Categoría: sociedad

  • Kuma y las formas de liderazgo

    Kuma y las formas de liderazgo

    Kuma y las formas de liderazgo

    Un problema que adolece la sociedad contemporánea es la ausencia de liderazgos. Algunos insisten, cuando hablamos de política, en que no son necesarios, como si el líder necesariamente tejiera una relación paternalista con sus seguidores (aunque se ha insistido que el buen líder no crea seguidores sino nuevos líderes).

    Dicen que la horizontalidad a la que dicen aspirar las sociedades modernas (que se muestra patente no sólo en las organizaciones sociales, sino también dentro de las empresas vanguardistas) no requiere de líderes sino de colectivos autónomos, que todo sea producto de la votación y deliberación del colectivo.  La realidad es que dentro de las organizaciones humanas siempre emergen líderes, es parte de nuestra naturaleza. Deberíamos preguntarnos más bien qué tipo de líderes necesitamos. 

    Las organizaciones horizontales son vistas como parte de una evolución que comenzó con las organizaciones jerárquicas, donde existía una estructura fija en la que el líder era quien se encontraba al tope. Él ordenaba y encargaba a las ramas que se encontraban debajo de él que dichas órdenes se ejecutaran, y para satisfacer la orden del superior los de estas ramas, a su vez, encargaban tareas a las que estaban por debajo de ellos. De tal forma, toda la maquinaria trabajaba para cumplir lo que el líder ordenaba. Bajo un orden social donde se obedece al superior no es difícil adivinar que se esperara que el «líder o la autoridad» resolviera los problemas de los demás dada la poca autonomía de los individuos y la cantidad de poder que el primero acumulaba.

    En este sentido, Max Weber hablaba de 3 tipos de autoridad: El líder carismático cuyo poder era producto de su carisma y la fe (a veces irracional) que le gente depositaba en él. El líder legal, cuya autoridad está regida por las leyes, y el tradicional, cuyo poder depende de la tradición o el orden ya establecido. 

    Tiempo después, las estructuras comenzaron a cambiar y a modernizarse. Así, apareció aquel líder cuya tarea no era ejecutar órdenes sino involucrar a todos en el proceso. El líder generalmente tiene la última palabra, pero sus subordinados pueden opinar y proponer e incluso tomar decisiones. El líder aprendió a delegar no sólo funciones sino parte de la toma de decisiones. Poco a poco, el líder comenzó a forjar su liderazgo desde el mérito y la legitimidad, y no por medio de la coerción. Así dio paso a lo que conocemos como el líder moderno, ese liderazgo del que tanto se habla.

    El líder moderno no da órdenes porque «se le antoja la gana», persuade y empodera. El líder moderno no entra del todo en las definiciones que hizo Max Weber, sino que toma esa posición por mérito, tiene el consentimiento de los demás para serlo y aunque pueda fungir como autoridad legal (en el sentido weberiano) en algunos casos, sabe que esa condición no es suficiente para poder ser un buen líder que sea reconocido por su comunidad. 

    Cuando se habla de que en el mundo faltan líderes no nos referimos a los primeros, de quienes se espera que resuelva los problemas de los demás, sino a los últimos, quienes tengan la capacidad de inspirar, quienes estén bajo el escrutinio de sus gobernados o de quienes lo consienten. 

    Habiendo explicado esto, traigo a colación un artículo que causó mucha polémica y con el que tuve muchas discrepancias. La autora Ana G. González, tomando como referencia el fenómeno «Kumamoto», alertó sobre el potencial mesianismo que podría gestarse. El planteamiento del problema no es malo (el mesianismo siempre es peligroso e indeseable), el enfoque es más bien el problema no considera, como acabo de explicar, que hay distintos tipos de liderazgo y confunde el liderazgo de Kumamoto como fenómeno con un liderazgo meramente carismático (tomando como referencia a Max Weber de nuevo) donde irracionalmente sus seguidores depositan su fe esperando que resuelvan sus problemas. El argumento que Ana esboza en dicho artículo para alertar sobre el mesianismo es el siguiente:

    Me preguntan que si conoces al muchacho que está haciendo política diferente en Guadalajara. Que ya no le creen ni al PRI ni al PAN ni a nadie, solo a Pedro Kumamoto. La mera mención de Pedro está acompañada ya de un aura de “sí se puede”. Lo peligroso de creer a Pedro Kumamoto el mesías de la política es creerlo incorrompible, invencible.

    ¿Usted ve un mesianismo implícito en este argumento? Yo no. Decir «no le creo al PRI ni al PAN y sólo a Pedro Kumamoto» no lleva un mesianismo implícito. Ana asumió con esto (no se lo dijeron) que Kumamoto era invencible e incorrompible. Partiendo de que Kumamoto, hasta la fecha, no se ha involucrado en un acto de corrupción y ha hecho bien su trabajo, hasta lo podría interpretar de la forma inversa: no creo en el PRI ni en el PAN porque ya se corrompieron, creo en Kumamoto porque él no se ha corrompido, ergo, si Kumamoto se corrompe ya no voy a creer en él.  

    Cuando uno navega por las redes sociales uno se da cuenta que muchas personas admiran a Pedro Kumamoto, pero eso por sí sólo no es un rasgo de mesianismo, admirar a alguien no es malo per sé, puede ser algo muy bueno si el líder en cuestión es positivo y congruente. Para que pudiéramos hablar de mesianismo se tendrían que dar las siguientes condiciones:

    1. Que la admiración sea irracional y se le atribuya a quien es objeto de admiración poderes o capacidades que no tiene. Que la admiración sea producto del carisma del líder y que el propio carisma tenga más relevancia que los propios actos o los resultados.
    2. Que quien es objeto de admiración busque deliberadamente ungirse como líder carismático, que se otorgue poderes o facultades que no tiene, y que adopte un discurso maniqueo que polarice a la sociedad creando una batalla entre los buenos (quienes simpatizan con él) contra los malos (quienes rivalizan con él).

