetar eso y tolerar las actividades de las demás personas.

  • Los jóvenes y la política. Cuando la indiferencia marca una gran diferencia

    Los jóvenes y la política. Cuando la indiferencia marca una gran diferencia

    Muchos jóvenes están lamentando profundamente la inminente salida del Reino Unido. La culpa la tienen los grandes, dicen.

    Los jóvenes y la política. Cuando la indiferencia marca una gran diferencia

    Y en efecto, la gente mayor que fue quien votó mayoritariamente por el «leave«. Se entiende, los grandes tienden a ser más conservadores, tienen su vida hecha, prefieren vivir en un lugar tranquilo en vez de convivir con gente de otros países. También la nostalgia influye, los mayores conocieron al Reino Unido antes de 1973, el año en que ingresó a la Unión Europea. No vivieron toda su vida dentro de ella como los jóvenes.

    Para los grandes, las fronteras abiertas atraen individuos que les quitan empleo. Para los millennials es al revés, las fronteras abiertas es una oportunidad para trabajar en otros países. Cuestión de enfoques.

    Pero al parecer, los jóvenes no se lo tomaron muy en serio. Primero, por la apatía política de algunos. Segundo, por exceso de confianza de otros. Porque al igual que creían los mercados, algunos analistas y la mayoría de las encuestas, el Brexit no iba a prosperar.

    Mejor vámonos a Glastonbury. Va a cantar Adele. Coldplay y Muse van a tocar, son los estelares. 200,000 jóvenes fueron al evento. Los organizadores de Glastonbury promovieron el lema «si vienes, vota» para que el evento no fuera excusa (los asistentes tenían tiempo de votar antes de ir al evento). Pero los jóvenes no se interesaron con todo y que los organizadores promovieron el voto a distancia. Quienquiera que quisiera votar e ir al concierto, podía hacerlo. Algunos culpan a Glastonbury, pero si tomáramos como caso hipotético que ninguno de los 200,000 asistente votaron y que todos ellos simpatizaban con el remain, esto no representaría ni la quinta parte de la diferencia entre el remain y el leave (1,300,000)

    Ahora los Millennials son los que más lamentan el triunfo del Brexit. Y culpan a los grandes porque ellos, quienes no tienen futuro por su avanzada edad, castigaron a los que sí tenían futuro.

    Brexit

    Pero los principales responsables fueron los propios Millennials. Sus papás y abuelos, tendientes más a simpatizar con el leave, se interesaron más y salieron a votar. Los jóvenes no. Los jóvenes fueron indiferentes porque aseguraban que no ganaría el leave, o porque, les valió un pepino.

    Y esta es una gran lección para México. El Reino Unido nos mostró como la indiferencia de los jóvenes sí puede generar una gran diferencia.

    Muchos jóvenes en México son muy apáticos. Los argumentos son los mismos de siempre: que todos los partidos son lo mismo, que no me interesa la política porque las series de Netflix son más divertidas, que no le entiendo a eso de la política y que sólo se me hacen graciosas las ocurrencias de Peña Nieto.

    Y peor aún. La apatía juvenil puede tener un mayor peso. El Reino Unido es más viejo (refiriéndome a las relaciones de edad), mientras que México está viviendo un bono demográfico donde hay más jóvenes en edad productiva que antes y que después. Los jóvenes son los más independientes a la hora de votar. Difícilmente simpatizan marcadamente con un partido político. Los jóvenes son un antídoto para los partidos que ganan con base en sus estructuras.

    La mayoría de los jóvenes no tiene interés alguno en participar dentro de temas sociales y políticos. Si bien, la participación ciudadana ha venido a la alza en las últimas décadas, todavía hay un gran sector de jóvenes apáticos que no se interesa por la política. Como relacionan términos como «corrupción» y «ambición de poder», entonces tratan de mantenerse lejos de ella, cuando casi por obligación moral (por el mero hecho de ser ciudadanos mexicanos) deberían de interesarse.

    Los jóvenes deberían estar muy interesados en la política. De hecho, por la edad, suelen ser los más afectados por las decisiones políticas por las repercusiones que pueden tener hasta en el largo plazo. Los jóvenes deberían entender que su futuro no sólo es buscar un trabajo donde se sientan autorrealizados, sino involucrarse en lo público, porque esas estructuras políticas y sociales son las que al final moldean el entorno  donde el joven puede diseñar su proyecto de vida.

    La política no es un hobbie, es algo que impacta más en tu vida de lo que crees.

    Y no se trata de que te guste, se trata de algo más importante, se trata de tu comunidad, de tu nación.

  • Lo que aprendí del #Brexit

    Lo que aprendí del #Brexit

    Lo que aprendí del #Brexit

    El Brexit es una mala noticia. No tanto por las consecuencias de la salida del Reino Unido per sé, cuya salida calará hondo en su economía por un tiempo, y (seguramente mostrará una recuperación, y seguirá siendo un país tan relevante como lo es ahora) por los millennials que ya no podrán aspirar a conseguir un trabajo en otro país de la Zona Euro, sino por el mensaje que se manda, el de volver a construir fronteras, el de regresar al atrincheramiento. Lo que temo es una reacción en cadena. Por ejemplo, en países como Francia con Marine Le Pen o en Holanda, ya están pidiendo referendums para salir de la UE. Ese mensaje, como mencioné, también puede beneficiar a Donald Trump, e incluso puede alimentar la retórica del populismo latinoamericano.