    En la mayoría de los casos, el primer punto no se cumple: al decir «yo sí le creo a Kumamoto» no se le está otorgando ni poderes ni capacidades de las cuales carece. Por ejemplo, Juan Pardinas, director del IMCO y quien si de algo entiende muy bien es de participación ciudadana, dice:

    Pardinas, a pesar de ser muy halagador, no le está dando un cheque en blanco a Kumamoto. Por el contrario, Pardinas considera héroe a Kumamoto  por sus actos a los cuales considera heroicos (como promover y lograr que #SinVotoNoHayDinero se convirtiera en una reforma en Jalisco), su admiración está condicionada por dichos actos y por la congruencia de Pedro Kumamoto. A diferencia de los líderes carismáticos, Kumamoto no da discursos incendiarios ni invita a la confrontación, mucho menos es un líder que se impone. 

    Habrá quienes (excepción y no regla) idealicen en exceso a Pedro Kumamoto, digan que debería apuntarse a la Presidencia de la República (no tiene la edad para hacerlo, y yo considero que todavía está muy verde para ello) y que lo puede todo, pero eso también tiene que ver mucho con la ignorancia y el desconocimiento de cómo funcionan las instituciones. 

    El segundo no se cumple en lo absoluto en tanto Kumamoto nunca ha pretendido ser un líder carismático, incluso ni siquiera se trata de una persona que presuma un gran carisma. Por el contrario, siempre reconoce a su equipo como parte esencial para que sus logros se pudieran llevar a cabo. Es decir, el mismo Pedro Kumamoto no se entiende sin su equipo:

     

    ¡Se aprobó #SinVotoNoHayDinero en Jalisco!

    Posted by Pedro Kumamoto on jueves, 1 de junio de 2017

    Los líderes mesiánicos se otorgan todo el crédito, hablan de «yo». Kumamoto no lo hace, habla de «nosotros» y en el video sale junto con su equipo para mostrar que no es él, sino muchos los que lograron que la iniciativa pasara. El lenguaje corporal y las posturas hablan mucho de un tipo del liderazgo que se aleja mucho del «liderazgo mesiánico». 

    Para alertar sobre el mesianismo, Ana G. Gonzalez intenta relativizar el logro de Pedro Kumamoto insistiendo en el contexto:

    Pedro llegó a un Congreso de Jalisco que tiene la mitad de diputados del PRI y la mitad de diputados de Movimiento Ciudadano… los diputados de Movimiento Ciudadano ya habían presentado su propia versión de éstas iniciativas. Es natural, que estando más o menos alineados a la izquierda, MC y Pedro tengan coincidencias, pero sin la voluntad política de Movimiento Ciudadano, las iniciativas de Pedro no habrían llegado muy lejos.

    En política el contexto siempre importa, tanto que se debe de dar por sentado. Las decisiones políticas más importantes de la historia de la humanidad no se entienden sin el contexto bajo el que éstas se tomaron. Pedro Kumamoto encontró un escenario relativamente favorable pero eso no demerita su logro. Por ejemplo, Ana G. González dice que Movimiento Ciudadano (MC) ya había presentado su «propia versión». Pero entonces ¿por qué no la habían logrado pasar? ¿Por qué Kumamoto, diputado independiente, quien por tanto no tiene bancada en el congreso sí la logró impulsar?  

    Ana también ignora que Kuma y su equipo (recordemos que no es sólo un individuo sino varios) lograron colocar #SinVotoNoHayDinero en la agenda nacional. Kumamoto no fue el autor intelectual de esa iniciativa, Manuel Clouthier ya la había promovido antes y otros actores habían creado iniciativas parecidas, pero Kumamoto y su equipo (prácticamente sin recursos económicos) colocaron el tema dentro de la comentocracia nacional y las mesas de debate. 

    Ana no se equivoca cuando dice lo siguiente: 

    Nadie por sí solo puede cambiar al sistema, se necesitan muchos Kumas, muchos agentes de cambio, para romper con la política sucia. Necesitamos construir ciudadanía en lo político, regresar a las mesas de trabajo, a la consulta pública, al diálogo con la gente.

    Pero erra de nuevo al decir que la admiración que muchos tienen por Pedro Kumamoto se contrapone con esta idea. Por el contrario, si hablamos de un líder, que no es mesiánico, y que creció desde la participación ciudadana, su admiración puede lograr más bien que más personas se animen y se involucren. Si los líderes de ahora tienen sus propios modelos de referencia (como el empresario que admira a Steve Jobs o el ciudadano que admira a Mandela) ¿por qué deberíamos cuestionar a la gente por admirar a Pedro Kumamoto y creer en él? 

    Admirarlo tampoco está o debería estar peleado con exigirle cuentas. Se le admira porque precisamente, a la hora de exigirle cuentas, ha traído buenos dividendos. Efectivamente a Kumamoto se le debe exigir y si se involucrara en un acto de corrupción se le debería juzgar de forma determinante como se hace o se debería hacer con todos los políticos. 

    Ciertamente eso es lo que deberíamos esperar de todos los políticos. En un país con un clase política ideal Kumamoto debería ser un político común y no el sobresaliente. Kumamoto sobresale no porque tenga ningún superpoder, sino porque hace lo que le toca, representar a los ciudadanos y trabajar por ellos. Como dice Ana, en la política debería haber «muchos Kumas», gente que construya ciudadanía y que trabaje. Pero precisamente, el modelo de Kuma puede alentar a muchas personas a hacerlo, como aquellos que admiraron a líderes importantes y que, gracias a esa admiración, se animaron a hacer cosas grandes. 

    En el mundo actual faltan líderes que inspiren a la gente. Son ellos, quienes con sus actos y su congruencia, pueden inspirar a muchas otras personas a hacer lo mismo. 

  • Cómo quisiera poder vivir sin aire

    Cómo quisiera poder vivir sin aire

    Cómo quisiera poder vivir sin aire

    La ciencia es la manifestación suprema del hombre como individuo terrenal.

    Lo es porque la ciencia es el producto de sus más altas capacidades cognitivas. La ciencia no es perfecta en tanto el ser humano no es perfecto, pero tiene la capacidad de autolimitarse, regularse y de ponerse a prueba a sí misma a través del método empírico. Es decir, la ciencia no puede ser producto de arrebatos y arbitrariedades, ella misma funge como filtro ante las ocurrencias de nuestra especie. 

    La única forma en que se puede negar a la ciencia es con más ciencia. Si alguien duda de alguna teoría o hipótesis, debe plantear otra nueva que evidencie la hipótesis anterior y la sustituya. Quien pretenda negar a la ciencia fuera de esa dinámica es un charlatán.