    UK seguirá siendo tan democrático como lo es. A diferencia de Estados Unidos, no está en riesgo de caer en manos de un hombre ignorante, xenófobo, y con rasgos fascistas que amenace los valores democráticos, al menos en este momento. Pero el mensaje que se da, si puede contribuir a que esto suceda en otras latitudes del mundo y arrecie las aguas en un mundo donde el nacionalismo está resurgiendo.

    Pero más allá de las conclusiones que hagamos, hay que hablar de lo que hemos aprendido. El Brexit ha roto muchos paradigmas, y también de alguna forma nos mostró que es lo qué funciona más, y qué es lo que no funciona tanto. Voy a partir de mi premisa de que la decisión que tomaron el 52% de los ingleses es errónea, no es la más benéfica para el Reino Unido (UK), y menos aún para el mundo en el afán de romper muros e integrarnos más como sociedad global.

    La democracia directa no funciona

    La democracia directa no funciona

    Esto ocurre, salvo algunas excepciones, donde quienes votan tienen pleno conocimiento sobre aquello que están votando. Por ejemplo, cuando se trata de un referendum sobre los servicios que recibe una colonia o un barrio, o un tema que no requiera una gran cantidad de conocimiento para tomar una decisión acertada.

    Los plebiscitos y los referendums están de moda. Se venden como el logro último de la democracia porque la población tiene incidencia directa sobre alguna cuestión de interés. Pero como Giovanni Sartori afirmó en su libro ¿Qué es la Democracia?», estos instrumentos no son eficaces porque los individuos no tienen el conocimiento necesario para tomar una decisión acertada. No puedes hacer, por ejemplo, un referendum sobre la Reforma Energética, en tanto la mayoría de la gente no tiene el suficiente conocimiento para decidir si una reforma es conveniente, o peor aún, para decidir sobre las características que deba tener. El voto del pueblo no puede reemplazar a la deliberación de los especialistas en la materia.

    Eso fue lo que pasó con el #Brexit. Algunos ingleses no sabían siquiera como es que funciona la Unión Europea. Algunos ingleses se arrepintieron después de haber votado sí al Brexit porque, o no se habían informado bien, o no creían que el Sí iba a ganar.

    No es casualidad que muchos líderes autoritarios que se legitiman electoralmente (véase Venezuela), utilizan mucho este tipo de instrumentos. Conociendo cual va a ser el resultado, lanzan el referendum y «dejan que el pueblo decida». Si el mandatario sabe que su nivel de popularidad es lo suficientemente bueno, lanza un referendum para que el pueblo decida sobre la permanencia del mandatario, sabiendo que va a ganar en las votaciones: ¡fue la voz del pueblo!

    La democracia representativa, por su parte, es aquella donde los ciudadanos dejan que otra persona decida por él. A la hora de ir a votar, el ciudadano delibera entre los candidatos, y decide quien es el más apto para que lo represente y tome las decisiones por él. Pero la participación ciudadadana no queda ahí, o no debería de quedar ahí. El ciudadano puede organizarse, crear organizaciones no gubernamentales (ONG) o colectivos que sí están especializados en una rama, y tener una incidencia dentro de la vida pública. Estas organizaciones también pueden incidir en la opinión pública e informarla. El ciudadano organizado así, es mucho más útil que un ciudadano que va a votar sobre un tema que desconoce.

    Idealizar a los países europeos

    Idealizar a los países europeos

    Los ciudadanos de los países de Europa son… humanos.

    Cuando se trata de cuestiones políticas, siempre nos comparamos con los países desarrollados. – Allá nunca ganaría el PRI, allá esto y aquello, esto no pasa allá, si gana López Obrador me quedo en Europa.

    Sí, pensar decir que un país europeo, en tanto está más educado que el nuestro y su poder adquisitivo es mayor, puede ser más racional a la hora de votar, puede ser medianamente válido. Pero eso no significa que sean «completamente racionales». De hecho, los humanos somos menos racionales de lo que creemos ser. Un país desarrollado, con el discurso y las condiciones idóneas, puede caer en manos de un demagogo o un populista.

    Imaginemos que un inglés va caminando por el barrio de Wembley y es asaltado por un lituano quien gracias a la pertenencia de UK a la UE, tuvo mayores facilidades para entrar al país y habitar ahí. Entonces, llega a la conclusión de que gracias a la entrada de migrantes, la inseguridad se ha incrementado, y entonces es culpa de la Unión Europea y tenemos que cerrar nuestras fronteras, y se organiza con varios amigos para en conjunto apoyar la salida de UK. Votar a favor del Brexit fue un error a mi parecer, pero de alguna forma se puede explicar por qué este individuo votó así. Igual que aquel mexicano que tiene problemas para encontrar trabajo, mientras que una élite concentra gran parte de la riqueza. De pronto asiste a un discurso de López Obrador y la mafia del poder y le decide dar su voto. Para muchos de nosotros es una elección errónea, pero tiene una explicación.