    Pero esa negación, tomando en cuenta que el progreso humano y su autosustentabilidad tiene como base a la ciencia misma (y claramente a la filosofía que no contradice a la ciencia sino que le da sustancia), puede ser muy peligrosa. 

    Lo que acaba de hacer hoy Donald Trump es una rotunda negación de la ciencia. El cambio climático no es un concepto esotérico ni una arbitrariedad, es un hecho comprobable a través de la ciencia. Salirse del acuerdo climático de París es una de las decisiones más bárbaras que ha tomado Estados Unidos desde hace tiempo. 

    El pobre Donald Trump no entiende a la ciencia, básicamente porque su ignorancia y su desmedida ambición pesa más que la razón, porque el beneficio inmediato (si es que hay un beneficio tangible) importa más que la sustentabilidad a largo plazo. No entiende, el pobre Donald, que si no se toman medidas enérgicas (parte de la razón de ser del tratado) al planeta se lo va a cargar el payaso. Por ejemplo, se estima que en algunos años o décadas las principales ciudades del mundo tendrán un clima más cálido que cualquier otro año hasta 2005

    La ciencia es tan evidente que muchas empresas estadounidenses se opusieron a esta medida (porque recordemos que Trump busca, entre otras cosas, aumentar la productividad en su país al deshacerse de los «represivos protocolos ambientales»). Empresarios como Elon Musk y el CEO de Disney decidieron renunciar a los consejos consultivos de la Casa Blanca

    Nuestros antepasados creían que con el avance de la ciencia, la charlatanería terminaría siendo una anécdota histórica. Creían que bastaba con demostrar que algo era cierto o erróneo para que se estableciera de esa forma. Nos hemos dado cuenta que no es así, mucho de lo que ya puede ser afirmado o negado categóricamente por medio de la ciencia es ignorado (a veces de forma deliberada) para así crear una «interpretación alternativa» de la realidad, a pesar de que las evidencias son claras. El menosprecio por la ciencia que tienen algunos sectores de la sociedad estadounidense se ha traducido en políticas públicas tangibles. El dogma que puede ser fácilmente evidenciado ha logrado imponerse sobre la razón.

    La decisión de Trump hará mucho daño al planeta tierra (por el tamaño, importancia y el peso económico del país al que gobierna), un planeta cuyo ecosistema ha visto deteriorarse por la supremacía del ser humano sobre todas las demás especies. Justo cuando empezamos a tomar responsabilidad sobre ello, y justo cuando posiblemente lo hicimos tarde, la ambición de un líder, alimentado por la ignorancia y el dogma, pueden comprometer la sustentabilidad de nuestro planeta en un futuro que ya no es tan lejano.

    Y claro, la reacción de la comunidad internacional apareció al instante: 

  • El pobre es pobre porque quiere

    El pobre es pobre porque quiere

    El pobre es pobre porque quiere

    Pepe es un clasemediero (posiblemente esté condenado toda su vida a ser clasemediero).

    A Pepe le gusta mucho leer esos libros para cambiar y mejorar su relación con el dinero, ama a esos autores que presumen vastas riquezas a pesar de que la mayor parte es producto de las ventas de sus libros. Así, Pepe carga un libro de Robert Kiyosaki en su mano y afirma de manera categórica:

    – Los pobres son pobres porque quieren, los pobres deben de cambiar su actitud. Los ricos, en cambio (él no es rico) tienen una actitud positiva, se esfuerzan, saben ahorrar y «no tienen un problema personal con el dinero», no le tienen miedo. De hecho, hacen que el dinero trabaje para ellos -.

    Pepe trae datos para sostener su argumento. Dice, que leyó un estudio que decía que mientras los ricos ahorran dinero, los pobres se gastan los recursos que tienen enfrente, no tienen una cultura del ahorro. El estudio que leyó no es falso y tiene rigor académico.

    Pepe dice: -Ahí está, es su culpa. Ellos no tienen una cultura del ahorro, no se han molestado en aprender a entablar una «mejor relación con su dinero».

    Así, Pepe presume todo aquello que le ha forjado (según él) una actitud de éxito que le permite (según él, nuevamente) criticar de forma altiva a los pobres. Pepe presume sus cursos de superación personal, su diplomado de educación financiera, todos ellos con un costo no módico (que tal vez le pagaron sus papás): – yo me he molestado en tomar estos cursos, en educarme continuamente, y los pobres nada más no lo hacen, – se dice. – Yo sí me esfuerzo por salir adelante, ¡es la actitud, es la mentalidad! – Insiste.

    Pepe, el clasemediero altivo kiyosakista-multinivelista nunca se preguntó si aquel joven pobre al que desprecia tuvo no sólo el dinero para pagar todos esos cursillos que presume que «cambiaron su mentalidad de víctima a tomar las riendas de su vida» sino el tiempo o incluso el conocimiento de que esos cursos existían. Tampoco se preguntó si él, clasemediero que es, soportaría física o psicológicamente un trabajo de «pobres con actitud negativa que no le echan ganas a la vida» de 10 horas diarias en una construcción o el de la señora del aseo del Estado de México cuyo traslado de su casa a la casa de su patrona en la Colonia del Valle es de dos horas y que tiene que barrer y trapear toda una residencia para después hacer de cocinar.

    Aún así, Pepe se pregunta: – ¡A ver! ¿por que la muchacha de mi casa no ha aprendido a hacer networking? A mí me va bien (no le va tan bien en realidad) gracias a mis conectes y mis relaciones -.

    La cultura del pobre es diferente al del clasemediero y al del acaudalado, eso no queda duda. Los patrones de comportamiento son diferentes. Pepe insiste en que es cuestión de actitud. 

    – Es que a cualquier persona que le echa ganas a la vida le va bien, es cuestión de esfuerzo y nada más. 

    Después de rechazar una invitación de una organización civil que ayuda a los pobres precisamente para darles esos conocimientos que tanto él presume y así tengan mayores posibilidades de movilidad social (eso de ayudar no le gusta porque le quita tiempo para el business), sale a pasear a una colonia opulenta donde decidió no comer porque los costos de los restaurantes eran prohibitivos (dijo que su conciencia kiyosakiana le susurró al oído que tenía que practicar la cultura del ahorro, lo cierto es que no tenía dinero). En eso un joven acaudalado, parte de las élites de la ciudad, se le queda viendo y se dice a sí mismo:

    – Ese clasemediero es clasemediero porque quiere y porque no tiene pantalones. Leyendo a Kiyosaki, que loser. Si se hubiera esforzado como yo me maté cuando estudié en la escuela de negocios de Harvard, no sería un vil clasemediero. De verdad, cómo no tiene la visión para irse a Estados Unidos y tomar los congresos de negocios del MIT. Sí, son caros, pero pues que se ponga a trabajar para pagarlos. Le falta esa actitud que los acaudalados tenemos. 

  • Soy más inteligente que tú

    Soy más inteligente que tú

    Soy más inteligente que tú
    Fuente: Cultura colectiva

    Hace tiempo estaba atendiendo una clase y quienes la integrábamos estábamos platicando de temas diversos. En eso, uno de quienes estaban ahí presumió su cociente intelectual. Yo soy 132, decía (se refería a su cociente, no al contingente que se formó antes las elecciones del 2012). Lo curioso era que se esforzaba por hacerse pasar como inteligente, había que desquitar ese 132. No era ninguna persona exitosa o destacable, sin más no recuerdo era una suerte de freelancer. Evidentemente no era un tonto y su cerebro no le funcionaba mal, pero esa arrogancia era incómoda: «soy inteligente y haré cualquier cosa por recalcarlo, aunque tenga que opinar sobre temas que desconozco».

    Aunque ha habido largas discusiones en torno a este tema, sabemos que el cociente intelectual es determinado en gran medida por factores hereditarios. Es decir, quien nace con un bajo o alto IQ en realidad ya no puede aumentarlo de forma considerable. Entonces se entiende que la inteligencia racional (que es lo que intenta medir este puntaje) tiene muy poco que ver con el mérito y sí mucho con un accidente hereditario. Pero a pesar de esto, muchos insisten en presumir algo por lo que no trabajaron, que les fue dado.

    What is your IQ I have no idea. People who boast about their IQ are losers (¿Cuál es su IQ? No tengo idea. La gente que presume su IQ es perdedora) – Stephen Hawking

    De hecho, apelando al mérito, la exigencia debería ser mayor sobre quienes tienen un cociente intelectual más alto. Si se supone que tienen una mente privilegiada, entonces se esperaría que su desempeño fuera mejor: elaborar un cálculo avanzado o programar un sistema complejo debería ser menos meritorio para una persona con un IQ alto que aquel que no lo tiene porque para la última persona lograr aquello requirió de un mayor esfuerzo.

    Es muy cierto que la sociedad debe de tener la facultad de detectar a las personas superdotadas porque con su gran potencial pueden convertirse en esos agentes que logren transformaciones: son los nuevos físicos, los nuevos empresarios o artistas. Ciertamente, en algunos casos, su condición sobresaliente suele ser un arma de doble filo para, por ejemplo, socializar dentro de una sociedad cuyo IQ es más bajo que el suyo, o también para poderse adaptar a una estructura que no contempla a quienes tienen una inteligencia sobresaliente. Pero al final, la inteligencia es más un privilegio que un mérito. 

    Luego, tenemos que agregar que el Cociente Intelectual mide sólo un tipo de inteligencia (racional) y que no lo hace necesariamente bien. La inteligencia en realidad está determinada por muchos factores que son difíciles de medir en un conjunto. Howard Gardner rebatió los tests de cociente intelectual al proponer la teoría de las inteligencias múltiples, que afirma que no existe solamente un tipo de inteligencia, sino que son varios y muy diversos entre sí. Después vino el concepto de inteligencia emocional popularizado por Daniel Goleman (éste sí con un alto contenido meritocrático en el sentido de que cualquier persona puede modificarla con la práctica). Por ejemplo, una persona con un alto IQ y una inteligencia emocional muy baja podría convertirse no en un físico prominente sino en un delincuente.

    Entonces, con todo esto, tendríamos que preguntarnos qué es realmente la inteligencia. Y como punto de partida podemos ver que tenemos algo mucho más complejo que su definición tradicional y arcaica. Pero si sumamos todos estos componentes: que son muchos los tipos de inteligencia, y que dentro de éstos hay una inteligencia emocional, entonces podemos encontrar una mayor fuerte correlación entre inteligencia y éxito. Y aunque no todos los rasgos de la inteligencia pueden ser modificables, hay otros que sí, y así el individuo puede hacer algo más por desarrollarla. Tal vez no tenga tanto margen de maniobra en cuanto a la inteligencia lógico matemática, pero sí puede desarrollar su inteligencia interpersonal y la inteligencia emocional. Tal vez una persona con un IQ relativamente bajo pueda no llegar a ser nunca un gran matemático estrella o un filósofo de talla mundial, pero podría desempeñarse muy bien en áreas donde la empatía con otras personas y las habilidades sociales son necesarias si desarrolla su inteligencia interpersonal. 

    Presumir el IQ es presumir sólo uno de los tantos rasgos que la inteligencia tiene. No significa que debamos despreciar la inteligencia racional. Tal y como comenté, es importante que la sociedad sea capaz de detectar a quienes tienen un IQ sobresaliente por lo que pueden aportar. Pero también hay que dejar de pensar que la inteligencia es sólo eso, que la inteligencia son rankings de las personas más inteligentes del mundo seleccionadas de forma arbitraria y sin un test real de por medio.

    Al final, el juicio que hagamos sobre las demás personas no debe recaer en su inteligencia, sino en lo que puede aportar como individuo a la sociedad y que está determinado en gran medida por su inteligencia en el amplio sentido de la palabra (entendiendo que hay varias y que hay un componente emocional). Las competencias para ver quien tiene el IQ más alto son absurdas, más cuando en muchas ocasiones no se termina viendo reflejado en el desempeño del individuo. 

  • México, a 5 años de #YoSoy132

    México, a 5 años de #YoSoy132

    México, a 5 años de #YoSoy132

    Hoy se cumplen 5 años del surgimiento del movimiento #YoSoy132, un movimiento que marcó a muchos y que significó un aire de frescura dentro de una juventud poco acostumbrada a participar en asuntos políticos y sociales.