    El Inglés podría tener alternativas: exigir a sus representantes mayor seguridad, que los migrantes sean integrados (muchas veces la exclusión por parte de la sociedad alienta los crímenes), o bien, que sin salir de la UE, se tomen medidas para tener mayor control de la migración. El inglés, frustrado, irá por la opción que le parece más viable: ¡dejemos la UE! El mexicano también tiene alternativas, organizarse, integrarse a una ONG, exigir a sus representantes. Pero el discurso de López Obrador, en tanto es directo y describe el problema tal y como él lo ve, se vuelve muy atractivo.

    En los dos casos, profundizar sobre el asunto haría caer en cuenta al individuo que su elección posiblemente no sea la más correcta, una mayor educación y conocimiento sobre el tema también lo ayudaría.

    Pero los seres humanos muchas veces hacemos elecciones instintivas y viscerales. Incluso el conocimiento y la educación no siempre son garantía para blindar al individuo de tomar una decisión desde el instinto. La inteligencia emocional (necesaria para moderar los impulsos y poder racionalizar más una elección) juega un papel importante.

    Eso es lo que hacen políticos demagogos como López Obrador y Donald Trump, apelar al instinto, al miedo y al enojo. Por más grande sean esos sentimientos, mejor para ellos, así las posibilidades de que un individuo razone su decisión disminuyen.

    Y como dije, ambos europeos y mexicanos somos humanos. Tanto un mexicano, como un inglés o un sueco, puede tomar una decisión equivocada cuando se trata de tomar una decisión que afecte a sus intereses. Estamos hechos de la misma materia gris, y por eso es un error idealizarlos al extremo que muchas veces lo hacemos. Sí, tomarán decisiones más acertadas más veces, pero no siempre.

    A la democracia «no la necesitas derrocar para derrocarla».

    A la democracia "no la necesitas derrocar para derrocarla".

    Afortunadamente para los ciudadanos del Reino Unido, su nación seguirá siendo completamente democrática como lo es hasta ahora (a menos que en el escenario más pesimista y apocalíptico, su decisión genere una reacción en cadena donde surjan otros estados que se vuelquen al autoritarismo y éstos se conviertan en una amenaza para UK), pero el Brexit es prueba de que los mismos procedimientos democráticos pueden ser la puerta para que un estado autoritario se instale.

    Y vale recordarlo, porque hay registros históricos de esto y generalmente los ignoramos. Adolfo Hilter llegó al poder gracias la democracia de la República de Weimar, Hugo Chávez llegó también al poder por medio de elecciones libres en Venezuela.

    Para derrocar una dictadura, necesitas intervención militar, o bien, organizar a los habitantes de forma no violenta con el riesgo de ser encarcelados o de perder sus vida, en medio del acoso del régimen autoritario como ocurrió en Lituania con la Revolución Cantada, un precio que no muchos estarían dispuestos a pagar.

    Para promover un régimen autoritario en un país democrático no es necesaria la intervención militar, y ni siquiera es necesario preocuparte por ser acosado al promover tus ideas. Tu derecho a la libertad de expresión está garantizada.

    Un líder autoritario puede llegar a contender en elecciones porque los derechos que tiene como ciudadano se lo permiten. El trabajo del autoritario no es sortear a la policía ni al poder, sino simplemente encontrar la fórmula perfecta para atraer a la opinión pública a su favor, y llegando al poder, encontrar los métodos para destruir la democracia e instaurar su régimen.

    Conclusión

    La democracia es algo que damos por sentado, pero pende de muchos factores que juntos generan cierto equilibrio. Como recalca Moises Maím, vivimos en un mundo donde el poder se ha fragmentado. Hemos pasado de los regímenes absolutos, a aquellos donde el poder está dividido, a veces en exceso. Lo cual entorpece a los gobiernos a la hora de tomar decisiones urgentes. La parálisis que se vive dentro de los parlamentos y congresos de los países democráticos muchas veces derivan en aquello que frustra mucho a los ciudadanos.

    Muchos aseguran que la historia se repite una y otra vez, creen fielmente en el eterno retorno de Nietszche. A pesar de que los humanos somos lo suficiente torpes para repetirla, no es algo que pase necesariamente. Aunque repitamos algunos patrones, en parte producto de nuestra naturaleza como seres humanos, la historia contemporánea es muy diferente a aquella del medioevo o a la de las tribus. Los humanos, creo yo, tenemos la capacidad de no caer en los mismos errores del pasado. Por eso siempre es necesario rememorarlo y encontrar coincidencias en el presente para evitar tomar el mismo camino.

    El Brexit es una prueba. A pesar de que la decisión ya esté tomada (se puede revocar, aunque con un costo político muy alto), podemos aprender de ella. Que el Brexit no derive en una reacción en cadena depende de ello, que hagamos un buen análisis y nos percatemos de las coincidencias históricas.