    Pero entonces deberíamos preguntarnos: a 5 años, ¿qué fue lo que dejó? ¿Qué nos heredó este movimiento? ¿Qué le falto? Y sobre todo ¿qué nos deja como experiencia?

    #YoSoy132 fue una manifestación estudiantil y juvenil lo suficientemente grande como para tener como su más inmediato antecedente al movimiento estudiantil de 1968. Aunque surgió de manera espontánea (como respuesta a las declaraciones del entonces Presidente del CEN del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, quien había afirmado que los manifestantes universitarios en la visita de Peña Nieto eran porros pagados), ésta se debe entender también como resultado de distintas manifestaciones de indignación a través de los últimos años que tuvieron su origen en el 2009 con el movimiento del voto nulo.

    La indignación ante la clase política comenzaba a manifestarse desde aquel entonces, esas elecciones intermedias fueron las que exhibieron que el discurso del «cambio» y de la transición democrática que tanto repetían los políticos ya estaba agotado. No era que ya no estuviéramos en una transición ni que ya no fuera deseable, era más bien que ésta ya no podría seguirse gestando desde una clase política que había quedado rebasada, sino desde la ciudadanía. El término «partidocracia», para referirse de forma despectiva a una clase política que sólo se mira a sí misma, ya se comenzaba a utilizar entre los opinadores de los asuntos políticos.  

    Las circunstancias externas también alimentaron a esta manifestación. #YoSoy132 surgió poco después de la Primavera Árabe, del #OccupyWallStreet de Estados Unidos y del 15M de España. A principios de la década, y en cierta medida como parte de la crisis mundial del 2008, surgieron varios movimientos que respondían a una falta de representatividad política, movimientos que no terminaron de lograr su objetivo dado que el problema que denunciaron siguió ahí para que en los siguientes años alimentara los discursos de la derecha xenófoba. Ahora ya no era la sociedad urbana la que se manifestaba, sino la rural, la que vio partir sus empleos a otros países y que vio con recelos a los migrantes, y lo hacían votando por candidatos populistas. 

    Eso no quiere decir que estos movimientos no hubiesen heredado nada o que ya no quede nada de ellos. La campaña de Bernie Sanders no se podía terminar de explicar sin el #OcuppyWallStreet, en tanto que en España sí lograron ir un poco más allá: del 15M derivó un movimiento de izquierdas un tanto radical llamado Podemos, que a cargo de Pablo Iglesias, lograron hasta hace poco irrumpir como una nueva fuerza política.

    De igual forma ocurrió con #YoSoy132 que no logró que sus objetivos iniciales se llevaran a cabo: la deslegitimación de la clase política no sólo sigue sino que es cada vez más fuerte y #YoSoy132 no logró generar, a excepción de la campaña de Pedro Kumamoto, una alternativa política que tuviera peso, aunque eso no quiere decir que no nos haya heredado nada. 

    #YoSoy132 nació dentro de una coyuntura política (las elecciones del 2012), aunque su propósito inicial no era ir contra la campaña de Enrique Peña Nieto, sino que buscaba la neutralidad en la información de los medios de comunicación. Dada la coyuntura, era inminente que el movimiento pusiera en su mira a la candidatura del candidato del PRI, porque representaba una regresión (a 5 años de su presidencia, podemos decir que #YoSoy132 no se equivocó en el diagnóstico y sus temores eran fundados) y porque los jóvenes, sobre todo, veían con mucho recelo al PRI. Al movimiento no sólo se sumaron estudiantes, también lo hicieron activistas, algunos intelectuales e incluso artistas:

    El movimiento, que siempre procuró mantener su autonomía y horizontalidad con varias ramificaciones en las principales urbes de la República Mexicana, también se enfrentó a una sociedad mexicana muy estratificada, lo cual le impidió tomar más fuerza. Los «chavos de la IBERO» no eran iguales a los «chavos de la UNAM». Los primeros tenían una propuesta más democrática y moderna, en tanto que los segundos tenían una más nacionalista y tenían más «colmillo» que los primeros dado que tenían más experiencia en actividades políticas y estudiantiles. Eso se palpó cuando en las peticiones, los últimos solicitaron que se incluyeran propuestas de corte estatista y se manifestaran explícitamente contra lo que llamaban el «neoliberalismo».

    El PRI se apresuró para tratar de deslegitimar este movimiento, intentaba relacionar constantemente al #YoSoy132 con la candidatura de López Obrador, subían videos donde trataban de demostrar que la campaña del tabasqueño y Carlos Slim (quien aparentemente tenía intereses dentro de la candidatura de AMLO) estaban detrás de esta manifestación, y creaban «movimientos alternativos» como GeneraciónMX para deslegitimar un movimiento que ponía en peligro la campaña de su candidato.

    Lo que sí fue cierto fue que conforme se acercaron las elecciones, MORENA (en ese entonces como movimiento y no como partido político) intentó penetrar en el movimiento y en algún momento hasta intentó hacerlo suyo; y también que después de las elecciones terminara siendo cooptado por las facciones estudiantiles más radicales. Así, lo que quedaba del #YoSoy132 terminó tejiendo alianzas con organizaciones radicales como el SME. Eso y el fin de la coyuntura electoral fue lo que terminó apagando esa «vela de esperanza». 

    Pero esto no significa que #YoSoy132 no nos haya dejado nada. El movimiento tal vez no logró por sí mismo las reformas para garantizar la neutralidad de la información (lo cual básicamente tendría que hacerse garantizando el acceso a las diferentes voces y posturas ideológicas), pero es cierto que a partir de ese entonces los medios que estuvieron al servicio de un partido como lo fue Televisa sufrieron una fuerte desprestigio, que junto con la evolución del mercado que se ha trasladado desde la televisión abierta al Internet, ya no les permiten tener la suficiente capacidad de influencia para determinar el curso de una elección presidencial. De igual forma no podemos dejar de atribuir ciertos avances en la materia (tal vez no suficientes) con la Reforma de Telecomunicaciones cuyo contenido se fue construyendo desde el sexenio pasado.

    También pusieron en la mesa temas que estaban guardados en el cajón. No hay que olvidar que lograron organizar un debate (al que no asistió Enrique Peña Nieto), que con toda la ingenuidad e inexperiencia que haya podido haber, resultó más provechoso y evolucionado que los infumables debates que organiza el INE.

    Algunos líderes y jóvenes que fueron parte del movimiento tienen ya un papel importante en la política y en los medios de comunicación. El caso más destacable es el del tapatío Pedro Kumamoto, diputado local y quien impulsa agendas políticas a nivel nacional como #SinVotoNoHayDinero en conjunto con Manuel Clouthier. También en los medios de comunicación destacan personas como Genaro Lozano, quien fue invitado por Televisa en una intentona de la televisora para aminorar el daño que dicho movimiento le causaba a su credibilidad. Cinco años después, Genaro Lozano puede expresarse libremente en sus programas de Foro TV y puede arremeter contra el gobierno actual. La propia Televisa se ha visto orillada a abrir algunos espacios a voces más críticas para poder sobrevivir comercialmente. 

    También debemos ver a #YoSoy132 como parte del crecimiento que la sociedad civil organizada ha tenido en estos últimos años. Si algo positivo ha ocurrido en este sexenio (producto de la ciudadanía y no del gobierno) es el surgimiento de organizaciones que exigen transparencia y rendición de cuentas a los gobernantes y políticos y que impulsan reformas políticas, así como organizaciones ya existentes que con su expertise buscaron sumarse a la causa (el IMCO es un claro ejemplo). Tener a este movimiento como antecedente también sirvió para que la gente saliera a manifestarse a las calles después de la masacre de Ayotzinapa. Incluso las clases medias acomodadas aprendieron que también podían usar las calles, algo a lo que no estaban acostumbradas.

    A pesar de que el panorama en nuestro país pareciera muy oscuro, es innegable que se está gestando una suerte de «evolución ciudadana» donde los ciudadanos son cada vez capaces de organizarse, ya sea por medio de colectivos u organizaciones civiles. Ciertamente falta mucho, pero el avance no se puede subestimar.

     Aunque se repite con insistencia que el pueblo tiene el gobierno que se merece, la historia también muestra que los gobiernos vigentes pueden representar más bien a una sociedad que quedó en el pasado. Tarde o temprano, la innegable evolución ciudadana terminará reflejándose en nuestras instituciones y en la forma de hacer política. Algo así ocurrió en la última etapa franquista en España cuando ya todos los españoles tenían «el chip de la democracia» que se terminó reflejando en el gobierno un tiempo después. 

    Y a pesar de los errores que se pudieran haber cometido y a que hay muchas cosas que se deberían hacer de forma diferente en un futuro, debemos estar agradecidos con el surgimiento de #YoSoy132, que dio un golpe de frescura a una sociedad poco participativa, y que formó parte de esta evolución ciudadana que ya está creando un cambio en el país.

  • De la flexibilidad ideológica

    De la flexibilidad ideológica

    La flexibilidad ideológica

    Las corrientes ideológicas existen, son conjuntos de ideas, valores y principios bajo los cuales el individuo se rige para así formar una opinión; o estando bajo una situación de poder, tomar decisiones. Varios estudios se han hecho para determinar por qué un individuo decide formar parte de una corriente ideológica y me atrevo a concluir que esto se debe a diversos factores: Estos incluyen tanto los rasgos genéticos del individuo que condicionan su temperamento, el entorno en que se desarrolla, y su historia de vida, como los grupos sociales de los cuales forma parte, los estudios y la información a la que accede. 

    Tomando a la sociedad como si fuera un organismo, podría atreverme a decir que las corrientes ideológicas sirven como contrapesos entre ellas mismas para mantener a dicho organismo en cierto equilibrio. Cuando una corriente ideológica se vuelve absolutista rompe con dicho equilibrio y el organismo enferma: un claro ejemplo son las dictaduras fascistas y comunistas. Por el contrario, en una democracia liberal donde los capitalistas y los socialistas debaten y discuten sobre el programa a seguir, donde unos pugnan por un estado de bienestar y otros por mayor libertad económica sin que ninguna de las partes utilice la coerción, se puede llegar a un estado óptimo de las cosas que derive en una mejor calidad de vida y mayores libertades para todos. 

    Que el punto de equilibrio sea el centro político no implica que lo óptimo sea que todos los individuos sean parte de ese centro político, sino que los individuos abracen ciertas ideologías que sumadas todas nos lleve como conjunto a un punto situado cerca del centro. No sólo se trata de una suma cuantitativa, sino también de alternancia, donde una corriente política se mantenga temporalmente en el poder para que luego llegue otra.

    Que los individuos tomemos una postura ideológica es normal y deseable, lo que no es tan deseable es que se haga desde una postura dogmática donde dicha postura sea completamente inflexible. Es normal que con el tiempo el individuo modifique su postura ideológica, más no lo es que lo haga de forma abrupta. Cuando se trata de una transición progresiva es porque el individuo tuvo la capacidad de confrontar sus ideas y creencias. Cuando se trata de una transición abrupta suele ser por conveniencia, por ignorancia o hasta por oportunismo político. En esa transición, el individuo mantiene los valores rectores que lo definen como persona y cuando modifica su postura tiene que ver con que ha llegado a la conclusión de que existen otros caminos para llegar a esos valores de mejor forma. 

    Por ejemplo, a mí siempre me ha molestado la enorme desigualdad de mi país, así como el excesivo materialismo, la frivolidad y la ignorancia. Comencé tomando una postura de izquierda (sin llegar a ser seducidos de ninguna forma con caudillos como Hugo Chávez y mucho menos Fidel Castro, que contrastaban con mis otros valores rectores que incluyen la democracia y la libertad del ser humano) donde más que esperar que el gobierno interviniera, esperaba que por medio de la voluntad propia, los individuos se preocuparan más por sus semejantes. Consideraba al mal llamado «neoliberalismo» como uno de los problemas del estado de las cosas que me molestaba. Critiba al capitalismo no tanto desde lo económico sino desde lo moral. 

    También me preocupaba la enajenación y la capacidad que un líder o una entidad tiene para manipular a los demás. Lo viví en carne propia cuando fui parte de uno de esos «cursos de superación personal» con tintes sectarios y tal vez por ello comencé culpando al capitalismo y a las técnicas de publicidad engañosa. Así, leí a Naomi Klein y otros autores críticos de estas manifestaciones. Pero después, en mi recorrido al centro, descubrí que desde el Estado la capacidad de manipulación era peor. Lo constato al ver personas que defienden a muerte a líderes mesiánicos o a partidos hegemónicos cuya corrupción y agravio al país está más que probada. Los gobiernos totalitarios, a diferencia del capitalismo, casi no dan margen de maniobra para que el individuo no sea condicionado por la propaganda. 

    A través de los años comencé a entender más el comportamiento humano, las formas en que la sociedad se organiza y satisface sus necesidades. Entonces me recorrí al centro. Comprendí que el capitalismo también puede ayudar a muchas personas a dejar su condición, que puede generar fuentes de trabajo para que la gente pueda subir dentro de la pirámide social. Ciertamente el capitalismo no puede garantizar la igualdad, pero al menos la desigualdad es un poco más justa (porque toma una forma un tanto más meritocrática) que en un país como el de México donde la alianza histórica de los gobiernos mayormente priístas con empresas y sectores productivos le cerró las puertas a muchas personas que estaban fuera del sistema. No era el capitalismo como tal y sí el corporativismo de estado el que hace que personas millonarias vivan en un país con más de 50 millones de pobres. 

    En general me podría definir como liberal tanto en lo económico como en lo social, pero dentro de mi postura siempre hay un margen de error, porque estoy convencido de que no existe un orden de ideas perfecto, sino que es la suma de los contrapesos de diversos órdenes de ideas las que nos pueden llevar a un punto óptimo. Aunque soy más capitalista eso no implica que esté siempre en contra de los programas sociales, de hecho pegaría un grito si el gobierno quitara de buenas a primeras los sistemas de salud y de pensiones. En lo social soy liberal pero, si bien soy un convencido de la equidad de género y los derechos de las minorías y las personas con otra preferencia sexual, tengo varias discrepancias con los estudios de género, sobre todo en aquellos puntos donde la base científica es muy dudosa o no existe. 

    Es ese margen de error, ese pequeño espacio que hace que nuestra postura no sea una dogmática, es el que me ha hecho crecer intelectualmente porque de esa forma he podido poner mis creencias a prueba. No, no significa que seamos endebles a la hora de debatir. Por el contrario, a veces hay que tener seguridad y firmeza al defender la postura propia. Se trata de aceptar que como humanos somos imperfectos, y que por lo tanto, todas las corrientes ideológicas y de pensamiento tampoco lo son, y que estas siempre deben estar en un continuo crecimiento. Es ese margen de error, esa capacidad de ser flexibles, el que nos permite convivir con quienes no piensan como nosotros, porque al final, aunque no coincidamos en muchas cosas, sabemos que podemos aprender algo. 

    Sólo los valores base, esos valores que nos dicen que debemos respetar a los demás y a su integridad, donde debemos ver por el bien común y respetemos la libertad del otro, son los que deben quedar inamovibles. 

    Tal vez nos falta recordarlo en un mundo polarizado, donde nos atrevemos a asumir que incluso la bondad de las personas está condicionada o es exclusiva de una ideología, asunción peligrosa porque ha sido históricamente el origen de las más crueles guerras y represiones.

  • Un borracho que conduce un automóvil

    Un borracho que conduce un automóvil

    Un borracho que conduce un automóvil

    Siempre me he preguntado: ¿Por qué en la actualidad, cuando hay tantas apps, cuando se han hecho miles de campañas de concientización, la gente sigue manejando en estado de ebriedad?

    Sé que me preguntarán por qué no estoy escribiendo sobre lo que sucede en Siria (hablaré de eso en un artículo posterior), o sobre el nombramiento de Paloma Merodio. O que por qué me tardé en escribir sobre el tema (mucho trabajo y preparación para exámenes, la razón). Pero me pareció imperativo hablar de ello, porque este es un problema serio.

    Tuvieron que morir cuatro personas en Reforma para que se hablara del tema. Tuvo que llegar una persona inconsciente (quien subió a cuatro personas a su automóvil a quienes no conocía, y quien fue el único que se salvó después de que su BMW se partiera a la mitad) para que se volviera a hablar de los peligros que implica conducir en estado de ebriedad. 

    Villuendas Adame salvó el pellejo, pero tendrá que enfrentar a una justicia que tendrá que ser implacable con él. Los demás quedaron tirados y desmembrados en Reforma. Las imágenes tuvieron que ser muy explícitas, la tragedia tuvo que ser de tal magnitud (que los cuerpos hayan quedado mutilados, que haya ocurrido sobre la avenida más importante del país) para que pusiéramos un poco de atención.

    México ocupa el séptimo lugar en el mundo de muertes por accidentes automovilísticos donde el conductor iba en estado de ebriedad. 24 mil personas mueren anualmente por accidentes relacionados con el alcohol. No son cifras de las cuales podamos sentirnos orgullosos, pero tienen una razón de ser.

    Evitar este tipo de problemas es muy fácil, alternativas hay muchas: Si vas a tomar, puedes dejar tu coche en casa y pedir un Uber. Si te llevaste tu coche y tomaste, puedes regresar a tu casa en Uber o taxi y regresar el siguiente día por tu automóvil, o bien, pueden elegir de entre todos los amigos a un conductor designado. Si vas a tomar a casa de uno de tus amigos y traes coche, puedes quedar a dormirte ahí y regresarte el siguiente día en automóvil. Algunos establecimientos inclusive ofrecen facilidades para evitar que la gente se vaya tomada.

    Aún así, con todo esto, muchas personas prefieren regresarse en estado de ebriedad a sus casas. Algunos aseguran que conducirán con cuidado y no jugarán a las carreras (como si eso fuera suficiente), algunos otros ni eso. No son pocos quienes conducen a toda velocidad para así poder reafirmarse a sí mismos, como los «cabrones que le hacen al vergas». 

    En lugar de tomar conciencia y evitar poner en riesgo la vida de los demás, muchas personas buscan evadir la ley. Entran a Fan Pages de Facebook y medios similares que les dicen donde están colocados los retenes de alcoholemia para así evadirlos. Es triste ver que muchos conocidos míos utilizan esos recursos. 

    A veces las excusas son absurdas. Dicen que los retenes de alcoholemia son injustos, que casi no te dejan tomar (como si no pudieran optar por una de las tantas alternativas que ya he mencionado), que incluso son muy caras las multas porque dicen, es dinero que va a ir a las manos de los políticos corruptos. Se quejan de la corrupción, pero ellos también la ejercen al evadir la ley y poner la vida de las demás personas en riesgo.

    Un auto es como un arma, todas las demás personas que se trasladan de cualquier otra forma en la vía pública se encuentran en una situación más vulnerable a la del conductor: ya sea un ciclista, un motociclista o un peatón. Por eso se insiste que los más vulnerables (empezando por los peatones) tienen mayor preferencia, que el automóvil debe dejar pasar al peatón y no al revés. Lamentable, dentro de nuestra cultura y nuestros paradigmas retrógradas, la regla (y no la excepción) es que quien tiene un automóvil se siente superior a los demás, siente que puede meterse por cualquier lado y romper todas las leyes que le sea posible.  Si a eso le sumamos el alcohol y nuestra poca inclinación a respetar la ley (y luego nos quejamos de que los políticos hacen lo mismo), entonces es comprensible que seamos el séptimo país del mundo por más muertos por conducir en estado de ebriedad.

    Y se trata de algo que sólo requiere una pizca de sentido común y de respeto a las demás personas. Evitar conducir tomado es algo muy fácil, aún así, muchas personas siguen poniendo en riesgo la vida de los demás. 

  • El #JuezPorky y la justicia para el que puede comprarla

    El #JuezPorky y la justicia para el que puede comprarla

    El #JuezPorky y la justicia para el que puede comprarla

    «Si un hombre le mete sus dedos a una mujer en la vagina no es un acto sexual, sino un simple roce o frotamiento incidental» ¿Qué persona con el más mínimo sentido humano se atreve a redactar algo así? ¿Quién tiene la desfachatez de justificar un delito que agravió a Daphne y la marcó de por vida? Esa persona (si se le puede llamar persona a esa abominación) tiene nombre y rostro: se llama Anuar González Hemadi, y concedió un amparo al porky, violador, y pederasta Diego Cruz. 

    La justicia en México está «patas pa’rriba» cuando te percatas que liberan a un pederasta mientras encarcelan a un taxista por decirle guapa a una mujer. Naturalmente los dos eventos son juzgados por diferentes órganos de justicia, y mientras el primero seguramente tiene que ver con un caso de corrupción y hasta uso de influencias, el segundo tiene que ver con una ley mal hecha que no tiene sentido alguno (porque si bien los piropos lascivos son repudiables y deben erradicarse por medio de la educación, aplicar penas punitivas puede ser hasta peligroso). Pero esa justificación no resuelve la contradicción.

    Y sí, en vez de encarcelar a los «piropeadores» y querer penalizar las miradas, las organizaciones feministas deberían hacer énfasis y mucho en este caso, porque este sí es un caso de misoginia y de agresión contra la mujer que debe de ser castigado con todo el peso de la ley y sin ninguna consideración. Aquí hay una razón más que justificada para que las mujeres salgan a las calles a exigir que la ley las proteja, y los hombres las deberían secundar y apoyar. 

    Lo que sucedió no tiene nombre, es una aberración, es de lo más inhumano.

    Anuar González tiene familia; tiene una esposa, y dos hijas. Si uno observa las fotografías sin conocer quien es este abominable personaje, podrá llegar a la conclusión de que se trata una familia muy típica de la clase alta o media-alta mexicana. 

    A mí me vienen inmediatamente estas preguntas:

    ¿Pensó Anuar González en sus dos hijas antes de tomar esa decisión y delinear ese argumento tan absurdo y tan estúpido? ¿No se molestó en imaginarse a una de sus hijas siendo violada para ponerse en los zapatos de la víctima? ¿Se sentirían orgullosas las hijas y su esposa el acto del padre, independientemente de que esa absurda sentencia le haya retribuido económicamente? ¿De verdad?

    Hasta yo me siento vulnerable con esta noticia. La justicia no es para todos, sino para quien pueden comprarla. Los violadores, los animales que destruyeron la vida de Daphne, podrán no pagar por su pena. 

    ¿Qué va a pasar si alguien que tiene palancas o mucho dinero me acusa de algo que yo no hice? ¿Qué va a pasar cuando un hombre de «poder» abuse de mi persona o de mis seres queridos y yo no pueda hacer nada porque él puede comprar a la justicia con un chasquido de dedos?

    ¿Y cuál es el mensaje que manda el juez a la sociedad?

    Si estás bien parado, si tienes dinero, poder o palancas, puedes violar a quien tú quieras. Al cabo «meter los dedos a la vagina a una mujer» no es una violación, es un simple «roce casual». 

    En México la justicia no trabaja para todos, trabaja para quien pueda pagarla o comprarla, pero entonces ya no es justicia. Después de estos actos, luego entiendo porqué el concepto de «La Mafia del Poder» de López Obrador, es tan pegador en algunos sectores de la sociedad.

    El problema de México es uno estructural, no sólo es la violación de Daphne, cuyo padre, al tener una posición social cómoda, pudo al menos hacer ruido y hacer del dominio público su caso. Pero ¿cuántas personas no pueden? ¿Cuántos casos de violaciones a mujeres no conocemos porque la víctima no tiene los recursos? ¿Cuántos de esas jóvenes no han hecho lo mismo y la víctima no ha tenido siquiera los recursos para denunciar o para hacer que los medios de comunicación les hagan caso?

    ¡De verdad!

    La estructura, la forma en que se imparte justicia en el país, no es ni de lejos equitativa. Cuando la ley hace justicia a un indígena, a una persona pobre sin recursos, la noticia aparece en las redes sociales y en varios portales porque, en México eso es la excepción y no la regla. Incluso algunos todavía buscan algún pretexto para demeritar a los indígenas, como ocurrió con el vlogger Callodehacha al criticar duramente a las indígenas de origen hñähñú a quienes se les hizo justicia por decir «nos chingamos al Estado». 

    Y claro que sí, estoy muy enojado e indignado.

    Porque en 2017, cuando se ha insistido demasiado en el tema de los derechos humanos, de los derechos a la mujer, un juez puede torcer y malinterpretar la ley deliberadamente para poner en libertad por medio de un amparo a un violador y pederasta.

    Y si esto no te indigna, es porque tienes un problema.

    ¡De verdad!